Reseña: Retador «Earëndel» (Xtreem Music 2025)

Nueve son los temas que ocupa “Earëndel”, segundo trabajo de los thrashers malagueños Retador. La banda, que componen JuanJolocaust en baterías, Rolo en guitarras, Migueli al bajo y Jofre en guitarra y voces, entrega un álbum grabado y mezclado por el Balmog Javi Bastard (Altarage, Totengott, Iron Curtain, Körgull the Exterminator…) en los Moontower Studios y masterizado posteriormente por Dan Swanö (Æolian, Wolf, Hail of Bullets, Sear Bliss, Malevolent Creation…) en los Unisound Studios. Vio la luz a través de Xtreem Music el pasado mes de enero.

Retador abren con el tema título “Earëndel”, del que me agrada su elegante y tranquilo prólogo, orgánico y nada artificial. Una calma que habrá de quebrarse camino de las primeras estrofas, con Rolo y Jofre dibujando buenos riffs y mejores melodías. La voz de este último se va hasta tesituras rayanas con el metal extremo, ese tono rugiente y sin concesiones. Letras en nuestro idioma y unos engarces entre las distintas estrofas que dan buena muestra de hasta qué punto han cuidado cada detalle. El solo, constreñido en su parte final, adorna un epílogo quizá un tanto apresurado. Pero es buena señal que la banda me recuerde al “Empyrean” de los suecos Paranorm, con mucho uno de mis discos thrash favoritos de lo que llevamos de década.

Somos Eternos” se imbuye ahora de un espíritu más Slayer. En lo que a riffs se refiere pero también en ese imparable doble bombo de JuanJolocaust. Cómo no pensar en Dave Lombardo. Padre de todos nosotros. Llamativos estribillos y una banda que agrede voraz con thrash incandescente y sin compromisos de ningún tipo. La buena construcción que soporta al solo, atractiva por diversa, y el buen trazo de este elevan la nota media y, de nuevo, ponen en buen lugar su labor como compositores. Sin perder una pizca de nervio, de hecho acelerando los pulsos en ese puente central, y sin dejar nunca de entregar mal café y thrash casi cercano a los mejores Dark Angel. Flamígera, estupenda.

La Sombra De Tu Existir” se descuelga ahora de ese thrash lacerante para virar hacia ritmos más a medio gas. Sorprende el groove que acompaña a los primeros versos casi tanto como contrasta la velocidad que implementan después. Por ahí el trazo de estas estrofas no podría ser más atractivo por diverso. En estribillos es el nombre de mis paisanos Blast Open el que suele acudir a mi subconsciente. El solo, rebosante de clase y feeling, bien merecía un desarrollo algo más ambicioso. En cualquier caso cabe destacar la estupenda labor de Jofre al micro para otro corte pleno de agresividad y mala baba.

Redes” parte de un prólogo muy Exodus para inmediatamente ceñirse al thrash más lindante con el death metal. Un ataque hacia las redes sociales teñido, una vez más, de un metal violento y lacerante que, no obstante, se acuerda de mantener alto el buen nivel en cuanto a ejecución. Atravesada por un estribillo muy Death Angel, la banda vuelve a brillar en un puente central de trazo diverso y elegantes solos de guitarra. En ese contraste entre agresividad y clase reside uno de los puntos fuertes no ya de esta “Redes” sino del álbum en su conjunto. Un equilibrio que muchos buscan y no tantos son capaces de encontrar.

El hecho de que “Lux Ferre”, corte más extenso del álbum fuera una de las cartas de presentación del mismo creo que tiene bastante de declaración de intenciones. No por nada la banda exhibe aquí un trazo de nuevo vibrante y retorcido. Construida desde unas estrofas en cierto modo inéditas con respecto al resto de cuantas integran “Earëndel”, puede ser de las nueve la composición con más gancho. Bien adornada por fugaces pero hábiles detalles solistas y construida sobre un riff que no podría ser más pegajoso y ganchero. El trazo adopta un groove muy marcado para dar pie a un solo de guitarra en la más pura tradición del desaparecido y añorado Jeff Hanneman. Para el tercio final Retador obvian el camino fácil, abrazan un llamativo groove y construyen otro epílogo retorcido y eficaz. De sus composiciones más solventes.

Asesino” cercena thrash seco y vibrante desde el primer acorde. Me agrada cómo el bajo de Migueli adquiere un mayor peso aquí. También los buenos destellos de guitarra que emergen entre estrofas. El estribillo no obstante viene acompañado de un groove, entendido a la manera clásica, pleno de gancho y pegada. Bruscos cambios de ritmo y tono, un solo muy hábil y de nuevo JuanJolocaust desatado tras los parches de cara a un tercio final sin apenas concesiones. De entre los cortes “largos” del álbum puede ser con el que menos conecto, lo que no quita para esta sea otra de esas composiciones que muestran el buen nivel como músicos que alberga el cuarteto malagueño.

Profanado”, cuya intro no pocas veces me recuerda al “Harvester Of Sorrow” de los cuatro jinetes, viene de primeras a poner un poco de calma entre tanta agresividad. Ni cuarenta segundos dura una calma que salta en pedazos para que Retador retornen a su versión más furibunda y trotona. Una agresividad que se irá difuminando en estribillos para retornar en estrofas. Clásica construcción ambivalente, con la banda dando la sensación de encontrarse más que cómoda. La buena sección solista del puente, también la buena construcción de este, así como ese final desatado, con el nombre de Angelus Apatrida merodeando por mi subconsciente, culminan otra de las ofertas más seguras y certeras de este segundo trabajo.

Hay una oscuridad en el prólogo de “Terror En La Noche” que habrá de diluirse después más adelante para que, sin perder una pizca de velocidad y brío, la banda entregue su faceta más melódica. Funciona ese riff que dibujan las guitarras bajo las primeras estrofas. Ágil y con gancho. En la comunión entre el registro rugiente de Jofre y la precisión de esa base rítmica se cuela a veces el nombre de Soziedad Alkoholika, a buen seguro porque muchos de los referentes de unos y otros no dejan de ser los mismos. En cualquier caso la banda vuelve a echar mano de una construcción inteligente y diversa. Y aunque hay líneas de voz a lo largo del álbum con las que conecto en mayor medida, Jofre está aquí tan vitriólico como de costumbre. Para el final queda la calma cargada de atmósfera de la llamativa “Abismo 52”, un colofón verdaderamente abismal que vendrá a poner la nota de color al cierre.

Sin concesiones. Retador vuelven la mirada al pasado, a las mismas esencias del género, para traerlo al siglo XXI envuelto en rabia y mal café. Pero una rabia y una agresividad que no obvian ni una buena escritura ni tampoco un apartado técnico a la altura del thrasher más exigente y pejiguero. La competencia ahí fuera es feroz y el número de bandas dentro del género no deja de crecer. “Earëndel” acierta al buscar su hueco con un thrash primitivo y seminal. Un disco que apenas hace concesiones, con una producción a la altura y que a buen seguro supondrá uno de los lanzamientos clave dentro del género a lo largo del actual 2025.

Texto: David Naves

Reseña: Aposento «No Safe Haven» (Xtreem Music 2024)

Es el cuarto disco para las huestes death metaleras riojanas Aposento. La banda, que ya pasara por Heavy Metal Brigade con aquél “Conjuring The New Apocalypse” de 2020, vuelve ahora con un “No Safe Haven” bajo el brazo en el que encontramos a Manolo Sáez y Manu Reyes en guitarras, Pablo Vázquez al bajo, Raúl Ceballos en baterías y Carlos García en voces. Diez temas grabados en los Rock Lab Studios con el Tierra Santa Dan Díez a los controles y posteriormente mezclados y masterizados por el Vomit The Soul Davide Billia (Aphotic, Putridity, Holycide…) en los MK2 Studios de Ivrea (Italia). Con fotos de Unai Endemaño y arte de Naroa Etxebarria (Centinela, Sönambula, Nakkiga…) el disco vio la luz vía Xtreem Music.

El arranque de “No Safe Haven” no podría ser más abrupto. Tampoco más leal al propio legado de la banda logroñesa. Death metal descosido y vibrante, con unas primeras estrofas realmente encolerizadas y violentas. Para cuando la composición toma un rumbo algo más próximo a la pesadez de unos Incantation, sale a relucir la mejor cara de estos Aposento, que insuflan de puro death de corte clásico una entrega de apertura en la que todos sus cilindros parecen en funcionamiento. Percute el doble bombo un incansable Ceballos. Si acaso, echo en falta una presencia más continuada del bajo de Pablo Vázquez, discernible en la mezcla sólo a ratos. Sea como fuere un más que buen arranque:

Para cuando llega “Tortured And Abused” ahí sigue Ceballos con el doble bombo a pleno rendimiento. Me agrada ese riff de las primeras estrofas. También la forma en que Carlos García despliega sobre él unas estrofas oscuras y rabiosas. En especial durante las partes más violentas y rápidas, hay riffs que me llevan a pensar en la primera época de Cannibal Corpse. También en Hate Eternal (lo que si uno ha seguido la trayectoria profesional de Erik Rutan no deja de tener su gracia). La producción otorga quizá un peso excesivo al doble bombo pero sin duda la banda ha sabido cómo conjugar aquí las distintas caras que alimentan su modo de entender el death metal.

Pero agradezco la forma en que “Uncertain Death” le cambia el paso al disco. No es que su trazo abandone los rasgos que configuran buena parte de los temas, pero sí que la pesadez desde la que parte y los mil y un cambios de ritmo que alberga en su desarrollo la convierten en una de las entregas más técnicas de este cuarto álbum. Se deja sentir por ahí el influjo de los mejores Suffocation, solidario a un puente central más trotón y que bien podría recordar a bandas como Possessed, primeros Sepultura, Malevolent Creation… Composición híbrida en todo caso y una de las que más peso ha ido ganando con el correr de las escuchas.

Por contra, la más breve “A Texas Funeral” arremete de primeras con un death metal furibundo y descarnado para el que no deja de ser uno de los trazos más nerviosos de todo el largo. El de Autopsy es un nombre que revolotea por mi subconsciente con cada nueva escucha. Ceballos apenas tiene descanso a lo largo de unas primeras estrofas que Carlos García, inasequible al desaliento, descerraja a placer. El puente central opta por una bajada en la intensidad donde surgen una serie de riffs algo más recurrentes. Sí me agrada el trazo que conforma el epílogo y la forma en que construyen ese viraje hacia ritmos más ágiles primero y decididamente violentos después. Sin que me desagrade, a ratos siento algo descompensada la suma de sus partes.

The Bad Seed” conjuga su death metal más feroz con aquellas pequeñas andanadas casi lindantes con el thrash que dibujaba “Uncertain Death”. Lo que surge finalmente es un corte bien construido, equilibrado, con Ceballos dando una clase de velocidad pero sobre todo de técnica y la pareja Reyes & Sáez entregando riffs eficaces, memorables incluso. Ese que surge en las partes más pesadas tiene un gancho de mil demonios. Al final un corte que viene a dar la razón a quien fuera que optó por él como una de las cartas de presentación de este “No Safe Haven”.

Where Darkness Reigns”, entrega más rácana de este nuevo trabajo, ofrece de primeras un riff algo exógeno para un disco como este. Tras él, Aposento construye otra buena andanada de ese old school death metal sobre el que tan bien se manejan pero que sucede en apenas un suspiro. El buen nivel técnico que manejan se deja apenas intuir durante un tramo central que recupera aquél paso casi marcial del inicio. No descarto genere más división de opiniones que ningún otra canción de la decena.

Quien sabe si a modo de antídoto, los riojanos colocan aquí “Let It Bleed”, composición más extensa de “No Safe Haven”, y que da inicio con un riff que siempre me recuerda a “Seasons In The Abyss” de unos tales Slayer. Lo que sucede después, sin embargo, tiene poco o nada que ver con los estadounidenses. Es un death metal cerril y directo, dominado ahora sí por una estupenda serie de riffs y donde Ceballos vuelve a lucir tras los parches. Por velocidad, sí, pero también por la forma en que su línea de batería acierta a amalgamar sus muchos ritmos sin mayores problemas. Su tronco central me recuerda sobremanera a unos Avulsed de sus primeros álbumes. Quizá eche en falta un solo que termine de redondear la oferta pero aún así otra de mis favoritas.

The Devil’s Bargain” opta por otro prólogo machacón, casi marcial, mientras Reyes & Sáez dibujan en comandita otro estupendo riff de guitarra. Echo en falta un bajo más alto en la mezcla que termine de apuntalar la base rítmica. Especialmente en las partes más pesadas. En aquellas veloces, mientras la batería de Ceballos vuela, Carlos García entrega una interpretación todo lo agria y oscura que requiere un tema como este. Sin ser la entrega que más me enganche de las diez, sí que reconozco como aciertos su trazo ágil o varios de los riffs que la forman.

As Your Life Ends” entrega ahora a unos Aposento en una clave mucho más pesada. También técnica. Por ahí la mezcla recupera para la acción el bajo de Pablo Vázquez y el ex Valdûr aprovecha para revestir con detalle otra de esas composiciones un poco a la contra del resto. Buenos riffs los que dejan Reyes y Sáez, hábiles a la hora de conjugarse para una entrega, ya digo, alejada de los ritmos tan violentos que dominan otras ofertas de este nuevo decálogo. Con ese epílogo en fade out, a buen seguro habría optado por ella como último corte del álbum…

… y no una “Parásitos” que vuelve a recuperar a los Aposento más nerviosos. Un corte con García en tonos verdaderamente oscuros y que me recuerda a los Incantation más ennegrecidos. Pura oscuridad riojana para un cierre sin apenas concesiones. A ratos pienso en bandas como Father Befouled, Undergang, Dead Congregation… Me agrada, sí, pero me queda la sensación de que “As Your Life Ends” habría funcionado mejor como cierre.

La maquinaria sigue bien engrasada y a poco que gustes de death metal a la vieja usanza raro será salgas decepcionado de este “No Safe Haven”. Es además un disco más ágil y diverso de lo que puede parecer a simple vista (o escucha), con un ramillete de influencias que abarcar desde nombres clásicos y elementales como Incantantion o Possessed a rasgos más contemporáneos pero no por ello desleales a la tradición. Buena caza.

Texto: David Naves

Reseña: In Vain «Back To Nowhere» (Autoproducción 2024)

Estamos ante el sexto trabajo de los madrileños In Vain, la banda que, a día de redactarse estas líneas, componen Mario Arredondo al bajo, Julio Abadía en guitarra solista, Teo Seoane en baterías y Daniel Cordón en guitarra y voces. Este “Back To Nowhere” que hoy nos traen consta de nada menos que once cortes distribuidos en cuarenta y cinco minutos de duración puestos en circulación vía Fighter Records, subsello de Xtreem Music. Del mismo modo aprovechar para recordar que se pasarán por los escenarios asturianos el próximo 25 de octubre acompañando a los valencianos Sylvania.

El inicio entre intimidante y artificioso de “Story Of A Lie” engaña con ese pulso casi marcial para después transitar hacia el bien conocido power de influencia norteamericana del cuarteto. Es uno de los singles presentación del trabajo y por ahí se denota un especial mimo en la creación de melodías. En particular las que adornan el paso hasta las primeras estrofas y después hacia estribillos. Cordón exhibe ya aquí una gama de registros que aún irá a más conforme avance el álbum. Hay riffs aquí, en particular camino del epílogo, que no pueden esconder el gusto de los chicos por Iced Earth, la banda del caído en desgracia Jon Schaffer. A grandes rasgos un buen arranque.

For The Fallen” aumenta los pulsos. Hay una batería más nerviosa aquí. Y si bien el sonido de la caja no me llega a enganchar del todo, tampoco puedo poner mayores pegas al desempeño de Seoane, que arma aquí una de sus líneas más llamativas de todo el largo. Son unos In Vain en una clave como digo más nerviosa y enfebrecida, lastrada en parte por lo rácano del minutaje, esos tres minutos pelados, pero en la que sobresale el buen nivel técnico de los chicos. Y es que el solo que colocan justo antes del epílogo es estupendo.

The Force Of Thunder” se entrega a la seguridad que ofrece siempre un riff trotón de los de toda la vida. Por por ahí me agradan esos tonos más oscuros que irrumpen cual pequeñas islas en la composición. Pero, sobre todo, un Cordón inmenso en tareas vocales. Segurísimo en los tonos más altos y muy firme en los más embravecidos. In Vain evolucionan así hasta un tronco central sinfónico primero y vigoroso después. También técnico, con ese extenso solo de guitarra adornando un estupendo transitar hacia el cierre. Una de las que más peso ha ido ganando con el correr de las escuchas, con la banda saliendo más que airosa de un más que atrevido choque entre influencias. Sobresale aquí la buena producción que porta el disco y, por ahí, no puedo más que lamentar que el sello no nos haya facilitado información alguna al respecto de la misma.

Never Live Again” vuelve a patrones mucho más elementales, con la banda apoyando buenas melodías sobre un riff que no podría resultar más canónico y fundacional. Pero hay estrofas construidas con sumo mimo y cuidado, aunadas a estribillos con gancho, rematados con una producción que acierta a la hora de dotar a la composición de un toque más épico y grandilocuente. Emana a ratos una cierta melancolía que me vuelve a retrotraer a los mejores Iced Earth. A ratos también a otra banda norteamericana que hace escasas fechas tuvo parada en escenarios asturianos, no otros que los thrashers de la bahía de San Francisco, Heathen.

No he mirado setlists de la presente gira pero “The Blind Man” es una fija en mis apuestas. Son de pronto unos In Vain en una clave mucho más power, que deja aquí y allá riffs vibrantes, coros grandilocuentes y voces agudísimas. El doble bombo de Seoane junto a la buena cadencia de los riffs con los que engarzan las distintas estrofas. Todo brilla en buena medida gracias al buen hacer de Cordón y Abadía. También, perdonen la insistencia, por la buena producción que tiene este “Back To Nowhere”. El epílogo, más tendido y en cierto modo épico, me parece la guinda perfecta. Qué duda cabe una de mis favoritas de las once.

El riff de “Metal Enlightenment” te lo firman unos Judas Priest del presente siglo sin grandes problemas. Y no pasa nada, al contrario, porque arrastra un gancho de mil demonios. Todo lo contrario que unos coros que, esta vez, siento no tan redondos como otros que pueblan este sexto trabajo de los madrileños. En cualquier caso me agrada ese doble juego rítmico que proponen aquí. También el hábil solo que encamina hacia la parte final. Al final y aún con sus peros, entiendo las razones por las que fue elegida como otro de los adelantos del álbum.

Otro riff que no va falto de gancho es el que adorna buena parte de una “Days Of Glory” con In Vain de nuevo en su encarnación más trotona y power. Tal vez le pediría a Cordón un registro más limpio en estrofas, pero en cualquier caso entiendo el doble juego que propone toda vez alcanzamos los tonos más limpios de los estribillos. Y es que al fin y al cabo, es la suya una voz con personalidad suficiente para salir airoso en ambos desempeños. Hábil ese juego entre canales que propone la mezcla ahora, con un Seoane infatigable tras los parches. Me gusta cómo no descabalgan de ese metal vibrante y enfebrecido llegado el momento de los solos, si bien estos me resultan algo más planos que otros homólogos dentro del disco. Aún con ello otra de mis favoritas.

Amenaza el tema título “Back To Nowhere” con romper los altos biorritmos que desarrolla el disco a través de un prólogo pesado y hasta ahora desconocido dentro del tracklist. Apenas un destello pues la banda pronto reconduce hacia su habitual metal de guitarras afiladas y estribillos a rebosar de nervio. De ahí lo bien que funcionan sus estribillos más pesados y recargados. Es un corte que no ofrece grandes novedades sobre el papel. In Vain no reinventan nada. De ahí que ofrezcan finalmente tan pocas sorpresas como dobleces.

The Last Breath Of Freedom” parte del arranque más disociado del disco, anclado en los páramos del folk más casual, para quebrar de forma dramática hacia un power sobre el que desarrollan alguna de las melodías más cuidadas de todo el álbum. La producción entrega ahora un sonido más sinfónico como anticipo del estupendo riff sobre el que habrán de apoyar las distintas estrofas. Cordón, desatado al micro, ofrece una línea de voz llena de fuerza y también de versatilidad, en la que me parece una de las interpretaciones vocales más redondas de todo el trabajo. Interesante además por cómo contrapone esas voces a los coros, en un juego que no deja de recordarme a otra banda estadounidense como Riot V (o como quiera que se llamen a día de hoy). De igual modo me sorprende, a la par que me agrada, el tono algo más alegre que se desprende del amplio solo de guitarra. Francamente estupenda.

El honor de corte más extenso del álbum le corresponde a una “Dreaming Awake” donde In Vain parecen mutar en una versión madrileña y muy castiza de los británicos Iron Maiden. Ya desde el tranquilo prólogo, pasando por los primeros riffs, siguiendo con las guitarras que colocan sobre estos y terminando por los habituales cambios de ritmo, todo me recuerda a la ineludible banda del siempre inquieto Steve Harris. Cordón no es Bruce Dickinson, ni falta que le hace, pues su desempeño aquí es el mayor punto de discordancia con la banda británica. Algo de lo que termina por beneficiarse una composición, por otro lado y como digo, muy en gran medida deudora de la banda a la que parece rendir tributo.

Sea como fuere In Vain parecen mucho más en su elemento a través de la furibunda “Sacred Bond”, echando el resto en lo que a altas revoluciones se refiere mientras bombardean un power que, por momentos, llega a bordear las barreras del speed metal. Más que digna desde el aspecto técnico y con un Seoane desbocado en consecuencia. Sencilla, predecible incluso, y aún así de lo más disfrutable.

Back To Nowhere” ofrece a unos In Vain en un gran estado de forma. Es verdad que el disco se adhiere con firmeza a unos patrones muy marcados y que, cuando se atreve a romperlos, lo hace abrazando otros en igual o incluso mayor medida. A “Dreaming Awake” se le ven las costuras, sí, pero a buen seguro los fans de Iron Maiden, en especial los de discos anteriores a “Somewhere In Time”, la agradecerán de muy buena gana. Junto a ella convive lo mejor del power / thrash americano de bandas como Metal Church, Heathen o Riot, empaquetado en canciones siempre hábiles en lo técnico que casi en ningún caso desdeñan estribillos memorables y con gancho. Gran trabajo.

Texto: David Naves

Reseña: Yskelgroth «Bleeding Of The Hideous» (Xtreem Music 2023)

Nada menos que trece años ha tardado el trío de black metal madrileñobalear Yskelgroth en entregar la continuación de aquél “Unholy Primitive Nihilism” de 2010. Recordemos que ellos son Dave Rotten (Avulsed, Holycide, Putrevore…) en voces, su compañero en Decrapted Vicente Payá a la guitarra y Nexus 6 (ex-Nahemah, ex-The Heretic, TodoMal) en sintetizadores, guitarra y baterías. Con arte del venezolano John Quevedo Janssens (Paganizer, Ribspreader, Vile Hex, Disrupted…) “Bleeding Of The Hideous” ha visto la luz a través de Xtreem Music en CD y digital.

La inicial “The Morbid Earth” ahorra en introducciones y otras zarandajas para destapar, ya desde el primer instante, el consabido black death del trío. Con Rotten doblando unas voces en las que alternará registros, dibujando así un desempeño que le desliga de sus habituales tonos cavernarios. Es un corte bien armado, diverso pese a lo escaso de su desarrollo, poblado de detalles melódicos extraños y poco recurrentes y en el que la banda apenas dará descanso. Feroz incluso en la extraña y laberíntica ración solista de su tercio final. Ni un segundo que perder.

Prone To Gobble Life” se desliga de esos acentos más death para profundizar en un black de tintes sinfónicos sobre los que Dave descerraja sus tonos más altos con total naturalidad. De construcción alterna, sus estrofas son un ir y venir de ritmos altos, rodeados por pequeñas islas de pura pesadez y maledicencia. La faceta solista resulta ahora más convencional, convergiendo de forma algo extraña con el corte que las integra y otorgándole una más que llamativa dualidad.

Tras la virulenta dupla inicial, “Omnicidal Ends” vendrá para reducir las altas pulsaciones este segundo álbum. Medio tiempo fuertemente sintetizado donde oigo ecos de bandas tan alejadas como Khonsu o incluso Progenie Terrestre Pura. Ello es en gran parte por el peso otorgado aquí a los sintes de Nexus 6 durante toda la grabación. Tema en gran medida pesado, asentado de manera firme sobre una casi casi monocromática gama riffera a la que atraviesan los Yskelgroth más furibundos.

Así las cosas, no sorprende que “Aeons Empty”, uno de los cortes más rácanos en lo que a duración se refiere, nos devuelva al trío en su faceta más agria y trotona. Corte que vendrá a beneficiarse de un bajo más presente en la mezcla final, dando cumplido sustento a una gama de riffs y melodías que me llevan a pensar, aunque sea a lo lejos, en los primeros Dissection. Marcadamente fría, acierta la banda a desprender una melancolía más acusada aquí, siempre con Rotten en su encarnación más aguda. Lo bueno si breve…

Otro corte igualmente fugaz en el reloj es este “Plagueridder” donde no obstante el trío construye una de las ofertas más laberínticas y retorcidas de todo este segundo disco. Como si la banda hubiese pretendido enlatar en menos de tres minutos todo su ideario, la composición irá desde su artificial arranque hasta una serie de caóticas idas y venidas que viven de hibridar, pienso que más bien que mal, black espasmódico con death arrastrado y serpenteante. De resultas de ello surge un trazo en ocasiones algo atropellado, descompensado incluso, pero de alguna manera nunca aburrido.

Spasmic Extinction” elevará el tono mientras muestra una gama riffera que bien podría pasar por la más lograda de todas las presentes en este nuevo álbum. A la contra, una construcción más dinámica, tal vez más predecible, donde se cuelan algunos detalles ornamentales un tanto distraídos. Puente central al margen, corte eficaz a la hora de exhibir a los Yskelgroth más aguerridos y vitriólicos pero al que, tengo la impresión, se le podría haber exprimido algo más de jugo.

Primal Expulsion”, que fuera la carta de presentación allá por el mes de febrero, tampoco ofrece muchas sorpresas. Sea como fuere acierta al recuperar aquél poso un tanto más melódico que la banda ofrecía en cortes como “Aeons Empty” y enfrentarlo al Rotten más bicéfalo de todo el álbum. Dos caras parece tener también el solo que adorna su tronco central. Que fuera el anticipo de este segundo trabajo me resulta una decisión acertada en cualquier caso.

Riddance Of The Graves” parece arrimarse a proposiciones mucho más anquilosadas, secas y descarnadas. Nombres como Endstille, Antaeus o incluso Katharsis acuden a mi subconsciente mientras se suceden las escuchas de un penúltimo corte consagrado, en gran medida, a la cara más enfebrecida del trío, apenas rebajada en su perpendicular epílogo.

Y sin descabalgar de esa encarnación velocípeda y cruda, lo cierto es que la final “Path To Devourment” acierta a la hora de entregar un sonido más personal. En parte por los riffs que conforman sus estrofas pero también por los curiosos arreglos, su tan pesado como curioso tronco central y acabando por esa construcción rica por diversa. Un buen cierre.

Mucha diversidad para un álbum que apenas supera la media hora. Aglutinar influencias que van desde el black más descarnado hasta rozar (sin tocar) el más adornado y espacial, no parece empresa fácil. Que a pesar de ello el disco suene cohesivo, dinámico e incluso llamativo creo que habla muy bien del empeño que el trío ha puesto en estos nueve cortes. Que aunque aquí y allá encuentre ideas o trazos con los que no llegue a conectar del todo, en el fondo resultan anecdóticos dentro de un trabajo más que satisfactorio. Que no haya que esperar otros trece años por el tercero.

Texto: David Naves

Reseña: Omission «Disciples Of Ravens Vengeance» (Xtreem Music 2023)

Es el séptimo trabajo para los thrashers madrileños desde que editaran aquél “Thrash Metal Is Violence” a mediados de 2009, algo que da cuenta de cuán prolífica es la banda que hoy nos ocupa. Formados allá por 2002 en la capital del estado, Omission han venido sembrando el territorio con su thrash inyectado de black y speed metal para regocijo de una parroquia siempre fiel y entregada. “Disciples Of Ravens Vengeance”, que sucede a un “Worship What You Fear” del que dimos buena cuenta aquí a comienzos de 2001, reúne a Miguel A. Hernanz “Patillas” en guitarra y voces, Pizarro al bajo y Nekrosaint en baterías.

Producido por Choco, de los también madrileños Frenzy, el álbum fue mezclado y posteriormente masterizado con la ayuda de Gonzalo Vivero, cuenta con fotografías de José Machado y artwork de José Antonio Vives (Canker, Saedín, Ankhara, Aggression…). Se encuentra en la calle vía Xtreem Music en CD, vinilo de 12″, cassette y digital.

Rabid Aggression” es apenas una pequeña intro, muy a tono con el resto del álbum, que de manera concienzuda remarca el aroma malsano que éste habrá de desprender hasta el cierre. Conduce pues hacia una “Hatred Circles” que ya pone de relieve tanto su habitual gusto por el metal vibrante como una producción sucia, desgastada y nada amable que, lejos de restar, suma a la hora de potenciar lo insano de la propuesta. Me agrada también por construcción, si bien hay ciertos riffs, en particular aquellos que soportan las partes más apaciguadas, que me resultan un tanto recurrentes. Sea como fuere Patillas está tan irredento como siempre, declamando (es un decir) sus líneas de voz con la rabia y el mal café de siempre. Solo faltaba. Convincente dupla inicial.

La más breve “Shrouded Alive” viene sin embargo a aportar un par de puntos más en cuanto a desempeño técnico se refiere. Que se traduce en una gama riffera más hábil en las partes más pesadas así como en otra de lo más feroz allí donde aumentan las revoluciones, con el bajo de Pizarro altísimo ahora en la mezcla, otorgando el debido empaque a la poderosa base rítmica. Infecciosa, constante subibaja que apenas se permitirá un pequeño impás camino del epílogo. Dicen que lo bueno si breve, pero este es un corte que esconde más de lo que enseña.

Sorprende este “Roulette”, versión sí de todo un Bruce Springsteen, que Omission cercenan a base de conducirla hacia un metal muy clásico, revestido eso sí del clásico registro roto de Miguel A. Hernanz. Buenos acentos melódicos aquí y allá pero sobrevuela cierta sensación de que se quedará en mera anécdota. No sería la primera vez que fallo en un pronóstico, también os digo.

Slow And Crooked” envilece el bien conocido thrash de los madrileños, que se conducen con pesadez y cierta épica en un tercio inicial arrastrado y, en cierto modo, casi refractario a los grandes pulsos que dominan este “Disciples Of Ravens Vengeance”. Patillas ha colocado aquí un riff con un gancho de mil demonios, fácilmente el más memorable de todo el tracklist. Muy apreciable esa escritura y la manera tan natural en que conduce hacia el nada complaciente tronco central. Ahí se desatarán los Omission más zapatilleros como hábil contrapunto a un corte que no deja de ser, en gran medida, un gran muestrario de los ritmos más musculosos del trío.

Así las cosas, “Burn The Cross” vuelve a traer al frente ese thrash vigoroso, tan deudor del speed como del black, que tanto y tan bien le funciona a la banda de la capital. No tiene mucha historia más allá de parecer el negativo del corte inmediatamente precedente. Pero Nekrosaint está igual de firme con el doble pedal que a la hora de acentuar los distintos cambios de ritmo. Sin florituras ni tampoco dobleces. Tiene gancho y por ahí uno entiende que fuera una de las encargadas de presentar en sociedad a la nueva criatura de la fatoría Xtreem Music:

Conspiracy From Murks” ofrecerá unas estrofas con cierto aroma a los Motörhead más cerriles, que la banda hará confluir con su habitual metal cazallero y ardiente. No obstante se suceden las escuchas y sigo sin ser capaz de conectar en la medida en que lo hago con otros cortes del álbum. Y no será porque Nekrosaint o el propio Patillas no pongan de su parte. Pero en suma y escuchada al alimón con el resto de cortes, sigue provocando en mí algo cercano a la indiferencia.

El trío nunca rehuye los temas largos. Sin ir más lejos, aquél “Darkness Itself” de su anterior obra de estudio. “It’s Better To Burn Out” viene a poner una muesca más, yéndose hasta casi los once minutos y medio de lo que, inicialmente, casi parece la introducción de algún viejo western de serie B. Guitarras acústicas que sorprenden y de qué manera en un trabajo como este donde la intensidad y la rabia están a la orden del día, dominando cada recoveco de su bien conocido thrash metal. Pero toda vez sorteamos su peculiar (y extensa) introducción, Omission reclaman nuevamente nuestra atención con una acertadísima gama riffera, gran trabajo de Patillas aquí, y que me lleva inmediatamente a pensar en unos Metallica de finales de los ochenta. Fuera esa su intención o no.

Igualmente sorprendente el thrash más atmosférico que irrumpe tras ese influjo más técnico, que vendrá a dar pie a los Omission más iracundos, con una base rítmica tan bien ensamblada como trotona. Un tan fulgurante como breve solo de Patillas reviste la parte previa al tronco central. Y mientras se dejan oír guitarras que fácilmente podría haber firmado el Nocturno Culto (Darkthrone) de discos como “Hate Them” o “Plaguewielder”, al final el corte se eleva como un manifiesto sincero de la habilidad técnica y también compositiva del ya clásico trío madrileño. Estupenda, quién dijo que las instrumentales eran aburridas.

Tras la tormenta, “…Than to Fade Away” cierra el disco imbuída de toda la calma posible. El descanso del guerrero, pensarán algunos. A mí me queda la duda de si cerrar con un par de instrumentales, por elegante que sea ésta última en concreto, es la mejor de las decisiones.

Son Omission y de nuevo demuestran que no están para bromas. Puede entenderse el doble final como experimental, dicho sea con todas las reservas, pero lo cierto es que ya desde el arranque muestran hasta qué punto han vuelto a poner toda la carne en el asador. Intensidad a raudales, nunca falta en ellos, cortes bien construidos, pienso principalmente en la fuerza de “Hatred Circles”, el gancho de “Burn The Cross” o los mil y un caminos que es capaz de transitar la extensa “It’s Better To Burn Out”. Servidor también piensa que sigue siendo mejor quemarse que desvanecerse. Omission, y pese a que el disco contenga cortes o ideas con las que no he llegado a conectar del todo, desde luego están lejos de dar la batalla por perdida. Avisado está el gremio.

Texto: David Naves

Reseña: Korgull The Exterminator «Built To Kill» (Xtreem Music 2023)

El exterminador está de vuelta. La banda de black thrash, que ya pasara por estas líneas con el convenientemente afilado “Sharpen Your Spikes”, regresa ahora con un largo que hace el sexto ya para ellos. Tras varios cambios en el seno del grupo, Körgull The Exterminator lo forman a la hora de escribirse estas líneas Javi Bastard (bajo), Joe Bastard (batería), Mark Wild & Ghorth (guitarras) y Lilith Necrobitch (voces). “Built To Kill” ha visto la luz en formatos físico (CD) y digital a través de Xtreem Music.

The Devil’s Sea” emerge desde profundidades abisales tras el pequeño guiño náutico de su discreta intro para conformar un primer corte pesado en su arranque y trepidante en su desarrollo. Que me agrada por el cuidado crescendo que habrá de conducir hacia las primeras (y fulgurantes) estrofas. Con Lilith a voz en grito sobre una base rítmica tan bastarda como siempre. El riff que adorna éstas, ese clásico subibaja, funciona a pesar de cierta sensación de déjà vu. Buen duelo solista en su tronco central, apoyado (ahora sí) en una serie de riffs que terminan por poner la guinda de una primera oferta en la más pura línea de la banda. Tan sucia y malencarada como cabría esperar.

Sin perder un ápice de fiereza, hay un deje en ciertos riffs de “Existential Risk” que me lleva a pensar, de manera casi inmediata, en los seminales thrashers canadienses Voivod. No es que la banda descabalgue hacia el metal enrevesado tan peculiar de los quebequeses, pero sí resulta lo suficientemente pronunciado como para disociar a este segundo corte del resto. Oferta esta más centrada, más directa, menos discursiva que su predecesora, con un Joe Bastard inasequible al desaliento. El solo sorprende aportando unos aires muy rockeros, resultando casi diría que perpendicular al tema que lo alberga. K.T.E. no parecen temer al juego entre géneros, algo que en mi opinión y siempre que se lleve adelante con pericia, es el caso, suma más que resta.

De “The Nine Circles Of Hell”, aporte más rácano de todo el álbum en lo que a duración se refiere, quizá podría esperarse una andanada de baterías desbocadas y voces agónicas. El quinteto opta sin embargo por introducir aquí su ya bien conocida querencia por las huestes del tristemente desaparecido Lemmy Kilmister, convenientemente aderezadas con una pulsión más cercana al punk que le viene como anillo al dedo. Lilith aprovecha además para deslizar una línea de voz que tiene mucho de aquél thrash primigenio que surgió a raíz del boom de cierta banda con un danés tras los parches. “The Nine Circles Of Hell”, no será el corte más avezado del álbum en lo que a composición y/o estructuras se refiere, por contra sí que resulta uno de los más memorables. Por la comentada labor de Lilith al micro pero también por una serie de riffs sobradísimos de gancho.

El tema título “Built To Kill” reconduce hacia territorios más marcadamente metálicos. Y sorprende con una estructura más ágil, no tan anquilosada, por donde se cuelan riffs que me llevan a pensar en unos Darkthrone post ”Panzerfaust”. El de Toxic Holocaust será otro nombre recurrente aquí. Especialmente en aquellas partes donde la batería de Joe Bastard alcanza velocidades más altas. Un corte hábil a la hora de descubrir las muchas facetas que caben dentro de una banda como esta. Mucho más poliédrica y diversa de lo que sugiere una escucha no lo suficientemente atenta. Por poner un pero, bien merecía algún solo más y mejor desarrollado. No obstante el trabajo melódico que la dupla Wild & Ghorth dibuja aquí y allá bien merece ser tenido en cuenta.

In The Darkest Of Times” sorprende con ese prólogo por momentos casi épico. Pero lo hará aún más al despreciar ese arranque en pos de una andanada ardiente y furibunda. Körgull The Exterminator no se andan con zarandajas ni tonterías. Y aún así, qué interesante resulta el solo que adorna su tronco central, si bien siento que la mezcla opta, erróneamente, por colocarlo demasiado alto en relación al resto de líneas. En cualquier caso tema muy funcional a la hora de enseñar la cara más extrema y firme de los catalanes.

Me resulta casi inevitable pensar en los Sodom de Tom Angelripper siempre que alcanzo una “Exterminator” donde, de nuevo, la labor de Ghorth & Wild me resulta del todo encomiable. Situada en un lugar indeterminado entre la primera ola del thrash y el proto black más incipiente, con unos riffs que lo mismo recuerdan a Kreator que a Motörhead y una serie de solos de lo más llamativo, termina por resultar junto con “The Nine Circles Of Hell” el tema con más gancho de todo el largo.

Night Of The Devil” traerá consigo un pulso más heavy. Pero es un heavy, claro, nada edulcorado. Sucio y rasposo. Aura Noir, primeros Celtic Frost, Venom, MidnightJoe Bastard percute con cadencia casi marcial mientras el corte se desarrolla en base a un riff pétreo, casi anquilosado, al que adorna una faceta melódica de cariz lisérgico y alucinado. Igualmente alucinado, casi caótico el solo que precede al epílogo, y que bien podría haber firmado un ilustre en estas lides como el añorado Jeff Hanneman.

Death To Human Race” recupera aquellas pulsiones más punkeras y proto-thrash de “Exterminator” para otra andanada sin grandes complicaciones ni tampoco mayores dobleces. Un canto a la desaparición de la raza humana destilado en infatigables dobles bombos y quizá la Lilith Necrobitch más descarnada de todo el tracklist. Aprecio cómo la mezcla sitúa el solo en un canal permitiendo que por otro la base rítmica cabalgue a placer. Un solo que ocupará ambos canales más adelante con pequeños detalles de producción que contribuyen a mejorar el envoltorio final de un corte tan escueto como redondo.

Ritual Suicide” acusa ya cierta repetición de patrones e ideas, lo que no quita para que la banda parezca echar el resto en lo que a ejecución se refiere. Extrema y decidida, sienta sus reales sobre una línea de batería si bien no original, sí ágil y diversa. Pero ya sea por lo escaso de su desarrollo, muy poco más de tres minutos, o por cierta reiteración en cuanto a construcción, lo cierto es que sobrevuela la idea de que otros cortes dentro de este “Built To Kill” rallan a mayor altura.

Sea como fuere, la final “Count Estruch” complementa al sexto de los catalanes albergando muchas de las buenas ideas que han ido yendo y viniendo a lo largo y ancho de los nueve cortes previos. Se yergue, eso sí, sobre una de las baterías más rápidas y violentas de todo el álbum, descerrajando blast beats y doble bombo como si los regalasen. Apenas toma aire en un llamativo puente que traerá la cara más atmosférica del quinteto. Pero es una atmósfera sin adornos. Nada de sintes ni trucos de salón. Solo guitarras, bajo y batería. Y sin embargo, qué diferente suena al resto del disco. Fantástico cierre.

Y es que desde que desaparece aquél pequeño guiño marítimo de su prólogo, el disco jamás se deshace del carácter orgánico de lo real. Todo resuena sincero y fiel a unas influencias que la banda y sus seguidores conocen bien. Thrash, algo de black, gotas de speed, pequeñas andanadas rockeras y los devaneos justos por otros territorios para que la escucha de estos apenas cuarenta minutos de metal agresivo y punzante jamás resulte aburrida. Cierto es que aquí y allá hay trazos o ideas con las que me cuesta más conectar. Pero en cualquier caso un álbum del que estar más que orgulloso y satisfecho. Los catalanes lo han vuelto a hacer. Ojalá tenerles por estas tierras más pronto que tarde.

Texto: David Naves

Reseña: Purtenance «The Rot Within Us» (Xtreem Music 2023)

Es el quinto largo ya en la dilatada trayectoria de los death metaleros fineses Purtenance. La banda, que ya pasara por estos lares con su anterior “Buried Incarnation”, regresa ahora con un “The Rot Within Us” con Harri Salo en baterías, Tero Aalto y Juha Rannikko en guitarras y finalmente Aabeg Gatamn en bajo y voces. No nos ha llegado por parte del sello dónde y quién ha sido el encargado de grabar y mezclar estos nueve cortes. Sí sabemos que fue su técnico habitual, Jaakko Viitalähde (Aethyrick, Waste of Space Orchestra, Blind Guardian, Oranssi Pazuzu…) el encargado de masterizar las pistas resultantes en Virtalähde Mastering, mientras que otro colaborador tradicional del combo nórdico como Chris Moyen (Coffins, Teitanblood, Centinex, Incantation…) volvería a encargarse del artwork. A la venta desde mediados de julio vía Xtreem Music en formatos digital, CD vinilo de 12» e incluso casete.

Me ocurre con la inicial “Mournful Echoes” que, por algún motivo, mi mente relaciona este inicio oscuro y pesado con mis paisanos de Totengott. Hay algo en este avance apaciguado, que exacerba la cara más doom del cuarteto finés, que por ende asocio a la última etapa de Celtic Frost. A ello desde luego no contribuye el viraje hacia un death más convencional y asimilable de su descosido epílogo. Sea como fuere me agrada la labor que la dupla Rannikko & Aalto ha trazado aquí. No tanto la forma en que la voz opaca al resto de líneas, particularmente durante las partes más arrastradas. Con eso y con todo un inicio bien planteado y mejor resuelto.

Transitory Soul Of The Righteous”, que fuera carta de presentación del álbum, enlazará con el epílogo anterior, sumergiéndose así en una bruma que pronto dará paso a un pequeño acceso doom, muy clásico, para después virar hacia un death metal apostado en un riff un tanto extraño, casi nervioso. Menos tenso y más clásico en su tercio final, Purtenance entregan un corte desigual, por momentos caótico, sin una identidad definitiva, con el que conecto solo a ratos.

Unseen Sphere Of Realities” porta uno de los mejores arranques de este quinto largo. También uno de los mejores desarrollos. Gatamn es pura oscuridad y desgarro en otra línea de voz obligadamente abisal, pero es el doble asalto de Aalto y Rannikko quien se alza con el triunfo con una buena serie de riffs y tanto mejor de melodías. Las más durante unas estrofas en potente crescendo, bien subrayadas por el insistente doble bombo de Salo. Sin excesos ni florituras, diría que una de mis favoritas de este nuevo trabajo.

Toda vez supera un prólogo casi funerario, campanas inclusive, “Mystic Sacrifice” viene para traer la cara más descosida de Purtenance. Death descosido que la banda alterna con una serie de ritmos más apaciguados con Gatamn vociferando como alma que lleva el diablo. Diverso y sin embargo sólido, con Salo tramando una más que diversa y a la par potente labor tras los parches, bien merecía un desarrollo mayor.

Claro que para desarrollo escueto, el de una “Solemn Presence Of Death” que habrá de conformarse con ni tan siquiera tres minutos. Es un corte abruptamente bifocal. A medio gas en un primer tercio comandado por un riff infeccioso y pegadizo, que más tarde habrá de dar paso a los Purtenance más encendidos y vibrantes. Mal café en la más pura tradición del combo radicado en Nokia.

Juega al engaño “An Invisible Master” con la épica doom de su prólogo para después transigir hacia un death metal de pulso caso d-beat que en gran medida recuerda a los mejores Entombed, al tiempo que se disocia del comienzo del álbum. En gran parte el corte más exógeno de los ocho, con riffs quizá no del todo memorables pero que por momentos casi suena a bien merecido homenaje a la figura del tristemente desaparecido Lars-Göran Petrov.

Lejos de reconducir hacia su pesadez habitual, “Fate’s Fearful Gesture” afianza esas pulsiones más d-beat del corte anterior cara a producir, por pura colisión con los Purtenance más pesados, otro corte gozosamente bifocal, cuyos riffs de nuevo pueden no ser memorables y no obstante se las arregla para convertirse en una de las propuestas más seguras de este “The Rot Within Us”.

El disco se despide con “Nekromantik Spiritualism”. Composición más ambiciosa del mismo, al menos en lo que a duración se refiere, y donde la banda habrá de reconducir hacia su habitual death de fuertes pulsiones doom. Death poderoso, apoyado en una batería de Salo de avance por momentos casi marcial, con la cruda y nada amable producción del álbum amplificando el alcance de unas partes pesadas y oscuras que, a ratos, bien podrían recordar a Evoken, Disembowelment, Esoteric… Siete minutos largos para resumir y finiquitar el quinto de los fineses.

Puede no ser el gran disco de Purtenance que esperábamos pero sí que muestra a un Aabeg Gatamn más afianzado y seguro en las tareas vocales que en su anterior “Buried Incarnation”. Algo que, para mal, recalca una mezcla por momentos algo desigual. “The Rot Within Us” puede no disponer de los riffs más redondos que el género haya entregado durante este 2023. Diría que a ratos incluso tienen poco de memorables. Y sin embargo se las arreglan para configurar ofertas interesantes. “Unseen Sphere Of Realities”, “Fate’s Fearful Gesture” y “Nekromantik Spiritualism” a la cabeza. Purtenance pueden encontrarse lejos de sus mejores días, lo que no quita para que prosigan igual de intensos y crudos que de costumbre. Que sea por mucho tiempo.

Texto: David Naves

Reseña: Holycide «Bazookiller» (Xtreem Music 2023)

Tres años después de su último largo “Fist To Face”, del que dimos buena cuenta en su día, vuelven Holycide con una formación que reúne esta vez a Salva Esteban (guitarra), Vicente Payá (bajo), Dave Rotten (voz) y Santi Arroyo “GoG” (batería). Y lo hacen con un pequeño Ep de tres temas nuevos más una versión de D.R.I. bajo el título “Bazookiller”. Mezclado por Nexus 6, compañero del propio Rotten en Yskelgroth, mezclado por el Beheaded Davide Billia (Aphotic, Putridity, Ural…) en el MK2 Recording Studio de Ivrea (Italia) y al que adorna el arte del ucraniano Daemorph (Abominable Putridity, Virulency, Pyrexia, Iron Fire…). Se encuentra en la calle desde el pasado doce de septiembre vía Xtreem Music.

War Broadcast Live” ahorra en introducciones y acomete desde el primer segundo el habitual thrash metal directo y orgánico del combo radicado en Madrid. Quizá eches en falta una mayor tensión durante las primeras estrofas. Lo cierto es que Holycide tiran más de melodía que de velocidad, reservando esas partes más nerviosas para los distintos engarces entre estrofas. Rotten, claro, está lejos aquí del registro seco y osco al que nos tiene acostumbrados con su banda madre Avulsed. Esteban corona el puente central con un buen solo. Y mientras el corte recupera su vigor en el epílogo, la sensación global que percibo tras varias escuchas no escapa de una corrección demasiado marcada. Intencionada, claro. Holycide huyen de formalismos más contemporáneos como alma que lleva el diablo. Pero aún así echo en falta unas pulgadas más de riesgo.

Bazookiller” confronta el vigor del tema previo derivando hacia la cara más pesada y rocosa del cuarteto, ahí donde la sombra de los Exodus menos trotones me resulta más que evidente. Me agrada por su construcción híbrida, por cómo empastan los distintos riffs de Esteban y por el buen trabajo de Rotten al micro. Por lo contundente que suena el bajo de Payá incluso. Pero sobre todo por ese mayor nervio que exuda su vibrante tronco central. Emergen ahí los Holycide más contundentes. También un lúcido Salva Esteban, trazando mi solo favorito de todo el Ep.

Pero es “Modern Day Dictator” la que ofrece el riff con más gancho del trío de nuevas obras. De hecho y pese a lo breve de su metraje, ni tan siquiera tres minutos y medio, es con mucho el corte que más y mejor recuerdo tras las distintas vueltas al Ep. Eminentemente clásica, tanto por composición como por ejecución, resulta a ratos un ejercicio de thrash marcial que lo mismo picotea de Anthrax en estribillos que de la escuela alemana en las partes más enérgicas. Esteban dibuja un solo muy a la Kirk Hammett y si algo echo en falta es un desarrollo más extenso que oxigene ciertas ideas aquí presentes.

El cierre es para “Five Year Plan”, original de los thrashers originarios de Texas D.R.I., y que viene a resultar todo lo leal al original que cabría esperar de una banda como esta. Aquí aprecio de nuevo el bajo tan rugiente de Payá. También el mayor nervio que arrastran los golpes de Arroyo. Bien está lo que bien acaba, dicen.

Tres años después de su último largo, este “Bazookiller”, con la guerra de Ucrania como transfondo, si no era evidente con un solo vistazo al artwork de Daemorph, puede saber a poco. Son apenas quince minutos pero la banda parece seguir donde lo dejase en 2020, lo cual tampoco es mala señal. Al contrario. Rotten y Payá delimitan con cuidado sus distintas colaboraciones y hay poco margen para la sorpresa. También para el error. Puro old school thrash contra la máquina.

Texto: David Naves

Reseña: Empire Of Disease «Shadows In The Abyss» (Xtreem Music 2023)

Segundo largo para la infatigable banda vasca Empire Of Disease tras debutar con el Ep “Silence Is Violence” en 2019 y entregar dos años más tarde un primer largo de nombre “With All My Hate”. Tras firmar contrato con Xtreem Music, Gorka Díez (guitarra y voz), Xabier H. Zarraga (bajo), Iban Hernando (batería) y Pintxo Wayewta (voces) regresan ahora con “Shadows In The Abyss”, un segundo largo producido, grabado, mezclado y masterizado por el Vhäldemar Pedro J. Monge (Dormanth, Rise To Fall, In Thousand Lakes, Incursed…) en su Chromaticity Studio y adornado por arte de Miryamad. En la calle desde el 7 de noviembre.

Rasgos de ciencia ficción contemporánea en la intro que lleva aparejada la inicial “The Valley”, que transigirá pronto hacia el habitual metal pesado y contundente de la banda vasca. Encontrarás aquí un riff algo cerrado, una equilibradísima producción, no falla en esto el señor Monge, alimentado por el agrio registro de Wayewta. Que si bien no descubrirá nada en cuanto a trazo, tiene el gancho suficiente como para poner al gremio en alerta. Casi llega a crepitar el bajo de Zarraga durante estos estribillos oscos y malencarados. El pulso, casi marcial por momentos, sacude cada rincón de las estrofas, revelando finalmente un inicio de álbum más que eficaz.

Time For A New Era” se deshace de esa pulsión más marcial para conducirse hacia un metal en esencia más trotón e intenso. Mejora en lo tocante a riffs y se reviste de un mayor tecnicismo. El juego entre líneas de voz resulta hábil y mientras acude a un primer término un estribillo que roza lo atmosférico, Empire Of Disease contraponen cualquier atisbo de ligereza con una versión que resulta más cruda por rocosa. Es sin embargo el trazo más laberíntico del tercio final quien termina por llevarse el gato al agua. EoD suenan aquí más imaginativos, menos lineales, elevando finalmente la hipotética nota final.

Claro que si lo que buscas es metal moderno, o contemporáneo, inyectado de puro death melódico, “Ghost Of The Past” es una buena opción. Ritmos más vivos conviven con unas guitarras, valga la redundancia, más melódicas, si bien conducen hacia un estribillo donde la sombra de Robb Flynn parece más bien alargada. El riff que enlaza las distintas estrofas puede no me diga gran cosa. Pero en suma es un corte que disfruto, que recuerdo incluso, con un Iban Hernando sobrado de pegada. Es el corte más raquítico en cuanto a duración de todo el álbum y por ahí puedes echar en falta algo más del discurso que alimenta otras ofertas de este segundo trabajo. No obstante deja la sensación de que puede ser un auténtico torbellino en directo.

En esos ritmos más vivos se mantiene esta “Digging Our Graves”, ahondando en ese fuerte calado melódico a través del cual Gorka Díez da sobrada muestra de clase y estilo. Diversa que no imprevisible por trazo, es verdad que deja un bajo más ahogado en la mezcla que en cortes precedentes. También que su faceta vocal resulta tan arisca y descarnada como se espera. Hernando completa una fantástica línea de batería en la que cabe todo un abanico de ritmos y cambios de ídem. Se percibe cierta desolación en ese trazo más pesado que conduce al puente central. Allí habrán de emerger de nuevo los EoD más ágiles y trotones, testamento vívido de la cara más melodeath del quinteto. Y si bien echo en falta un solo que apuntale su embalaje final, bien está lo que bien acaba.

Casi como colofón a ese mayor vértigo que atraviesa el tronco central del álbum, el prólogo de esta ”The Game” confluye con ese impulso más vitalista, si bien pronto transige hacia un avanzar casi marcial que recuerda, sobremanera, a la anterior “The Valley”, aun cuando EoD se revisten ahora de un groove más acentuado, lo que terminará por dotar a este quinto corte de una fortísima personalidad en contraposición a otras entregas. Bulle cierta desesperanza en su tronco central, acentuada por las nada amables voces que en él se dan cita. Tampoco amable es el breakdown que anticipará el epílogo, si bien no dejo de pensar que merecía algo más de espacio.

Tras el un tanto recurrente título de “Dark Side Of The Soul”, la sexta entrega viene de nuevo a destapar al mejor Gorka Díez. El vasco está estupendo tanto en la creación de riffs como a la hora de enlazarlos a través de una de las composiciones más complejas, y también contundentes, de todo el tracklist. Acompañado por una línea de batería igualmente diversa, contundente en las partes más vivas y certera, original incluso, en aquellas más apaciguadas y/o melancólicas, consiguen elevar al corte al bando ganador del disco. Al menos en opinión de quien aquí escribe.

From The Depths”, que conocimos semanas antes de que llegara a nuestras manos el disco completo, vive de reproducir la cara más melodeath de la banda, que se traduce en un corte tan previsible como falto de dobleces. Especialmente en sus dos primeros tercios. En el tercero proliferarán acentos más groovies aquí y allá, descarnados y contundentes, que terminarán por atemperar en ritmos y ennegrecer en tono lo que, en un principio parecía un death melódico proverbial y canónico. Bien jugado:

Sorprende “Scum” no por mantener viva esa llama tan melodeath sino por esos coros que implementa la producción de Monge, inéditos en el resto de cortes. Otro tema para alabar la buena labor de Gorka Díez. También para recuperar en la mezcla el ineludible bajo de Zarraga. En muchos detalles viene a resultar la composición más clásica de las nueve y parece venir a poner negro sobre blanco las influencias más noventeras del quinteto. Aquellos que gocen de los primeros In Flames sin por ello renegar de los más recientes, bien harían en darse un festín con esto.

Muy firme Hernando en la final “Shadows In The Abyss”. De nuevo hábil a la hora de enlazar las diferentes capas sobre las que transcurre un corte empecinado en confrontar las muchas caras que alimentan el metal de los euskaldunes. Blast beats, partes más arrastradas y alguna de las voces más agrestes y malencaradas de todo el álbum. También un deje de nuevo más atmosférico en ciertos solos de Díez. En especial ese que corona su tronco central, uno de los más acertados de todo el álbum desde el punto de vista puramente melódico. Al epílogo se le podría reprochar cierta falta de tensión. Si acaso un mayor riesgo en cuanto a composición. Por otro lado no es menos verdad que cierra “Shadows In The Abyss” con sobrada elegancia.

El disco mejora y con creces las sensaciones que me provocaron durante aquél ratito en la semifinal de la W.O.A. Metal Battle Spain 2023 celebrada en Puerto De Vega (Asturias). La tiranía del reloj que imponen los concursos. Lo cierto es que dadas varias vueltas al segundo de los vascos, resultan una banda tan capaz en sus intenciones como hábil a la hora de plasmarlas en sus composiciones. Y porque un poco a la contra de lo que imponen las tendencias y salvo aquellos pequeños detalles corales en “Scum”, este resulta un álbum de lo más orgánico. En una escena trufada de pistas pregrabadas y mil ayudas externas, Empire Of Disease recuperan las esencias primordiales sin por ello cerrarse a contorsiones más propias del metal más contemporáneo. Siempre desde un acercamiento muy natural. Sincero incluso. Que aunque no me resulte un álbum de diez y entremedias encuentre detalles con los que me cuesta llegar a conectar, enseña a una banda en clara línea ascendente. A seguir por ahí.

Texto: David Naves