Reseña: Tokio «La Redención Del Caos» (Autoproducción 2024)

Más de cuarenta años han pasado desde el nacimiento de estos Tokio, fundados allá por 1983 y a la sazón ganadores de del Villa de Madrid y el Villa de Bilbao seis años más tarde. Es en aquél 1989 cuando la banda edita su primero largo “Triangles”, cesando toda actividad un par de años más tarde. Reunidos en 2013 tres de los fundadores, esto es Juan Carlos Martín (guitarra), Alberto Fernández (teclas) y Manu Escudero Cuevas (voz), deciden emprender la composición de nuevos temas. Ya en 2014 auto editan el Ep “Gen Egoísta” y, un par de años más tarde, el largo “Pecados Capitales”, ya con The Fish Factory. Producido por la propia banda junto a Ángel Muñoz, “La Redención Del Caos” fue grabado, mezclado y masterizado a caballo entre AnhellStudios y Estudios Sena. Tanto su diseño gráfico como su maquetación corren a cargo del propio Manuel Escudero.

Chimaera” es la pequeña intro sintetizada que vendrá a dar pie, no sin asomo de elegancia, al primer tema con verdadera enjundia del álbum, esta “Princesa Del Engaño” que abandona ese aire tan synthwave que la precede para arremeter con un hard rock no exento de chulería, con las teclas de Fernández ejerciendo de modélico colchón a la composición. Funcionan las armonías vocales que dominan sus estribillos. También el bajo de Ricardo Tonett. Cierto que el aspecto lírico no llega nunca a hacerme tilín, también que el solo no podría tener más clase. Rematada por un cuidado epilogo, queda como un arranque con el que conecto sólo a ratos.

El riff y muchas de las melodías que atesora “Realidad Paralela” arrastran un cierto aire de déjà vu, lo que no quiere decir que no funcionen. Al contrario. La mezcla ha otorgado un protagonismo a las líneas vocales que, siento, operan en contra del empaquetado final. Especialmente en estrofas. En estribillos todo transcurre por unos cauces más normales por donde se cuela la mejor versión de la banda. Hard sencillo y amable, que bien podría recordar a los murcianos 91 Suite o bandas como Bonfire o Tyketto. Brilla Juan Carlos Martín en ese solo que habrá de preceder al epílogo. Ni aburrido ni excesivamente virguero. Broche perfecto a un buen tercer corte.

En una onda aún más calma se desarrolla esta “No Hay Mal Que 100 Años Dure” con Tokio en su versión más amable e incluso optimista. Aquí me agrada el crescendo que conduce hacia unos estribillos más vibrantes. Sin excesos de cara a la galería. Rezumando elegancia y con algún que otro detalle de producción jugando a favor. Me agrada el solo que acompaña al epílogo casi en la misma proporción en que me desagrada ese engorroso fade out final. Quien más, quien menos puede echar en falta algo más de mordiente…

… pero sin embargo aquí viene “El Árbol De La Vida” a rebajar aún más los biorritmos del álbum. Balada que le sirve al bueno de Manu Escudero para trazar una de las mejores líneas de voz del LP. Richard Marx resuena en mi subconsciente con cada nueva escucha de este quinto corte. De lo más eficaz el trabajo de Alberto Fernández a las teclas aquí. Sin sorprender, no es esta una composición dada a experimentos, lo cierto es que funciona.

Sin alardes ni estridencias, “La Magia Es Posible” recupera el rock apaciguado y comedido de cortes anteriores. Muy cuidado en cuanto a mezcla y producción, con Fernández aportando la obligada nota de distinción desde las teclas. Me gana por el buen solo que ocupa su tercio central pero, en suma, pasa por ser una de las entregas que más inadvertidas han pasado tras las sucesivas escuchas.

Es el propio Fernández quien introduce una “Ella Es El Poder”, fácilmente el tema más perpendicular de todo el tracklist, un tendido hard rock de aires blueseros, esos certeros guitarrazos de Martín, y un empaquetado final que bien podría recordar a mis paisanos de Mad Rovers. Manu Escudero está más árido ahora, rasgando su registro en la medida justa para amoldarse a esa cadencia tan marcada. Quizá eche en falta una mayor predominancia de ese solo de Ángel Muñoz que irrumpe durante el epílogo. Ya se sabe que ante el vicio de pedir…

Solo Quiero Olvidar” viene para mandar al cuerno tanta parsimonia. Tokio, sin desasirse de su habitual hard, entregan un corte que rezuma nervio. También elegancia, esas hábiles teclas que acomodan en estrofas, y que confluyen en uno de los estribillos más redondos de todo el largo. Me engancha el riff que Juan Carlos dibuja para esas estrofas y como la voz de Manu se eleva más adelante. Y aunque encuentro algo fuera de lugar esa repentina carga sinfónica que irrumpe a la par que el solo de teclado, tanto éste como el que la guitarra dispone a continuación me funcionan. Una de mis favoritas de entre las diez.

De primeras “Mensajes En El Tiempo” parece un cruce bastardo entre “House Of The Rising Sun” de The Animals y alguna perdida balada de Led Zeppelin. Ahí Manu Escudero entregará su mejor cara al micro. La forma en que todo transige hacia unas estrofas más chulescas y rockeras es agradable. También ese rasposo Hammond que las acompaña y, finalmente, ese estribillo tan redondo. El pequeño guiño entre lo cabaretero y lo circense que introducen en un momento dado pillará a más de un oyente por sorpresa. Estupendo el solo que acompaña al epílogo. A buen seguro mi favorito de entre los temas tranquilos de este “La Redención Del Caos”, la banda echó mano de él para dar a conocer el álbum, pienso que no sin motivos:

En la final “Bullying” vendrán a confrontarse lo terrible del acoso escolar con lo vitalista que, por momentos, llega a ser la lírica que dibuja la canción. Una letra que me atrae más por lo que pretende transmitir que por la forma en que lo hace. Un medio tiempo cuidado y elegante pero algo irregular…

… que podría ser un poco mi resumen del disco en su conjunto. Es verdad que tiene uno el oído acostumbrado a propuestas mucho más becerras. También que una vez dicho eso, temas como mismamente la final “Bullying”, aún con sus buenas intenciones, creo que distan de ser redondos. Otros como “Mensajes En El Tiempo” sí que dan la verdadera medida de los pinteños. Tanto en lo compositivo como en lo ejecutivo, Tokio brillan sobremanera aquí. También en “Realidad Paralela”, “Solo Quiero Olvidar” o “El Árbol De La Vida”. Al resto, ya digo, me cuesta asirme. El público será quien tena la última palabra, lo cierto es que a día de hoy y tras las correspondientes escuchas mis sensaciones no podrían ser más tibias.

Texto: David Naves