Reseña: Alacrán «Luzifer» (Thundersteel Records 2024)

Nuevo Ep y ya van tres para los speed metaleros zaragozanos Alacrán: Christian Oliva “Oli” en guitarras, Diego Lafuente “Petroski” al bajo, Roberto Monforte “RK” en baterías y Sergio Lasmarías “Cachorro” al micro. Formados allá por 2012, debutarían dos años más tarde con un Ep homónimo al que seguiría “Siempre En La Brecha” ya en 2016. Ahora por fin nos traen nuevo material bajo el título “Luzifer” y con los propios Petroski en tareas de producción y master y Oliva en lo tocante a grabación y mezcla. Con arte del Hitten Dani Meseguer, el trabajo se encuentra ya en la calle vía Thundersteel Records.

Luzifer”, que arranca directa y sin contemplaciones, ya muestra la clase de metal tan rugoso como ágil del que gustan los zaragozanos. Baterías de sonido muy años ochenta, voces inundadas de reverb y riffs sacrificados a la propia velocidad de la composición. Speed metal en una onda que bien podría recordar a gente como Agent Steel, primeros Paradox o los Metal Church menos thrash. Pocas fisuras derivan de ese trazo tan elemental. La banda cita a Muro como influencia y algo de la banda de Silver se deja notar en los coros que acompañan a los estribillos. Para nada un mal solo el que ocupa el tronco central, si bien conecto en mayor medida con la parte más melódica del mismo y no tanto con esa segunda parte, algo más rutinaria. Más atinado el que emerge camino al prólogo y que anticipa ese final de corte más épico. Con sus más y sus menos, un más que digno arranque.

El riff de “Halcones De La Noche” tiende más al power primigenio. Aquél de los primeros Helloween, Rage, incluso Grave Digger. RK está firme al doble bombo y Petroski emerge para redondear la buena base rítmica de un interesante segundo corte. Y es que la banda suena ahora más compacta y entera. Ayuda el fondo, pero también la forma, que resulta por un lado menos predecible en escritura y por el otro más atractiva en lo que a puro desempeño técnico se refiere. Equilibrado el solo que Oli desliza aquí, hábil a la hora de conjugar melodía y rapidez. Finiquitan con un epílogo a la Maiden, que si bien algo recurrente, dudo escame a nadie que tenga a bien acercarse a una propuesta como esta. Cierto es también que Cachorro no es un dechado en contención precisamente. Género y estilo obligan, claro.

Alacrán habrán de echar el resto en “Síndrome”, corte más extenso del Ep y gran emblema del mismo. Todo arranca desde un prólogo empeñado en cambiarle el pie a las altas revoluciones que arrastraba hasta ahora el tracklist. Apenas un espejismo pues una vez alcanzamos las primeras estrofas, todo reconduce hacia el nervio habitual en los maños. Hay sin embargo una mayor dedicación en la construcción de estas, ahí donde nombres como el de los propios Hitten acuden rápido a mi subconsciente. Pero es interesante cómo la banda transige aquí hacia un tono algo más melancólico, imbricado no obstante en su habitual heavy metal enfebrecido y trotón. Algo que viene a jugar en favor de un Cachorro, a grandes rasgos, más comedido / menos chillón que en otros cortes más al uso. Puede que ciertos riffs me suenen un tanto manidos. Incluso el solo de Oli me resulta un tanto recurrente. La banda sin embargo suple carencias con actitud, lo cual tampoco parece mal síntoma.

Corre”, versión en directo de los asturianos Antídoto, palidece por el sonido un tanto lejano al tiempo que muestra una reinterpretación marcada por el aumento en las revoluciones. La cabra tira al monte. El sonido, un tanto lejano y hasta encajonado podría ser mejor, sí. Otro tanto se podría decir del otro corte en directo del Ep, este trallazo directo y sin contemplaciones que es “Kamikaze”, con un RK que apenas dará descanso a lo largo de estos tres minutos largos de metal ardiente y trotón.

Ni mucho menos el Ep más original de todos cuantos han pasado por estas líneas en lo que llevamos de año pero sí tal vez aquél que demuestra una mayor pasión por el glorioso heavy/speed metal de los años ochenta. Que si es precisamente lo que uno anda buscando y si se le perdonan las mencionadas carencias en lo que a sonido se refiere, no dudo propicie buenos ratos a más de uno.

Texto: David Naves

Reseña: Fan Ray «Cuento Del Mar» (The Fish Factory 2023)

Se hacen llamar Fan Ray, vienen de Zaragoza y la suya es una andadura que se inició allá por el año 2013 aunque no sería hasta dos años más tarde que debutaran con un Ep homónimo. A aquél primer conjunto de temas le siguió su primer largo “Metalzetamol” en 2018 y finalmente este “Cuento Del Mar” que nos han hecho llegar desde The Fish Factory. Ellos son Andrés Fandos y Santi Suárez en guitarras, Álvaro Molinero en baterías, Jorge Apesteguía al bajo y Toño Monzón en voces. Producido, compuesto y grabado en Estudios Producciones Sin/Con Pasiones con Marc Pascual como técnico de sonido y Michel a cargo del diseño gráfico, el álbum vio la luz a finales de septiembre del pasado año.

Preludio En El Mar”, introducción del trabajo que, particularmente en sus primeros instantes y acordes me recuerda, y no poco, al tema principal de la saga “Piratas Del Caribe”, Dios te salve Klaus Badelt, sirve en definitiva de perfecto preludio para “Libérame”, fresca andanada entre el hard y el heavy que, hablando de recuerdos, siempre trae a mi mente a aquellos Mägo de Oz de buenos álbumes como “La Leyenda De La Mancha” o “Jesús De Chamberí”, si bien aquí no hay flautas ni violines que valgan. Solo rock orgánico y pegadizo. Un estribillo que acude pronto en la composición, esa ligera despreocupación en los riffs y una línea de voz que, ya digo, va bien cargada de gancho. Bien desarrollado el solo que sitúan como anticipo del epílogo. Rara avis en estos tiempos que corren. Una buena dupla para abrir este cuento si sabes perdonar sus más que evidentes influencias.

El riff que dibujan en “Área 333” bien podría pertenecer igualmente a unos Judas Priest de discos como “Point Of Entry” o “Killing Machine”. Sin embargo, si hay un nombre que acude a mi subconsciente con cada escucha es el de los vallecanos Obús. De nuevo a caballo entre el hard y el heavy, trufado ahora de unos dejes más chulescos, quizá me resulte algo mecánica en estrofas. Ahí viene al rescate, en todo caso, un estribillo de esos que siempre funcionan. El solo vuelve a disponer de espacio y, en su clasicismo, el corte termina por funcionar mientras abraza las costuras más ochenteras del género.

Almas libres” y por seguir con las influencias, suele evocarme a los ahora desaparecidos hard/heavies madrileños Beethoven R. mientras dibuja una de las ejecuciones más lúcidas por parte del frontman Toño Monzón. Me agradan, ahora sí, sus estrofas, si bien encuentro los riffs que las apoyan un tanto desangeladas. Por ahí se cuelan no obstante buenos detalles por parte de Apesteguía. Un pequeño solo inclusive. Fan Ray siguen sin salirse del libro de estilo pero al menos se permiten pequeños guiños aquí y allá a fin de que el corte adquiera un grado más de personalidad. De ahí que con el correr de las escuchas haya terminado por entrar en mi nómina de favoritas.

Lo mismo podría decir de la más tranquila “¿Dónde estás?”. Medio tiempo elegante, donde es cierto que llega a chirriarme el sonido de la caja durante las partes más desnudas. Entiendo la intención, llenar el hueco que dejan las guitarras en esas estrofas. Pero su sonido llega a parecerme feo incluso. Aún con eso, la forma en que Fan Ray han sabido jugar con las distintas capas, lo bien trazados (y ejecutados) que están sus distintos crescendos, la delicada labor de Monzón y el acelerón final a lo Maiden terminan por inclinar la balanza a su favor.

Allí Estaré”, que me conquista a base de recuperar el brío que mostraba el álbum en su arranque, sorprende con una letra capaz de poner en riesgo a más de un diabético. También con un tratamiento de la voz de Monzón que, particularmente en estrofas, me hace pensar en una banda tan a priori ajena a su manera de entender el hard rock como es Volbeat. Puedo no llegar a conectar con su aspecto lírico. Sí en cambio con sus diferentes ejecuciones. Siempre a favor del corte que las contiene y no de egos individuales. Bien medidas y equilibradas.

No diré que “I.A.” vira ahora hacia el groove, no es el caso, pero sí que el riff que la sostiene pasa por ser el más retorcido, también el más pesado, de todo este “Cuento Del Mar”. Sorprenden estos Fan Ray en una onda no tan lejana, por ejemplo, de aquellos Fight de Rob Halford, si bien sus estribillos resultan del todo solidarios al disco que los alberga. El solo, un tanto plano con respecto a otros dentro de este tracklist, no ayuda a mejorar la nota media. Al final un corte que luce más por cuan diferente resulta al resto que por lo certero de su planteamiento.

Buenos solos sin embargo los que alumbran el inicio de una “Todo Lo Bueno Termina” que vuelve a tesituras, creo, más convenientes para ellos. Aquél aire más hard que tan buenos resultados les dio a comienzos del álbum, mientras Monzón lidia sin mayores problemas con los tonos más altos de los estribillos. Y aunque en términos puramente gramáticos no resulte el corte más original del largo, bien está ese deje algo más melancólico que la atraviesa. A la cola del grupo de mis favoritas.

Cuento Del Mar”, donde cuentan con la colaboración de Mireia Bernal en coros, bien podría recordar a The Cult en su prólogo. Héroes Del Silencio incluso. Todo vira, no obstante hacia territorios más metálicos donde, tanto por riffs como por melodías, la sombra de Iron Maiden resulta más que alargada. Álvaro Molinero traza aquí una más interesante línea de batería. Y mientras que la banda parece más cómoda en esta encarnación más poderosa, si algo me agrada es la forma en que insertan, previo al solo, aquél deje más foráneo del prólogo. El hábil trazo del epílogo y el mayor nervio que posee terminan por darle la razón a quien fuera que tomara la decisión de convertirla en el tema título del álbum e incluso en videoclip:

Para el cierre queda el medio tiempo “Recuerdo Soy”, donde en los momentos más calmos siempre acude a mí el nombre de Guns N’ Roses. El corte no obstante se distancia de la banda angelina gracias a un casi torrencial Monzón y una enjundia, qué duda cabe, más cercana al metal. Agrada por trazo y también por ejecuciones, un cierre de buen gusto y clase.

No es un álbum que me enganche en su totalidad pero sí que hay ofertas aquí dentro capaces de alegrar el día más gris. Monzón ha trazado aquí y allá voces más que dignas. Poderosas incluso. Otro tanto podría decirse de la dupla guitarrera de Fandos y Suárez. Aprecia uno el riesgo de cortes como la noventera “I.A.”, si bien pienso que cuando juegan la carta del clasicismo más académico es cuando de verdad brillan los maños. Véase sin ir más lejos “Almas Libres”. Por contra y cuando la banda arriesga y busca nuevos horizontes, siento que la jugada termina por salir del todo redonda solo en la final “Recuerdo Soy”. Agradece uno la asunción de riesgos en todo caso. Intentarlo y fallar siempre me resultará mucho más respetable que conformarse. Bordeando el notable.
Texto: David Naves