
“Veleno” es el quinto disco largo ya para estos deathsters sinfónicos italianos de Fleshgod Apocalypse, editado por el gigante alemán Nuclear Blast con Jacob Hansen (Aborted, Volbeat, Sirenia, Avantasia…) a los controles y portada a cargo del inagotable Travis Smith. Once cortes en total, incluyendo dos instrumentales, para algo más de cincuenta minutos de death metal ‘técnicosinfónico’.
“Fury” es el encargado de romper el hielo; en principio a medio gas mientras que su ya habitual algarabía sinfónica va y viene a lo largo de todo corte. Diversos cambios de ritmo van conduciendo hasta otras mucho más cortantes y/o machaconas sobre esas endiabladas líneas de batería marca de la casa. Coros ampulosos y solos de guitarra para el cierre. Es un buen inicio de tanto en cuanto su lado extremo no se ven tan apagado frente al ‘sinfonismo‘ como ocurría en trabajos anteriores. Cosa que, personalmente, les agradezco. De inicio tranquilo en cuanto a velocidad y cierta épica, “Carnivorous Lamb” prorrumpe de pronto en una alocada salva de blast beats sobre los cuales vuelan las guitarras de Francesco Paoli. Estribillo en agudísima voz limpia, también marca de la casa. Mucho espacio para que respiren las líneas de guitarra mientras y brille la cara más técnica de los italianos. “Sugar” fue el adelanto en forma de vídeo y de algún modo se las arregla para concentrar las diversas caras de estos F.A. El barroquismo de esos grandilocuentes arreglos, un estribillo de cierto aire marcial, una batería a mil por hora y varios repetitivos y machacones riffs que tendrás varios días en la cabeza.
De apenas un minuto “The Praying Mantis’ Strategy” es la primera del par instrumental que alberga “Veleno” y en su interior aparecen unos coros que más tarde integrarán el quinto corte “Monnalisa” en un preciosista crescendo que desaparece de pronto para mostrar la cara más calmada de la banda. Este quinto corte del álbum termina revelándose como un medio tiempo en donde cabe hasta la voz de la soprano perugina Veronica Bordacchini, colaboradora ya habitual de los italianos. “Worship and Forget”, claro, rompe con la anterior propuesta y se decanta por la más puritita velocidad en una onda rayana con aquél estupendo debut que fue “Oracles”. Por supuesto hay voces limpias, partes más lentas, incluso espacio para pequeños detalles de Bordacchini, pero es realmente cuando las dos vertientes de su música se equilibran, cuando sientes que todo cuadra al milímetro y entiendes por qué una banda como ésta ha acabado por convertirse en punta de lanza de ese pantagruélico sello que es hoy en día Nuclear Blast.
“Absinthe” apuesta de incio por el duelo entre voces limpias del bajista Paolo Rossi y las guturales del guitarra, batería (y quién sabe qué más) de Francesco Paoli. Al final redunda en seis minutos de death metal rápido y endiablado, amén de ese interludio donde reaparecen ciertos toques técnicos, de los que quizá adolezcan otros cortes del disco, para desembocar en un buen solo de guitarra y el acostumbrado éxtasis final. “Pissing on the Score” suena a autoreivindicación, máxime atendiendo a algunas de sus letras: “Art is a serious thing, you can’t dishonour it and let your name live forever”. Resulta prolija en cambios de ritmo, con toda la amalgama de arreglos yendo y viniendo muy en la onda de los primeros temas del disco. En su punto justo de cocción, sin echar nada en falta pero sin que te empalague tampoco. Crucial, estupenda. Los primeros compases de “The Day We’ll Be Gone“ arrancan al piano (Francesco Ferrini) sobre el que aparece nuevamente Veronica Bordacchini y podría pasar por un tema de Epica (y similares) sin problema. Balada en toda regla donde, no obstante, tiene cabida el registro gutural de Paoli. Un parón en la intensidad del álbum que a buen seguro exasperará a tantxs como enamore.
Colocar el tema más largo del album en la parte final viene siendo cosa habitual ya en bandas de todo estilo y condición. En “Veleno” tal honor es para “Embrace the Oblivion”. Que de primeras y atendiendo únicamente a la parte estrictamente metálica, no dista demasiado de aquél thrash que irrumpiera desde los States en los 90. Mucho más moderno y trufado de arreglos, pero no tan distante en definitiva y, de alguna forma, acaba resultando en el corte más épico del álbum.
Cierran con la instrumental que da nombre al disco cincuenta y pico minutos de lucha encarnizada entre el tech death de sus inicios y toda la plétora de arreglos, voces operísticas e influencias cinemáticas que abarrotan sus discos de “Agony” en adelante. “Veleno” en definitiva es un álbum que, desde luego, no me hace tanto tilín como su debut (y aquél estupendo Ep “Mafia” que vendría después) pero que sí que me engancha más que “King” o “Labyrinth”.
Texto: David Pérez Naves