Reseña: Exodia «Into The Mouth Of Hell» (Autoproducción 2023)

Es el tercer largo para los thrashers valencianos de Exodia, de quienes no teníamos noticias desde allá por dos mil catorce cuando autoeditaran aquél “Hellbringer”. Así pues, la banda disuelta apenas dos años después de aquél segundo trabajo, y formada por Rafa Las Heras y Erik Oliver (guitarras), Toni Camarero (batería), Víctor Tello (bajo) y Armando Milla (voces) regresa al fin con este “Into The Mouth Of Hell”, grabado por el propio quinteto, a excepción hecha de los solos, para los que contaron con la inestimable ayuda de David G. Álvarez (Angelus Apatrida).

Vientos de guerra parecen acechar tras la pequeña intro “Deliverance From Evil”, de la que me gusta su arranque tranquilo casi tanto como su desarrollo clásico y la manera en que da pie, sin grandes artificios más allá de los puramente metálicos, al ya habitual thrash de los valencianos. Un thrash que vendrá a manifestarse en una “Temples Of Lies” donde queda claro que la (casi) década en blanco de Exodia no ha sido en vano. Encolerizados, el libro de estilo manda, pero sabios a la hora de construir un corte agrio en estrofas y más amable en estribillos. Tienen estos últimos un inequívoco apoyo melódico por parte de unas guitarras quizá no del todo redondas pero desde luego elegantes. La habitual ensalada solista traerá aparejada a su vez una mayor agresividad en cuanto a líneas de voz se refiere. Los chicos finalmente trazan un primer corte ágil, atractivo y directo. Crujiente pero con gancho, que da en todo momento la impresión de estar muy pensado para abrir “Into The Mouth Of Hell” de la mejor manera posible.

Amenaza “Buried Alive” con transigir hacia terrenos más sólidos y pesados. Y sin embargo es apenas un guiño durante el prólogo. Ahí, esas guitarras que bien podrían adornar un corte de los Slayer más rocosos y amenazantes, deriva más adelante en un thrash con nervio, riffs en la frontera entre la modernidad y el clasicismo y, de largo, uno de los estribillos más curiosos de todo el largo. Puede que sus estrofas no me enganchen en la medida en que lo hacen alguna de sus compañeras en este nuevo trabajo. Pero la banda parece no obstante más concentrada que nunca en esta andanada casi siempre poderosa y nervuda en lo técnico.

Lo que son las cosas, el prólogo de “Cybersex” bien podría rimar con unos Judas Priest de su (hasta ahora) penúltimo álbum de estudio “Firepower”. Exodia no obstante se conducen hacia un metal con ciertas trazas de groove que viene a alimentar el rango sónico de este tercer trabajo sin, por ello, sacrificar un ápice de su inherente mal café. Hay armonías de guitarra y voz aquí dentro, alternas con un estribillo seco, casi cortante, cara a construir un corte profundamente bipolar en el que, no obstante, nunca el foco parece distraído. El mayor protagonismo que la mezcla otorga al bajo de Tello alimenta dichos estribillos solidario, casi al milímetro, con la voz de Milla. Es aquí, en el tronco mismo de este “Into The Mouth Of Hell” donde los chicos han venido a colocar un trío de cortes extensos que vienen a hablar, y no precisamente para mal, de las miras altas que tiene para ofrecer esta tercera entrega.

De hecho el más extenso es este “You Fight Wicked World”, que ya desde su vistoso prólogo da un poco la medida de las ambiciones de Exodia en su vuela a la actividad. El riff que anticipa primero y acompaña después a las primeras estrofas tiene un gancho de mil demonios. Los valencianos fluctúan aquí entre su habitual thrash y aires más próximos (que no lindantes) con el melodeath nórdico más al uso y el resultado es otro de los cortes más redondos y también ambiciosos que les recuerdo. Algo a lo que contribuye el espléndido trabajo en cuanto a voces que atesora. Una base rítmica sobria pero eficaz y, sobre todo, una mayor duración que logra permear lo mejor del quinteto en lo que a ejecución se refiere.

Apenas he dicho nada tanto de la producción como del sonido que posee esta nueva colección de temas pero lo cierto es que, si bien esta reseña se está componiendo sobre una copia digital del álbum, es el signo de los tiempos, lo cierto es que resulta potente y equilibrada. Sobria incluso. No resta nunca pero, sin desagradarme del todo, siento que a veces tampoco suma. Rozando el notable si lo queréis así.

Only A God” porta un riff que bien podría haber compuesto el James Hetfield de los discos más postreros de Metallica. Habrá quien entienda esto como un ataque. Al contrario. El mentado riff puede recordarme a cortes dentro de lo que cabe recientes de la banda estadounidense que disfruto (“Moth Into Flame”, por ejemplo) pero son apenas detalles. Y es que Exodia juegan aquí una carta mucho más leal al género que las contenidas en los últimos trabajos de Ulrich y cía. Por ahí es una composición que me atrae con sus peculiaridades, si bien en términos absolutos y con la mente fría, hay construcciones en este nuevo trabajo con las que empatizo en mucha mayor medida. Me agrada el pulso más calmo y lo épico, casi opulento que suena este estribillo en cualquier caso.

Sí me agrada la mayor gravedad que atraviesa “Corrupt”, puro nervio y energía. A estas alturas el nombre de los albaceteños Angelus Apatrida podría resultar inevitable, si bien aprecio trazas aquí que bien podrían recordar a propuestas más minoritarias como pueden ser los gallegos Strikeback o incluso Trallery. Por otro lado, cierto que en todos lados cuecen habas pero qué duda cabe que Valencia ha sido una de las tierras más azotada por las distintas tramas de corrupción que han asolado el estado hasta sus cimientos. Puede tener o no que ver, pero lo cierto es que Exodia parecen aquí particularmente agresivos y musculosos. En especial esas voces que, a ratos, tanto me recuerdan al bueno de Bobby “Blitz” Ellsworth (Overkill).

Muy juguetón el riff que adorna el prólogo de una “The Alchemist” que, lejos de abandonar esa encarnación más grave y nervuda, viene a ahondar en los Exodia más rugosos y pesados. A ellos sin embargo contrapone la escritura un estribillo que sorprende tanto por su levedad como por el aire casi melancólico que de él se desprende. Inédito dentro del redondo y sorprendente si uno piensa que fue uno de los elegidos como carta de presentación del mismo. El nombre de Mille Petrozza (Kreator) parece casi inevitable en esos estribillos tan apagados (que no fallidos, atención al bajo de Tello) pero en suma es un corte que me conquista solo a veces.

Ars Goetia”, otra de las cartas de presentación del álbum, parece una elección mucho más obvia. Sin tampoco reinventar la rueda, aprovecha para homenajear (pienso yo) al “Seek And Destroy” de unos tales Metallica (y, por extensión, al “Princess Of The Night” de Saxon) durante la obligada demostración solista y, sin destacar, resulta de algún modo tan vibrante como funcional.

Nervio y pegada para una “Because This World” que quizá acuse ya cierta repetición de patrones y esquemas. No considero éste un mal corte por sí mismo y de hecho me agradan en buena medida la mayor extrañeza de sus estribillos, esas voces a lo Mustaine que irrumpen a ratos y lo bien que engarza la base rítmica durante las partes más rápidas. Pero en suma siento que “Into The Mouth Of Hell” posee ofertas más atractivas y redondas.

Cierran con “I Went For A Job And They Ate My Cock”, porque qué sería del thrash sin su punto de irreverencia, poniendo de relieve que también saben manejarse en terrenos más cercanos al crossover más casual. Que no distraiga lo aparentemente tonto de la propuesta, este es un corte ágil por trazo, diverso en cuanto a ritmos y desde luego nada desdeñable en cuanto a riffs. Camarero percute firme el doble bombo y todo termina por confluir en un, cuanto menos curioso estribillo. En definitiva y en lo estrictamente musical un cierre más serio de lo que pueda parecer sobre el papel.

¿Ha merecido la pena la espera? Pienso que sí, aún cuando el álbum creo dista de resultar perfecto. Cabría preguntarse qué disco lo es hoy día. Sea como fuere y aunque existen riesgos, estos nunca llevan a Exodia fuera de las férreas lindes del género. Por ahí y especialmente durante el fenomenal tronco central del tracklist, la banda brilla más que nunca. Han sido muchos años fuera del redil pero da la impresión que queda es la de no haber perdido un ápice de ganas ni tampoco de actitud. Qué bueno que volvisteis.

Texto: David Naves

Reseña: Litost «Pathos» (Blood Fire Death 2023)

Litost vienen de Valencia y en la info que nos adjuntan desde el sello catalán Blood Fire Death dicen practicar una mezcla de black, death y crust. Credenciales que uno tal vez no adivinaría viendo según qué fotos promocionales del cuarteto formado por Daniel (batería), Pedro (bajo y voz), Joaquín (guitarra y voz) y Manri (guitarra y voz). Este “Pathos”, que viene a suceder al debut “Ethos” de 2019, contó con Luis Varó para la grabación de baterías en BlackStage Studio mientras que el resto de voces e instrumentos vinieron al mundo de la mano de Manri, a la sazón fundador de la formación mediterránea. Las pistas resultantes serían convenientemente mezcladas y masterizadas por el Balmog Javi Félez (Altarage, Spectrum Mortis, Blazemth,Ouija, Foscor…) en los Moontower Studios. Con artwork de Pablo Ruiz Valls, el álbum se encuentra en la calle desde el 17 de marzo.

Literalmente tormentoso el prólogo de una “Tromba” que pronto transige hacia un metal extremo de fortísimo poso melódico. A través de un cuidado trabajo de guitarras y mientras Daniel descerraja la caja de su batería como si ésta le debiese dinero, la banda construye un arranque de álbum destinado a enganchar lo antes posible al oyente. Pero es toda vez alcanzamos las primeras estrofas que la composición muestra el verdadero músculo que se esconde tras este nuevo álbum. El equilibrio que logran entre ese fuerte influjo melódico y lo agónico de sus líneas de voz puede no resultar novedoso a estas alturas pero tampoco puedo decir que le falte pericia. Al contrario.

Espectro” recrudece las esencias de Litost mientras prosiguen los blast beats incesantes y las voces agónicas. Todo rodeado de cuidados engarces entre estrofas, la banda saca músculo y de qué forma, para después perderse por toda una serie de cambios de ritmo que van desde lo más espacial y atmosférico hasta incluso la introspección semiacústica. Litost amalgama toda su maraña gramática con la solvencia que da una mezcla que distingue, sin mezclar, cada una de las líneas. Cada uno de los instrumentos. Irreprochable “Pathos” en este sentido. Agónico y tremebundo epílogo. Estupenda.

Sorprende la instrumental “Vigilante Del abismo”. Orquestal cinemática, de una épica desgastada, quizá no del todo acorde al leitmotiv del álbum, y que en cualquier caso nos transporta hasta una “Emboscada” que rezuma urgencia desde el primer acorde. Black, crust y viceversa fusionados para dar origen al corte más desquiciado de los ocho. Guitarras que dibujan melodías casi psicóticas, voces que más que gritar, aúllan, y una más que enrevesada línea de batería para dar forma a un corte que a falta de una duración mayor, condensa en ni tan siquiera cuatro minutos lo más demente de Manri y los suyos.

Simún”, “temporal fuerte, cálido y seco de viento y arena, que sopla en el Sahara, Palestina, Jordania, Siria y los desiertos de Arabia. Su temperatura puede sobrepasar los 54 °C, con una humedad por debajo del 10%” en palabras de doña wikipedia, bien podría asemejarse a la tricefalia de una hidra. El paso más acompasado de su primer tercio, el más descosido que domina su tronco central y, finalmente, el más atmosférico que emergerá cerca del epílogo. Trazo poderoso, lleno de recovecos, que la banda resuelve sin sacrificar un ápice de intensidad. Otra de las grandes ofertas de este segundo trabajo.

Barján De Céfiro”, también instrumental, se conduce esta vez hacia tonos más orientales, dejando entre medias un fuerte regusto que, tal vez por mi estrechez de miras en estos casos, me recuerda a los trabajos en solitario del Nile Karl Sanders. A término irrumpe “Vendaval”, de nuevo instrumental y en la que Litost dan rienda suelta a su faceta más melódica mientras allana el camino para la ensalada de solos que se desatará más adelante. Todo bajo una firme y por momentos casi marcial batería de Daniel, que apenas pierde ripio a lo largo de estos cuatro minutos de técnica fulgurante. Curiosa cuanto menos.

Para el cierre queda el corte más extenso de este nuevo álbum, los cinco minutos largos de una “Galerna” que, para sorpresa de casi nadie, aglutina muchos de los grandes rasgos que identifican la particular forma de componer de los valencianos. Que de todos modos no resultará nada reiterativa o redundante pues está dispuesta a través de tonos, hasta cierto punto divergentes conforme a los dispuestos con anterioridad dentro de “Pathos”. Un gran cierre.

Litost “término acuñado por el filósofo checo Milan Kundera y relacionado con la introspección y la miseria humana” les viene que ni pintado. El disco puede tener como lastre lo exiguo de su duración. Ocho cortes, varios de ellos instrumentales, para treinta minutos de música, puede pensarse son poca munición en unos tiempos donde los álbumes de cincuenta, sesenta o incluso setenta minutos están a la orden del día. La otra cara de la moneda es que, por ahí, “Pathos” apenas ofrece fisuras. Bien pensado desde el papel y mejor ejecutado, la banda da la sensación en todo momento de estar muy segura de lo que ha hecho. Y se nota.

Texto: David Naves