Factoría Rock Fest VI: Bandas Confirmadas

La que será 6ª entrega del avilesino Factoría Rock Fest desvela fecha, lugar y bandas participantes. La cita con el evento impulsado por la Asociación Valliniello Sound City tendrá lugar el viernes 3 de mayo en la Factoría Cultural de Avilés y contará con Nicotine Bubblegum, Estramonio y Blast Open como protagonistas.

La bandas presentarán sus nuevos lanzamientos discográficos. Muy pronto cartel oficial, toda la información sobre precios, descuentos y horarios.

Crónica De Un Lunes Al Thrash Coronado Por El «Revengeance Tour» (Oviedo 11/3/2024)

Nueva ocasión de disfrutar de “Los Lunes Al Thrash” la que nos brindó la venida de los griegos Bio-Cancer en compañía de los pamplonicas Electrikeel y los locales Sound Of Silence. Y que, como siempre tratándose de un comienzo de semana, no las tiene uno todas consigo al respecto de la entrada que podría concitar una cita como esta. Lo cierto es que el tiempo acompañó y, como suele decirse, al final todo acabó saliendo a pedir de Milhouse.

Empezando por los thrashers de pura cepa Electrikeel. El trío, que llegaba al Gong Galaxy Club después de haber compartido escenario con Aneuma allá por abril de 2023 en la gijonesa Ángeles y Demonios, regresaba ahora con la firme convicción de meterse al difícil público astur en el bolsillo. Su thrash nervioso y retorcido, que recuerda a los Slayer más incendiarios, Dark Angel, primeros Sodom, a los polacos Vader en ciertos momentos incluso, enganchó no obstante con la gente ya desde la inicial “Straight Outta Depths”. No es para menos, con la sala dando muestras una vez más de lo mucho que ha crecido en cuanto a sonido en los últimos tiempos.

Tanto Asier Bendoiro, guitarra, como Xabier Rekalde, bajo, cargan con unas tareas vocales siempre agrias y malsanas. Dentro de los márgenes del género pero sin negociar un solo esfuerzo, apoyados por la infatigable labor de Jon Laguna tras los parches. En esa encarnación sin artificios de ningún tipo, de thrash tan vibrante como terrenal, afirmaron venir “llenos de cachopo y chuletas”. La gastronomía asturiana sigue ganando adeptos. Hubo circle pits, mosh y mucho movimiento a través de cortes poco amables como “Wendigo”, del Ep de 2019 “To Protect And Sever” o “Beer Fueled Machine”, de su primer largo. En general quedó la sensación de tanto ellos como el público congregado en la sala disfrutaban de lo lindo.

“Vamos a tocar una más lenta”, proclama Asier, que termina resultando “Hate Eternal” de su debut del año pasado “Straight Outta Depths”, a la que siguieron los debidos agradecimientos y un final a pleno pulmón. No es que sea algo nuevo pero no deja de resultar especialmente reseñable la intensidad que por momentos son capaces de alcanzar para tratarse de un trío. La convicción con la que afrontan “Kingslayers” y la final “Till We Die” debería augurar la mejor de las suertes para el trío pamplonés, si es que aún queda algo de justicia en este negocio.

Tras Electrikeel no fueron Sound Of Silence quienes salieron a escena sino los griegos Bio-Cancer, que para seguir con las sorpresas, Covid mediante irrumpían en formato cuarteto tras la baja de su guitarra rítmico Stavros Marinos. No podemos afirmar que le echaran en falta. La banda salió a superar toda expectativa con una puesta en escena reducida a poco más que un telón de fondo con el logo de la banda y la certeza de contar con un ramillete de temas de solidez contrastada.

Algo que queda patente desde la inicial “Ear Piercing Thrash”, que abría y daba nombre al debut de 2012, y en la que ya queda claro que Lefteris Hatziandreou, frontman de los griegos, viene para no dejar ni una gota en el tintero. Impertérrito a veces, pie en el monitor mientras desgrana su peculiar registro, sin dejar de golpearse el cráneo con el micro en una forma de acentuar determinados momentos de los temas. Para cuando llega el segundo corte del set, “Footprints On My Back”, el movimiento entre las primeras filas es ya una constante. El rictus de Andreou, que no pudo resultar más serio ni concentrado, revirtió en unas interpretaciones llenas de finura en los riffs y buen gusto en los solos, sabiendo llenar por sí mismo el hueco dejado por su compañero enfermo.

“We Are Here To Fucking Thrash” proclama muy enervado Hatziandreou para después proceder con la indómita “Backstabbed Again”, con un Tomek Solomonidis tan técnico como infatigable. Se puede acusar a la banda de cierta linealidad en sus composiciones. De coger una senda y no despegarse de ella hasta el final. Por el contrario, ello revierte en unas interpretaciones llenas de nervio y músculo, vigorosas y vibrantes y con un Giannis Lagoutaris al bajo, agigantado desde su micro para darle la réplica a Hatziandreou durante “Obligated To Incest” en particular y el show en general.

Turno entonces para los debidos agradecimientos a Electrikeel y “your local guys” Sound Of Silence, para después conducirnos hasta el tema apertura de su último álbum, ese del que dimos buena cuenta por aquí allá por diciembre del pasado año, que circunstancias médicas mediante pierde el hábil duelo solista del original, pero ni un ápice de severidad y violencia.

Así las cosas, el largo y elegante prólogo de “F(r)iends Or Fiends?” supone un pequeño alto en el camino, propicia el momento más tendido de la noche para ellos y otorga un pequeño respiro antes de que todo retorne a sus cauces habituales. De nuevo con un Lagoutaris concentradísimo en tareas vocales y con su bajo otorgando la debida gravedad al conjunto a falta de segunda guitarra. Cabe destacar una noche más la labor de Isaac Prieto tras los mandos. Sea el género que sea siempre cumple y es de agradecer, aún a riesgo de sonar pesados o reiterativos.

Segunda guitarra que no faltó, no obstante, en «Anthem Of Violence«, con Asier Bendoiro de Electrikeel ocupando el puesto del intoxicado Marinos. “Revengeance”, que daba título a su último álbum, resulta una de las ofertas más diferentes del set. Y mientras que Bendoiro y Rekalde irrumpen de nuevo en escena para cercenar la agria “Bulletproof”, “44 Days In Hell” cierra una noche de éxito para ellos. Superando inconvenientes, sacando de su letargo al habitualmente frío público astur y dejando patente el buen momento de forma que atraviesan.

Por poner un pero, y ni siquiera sé si ese debería ser el término, la camiseta que lucía Lagoutaris y que refiere a una banda sobre la que pesan diversas acusaciones de comportamientos racistas bastante desagradables. Que tampoco pienso la cosa deba ir a mayores. No tiene uno por qué estar al tanto de todo cuanto chisme circunda a las bandas que nos gustan y quiero pensar que aduce más a ignorancia y/o despiste que no a las simpatías del propio bajista. Yo mismo tengo un Ep de los susodichos, adquirido años antes de que saltara la polémica. Sea como fuere, me parecía importante comentar al respecto.

Pero volviendo a lo que nos ocupa, turno ahora sí para unos remozados Sound Of Silence en los que ha vuelto circunstancialmente Dmitry Stalingrado a la guitarra y que incorpora al otrora Rorshack Viti Redondo al bajo. El resto, Rubo en guitarras, Nefta en voces y Jorge Rodríguez en baterías, imagino ya les conoceréis. Son alrededor de las once y cuarto cuando “Tensa Calma”, de su último Ep “Primvs Capite”, se hace carne ante nosotros. Con su técnico habitual Gus Bocanegra al mando de los controles, huelga decir que sonaron tal y como de ellos se esperaba.

La irrupción de este último trabajo y esa deriva hacia territorios más cercanos al black metal redunda en unos Sound Of Silence más diversos que nunca. Algo que viene a poner de relieve el contraste con “Nunca Seré Feliz”, del ya lejano “La Casa De Los Lamentos”, perteneciente por tanto a un tiempo en que esta banda era bien diferente de la actual. Con eso y con todo, lo que no han cambiado son esos breakdowns cortados a cuchillo, inasequibles y sin los que esta banda desde luego no sería la que es. Otra seña de identidad es la facilidad, casi la suficiencia, con la que enlazan unos temas con otros. No acostumbran a dar descanso, algo que viene a otorgar una solidez al set nada desdeñable.

El Renacer”, “Felices Bajo Tierra” son misiles directos a la línea de flotación de todos cuantos nos encontramos en la Gong. Con un sobrio Stalingrado desgranando sus solos como si nunca se hubiese ido, con Jorge Rodríguez dando razones una noche más a quienes pensamos que es, de largo, uno de los mejores baterías de la región y, claro, un Nefta que se sube al podio, echa mano del andamio de las luces, busca la conexión con la gente y, en general, sigue siendo el gran frontman de siempre. “Buenas noches, venimos de… Cincinnati”. Aprovecha aquí el también Escuela de Odio y Blast Open para agradecer a Stalingrado su labor, también dar la bienvenida a Viti y saludar a “Javierín”, bajista y miembro fundador de la banda.

“La siguiente se llama po’l nombre”, proclama el vocalista, y lo que se nos viene encima es nada menos que “Océano De Traición”, lo digo siempre: una de mis favoritas del set. “Viendo Al Cielo Llorar”, que pone la sala patas arriba, la gente se lo estaba pasando en grande, sirve para encarar la recta final del show, que desemboca en una “Densa Niebla” con Nefta llevado en volandas por varios asistentes. No podía faltar. No sabemos cómo se habrán dado otras fechas de la gira pero lo cierto es que la parada en casa no pudo resultar más redonda para ellos. Una banda todavía inquieta en lo creativo y que, la experiencia nos dice, del todo infalible en directo. Qué gran noche.

Lo comenté en la crónica de Cherokee y Colmena: a veces parece que la oferta supera con creces a la demanda. Por eso ver que un lunes de marzo es capaz de reunir a un número respetable de fans ávidos de buen metal no deja de ser una gran noticia. Se nos viene encima, de hecho, un fin de semana cargado de eventos y ya veremos qué tal se dan. De momento quedan vívidos aún en la memoria los recuerdos del pasado lunes. La entrega de las tres bandas, el buen sonido del que disfrutaron, incluso las luces. Hasta servidor fue capaz de disparar alguna que otra foto decente con el móvil. Me repito, lo sé: mucho ha crecido el local desde nuestras primeras visitas y no podemos por más que congratularnos por ello. Así pues, mandar nuestro agradecimiento a la promotora del evento, saludos a la mucha gente con la que intercambiamos impresiones antes, durante y después (músicos, fans, técnicos…) y el deseo firme de volvernos a encontrar.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz

Reseña: Exodia «Into The Mouth Of Hell» (Autoproducción 2023)

Es el tercer largo para los thrashers valencianos de Exodia, de quienes no teníamos noticias desde allá por dos mil catorce cuando autoeditaran aquél “Hellbringer”. Así pues, la banda disuelta apenas dos años después de aquél segundo trabajo, y formada por Rafa Las Heras y Erik Oliver (guitarras), Toni Camarero (batería), Víctor Tello (bajo) y Armando Milla (voces) regresa al fin con este “Into The Mouth Of Hell”, grabado por el propio quinteto, a excepción hecha de los solos, para los que contaron con la inestimable ayuda de David G. Álvarez (Angelus Apatrida).

Vientos de guerra parecen acechar tras la pequeña intro “Deliverance From Evil”, de la que me gusta su arranque tranquilo casi tanto como su desarrollo clásico y la manera en que da pie, sin grandes artificios más allá de los puramente metálicos, al ya habitual thrash de los valencianos. Un thrash que vendrá a manifestarse en una “Temples Of Lies” donde queda claro que la (casi) década en blanco de Exodia no ha sido en vano. Encolerizados, el libro de estilo manda, pero sabios a la hora de construir un corte agrio en estrofas y más amable en estribillos. Tienen estos últimos un inequívoco apoyo melódico por parte de unas guitarras quizá no del todo redondas pero desde luego elegantes. La habitual ensalada solista traerá aparejada a su vez una mayor agresividad en cuanto a líneas de voz se refiere. Los chicos finalmente trazan un primer corte ágil, atractivo y directo. Crujiente pero con gancho, que da en todo momento la impresión de estar muy pensado para abrir “Into The Mouth Of Hell” de la mejor manera posible.

Amenaza “Buried Alive” con transigir hacia terrenos más sólidos y pesados. Y sin embargo es apenas un guiño durante el prólogo. Ahí, esas guitarras que bien podrían adornar un corte de los Slayer más rocosos y amenazantes, deriva más adelante en un thrash con nervio, riffs en la frontera entre la modernidad y el clasicismo y, de largo, uno de los estribillos más curiosos de todo el largo. Puede que sus estrofas no me enganchen en la medida en que lo hacen alguna de sus compañeras en este nuevo trabajo. Pero la banda parece no obstante más concentrada que nunca en esta andanada casi siempre poderosa y nervuda en lo técnico.

Lo que son las cosas, el prólogo de “Cybersex” bien podría rimar con unos Judas Priest de su (hasta ahora) penúltimo álbum de estudio “Firepower”. Exodia no obstante se conducen hacia un metal con ciertas trazas de groove que viene a alimentar el rango sónico de este tercer trabajo sin, por ello, sacrificar un ápice de su inherente mal café. Hay armonías de guitarra y voz aquí dentro, alternas con un estribillo seco, casi cortante, cara a construir un corte profundamente bipolar en el que, no obstante, nunca el foco parece distraído. El mayor protagonismo que la mezcla otorga al bajo de Tello alimenta dichos estribillos solidario, casi al milímetro, con la voz de Milla. Es aquí, en el tronco mismo de este “Into The Mouth Of Hell” donde los chicos han venido a colocar un trío de cortes extensos que vienen a hablar, y no precisamente para mal, de las miras altas que tiene para ofrecer esta tercera entrega.

De hecho el más extenso es este “You Fight Wicked World”, que ya desde su vistoso prólogo da un poco la medida de las ambiciones de Exodia en su vuela a la actividad. El riff que anticipa primero y acompaña después a las primeras estrofas tiene un gancho de mil demonios. Los valencianos fluctúan aquí entre su habitual thrash y aires más próximos (que no lindantes) con el melodeath nórdico más al uso y el resultado es otro de los cortes más redondos y también ambiciosos que les recuerdo. Algo a lo que contribuye el espléndido trabajo en cuanto a voces que atesora. Una base rítmica sobria pero eficaz y, sobre todo, una mayor duración que logra permear lo mejor del quinteto en lo que a ejecución se refiere.

Apenas he dicho nada tanto de la producción como del sonido que posee esta nueva colección de temas pero lo cierto es que, si bien esta reseña se está componiendo sobre una copia digital del álbum, es el signo de los tiempos, lo cierto es que resulta potente y equilibrada. Sobria incluso. No resta nunca pero, sin desagradarme del todo, siento que a veces tampoco suma. Rozando el notable si lo queréis así.

Only A God” porta un riff que bien podría haber compuesto el James Hetfield de los discos más postreros de Metallica. Habrá quien entienda esto como un ataque. Al contrario. El mentado riff puede recordarme a cortes dentro de lo que cabe recientes de la banda estadounidense que disfruto (“Moth Into Flame”, por ejemplo) pero son apenas detalles. Y es que Exodia juegan aquí una carta mucho más leal al género que las contenidas en los últimos trabajos de Ulrich y cía. Por ahí es una composición que me atrae con sus peculiaridades, si bien en términos absolutos y con la mente fría, hay construcciones en este nuevo trabajo con las que empatizo en mucha mayor medida. Me agrada el pulso más calmo y lo épico, casi opulento que suena este estribillo en cualquier caso.

Sí me agrada la mayor gravedad que atraviesa “Corrupt”, puro nervio y energía. A estas alturas el nombre de los albaceteños Angelus Apatrida podría resultar inevitable, si bien aprecio trazas aquí que bien podrían recordar a propuestas más minoritarias como pueden ser los gallegos Strikeback o incluso Trallery. Por otro lado, cierto que en todos lados cuecen habas pero qué duda cabe que Valencia ha sido una de las tierras más azotada por las distintas tramas de corrupción que han asolado el estado hasta sus cimientos. Puede tener o no que ver, pero lo cierto es que Exodia parecen aquí particularmente agresivos y musculosos. En especial esas voces que, a ratos, tanto me recuerdan al bueno de Bobby “Blitz” Ellsworth (Overkill).

Muy juguetón el riff que adorna el prólogo de una “The Alchemist” que, lejos de abandonar esa encarnación más grave y nervuda, viene a ahondar en los Exodia más rugosos y pesados. A ellos sin embargo contrapone la escritura un estribillo que sorprende tanto por su levedad como por el aire casi melancólico que de él se desprende. Inédito dentro del redondo y sorprendente si uno piensa que fue uno de los elegidos como carta de presentación del mismo. El nombre de Mille Petrozza (Kreator) parece casi inevitable en esos estribillos tan apagados (que no fallidos, atención al bajo de Tello) pero en suma es un corte que me conquista solo a veces.

Ars Goetia”, otra de las cartas de presentación del álbum, parece una elección mucho más obvia. Sin tampoco reinventar la rueda, aprovecha para homenajear (pienso yo) al “Seek And Destroy” de unos tales Metallica (y, por extensión, al “Princess Of The Night” de Saxon) durante la obligada demostración solista y, sin destacar, resulta de algún modo tan vibrante como funcional.

Nervio y pegada para una “Because This World” que quizá acuse ya cierta repetición de patrones y esquemas. No considero éste un mal corte por sí mismo y de hecho me agradan en buena medida la mayor extrañeza de sus estribillos, esas voces a lo Mustaine que irrumpen a ratos y lo bien que engarza la base rítmica durante las partes más rápidas. Pero en suma siento que “Into The Mouth Of Hell” posee ofertas más atractivas y redondas.

Cierran con “I Went For A Job And They Ate My Cock”, porque qué sería del thrash sin su punto de irreverencia, poniendo de relieve que también saben manejarse en terrenos más cercanos al crossover más casual. Que no distraiga lo aparentemente tonto de la propuesta, este es un corte ágil por trazo, diverso en cuanto a ritmos y desde luego nada desdeñable en cuanto a riffs. Camarero percute firme el doble bombo y todo termina por confluir en un, cuanto menos curioso estribillo. En definitiva y en lo estrictamente musical un cierre más serio de lo que pueda parecer sobre el papel.

¿Ha merecido la pena la espera? Pienso que sí, aún cuando el álbum creo dista de resultar perfecto. Cabría preguntarse qué disco lo es hoy día. Sea como fuere y aunque existen riesgos, estos nunca llevan a Exodia fuera de las férreas lindes del género. Por ahí y especialmente durante el fenomenal tronco central del tracklist, la banda brilla más que nunca. Han sido muchos años fuera del redil pero da la impresión que queda es la de no haber perdido un ápice de ganas ni tampoco de actitud. Qué bueno que volvisteis.

Texto: David Naves

Agenda: Cain’s Dinasty + Brutalfly en Oviedo

Nacidos en el 2006 en Alicante Cain’s Dinasty se definen como vampiric horror metal. Liderados por el vocalista Rubén Picazo, al que muchos recordarán por su impactante paso por la edición española de Got Talent España hace ahora 3 años, presentarán en Asturias su último trabajo de estudio «The Witch & The Martyr» editado en abril del 2022. La cita será el viernes 15 de marzo en el ovetense Gong Galaxy Club y contará con los thrashers locales Brutalfly como banda invitada.

Con apertura de puertas a las 20 horas, el precio de la entrada anticipada es de 10€ a través del siguiente enlace:
https://entradium.com/events/cain-s-dinasty-brutalfly-sala-gong-oviedo

Reseña: Omission «Disciples Of Ravens Vengeance» (Xtreem Music 2023)

Es el séptimo trabajo para los thrashers madrileños desde que editaran aquél “Thrash Metal Is Violence” a mediados de 2009, algo que da cuenta de cuán prolífica es la banda que hoy nos ocupa. Formados allá por 2002 en la capital del estado, Omission han venido sembrando el territorio con su thrash inyectado de black y speed metal para regocijo de una parroquia siempre fiel y entregada. “Disciples Of Ravens Vengeance”, que sucede a un “Worship What You Fear” del que dimos buena cuenta aquí a comienzos de 2001, reúne a Miguel A. Hernanz “Patillas” en guitarra y voces, Pizarro al bajo y Nekrosaint en baterías.

Producido por Choco, de los también madrileños Frenzy, el álbum fue mezclado y posteriormente masterizado con la ayuda de Gonzalo Vivero, cuenta con fotografías de José Machado y artwork de José Antonio Vives (Canker, Saedín, Ankhara, Aggression…). Se encuentra en la calle vía Xtreem Music en CD, vinilo de 12″, cassette y digital.

Rabid Aggression” es apenas una pequeña intro, muy a tono con el resto del álbum, que de manera concienzuda remarca el aroma malsano que éste habrá de desprender hasta el cierre. Conduce pues hacia una “Hatred Circles” que ya pone de relieve tanto su habitual gusto por el metal vibrante como una producción sucia, desgastada y nada amable que, lejos de restar, suma a la hora de potenciar lo insano de la propuesta. Me agrada también por construcción, si bien hay ciertos riffs, en particular aquellos que soportan las partes más apaciguadas, que me resultan un tanto recurrentes. Sea como fuere Patillas está tan irredento como siempre, declamando (es un decir) sus líneas de voz con la rabia y el mal café de siempre. Solo faltaba. Convincente dupla inicial.

La más breve “Shrouded Alive” viene sin embargo a aportar un par de puntos más en cuanto a desempeño técnico se refiere. Que se traduce en una gama riffera más hábil en las partes más pesadas así como en otra de lo más feroz allí donde aumentan las revoluciones, con el bajo de Pizarro altísimo ahora en la mezcla, otorgando el debido empaque a la poderosa base rítmica. Infecciosa, constante subibaja que apenas se permitirá un pequeño impás camino del epílogo. Dicen que lo bueno si breve, pero este es un corte que esconde más de lo que enseña.

Sorprende este “Roulette”, versión sí de todo un Bruce Springsteen, que Omission cercenan a base de conducirla hacia un metal muy clásico, revestido eso sí del clásico registro roto de Miguel A. Hernanz. Buenos acentos melódicos aquí y allá pero sobrevuela cierta sensación de que se quedará en mera anécdota. No sería la primera vez que fallo en un pronóstico, también os digo.

Slow And Crooked” envilece el bien conocido thrash de los madrileños, que se conducen con pesadez y cierta épica en un tercio inicial arrastrado y, en cierto modo, casi refractario a los grandes pulsos que dominan este “Disciples Of Ravens Vengeance”. Patillas ha colocado aquí un riff con un gancho de mil demonios, fácilmente el más memorable de todo el tracklist. Muy apreciable esa escritura y la manera tan natural en que conduce hacia el nada complaciente tronco central. Ahí se desatarán los Omission más zapatilleros como hábil contrapunto a un corte que no deja de ser, en gran medida, un gran muestrario de los ritmos más musculosos del trío.

Así las cosas, “Burn The Cross” vuelve a traer al frente ese thrash vigoroso, tan deudor del speed como del black, que tanto y tan bien le funciona a la banda de la capital. No tiene mucha historia más allá de parecer el negativo del corte inmediatamente precedente. Pero Nekrosaint está igual de firme con el doble pedal que a la hora de acentuar los distintos cambios de ritmo. Sin florituras ni tampoco dobleces. Tiene gancho y por ahí uno entiende que fuera una de las encargadas de presentar en sociedad a la nueva criatura de la fatoría Xtreem Music:

Conspiracy From Murks” ofrecerá unas estrofas con cierto aroma a los Motörhead más cerriles, que la banda hará confluir con su habitual metal cazallero y ardiente. No obstante se suceden las escuchas y sigo sin ser capaz de conectar en la medida en que lo hago con otros cortes del álbum. Y no será porque Nekrosaint o el propio Patillas no pongan de su parte. Pero en suma y escuchada al alimón con el resto de cortes, sigue provocando en mí algo cercano a la indiferencia.

El trío nunca rehuye los temas largos. Sin ir más lejos, aquél “Darkness Itself” de su anterior obra de estudio. “It’s Better To Burn Out” viene a poner una muesca más, yéndose hasta casi los once minutos y medio de lo que, inicialmente, casi parece la introducción de algún viejo western de serie B. Guitarras acústicas que sorprenden y de qué manera en un trabajo como este donde la intensidad y la rabia están a la orden del día, dominando cada recoveco de su bien conocido thrash metal. Pero toda vez sorteamos su peculiar (y extensa) introducción, Omission reclaman nuevamente nuestra atención con una acertadísima gama riffera, gran trabajo de Patillas aquí, y que me lleva inmediatamente a pensar en unos Metallica de finales de los ochenta. Fuera esa su intención o no.

Igualmente sorprendente el thrash más atmosférico que irrumpe tras ese influjo más técnico, que vendrá a dar pie a los Omission más iracundos, con una base rítmica tan bien ensamblada como trotona. Un tan fulgurante como breve solo de Patillas reviste la parte previa al tronco central. Y mientras se dejan oír guitarras que fácilmente podría haber firmado el Nocturno Culto (Darkthrone) de discos como “Hate Them” o “Plaguewielder”, al final el corte se eleva como un manifiesto sincero de la habilidad técnica y también compositiva del ya clásico trío madrileño. Estupenda, quién dijo que las instrumentales eran aburridas.

Tras la tormenta, “…Than to Fade Away” cierra el disco imbuída de toda la calma posible. El descanso del guerrero, pensarán algunos. A mí me queda la duda de si cerrar con un par de instrumentales, por elegante que sea ésta última en concreto, es la mejor de las decisiones.

Son Omission y de nuevo demuestran que no están para bromas. Puede entenderse el doble final como experimental, dicho sea con todas las reservas, pero lo cierto es que ya desde el arranque muestran hasta qué punto han vuelto a poner toda la carne en el asador. Intensidad a raudales, nunca falta en ellos, cortes bien construidos, pienso principalmente en la fuerza de “Hatred Circles”, el gancho de “Burn The Cross” o los mil y un caminos que es capaz de transitar la extensa “It’s Better To Burn Out”. Servidor también piensa que sigue siendo mejor quemarse que desvanecerse. Omission, y pese a que el disco contenga cortes o ideas con las que no he llegado a conectar del todo, desde luego están lejos de dar la batalla por perdida. Avisado está el gremio.

Texto: David Naves