Agenda: Jim Jones en Avilés

El músico británico Jim Jones (Thee Hypnotics, The Jim Jones Revue, Jim Jones And The Righteous Mind, Black Moses) retorna a los escenarios asturianos esta vez acompañado por una nueva formación a la que califica All Stars. La cita tendrá lugar en la renovada Sala Club del avilesino Centro Niemeyer el domingo 24 de marzo.

Presentará su nuevo lanzamiento discográfico «Ain’t No Peril«, ópera prima del proyecto nacido durante la pandemia junto a Gavin Jay al bajo, Elliot Mortimer como teclista, el baterista Chris Ellul y el veterano guitarrista Carlton Mounsher y que llegará al Niemeyer acompañado además de una sección de trompeta al completo. Grabado en Memphis bajo la batuta del reputado productor Scott McEwen, el álbum captura la esencia de la alquimia sureña.

Entrada anticipada 22€ disponible a través del siguiente enlace:
https://uniticket.janto.es/centroniemeyer/public/janto/main.php?

Crónica: Cain’s Dinasty + Brutalfly (Oviedo 15/3/2024)

Primera venida de los alicantinos Cain’s Dinasty a Oviedo en una fecha algo insidiosa, pues coincidía con la descarga de los brasileños Angra en Gijón. Acompañados del trío local Brutalfly, vinieron a reunir a unas treinta personas entorno al Gong Galaxy Club, que dicho así puede sonar algo rácano, y de hecho lo es, pero para como están las cosas no me resulta del todo desdeñable. Desde luego les honra el echarse a la carretera, más de ochocientos kilómetros, para traer su peculiar power metal en una fecha como la del pasado viernes.

Brutalfly fueron como digo los encargados de abrir la velada cuando pasaban pocos minutos de las nueve. Y lo hicieron con el tema que daba nombre a aquél debut de 2022 “I Was An Experiment”. Siempre sólidos, ayudados por un sonido que quizá no brilló tanto como otras noches en la sala ovetense pero que, desde luego, no empañó sus evoluciones sobre las tablas. Didi, guitarra y voz, de nuevo bajo el sombrero y las gafas, acompañado por la base rítmica de Lagarto y Mochy. No hacía mucho de nuestro anterior encuentro con ellos, aquél en tierras cántabras allá por diciembre del pasado año, y viene al caso porque anda inmerso el trío en una cierta encrucijada, mirando ya de cara a un próximo trabajo que venga a amplificar los muchos rasgos del debut.

Pero volviendo al show que nos ocupa, y como viene siendo ya tradición en la Gong, Txeffy no quiso perderse esta fiesta, irrumpiendo en escena para una “Thrashstorm” tan cruda y retorcida como siempre. El set miraría entonces al futuro con un par de cortes del próximo álbum, siendo “The Moon Hasn’t Blood” el primero y que ya escucháramos aquella fría noche en Los Bancos de Atrás en Unquera. “Train To Hell” fue el otro, que sorprende por una gama de riffs más clásicos, dentro de lo que cabe, para una banda como esta.

Pudimos disfrutar de “Brutalfly”, arranque en falso mediante. “¡Era broma eh!”. Esta banda tampoco sería la que es sin estos pequeños troleos entre ellos y que de alguna forma vienen a hablarnos de la química y el buen rollo que se respira dentro del trío. El trío recupera ahora “Shaman”, que ya aparecía en el Ep de 2015. Didi arroja al suelo sus gafas de sol y Gil (Bestia Negra) aparece sobre las tablas para acompañarle durante “Evil Room”. El propio frontman del trío nos habla de la importancia en el cuidado de la salud mental en la introducción de “The Oniric WhatsApp of High Bird” (si he transcrito correctamente desde el tracklist) y se dibuja aquella sensación de anticipación que comenté al principio. Esa encrucijada entre la banda que son y la que pretenden ser en un futuro.

Hubo tiempo hasta para pedir diversos brindis. “Por Txeffy, por Gil, por Leonidas” y todos los presentes en una fecha tan difícil como esta. “What Time Is It? It’s Time To Die” acercó por fin a público y escenario mientras que “Zerdatillium” sirve como cierre y también muestra de lo bien que empastan los hermanos Veloz en bajo y baterías. Huelga decir que Brutalfly tampoco serían lo que son de no ser por ellos.

Pasan de las diez cuando los alicantinos Cain’s Dinasty irrumpen en el escenario del Gong Galaxy Club. Su puesta en escena, telones laterales, máscaras de la peste negra del sigo XVII, maquillaje y, en definitiva, toda la imaginería que se le presupone a una banda como esta. El propio Rubén Picazo aparece en escena portando un lucero en su mano izquierda y oculto tras una máscara cornuta para sorpresa de algunos. Su power metal vira en ocasiones hacia territorios más extremos, voces mediante, con el propio Picazo acometiendo un hábil y meritorio baile entre registros. Es ahí donde los coros de los guitarras Joaquín Leal y Alejandro Ramírez se revelan poco menos que fundamentales.

Me reconozco recién llegado al peculiar modo de entender el power metal de la banda y por ahí me sorprendieron las letras en castellano, en contraste al inglés de sus discos. Sea como fuere la banda muestra un nivel técnico digno de mención a lo largo de cortes vibrantes como “Breaking The Bloodlines”, con Picazo aprovechando para perderse entre el público. “Cuando no quede sitio en el infierno, los muertos caminarán por la tierra” proclama el frontman, anticipando “March Of The Dead”, a la larga una de mis favoritas de la jornada, con Ramírez y Leal dando muestras de la mucha clase y la no poca química que existe entre ellos.

Tears Of Pain” nos teletransporta a su debut de 2008 con alguna que otra melodía de raíz muy Maiden y la banda parece estar pasándoselo en grande. Todo pese a pequeños percances de Picazo con el micrófono. Es el propio vocalista quien vuelve del backstage bandera en mano, la pasea por encima de nuestras cabezas y pide el apoyo del público tras sus llamativas lentillas azules. Fue quizá el momento de mayor enganche con la gente, a excepción hecha del corte con el que despedirían el set.

Screaming Lungs” o “Pulmones Que Sangran”, si entendí bien a Picazo, extrajo lo mejor de Ramón Valero (bajo) y Emilio Benavent (batería). Tras ella llegarían los agradecimientos para Brutalfly y el hecho de que se pegaran más de ochocientos kilómetros de furgo para estar con todos nosotros el pasado viernes. A veces da la impresión de que el metal todo lo puede. Y si no, un buen trago de “sangre” como el que se dio el vocalista antes de atacar “Legacy Of Blood”, a buen seguro el corte más excesivo por incendiario de todo el set.

El cierre al que antes aludía correspondería a su particular revisión del “Silent Night, Bodom Night” de, claro, Children Of Bodom, banda que se nos revela como influencia no capital pero qué duda cabe que sí muy importante para Cain’s Dinasty. Final con Leal y Ramírez a gran nivel y el público más entregado de la jornada.

Puede que la puesta en escena de los valencianos pida escenarios mayores. Lo cierto es que hay que agradecerles que se liaran la manta a la cabeza para presentarnos su peculiar performance en una fecha, perdón por la insistencia, tan complicada como la del viernes. Toca por tanto mandar un agradecimiento enorme a ambas bandas por facilitar esta crónica, saludar a Manuel Hernando, Angie, Leonidas, Diañu y Pelayo, Sandra y en especial a todos aquellos que mi cabeza ahora no recuerda. Nos vemos en el siguiente.

Texto y Fotos: David Naves

Crónica De Un Lunes Al Thrash Coronado Por El «Revengeance Tour» (Oviedo 11/3/2024)

Nueva ocasión de disfrutar de “Los Lunes Al Thrash” la que nos brindó la venida de los griegos Bio-Cancer en compañía de los pamplonicas Electrikeel y los locales Sound Of Silence. Y que, como siempre tratándose de un comienzo de semana, no las tiene uno todas consigo al respecto de la entrada que podría concitar una cita como esta. Lo cierto es que el tiempo acompañó y, como suele decirse, al final todo acabó saliendo a pedir de Milhouse.

Empezando por los thrashers de pura cepa Electrikeel. El trío, que llegaba al Gong Galaxy Club después de haber compartido escenario con Aneuma allá por abril de 2023 en la gijonesa Ángeles y Demonios, regresaba ahora con la firme convicción de meterse al difícil público astur en el bolsillo. Su thrash nervioso y retorcido, que recuerda a los Slayer más incendiarios, Dark Angel, primeros Sodom, a los polacos Vader en ciertos momentos incluso, enganchó no obstante con la gente ya desde la inicial “Straight Outta Depths”. No es para menos, con la sala dando muestras una vez más de lo mucho que ha crecido en cuanto a sonido en los últimos tiempos.

Tanto Asier Bendoiro, guitarra, como Xabier Rekalde, bajo, cargan con unas tareas vocales siempre agrias y malsanas. Dentro de los márgenes del género pero sin negociar un solo esfuerzo, apoyados por la infatigable labor de Jon Laguna tras los parches. En esa encarnación sin artificios de ningún tipo, de thrash tan vibrante como terrenal, afirmaron venir “llenos de cachopo y chuletas”. La gastronomía asturiana sigue ganando adeptos. Hubo circle pits, mosh y mucho movimiento a través de cortes poco amables como “Wendigo”, del Ep de 2019 “To Protect And Sever” o “Beer Fueled Machine”, de su primer largo. En general quedó la sensación de tanto ellos como el público congregado en la sala disfrutaban de lo lindo.

“Vamos a tocar una más lenta”, proclama Asier, que termina resultando “Hate Eternal” de su debut del año pasado “Straight Outta Depths”, a la que siguieron los debidos agradecimientos y un final a pleno pulmón. No es que sea algo nuevo pero no deja de resultar especialmente reseñable la intensidad que por momentos son capaces de alcanzar para tratarse de un trío. La convicción con la que afrontan “Kingslayers” y la final “Till We Die” debería augurar la mejor de las suertes para el trío pamplonés, si es que aún queda algo de justicia en este negocio.

Tras Electrikeel no fueron Sound Of Silence quienes salieron a escena sino los griegos Bio-Cancer, que para seguir con las sorpresas, Covid mediante irrumpían en formato cuarteto tras la baja de su guitarra rítmico Stavros Marinos. No podemos afirmar que le echaran en falta. La banda salió a superar toda expectativa con una puesta en escena reducida a poco más que un telón de fondo con el logo de la banda y la certeza de contar con un ramillete de temas de solidez contrastada.

Algo que queda patente desde la inicial “Ear Piercing Thrash”, que abría y daba nombre al debut de 2012, y en la que ya queda claro que Lefteris Hatziandreou, frontman de los griegos, viene para no dejar ni una gota en el tintero. Impertérrito a veces, pie en el monitor mientras desgrana su peculiar registro, sin dejar de golpearse el cráneo con el micro en una forma de acentuar determinados momentos de los temas. Para cuando llega el segundo corte del set, “Footprints On My Back”, el movimiento entre las primeras filas es ya una constante. El rictus de Andreou, que no pudo resultar más serio ni concentrado, revirtió en unas interpretaciones llenas de finura en los riffs y buen gusto en los solos, sabiendo llenar por sí mismo el hueco dejado por su compañero enfermo.

“We Are Here To Fucking Thrash” proclama muy enervado Hatziandreou para después proceder con la indómita “Backstabbed Again”, con un Tomek Solomonidis tan técnico como infatigable. Se puede acusar a la banda de cierta linealidad en sus composiciones. De coger una senda y no despegarse de ella hasta el final. Por el contrario, ello revierte en unas interpretaciones llenas de nervio y músculo, vigorosas y vibrantes y con un Giannis Lagoutaris al bajo, agigantado desde su micro para darle la réplica a Hatziandreou durante “Obligated To Incest” en particular y el show en general.

Turno entonces para los debidos agradecimientos a Electrikeel y “your local guys” Sound Of Silence, para después conducirnos hasta el tema apertura de su último álbum, ese del que dimos buena cuenta por aquí allá por diciembre del pasado año, que circunstancias médicas mediante pierde el hábil duelo solista del original, pero ni un ápice de severidad y violencia.

Así las cosas, el largo y elegante prólogo de “F(r)iends Or Fiends?” supone un pequeño alto en el camino, propicia el momento más tendido de la noche para ellos y otorga un pequeño respiro antes de que todo retorne a sus cauces habituales. De nuevo con un Lagoutaris concentradísimo en tareas vocales y con su bajo otorgando la debida gravedad al conjunto a falta de segunda guitarra. Cabe destacar una noche más la labor de Isaac Prieto tras los mandos. Sea el género que sea siempre cumple y es de agradecer, aún a riesgo de sonar pesados o reiterativos.

Segunda guitarra que no faltó, no obstante, en «Anthem Of Violence«, con Asier Bendoiro de Electrikeel ocupando el puesto del intoxicado Marinos. “Revengeance”, que daba título a su último álbum, resulta una de las ofertas más diferentes del set. Y mientras que Bendoiro y Rekalde irrumpen de nuevo en escena para cercenar la agria “Bulletproof”, “44 Days In Hell” cierra una noche de éxito para ellos. Superando inconvenientes, sacando de su letargo al habitualmente frío público astur y dejando patente el buen momento de forma que atraviesan.

Por poner un pero, y ni siquiera sé si ese debería ser el término, la camiseta que lucía Lagoutaris y que refiere a una banda sobre la que pesan diversas acusaciones de comportamientos racistas bastante desagradables. Que tampoco pienso la cosa deba ir a mayores. No tiene uno por qué estar al tanto de todo cuanto chisme circunda a las bandas que nos gustan y quiero pensar que aduce más a ignorancia y/o despiste que no a las simpatías del propio bajista. Yo mismo tengo un Ep de los susodichos, adquirido años antes de que saltara la polémica. Sea como fuere, me parecía importante comentar al respecto.

Pero volviendo a lo que nos ocupa, turno ahora sí para unos remozados Sound Of Silence en los que ha vuelto circunstancialmente Dmitry Stalingrado a la guitarra y que incorpora al otrora Rorshack Viti Redondo al bajo. El resto, Rubo en guitarras, Nefta en voces y Jorge Rodríguez en baterías, imagino ya les conoceréis. Son alrededor de las once y cuarto cuando “Tensa Calma”, de su último Ep “Primvs Capite”, se hace carne ante nosotros. Con su técnico habitual Gus Bocanegra al mando de los controles, huelga decir que sonaron tal y como de ellos se esperaba.

La irrupción de este último trabajo y esa deriva hacia territorios más cercanos al black metal redunda en unos Sound Of Silence más diversos que nunca. Algo que viene a poner de relieve el contraste con “Nunca Seré Feliz”, del ya lejano “La Casa De Los Lamentos”, perteneciente por tanto a un tiempo en que esta banda era bien diferente de la actual. Con eso y con todo, lo que no han cambiado son esos breakdowns cortados a cuchillo, inasequibles y sin los que esta banda desde luego no sería la que es. Otra seña de identidad es la facilidad, casi la suficiencia, con la que enlazan unos temas con otros. No acostumbran a dar descanso, algo que viene a otorgar una solidez al set nada desdeñable.

El Renacer”, “Felices Bajo Tierra” son misiles directos a la línea de flotación de todos cuantos nos encontramos en la Gong. Con un sobrio Stalingrado desgranando sus solos como si nunca se hubiese ido, con Jorge Rodríguez dando razones una noche más a quienes pensamos que es, de largo, uno de los mejores baterías de la región y, claro, un Nefta que se sube al podio, echa mano del andamio de las luces, busca la conexión con la gente y, en general, sigue siendo el gran frontman de siempre. “Buenas noches, venimos de… Cincinnati”. Aprovecha aquí el también Escuela de Odio y Blast Open para agradecer a Stalingrado su labor, también dar la bienvenida a Viti y saludar a “Javierín”, bajista y miembro fundador de la banda.

“La siguiente se llama po’l nombre”, proclama el vocalista, y lo que se nos viene encima es nada menos que “Océano De Traición”, lo digo siempre: una de mis favoritas del set. “Viendo Al Cielo Llorar”, que pone la sala patas arriba, la gente se lo estaba pasando en grande, sirve para encarar la recta final del show, que desemboca en una “Densa Niebla” con Nefta llevado en volandas por varios asistentes. No podía faltar. No sabemos cómo se habrán dado otras fechas de la gira pero lo cierto es que la parada en casa no pudo resultar más redonda para ellos. Una banda todavía inquieta en lo creativo y que, la experiencia nos dice, del todo infalible en directo. Qué gran noche.

Lo comenté en la crónica de Cherokee y Colmena: a veces parece que la oferta supera con creces a la demanda. Por eso ver que un lunes de marzo es capaz de reunir a un número respetable de fans ávidos de buen metal no deja de ser una gran noticia. Se nos viene encima, de hecho, un fin de semana cargado de eventos y ya veremos qué tal se dan. De momento quedan vívidos aún en la memoria los recuerdos del pasado lunes. La entrega de las tres bandas, el buen sonido del que disfrutaron, incluso las luces. Hasta servidor fue capaz de disparar alguna que otra foto decente con el móvil. Me repito, lo sé: mucho ha crecido el local desde nuestras primeras visitas y no podemos por más que congratularnos por ello. Así pues, mandar nuestro agradecimiento a la promotora del evento, saludos a la mucha gente con la que intercambiamos impresiones antes, durante y después (músicos, fans, técnicos…) y el deseo firme de volvernos a encontrar.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz