Resumen gráfico de la mitad de show de los gallegos Zålomon Grass que pudimos disfrutar el pasado sábado 13 de septiembre en Oviedo. Finalizado el paso de Europe por la capital asturiana tomamos rumbo a la Plaza de Feijoo con la esperanza de llegar a tiempo de captar algún instante del incendiario directo del trio vigués compuesto por Gabriel Mckenzie (guitarra y voz), Mauro Comesaña (batería y coros) y David Rodd (bajo y coros). Tras su paso por Gijón en el mes de mayo (crónica) tenía lugar la segunda parada en nuestros escenarios de la gira promocional de su nueva obra de estudio «Trouble In Time«. La coincidencia de fecha con la leyenda sueca evidentemente restó audiencia a los gallegos aunque no fueron pocos los que se acercaron como nosotros para ser testigos de un tramo final de show que no defraudó a nadie a base de intensidad y grandes dosis de elegante hard rock. Prometen volver muy pronto, así que estaremos muy atentos a las novedades que nos lleguen desde Vigo.
Servidor, aquejado durante la semana de un proceso estomacal, acompañado incluso por leves mareos, no las tenía todas consigo de cara al fin de semana. Pero Zålomon Grass venían a la ciudad y había que hacer el esfuerzo. El show, previsto inicialmente para el Tizón, recaló finalmente en un Bola 8 que acogería la parada asturiana del trío vigués. Venían en representación del estupendo “Trouble In Time” (reseña) y no dejaron títere con cabeza.
Lo primero porque el arranque, a puro gong, de “Ruins Of The Moderna Past” ya deja a las claras que el sonido va a estar a la altura de una banda como esta. Vibrantes ya en estos primeros compases, con un Gabriel Mckenzie cuya voz parecía más que en forma, y la base rítmica del bajo David Rodd y el batería Mauro Comesaña moldeando su acostumbrado rock and roll de hechuras clásicas. Valga la redundancia. “Heard It On The News” ofrece a unos Zålomon Grass más tendidos en lo que sería casi una máxima a lo largo del set: la alternancia entre cortes más nerviosos y otros más a medio gas. Aquí Rodd tendría un mínimo, casi fugaz percance con su cuatro cuerdas. Que esta nimiedad fuera el único borrón de toda la descarga creo habla a las claras del buen momento en que llegaron a tierras gijonesas. Y es que Mckenzie arranca el solo con el pie al wah y la banda parece entregar su mejor versión.
Tras los agradecimientos del propio vocalista a Silver, encaran “12 Labors”, que con el correr de las escuchas ha terminado por convertirse en una favorita de su último álbum. Con Rodd y Mckenzie encontrándose al frente del pequeño escenario primero y procurando una pequeña jam después. Apuntaló Comesaña en coros y el Bola 8 vibró con ellos. Enfrentaron entonces “Bad Combination”, que fuera segundo single tal y como comentó Mckenzie, quien nos había pedido que nos acercáramos lo más posible a su banda. Mucho gancho el que desplegó este riff, buenos coros de Rodd y Comesaña y, finalmente, uno de los solos con más feeling de todo el set.
“Somos Zålomon Grass y venimos desde Vigo”, comentó entonces el espigado vocalista, si bien alguien del público les recordó que en realidad desde Zamora, pues habían tocado allí en la jornada anterior. Era el turno del tema que da título a su último álbum, esa “Trouble In Time” y su inicio tendido y clásico, que contrastó con la mayor enjundia que desarrollaron después. Uno de los cambios de ritmo más marcados, también más hábiles, de toda la noche. Hubo un brindis por los amigos y el rock and roll. “El próximo tema se toca sin púa. Es más tranquilo y sexy”. Era el turno de “Private Show”, que ofreció su cara más blues rock y extrajo la mejor versión de un muy seguro Gabriel Mckenzie. Tenia un guión en mi cabeza con respecto al show y la pequeña paradiña en “Harder To Rise” o la versión más acelerada de “Too Late Now” fueron dos de las pocas salidas del mismo que se permitieron. La jam que procuraron aquí, la tremenda pegada de Comesaña en el tramo final. Por momentos daban la impresión de ser una banda llamada a hacer grandes cosas y a la que recintos como el Bola 8 se le quedarán pequeños más pronto que tarde.
El relativo descanso de “Contradictions” les vino bien a los chicos. Pasábamos ya de la hora y veinte de set y todavía tuvieron fuelle para entregar una rotunda “Groove To Prove”, que da con Rodd y Mckenzie de rodillas durante otra pequeña jam. La calma de ese pequeño escorzo vino a contrastar con el mayor fuelle que desarrollaron después. Buenos solos de un certero Mckenzie aquí, una máxima que se mantuvo durante toda la descarga. Quedaba la traca final, esto es, una “The Drill” donde Mckenzie y Rodd bajan mezclarse entre la gente. Un cierre frenético y adrenalítico, con el trío vaciándose a conciencia, y que fue el mejor testimonio del buen momento que atraviesan. De la tremenda proyección que tienen si es que aún queda algo de justicia en ese viejo invento que es el rock and roll. Feeling a raudales, grandes canciones y un directo a la altura.
A fe mía que mereció la pena hacer el esfuerzo. Heavy Metal Brigade estuvo en el anterior paso de por la región de Zålomon Grass (crónica) y esta nueva venida nos confirmó que estamos ante una verdadera banda de culto. Con apenas un par de discos en el zurrón pero un directo y una seguridad en lo que hacen que, ojalá, no caigan en saco roto. La pelota está en nuestro tejado. Mientras tanto ya saben: nos vemos en el siguiente.
Nuevo disco para los hard rockeros clásicos de Vigo Zålomon Grass, viejos conocidos de esta casa y que, salvo catástrofe, estarán el próximo nueve de mayo en el Tizón gijonés. Ellos son Gabriel Mckenzie (guitarras eléctricas y acústicas, voz solista, coros), David Rodd (bajo eléctrico, guitarra acústica, coros) y Mauro Comesaña (batería, percusión, coros). “Trouble In Time”, para el que han contado con las colaboraciones de Iñigo Bregel, Ramón Figueira “Figui” y Alfonso García “Eski” se grabó a caballo entre los estudios Guitartown Recording Studios (Muriedas, Cantabria) y Rodd Studios (Vigo). Con Hendrik Röver y el propio Rodd como ingenieros, encargado este último de la mezcla y Röver de la masterización. María Llauger creó la portada sobre un concepto de trío gallego y todo el conjunto vio la luz el pasado diez de marzo.
“A Thing Of The Youth”, con Iñigo Bregel metiendo un Hammond por ahí, pone de relieve a los Zålomon Grass más vibrantes e incendiarios. Un hard trotón que llega a lindar con el heavy metal más iniciático y donde Comesaña entrega una imparable línea de batería. Cabe destacar la estupenda producción y mezcla de la que goza el álbum. El hábil juego entre canales es buena muestra. Este acelerado hard no quita para que Rodd brille desde las cuatro cuerdas. Tanto a lo largo de las estrofas más fulgurantes como en ese puente en el que las teclas de Bregel consiguen que la rima con Deep Purple sea casi inmediata. Un eficaz arranque con el fade out previo al epílogo como única pega.
El prólogo y las primeras estrofas de “Ruins Of The Modern Past” moderan ese hard tan vibrante del tema apertura y se conducen por otro de esos medios tiempos en los que tan bien se maneja el trío. Un avanzar más comedido que procura no olvidarse de mostrar el buen nivel técnico que atesoran. Los engarces entre las distintas estrofas son estupendos. Tienen clase y feeling. Mckenzie traza un solo que la mezcla llevará de un canal a otro, provocando una sensación curiosa si estás con auriculares. El puente que construyen a continuación y por el que habrán de colarse los Zålomon Grass más tranquilos y alucinados, viene acompañado de uno de los solos más interesantes por curiosos de todo el álbum. El trío se acerca tímidamente al blues para después recuperar aquella intensidad inicial y terminar con Mckenzie soleando a placer. Una de mis favoritas con el correr de las distintas escuchas.
“Bad Combination” sorprende con ese inicio tranquilo y reposado. También con la forma en que coloca la voz en un canal y el resto de líneas en el contrario. Esa calma inicial se quiebra para que el trío introduzca uno de los riffs con más gancho de todo “Trouble In Time”. Ruge además el bajo de un siempre inspirado Rodd y por ahí la banda compone un rock pegadizo (que no pegajoso) por otro lado no exento de esos dejes espaciales y alucinados en ellos tan característicos. La nota de color, no obstante, la pondrá Ramón Figueira con su armónica, decorando un vistoso y atractivo tramo final.
Tras la narración del prólogo, “Twelve Labors” desata ahora a unos Zålomon Grass algo más sureños. Mckenzie ha llevado a cabo aquí uno de los trabajos más interesantes en cuanto a riffs y melodías se refiere. Los primeros tienen gancho, a las segundas no les falta clase y, por si fuera poco, los solos con que engarza las distintas estrofas son fantásticos. Un corte que baila entre aromas zeppelinianos y en el que siento en todo momento que la banda vuela altísimo. Y el oyente con ella. En especial por cómo saben hacer gala de su buen nivel técnico sin llegar nunca a una mayor autocomplacencia. En otras palabras: es un temazo.
Escrita originalmente por Bobby Womack & JJ Johnson y re arreglada por la propia banda, “Across 110th Street” puede no resultar tan ambiciosa. Al menos en lo tocante al reloj. Pero es jueguetona, vivaracha y las congas de Alfonso García “Eski” no dejan de aportarle un aire muy particular, recordándome en cierto modo a aquella “Hechicera” de los ahora (tristemente) desaparecidos psicodélicos asturianos Acid Mess. Uno de esos cortes que he terminado disfrutando más con el corazón que con la cabeza.
Conecto en gran medida con ese transcurrir apaciguado de “Trouble In Time (suite)”. Estos son los Zålomon Grass más tendidos y elegantes. En esa calma que proponen sus primeras estrofas Gabriel Mckenzie traza una muy cuidada línea de voz. Todo el primer tercio de la composición le sirve al trío gallego para traer al frente su cara más experimental. Sin alardes y en su punto justo con la introducción de esos aires más blueseros que nos conducen hasta el puente. La calma de éste, rota por un vibrante Mauro Comesaña tras los parches, sirve en bandeja su cara más abiertamente gozosa y hard rockera. Hay líneas de voz en este tramo final que llevan días anidando en mi subconsciente. Mckenzie las saca adelante en su registro más alto y la banda termina por trazar un corte que apunta desde ya a fijo a perpetuidad en sus directos.
El de “I’m Feelin’ Lonely” es uno de esos riffs capaces de llevar en volandas a cualquiera. Tanto o más que esa infecciosa línea de bajo de David Rodd. Con la guitarra de Mckenzie aportando un mayor grosor ahora, si algo me gusta aquí es cómo la banda ha trazado toda una suerte de altos y bajos, idas y venidas, sin que el tema en su conjunto pierda un ápice de eficacia. Más bien al contrario. Pensar en los Queen más clásicos toda vez irrumpen los coros del tranquilo puente supongo que resulta casi inevitable. Los arreglos, la pegadiza y casi bailable base rítmica, los guitarrazos de Mckenzie. Todo el tramo final es magnífico.
A estas alturas del álbum puede que el riff que acompaña a las estrofas de “Contradictions” no capte tanto mi atención. Y da igual porque Gabriel Mckenzie vuelve a estar finísimo a la hora de componer y ejecutar sus líneas de voz. Un rock ahora más tendido ofrece a los Zålomon Grass más amables y apaciguados. Ahí me gusta la forma en que introducen el solo de guitarra. Un solo que puede pasar por el más ambicioso de todo el álbum. Y aunque quizá todo el tramo final y en lo que a mí respecta pase algo más inadvertido, lo cierto es que en resumidas cuentas me parece una más que honesta, cuidada y eficaz adición al catálogo Zålomon Grass.
Apenas dos años han transcurrido desde aquél estupendo “Space Opera” y pareciera que los chicos no tienen un solo segundo que perder. Un álbum que no llega a los cuarenta minutos pero en el que la banda vuelve a brillar como acostumbra. Sabiendo como sabemos además lo mucho que gana en directo una banda como esta, no podemos por mas que congratularnos del buen nivel que el trío muestra a lo largo y ancho de este “Trouble In Time”. Su rock “vintage” supone todo un soplo de aire fresco y orgánico como contrapunto a una realidad cada vez más líquida y artificial. Que nunca nos falte.
Con nuevo disco en el zurrón el power trio vigués Zålomon Grass regresa a los escenarios asturianos tras su paso en el 2024 por la Factoría Cultural avilesina (crónica). La presentación de «Trouble In Time» tendrá lugar el viernes 9 de mayo en el gijonés Bola 8 como nueva ubicación tras el fin de la programación en el Tizón Sound debido al inesperado fallecimiento de su propietario.
Compuesto, arreglado y producido por la propia banda, la grabación del álbum se ha llevado a cabo en los Guitartown Recording Studios de Muriedas (Cantabria) y en Rodd Studios (Vigo) con Hendrik Röver (Guitartown) y David Rodd (Rodd Studios) a los mandos respectivamente. Cuenta con las colaboraciones de Iñigo Bregel que aportó el Hammond en «A Thing Of The Youth«, Ramón Figueira «Figui«, armónica en «Bad Combination» y Alfonso García «Eski«, congas en «Across 110th Street«. Editado el pasado 10 de marzo en formato digital y CD, en vinilo verá la luz próximamente vía Discos Macarras.
Llegaban los Zålomon Grass a nuestra querida Factoría Cultural avilesina inmersos aún en la presentación de “Space Opera”, del que os dimos cumplida cuenta hace escasas fechas por aquí, y la cita bien valía sobreponerse al pequeño proceso gripal que me lleva acechando desde mediados de semana. «Sold Out» en la puerta, casi una constante ya en los conciertos que plantea el recinto, y la casi total seguridad de tener un bolo de los buenos ante nosotros.
El arranque cuando pasan pocos minutos de las diez no puede ser más eléctrico, en forma y fondo, vemos a un trío (G. Mckenzie en voz y guitarras, David Rodd en bajo y coros y Mauro Comesaña en batería y coros) decidido a divertirse y divertirnos. Responde una Factoría muy por la labor ya desde los primeros instantes. Público siempre fiel y disfrutón y una banda que si bien arrancó con un sonido algo enmarañado, iría ganando enteros con el correr de los temas.
Temas como “Heard It On The News” de ese estupendo primer largo nos dejan bien a las claras el nivel que atesoran como músicos. Es aquí que Rodd luce sobremanera desde su Fender de cuatro cuerdas para regocijo de los más puristas. La banda, con una puesta en escena de lo más básica y elemental, lo fía todo a sus ganas de comerse el mundo y parecen vencer en el cometido. Aquí G. Mckenzie aprovecha para los obligados agradecimientos y Avilés responde con el calor que en él es habitual.
Es precisamente G. Mckenzie quien abusa de sus seis cuerdas primero en “All Hands On Deck” para después terminar por los suelos al tiempo que despliega solos de feeling casi inabordable. El trío vigués parece tener en él a un frontman de altura, pues no fue menor el nivel de entrega que mostró en tareas vocales. Zålomon Grass vinieron a sonar más poderosos y contundentes que en su encarnación de estudio y uno no puede por más que pensar el cabreo que tendrán a día de hoy quienes se quedaron sin entradas para el concierto.
Esa encarnación más nervuda vino a manifestarse a través de una “Cosmic Relief” con G. Mackenzie haciendo uso y abuso de su CryBaby. Enganchó el trío aquí, pues no fue pequeña la ovación que se llevaron al término de la misma. “Vamos a tocar algo más suave”, anuncia el espigado guitarrista, y la banda brinda un tremendo “Private Show”, no exento de percances, pues el parche del bombo poco más y entrega bandera blanca. Al final nada que no arreglase un poco de cinta americana.
Se sucedían los temas y los vigueses no parecían capaces de desfallecer. No fueron pocas las veces que agradecieron el apoyo de la gente. La importancia de mantener viva la llama de la música en directo. Algo que en la Factoría cuidan con sumo cuidado. A la vista están los resultados. “Too LateNow”, una de mis favoritas del “Space Opera”, llena el recinto de ritmos calmos y tranquilos, amplifica el aire más bluesero de su encarnación de estudio y da cumplida muestra de la cintura que poseen los chicos a la hora de ampliar el rango de influencias que manejan.
“Groove To Prove”, huelga decir que con la banda sonando redonda pese a los pequeños percances por otro lado habituales del directo, se convierte en un verdadero pildorazo. Uno se pregunta cómo una banda con apenas cuatro años de vida es capaz de mostrar tantas tablas en vivo. Hay formaciones que parecen nacer con estrella y Zålomon Grass desde luego la mostraron el viernes. El final, como no podía ser de otra forma, correspondió a una “The Drill” a la que, parece, será muy difícil destronar de su privilegiada posición como broche final de sus shows. Si pasan por vuestra ciudad ni lo dudéis e id a verles. Ya nos lo agradeceréis después.
Es verdad que fue uno de esos shows que van de menos a más. Especialmente en lo tocante al sonido. Pero en cuanto encarrilaron y el público conectó con ellos, fue otro bolo para el recuerdo. Uno piensa que si en apenas cuatro años han demostrado ya tal nivel de cohesión, feeling e incluso pegada, inasequible al desaliento Comesaña tras baterías, qué no tendrá el futuro reservado para ellos.
Por nuestra parte nada más. Agradecer una vez más a Omar Fernández por todas las facilidades y mandar saludos a Michael Arthur Long (Drunken Buddha), Oscar Osmow, Carlos Suárez y Javier de Coupaud (Mad Rovers), José Antonio Fernández y a quien mi cabeza, embotamiento mediante, no acierta ahora a recordar. Ahora si me disculpan voy a tomarme un «requemao» caliente como la piel del sol. Nos vemos en el siguiente.
En colaboración con Hendrik Röver (guitarra clásica europea, Fender Rhodes y percusión), David Rodd (bajo eléctrico Fender, sintetizador y coros), Mauro Comesaña (batería, percusión y coros) y G. Mckenzie (voz principal, coros, guitarras eléctricas, guitarra de doce cuerdas y guitarra acústica) están detrás de “Space Opera”, el primer largo de la agrupación psicodélica gallega Zålomon Grass. Un compendio de ocho temas grabados en los Guitartown Recording Studios de Muriedas (Cantabria) por el propio Röver y posteriormente mezclados y masterizados por David Rodd sus Rodd Studios de Vigo (Galicia). Lo adorna un arte de María Llauger y Mauro Comesaña sobre la ilustración de Archibald Ingram “El Buque De Su Majestad Real Decapitator En Persecución”. Recordar asimismo que la banda se encuentra actualmente en gira con parada en la avilesina Factoría Cultural el próximo tres de febrero.
“Cosmic Relief” ataca desde el primer instante con un riff principal repleto de gancho y ese groove entendido a la manera clásica que tantos y tan buenos resultados acostumbra a dar. El orgullosamente sonido retro de la banda reverbera en un interesante y cuidado juego entre canales y mientras que la voz destila con gusto y clase los estribillos, la producción pone todo de su parte cara a discernir cada línea. Buenos cambios de ritmo aquí y allá, auténtico subibaja en lo que a trazo se refiere, si bien siento que el pequeño escorzo de calma que irrumpe a modo de puente bien merecía algo más de espacio. En cualquier caso por ahí surgen estupendas líneas de bajo, la desgastada producción y un epílogo que se atreve a bordear el funk, como si el resto del corte no fuese, ya de por sí, una verdadera maraña de sonidos. La manera en que tanta ida y venida cabe en apenas tres minutos y medio sin que nada suene forzado ni artificial no deja de tener su mérito.
Por ahí que “The Drill”, carta de presentación de esta peculiar ópera espacial, resulte mucho más acomodada. Que no fallida. Porque si “Cosmic Relief” brillaba en lo que a riffs se refiere, esta lo hará en lo tocante a solos. Concisa, directa, orgullosamente rockera, sin el pulso tan vitriólico ni aquella escritura casi dislocada de su predecesora. Pero hábil sin embargo a la hora de destapar a los Zålomon Grass más crudos y viscerales.
“I know just how you feel but I know that you know the drill”,
“All Hands On Deck” emerge de la calma y para conducirse por ella mientras destapa ahora a unos Zålomon Grass a medio gas, calmos y elegantes, abandonando toda gravedad, comandados por la fina línea que marca Comesaña tras los parches. Se elevan después mientras deriva hacia un aire más blues rock que parece les viene como anillo al dedo. Y es que si por algo destaca no ya este corte en concreto sino el álbum en su conjunto es por la propia versatilidad de la banda, que siempre en el terreno del más puro clasicismo, sabe acoger ese amplio abanico de influencias y apostarlo en unas canciones que, sin embargo, nunca suenan ajenas ni forzadas. De las ocho que componen este “Space Opera”, puede pasar “All Hands On Deck” por mi favorita. Por ese trazo tan cuidado, por los buenos detalles que surgen de sus guitarras o por lo certero del estribillo.
Inicio igualmente tranquilo el de “Harder To Rise”, que sin embargo transita más adelante hacia una versión un tanto más épica de su habitual vintage rock. Se hace la calma sin embargo toda vez acuden las primeras estrofas. Aquí me agrada la construcción de estas y la forma en que se van elevando de cara a los distintos estribillos. Clásico, funcional, no es la primera vez que has oído algo así pero los Grass se las arreglan para que el recurso suene, de algún modo, fresco y vibrante. Una melancolía casi palpable recorre el cuidado estribillo. Y mientras que al puente acude aquél deje más épico, casi sinfónico incluso, apenas intuido en el prólogo, el solo que irrumpe después se amolda al corte al que adorna con precisión cirujana. En opinión de este humilde juntaletras, otra de las grandes del redondo.
Sin llegar a aquella versión descarnada de la anterior “The Drill”, lo cierto es que “Heard It On The News” hace por recuperar parte del nervio perdido. Se mantiene por ahí en un curioso equilibrio entre el innegable gancho que ofrece su riff principal y una escritura, esta vez, algo más apaciguada, que no plana. De resultas surge un corte más sencillo, que me afecta en mayor medida al corazón que a la cabeza, y con el que conecto solo a veces. El solo final es de mérito, así como esos coros casi mistéricos que lo acompañan. Pero ya digo que, en líneas generales, encuentro otros cortes aquí presentes mucho más interesantes y atractivos.
Me encanta sin embargo “Too Late Now” y el aire a antro a media luz que de él se desprende. Es esta una versión casi desnuda de Zålomon Grass, por ahí diferente al resto del tracklist, que se roza con el blues más formal mientras teje una cuidada, casi delicada línea de voz, para en la mayor tradición del género, desembocar en un solo en fade out. Disculpo ese final algo abrupto si su encarnación en directo, de haberla, nos lleva a al tan mágico como enigmático terreno de la improvisación.
Con un bajo casi predominante en la mezcla se presenta una “Groove To Prove”, que de nuevo vuelve a poner la aguja de la intensidad en zona roja. Estrofas casi desnudas, estupendos guiños de guitarra aquí y allá pero sobre todo un riff capaz de derribar montañas. Me enganchan los gallegos aquí por construcción y, consecuencia segura de lo mucho que les he estado escuchando los últimos meses, el nombre de los californianos Rival Sons sobrevuela casi a cada golpe de caja. Uno de los cortes que más hace por destapar la buena nota de estos Zålomon Grass como músicos…
… pero de todos los que componen este primer largo, “Don’t Let Me Go Down (Space Opera)” es hasta el momento el que más huella ha dejado de todos. Porta ya de entrada un riff tan simple como efectivo. La entrada de la base rítmica y como la mezcla vuelve a jugar con los canales, fundamental a veces el uso de auriculares a fin de apreciar según qué detalles, suben ya la nota con el corte apenas iniciado. Sucede después que las estrofas acampan en el territorio de la balada, con Mckenzie en su encarnación más dulce, que no sacarina, y los gallegos construyen un crescendo que divaga entre la balada clásica y un psych algo alucinado primero y más vibrante después. Es cierto que todo parece anticipar un final más grave que finalmente no llega. No menos verdad es que la alternancia entre guitarra y coros que precede a su epílogo es estupenda. Riada de buen gusto como poderoso broche final.
Psicodelia clásica de la que tanto gusta en la querida y apreciada Factoría Cultural de Avilés. Reconozco tenía fuera de mi radar a estos Zålomon Grass y que he disfrutado como un enano con este primer álbum. También con la escritura de una reseña como esta. El suyo es un género algo ajeno a quien escribe, no creo pase nada por reconocer el hecho, y sin embargo encuentro en él bastantes asideros a los que agarrarme. Empezando por el buen nivel técnico que han demostrado aquí, continuando con el abanico de influencias que aglutinan, amén del buen gusto a la hora de implementarlo a lo largo de los ocho cortes. Cierto que entremedias hay trazos e ideas con las que no he llegado a conectar del todo. Pero en suma siento que son muchos más los aciertos que los errores. Queda por tanto nada más que comprobar qué tal los defienden en vivo el tres de febrero. Si nada ni nadie lo impide por allí estaremos.
Dentro del nuevo ciclo de conciertos para el 2024 orquestado por Factoría Sound recordamos el paso por el escenario de la Factoría Cultural de Avilés de los vigueses Zålomon Grass. El trio compuesto por Mauro Comesaña (Soul Jacket, Los Naipes) a la batería, David Rodd (Jaguars, Karma Animal, You Dog!) al bajo y Gabriel McKenzie (Spoonful, You Dog!) como guitarra y voz abraza como estandarte un hard rock aderezado de buenas dosis de blues y psicodelia para ofrecer una de las propuestas más interesantes actualmente en el panorama rockero estatal.
El sábado 3 de febrero tendrá lugar la presentación en Asturias de su primer larga duración «Space Opera«, un álbum conceptual rico en matices analógicos con guiños velados y sutiles a obras clásicas del género, tanto lírica como musicalmente y del que tenéis cumplida reseña aquí.