La formación neerlandesa de metal sinfónico Epica se confirma como nuevo headliner de la 11ª edición del Z!Live Rock Fest tras la caida del cartel de Twisted Sisterdebido a los problemas de salud de su frontman Dee Snider.
La banda liderada por Simone Simmonsofrecerá un show especial extendido el sábado 13 de junio donde desplegarán toda su potencia, épica orquestal e intensidad que les ha llevado a convertirse una de las bandas más influyentes y respetadas del metal sinfónico mundial.
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La 11ª edición del Z!Live Rock Fest que tendrá lugar del 11 al 13 de junio del próximo año en Zamora desvela su segundo cabeza de cartel. La leyenda británica Saxon se une al histórico regreso de Twisted Sister como cabezas visibles de la próxima entrega del festival zamorano.
Tras la presentación de Twisted Sister como primer cabeza de cartel la 11ª edición del Z!Live Rock Fest que tendrá lugar del 11 al 13 de junio del próximo año en Zamora desvela la primera batería de confirmaciones.
Tercera y definitiva jornada del décimo Z!LiveRock Fest con la participación de Opensight, Ankhara, Dynazty, Rhapsody Of Fire, Gotthard, Lita Ford, Sepultura, Dark Funeral y Nanowar Of Steel. Un último envite con un leve descenso de la temperatura y en este sentido, el más apacible de todo el festival.
Opensight iban a ser los encargados de iniciar los fastos de la jornada sabatina. Se definen como “cinematic metal”, vienen del Reino Unido y representaron una de las ofertas más curiosas del día. Porque de entrada llaman la atención los atuendos que visten. También lo tendido, a veces elegante, de su propuesta. Un rock / metal alternativo a veces tranquilo, que llamó la atención de un buen puñado de zlivers. Algunos incluso venidos desde allende los mares para verles. Curiosos.
Pero qué duda cabe que los gallegos Ankhara parecieron suscitar un mayor interés entre el público. Si además echan mano de un repertorio eminentemente clásico, como fue el caso, todo parece indicar que supieron entender su lugar dentro del cartel. Vimos muy animado a Pacho Brea, incombustible voz del quinteto. También a un Alberto Marín cuya frugalidad gestual contrastó con la mayor quietud de Cecilio. Entre ambos traman buenos riffs y solos ya desde la inicial “3:40” pero bajo un sonido no del todo óptimo en el Copper Stage.
Un sonido que se iría aclarando casi a la vez que la propia garganta de Pacho Brea. Un set por tanto de menos a más, donde no olvidaron clásicos como “Demasiado Tarde” o “Un Paso Más”. Siempre dentro de su habitual heavy metal de corte clásico y recibiendo no poco calor por parte del público. De manera más que notoria, de hecho, cuando llegó el turno de uno de sus cortes insignia, ese “No Mires Atrás” que les ayudó a establecerse como nombre a tener en cuenta a finales del pasado siglo. Pese a pequeños problemas, Alberto Marín rompería una cuerda de su guitarra, buen arreón de nostalgia a plena tarde.
Le llegaba el turno entonces al combo sueco Dynazty. La banda, liderada en voces por el AmarantheNils Molin, acudía a Zamora en defensa de su último largo “Game Of Faces” y las expectativas estaban por las nubes. Ellos se adhieren a esa nueva onda de metal pegadizo y facilón que tantos y tan buenos réditos otorga a bandas como Battle Beast o su derivada Beast In Black.
El sonido que consiguieron fue bueno y el estado de forma de Molin aún mejor. La inicial “Game Of Faces”, del mencionado nuevo álbum, ya deja a las claras que estamos ante una banda muy segura de sí misma. También que esta es otra de esas formaciones que no parece dejar nada al azar. Todo cuanto acontece sobre las tablas resulta pensado al milímetro y, por tanto, un tanto mecánico a ratos, lo que no quita para que el público del Z!Live se divirtiera con ellos. Sea como fuere, “Natural Born Killer” parece añadir algo más de enjundia al quinteto.
Amén de un amplio repaso por toda su discografía, hubo espacio para un pequeño solo de batería. También para descargar la no poco pegadiza (pegajosa incluso) “Heartless Madness”. Es cierto que el juego con el público que Molin llevó a cabo al final del set se nos hizo más largo de la cuenta. Pero con eso y con todo Dynazty parecen una banda destinada a dar muchas alegrías. Ver veremos que decía aquél.
Unos que tocaron la gloria ya desde el inicio de su carrera fueron Rhapsody Of Fire, justo antes de que la formación clásica saltara por los aires al punto de que el teclista Alex Staropoli sea ya el único remanente de esa época dorada.
Los italianos irrumpieron por Zamora con el aura de aquellos primeros álbumes merodeando por el Copper Stage. Sensación que se consolida toda vez arremeten con “Unholy Warcry” para gozo de sus más acérrimos. Que los había y en buen número. El set, no obstante, iba a obedecer en mayor medida a cortes más cercanos en el tiempo. Véase un “Rain Of Fury” de aquél “The Eighth Mountain” de 2019. Giacomo Voli, siempre risueño, ejerció como perfecto maestro de ceremonias. La sombra de Fabio Lione es alargada, pero el de Correggio mostró un registro que le viene como anillo al dedo a la formación transalpina.
Servidor, qué sorpresa, les disfrutó más en los momentos más trotones. También cuando el público se animó con ellos en cortes como “I’ll Be Your Hero” o Voli nos puso a saltar en la más veterana “The March Of The Swordmaster”. Es cierto que las voces pregrabadas en “Challenge The Wind” restan cierta organicidad al set. Nunca ha sido esta la banda más natural del panorama europeo de todas formas. Pero cuando atruena todo un Christopher Lee para “The Magic Of The Wizard’s Dream” no queda otra que transigir. Y mientras que en “Chains Of Destiny” demuestran que aún pueden ser una de las mejores bandas de power metal si se lo proponen, quien más quien menos se preparaba para una (no por esperada menos divertida) dupla final compuesta por, cómo no, “Dawn Of Victory” y “Emeral Sword”. Buques insignia de los italianos y también vehículo para el lucimiento de un muy seguro Roberto De Michelia las seis cuerdas.
El inevitable “gloria, gloria perpetua” que gritamos en la primera, el modo en que Zamora coreó la segunda, incluso el pequeño wall of death que Voli propuso aquí, quedarán para siempre en nuestro subconsciente. Aún cuando me divertí con ellos, sí que es verdad que eché en falta algún corte más de sus primeros álbumes. Nunca llueve a gusto de todos.
Turno entonces para el siempre elegante hard rock de los suizos de Lugano, Gotthard. Otros que venían defendiendo nuevo álbum, un notable “Stereo Crush” con el que, de hecho, da inicio la descarga.
“AI & I” es un buen arranque para ellos. Nic Maeder, la sombra de todo un Steve Lee nunca será pequeña, parece cada vez más mimetizado con la banda. Son casi tres lustros los que lleva al comando de la banda y en Zamora mostró un estado de voz realmente envidiable. “Thunder & Lightning”, que puede ser una de las composiciones más redondas del mencionado nuevo álbum, no faltó en el set. Tampoco el recuerdo al fenomenal “LipService” de la mano de “All We Are”. Ni siquiera su habitual versión del “Hush” de Joe South e inmortalizada por Deep Purple. Un arranque de set que puso nuestras expectativas por las nubes.
Y no quiero decir que aburrieran de ahí al final. No fue el caso. Pero sí tuve la impresión de que el set pasó por ciertas lagunas en las que el público del Z!Live pareció reaccionar solo a ratos. Sea como fuere, la clase y el inmenso carisma que derrochan, puede con todo. Nadie va a descubrir al gran Leo Leoni (guitarra) a estas alturas del cuento y mucho menos yo. “Mountain Mama”, café para los muy cafeteros, nos retrotrae treinta años en el tiempo. Pura nostalgia en forma de hard rock.
No desfallecía Maeder en el tramo final mientras el sonido en el Silver Stage era el de las grandes ocasiones. Para cuando llega el ineludible final con “Lift U Up” hemos visto una muy buena versión de Gotthard en cuanto a técnica y feeling. En su línea siempre elegante y distinguida, que no es poco.
De vuelta al Copper Stage, la legendaria Lita Ford no lo iba a tener tan fácil. De entrada porque el sonido al comienzo del set está muy lejos de ser el óptimo. Tal es así que, por un instante, llegué a pensar que habría paradinha y reinicio. No fue el caso y, finalmente, la nacida en Londres tiró para adelante al tiempo que los técnicos se afanaban en reconducir la situación.
Toda vez el sonido alcanza un cierto equilibrio, lo cierto es que vemos a una gran Ford. Sesenta y seis años contemplan a la nacionalizada estadounidense, que mostró en Zamora un rock orgánico y lleno de actitud. Con todo un Bobby Rock en baterías (como se encargó de recordarnos más de una vez), la versión de Elton John “The Bitch Is Back” llegó precedida por la pregunta de Lita sobre cuantas “bitches” había en el recinto. Fue uno de los puntos álgidos pero mentiría si dijera que no fue un setlist algo extraño. Alguna balada que fue recibida con una cierta frialdad en Zamora. Los solos, como el que arrancó el propio Rock, y al que siguieron los propios de Patrick Kennison (guitarra) y Marten Andersson (bajo), quizá se alargaron más de lo que me gustaría. Máxime teniendo en cuenta cómo de ajustado es el tema de los horarios en los festivales.
Pero cuando ella reconduce con nada menos que “Cherry Bomb” (The Runaways), los zlivers vibran en consecuencia. Se descubre entonces a la mejor Lita Ford. Diría que también el tramo más sólido del set con esa revisión del “Black Leather” de los Sex Pistols. Lita, con una llamativa guitarra de doble mástil ahora, pidió que alumbráramos con nuestros móviles e introdujo entonces “Close My Eyes Forever”, aquél dueto de 1988 con un tal Ozzy Osbourne, para finalmente echar el cierre con “Kiss Me Deadly”. Aquí y entre ella y Kennison dejaron uno de los duelos solistas más llamativos de todo este Z!Live. Una descarga con ciertos problemas de inicio, a ratos falta de ritmo pero cerrada con una gran dosis de clase.
El cabeza de cartel de la última jornada, los brasileños Sepultura, no padecerían los mismos problemas de vuelta en el Silver Stage. No solo eso sino que aparecerían por Zamora en un estado de forma tal que cuesta creer que este vaya a ser, de verdad, su último baile.
El arranque con “Beneath The Remains”, desde luego, despeja cualquier posible duda. Atrás, el jovencísimo Greyson Nekrutman (que había cumplido los justo 23 el día antes) comandó con mano firme al cuarteto. Delante, Derrick Green emergía pletórico tanto vocal como físicamente. No habíamos alcanzado el segundo tema del setlist (“Inner Self”) y la gente ya coreaba al combo brasileño. Tal es el cariño que esta tierra les profesa y la furia con la que irrumpieron en el Silver Stage. Pero quedaba aún mucha cera que repartir. Ellos procuraron un repaso lo más extenso posible a su discografía y un Andreas Kisser, por el que parecen no pasar los años, cercenó riffs y solos con precisión de veterano pero ímpetu de colegial. Brilla Nekrutman a las baquetas en la clásica “Desperate Cry” mientras todo Z!Live corea tan lacónico estribillo.
Pero como digo este set iba a hacer un exhaustivo repaso por (casi) toda su trayectoria. Da fe de ello esa “Phantom Self” que vino a destapar su cara más groove y pesada. Algo que afianza una “Attitude” que pone a dar palmas al festival. En este punto, “Means To An End”, del interesante “Quadra” de 2020, quizá pase algo inadvertida. Todo lo contrario que “Kairos”, del álbum homónimo, con un más que esforzado Derrick Green. A su lado, siempre discreto, el bajista Paulo Xisto cimentaba su leyenda de tipo tranquilo y afable. A estas alturas del show, casi me atrevería a decir que el suyo fue el mejor sonido de todas cuantas bandas pasaron por Zamora a lo largo de las tres jornadas. “Propaganda”, por desgracia, sigue tan vigente o más que cuando apareciera en el polémico “Chaos A.D.” allá por 1993.
Kisser tomó entonces el micro para, en perfecto castellano, mandar los debidos agradecimientos primero, enfrentar la clásica, añeja y furibunda “Escape To The Void” después. Dar cera, pulir cera. Sin hacer prisioneros y con Nekrutman volando a los parches. Es increíble tal grado de vitalidad pero sobre todo de entrega en una banda que está como digo a fechas de rubricar su epitafio. Como también lo es el gordor que emana del escenario en los cortes más graves y pesados. “Choke”, con un Green que mantenía alto el pistón, puede ser el mejor de los ejemplos. Así las cosas, “Kaiowas” mediante, la banda se tomaría un pequeño respiro. Y se rodearía de varios invitados. En lejanía pudimos distinguir entre otros a Alberto Marín y Redd Reddington de Opensight aporreando baquetas arriba del escenario.
En lo personal y con “Dead Embryonic Cells” iba a llegar otro de mis momentos favoritos del set en particular y del festival en general. Su breakdown se magnificó en la traslación al directo. Ver a centenares de cabezas agitarse al son que marcaba Kisser con su guitarra fue realmente toda una experiencia. A ellos aún les quedaba cera por dar. Incluso cupo el recuerdo a Lemmy Kilmister que procuró su conocida revisión del “Orgasmatron”. El clásico de Motörhead fue la primera piedra de un tramo final realmente avasallador: “Troops Of Doom”, “Territory”, “Refuse / Resist” (con todo el Z!Live brincando) y nada menos que la brutal “Arise”. Que Nekrutman aquí aún tuviera tiempo de un pequeño solo de batería creo habla y bien de cómo de cargadas tenía las pilas a su paso por Zamora. Un solo que precedió a “Ratamahatta” y esta, a su vez, al obligado final con “Roots Bloody Roots”, donde más de uno se desgañitó hasta las últimas consecuencias. Imparables. De largo uno de los shows más sólidos y potentes de todo el fin de semana. Sepultura do Brasil, porra!
Del thrash mestizo de Sepultura al black metal de Dark Funeral, el cartel iba a dar un giro poco menos que dramático. Como dramática es esa puesta en escena entre fondos y telones. Ellos emergen enfundados en sus habituales armaduras y corpse paint, en un horario mucho más propicio que en mi anterior encuentro con ellos (¡hace veinte años!) en el que algún desalmado decidió colocarles a plena tarde y bajo un sol de justicia. Con una quietud muy llamativa, aparecen en escena y pronto desenfundan su libro de estilo “Unchain My Soul”. Y sin que la cosa deviniese en catastrófica, sí que noté una cierta falta de pegada en su sonido.
Sepultura y el Silver Stage nos malacostumbraron durante cien minutos y al Copper le costó aguantar el ritmo. Especialmente sensible fue toda vez la banda redujo hacia ritmos más a medio gas en “My Funeral”. A Heljarmadr, que desde 2014 pone voz a los suecos, se mostró como un frontman activo y sin mayor tacha. Incluso se atrevió a lanzar un “amigos y amigas” a los muchos zlivers que aún aguantaban el tirón. Después de la pequeña interacción llegó “Nosferatu” y, con ella, la versión más nerviosa y furibunda del combo nórdico.
Tras el cansancio acumulado de los tres días, este fue un show no apto para pusilánimes. Una espinita que tenía ganas de sacarme después de tanto tiempo y una banda que confirmó su estatus ya casi legendario pese a los problemas. Que no pasen otras dos décadas hasta la siguiente.
Qué mejor cierre para un festival como este que los siempre afables y dicharacheros Nanowar Of Steel. Otra de esas formaciones que generan tantas filias como fobias pero que despidió el décimo Z!Live como mejor sabe: montando la madre de todas las bacanales (sonoras).
Nosotros nos retiramos. No teníamos cuerpo para más pero sí una buena tirada por carretera hasta nuestro lugar de descanso. Con eso y con todo fueron tres grandes jornadas con el hard rock y el metal como protagonistas. Un montón de nuevos recuerdos en la memoria, nuevas amistades, mejores momentos y todo bajo una climatología que, al fin, supo y quiso respetar al Z!Live.
Y fue grande porque la organización puso de su parte para que así fuera. La puntualidad de los horarios. El buen sonido del que, en líneas generales y salvo pequeñas excepciones, disfrutaron las bandas presentes. El festival crece pero parece hacerlo con los pies en el suelo. Por ahí que no quiera olvidarme de agradecer a Iuri Carlos, contacto entre organización y medios, su infatigable labor durante los tres días. Trato exquisito y cercano. Así da gusto trabajar, si es que a lo que hacemos desde Heavy Metal Brigade se le puede llamar trabajo.
Del mismo modo, sería torpe por mi parte dejarme a Lago (Piratas De Liberalia). La compañía y las confidencias también hacen festival. Finalmente, enviar un saludo también a las muchas caras conocidas con las que nos cruzamos del jueves al sábado y tocar madera para que, si todo acontece como esperamos, estar ocupado dentro de un año con la crónica de 2026. Nos vemos en Zamora.
Una década cumplía el Z! Live Rock Fest en este 2025 y no era esta una cita que Heavy Metal Brigade fuera a dejar pasar. Con un cartel dividido en tres jornadas y un puñado de bandas de lo más diverso, el IFEZA y la ciudad de Zamora volvían a acoger un año más a gentes llegadas de todos los puntos de la península y fuera de ella. A grandes rasgos, nombres ya legendarios como Dream Theater, Accept o Sepultura junto a propuestas emergentes como Dynazty, Kissin’ Dynamite o Alestorm sin olvidar el metal extremo de Nile y Dark Funeral o la cosecha local con Angelus Apatrida, Injector o Ankhara eran aliciente suficiente.
El arranque de un evento de estas características siempre conlleva una pequeña incertidumbre. Un moderado nerviosismo. Pero toda vez recogemos las acreditaciones y accedemos al recinto, gran idea por cierto la de permitir a los medios el uso del parking anexo, hacemos nuestra habitual composición de lugar y accedemos a la que sería nuestra casa por los próximos tres días. Lo primero que uno ve son los habituales puestos de merchandising. El de las bandas, tanto como el oficial del festival, se encontraba sin embargo dentro del recinto cubierto del IFEZA. Fuera de él y bajo los rigores que el cielo zamorano gustara de imponer, se erigían uno junto a otro, ambos escenarios: Copper Stage a la izquierda, Silver Stage a su lado. Frente a ellos un buen número de bancos y mesas donde descansar y recargar fuerzas. Y, al fondo, los habituales food trucks, la zona de emergencias y los aseos. Una disposición muy diáfana, el recinto es lo suficientemente grande como para acoger a unas cuantas más de las diez mil personas diarias que, dijo la organización, llegaron a ocupar su sitio frente a las tablas.
Todo tiene su comienzo y su final. After Lapse, los prog metaleros de origen madrileño, iban a ser los encargados de inaugurar esta décima edición. Ni pronto ni tarde. El cumplimiento de los horarios rozaría lo estricto a lo largo de las tres jornadas. Ellos demostraron tener buen tino a la hora de armar buenos riffs y con ellos canciones entre lo elegante y lo vistoso. Con un voceras de circunstancias, Erik Rayne apenas llevaba dos semanas con ellos, sacaron adelante el set con toda solvencia. Nos agradaron.
Había ganas de ver a los daneses Vola. “Friend Of A Phantom” me parece uno de los discos más frescos de 2024 y su paso por el Copper Stage lo refrendó pero con matices. “We Will Not Disband” enseña ya la mejor cara del guitarra y voz Asger Mygind. Llama la atención la presencia de hasta tres teclados sobre el escenario. La banda haría buen uso de ellos para desarrollar ese prog que a veces roza con el djent. Ahí, en la cara más rota de la banda, Vola dan su verdadera medida. Hicieron un cuidado repaso por toda su discografía, pero me sorprendió que “Break My Lying Tongue”, single de su último largo, no constara entre las elegidas. Confiando en tener mejor suerte la próxima vez que me los encuentre.
Vuelta entonces al Silver Stage para disfrutar de los alemanes Kissin’ Dynamite. Es cierto que el mal sonido desluce “Back With A Bang”. Pero cuando los técnicos llevan a cabo su tarea y todo reconduce hacia posiciones de mejor equilibrio sonoro, los de Burladingen están rayando a gran nivel. En una encrucijada entre hard rok y heavy metal, representan la cara más lúdica del género sin perder fuerza ni eficacia. El pegadizo estribillo de “Monster”, sus a veces cuidadas coreografías, incluso la capa que Hannes Braun lució en uno de los temas. Todo sumó para que el público del Z! Live terminara por entregarse a ellos. Puede que sonaran no tan orgánicos como me esperaba. En cualquier caso, tremenda fiesta la que montaron.
El cartel del viernes iba a dar un giro aún más dramático con la llegada de los norteamericanos Nile. Los de Greenville (Carolina del Sur) no necesitan muchas presentaciones. Leyendas absolutas del death más técnico y brutal, llegaban al Copper Stage dispuestos a no dejar títere con cabeza. Su fama les precede y “Stelae Of Vultures” ya da muestras de su conocida brutalidad. Pero el sonido no llegó nunca a ser del todo redondo y, por ahí, su paso por Zamora resultaría un tanto agridulce. En cualquier caso, George Kollias está dando una masterclass de cómo enfrentar su kit de batería. Siempre tan seguro en la velocidad, por momentos inhumana, que es capaz de desplegar cada noche (tarde en este caso).
Ellos seguirían alternando temas de nuevo cuño, como ese “To Strike With Secret Fang” de su nuevo álbum, con piezas remotas como “Sacrifice Unto Sebek” o la muy coreada “Kafir”. Las voces rotas del también Morbid AngelDan Vadim Von y el OlkothZach Jeter contrastan con la mayor oscuridad de un seguro e incluso tranquilo Karl Sanders, verdadero alma mater del proyecto. “In The Name Of Amun” puede pasar algo inadvertida, de nuevo pequeños problemas técnicos aguaban las evoluciones del cuarteto. Pero cuando cierran con “Black Seeds Of Vengeance” y todos coreamos con ellos, Nile parecen confirmar su estatus pese a los inconvenientes.
Steve “Zetro” Souza abandonaba de nuevo Exodus a principios de este año por lo que el Z! Live iba a ser un buen termómetro de cómo ha caído en el seno de la banda la vuelta de Rob Dukes. El neoyorquino, cincuenta y siete años le contemplan, irrumpió en plena forma en el Silver Stage. El thrash metal más hiriente se haría carne en Zamora gracias a “Bonded By Blood”, que anda cumpliendo cuarenta años en este 2025, y donde ya Gary Holt y Lee Altus dejan claro que la suya sería una de las duplas guitarreras más y mejor compenetradas del evento.
Sorprende la vitalidad de una banda como esta. Porque Tom Hunting esta aporreando el kit de batería con un ímpetu casi adolescente. Y poco importa que “Zetro” ya no esté porque Dukes está dando su mejor nivel en “War Is My Shepherd”. Muy activo, siempre desafiante de lado a lado del escenario y dueño de una voz rotunda y lacerante como pocas. El duelo solista de “Brain Dead” me reafirma el nivel de la dupla Holt & Altus. Era jueves pero no fue poca la gente que se arrimó a disfrutar del mejor thrash metal, algo que habla y no precisamente mal de la salud del festival. Y es que nadie querría perderse a los americanos y acabar en la “Blacklist” de Dukes y los suyos. Aquí se repitió el juego del frontman con la guitarra de Holt mientras Altus soleaba al otro lado. Clásico gimmick ya de los estadounidenses.
Tras las habituales presentaciones llegaría el turno de volver al legendario “Bonded By Blood” para recibir una “A Lesson In Violence” que vino a confirmar su estatus de leyendas absolutas del género. Anthrax, Metallica, Megadeth y Slayer (a donde ha vuelto precisamente Holt) podrán ser el denominado Big Four del thrash, pero Exodus pasaron por Zamora a un nivel que ya quisiera cualquiera de las bandas mencionadas. Lo pensaba mientras caía un pequeño giño al “Raining Blood” de los propios Slayer antes de una brutal “The Toxic Waltz”. El wall of death que detonó “Strike Of The Beast” fue el broche perfecto a una descarga en la que Exodus no hicieron prisioneros. Con la vitalidad de unos adolescentes pero las tablas y la confianza que les otorga su ya dilatada trayectoria. Uno de los grandes shows del jueves.
A nadie se le escapa que la de Meshuggah iba a ser una historia bien distinta. La banda más sui generis del jueves. De todo el cartel, me atrevería a decir, padres putativos de lo que algunos dieron en llamar djent y que en Zamora establecieron, una vez más, su curioso estatus de banda de culto con reconocimiento masivo. Su propuesta a la vez monolítica e intrincada, su llamativa puesta en escena, los poderosos juegos de luces que desplegaron
… pero sobre todo la forma y el modo en que sonaron. Cerca, o en las inmediaciones mismas de la mesa de sonido, pocas veces he visto a una banda de este calibre sonar del modo en que lo hicieron los suecos. Pocos ajustes hicieron falta. Desde que desatan a la bestia con “Broken Cog”, de aquél “Immutable” de 2022, no queda otra que rendirse a la gran paradoja nórdica. Los solos de guitarra resultan extraños. Casi contraintuitivos. Pero cuando el ya poco menos que legendario Tomas Haake enfrenta ritmos más vivos, pocas cosas en este mundo rozan siquiera los niveles de furia e intensidad que desatan Jens Kidman y compañía.
Caía la noche en Zamora y de forma exponencial se magnificaba su puesta en escena. El humo, las llamativas, casi cegadoras luces. Y al frente, por muchos momentos inmóvil, Jens Kidman, cincuenta y nueve años recién cumplidos, comandaba a los suyos sin que su garganta pareciera acusar el esfuerzo. En contra suya se puede argüir su quietud arriba de las tablas. Que a ratos todo parezca en exceso premeditado y medido. Poco importa cuando redirigen a ese clásico ya ineludible que es “ObZen” y entregan una “Combustion” llevada a unas cotas de intensidad y precisión por momentos inmensurable. Una experiencia, y aquí cobra especial importancia el cómo, envuelta en un cierto halo trascendental. Casi místico.
Por ahí, claro, uno entiende que su propuesta no resulte del gusto de una amplia mayoría. Pero “if you know, you know” que diría aquél. Porque “Born In Dissonance”, ya caída la noche en Zamora, aún parece añadir unas cuantas décimas en lo que a magnitud se refiere. Serio, impertérrito Haake tras el kit, con la seguridad que da ser una de los baterías más influyentes y respetados a nivel mundial. Maestro indiscutible en una jornada en la que el Z! Live había conseguido reunir a tres de los bateristas más icónicos del metal mundial. El doble cierre, que no por habitual pierde un grado de eficacia, correspondió una noche más a la dupla “Bleed” más “Demiurge”. La primera, dueña con uno de los riffs más emblemáticos y celebrados del género, eleva el grado de trascendencia de la descarga para después desembocar en uno de esos cierres que quedarán para siempre en nuestras retinas. Colosales.
La cabeza de cartel del jueves correspondía a la vuelta de Mike Portnoy al seno de Dream Theater. Banda clave en el desarrollo y posterior establecimiento del metal progresivo como fenómeno de masas, el teatro de los sueños acudía a Zamora inmerso en los fastos de celebración de su cuarenta aniversario. Se dice pronto.
Banda fetiche del abajo firmante, acudí a la cita con sentimientos encontrados: feliz por la vuelta del hijo pródigo a las baquetas, inseguro con respecto a qué cara iba a ofrecer esta vez un James LaBrie quien, a su paso por Avilés en 2023 (crónica), había sembrado un mar de dudas. Suena la pieza que el gigante Bernard Herrmann compuso para la banda sonora de “Psicosis” y la sola irrupción de la banda provoca una de las mayores ovaciones del jueves. Ellos atacan con la reciente “Night Terror” y Portnoy no tarda en deshacerse en gestos y saludos al público. Petrucci dejaría ya aquí muestras de la inmensa clase y maestría que acumula en sus dedos.
En estos primeros compases LaBrie, si bien lejos ya de sus mejores años, pareció ser consciente tanto de sus virtudes como de sus debilidades. Su timbre nunca ha sido del agrado de muchos, pero me da la sensación de que supo defenderse mejor que en anteriores ocasiones. Con eso y con todo, no seré yo quien niegue que ciertos momentos de la dupla “Act I: Scene Two: II. Strange Déjà Vu” & “Act I: Scene Three: II. Fatal Tragedy” le vengan un tanto grandes al canadiense. De la sobria puesta en escena llaman mi atención los leds que adornan el (a veces inclinado) teclado de Jordan Rudess. El impasible teclista dio su mejor versión en la no poco icónica “Under A Glass Moon”, del legendario ya “Images And Words”. Ni cerca de lo vivido con Meshuggah, este es un animal bien diferente, pero sí que la tensión aumentó gracias a “Panic Attack”, con John Myung de repente altísimo en la mezcla (y ya es raro).
Portnoy se iría entonces al lado derecho del (inmenso) kit de batería para, desde allí, enfrentar una “The Enemy Inside” con LaBrie muy seguro en estrofas y no tanto en estribillos. El de Penetanguishene sigue con su recién adquirido hábito de irse al backstage durante los solos y, por ahí, la banda pierde uno de su mayores activos durante no pocas fases del show. Sea como fuere, Mike volvería al lado natural para una “A Rite Of Passage” de la que me sorprendió el caluroso recibimiento que tuvo por parte del público. Como celebrado fue también el solo de Petrucci en “The Dark Eternal Night”, uno de los cortes más contundentes del set, acompañado por ese doble juego vocal entre LaBrie & Portnoy y rematado por la buena outro de Rudess.
Portnoy volvería a cambiar su posición tras el kit para “Peruvian Skies” donde, una vez más insertarían dos pequeños escorzos de Pink Floyd y Metallica (Wish You Were Here y Wherever I May Roam respectivamente). Rudess echó mano entonces de su teclado portátil y añadió algo de color al set. En “As I Am” y, curiosamente cuando mejor estaba sonando, el micro le jugó una mala pasada a LaBrie. A perro flaco. Fue otro de los picos de intensidad de la jornada, tremendo una vez más Petrucci, y el broche soldado a fuego que supone la siempre exigente “Pull Me Under”. Ni cerca del nivel que me gustaría pero mucho mejor que en mi anterior encuentro con ellos.
La descarga de Rotting Christ era poco más que una incógnita para servidor. Banda que, pese a su dilatada trayectoria, nunca me ha llegado a enganchar, pero que congregó a un nutrido número de fans frente al Copper Stage. “35 years of evil existence” rezaba el electrónico de fondo. Su puesta en escena, sobria y oscura, casó con el dark metal que vinieron a desarrollar.
Dark metal, sí, porque si bien hay momentos en que la velocidad se dispara y las revoluciones aumentan, pienso esta banda poco tiene que ver con nombres como Noctem o Dark Funeral. Sea como fuere, los griegos se empecinaron desde el primer momento en buscar el enganche con su público mediante esos coros marca de la casa. El sonido acompañó. Y si bien sobre las tablas la quietud durante muchos momentos era casi total, abajo no dejó de haber movimiento. No era aún muy tarde y en el Z! Live aún quedaban ganas de pasarlo bien.
“Like Father, Like Son” acrecenta ese enganche con la audiencia. Sakis Tolis, guitarra y voz de los atenienses, demostró tanta seguridad como carisma. “Non Serviam” nos retrotrajo al disco homónimo de 1994 y la versión de Thou Art Lord “Societas Satanas” incluso desencadenó un wall of death frente al Copper Stage. El cierre, no obstante, fue para “The Raven”, que acrecentó la épica más oscura de los griegos. Sólidos, serios y sin mayor mácula. No me enganchan pero pocas pegas caben sobre su desempeño.
Si complicada es la tarea de abrir un festival, tanto o más lo es la de cerrarlo. El nutrido combo madrileño Vita Imana acudía a Zamora tres años después de entregar su último álbum de estudio, aquél “VI” de 2022, presta y más que dispuesta a no dejar títere con cabeza. Banda con poca rima dentro del cartel (Sepultura al margen), vino a poner la nota groove al cierre del jueves.
Intensos como demonios pero con el color que dan siempre las percusiones de Miriam Baz. El Cuernos De ChivoMero Mero no ceja en su empeño de mantener bien despierta a la audiencia. Y entre riffs contundentes y mucho mal café, cerraron la primera jornada como de ellos se esperaba. Vibrantes y concisos. Un martillo pilón que sabe perfectamente cuál es su lugar y obra en consecuencia. Un buen final de jornada.
La décima edición del festival Z Live Rock desvela sus horarios. La cita en tierras zamoranas tendrá lugar del 12 al 14 de junio reafirma su seña de identidad, no habrá solapes entre escenarios, permitiendo disfrutar íntegramente de todos los conciertos.
El miércoles 11 de junio, como anticipo al festival, tendrán lugar los showcases de bienvenida en diferentes locales de Zamora. Conciertos gratuitos con inicio en el Pub Numancia, con Blaze The Trail y Grave Noise como protagonistas a partir de las 18:00 horas. A partir de las 21:00 horas la acción se trasladará a La Cueva del Jazz con 1945y Death&Legacy al frente. La noche culminará con las Fiestas Z! Live en La Bodeguilla y en el propio Pub Numancia, bares “oficiales” del festival, a partir de las 23 horas.
La música llenará también las calles de Zamora durante el festival. Cada medio día tendrán lugar los siguientes conciertos acústicos:
Jueves 12 de junio ( Plaza del Maestro) 12:00 h. Salduie 13:00 h. Ciconia
Viernes 13 de junio (Plaza de Viriato) 12:00 h. Kinnia 13:00 h. Debler
Sábado 14 de junio (Parque de la Marina) 12:00 h. Jolly Joker 13:00 h. Ankhara
La jornada de jueves será la de los sonidos más técnicos y complejos, con la leyenda progresiva Dream Theater como buque insignia en su único festival español en todo el 2025. A partir de las 15 horas se abrirán las puertas y por los escenarios del Ifeza pasarán After Lapse a las 16:15 horas, Vola (17:10 h.), Kissin’ Dynamite (18:10 h.) y Nile (19:20 h.), Exodus (20:30 h.), Meshuggah (21:40 h.), Dream Theater (23:00 h.), Rotting Christ (00:50 h.) y pondrán el cierre al día la actuación de Vita Imana a partir de las 02:00 horas.
El viernes tiene una destacada presencia de bandas estatales. A las 16:15 horas Salduie dará el pistoletazo de salida, para continuar con Injector (17:10 h.), Morphium (18:10 h.), Noctem (19:20 h.) y Angelus Apatrida (20:30 h.) La primera banda internacional será Alestorm a las 21:40 horas, tras ellos los legendarios Accept a las 23:00 horas y cerrarán la jornada Saurom (00:50 h.) y Lujuria a las 02:00 horas.
La traca final tendrá lugar el sábado con los brasileños Sepultura ofreciendo su último concierto en España. Opensight dará el pistoletazo de salida a las 16:15 horas. Después llegarán Ankhara (17:10 h.), Dynazty (18:10 h.), Rhapsody Of Fire (19:20 h.), Gotthard (20:30 h.), Lita Ford (23:00 h.), Sepultura a las 23 horas para cerrar con Dark Funeral (00:50 h.) y Nanowar Of Steel (02:00 horas).
Con el 90% del aforo ya vendido recordamos que entradas, abonos, lanzaderas, camping y alojamiento están aún disponibles en zliverock.com.
Vía Z! Live On Tour y Dragon Productions el infatigable vocalista italiano Fabio Lione recalará en 6 escenarios estatales con su nuevo proyecto Fabio Lione’s Dawn Of Victory. La voz de Rhapsody rendirá homenaje a una formación con la que creó un estilo musical.
23 de septiembre – Barcelona (Razzmatazz 2) 19:30 horas apertura · 20 horas Alterium · 21horas Fabio Lione
24 de septiembre – Valencia (16 Toneladas) 20:30 horas apertura · 21 horas Alterium · 22 horas Fabio Lione
25 de septiembre – Sevilla (Sala X) 20:30 horas apertura · 21 horas Alterium · 22 horas Fabio Lione
26 de septiembre – Madrid (Revi Live) 20 horas apertura · 20:30 horas Alterium · 21:30 horas Fabio Lione
27 de septiembre – Burgos (Andén 56) 20:30 horas apertura · 21 horas Alterium · 22 horas Fabio Lione
28 de septiembre – Bilbao (D8 Sorkuntza Faktoria) 20:00 horas apertura · 20:30 horas Alterium · 21:30 horas Fabio Lione
Acompañado por sus antiguos compañeros en la banda, Alex Holzwarth, Patrice Guers y Dominique Leurquin más el guitarrista Justin Hombach ofrecerán la experiencia de revivir las icónicas canciones que marcaron a toda una generación de fans del power metal sinfónico. Contarán con sus compatriotas Alterium como banda invitada en el tour. Revelación dentro del power metal melódico europeo, está liderada por la vocalista Nicoletta Rosellini. Entrada anticipada 33€ a través de Ticketgate.