Crónica: Bewitcher + Absalem (Gijón 28/3/2024)

Cita en jueves para la parada asturiana del tour de los estadounidenses Bewitcher por la península. Acompañados por la buena gente de Absalem, la cita se nos antojaba uno de los mejores planes para esta semana santa. Coincidía con la venida de los también norteamericanos Ignite a Oviedo, quienes de hecho colgaron el cartel de no hay billetes en el Gong Galaxy Club, por lo que no las tenía uno todas consigo al acercarse a la puerta del Tizón y ver que, a apenas diez minutos de la apertura de puertas, no había allí ni un alma.

Algo que, finalmente, quedaría solo en un susto. Y es que para cuando la banda con base en Salamanca Absalem hacen suyas las tablas del recinto gijonés, mucha es la gente que se agolpa frente a ellos. Con mucho el show más multitudinario que este medio ha tenido la suerte de cubrir allí. Un show que arranca cuando faltan doce para las nueve y trae a un cuarteto, el formado por Vic en baterías, Mike Gómez en guitarras, Gin en voces y Carolina García en bajo y coros.

Con un telón de fondo con el logo de la banda bajo la coletilla “Melodic Alt. Metal” y toda vez suena la introducción “Anima” que da nombre a su más reciente Ep, “Obscura” reproduce una vez más la cara más técnica y también poderosa del cuarteto, con una Carolina García que nos dio la impresión de haber crecido una barbaridad desde nuestro primer encuentro con la banda (Rock Nalón 2022).

Parapetados en las técnicas líneas de batería del siempre risueño Vic, iniciaron entonces un recorrido por su primer álbum, aquél “Chaosvolution” de 2017, extrayendo de él “Burned To Ashes”, no sin que antes Gin hablase brevemente de los orígenes de la banda. Y si bien en los primeros compases del set, la guitarra de Mike ofrecía un sonido casi indescifrable, lo cierto es que tras pequeños ajustes todo vino a sonar en la medida que el público demandaba. Gin no paró de moverse mientras recorría sus siempre exigentes líneas de voz, haciendo buen uso del ineludible podio y mejorando con respecto a la versión que vimos de ella en aquél Fuck Mateo ’23 junto a Soldier y Beast Inside.

Pero sería la propia “Chaosvolution” la que sin duda extraería a la mejor Gin. Impecable en voces y un verdadero torbellino sobre las tablas y el podio. La respuesta a su petición, “quiero ver un poco de movimiento”, fue obedecida por la audiencia en la medida en que una sala coqueta como la Tizón gijonesa lo permite. Tras “Fear My Wrath” llegaría el turno del corte que lo empezó todo, la primera canción que compusieron como banda, no otra que “The Forest”, que encauzaría ya la parte final del set con un Vic incansable desde el doble bombo, en especial cuando transcurre sobre ese final arrebatado y fulgurante.

Cumplido el debido repaso al debut, tocó volver a “Anima”, con la banda realmente enganchando a los presentes, deslizando la más oscura “Lord Of The Flies” tras la que llegarían las obligadas presentaciones por parte de Gin. La final “Haunted” nos mostró el buen estado de forma de Absalem aun cuando venían de encadenar tres fechas seguidas con sus correspondientes trasnoches, kilómetros y demás. Andan tramando ya nuevo Ep y desde aquí somos todo orejas.

En cuanto al obligado desgaste de la carretera, otro tanto se podría decir del trío radicado en Portland Bewitcher, quienes harían todo por poner a prueba los cimientos del subterráneo recinto gijonés con su infatigable mezcla de black, speed y heavy metal de la vieja escuela. Tres sólidos trabajos en la buchaca (el debut homónimo en 2016, “Under The Witching Cross” en 2019 y “Cursed Be Thy Kingdom” en 2021) y un cierto estatus de culto adquirido desde entonces.

Estatus que a a tenor de lo visto el pasado jueves tienen de hecho bien ganado. Porque termina de sonar la intro, cuando pasan apenas tres minutos de las diez, y “Death Returns…” mediante, el trío sale a comerse el Tizón como si éste fuera su último propósito en vida. Hasta el último aliento. Brama la preciosa Flying V blanquinegra de Unholy Weaver of Shadows & Incantations (en realidad Matt Litton, yo esto de los apodos…) mientras descerraja riffs y solos sin piedad. Si bien puede que la etiqueta black metal puede quedarles algo grande, la suya es una propuesta de hecho más enraizada en el speed más crudo y sucio, lo cierto es que el directo amplifica con creces la pegada del trío.

Hablaba antes de la importancia de los coros de Carolina García y otro tanto se podría decir de su homólogo estadounidense Infernal Magus Of Nocturnal Alchemy (Andrew Mercil para los amigos) quien se manejó a través del setlist sin negociar un solo esfuerzo. Encadenaron una canción detrás de otra (“Our Lady Of Speed”, “Too Fast For The Flames”…) mientras Aris Wales percutía su kit de batería con una vitalidad, una mala leche y una energía inquebrantables.

La banda se avino a sonar muy Motörhead en “Electric Phantoms” pero es “Valley Of The Ravens” la que termina por convertirse en uno de los puntos álgidos del set. Corte más a medio gas en el que el trío toma aire y que, aún con ello, logra una sólida conexión con el nutrido público del Tizón. Pero el apaciguamiento dura poco. La calma, si es que la hubo, se diluye toda vez atacan “Manifesting Darkness” y se manifiesta, valga la redundancia, la cara más velocípeda del trío con base en el estado de Oregón. Era su “first time in Spain” y ciertamente salieron a ganarse un hueco en esta nueva tierra para ellos. Y ya fuera en el curioso medley de su segundo álbum o muy en especial con la propia “Bewitcher”, se pude decir que cumplieron con su misión, finiquitando con “Sin Is in Her Blood” un set realmente fulgurante.

O no, porque la banda vuelve para el par de bises (“Cursed Be Thy Kingdom” primero, “Satanic Magick Attack” después) y queda claro que esta es una formación a seguir bien de cerca. Habrá quien pueda echar en cara que el show no alcanzase a durar siquiera sesenta minutos, pero nadie pude dudar del esfuerzo y la entrega que mostró el trío a su paso por tierras asturianas. Si el resto de citas de su actual turné ibérica salieron tan bien como la gijonesa, que a nadie le extrañe verles en recintos mayores en un futuro no muy lejano. Se lo tendrían bien merecido.

A día de redactarse esta crónica no tenemos noticia de cómo anduvo de público el bolo de God’s Funeral y Niebla Funeraria en la Lata de Zinc, dichosas coincidencias, pero no puede ser mala señal que tanto el show de Ignite como el que es objeto de este texto vendieran tantos tickets. Gasolina para seguir adelante contra viento y marea, desde luego.

Por nuestra parte nada más que agradecer a la promotora todas las facilidades dispuestas de cara a la realización de esta crónica, mandar un saludo a Absalem, Diañu, Azu, Andrés, Manuel Hernando y Angie, José Mora y todos aquellos que mi atribulada cabeza ahora no recuerda. Nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz

Reseña: Testaferros (Autoproducción 2023)

Debut en formato Ep para el dúo asturiano Testaferros. O lo que es lo mismo: Kiki Dee en baterías y percusión y Pablo Jonte en bajo y guitarras. Seis temas compuestos, grabados y producidos por el propio Jonte para un digipack maquetado por Dee y al que adornan las fotos de Ricardo Moreno.

Round 1” y por obvio que pueda sonar, avanza a golpes tras un atropellado prólogo y mantiene viva la llama del rock instrumental más ardiente. La guitarra de Jonte nada en efectos y los cambios de ritmo, se tergiversan hasta entregar la cara más enrevesada del dúo. No hay solo pero sí riffs crujientes en su parte final, con todas las líneas colisionando en una suerte de maremágnum extrañamente bailable.

Round 2” en cambio exuda la vena más punk de nuestros particulares Testaferros. Me gusta el avanzar de la batería de Dee aquí, así como el sonido inconfundible y pegadizo de esa caja. Fugaz amalgama de rock adrenalítico y voraz, encuadernado entre riffs con un gancho de mil demonios y rematado por el nervio más marcado del epílogo. Son cortes breves, si pestañeas te los pierdes que diría Gonzalo Serrano, pero de una eficacia más que probada.

Round 3”, oferta más breve de todo el Ep, trasluce ahora la cara más indie del dúo. A la vez puede que también la más ruidosa. Riffs con aroma clásico, retorcidos en cierta rima con aquellos del tema que inauguraba el Ep y adornados por las percusiones de Dee a modo de arreglos. No puedo decir que me desagrada pero sí que siento que bien merecía algo más de espacio y recorrido, en particular ese pequeño viaje de aire más alucinado que irrumpe en su tronco central.

Si hablamos de ruido, puede ser “The Ring Girls” la que más hace por destapar la cara más estruendosa del dúo. La forma en que esta se contrapone a pequeños insertos de cariz puramente electrónico primero y el modo en que ésta se adueña de la composición después constituye otro de los momentos más llamativos del Ep. Que consigue volver a su encarnación más furibunda, por rockera, en un no poco agrio epílogo. Estupenda.

Y hablando de electrónica, la que se adueña del prólogo de “The After Party”. Toda vez irrumpe la guitarra de Jonte, abundan por aquí sonidos que me recuerdan a los Muse más experimentales. Y, en cierto modo, puede ser este el corte más diferente, también atrevido, de todo el Ep. De nuevo el dúo juega a la pura colisión entre géneros, tirando incluso de baterías programadas y entregándose a la fusión más descarada sin cortapisas de ningún tipo. Atrevida, electrónica, refrescante.

Final Round” cierra el Ep devolviendo al dúo a entornos mucho más clásicos por rockeros. Jonte entrega riffs que parecen escapados de algún viejo álbum de los años setenta y la composición, si bien parece avanzar a tirones, termina por funcionar toda vez supera su tronco central y encarrila esa visión más enérgica y tozuda.

Ni quince minutos abarca la primera oferta discográfica de Testaferros. Por ahí que quede tan poco espacio de cara al aburrimiento, sí, pero también porque la amplia paleta sonora impresa en estos seis temas termina por mantener siempre en lo alto el interés del oyente. Y aunque hay ideas que, pienso, bien merecían algo más de espacio, en general se trata de una colección de pequeños pildorazos que disfruto en gran medida.

Texto: David Naves

Crónica: Testaferros + Azure (Gijón 22/3/2024)

Noche para tomar el pulso a la escena instrumental asturiana la propuesta en El Tizón gijonés el pasado 22 de marzo mediante las descargas del dúo Testaferros y el ahora cuarteto Azure. Poca gente, sí. La jornada muy desapacible y en especial el hecho de que vivimos rodeados de oferta mientras la demanda parece más rácana cada vez. En cualquier caso y sin ni mucho menos querer leerle la cartilla a nadie, la noche vino a darse más o menos como sigue.

Faltan dos para las nueve cuando Kiki Dee en baterías y Pablo Jonte a la guitarra hacen suyo el pequeño pero coqueto escenario de la sala gijonesa. “Venimos a hacer un poco de ruido” proclama Jonte y ciertamente, para ser solo dos músicos en escena, no podemos afirmar que la fiesta que montan sea pequeña. Deslizan temas propios, sobre alguna que otra base programada, que resultan en cierto modo rockeros pero también bailables. Como una hydra de tres cabezas entre el rock más clásico, el metal más resultón y pequeños pero indisimulados devaneos hacia el indie.

La mezcla, lejos de resultar deslavazada o poco cohesiva, ya digo les convierte en una formación muy a tener en cuenta. Llaman “Rounds” a sus temas y mientras que el primero de ellos resulta más electrónico y bailable, el siguiente deriva más hacia el puro rock and roll y el tercero se atreve a pisar territorios más propios del metal, con Dee percutiendo impertérrito su sufrido kit de batería.

Hubo lugar igualmente para las versiones, que desprovistas en gran medida de voz y tamizadas por la peculiar idiosincrasia del dúo, no pudieron resultar más refrescantes. La primera de ellas, nada menos que “Immigrant Song” de Led Zeppelin, sorprendió a propios y extraños. Si que puso voz Jonte a otra de las versiones de la noche, en este caso “Figure It Out”, de un “grupo que está muy de moda ahora y les hemos plagiado”. Se refería, claro, al dúo británico Royal Blood. Y ya fuera intuición o casualidad, lo cierto es que tenía apuntados en mis notas a Mike Kerr y Ben Thatcher como influencia directa de los asturianos.

Contó Jonte que una vez visitaron una pista de skate y que como vieron que lo de patinar no era lo suyo, pues grabaron un videoclip allí. Tiempo, pues, para “Round 2”. Tras ella llegaría un pequeño guiño a Azure. O más bien, al tributo de varios de sus componentes a los estadounidenses Rage Against The Machine en forma de curiosa revisión del “Bulls On Parade”. “No fuimos muy originales cuando les pusimos los nombres, (a las canciones) esto se llama “Round 1”, que a su vez anticipa nueva ración de sus particulares versiones, desprovistas de voz y pasadas por su inconfundible filtro, “Fuel” de Metallica o “Cowboys From Hell” de Pantera nunca habían sonado en la forma en que lo hicieron el viernes. Diferentes, divertidos, sin duda nos gustaron.

Con el ahora cuarteto Azure uno ya va sobre seguro. Son ya muchas las veces que les hemos visto, en escenarios de todo pelaje además, y es una de esas bandas que ya fuera antes en formato trío o ahora ya con Dani como miembro de pleno derecho, rara vez fallan. Así las cosas y cuando faltan diez para las diez, salen a escena con su ya habitual y casi diría que indivisible puesta en escena. Las luces, síncronas a los propios pulsos de sus composiciones, resultan y de pleno derecho un integrante más del combo asturiano.

18” arranca la noche para ellos y el sonido del que gozan, si bien un tanto sucio de entrada, no podría resultar más redondo toda vez el corte avanza entre la psicodelia más leve y el post-rock más elemental, con un estupendo Soto a las seis cuerdas. Y es que la forma en que montan sus cuidadas progresiones en estudio y cómo las desarrollan luego en directo, con un Dani Fernández ya perfectamente integrado, no deja de asombrar a quienes, como yo, tienen la creatividad de un zapato. El asunto exige, asumo, no poca pericia. Nacho en baterías comanda esta banda con mano firme y licks de batería de los que remueven todo el cuerpo. Armados como digo con una iluminación solidaria a sus propios acordes, Azure se nos revelan como una de las grandes bandas del género en nuestro país. Lo sentimos así y el show del viernes no hizo más que darnos la razón.

En su contra se puede alegar lo extenso de sus composiciones. Lo alargado de ciertos pasajes, contrario a encarnaciones instrumentales más rácanas y también menos exigentes. Ambiciosos dirán unos, pretenciosos otros tantos, pero lo cierto es que la manera en la que funden atmósfera y nervio a través de “Luz Solar”, con el suelo vibrando realmente a cada nota del bajo de Rojo, no puede resultar más sincera, más real. “Constelación VI” y ese prólogo que me enamoró ya desde las primeras escuchas de aquél “Amor Fati” de 2021, siempre funciona. Su cariz por momentos casi espacial se acrecentó por una casi omnipresente luz azul.

Llegó el turno entonces para “Hielo Sumergido”, su hasta la fecha único tema con voz, ese donde Dani descuelga su guitarra, echa mano del micro y vuelve a entregar una gran interpretación. Azure parecen haber encontrado la cuadratura del círculo en su figura, en un caso que nos recuerda en gran medida a la entrada de Aitor Lucena (ALMS) en Narwhale. Hechos el uno para el otro. Pero volviendo a lo que nos ocupa, decía antes de los licks de batería de Nacho y pocos que me retuerzan como el que realiza aquí y que introduce en la parte final de la canción. Magníficos, quién dijo que el rock instrumental era aburrido.

Azure volaron altísimo en el vibrante epílogo de “Enkrateia”, con el suelo y las paredes del Tizón vibrando al son que marcaba el cuarteto. El final con “Un Nuevo Amor”, no sin que antes Dani pronunciara los debidos agradecimientos, nos confirmó una vez más a Azure como una de las propuestas más interesantes salidas del Principado en mucho tiempo. Que nos dure.

En cuanto a lo acontecido nada más. Mandar un saludo a las dos bandas y, como siempre, nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz

Crónica: Caballo Moldavo + The Magus (Gijón 22/12/2023)

No es que el Tizón gijonés nos resultase ajeno a estas alturas pero sí podemos decir que era nuestro primer concierto allí en toda la existencia de la web. Por tanto y en cierta manera nuevo escenario desbloqueado y de paso un reencuentro con un par de buenas bandas como son Caballo Moldavo y The Magus, que en el caso de estos últimos venían presentando lo que será su primer álbum “Shinin‘”, por lo que nuestra presencia allí era poco menos que obligada.

Pasan quince de las nueve cuando Caballo Moldavo irrumpen con su particular trote sobre el escenario del Tizón. El cuarteto, fácilmente la banda más activa sobre las tablas en 2023, arrancó con la habitual “Réprobos” para dejar claro, ya desde el inicio, que el rodaje extensivo al que se han sometido desde luego da sus frutos. Es inevitable.

Ayudó el buen sonido que es capaz de concitar la coqueta sala gijonesa. Quizá algo precaria en cuanto a iluminación, ese rojo persistente convirtiendo en obligatorio el uso del flash para las fotos que adornan esta crónica. Pero volviendo a lo que ocurría sobre las tablas, también frente a ellas, lo cierto es que los “Moldaviers” concitaron un nutrido público en la noche del pasado sábado. Al tiempo, dejaron cortes con cierto aroma ya de clásicos dentro de su repertorio como “El Blues Del Innombrable” y ese final característico por alucinado.

Tampoco faltaron versiones, la ya habitual “Dirty Black Summer” de Danzig. El reverendo Jorge G. Throat, camiseta de Misfits inclusive, parece agigantado con respecto a nuestros primeros encuentros con ellos. Y es que como digo, el amplio rodaje de la banda, al final, termina por salir a la luz. Aún bajo esa rojez inamovible del Tizón. Sea como fuere el establo aprovechó para deslizar algún tema de los que vendrán a conformar su próxima entrega de estudio (¿Cadáver?) entre clásicos de siempre como “El Cuervo”, con un Lionel Hooves a las seis cuerdas más enchufado que nunca.

Otro tanto se podría decir de Héctor Lynnot al bajo durante “Misa Negra”, que en especial durante el puente de este corte postrero, dejó buenas muestras de su saber hacer tras su imperturbable y casi siempre hierática pose. Se despedirían con una versión* que no logré identificar, esta cabeza mía no alcanza a todo, y lo cierto es que volvieron a dejar un muy buen sabor de boca. Su trayectoria corre casi de forma paralela a la de servidor en este medio y no seré tan necio de negar que, por ahí, surge cierta sensación de empatía hacia ellos. En cualquier caso, nadie puede negar tampoco que siguen creciendo y labrándose su peculiar camino con dedicación y esfuerzo. Sea por mucho tiempo.

* «Green Machine» de Kyuss

Ni veinte minutos habían transcurrido desde la despedida de Caballo Moldavo y ya teníamos a The Magus en escena. Fue tal la brevedad que el arranque con “Rock’s For Pussies” pilló a muchos en la calle. De hecho la propia Ouleia, frontwoman de la banda y por puro despiste, se dejó la sudadera puesta durante este primer corte. Ya con la llegada de los últimos rezagados, el quinteto nos llevó con “Fester” a aquél “Collotoland” de 2020.

Al igual que había sucedido con sus de nuevo compañeros de cartel, podemos decir que el sonido, en líneas generales, estuvo a la altura de las circunstancias. También una banda por la que si corren nervios o inseguridades, desde luego no se transmiten al público frente al escenario. The Magus se divierten y contagian su buen rock and roll a una audiencia muy por la labor. Bronco en baterías y Laria al bajo conforman una elegante y firme base rítmica durante “Type 2”, al tiempo que “Bother” supone un pequeño cambio de tercio dentro del show.

Woman”, a buen seguro uno de los cortes más redondos del futuro larga duración, fue la que finalmente supo cómo engarzar a banda y público. Sería la propia Ouleia la encargada de recordarnos que era su primera vez en tierras gijonesas. Y lo cierto es que no pudo darse mejor. Porque The Magus proponen en gran medida temas cortos y fácilmente asimilables, pero lo hacen a través de un cancionero diverso y atractivo, lleno de subidas y bajadas bien tejidas y mejor ejecutadas.

Porque ahí está la fuerza de “Like A Hammer” o el deje más sexy que exuda la inspirada “Pills”. Con Tamo como maestro de ceremonias a la guitarra solista y un clásico como Dr. Hangover (The Punishers) a la sempiterna Les Paul, fuimos testigos de una banda en la rampa de salida para convertirse en punta de lanza del género en nuestra región. Lo que no quita para que el quinteto pasara momentáneamente a dúo, el formado por Ouleia y Dr. Hangover, y aprovechase para recordar los primeros y muy tímidos pasos de la formación.

The Magus encararían entonces el final del set, con el slide de Tamo en el medio tiempo “Weirdo” convirtiéndose en otra de mis favoritas de la jornada. El guitarra solista de la banda dejaría quizá el solo más exuberante de la noche en “Punished By God”, mientras que Ouleia volvería a calzarse los exigentes zapatos de Robert Plant en una nunca fácil “Babe I’m Gonna Leave You” de unos tales Led Zeppelin. Al igual que sucediera en mi anterior encuentro con ellos, la voz de The Magus salió más que airosa del envite. Algo que habla y no precisamente mal del rango y las capacidades que posee la vocalista de la agrupación astur.

El final con “Shinin‘” plantó una sonrisa en nuestros rostros. La banda evidenció su buen estado de forma con hora y diez minutos de rock and roll atractivo por diverso y divertido por bien ejecutado. Sin olvidar las raíces ni tampoco olvidarse de mirar al futuro más cercano, que no es otro que la esperada edición física de su primer largo. Estaremos atentos.

No queremos decir que última salida de 2023 porque con Heavy Metal Brigade uno nunca sabe pero mentiríamos si dijéramos que la cita del sábado se dio mal. Caballo Moldavo siguen labrándose su particular trayectoria y The Magus confirman todas las buenas sensaciones que me dejaron allá por el mes de abril en el marco del Spring Rockers ’23. Y el Tizón resultó una sorpresa agradable en una ciudad muy necesitada de salas que ejerzan como núcleo irradiador, que diría Íñigo Errejón, de todo lo que se cuece en nuestra escena. Que, como bien sabréis, del metal extremo al hard rock y pasando al heavy metal, no es precisamente un bien escaso. Dan fe de ello el torrente de crónicas que os hemos traído a estas páginas a lo largo del año.

Así pues, solo queda despedirnos mandando un gran abrazo a las dos bandas implicadas así como una vez más a la familia Veloz (qué marcaje, ni Danny Blind), Michael Arthur Long, Txeffy, Elma, Poyo y todos los que mi sufrida cabeza no acierte ahora a recordar. Nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz