Atalaya Rock 2025: Horarios Oficiales

La 19ª edición del festival vallisoletano Atalaya Rock desvela sus horarios. Este será el reparto de tiempos para Rise Of The Shadows, Pulsa Denura, Rise To Fall, Dynazty y Tim «Ripper» Owens.

Apertura de puertas: 20 horas
Rise Of The Shadows: 20:30 horas
Pulsa Denura: 21:30 horas
Rise To Fall: 22:40 horas
Dynazty: 00:15 horas
Tim «Ripper» Owens: 02:15 horas

Fieles a su filosofía como festival gratuito y sin ánimo de lucro, la organización apela a procurar llegar a primera hora y disfrutar de todos los conciertos. Realizando un llamamiento en contra del botellón, los precios en barra serán económicos así como todo el «merchan» que el festival ofrece. Gracias a esos ingresos podemos disfrutar cada año de un magnífico festival gratuito, que siga así.

¡¡¡Larga vida al Atalaya Rock!!!

Pucela Heavy-Rock Fest 2025: Horarios Oficiales

La Asociación Pucela Heavy Rock de Valladolid desvela los horarios oficiales de su quinta edición que tendrá lugar el próximo 6 de septiembre en su ubicación habitual la Playa de las Moreras de la capital pucelana.  

Apertura de Puertas 20:30 horas
Alterade 21:00 horas
Aneuma 22:30 horas
Flotsam & Jetsam 00:00 horas
IronWhat? 01:45 horas

Con acceso libre y un cartel más que atractivo la Asociación Pucela Heavy Rock continúa creciendo manteniendo el objetivo de ofrecer en cada edición un festival gratuito con los mejores grupos nacionales e internacionales de hard rock y heavy metal.

Crónica: Vio-Lence + Blast Open (Valladolid 27/4/2025)

Segunda visita en el mismo mes a la sala vallisoletana Porta Caeli. La ocasión lo requería. La banda estadounidense Vio-lence hacía parada en tierras castellanas dentro de su gira por la península, conmemorando el 35º aniversario de uno de sus discos más relevantes: “Oppressing The Masses”. Durante esta gira, irían acompañados de los asturianos Blast Open. En Valladolid era su segundo concierto de la gira, que comenzó en Sevilla el 26 de abril.

Se podía presagiar que la presencia del público iba a ser modesta, ya que era domingo y las bandas, una, poco conocida y la otra, de las denominadas, de culto. Sin embargo, al final, dichos presagios no se cumplieron, y la afluencia fue más que aceptable. En verdad, no todos los días nos visitan leyendas del thrash y había que aprovechar la ocasión.

Blast Open hacían su aparición en el pequeño escenario de la Porta Caeli, en torno a las ocho de la tarde/noche. La remodelada banda presentaba un setlist con temas exclusivamente de su último disco del 2022 “Spitting Blood”, entre los que intercalaron los dos últimos singles, recientes adelantos de su próximo disco.

Pese a lo poco que, por desgracia, se han estado prodigando encima de los escenarios, Blast Open me dieron una sensación de consistencia y solidez que supieron transmitir desde los primeros acordes de su fantástico “Riding On A Dead Horse”. Se les veía muy cómodos y solventes. Andrés Álvarez, desde la guitarra, rompiendo la frialdad inicial de un público, un tanto escaso en los inicios del concierto, Nefta, con su voz intensa que sabe transmitir fácilmente la energía de la banda, acompañados de Ton Jerez, frenético al bajo y Marco Álvarez aporreando sin piedad la batería.

Pasan rápidamente a tocar “Fallen Angel”, tras la que Nefta saluda a los congregados allí, señalando la valentía del único que llevaba una camiseta blanca que destacaba entre la uniformidad del atuendo negro de la gente y presenta el primero de los singles de más reciente creación: “Invisible Lines”. Me encantó. Con un tinte muy thrasher, unido a las partes más melódicas que rompen en esa velocidad, la ejecución en directo fue impecable y creo que muy acertada en esa disposición del setlist, puesto que, a partir de ahí, la conexión con el público fue in crescendo. Otro tema del «Spitting Blood«, “Pool Of Blood”, justo antes de interpretar el siguiente novedoso single “Resurrected”, con la invitación previa de Nefta a unirse a la fiesta. Este segundo adelanto también tuvo una buena acogida.

Llegan los redobles que inician “Cross Hate”, donde Andrés se luce con sus riffs. Tras este tema, Nefta agradece a ITP Productions por traer de gira a bandas increíbles, como eran los propios Vio-lence y pide movimiento para “A Light Behind The Darkness”, algo que no se consiguió, aunque sí fue incesante el chocar de puños, dada la facilidad para la interacción que ofrece el escenario de Porta Caeli (como ya comenté en otra ocasión). Tras 44 minutos de actuación, Blast Open se despiden con “Trying to scape”, dejando un muy buen sabor de boca entre los presentes.

Pasaban diez minutos de las nueve de la noche, cuando los músicos que acompañaban al mítico Sean Killian, ocupan su lugar en el escenario. Ira Black a un lado, Claudeous Creamer al otro, los dos grandes guitarristas que giran actualmente con la banda de la Bay Area de San Francisco, en un segundo plano, Jeff Salgado al bajo y Nick Souza (hijo de Steve “Zetro” Souza y batería oficial en Hatriot) a los tambores. Dejan caer los primeros acordes hasta que salta a la palestra el carismático vocalista de Vio-lence, el único miembro que persiste de la formación original.

Era la primera vez que se dejaban ver por salas europeas, en conciertos cercanos, casi íntimos. Si bien, los miembros originales de la banda, que tuvieron su peso en la composición de los dos trabajos más conocidos y emblemáticos de Vio-lence ya no estaban presentes, hemos de decir que los actuales defendieron con precisión la cascada de temas con los que nos deleitaron en esta gira.

Una noche de thrash, con mayúsculas, que comienza con “Liquid Courage”, seguida del maravilloso “Subterfuge”, en el que destacan las líneas de bajo y que cierra con un solo totalmente demoledor a cargo de Ira Black. Ya daban ganas de dejarse el cuello y esto no acababa sino de empezar.

Primera parada en la que Killian se explaya presentando “I Profit (me beneficio), desde una posición muy cercana al público. Toda la banda estuvo muy cercana e interactiva, algo de lo que “nos beneficiamos” los presentes. El tema me parece uno de los más significativos del disco, con sus cambios de tempo constantes, estribillo bien engranado y velocidad punzante en sus riffs de guitarra, con esa dupla que se genera casi al final.

Por supuesto que la peña ya estaba más que metida en harina y se notaba ya el ambiente caldeado para recibir otro de los temas de este “Oppressing The Masses”, previamente presentado por el infatigable vocalista, “Enguilted By Flames”, al que sigue “Officer Nice”, con el que se desata la locura en la sala convertida en un hervidero de cabezas moviéndose al unísono a la señal de “Go” de Mr. Killian y saltando a la par que se corea el estribillo.

Pequeño respiro para dar por concluido, de momento, el repaso al homenajeado «Oppressing…» y empezar a desgranar alguno de los temas más importantes del poderoso álbum que puso a Vio-lence en el listado de bandas exponentes de la corriente denominada “Bay-Area Thrash”, el “Eternal Nightmare”. ¿Alguien recuerda nuestro primer álbum?, pregunta el cantante. “Esta es una canción que habla sobre el miedo. «Photophobia”. Y la respuesta de la gente no fue precisamente una negativa. El movimiento no se hizo esperar y la sala se convierte en un clamor, gritando el nombre de la banda cuando empieza a sonar “Serial Killer”, seguido de “Kill On Command”. Alguno se atrevió a hacer crowdsurfing.

El show continua con “Calling In The Coroner”, previamente presentado, sello de identidad del modo en que los de California entendieron ese thrash primigenio, complejo, técnico, veloz. Una auténtica joya, interpretada con bastante destreza tanto por los distintos músicos como a través de la desgarrada voz de Sean Killian. “Upon their Cross” representó un punto y aparte en la noche. Tema perteneciente a su EP del 2022, “Let The World Burn”, destaca por sus partes más lentas y técnicas.

Casi un minuto de silencio antes de la traca final. La intensidad pasa factura. Aprovechamos para mostrar cómo lo estábamos pasando, animando a la banda y suena “Eternal Nightmare”. Otro de los momentos álgidos para dejar ya la escasa energía que nos quedaba. La batería del joven Souza sonaba con gran contundencia mientras Ira Black volvía a reflejar su habilidad con un enorme solo que pone el broche final al recuerdo del exitoso álbum debut. Y, decía antes, que el repaso al «Opressing The Masses» estaba casi concluido porque la pieza que cierra, esta vez, definitivamente, el concierto fue “World in a World”, perteneciente a dicho trabajo. Una hora y diez minutos de pura gloria para los amantes del thrash.

Quiero destacar que el sonido de ambas bandas fue brutal y no queda más que agradecer, a quien corresponda, que nos haya facilitado el poder disfrutar de bandas, otrora inasequibles, pero que aún arrastran la esencia de aquellos sonidos clásicos que están escritos en el ADN de todo/a metalero/a que se precie. Gracias a Heavy Metal Brigade por aceptar estas líneas para su colección de crónicas y a José Alberto Arija por haber cedido alguna de sus instantáneas. Volveremos a encontrarnos.

Texto: Erundina Artidiello
Fotos: José Alberto Arija

Crónica: Exhorder + Mortal Maze (Valladolid 12/4/2025)

Había ganas de visitar de nuevo la pequeña y coqueta sala Porta Caeli de Valladolid, un lugar donde, desde hace unos años, suelen recalar numerosas bandas dentro de sus giras por la península y, sobre todo, bandas de la escena thrash. Así pudimos disfrutar allí de unas Nervosa cuando eran un trío comandado por Fernanda Lira o unos clásicos como Flotsam & Jetsam, entre otros. En esta ocasión, hicieron su parada en la sala vallisoletana los llamados precursores del groove metal, Exhorder, que venían presentando su último disco y para los que abriría una banda de la escena castellano-leonesa, Mortal Maze, y tuvimos la oportunidad de acercarnos a Valladolid para vivir otra gran noche de thrash metal.

En Porta Caeli cuentan con la ventaja de tener un escenario muy bajito, donde podemos casi fundirnos con las bandas que allí tocan, y eso es un plus que nos retrotrae a otras épocas de mayor cercanía entre público y bandas. De modo que los conciertos se hacen muchísimo más disfrutables, y más, si se cuenta con una parroquia respetuosa, como ha sido esta vez.

Eran las ocho en punto, cuando suenan los primeros acordes de Mortal Maze abrían la noche. En el escenario, guitarra, bajo y voz, todos juntos de cara al batería, de espaldas al público, para dar la vuelta de golpe y mostrar, ya en las primeras notas, que aquello iba a ser energía pura y dura, y así fue. La banda, formada en 2016, cuenta en su haber con una demo y un LP homónimos Mortal Maze (reseña), del que desgranaron un puñado de temas, a toda velocidad, lo que fue una hora escasa de auténtica intensidad. La formación la componen Héctor Velasco, voz y guitarra, Iván Velasco a la batería, Fernando López, bajo y coros, y Diego de la Viuda, guitarra y coros.

Los segovianos eran muy conscientes del papel que les había tocado y no desaprovecharon ni un segundo. Se metieron en un bolsillo, desde el inicio, a la aún exigua audiencia que ya pisaba la sala con temas como “Mortal Maze” y “Ghost” Aunque el sonido de las guitarras no estuvo del todo fino, Héctor fue uno de los responsables de esa conexión con el público. Nada desdeñable su chorro de voz, con cortes rasgados, además de los buenos acompañamientos de Diego y Fernando a los coros, mostrándose toda la banda muy activa y resolutiva para conferir esa velocidad y entusiasmo contagioso.

En “The Eyes Are Cut” se presentan y señalan a la gente conocida que les había acompañado. Acabado este tema, sacan al escenario una caja de botellas de cerveza que van regalando a los asistentes, a modo de introducción de “One More Beer” (ya sabemos que la cerveza forma parte de la identidad de algunas bandas thrashers), y mostrar así también que traían un imán-abridor de botellas con el logo de la banda como parte de sus objetos de venta. Añade Héctor que el primero que se acabe su birra, tendrá detalle en el merch, saltando, a continuación, para tocar entre el, ya más que entregado, público. De vuelta al escenario, continúan con “From Here To The Nothingness” , “Kalypso” y “Social Zombie”, donde el cantante vuelve a tocar y cantar entre el público.

Agradecen los Mortal Maze la invitación a participar en el evento, a los Exhorder, a quienes se dirigen en inglés, aprovechando la presencia de Kyle Thomas en el puesto de merchandising, a los técnicos de sonido y a todos los presentes, que ya coreaban “Mortal” a pleno pulmón. La actuación no acaba aquí. Se despiden los de Segovia con un popurrí de temas de rock & roll clásicos llevados al thrash: Johnny B. Good, Jailhouse Rock, Rock Around The Clock…, colofón que, a posteriori, se comentaba que pudieron haber evitado, dado el buen sabor de boca que habían dejado sus temas propios.

Cambio de logo en la pantalla que sirve de telón de fondo de la sala. Es turno para la banda americana. Exhorder llegaba a Valladolid en la gira de presentación del que es su cuarto LP: Defectum Omnium, editado en 2024, bajo el sello Nuclear Blast. Un álbum un tanto ecléctico, experimental, en el que encontramos no sólo thrash, sino otra amalgama de sonidos desde el sludge, el groove que les caracteriza y hasta hardcore. En la formación actual nos encontramos a Kyle Thomas, voz y guitarra, como único miembro que permanece de la formación original, Sasha Horn, a la batería, Jason Viebrooks, al bajo y Pat O’Brien (ex Cannibal Corpse, entre otros) a la guitarra.

Eran las 21:17 horas cuando la banda de New Orleans ocupa el pequeño escenario de la sala ante la expectación de un público ya un poco más numeroso y heterogéneo en edad, algo que nos sorprendió para bien, teniendo en cuenta que Exhorder no es una banda actual ni mucho menos mainstream. Arrancan con uno de sus temas míticos, el que da título a su álbum más conocido: “Slaughter In The Vatican”. A continuación, viene “Unforgiven”, único tema que rescataron de su álbum “The Law”, mientras Sasha, el inquieto batería, demanda con su baqueta que empiecen los circle pits.

Year Of The Goat” fue el primero de los cuatro temas elegidos de este “Defectum Omnium” que venían a presentar pero que mezclaron, muy acertadamente, con los más emblemáticos de la banda desde sus inicios. Aprovecha aquí Kyle para presentarse y el mosh ya era patente, después tiene unas palabras de agradecimiento para los Mortal Maze, para los que pide “algo de ruido” y presenta el siguiente tema del álbum reciente, recordando la época de pandemia por el COVID y el confinamiento, dedicando el tema a los que nos dejaron. Esto es “The Tale Of Unsound Minds”.

Death in Vain”, otro clásico del «Slaughter«, genera otra oleada de pogos energéticos y frenéticos, al ritmo de los impíos riffs del señor O’Brien. Un nuevo paréntesis de Kyle Thomas recordando que era sábado y preguntando si alguien tenía que trabajar al día siguiente. Nos habla de la rutina: levantarse, ir al colegio o ir a trabajar, volver a casa, levantarse al día siguiente y así una y otra vez, pero “hoy el tiempo es nuestro”, “My Time”, único tema que tocan delMourn The Southern Skies”, donde Jason Viebrooks cambia su bajo y donde Pat O’Brien vuelve a mostrarse impertérrito, sin dar pie a concesiones.

Esta vez sin perder un segundo, suena “Forever And Beyond Despair”. A partir de aquí, la noche ya estaba más que caldeada y las caras de satisfacción y entrega eran notorias. Cae la versión de los Black Sabbath, que suelen incluir en sus directos: “Into The Void”. Como comentaba antes, daba gusto ver a un buen puñado de jovencitos, totalmente entregados, como si hubiésemos vuelto a finales de los 80. Suena “Divide And Conquer”, último tema que presentan de su reciente disco, con amago de wall of death.

No eran aún las diez y veinte de la noche y Kyle Thomas comienza a despedirse, no sin antes recordar que la banda ya tiene su trayectoria y que todo comenzó allá por 1986, suena “Exhorder”, la gente corea el nombre de tema y banda y los músicos aceleran. El espectáculo se cierra definitivamente con “Desecrator”, un tema más que significativo del sonido groove metal (a los presentes nos vino, de inmediato, Pantera a la cabeza) y con un “Valladolid, We F*** Love You. We Are Exhorder” se despiden, siendo las 22:32 horas.

El concierto se nos antojó un poco escaso pero con una intensidad que no veíamos desde hacía tiempo. Exhorder son maquinaria pesada, gozaron de un sonido muy bueno desde el principio hasta el final de su actuación, dejando bien patente su calidad técnica. Agradecer, una vez más a Heavy Metal Brigade por dejarme firmar esta crónica, a los colegas asturianos, cántabros y pucelanos que allí nos encontramos. Muchas gracias M.A.M. por la cesión de las fotos y nos vemos en el siguiente.

Texto: Erundina Artidiello
Fotos Móvil: M.A.M.

Crónica: XVIII Festival Atalaya Rock (12/10/2024)

Décimo octava edición de uno de nuestros festivales más queridos, el Atalaya Rock en Pozal de Gallinas, lugar de encuentro de muchos de esos amigos que uno ha ido haciendo en el camino y una referencia en lo que a hacer las cosas bien se refiere. El evento, gratuito un año más, contó esta vez con la participación de las bandas Valkyria, Toxikull, Rage, Ankor & Iron What? e introdujo una novedad: el pequeño meet and greet por el que se irían dejando caer los distintos integrantes del cartel. Uno de esos pequeños detalles que siempre suman y que formó buenas colas dentro del polideportivo de la localidad vallisoletana.

Faltan dos para las ocho cuando Sonia Moraleja, jefa del festival, toma el escenario para darnos la bienvenida y presentar a la primera banda de la jornada. Unos Valkyria a quienes teníamos aún frescos tras su paso por la primera edición del Luarca Metal Days (crónica) y que, insisto, siguen en progresión ascendente. De primeras me llamó la atención lo de las tres baterías ya montadas sobre el escenario. Algo que entendimos como una forma de ahorrar tiempo y que, vistos los horarios sobre los que se desarrolló la jornada, acabaría dando la razón a la organización.

Volviendo a la banda vasca, bien es verdad que no fue mucho el tiempo del que dispusieron, pero desde luego que supieron aprovecharlo. Yeray Hernández es un frontman con carisma y la banda sabe cómo armar piezas de un power / heavy pegadizo y con gancho. “La Cuna Del Silencio” que abre su último disco de estudio sería la encargada de darnos las primeras alegrías de la jornada, con la banda sonando a buen nivel ya desde el comienzo y la confianza que otorga el saberse ante un público afín. Para “Ave Inmortal” ya vemos a una buena versión del cuarteto. Buenos temas y mejores interpretaciones para una letra con la violencia de género como trasfondo.

El Dünedain Carlos Sanz, que a última ahora afrontaría el reto de emular a un tal Bruce Dickinson, no quiso perder la oportunidad de subirse a escena junto a sus colegas de Valkyria y dejarnos su habitual derroche de voz y energía en una “Cenizas De Sangre” que en nada desmereció a su encarnación de estudio. Brilló de nuevo el duelo solista de Yeray y Borja en “Contracorriente” y, presentaciones mediante, la buena respuesta de la gente en “Abatido”. Su habitual final con “Código De Honor” volvió a demostrar que esta es una de esas bandas a seguir bien de cerca. A ve si con un poco de suerte la próxima vez que crucemos nuestros caminos es con un set completo.

Otros que andan en una onda parecida son los chicos de Toxikull. Los lisboetas, cada vez más habituales en nuestros escenarios, llegaban a Pozal De Gallinas con la intención de seguir confirmándose como uno de los secretos mejor guardados del heavy metal en el sur de la vieja Europa. En el seno del también cuarteto queda no obstante la sensación de que habitan dos almas. Una deriva hacia el speed metal. Ese inicio descosido con “Nightraiser”. La otra, la que entrega temas como “Around The World”, deriva a los del país vecino hacia las lindes del hard rock. Sea como fuere, “nosotros somos Toxikull y tocamos heavy metal” había dejado dicho Lex Thunder. Y tanto que sí.

La más vibrante “Killer Night” vuelve a destapar la marcada dualidad del set. Siempre a caballo entre la potencia del speed y la clase del hard / heavy. Pero la banda entrega buenas ejecuciones en ambos registros. Y aunque Lex Thunder llegara algo justo de voz a alguno de los temas, no creo que nadie pueda dudar hoy del desempeño de Toxikull en Pozal de Gallinas. En “Under The Southern Light” esgrimen de hecho su vertiente más épica En las cercanías del escenario al sonido le sobraban graves. Nada que no arreglasen unos pocos pasos hasta las proximidades de la mesa del sonido donde la mezcla mejoraba de forma considerable.

I Will Rock Again” de nuevo me recordó por momentos a los murcianos Hitten mientras que “Night Shadows” reveló hasta qué punto llegaron de engrasados los del país vecino. Pura zapatilla portuguesa se podría decir aquí. Y me hizo gracia que versionaran “Iron Fist” de Motörhead, de tanto en cuanto fueron Exciter quienes la tocaron a su paso por Oviedo en 2022, con los propios Toxikull como teloneros. Casualidad o consejo por parte de los canadienses, me temo que nunca lo sabremos. En cualquier caso, el final con “Metal Defender” y pese a que como digo Thunder llegase algo justo ya, entregó buena parte de la mucha clase que atesoran. Buenos riffs, mejores solos, una sólida base rítmica y la sensación de que van para arriba.

Con las huestes de Peavy Wagner sobran las presentaciones. Rage, que andan celebrando su cuarenta aniversario (se dice pronto) llegaron al Atalaya con la seguridad que da un setlist confeccionado a la medida de sus fans de toda la vida. No obstante la labor de reunir en un único set tan vasta discografía, treinta álbumes de estudio nada menos, se nos antoja un imposible.

A revientacalderas, “Cold Desire” sube la temperatura del polideportivo Samuel Rodríguez ya desde el primer momento. Tras Peavy (bajo y voz) y Jean Bormann (guitarra y coros) emerge un grandísimo Vassilios “Lucky” Maniatopoulos en baterías. La voz de Tri State Corner confirmó con su pegada estar a la altura de los no pocos ilustres que le han precedido en el puesto. Y mientras que el rubio guitarrista brillaba con luz propia en el solo de “Straight To Hell” (una de esas que no podían faltar), me asaltaba la pregunta de a cuánto cotiza la actual alineación de Rage entre las muchas de las que ha dispuesto a lo largo de cuatro décadas de existencia.

Porque lo cierto es que les vimos muy bien de forma y también de compenetración y ganas a lo largo de todo el set. Un set no exento de inconvenientes. Hubo que reemplazar uno de los pedales de la batería de Maniatopoulos. Peavy aprovechó para charlar con la gente. Para bromear incluso con que el siguiente tema lo compuso el mismo año en que Bormann vino al mundo. Un corte que resultó ser no otro que “Black In Mind”, a buen seguro uno de los más queridos de la camaleónica formación germana. La banda encadena entonces con otro clásico pretérito como es “Refuge” y Rage y Atalaya parecen casi un único ente indivisible. Especialmente cuando la intensidad desciende en la parte final y Rage apostillan un pequeño impasse que coqueta con el reggae. Pequeño guiño cómplice y la sensación de que la banda estaba disfrutando de lo lindo.

Porque vimos muy risueño a Wagner durante toda la noche y bastante bien de voz a pesar de los muchos años y el no poco desgaste que estos aparejan. Una banda que apenas ha parado de girar en todo este tiempo y un tipo carismático y querido donde los haya. El propio Bormann haría sus pinitos en nuestra lengua. Una pequeña muestra más del cariño que la actual alineación de Rage siente por el público de habla hispana. Hay algo en su manera de moverse sobre el escenario, en sus muchas poses y gestos, que me recuerda al bueno de Richie Faulkner (Judas Priest). En cualquier caso y al igual que sucede con el propio “Lucky”, un músico de sobradas garantías. El de Duisburg presentaría así otra de las grandes favoritas, “Back In Time” porque, aunque fuese a pequeños destellos, los Rage más sinfónicos no podían faltar en esta gran celebración de su amplio legado.

Uno vibraba ya con semejante setlist pero es que “Days Of December” sería aún más celebrada si cabe por el público del Atalaya. En lo personal disfruté en mayor medida de “Let Them Rest In Peace”, con Bormann tirando de guturales como si nada y destapando así a los Rage más sucios y abruptos de la jornada. También “Great Old Ones” de un disco, “Soundchaser”, por el que siento un cariño muy especial. Bormann se puso a hacer headbang en “End Of All Days” como si en el empeño le fuera la vida. Tan cómodo en el puesto que parece que llevara toda la vida. “Don’t Fear The Winter”, desde luego, no podía faltar en este amplio repaso. Atalaya la gritó con ganas y a servidor se le pusieron los pelos de punta en varios momentos, testimonio de la gran comunión entre público y banda que vivimos.

Para los bises Wagner tendría tiempo de recordar la génesis de Rage, no otros que Avenger, de los que vino a recuperar una “Prayers Of Steel” que pilló con el pie cambiado a más de uno. El final, como no podía ser de otra forma, entrega una “Higher Than The Sky” en la que Bormann adornaría su pie de micro con una bandera que le habían tirado desde el público serigrafiada con el logo de la banda. Wagner la enfrentó con púa, única de todo el set si mis ojos no me engañan, y quien más quien menos coreó con ellos hasta el último aliento. Un gran final para un gran derroche de cariño y nostalgia. A buen seguro una de las bandas foráneas más queridas por este medio.

Con Ankor llegaba el turno de la apuesta más diferente del cartel. Los tarraconenses llegaban al Atalaya con la intención de confirmar que siguen, como se dice ahora, con la flechita para arriba. La banda que comanda en voces Jessie Williams cuenta ahora con Eleni Nota (ex Nervosa) en baterías y prospera a base de entregar buenos directos tanto dentro como fuera de nuestras fronteras.

Apoyados por la puesta en escena más cuidada de la jornada, quedaba la duda de cuanta gente se quedaría a ver una propuesta tan contemporánea e híbrida como la suya. Después de todo, en el cartel primaba cuatro contra uno el metal de corte clásico. Pero resultó que la buena gente del Atalaya Rock aún tenía ganas de fiesta. Y precisamente fiesta es lo que ofrece el quinteto desde que Williams arremete con las cuidadas y a la vez atrevidas líneas de voz de “Darkbeat”. A un tiempo descosida, al otro bailable, la banda ya dio muestras aquí de lo diverso de su propuesta.

El buen sonido del que gozaron les a agiganta. Williams nos dijo que aquél era su último bolo del año, por lo que sin duda venían a dejarse la piel. Y desde luego que lo hicieron. La pareja que forman Fito Martínez y David Romeu en guitarras es tan híbrida como la propia propuesta de Ankor. Inquieto y sonriente el primero, más serio y concentrado el segundo, se compenetraron a la perfección a través de composiciones tan curiosas como “Walking Dead”, con esa pequeña estrofa en nuestro idioma. De “Stereo” emergió la mejor Eleni Nota. Tan impasible en el gesto como segura en su desempeño, la de Serres parece haber caído de pie en el seno de la banda catalana. Que haya pasado del thrash sucio de Nervosa al metal de nuevo cuño de los catalanes sin perder un ápice de eficacia habla y no precisamente mal de su desempeño.

Un poco a pachas entre Romeu y Martínez nos contaron la historia que sirve como trasfondo a “The Legend Of Charles The Giant”, que sería a la larga una de las más celebradas de todo el set. Buen circle pit el que se montó aquí. Se notaba mucha complicidad entre los miembros de la banda. Y, gustos al margen, quiero pensar que se contagió su manera a veces tan bruta, a otras tan incluso bailable de entender el metal moderno. Se puede argüir en su contra la tremenda profusión de pregrabaciones de las que echan mano. Pero cuando Williams pide los coros del público para “Hill Valley” desde luego que los encuentra. “A nosotros nos da igual tocar en Wacken para 80.000 personas que hacerlo aquí” había asegurado Romeu. A juzgar por las ganas que le echaron, no seré yo quien contradiga al de Tarragona.

Buena se montó cuando tiraron un buen saco de globos a la audiencia. Más aún cuando acompañan con alguno de los temas más rotos e intensos del set como es “Prisoner”. Tanto o más con el marcado acento electrónico que porta la final “Embers”. La imagen de tantas melenas al viento bailando al son de la correspondiente pista pregrabada fue algo digno de ver. Muy disfrutones. Por estilo uno entiende que se le puedan atragantar a los fans más clásicos (no quisiera decir puretas) pero están en un momento de forma tal que no cabe sino rendirse. Más de uno bailó con el “Played-A-Live” de Safri Duo que dispararon a modo de despedida. Que salieran victoriosos ante un público (a priori) tan diferente al suyo creo que habla bien a las claras del tinglado que montaron. No quisiera olvidarme del gallo final de Fito Martínez. Estábamos en Pozal de Gallinas después de todo. Para no perdérselos.

Para el final quedaban Iron What? para rendir tributo a Iron Maiden. Una banda ya de larga trayectoria, nada menos que 20 años y que cuenta con los Dünedain Carlos Sanz en voces y Alberto P. Velasco en guitarras. Con la escenografía más trabajada de todas cuantas bandas tributo hemos visto, quizá a excepción hecha de los asturianos Ritual, no fue poca la gente que se quedó a ver a los pucelanos.

El ya mítico speech de Winston Churchill haría arrancar un set que entregaría “Aces High” con Carlos Sanz cantando ya a un nivel altísimo. Y sin dejar de moverse. Enfundado en la clásica imagen de Dickinson durante la gira del “Final Frontier” y aunque fuera con temas ajenos y a favor de obra, volvió a confirmarse como uno de los grandes vocalistas de heavy metal de este país. La banda, tres guitarras en escena donde el propio Velasco no podría parecerse más a Dave Murray, atacó entonces una “2 Minutes To Midnight” que rara vez va a fallar en una cita como esta. “Dieciocho años de Atalaya y veinte de la banda…. aunque yo llegué después” exclamó irónico Sanz. Enfrentaron entonces la más facilona “Wasted Years” y su tan coreable estribillo fue cantado a voz en grito.

En “The Trooper” no faltó la Union Jack en manos de Sanz. Puede que el vocalista no sea tan ducho en el ondeo de enseñas como lo es en el manejo de tonos casi imposibles pero pocas pegas más les podremos poner a los chicos. Nosotros nos íbamos ya. No por gusto, más bien por el cansancio acumulado (el concierto de Leather Boys y Nashville Pussy de la víspera, los desplazamientos, acumulados, los que aún quedaban por delante) pero en estas que la banda acometió “Rime Of The Ancient Mariner” y ni a patadas nos habrían echado de allí. Es por ello que podemos decir que la banda salió más que airosa del temible envite. En especial de la efervescente y difícil sección solista que ocupa buena parte de la composición. Más allá de las reservas que nos puedan provocar los tributos, máxime cuando son a bandas aún en activo, lo cierto es que la gente vibró de lo lindo con ellos.

Heavy metal para luchar contra eso que han venido en llamar “España vaciada” mediante otra gran edición del Atalaya Rock. Sin traicionar a su espíritu, albergando a un buen número de fans que supieron disfrutar en armonía del atractivo cartel. El buen sonido que entregaron los shows, la exquisita puntualidad con la que se desarrolló la jornada y la seguridad de que el año que viene y salvo causa de fuerza mayor, nos volverán a ver por allí. Por nuestra parte nada más. Agradecer de nuevo a la organización la grata acogida que nos brindó así como dar las gracias por las facilidades dispuestas de cara a la confección de esta crónica. Ya saben: nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz