Galería fotográfica orientada a las bandas que la pasada entrega del festival Z! Live Rock celebrada del jueves 11 de junio al sábado 13 actuaron en las instalaciones del Ifeza.






















































































Fotos: José Ángel Muñiz
Galería fotográfica orientada a las bandas que la pasada entrega del festival Z! Live Rock celebrada del jueves 11 de junio al sábado 13 actuaron en las instalaciones del Ifeza.






















































































Fotos: José Ángel Muñiz
Segunda jornada del Z! Live, la más apegada a los sonidos más clásicos, y que contó con nombres tan importantes como Su Ta Gar, Blaze Bayley, Saxon o Coroner.
Nosotros llegamos para cuando los vallisoletanos Xeria están en los últimos compases del set. La banda, a la que habíamos visto hacía apenas una semana como teloneros de Argion (crónica), trajo su metal sinfónico a Zamora y, por lo que pudimos ver, supo conectar con los más madrugadores. Una muy voluntariosa Marina Sweet al micro acertó a despertar al público, allanando el camino a una jornada que se preveía larga e intensa.

Y que continuó con los londinenses Kardinal X. Heavy metal con trazas de Grave Digger, Accept o Iron Maiden y esa voz tan a lo Blaze Bayley del risueño Nick Majluf. Ellos venían presentando su último álbum “Redemption” y parecieron ser del agrado de los más clasicómanos. Divertidos, a ratos me recordaban a mis paisanos de Bestia Negra. El buen oído de Shaun Dunne para los solos atrajo mi atención, pero todo terminó de encajar cuando Majluf soltó unos versos del “Siempre Estás Allí” de nuestros Barón Rojo. Guiño que, huelga decir, encandiló al público. Agradaron.

Burning Witches toman entonces el Silver Stage cara a ofrecernos otra ración de heavy metal. El quinteto de origen suizo venía con el interesante “Inquisition” (2025) bajo el brazo y no perdió la oportunidad de agradar en el Z! Live. Una banda que parece haber encontrado una cierta estabilidad con su actual line-up y que, a tenor de lo visto, enardeció a buena parte del público.

Tuvo gran culpa una muy voluntariosa Laura Guldemond al micro. Y no porque se calzase aquellos cuernos en los primeros estertores del set, aunque también. Al final, todo suma. El registro de la neerlandesa casa y de qué forma con ese heavy metal tan orgánico. Y temas como “Evil Witch” o “Black Widow”, de aquél debut homónimo de 2017, les funcionaron. Reconozco que las disfruté en mayor medida durante sus momentos más trotones. En cualquier caso, creo que dieron buen nivel el pasado día 12.

Luego Su Ta Gar se iban a dar un atracón de nostalgia en el Copper Stage. Los de Éibar trajeron su thrash de tintes heavies (o viceversa) y su compromiso intactos. No son muchas las ocasiones en las que se puede uno cruzar con ellos (recuerdo aquél Derrame Rock de ¡2002!) pero, como diría El Drogas, siempre es “un gusto”. Porque el caso es que siempre atruenan. Una banda no tan reconocida como merecería, dueña de un directo potente, crudo a ratos, y que supo hacerse fuerte frente al calor reinante.

El escenario escupía fuego mientras ellos daban cumplido repaso a su extensa trayectoria, picoteando entre álbumes como “Jainko Hilen Uhartean” (2006) o “Itsasoz Beteriko Mugetan” (2003) o yéndose directamente hasta el debut, cuya portada adornaba el escenario, “Jaiotze Basatia” (1991). Es precisamente ahí, con “Begira”, que Aitor Gorosabel está dejando uno de los mejores solos del set. No faltaron agradecimientos a la organización, algo de fuego pirotécnico y la certeza de que siempre es un gusto encontrárselos. Después de todo, y como reconoció el propio Aitor, resulta de lo más “emocionante” alcanzar “cuarenta años de trayectoria cantando en euskera”. Que sean muchos más y nosotros los veamos.

Llegaba el turno de recibir al bueno de Blaze Bayley, quien para servidor ya casi es uno más de la familia. Después de todo, era esta la tercera vez que cruzábamos nuestros caminos en un lapso de apenas dos años. Con la entrada de Tom Atkinson en guitarras y Luke Appleton pasando ahora al bajo, el de Birmingham dio cumplido repaso a su etapa en Iron Maiden, siguiendo parecido guión al de su paso por Gijón en 2024 (crónica).

Casi parece un sueño que hayan pasado treinta años desde que el bueno de Bayley cantase para la doncella. Todo arranca, de modo sorprendente, guiñando el ojo al “Doctor, Doctor” de UFO, para después reconvenir hacia “Lord Of The Flies”. Armado con su característico micrófono, con el paso del tiempo Blaze Bayley se ha ido confirmando como un verdadero currante del heavy metal. Siempre cumple y en Zamora no iba a ser menos. Todo me funciona, en técnica incluso, pero no es hasta “Sign Of The Cross” que captan mi total atención. Fue de las mejor recibidas del set y desde luego la más coreada. Aunque con “Born As A Stranger” nos recordó que el material propio también le funciona.

“The Clansman” resultó otra de mis favoritas. Y a tenor de cómo gritaba la gente a mi alrededor, también del público. Mucha camiseta de la Doncella se dejó ver el viernes por Zamora. Ellos y los demás gritamos hasta las últimas consecuencias en cortes más facilones como “Man On The Edge” o “Futureal”. Un atracón de nostalgia que cierra el bonachón vocalista tras su habitual mensaje motivacional y el siempre pegadizo “The Angel And The Gambler”. Siempre cumplidor.

H.E.A.T. y no se me enfade nadie, son unos auténticos personajes. Cuando “The Heat Is On” de Glenn Frey suena por PA, uno incluso se pregunta hasta qué punto se toman en serio a sí mismos. Pero a nada que “Disaster” procura esa salida en tromba de los chicos, nuestras retinas están fijas en la hiperactividad de un Kenny Leckremo avasallador.

Cuidada puesta en escena, con batería y teclados sobre una plataforma y ese trasunto de HAL 9000 vigilando cual ojo eléctrico desde el electrónico. “Rock Your Body” puede ser uno de sus temas más idiosincráticos, al tiempo que “Dangerous Ground” ofrece la cara más vibrante de la banda. Pero es “Hollywood” la que amalgama uno de sus mejores estribillos junto a un gran solo de Dave Dalone.

Era mi segundo encuentro con ellos y, mediado el set, ya pensaba en que esta banda lo tiene todo para cubrir el hueco de los grandes nombres del pasado. Presencia escénica, uno de los frontman más infatigables de toda la escena hard rock pero sobre todo composiciones funcionales y muy muy pegadizas. En esas estaba cuando aprovechan para guiñar al “War Pigs” de Black Sabbath y recordar al tristemente desaparecido Ozzy Osbourne. Luego “Back To The Rythm” puede ser otra de mis favoritas. El público disfrutó de lo lindo y a mí me quedó la sensación de que, ahora mismo, tienen el mundo a sus pies.

El tiempo parece haberse detenido cuando Byff Byford y sus Saxon toman el Silver Stage. Una banda que apareció por Zamora en plena forma, como demuestra esa salida en tromba de “Hell, Fire & Damnation”. La formación británica, desde 2023 con todo un Brian Tatler (Diamond Head) a bordo, enardeció a un público entusiasta, que supo llevar en volandas a los de Barnsley. “Power & Glory” deja un riff estupendo. Fue ya aquí que comenzó la lluvia de chalecos desde el público. El primero de todos sería exhibido por el propio Byford. A la vejez, riffazos de puro y añejo heavy metal. El propio Tatler está dejando un gran solo en “Dogs Of War”. Y mientras que los distintos discos de la banda iban pasando por el electrónico, Byford se calzaba el chaleco y luego Tatler sentaba cátedra desde su Flying V. Todo iba sobre ruedas (de acero).

“Sacrifice” es la cara más heavy de los británicos, valga la redundancia y en “Solid Ball Of Rock” Byford salta y agita el cuello como si no fueran 75 los años que cumplió el pasado mes de enero. Al final se calzarían los chalecos que les fueron tirando desde el público. La sintonía entre unos y otros parecía total. Máxime cuando Saxon la emprenden con la inmortal “Heavy Metal Thunder”, historia viva de la banda en particular y del género en su totalidad. Con “Dallas 1PM” recordamos el magnicidio de Dallas (mostrado de forma explícita en el electrónico) y “Strong Arm Of The Law” ofreció la cara más grave del quinteto.

Tras una pequeña deliberación con el público, éste terminó por elegir “Broken Heroes” en detrimento de “The Eagle Has Landed”. Puede que la banda no escape a las garras de la I.A.. Poco importa cuando arremete con “Motorcycle Man” y Tatlet dibuja otro fantástico solo de guitarra. “Never Surrender”, a la vista está, es pura idiosincrasia Saxon. Pero cuando un avión sobrevuela el recinto y atruena “Strangers In The Night”, todo casa para plantar un gesto de honda satisfacción en nuestros rostros. El rus final del set es, no cabía otra, de verdadera antología. Por lo que contiene pero también por el modo de transmitirlo. A saber: “Wheels Of Steel”, la nota épica que deja “Crusader” y una “Denim And Leather” que no podría describir mejor al género. Finalmente “Princess Of The Night” echa el cierre, con el curioso juego meta referencial que supone con respecto a los titanes Metallica, máxime ahora que Brian Tatler se ha sumado a la banda. No pasan los años por esta gente. El heavy metal es el verdadero secreto de la eterna juventud.

Después iba llegar el turno de recibir a las leyendas suizas del thrash metal técnico Coroner. Nombre de verdadero culto en la escena mundial, la banda no hizo prisioneros de ningún tipo a su paso por el Copper Stage. Ya desde esa “Consequence”, que refiere a su primer álbum en más de treinta años “Dissonance Theory”, sorprende la ruidera que son capaces de montar entre los cuatro. También el buen sonido, en líneas generales, pese al volumen altísimo al que se desarrolló su descarga.

Ni de lejos la banda más activa de cuantas pasaron por Zamora, pero a fe mía que una de las que mejor supo hilvanar la técnica que envuelve sus temas con una traslación al directo salvaje y rotunda. “Sacrificial Lamb”, también de aquél trabajo del pasado octubre, dio fe de ello. Pero cuando vuelven a aquél “Mental Vortex” de 1991 y rescatan “Divine Step (Conspectu Mortis)”, dibujan desarrollos de técnica exquisita y los combinan con un nervio más propio de tiernos mozalbetes, estamos ante otra de las grandes descargas del fin de semana. Me consta que lo contra intuitivo que, a ratos, resulta su thrash metal, echó para atrás a más de uno. Pero cuando miran hacia la década de los 80 y rescatan “Masked Jackal” (“nuestro primer videoclip”) sus fans más acérrimos se relamen frente al Copper Stage.

Mucha, muchísima la cera que repartieron. Con un gran despliegue de Diego Rapacchietti tras los parches, Coroner hicieron honor a su leyenda y supieron llenar ese hueco entre el thrash más avant-garde y la técnica más exquisita. Todo sin desperdiciar absolutamente nada en lo que a pegada se refiere. Fantásticos.
Para el cierre quedaba el folk metal de aires celtas que propusieron los madrileños Ekyrian. Propuesta la suya que casaba con la sacrosanta orden de divertir el cierre. A eso vinieron y eso fue lo que hicieron. Gozando además de buen sonido, no era fácil con una alineación tan numerosa. Pero los madrileños, un poco como Dragony en la víspera, fueron todo pundonor y fiesta.

Un cierre animoso y agradable a otra jornada verdaderamente maratoniana. Quedaba la del sábado.
Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz
Y el templo del metal reabrió sus puertas. Un año más Zamora acogió una de las citas más interesantes de toda la temporada de festivales, reuniendo a un puñado de primeras espadas en un cartel de lo más heterogéneo y atractivo. Buen tiempo y mejor compañía para cruzar el Negrón y entregarnos a tres días de buen tiempo y mejor música. Cita ineludible ya para esta casa, todo arrancó, bajo un sol de justicia allá por el jueves 11 de junio, con la ya clásica división entre stages (Silver a un lado, Copper al otro) y nombres como Bury Tomorrow, Opeth o Emperor ejerciendo de principales reclamos.
Pero antes de que llegara el turno de los Mikael Åkerfeldt, Ihsahn y compañía, a Headon les cayó en gracia la siempre poco agradecida tarea de abrir el evento. Los de Andy Martínez, a lomos de un sonido cada vez más contemporáneo, lidiaron como mejor pudieron con ese papel siempre complicado. Un heavy metal imbricado de rasgos metalcore y mucho groove en cortes de nuevo cuño como la inicial “Memento” o la postrera “Un Nuevo Sol”, para después cerrar, eso sí, con una sorprendente versión / deconstrucción del “Fiesta Pagana” de Mägo de Oz. Un cierre que torció el gesto a más de uno.

Luego los valencianos de Noah Histeria vendrían a poner la nota técnica de la jornada. Era el día de Opeth, después de todo. Ellos engranaron su peculiar modo de entender el rock progresivo sin dejar indiferente a nadie. Un rock orgullosamente heterogéneo, que amalgama desde riffs cercanos al djent a dejes más atmosféricos sin olvidarse de algún pequeño ramalazo a la Tool o incluso un pequeño poso flamenco. Todo bajo la peculiar voz de Doc y su llamativa presencia escénica para uno de los sets más atrevidos de la primera jornada.

El contraste para con los chicos de Serious Black no iba a ser pequeño. Super banda nacida precisamente en España y fundada por Mario Lochert (ex Visions of Atlantis) y Roland Grapow (ex Helloween), arribaban a Zamora presentando aún su “Rise Of Akhenaton” de 2024. Con dos guitarras y sin bajista, el suyo resultó un heavy metal de lo más agradable para la media tarde. Bajo un sol que apretaba lo suyo, Nikola Mijić se desvivió por meterse a la gente en el bolsillo. La gente conectó enseguida con su power melódico. Sería el propio Mijić quien nos comunicara que el bueno de Lochert se había quedado en tierras alemanas debido a un ataque al corazón. Cortes como “Rock With Us Tonight” entraron cual cuchillo en mantequilla y disculpamos el aroma tan Edguy de otros como “Mr. Nightmist”. “Senso Della Vita” puso el guiño transalpino y, al final, todos coreamos el nombre de Mario, a quien desde aquí mandamos nuestros mejores deseos.

Los belgas Evil Invaders le añadirían entonces algo más de picante al cartel. Speed metal hiriente, a mil por hora, descerrajado sobre una audiencia ávida de sensaciones fuertes, que supo vibrar con los de Leopoldsburg como si les fuera todo en el empeño. Como si no quedasen dos días y medio aún por delante. Sin nuevo material desde aquél “Shattering Reflection” de 2022 pero con el ánimo intacto, Joe comandó a los suyos con pulso firme y sin dejarse absolutamente nada. Concisos, precisos, ellos defendían desde las tablas que lo suyo era puro thrash metal. Quién soy yo para llevarles la contraria. Baile de etiquetas al margen, me atrevería a decir que fueron la gran sorpresa de la primera jornada. Verdaderos underdogs, se atrevieron incluso con una versión del “Witching Hour” de Venom. A buen seguro se llevaron unos cuantos nuevos fans debajo del brazo.

Bury Tomorrow vendrían entonces desde Southampton para darle un bocado de metalcore al Z! Live. Lo bueno es que Daniel Winter-Bates apareció por Zamora con su voz, de mil registros, aparentemente intacta. Arrimados a ese metalcore a medio camino entre Parkway Drive o While She Sleeps, pondrían Zamora patas arriba. Muy intensos arriba de las tablas pero risueños, buscando en todo momento el calor del público mientras engrasaban su metalcore intenso y vibrante. Reconozco que no practican el tipo de metal que más acostumbro a escuchar. También que la gente, en especial la más joven, los disfrutó de lo lindo. Máxime cuando tuvo la oportunidad de llevar en volandas, literalmente, al bueno de Winter-Bates. Gran directo.

Llegaba el turno de los padres del black sinfónico. Aún apretaba el sol cuando Emperor tomaban el Copper Stage. Un enorme telón de fondo y dos kits de batería frente a él. “Into The Infinity Of Thoughts” atruena nuestros tímpanos ante la siempre curiosa presencia escénica de un confiado Ihsahn. Siempre al frente tras sus ya inconfundibles gafas de pasta y apoyado por un Trym Torson en plena forma tras los parches. Historia viva del género, prescinden del corpse paint de muchos de sus coetáneos apoyados en teclas por todo un Jørgen Munkeby de los Shining noruegos.

Ihsahn alterna voz rasgada y limpia en “In The Wordless Chamber” y el sonido gana en pegada para magnificar la pegada de “With Strength I Burn”. Hubo vítores aquí para la formación noruega, síntoma éste de lo bien que se estaba dando el set. Acompañaba un ocaso que iba, poco a poco, tiñendo de oscuridad el zurdo de los escenarios. El de “The Loss And Curse Of Reverence” resultó un black metal casi centrífugo, veloz y salvaje, aupado por las teclas de Munkeby y el poso más sinfónico. Y aunque desde luego no la banda más activa arriba de las tablas, Tony “Secthdamon” Ingebrigtsen al margen, sorprende la vitalidad de estos veteranos.

Luego llegó el turno de cambiar el telón, dejar sonar el “Ave Satani” que el grandísimo Jerry Goldsmith compusiera para el clásico de Richard Donner “La Profecía” y recibir a Mortiis al bajo y un Faust que ocuparía el set colocado a la derecha del escenario. Así, con la formación clásica sobre las tablas, encaran la parte final del set. Esa ocupada en recordar el seminal Ep homónimo de 1993. Este tramo final, “I Am The Black Wizards” mediante, fue fácilmente uno de mis momentos favoritos de todo el festival. Y fíjate que no fueron pocos durante los tres días. En el negocio de la música a veces todo parece posible, pero jamás me imaginé, a estas alturas, viviendo algo así. Y puede que Ihsahn sufriera con su registro limpio en este tramo final. Pero a fe mía que supieron hacer honor a su leyenda. Se fueron, de nuevo con la formación actual, tras “Ye Entrancemperium”, dejando la difícil papeleta a la organización de encontrar una rima similar de cara a la edición de 2027.

La de Opeth era una espinita que llevaba toda una vida queriendo sacarme. La banda del ínclito Mikael Åkerfeldt, auténtico baluarte del metal extremo progresivo, concitó sumo interés a su paso por el Silver Stage. Y la formación pergeñó un setlist a la altura de su leyenda. Presentando una de las escenografías más cuidadas del primer día, con su nombre proyectado en el fondo electrónico, era su primer concierto en tres meses. Åkerfeldt irrumpe en escena sombrero mediante. Y todo lo demás, como suele decirse, es historia.

Una historia que comienza por el principio del final. O lo que es lo mismo, el primero de cuantos parágrafos contiene su último álbum de estudio “The Last Will And Testament”. Decir que Opeth clavan este primer corte es quedarse muy corto. Todo engrana tal y como deseábamos. Hasta el guitarra Fredrik Åkesson brilla en coros. Pero cuando la banda vuelve la vista veinte años atrás y rescata “The Grand Conjuration”, Zamora es un clamor con ellos. Puede que los tonos más graves de Åkerfeldt no tengan la contundencia de antaño. Pero la interpretación es todo lo cuidada y fina que uno espera. A un nivel que, en este mismo recinto, solo recuerdo a unos tales Dream Theater en la pasada edición.
Por supuesto, no sería un concierto de Opeth sin ellas, no faltaron las celebérrimas chanzas de Åkerfeldt. Ni tampoco el saludo a sus casi vecinos de Emperor, quienes contó el vocalista, ayudaron a la banda sueca en sus primeros pasos en la música. Vaya pues desde aquí mi agradecimiento también a Ihsahn y los suyos. Todo encauza hasta el nuevo disco con “§7”. Con su sorna habitual y por aquello del tiempo parados “en casa, jugando al Wolfenstein”, reconoció el vocalista que andaban nerviosos. Desde luego que, si era el caso, tampoco se apreció demasiado.

Con “The Devil’s Orchard”, del denostado “Heritage” de 2011, emergería su cara más setentera. Y yendo aún más atrás, la traslación al vivo de “To Rid The Disease” explora a los Opeth más etéreos y espaciales. El bajista Martín Méndez, de origen uruguayo él, tomó entonces el micro y lanzó unas palabras en nuestro idioma. Todo para introducir el parágrafo número 3 del último álbum, con un gran solo de Åkesson y, aumento de tensión mediante, allanar el camino de cara a una tremenda reinterpretación de “Godhead’s Lament”, con el público coreando el solo incluso.
El sonido que envolvía al set, huelga decirlo, era el de las grandes citas. Me atrevería a decir que de los más redondos del fin de semana. Aquella cara más atmosférica vuelve mientras encaran el prólogo de “The Drapery Falls”, con Åkerfeldt esta vez a cargo del solo. Que en esto no falla el sueco, así cambie veinte veces de guitarra a lo largo de la noche. Presentaciones, apodos mediante, y cierre con “Deliverance”, convertida ya en verdadero himno de la banda y cuyo epílogo, amén de magnificarse en su traslación al vivo, pienso forma parte ya del hipotético panteón del metal progresivo en particular y la buena música en general. Puede que aún no tengan el poso de unos Dream Theater o el arrastre de bandas más clásicas como Accept o Saxon. Pero vinieron a gran nivel, a pesar del tiempo en el dique seco, y dejaron a este humilde fan con una sonrisa para lo que restaba de festival.

Claro que a la jornada del jueves aún le quedaba guerra que dar. Rascaba algo de frío cuando los renovados Delalma hacían suyo el Copper Stage. La banda comandada por Manuel Seoane, y que ahora lideran en voces Ronnie Romero y José Andrëa, mostró otra de las escenografías más cuidadas del primer día. El arco de la parte central, sus habituales luceros, y esas canciones a caballo entre el hard y el heavy metal que les hacen tan peculiares.

Pero como no todo sale siempre tal y como uno espera, a la banda y en especial al propio Seoane le tocó lidiar con algún que otro problema de sonido en el inicio del set. Algo que deslució en gran parte a un buen opener como es “Compaña”. Ronnie Romero, aún no se acostumbra uno a oírle cantar en nuestro idioma, estuvo tan fino al micro como siempre. Él se iría del escenario y su lugar lo ocuparía entonces José Andrëa para que “Néboa” se hiciese carne en Zamora. El vocalista de origen boliviano pronto mostró ese deje tan particular al cantar y que le hace realmente único. Lo que contrasta es la voz del chileno Romero cuando encara la estupenda “Mañana Vuelve A Oscurecer” de aquél debut homónimo de 2023 con Ramón Lage al frente.

Con Andrëa de vuelta en las tablas, la banda y una bailarina en llamas encaran “La Ira Del Mirlo”, con el ex Mägo de Oz ofreciendo su mejor versión de la noche. El Headon Andy Martínez quiso unirse a la fiesta de los mirlos y sumó esfuerzos junto con Romero para “Delalma A Través”, donde Seaone está dibujando uno de sus mejores solos de la jornada. “Con mucho respeto para Ramón (Lage)” afrontaría José Andrëa “El Mirlo”. Para el cierre quedaron dos que dieron no poco rédito: “Cosas Por Decir” y, sobre todo, “Cárcel De Cristal”, verdadero himno de la banda a estas alturas. Un set de menos a más para una banda que, si encuentra un cierto grado de estabilidad, puede dar muchas alegrías a los fans del hard / heavy en nuestra lengua. Marquen mis palabras.

Para el cierre quedaba una de las ofertas más dicharacheras del día: los austríacos Dragony, ya con Maria Nesh como miembro de pleno derecho. Los vieneses venían presentando su “Hic Svnt Dracones” de 2024 y pusieron todo de su parte para cerrar la primera jornada con una buena ración de power metal alegre y juguetón. Casualidades de la vida, era la segunda de las bandas del día con algún ex miembro de Visions Of Atlantis a bordo. El mundo del power es un pañuelo.

Un broche donde sorprende el baile entre registros de la propia Maria Nesh. Había momentos en que, por su forma tan lúdica de entender el género, me recordaban a bandas como Battle Beast o, por extensión, Beast In Black. Con pareja en voces y un sonido que funciona muy bien a la hora de procurar sano y ligero divertimento en jornadas maratonianas como estas. A nosotros nos llegó el turno de recoger bártulos y buscar el obligado descanso. Quedaban aún dos días por delante.
Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz
Evil Invaders y Dominium toman el relevo de Crematory y Adam And The Metal Hawks (AMH) mientras que Brothers Of Metal pasan a la programación del sábado 13 de junio.

Crematory cancelan su participación en el festival debido a problemas de salud de uno de sus miembros mientras que la causa de Adam And The Metal Hawks (AMH) son complicaciones logísticas en su gira. Los relevos mantienen y elevan el nivel del plantel, Evil Invaders, han labrado una gran reputación gracias a su combinación explosiva de speed, thrash y heavy metal clásico. Dominum han irrumpido con fuerza gracias en la escena con su particular universo conceptual, metal melódico y el power metal se mezclan en una narrativa oscura y cinematográfica inspirada en el imaginario zombie.
Abono completo y todas las modalidades de entradas disponibles a través del siguiente enlace:
https://zliverock.com/entradas/
La 11ª edición del Z!Live Rock Fest que tendrá lugar del 11 al 13 de junio del próximo año en Zamora desvela el reparto de bandas por días y la opción de upgrade a abono.

Con más del 50% del aforo vendido, la entrada de día pasa a 90€ + gastos con la opción exclusiva de upgrade a abono por un suplemento de 60€ + gastos. Con la distribución por días de todas las bandas anunciadas hasta el momento quedan pendientes la confirmación del cabeza de cartel para el jueves y una gran banda de metalcore. Para la jornada de viernes se espera el anuncio de un segundo cabeza de cartel y tres bandas más. El sábado, día grande del festival, tiene pendiente la presentación de cuatro bandas más. El abono completo tiene un coste de 130€ + gastos, todas las modalidades de entradas están disponibles a través del siguiente enlace:
https://zliverock.com/entradas/
La 11ª edición del Z!Live Rock Fest que tendrá lugar del 11 al 13 de junio del próximo año en Zamora presenta una nueva tanta de confirmaciones. Los renovados Delalma, la leyenda noruega del black metal sinfónico Emperor y las formaciones vascas Su Ta Gar y Latzen se unen a un plantel compuesto hasta el momento por nombres del calibre de Twisted Sister, H.E.A.T., Tesseract, Soziedad Alkohólika, Brothers Of Metal y Serious Black, Romanthica, Noah Histeria y Xeria.

Abonos disponibles en la web oficial del festival:
https://zliverock.com/entradas/
Repaso gráfico a las actuaciones de la jornada de viernes en el Z! Live Rock Fest con Salduie, Injector, Morphium, Noctem, Angelus Apatrida, Alestorm, Accept y Saurom como protagonistas.




































Fotos: José Ángel Muñiz
Segunda jornada del Z! Live Rock Fest donde nos las prometíamos muy felices gracias a un cartel con Salduie, Morphium, Noctem, Angelus Apatrida, Alestorm, Accept, Saurom y Lujuria. De nuevo con una meteorología que respetó a los zlivers y muchas ganas de pasar un gran día.
Pero empecemos por el principio. La jornada arrancaba al mediodía con los acústicos Kinnia y Débler Eternia, en la Plaza de Viriato a los que lamentablemente no pudimos acudir, cosas de tener nuestra base de operaciones a casi 100 kilómetros del festival. La velada anterior había sido larga con el desplazamiento desde Asturias y tocaba cargar baterías para lo que se avecinaba.
Ya en la tarde azotaba el sol en Zamora cuando los maños Salduie irrumpen en el Silver Stage y la gente tarda nada y menos en subirse a su particular folk metal. Muchos y variados los instrumentos que desplegaron sobre las tablas pero potente y nítido el sonido que emanaba del escenario. Las performances, arriba y abajo del mismo, sumaron a su propuesta. Y entre cortes bien construidos y altas dosis de diversión, resultaron el mejor antídoto al calor reinante.

Del folk metal de Salduie saltaríamos al thrash fulgurante de los cartageneros Injector. Y podríamos decir que el cuarteto fue una de las grandes sorpresas del viernes. No porque inventaran nada sino por la firmeza y a ratos también el feeling que entregó su propuesta. Con el guitarra Dani MVN llevando la voz cantante y Mafy ayudando en coros, enfrentaron a la audiencia del Z! Live sin ningún tipo de miramientos y, a fe mía, sumaron un puñado de nuevos afines a su causa.

Desataron incluso algún circle pit y en general hubo bastante movimiento durante el set. Ellos no se olvidaron de derrochar buenos detalles técnicos, siempre encapsulados en cortes rápidos, a veces violentos, pero siempre con un toque de cierta clase. Puro thrash old school para el día más estatal del Z! Live.

Con Morphium llegaría el tercer giro de tuerca de la jornada. Metal contemporáneo con elementos que iban desde el groove hasta el gothic, todo embalado en composiciones hábiles con Alex Bace al micro como inquieto maestro de ceremonias. Aunque contundentes, curiosamente, me agradaron en sus momentos más melancólicos. El público del Z! Live pareció disfrutar de sus breakdowns más marcados y violentos. Que me agradaran aún practicando un tipo de metal que no acostumbro a consumir, me parece el mejor de los halagos.

Hubo como digo bastante movimiento al frente del Silver Stage. El propio Bace no quiso perder la oportunidad de mezclarse con los suyos y bajó varias veces hasta las vallas, para ya casi al final, ser llevado en volandas por decenas de zlivers. Venían de girar por medio mundo y desde luego se les notaron las tablas y el rodaje. Una banda con un sonido propio y que, a buen seguro, no dejó a nadie indiferente a su paso por Zamora.

Siempre se hace raro un concierto de black metal a pleno sol. De ahí que los valencianos Noctem no lo fueran a tener nada fácil. Apretaba el astro rey cuando la banda, la imagen es lo primero, tomó el Copper Stage. Violentos y rabiosos, como mandan los cánones. Dispuestos a dar una buena ración de metal extremo a los más valientes. Servidor aprovechó entonces para echar un vistazo en los puestos de merchandising. También para estrechar lazos, que es algo para lo que también sirven eventos como este. Para cuando volví frente al escenario, la banda se deshacía en agradecimientos a quienes aún apoyan la escena extrema en nuestro país. Prometo mayor atención la próxima ocasión.

Y de Valencia a Albacete. El cuarteto thrash Angelus Apatrida no necesita de muchas presentaciones. La banda llegaba a Zamora en un gran momento de forma, empañado si acaso por la polémica surgida hace escasas fechas en torno al fondo de inversión KKR. En lo musical se mostraron tan sólidos como siempre. Si, además, el sonido acompaña, como fue el caso, la banda da con la tecla y bien pronto confirma su estatus. Para cuando suena “Indoctrinate”, hay liada una tremenda en Zamora. Guillermo derrochó voz y carisma, como en él viene siendo habitual, y Angelus Apatrida rubricaron otro gran set.

“Cold” nos recordó al mencionado “Aftermath”. El sonido era realmente atronador. Me atrevería a decir que uno de los mejores de la jornada. Ellos sin embargo no perdieron la ocasión de revisitar cortes más antiguos, como ese ya lejano “Give ‘Em War” o la más reciente “Sharpen The Guillotine”, con el mejor Guillermo de la jornada. En mi sincera opinión uno de los mejores estribillos de todo su repertorio y un cuarteto que sonaba todo lo sólido y potente que de él se esperaba. Como diría un clásico, no han inventado el pan pero saben hacer buenas tostadas. Ajenos a polémicas, reivindicaron su posición como punta de lanza del thrash estatal. Atravesando su mejor momento.

Del thrash punzante de Angelus Apatrida al metal pirata y fiestero de Alestorm. La banda llegaba a Zamora a escasas fechas de la edición de “The Thunderfist Chronicles”, su nueva obra de estudio. Y ya de entrada llama la atención su puesta en escena. El fondo verdinegro y los enormes patos inflabes. En definitiva se preveía fiesta y fiesta fue lo que ofrecieron.
No fue poca la gente que se acercó a verles. Pero me sorprendió la buena acogida que tuvo un corte de reciente creación como “Killed To Death By Piracy”. Pegadizos y disfuncionales, todo sea por la fiesta, se percibió tanto movimiento arriba como abajo del escenario. Ellos siguieron desgranando temas sin un segundo que perder. El set, de hecho, había comenzado con cinco minutos de adelanto con respecto al horario marcado. No serían ellos quienes se ahogaran justo en la orilla. “The Sunk’n Norwegian” fue quizá mi favorita de esta primera parte del set…

… pero es verdad que su propuesta corre a veces el riesgo de volverse un tanto repetitiva. No pareció ser el caso de una audiencia, muy joven por cierto, que disfrutó a lo grande de cortes como “Mexico” o “Zombies Ate My Pirate Ship”. Yo por mi parte agradecí alguno de los temas más lentos, por aquello del cambio de dinámica, pero en líneas generales diría que me agradaron. Son la cara más lúdica del género y como tal hay que entenderles.

El choque generacional entre el público de Alestorm y el de Accept fue, de largo, una de las notas más curiosas del viernes. Los más talluditos se plantaron frente al Silver Stage prestos a recibir a la legendaria formación alemana, ya con el espigado Wolf Hoffmann como único superviviente de sus años de gloria. ¿Pero qué importa cuando la banda, Mark Tornillo mediante, parece estar en mejor forma que nunca?
Al show de Accept se le puede achacar lo estudiado / premeditado que resulta todo. Dispusieron una cuidada puesta en escena, correspondiente a la gira de su último álbum “Humanoid”, pero el suyo sin embargo sería un set con la nostalgia como bandera. Con tres guitarras arriba del escenario, son “The Reckoning” y la propia “Humanoid” las que inauguran el set. Tornillo se mostró tan seguro, tan potente, como de él se esperaba. Parco en movimientos, es verdad, pero sin mácula en cuanto a despliegue vocal. Siempre en ese tono raspado que le caracteriza, comandando con mano firme a la bien engrasada maquinaria teutona.

Pero es cuando suenan “Restless And Wild” y “London Leatherboys” que el Z! Live es uno con la banda de Hoffmann. Reconozco que no me esperaba algo como “Straight Up Jack”, corte de su último álbum, pero dueño de un riff de los de toda la vida. La audiencia, claro, recibió de mucha mejor gana el pequeño medley (“Demon’s Night”, “Starlight”, “Losers And Winners” y “Flash Rockin’ Man”) que introdujeron. Mucha clase en riffs, un sonido nítido y potente, quizá eché en falta el sacar un mayor jugo al electrónico de fondo. Pero ya digo que en lo musical apenas cupieron pegas.

Porque eran el cabeza de cartel del viernes y ejercieron como tal. En particular cuando encararon la recta final desgranando un clásico detrás de otro. Todo sin que Tornillo perdiera la voz ni Hoffmann la sonrisa. “Princess Of The Dawn” sería de hecho uno de los cortes más coreados no ya de la jornada en concreto sino que del festival en general. Otro tanto se podría decir de “Metal Heart”. Estribillos que son verdadera historia de esto. La tripleta final, no por esperada, resultó menos gozosa: “Fast As A Shark” representó la nota más trotona del set, mientras que “Balls To The Wall” puso a prueba nuestras gargantas y ya finalmente “I’m A Rebel” cerró con su cara más lúdica y festiva. Un set ágil y diverso, desarrollado apenas sin mácula y en el que Accept, sobre todo, dejaron la sensación de tener cuerda para rato. Pocas bandas de su quinta estarán, a día de hoy a nivel semejante.

Pero al cartel del viernes aún le quedaba mucha guerra que dar. Y es que todos unos Saurom vendrían entonces a tomar posiciones en el Cooper Stage. Acudían los de San Fernando en defensa del aún caliente “El Principito” y no fueron pocos los que se posicionaron prestos a disfrutar de su conocido folk metal.
Y la cosa empieza siguiendo los mandatos del libro de estilo. Esto es, recurriendo al comienzo de su último álbum de estudio. Miguel A. Franco pareció mostrar un buen estado de voz y la banda sonó todo lo redonda que los suyos esperaban. Al menos en las inmediaciones de la mesa de sonido donde me encontraba. Lúdicos sin llegar al desparrame de Alestorm. Heavies sin llegar a la hondura (y en cierto modo) la crudeza de Accept, pero una banda que ha ido forjando su leyenda a base de esfuerzo y buenas canciones.

Y aunque reconozco que nunca me han llegado a enganchar, es encomiable el modo en que conectan con la gente. Una banda con el directo como fin, y no al revés, como tantas veces ocurre con formaciones del género. Sonaron muy redondos y es de agradecer. En el camino de ser verdaderos referentes toda vez los grandes nombres vayan cayendo en el inevitable retiro.

Para el cierre quedaba el particular heavy metal de los segovianos Lujuria. Óscar Sancho, luciendo un abrigo de cuero y tachas que ni Rob Halford, fue una vez más maestro de ceremonias. Nosotros, como quiera que les veremos en la próxima edición del Luarca Metal Days, y teníamos no menos de cincuenta minutos de coche hasta nuestro centro de operaciones, optamos por una pronta retirada. Somos fuego por dentro, corazón de heavy metal, sí, pero de vez en cuando también nos merecemos un descanso. Quedaba aún la jornada del sábado y había que reponer fuerzas. Nos vemos sin falta en Luarca.
Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz
Con todo el papel vendido a 5 meses de su parada en Madrid, la leyenda germana Helloween confirma nuevo concierto en la capital del estado. La nueva cita con el combo de la calabaza tendrá lugar el domingo 16 de noviembre en la misma ubicación, la Cubierta de Leganés.

De la mano de Z! Live On Tour los alemanes volverán a ofrecer sus himnos atemporales con los tres vocalistas icónicos de su trayectoria al frente, Kai Hansen, Michael Kiske y Andi Deris. Por su parte Beast In Black repetirán como banda invitada, el quinteto finés ofrecerá su particular propuesta sonora, metal melódico moderno con influencias pop y la música disco.
Entradas disponibles a través de Ticketgate
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Grada: 70€ + gastos