
Trío de doom psicodélico de la localidad alemana de Zschopau. Warped Cross lo forman Oliver Müller (bajo), Michael Schaarschmidt y Lennart Hans (guitarras) y Mike Mehner a la voz. Este segundo largo de la banda vino al mundo en el Larox Studio y fue posteriormente masterizado en el Tonmeisterei Oldenburg de Bleicherstraße. Cincuenta y cinco minutos que procedo a desgranar a continuación. Y, cosas de la diversificación, la portada corrió a cargo del tatuador “The Sepp«.
La primera toma de contacto, “Heart of Stone”, es un medio tiempo machacón primero y más ligero después a medio camino entre los High On Fire menos coléricos y las últimas entregas de los oregonianos Yob. Siempre con voz y guitarras muy arriba y la base rítmica un tanto enterrada en una producción que casa perfectamente con el tipo de doom que propone el cuarteto germano. Muy Black Sabbath arranca “Iron Fix”, con ese riff principal repetido de forma incesante sobre el cual la cazallera voz de Mehner va arrastrando verso tras verso hasta alcanzar al solo final. Más doom que psicodelia en la balanza para uno de los temas más largos de la cara A del disco. También “Cold Rain Shiver” tiene ese regusto a Tony Iommi en su inicio, pero evoluciona hasta acercarse a unos Crowbar ligeramente más ácidos. El riff final es tan simple y elemental como pegajoso y efectivo.
“Bite the Wire” confronta la melancolía de sus estrofas con la cara más áspera del estribillo. Del puente al final emergerá la faceta más doom para rebajar el tempo y destilar “setenterismo” por todas sus esquinas.
“Terminate Hate” trae al frente riffs cabalgantes y baterías rápidas para mostrarnos la cara más heavy de los alemanes. La irrupción de la línea vocal de Mehner nos devolverá al acostumbrado doom mestizo que domina todo el álbum, pero el mentado inicio, retomado fugazmente al final, queda como interesante contraste. “The Lawfulness of the Administration” resulta monocorde, cansina y repetitiva. Cabría destacar el alucinado solo de guitarra que dará pie al tercio final del corte, pero poco más. Quizá porque estos días he estado re-escuchando los primeros discos en solitario del ex-Misfits Glenn Danzig, el inicio de “Infinite Fuss” me ha recordado mucho a él. Alineación planetaria o simple casualidad. Vaya usted a saber. Es el tema más largo del álbum y de él destacaría sobre todo ese puente central a la vez tranquilo y amenazador, malsano y cautivador. De largo uno de mis momentos favoritos de todo el álbum. “Thickets” termina por exudar todo rastro de Black Sabbath que pudiera quedar en las mentes Schaarschmidt & Hans. Poca sorpresa y menor efectividad.
“Ride into Fall” es el primero de los dos temas de seis minutos de este último tercio de disco y se divide en dos partes muy marcadas: la primera, machacona y serpenteante, no muy lejos de unos Down con resaca, y la segunda más hundida en ácido y psicodelia. “Over the Sea” pasa por ser uno de los temas más distintos de todo el disco. De primeras es un tema de hard rock clásico, de toda la vida. En su tramo final en cambio se embrutece, engorda y se torna casi amenazante con un riff que cabalga a marchas forzadas hasta el fade out final. El cierre es para “Mourn Everest” que transcurrirá a buen ritmo hasta el puente con voz reverberada y buenas melodías.
Al término me deja el buen sabor de algunas canciones conjugado con el nifunifá de otras tantas. Echo en falta más momentos como el puente en “Infinite Fuss”, pero entonces, claro, este sería otro disco. “Rumbling Chapel”, que vio la luz el pasado día siete vía Black Sunset hará bonito en las estanterías de los muy cafeteros… y poco más.
Texto: David Pérez Naves