Reseña: Death By Dissonance «Exile Within» (Autoproducción 2026)

Death by Dissonance provienen de Alemania, concretamente de la ciudad de Luisburgo, y este “Exile Within” que hoy nos traen es el segundo largo de su aún corta trayectoria. Una banda que alcanza 2026 tras diversos cambios en sus filas, arrojando una formación integrada ahora por Jona Davis en voces, J.S. al bajo, Robin Wagner y Dean Zundel en guitarras y Johannes Rupp en baterías. Once temas producidos y mezclados por los propios Davis & Rupp y que vieron la luz, de manera independiente, el pasado mes de febrero.

La intro de corte industrial “Odyssee” nos da la bienvenida. En ella se vislumbra un cierto caos en la distancia, planteando la tensión correcta hasta la irrupción de “Pandemonium”, una de las cartas de presentación de este segundo largo y donde la banda alemana plantea un deathcore fuertemente arreglado, inicialmente acompasado, lejano a la clásica propuesta descosida y vibrante, con ambas voces jugando a alternarse durante las primeras estrofas. Buscando y encontrado buenos grooves, en gran parte sin abusar del breakdown cortado en seco, y planteando como digo un arranque de disco (hasta cierto punto) contrario a la norma.

Para quienes busquen un mayor vértigo, bien está el controlado frenesí de “Fremdkörper”. Rupp vuela en baterías al tiempo que compone unas líneas más que hábiles en un corte tan violento en sus partes más fulgurantes como pesado en las más arrastradas. De nuevo fuertemente arreglado, esos casi omnipresentes colchones sonoros otorgando el ya habitual poso atmosférico a la composición y una buena muestra, en definitiva, de la cara más violenta de estos Death By Dissonance. Aún en su mayor crudeza, aprecio los buenos detalles melódicos de Wagner y Zundel, si bien a ratos resulten un tanto sepultados en la mezcla final. Con eso y con todo, un corte con hechuras de encontrar en el directo su verdadera razón de ser.

Sacrificed”, situada en una encrucijada entre el deathcore rocoso de “Pandemonium” y el mayor vértigo de “Fremdkörper”, trae consigo alguna de las líneas de voz con más gancho de este segundo álbum. Rupp está de nuevo muy fino tras los parches. En especial durante esas partes más groovies, más rompe suelos, y que vienen a contrastar con las más enérgicas, en un clásico y habitual juego de intensidades. Puedo, eso sí, echar en falta un breakdown más marcado que ese que irrumpe previo al epílogo. Por el camino hay estrofas de voces siempre rotas, cuando no oscuras, aunque nunca del todo abisales. En cualquier caso, poco respiro el otorgado al oyente en este sentido.

Imposter”, que salvo la intro inicial “Odyssee” supone el corte más rácano de todo el largo, opta por un core más marcial, cortado al milímetro, de voces realmente agónicas en sus primeras estrofas, y que más adelante transita hacia la cara más violenta y frenética de los alemanes. En ese clásico juego rítmico está la mayor baza de una quinta entrega que quizá ofrezca pocas sorpresas en cuanto a escritura se refiere, esa estructura a modo de montaña rusa (de campana de Gauss si se me permiten el tecnicismo y la pedantería) pero deja por el camino otro buen juego vocal, riffs más que serviciales y un breakdown nada impostado. Me agrada.

Witchcraft” parece arrimarse a las fronteras del death metal más iracundo acompañando, eso sí, de esos cambios de ritmo tan habituales del género. Aquí gana peso la faceta puramente sinfónica del combo, en una onda que bien podría recordar a bandas como Worm Shepherd, Lorna Shore, Shadow of Intent… el caso es que, a la larga, me resulta una de sus entregas más redondas. O, dicho de otro modo, pasa por ser una con la que conecto en gran medida. Los buenos detalles melódicos que acompañan a esas estrofas, una producción que no hierra el tiro en las partes más crudas ni en tampoco las más recargadas. Pero, sobre todo, una escritura que le permite a cada parte individual brillar con luz propia, afianzando así el peso del conjunto. Como digo, una de mis favoritas.

Orpheus’ Gaze” ofrece ahora una pulsión más djent. Sin llegar a la particular muralla sónica de unos Meshuggah pero, desde luego, dando un paso o dos en ese sentido. Es un corte que, a pesar de ese pequeño viraje, no traiciona sus esencias. Alterna un arranque casi monolítico con un metal casi anfetamínico donde vuelve a brillar la dupla Wagner y Zundel. Si algo echo en falta aquí es un mayor desarrollo del curioso puente que plantean. Una buena idea que se queda en tierra de nadie por rácana y fugaz. No es un corte que desprecie, ni mucho menos, pero sí me deja la impresión de que se le podría haber sacado algo más de jugo.

Illusion Of Light” obedece a unas normas muy básicas con ese prólogo arrastrado, algo caótico en cuanto a guitarras y donde la banda, curiosamente, parece más cómoda que nunca. Tras ese arranque poco benévolo surgen de nuevo los Death By Dissonance más incendiarios, componiendo finalmente otro de esos cortes subibaja en los que también se manejan. Para el puente quedan las pocas voces limpias de todo el largo, así como un breakdown (ahora sí) un tanto más ambicioso y un final acomodado aunque servicial.

Las primeras guitarras que irrumpen en “Drowned” y aunque en realidad no tengan nada que ver, siempre me llevan a pensar en “Los” de sus paisanos Rammstein. Superado ese arranque, aquí aparece su vertiente más atmosférica, ofreciendo al oyente un cierto asidero, aún cuando la dupla vocal sigue con su habitual procesión de voces crudas, casi agónicas. Hay riffs pétreos aquí, confrontados a un mayor rigor melódico, lo que por pura colisión termina convergiendo en una de las entregas con más personalidad del largo. También, a buen seguro, una de las más divisoras.

Arrival” es, de inicio, puro deathcore sinfónico. Desatado y violento primero, más orgánico y desnudo después, procurando riffs más serviciales que inteligentes, funcionando (opinión muy subjetiva esta) mejor en estribillos que en estrofas. Cuando desborda la violencia, pienso en unos Bonecarver. Pero aunque ellos no lleguen a la velocidad (absurda) de unos Infant Annihilator, ni falta que hace, lo cierto es que este es uno de esos cortes que ha ido creciendo con el paso de las escuchas. Firme en el nervio y atractivo cuando encuentra una mayor pesadez. Equilibrado, ágil, me agrada.

Elysion” tiene un nosequé que a menudo me recuerda a mis paisanos de Unexpectance. Supone uno, claro, porque las fuentes de unos y otros no dejan de ser las mismas. En cualquier caso un corte final que confronta un metalcore más clásico con su habitual desgarro. Melódico en su punto justo, construyendo buenas líneas de voz y apoyado en una sólida base rítmica, pienso que despide el disco con buena nota.

Cincuenta minutos de música y mucho que recordar. En general encuentro buenos riffs, estructuras en constante cambio, mucho juego entre intensidades y unos apoyos sinfónicos de los que, por lo general, no se abusa. Disco autoproducido como es, uno puede perdonar una producción correcta pero nunca ambiciosa. También es cierto que se podría haber buscado una mayor diversidad en cuanto a voces. Una mayor presencia de registros limpios. Pero cuando todo centrifuga como debe, pienso que cortes como “Witchcraft”, “Drowned”, “Sacrificed” o “Fremdkörper” son más que ganadores. Ni indispensable ni desde luego aburrido, una obra para todo buen fan del deathcore que se precie.

Texto: David Naves

Reseña: Electrikeel «Solve Et Coagula» (Demons Records 2026)

Segundo largo para las huestes thrash pamplonicas Electrikeel, el trío que forman Xabier Recalde en bajo y voz (Arkhos, ex-Evil Killer), Jon Laguna en baterías (ex-Grave Dust, ex-MDO) y Asier Bendoiro en guitarra y voces (ex-Grave Dust). “Solve et Coagula”, que sucede a aquél “Straight Outta Depths” de 2023, se compone de diez cortes grabados, mezclados y finalmente masterizados por el Legen Beltza Ekaitz Garmendia (Altarage, Wormed, Numen, Elizabeltz…). El arte que adorna la portada es obra de Raccooneyes Art, mientras que Ana EG cargó con los diseños del álbum. En la calle vía Demons Records desde el pasado mes de marzo.

Lo mejor de “To The Bitter End” es la inmediatez con la que te introduce en el mojo del álbum. Sin adornos. Solo thrash lacerante, vociferado con toda rabia y conducido sobre riffs más eficaces que vistosos. Ahí funcionan los pequeños escorzos melódicos que exuda la guitarra de Bendoiro. También esas partes más crudas y pesadas, ahí donde emerge, aportando un mayor grosor, el bajo de Recalde. No pasa por ser el corte más técnico del álbum pero es una buena llamada a las armas. Concisa y directa, rematada en su tercio final por un buen solo de guitarra. Desnudo de rítmica, tal y como sonaría en vivo.

Feel The Eel” recoge esa cualidad tan orgánica del primer corte, apostando ahora por un prólogo más pesado y rocoso. Ellos desatan luego su habitual thrash directo y febril, acunando riffs (ahora sí) que no sacrifican una cierta técnica. Es una construcción más abierta y dinámica, con ambas voces jugando a encontrarse sobre buenos cambios de ritmo. Me agrada ese metal lacerante que irrumpe camino del tronco central. El modo en que desarrollan esa pesadez. También cómo el solo arranca, de nuevo, sin el apoyo de una guitarra rítmica, ayudando a amplificar esa faceta tan puramente orgánica de su manera de entender el thrash metal.

En “Egomaniac Frenzy” encontramos alguno de los riffs con más gancho de todo el álbum. Sin perder esa vena tan puramente thrash, lo cierto es que este es un corte que puede resultar algo más fácil de digerir para una gran mayoría. Ya digo, aún cuando los chicos están pariendo metal debidamente flamígero y lacerante. Pero hay una cierta cualidad aquí que la debería convertir, de inmediato, en una fija en sus directos. Algo que el avance tan machacón de su (llamativo) tronco central no hace sino refrendar.

Otra que parece construida con el directo como principio y fin es “Flesh Dematerializer”. Ya desde uno de esos prólogos que parecen llamar al circle pit, Bendoiro está más que hábil a la hora de acometer los distintos riffs. Sin tener una construcción tan cerebral como pueda ser la de “Feel The Eel”, lo cierto es que este es uno de los temas que primero y mejor arraigó en mi subconsciente. Thrash siempre orgánico, cercenado sin ningún tipo de cortapisa y rematado por otro buen solo previo al epílogo. Contundente y sin complejos. Así sí.

Partiendo desde un prólogo de lo más elegante, el tema título “Solve et Coagula”, desata luego una de esas tormentas de thrash violento y cerril tan habitual en el trío, que se arrima aquí incluso a las lindes del black metal (pienso en bandas como Toxic Holocaust, Sabbat, primeros Sodom…), fundiendo rabia y descontento, mal café y técnica, no sin cierta pericia. Y aunque eche en falta un solo más ambicioso (en cuanto a desarrollo) que termine de apuntalar ese tramo final, no me cuesta entender los motivos por los cuales esta quinta entrega terminó por dar nombre al disco al segundo de los pamplonicas.

Me agrada ese aire tan Anthrax que emana del prólogo de “At The Brim Of Madness”. También el modo en que los riffs de Bendoiro se oscurecen después, buscando quizá una mayor enjundia a este sexto corte. El trío afianza aquí ese viraje hacia territorios más extremos que anticipara el tema título. Thrash violento, con la base rítmica de Recalde y Laguna empastada al milímetro. Es un corte que me agrada igualmente por esa construcción tan diversa, enfrentando (colisionando casi) ese nervio más black con un metal más pesado y machacón. Una producción que no escatima en pegada, esas voces siempre agrias, indómitas, y un mayor desarrollo que la media de cortes del álbum. Algo que opera en favor de ese buen solo de guitarra. Lástima de fade out final, eso sí.

Caballo Blanco” pasa por ser uno de los cortes más llamativos de esta nueva hornada. Arranca como un medio tiempo muy marcado por el black metal más orgánico para después perderse en una tormenta de thrash rabioso y directo, marca de la casa. Relativamente breve, no alcanza los cuatro minutos, y sin embargo dueña de uno de los solos menos contenidos de los muchos que Bendoiro ha reunido esta vez. Me agrada y me descoloca casi en la misma medida.

Así las cosas, “Outlaws From Outer Worlds” parece retornar hacia una versión mucho más canónica de Electrikeel. Esto es: mala baba y metal directo, todo a una, con la salvedad de que estamos ante el corte más extenso de los diez. Y desde luego da la sensación de que la banda se ha tomado muy en serio esta octava entrega. El trazo es diverso, ágil, lleno de buenos cambios de ritmo. Éstos se suceden apoyados en buenos riffs de Bendoiro, si bien a ratos echo en falta un bajo que apuntale a la base rítmica en mayor medida. Hay un estupendo solo de guitarra firmemente apoyado en su tronco central, un puente que dará la cara más progresiva del trío y un cierre muy funcional. Si no me engaña la chuleta es el corte más extenso de su (aún corta) discografía y me atrevería a afirmar que han salido más que airosos del envite.

Mysterious Ways”, aunque menos ambiciosa, resulta en un metal de lo más disfrutón. Con un arranque que parece fundir a Motörhead con los Dark Angel más cerriles, luego puede pasar algo inadvertida a estas alturas del disco. En esencia es un corte que sigue las grandes líneas maestras del trío con un Laguna desatado tras los parches. Entremedias emergen buenos (si bien algo tímidos) detalles melódicos, otro notable solo de guitarra y su clásico ataque a dos voces. Funcional.

Para el final queda la violentísima, aunque breve, “Death In Plastic”. Un pildorazo cercano al grind para cerrar, a full de mal café, este buen “Solve et Coagula”.

Rabia sin complejos. Electrikeel no se andan con miramientos. Mucho nervio y poco relajo en un segundo álbum que los emparenta con las formaciones más furibundas del género. Lo que está bien es esa producción angosta pero discernible, esa cualidad tan orgánica de su thrash metal (el álbum da la sensación en muchos momentos de haber sido grabado a puro directo), el trazo ambivalente de cortes como “Feel The Eel” o la mayor ambición que muestran en “Outlaws From Outer Worlds” o “At The Brim Of Madness”. Entremedias hay cortes que me dejan algo frío, otros que incluso me descolocan, pero con eso y con todo un más que interesante álbum de puro thrash metal.

Texto: David Naves

Reseña: Saratoga «En Estado Puro» (Maldito Records 2026)

Un nuevo comienzo para la iguana. Jero Ramiro abandonaba la disciplina de la banda el pasado mes de enero, dando pie a que el peruano Charlie Parra del Riego, quien ya girara con el cuarteto por tierras americanas, fuera finalmente quien pasara a ocuparse de las seis cuerdas. Junto al de Lima siguen el bajista de toda la vida Niko del Hierro, la voz de Tete Novoa y la batería de Arnau Martí. El álbum se grabó en los New Life Studios de su Madrid, con los Arwen José Garrido y Daniel Melián a cargo de la producción. Asimismo, éste último corrió también con las tareas de mezcla. Enrique Soriano sería el encargado finalmente de masterizar los diez cortes en Crossfade Mastering (Valencia). En la calle desde el 24 de abril vía Maldito Records.

El caso es que el disco no pierde el tiempo y va directo al grano. “Inteligencia artificial (IA)”, sí, unos Saratoga en estado puro, ofrece una buena muestra de la cara más melódica de la banda. Novoa arremete con su ya clásico registro y completa unas estrofas, pienso, bien pensadas y construidas. Un estribillo marca de la casa, una producción más que correcta y buenos cambios de ritmo en los engarces entre coro y estrofas. Parra despacha un buen primer solo y, en resumen, resulta un primer corte que no creo sorprenda ni tampoco decepcione.

A Toda Velocidad” se arrima sin remedio a la cara más power de la banda. Esa que ha ido y viniendo especialmente en trabajos más recientes con Novoa al frente. Parra exhibe músculo solista ya desde el prólogo mientras Martí y del Hierro aportan la contundencia debida. Firmes, sólidos, sin florituras, más serviciales que vistosos. Un corte para que Novoa deslice sus bien conocidos tonos altos y la banda, en conjunto, facture uno de esos cortes con visos a funcionar como un verdadero tiro en directo. El frenético solo de Parra, a tono con el corte que lo alberga, puede ser fácilmente uno de mis favoritos de todo el largo.

Silencio” pone de relieve entonces a los Saratoga más pesados, casi oscuros, en una onda que me viene recordando al (pienso que) algo infravalorado “El Clan De La Lucha”. Novoa está definitivamente más grave al abordar estas estrofas. Hay riffs de Parra que se ennegrecen en consecuencia. Y, al final, uno solo echa en falta un desarrollo algo mayor que apuntale alguna de las buenas ideas que la banda ofrece aquí. Con eso y con todo, me agradan las melodías que el propio Parra acomoda bajo muchos de los versos. O cómo del Hierro se guarda un pequeño escorzo antes del solo de guitarra, quien sale una vez más que airoso con un buen desarrollo técnico.

Alma De Cristal” viene a entroncar con la larga tradición de baladas / medios tiempos de la banda madrileña. Del arranque elegante, muy hard rockero, a esas primeras estrofas apenas a guitarra acústica y voz. Una voz, la de Tete Novoa, que ofrece aquí una de sus interpretaciones más redondas, realizada sobre un aspecto lírico de lo más reconocible. En primera instancia es un corte más funcional que vistoso. Casi académico en ese crescendo que va dibujando, pero donde me cuesta conectar con el solo que dibuja Parra. Para el cierre quedan pequeños detalles sinfónicos, un piano muy bien metido y esos coros casi gospel del mismo epílogo. No puedo decir que la desprecie en su totalidad. Tampoco que me entusiasme.

Y da igual porque “Vientos De Libertad” vuelve a traer a los Saratoga más clásicos. Una de esas composiciones donde la banda deja la sensación de sentirse más que cómoda. Novoa rasga en estrofas y sube hasta tonos imposibles estribillos. De nuevo clásico pero muy funcional. El bajo de del Hierro gana no poco peso aquí. Junto con Martí ofrece una base rítmica, consistente, y es que gustos de cada cual al margen, rara vez fallan en esto. Tampoco lo hace Parra con otro solo donde vuelve a ofrecer su mejor cara. Una lírica, diría más que ninguna otra de todo el largo, que no podría resultar más auto reivindicativa. Pura idiosincrasia Saratoga, desde luego.

Alma Perdida” ofrece un buen prólogo al que siguen hábiles melodías por parte de Parra. Por eso me sorprende que los riffs que trama después sean serviciales, casi utilitarios, mientras Novoa conjuga esa interpretación algo más oscura a lo “Silencio” para desembocar en un buen estribillo. Y digo bueno por el modo en que el de Pinto no necesita de tonos imposibles, más bien al contrario. Un Novoa más contenido, más terrenal y quizá otro de los cortes que podrían funcionar de cara al directo. Estupendo epílogo con Parra adornando los tonos, ahora sí, más altos de Novoa. Me agrada, me funciona.

Parra se mostrará de nuevo efusivo en el prólogo de “Basta Ya De Horror”. El corte juega a alternar el poso más clásico de las estrofas con el mayor nervio de los estribillos. Todo bajo una letra antibelicista, reivindicativa al modo Saratoga, que si bien no me atrapa, entronca con la más pura tradición del cuarteto. En cualquier caso resulta un corte muy fiel al ya extenso legado de los madrileños. Buenos cambios de ritmo, un Parra más que hábil (estupendo ese solo del tramo central) y Novoa doblando voces aquí y allá. Me convence solo a ratos.

Todo Acabó”, marcada desde el prólogo por una llamativa labor de Martí tras baterías, es otro de los cortes más sorprendentes del álbum. Sin llegar a desprenderse del sonido más clásico de la banda logra sonar algo más oscura al tiempo que desliza un mayor nervio en lo técnico. Y aunque todo esto venga aparejado a un aspecto lírico que no me agrade del todo, no deja de resultar una canción que oxigena y amplifica el rango sonoro del álbum.

Niko del Hierro toma las labores vocales en “Te Vistes De León”, otra de las que viene a entroncar con el espíritu más sucio y a la vez clásico. La más breve de las diez, muestra de nuevo a un Parra más que hábil a las seis cuerdas. Todo se acompaña de un aspecto lírico que, no quisiera yo decir que está dedicado a las cuitas del bajista para con Jero Ramiro, pero desde luego la sensación que ofrece es esa. La más breve de las diez y la que, presumo, hará correr más “ríos de tinta” que diría aquél.

Regresa Novoa al micro para la final “Somos Fuego”, que me resulta un cierre más que hábil. Lo primero porque tiene, a mi juicio, uno de los mejores estribillos del disco. También por lo hábil que está del Hierro a la hora de acompañar a Martí en base rítmica. Parra traza un muy buen solo antes de un puente de corte casi atmosférico, con un gran trabajo de Novoa en voces. Fue el primer corte que escuché perteneciente a este nuevo disco y también el que más ha crecido desde entonces. Tal vez porque, por algún motivo, me recuerda a “Buscando El Perdón”, una de mis favoritísimas dentro del basto catálogo de los madrileños. Gran cierre.

No siento ahora mismo que el disco sea un diez pero desde luego que, tras la traumática salida de Jero Ramiro de la disciplina de la banda, servidor contaba con enfrentar un desastre y, siento ahora mismo, “En Estado Puro” dista mucho de la catástrofe, por mucho que haya ideas y propuestas con las que aún me cueste conectar. Aprecio no obstante esa cierta suciedad que irrumpe a veces, lo integrado que parece ya Charlie Parra del Riego, por ahí quedan unos cuantos solos de mérito, amén del desempeño de un Tete Novoa que sigue a gran nivel. Es un frontman que, me consta, despierta tanto filias como fobias, pero a fuerza de ser justos, aquí vuelve a parecer en su salsa. En el agudo más alto pero también en los tonos más oscuros. Niko del Hierro, puro oficio, deja una gran labor a las cuatro cuerdas, amén de uno de los cortes más llamativos (aunque sea por motivos extra musicales) de todo el largo y, junto con Arnau Martí, construye una más que eficiente base rítmica. Heavy metal de toda la vida, con sus trazas de power & hard de siempre y una banda que, treinta años de carrera, se dice pronto, no piensa levantar el pie del acelerador. Ni tan mal, oiga.

Texto: David Naves

Reseña: Sound Of Silence «A New Level Of Suffering» (Breakdown Productions 2026)

Regreso al largo de los asturianos Sound Of Silence. Y un disco que trae como novedad el salto lírico del español al inglés, con todo lo que ello supone. Es el primer trabajo, además, para Nague (guitarras) y Viti (bajo). Junto a ellos siguen el también Aneuma Jorge Rodríguez (batería), Rubo (guitarras) y Nefta (voz), quien además graba, mezcla y masteriza estas ocho nuevas composiciones en sus Breakdown Studios de Gijón. “A New Level Of Suffering” vio la luz el pasado 21 de abril.

Empty Abyss” emerge lenta y elegante. Un piano que se eleva, uso arreglos que afinan un pulso casi cinemático. Introducción breve, sinfónica, que habrá de dar pie a una inmisericorde y contundente “Life After Magma”. Un pildorazo de apenas dos minutos con Jorge Rodríguez marcando el paso a un death rabioso aunque no exento de una cierto poso melódico. Metal extremo, que reconduce después de que la banda entregara su cara más lindante con el black metal en el anterior Ep “Primvs Capite”.

A New Level Of Suffering” afianza esa vuelta al melodeath, y lo hace con recetas que son bien conocidas entre los fans del quinteto: baterías fulgurantes, riffs con un fuerte poso melódico y un Nefta que, aún en su casi perpetuo desgarro, sabe moverse hábil entre registros. Todo suena potente pero discernible. Los Breakdown Studios siguen creciendo y esta banda con ellos. Es un corte que me agrada por construcción, por la cantidad de requiebros que dibuja, así como por una base rítmica poderosa y bien empastada. Luego llega el puente, con el buen solo primero y ese avanzar más pesado después. Marca de la casa. De ahí al cierre adoptan ese metal incendiario del comienzo, si acaso con una pizca más de melodía pero también de desgarro. Estupenda.

Esa alternancia entre registros de Nefta se amplifica en una “Sorrowful Above The Earth” que, de nuevo, vuelve a poner de relieve a los S.O.S. más feroces. Jorge Rodríguez comanda con pulso firme desde baterías. Alterna ritmos vivos con blast beats incesantes, mientras Nague y Rubo acometen verdaderas diabluras desde las guitarras. Es la receta clásica del combo, lo que no quita para que sorprenda la fuerza con que aún afrontan sus composiciones. De igual manera me agrada la construcción de estribillos, lo diversos que resultan en cuanto a ritmos. Luego hay secciones solistas interesantes a modo de engarces y un trazo que solo se despegará de esos ritmos siempre tan vibrantes camino del epílogo. Siento a la banda en plena forma aquí.

Agonizing Souls” viene para ofrecer la cara más pesada, casi machacona, de estos Sound Of Silence. Un corte un poco a la contra del álbum, que apuesta por un paso, a cierto punto, casi marcial. Nague y Rubo están no poco finos a la hora de construir las distintas melodías, mientras que un Nefta más rotundo que de costumbre, acierta a jugar entre registros camino de estribillos. Me agrada por el modo en que oxigena a este quinto disco, y que se reserva un metal más directo para el puente. Casi el negativo de otros cortes dentro de este nuevo nivel de sufrimiento.

Ritual Massacre”, claro, responde ahora regresando a la cara más salvaje y violenta de los asturianos. Ni tres minutos donde el quinteto se desfoga con una composición directa, sin ambages ni complejos, con Nefta poniendo todo el picante posible. A ratos en voces tan agudas que no resultarían raras comparaciones con gente como Dani Filth (Cradle Of Filth) o Joe Stamps (Ba’al, Hecate Enthroned). Sacrificada en gran medida a esa visión más fulgurante, con un Jorge Rodríguez desbocado tras baterías y muy pocos miramientos en general, apenas se permite un ligero impás previo al epílogo. No deja títere con cabeza que diría un clásico.

Qué elegante el prólogo de “The Cosmos Devourer”. Pueden ser estos los Sound Of Silence que más arraigados parecen en aquél viraje hacia posiciones más black que marcó su anterior Ep “Primvs Capite”. Un corte que, asimismo, me agrada por lo diverso de su composición. Por las libertades que acierta a tomarse con respecto a otros cortes del tracklist. Todo ello sin tampoco hacer concesiones de ningún tipo, pero acertando a diversificar una propuesta, si bien ahora algo moderada, igualmente extrema y nada vacilante. Estupendo el solo que adorna el puente y eficaz esa conducción apesadumbrada que conduce hasta el cierre. Puede ser fácilmente la que más ha ido creciendo con las distintas escuchas.

A medio camino entre los Sound Of Silence más académicos y los más cercanos al black metal se sitúa el cierre “Uncertainty / Path To Hope”, que puede ser fácilmente el corte más elegante de los ocho. Hay un gran trabajo de Nague y Rubo en cuanto a melodías. Especialmente en todo su primer tercio, ahí donde la banda se conduce sin prisas, sin abandonar tampoco su habitual metal conciso y febril, pero conduciéndose ahora con una mayor pausa. Para el puente queda incluso ese poso más melancólico que inunda no pocos cortes a lo largo de su ya dilatada trayectoria, mientras que el cierre acierta a fundir un deje más intimista (si se quiere) con una mayor rabia. Todo engrana finalmente para dejar un ante epílogo redondo, que me agrada en gran medida, y un cierre de aires casi oníricos. Magnífica.

Va a hacer veinte años de su primera referencia como banda, el largo “La Casa De Los Lamentos”, pero el pie sigue en la tabla. Al tiempo que las líricas adoptan ahora el inglés como eje transmisor de las canciones, éstas vuelven hacia unas influencias más cercanas al melodeath del que venían haciendo gala hasta el mencionado Ep de 2022. Cada vez menos metalcore, no esta ya una banda que sienta la necesidad de injertar breakdwons cada dos minutos, Sound Of Silence abrazan más que nunca el metal extremo, con todo cuanto ello supone. Hay buenos riffs, diversidad en lo compositivo, que alterna cortes directos y furibundos con otros más retorcidos, más recargados incluso, dejando siempre un sonido potente pero nítido. Todo está puesto al servicio de apenas media hora de metal rabioso y contundente, pero también elegante y casi hasta distinguido. Véanse los minutos finales. Ni aflojan ni pinta a que vayan a hacerlo de aquí a un tiempo. Y yo que me alegro.

Texto: David Naves

Reseña: Adgar «Máscaras Y Demonios» (Maldito Records 2026)

Son nada menos que dieciocho años los trascurridos desde su anterior largo “Tiempos De Cambio”, que viera la luz allá por 2008, y que por fin encuentra su continuación en este “Máscaras y Demonios”. Javi Ochoantesana y Tuko (guitarras), Diego Saiz (bajo) y los más recientes fichajes Javier Murga (batería) y la colaboración de Dani G. (voces) integran a día de hoy la alineación del quinteto. Este cuarto largo consta de diez cortes producidos, grabados, mezclados y finalmente masterizados por el propio Dani G. en sus Estudios Dynamita. Vio la luz el pasado quince de abril vía Maldito Records.

La “Obertura Del Mesías” pone todo el peso sinfónico para revestir esas guitarras del prólogo. Es una intro mayestática, grandilocuente, acomodado anticipo de esta “30 Monedas De Plata” donde los cántabros vendrán a poner toda la carne en el asador. Power metal avasallador, de incesantes dobles bombos y fuerte carga sinfónica. Y un Dani G. que, claro, recuerda sobremanera al que grabara buenos álbumes con Darksun. Al margen del registro del también frontman de November, hay algo en esta dupla inicial que me recuerda a la buena gente de Vhäldemar. En especial toda vez irrumpe la frenética y muy cuidada sección solista. “30 Monedas De Plata”, finalmente, puede no ofrecer grandes sorpresas en lo que a estructura y composición se refiere pero muestra a una banda en plena forma.

Tan Cerca Tan Lejos”, a su vez, recuerda a los Stratovarius más vibrantes. Siempre con el buen sonido de los Estudios Dynamita y con Dani G. componiendo una más que interesante línea de voz. No cesa Murga en percutir desde el doble bombo mientras Tuko y Ochoantesana trazan riffs más serviciales que distinguidos. Me agradan esos engarces entre estrofas, dinámicos, vistosos. Es power metal incesante, en vibraciones altas, que nos retrotrae a principios / mediados de la primera década de los 2000, orgulloso en el despliegue técnico y sin complejos. Que no teme dibujar solos bien apostados, extensos y cuidados. Y que, a pesar de toda esa carga sinfónica que despliegan, acierta a sonar orgánico, potente.

Barco De Papel”, que pasa por ser otro de los cortes más rácanos de todo el álbum, se desliza ahora hacia una senda más heavy, más clásica, que a ratos bien podría recordar a ciertos momentos de los gallegos Ankhara. A grandes rasgos queda la sensación de que “Máscaras y Demonios” se toma un pequeño descanso aquí. Todo ello sin que Murga afloje con el doble bombo ni Ochoantesana con los solos de guitarra, ahora de un marcado corte neoclásico. Funcional. Al fin y al cabo ofrece todos los rigores y alguna de las habituales faltas de los singles adelanto.

Algún Día”, y el tan inequívoco como inevitable deje a Helloween que ofrece ya desde el prólogo, tal vez sean los Adgar más redondos de todo el CD. Afilados, directos, de buenas estrofas y mejores estribillos. Power metal quintaesencial, auto referencial en cuanto a líricas, y donde mayor peso adquiere la buena producción de la que gozan estas canciones. De la decena, quizá la que más me recuerda a los Adgar de siempre. Orgulloso power metal, guerrero y vigoroso, entre las calabazas ya mentadas y un aspecto lírico que parece salido de los Avalanch del “Llanto De Un Héroe”. No hubiera despreciado una sección solista algo más amplia. Con eso y con todo, fácilmente una de las entregas más firmes de este nuevo trabajo.

La Huida”, por fin, se atreve a cambiarle el paso al disco. Ofrece, ya de entrada, un aire más hard / heavy, pasando por ser, pienso ahora mismo, el corte con más gancho de todos los aquí reunidos. Desde los riffs que traman Tuko y Ochoantesana a esa línea de voz al más puro estilo Dünedain, pienso en un corte como “A Un Paso Del Cielo”, todo casa para ofrecer a los Adgar más accesibles y también pegadizos.

Así las cosas, “Puños De Acero” vuelve al power más clásico y académico. A bordo de otras de esas líricas auto referenciales, reivindicativos al modo tan habitual dentro del género, Adgar componen un corte agradable, distendido incluso, con Murga marcando firme el ritmo tras baterías y Tuko & Ochoantesana dibujando otra buena sección solista antes del epílogo. No es la que más me ha calado en las distintas escuchas al disco pero agradará a quienes busquen power metal bien construido y ejecutado.

Ahondando aún más si cabe en esa vigorosa forma de entender el power metal, aquí por momentos casi fulgurante, “Las Oscuras Golondrinas” propone a los Adgar más zapatilleros. Velocidad, doble bombo y voces, agudísimas ahora, del bueno de Dani G.. Sin muchas sorpresas en cuanto a estructura, apostando por una escritura tan clásica como funcional. Válida más por el extra de picante que le aporta al disco que por cualquier otra cosa.

Pero sin salirse de esos preceptos firmes, casi férreos, es cierto que “Entre La Espada y La Pared” entrega un (leve) deje más chulesco que le sienta pero que muy bien a esta parte final del álbum. Con todo el aire de ser un tema que podría dar buenos réditos en vivo, Dani G. vuelve a ofrecer aquí su no poco amplia gama de registros. Un corte con pegada, bien adornado desde las guitarras de Tuko y Ochoantesana. Tanto en riffs como en esos duelos solistas previos al epílogo. Metal conciso y batallador, otra de las que siento mejor logradas de entre las diez (aún cuando me chirríe alguna de las (no) rimas).

El cierre es para la pequeña “Punto y Final”, junto con “La Huida” lo más diferente de todo el álbum. Unos Adgar en una clave algo más oscura, dentro de lo que cabe, y una serie de ideas que bien daban para algo más que esos escasos 3:24 que marca en el reloj. A ratos veloz, a otros más machacona y finalmente grandilocuente en esos estribillos, ampulosos y recargados, marca de la casa. No la desprecio pero tampoco puedo decir que me enganche.

No voy a negar que, “Entre La Espada y La Pared” al margen, el disco se me desinfla en su parte final. Y es una pena porque en lo que sería su hipotética cara A ofrece píldoras de fino y potente power metal. Tan orgullosamente clásico como despreocupadamente vigoroso y contundente. Dejando traslucir sus influencias, ejecutando buenos riffs y mejores solos. Con un Dani G. desbocado en voces y Murga infatigable tras baterías. Power elemental para devolver al primer plano de la actualidad a los cántabros de la mejor manera posible.

Texto: David Naves

Reseña: Crimsom Glory «Chasing The Hydra» (Bravewords Records 2026)

Surgidos a comienzos de la década de los ochenta, “Chasing The Hydra” es apenas el quinto largo de los prog / power de Florida (Estados Unidos) Crimson Glory, primero tras la resurrección del proyecto allá por 2023. Con los debuts de Travis Wills al micro y Mark Borgmeyer como guitarra solista más la presencia de los históricos Jeff Lords al bajo, Ben Jackson a la segunda guitarra y Dana Burnell en baterías. El disco ve la luz en CD y digital vía BraveWords Records mientras que No Remorse Records será la encargada de editar el vinilo.

Ni intros ni historias raras. Directa y al pie, “Redden The Sun” es un arranque a la vez clásico y vigoroso. Travis Willis echa mano ya aquí de ese registro tan teatral en sus tonos más altos. Percibo un cierto regusto a los Riot V más vibrantes en esos engarces entre estrofas. Y mientras que la producción juega a otorgar a cada elemento el peso debido a cada paso, los pequeños guiños progresivos son apenas una anécdota Que ya habrá tiempo de eso más adelante. Sea como fuere, buen solo de guitarra el que dibuja Borgmeyer, por mucho que repose sobre un riff un tanto recurrente. Un buen arranque de álbum.

Chasing The Hydra”, que fuera uno de los anticipos del álbum, recorta en tiempo aquello que gana en adrenalina. Unos Crimson Glory desobedientes de la edad que muestran sus carnets de identidad, procurando un power a la americana: conciso y directo. Willis parece ahora un émulo del mejor Geoff Tate, especialmente en estrofas, mostrando colmillo incluso en las partes más crudas, componiendo por ahí una más que interesante línea de voz. Las comparaciones con el tristemente desaparecido Midnight, siendo como serán inevitables, no empañan la buena labor del vocalista texano. Otra ración solista, ahora en formato duelo, ocupa el interesante puente. El disco sigue en vibras altas, mostrando una escritura bien equilibrada entre lo clásico y lo hábil.

Broken Together” hace por mostrar esas hechuras más progresivas. Lo primero en brillar es el notable trabajo de la dupla Borgmeyer & Jackson. Un corte, sí, que me recuerda a los mejores Queensrÿche (y no solo por el timbre de Willis, que también) y donde la producción, así como la mezcla, aciertan a la hora de amalgamar este metal a medio tiempo, a veces teatral, casi escénico, a otras más grandilocuente, cuando no directamente sinfónico. Natural en la forma en que introduce los distintos cambios tonales y que culmina en un puente de puro músculo técnico. Sin llegar al desbarre (amado y odiado) de unos Dream Theater pero confirmando que Crimson Glory han vuelto a lo grande.

Angel In My Nightmare”, a la sazón corte más extenso del álbum, arranca en balada acústica, elegante, distinguida; para después recorrer y mostrar lo mejor de una banda como esta. Esas teclas que acompañan al prólogo bien me podrían recordar a las que encuentro en un álbum como “Brave New World” de Iron Maiden. De nuevo la banda muestra una escritura clásica, preñada de giros inteligentes así como riffs precisos y con gancho. Todo es a ratos algo teatral. Más que a Geoff Tate, Willis casi recuerda a King Diamond aquí. Bien está en cualquier caso la labor de Borgmeyer y Jackson en guitarras. De esas que, reza el tópico, ganan una barbaridad con el paso de las escuchas.

Indelible Ashes” engaña con ese prólogo tranquilo, al que sigue uno de mis riffs favoritos de este quinto trabajo. En una onda que bien podría recordar a Symphony X, acompañada de ciertos dejes medio orientales, esta resulta en una entrega de gran personalidad dentro de “Chasing The Hydra”. De ahí que apunte, lo pienso así, a crear cierta división entre los fans de la banda. Con eso y con todo, otro corte bien trabajado desde el aspecto técnico, que si bien no ofrece grandes novedades en lo que a escritura se refiere, me resulta en esto un corte algo más plano y sencillo de lo normal, sirve al menos para aumentar la paleta sonora de este nuevo trabajo.

Así las cosas, “Beyond The Unknown” se moverá por terrenos mucho más heavies. Con el bajo de Jeff Lords altísimo ahora en la mezcla, Crimson Glory van componiendo un corte sobrado de gancho tanto en voces como en riffs. Bien trazado entre hábiles cambios de ritmo y eficaces adornos técnicos aquí y allá, tengo siempre la impresión de que la banda está mucho más que cómoda aquí. Idea esta que el solo doblado previo al epílogo no hace sino reforzar.

Encaramos entonces la recta final con una “Armor Against Fate” que de nuevo vuelve a circular en ritmos vivos mientras Willis reincide en esos tonos tan teatrales. Un vocalista que, pienso ahora mismo, no podría encajar mejor en la (actual) propuesta de la banda de Sarasota. Buenos riffs de la dupla Borgmeyer & Jackson, un trazo ágil pero congruente y otro puente a la Queensrÿche resuelto con el que puede ser el solo más ambicioso de todo el largo. Huérfana tal vez del gancho que sí tienen otros cortes de este “Chasing The Hydra”, resulta finalmente uno de esos cortes que disfruto más con la cabeza y no tanto con el corazón.

Pearls Of Dust” compone un curioso juego entre la pesadez del prólogo y el metal vivaracho, tan a la americana, que ofrecen las primeras estrofas. Hay un cierto protagonismo de un Dana Burnell quien compone ahora una más que llamativa línea de batería. Riffs que animan a mover el cuello, vistosas melodías en los engarces entre estrofa y estrofa y un Willis, aparentemente, más que cómodo tras el micrófono. No la más aventurada en lo que a escritura se refiere, pero un corte que ni mucho menos consideraría fallido. Siempre con ese buen gusto a la hora de desplegar un arsenal técnico sin abusos de cara a la galería. Operando siempre en favor de la canción y no al revés.

El final es para esta “Triskaideka”, que la banda estrenara como single allá por 2023, y que de nuevo camina por la senda más prog del quinteto. Un avanzar a medio gas, cuidado en lo que a producción se refiere, con Travis Willis ofreciendo una más que amplia gama de registros, componiendo otra poderosa, colorista incluso, línea vocal. En una onda que, a ratos, me recuerda a los Fates Warning de (buenos) álbumes como “Darkness In A Different Light” o “Theories Of Flight”, el disco se cierra con un buen gusto innegable.

Sin ínfulas, sin pretender ser algo que no son, sonando a muchas cosas pero, sobre todo, componiendo cortes atractivos, bien acabados y mejor ejecutados. Travis Willis es un vocalista capaz, que se mueve entre lo agudo y lo teatral, componiendo líneas de voz más que interesantes, si bien no sé hasta qué punto muchos aceptarán esos tonos tan teatrales (tan King Diamond en algún momento puntual) que dibuja.

El otro fichaje, Mark Borgmeyer, ha entregado solos más que interesantes. Y aunque habrá quien eche en falta algo más de vértigo gramático o de mordiente rítmico, lo cierto es que servidor disfruta de lo lindo con cortes como “Broken Together”, “Angel In My Nightmare” o el cierre “Triskaideka”. Hay algún riff que puede pecar de recurrente, pero son los menos. Un álbum que, en definitiva, trae de vuelta a unos más que dignos Crimson Glory veintisiete años después (¡!) del irregular “Astronomica”.

Texto: David Naves

Reseña: Beast Inside «Throne Of Blood» (Autoproducción 2026)

Cerca de cuatro años le ha llevado a la bestia thrash astur Beast Inside entregar la continuación de aquél “Under Control” con el que debutaran. “Throne Of Blood” llega tras varios cambios en una base rítmica que forman Alex Kai al bajo y Adrián Granda en baterías. Chema Bretón y Pedro Pravia siguen poniendo las guitarras y Alejandro Vizcaíno hace lo propio con la voz. El álbum se grabó, mezcló y masterizó en Breakdown Studios con el Sound Of Silence Nefta Vázquez (Aneuma, Brutalfly, Burnt To Death…) a los mandos para, finalmente, adornarse con el arte de Julio Romero y Sara Rus, así como con las fotos de Jorge López Novales.

Hydrangea”, donde cuentan con la colaboración del bajista de Sküld José Carlos, es un arranque tímido, casi vacilante, de avanzar tímido, sopesado, nada inmediato. Dos minutos que transcurren hasta dejar paso al prólogo de “Yoke And Arrows”. Un arranque de nuevo remansado, que pronto torna en furia conforme alcanza sus primeras estrofas. Antes deja buenas guitarras dobladas y un cierto sentido de la épica. Todo hasta que rompe ese thrash vibrante, que no frenético, tan habitual en la banda de Pravia. Un primer corte, con solo del Legacy Of Brutality & Aneuma Borja Suárez, que me agrada más por estructura que por la labor de un Vizcaíno siempre agresivo pero un tanto plano a la hora de encarar las diferentes estrofas. En cualquier caso, todo el puente, y no solo por los buenos solos que lo ocupan, puede ser de lo mejor que haya grabado esta banda jamás. En resumidas cuentas una dupla inicial que me genera sensaciones encontradas.

Ravenous Appetite” amenaza con entregar a los Beast Inside más pesados. Trae consigo un riff de fácil digestión, que entra a la primera, y se acompaña de unas estrofas, cierto aire a Anthrax aquí, de lo más resultonas. Noto más suelto y cómodo a Vizcaíno ahora y Nefta Vázquez ha hecho los deberes a la hora de integrar los distintos coros que acompañan / le dan réplica. En su tronco central anida una cara más técnica. Sin excesos ni florituras de cara a la galería, pero siento que mejorando el nivel con respecto al álbum debut. Me funcionan igualmente ese buen solo de guitarra y el arreón final. Un tercer corte con el que conecto de buena gana.

El prólogo de “Saint Pederast” pronto echa mano de una cierta melodía para, más adelante, tornar en un thrash, si bien machacón, también extrañamente pegadizo, Tiene gancho el riff que colocan aquí y cierta audacia el modo en que vuelven sobre su cara más técnica después. Vizcaíno pone ese tan característico registro a unas estrofas nunca faltas de mordiente. Se apoyan estas en otro buen riff. Para estribillos surgen unos coros que bien me podrían recordar a ciertos momentos de aquél “Spitting Blood” de Blast Open, otra de las bandas en las que anda enrolado el jefe de los Breakdown Studios Nefta Vázquez. Todo queda en casa. Beast Inside rematan con otro buen solo acomodado sobre ese puente central y la sensación que queda es la de que están muy cómodos en este registro.

Hydrangea II”, puede que por la colaboración de Lorena Sküld, puede ser lo más heavy que hayan grabado nunca. Todo parte sin embargo desde un prólogo tranquilo, que arrastra consigo una cierta melancolía, y donde ambas voces juegan a encontrarse. Me agrada el crescendo que abraza la composición y que lleva a esta quinta entrega hacia un heavy / thrash mucho más habitual. Entre medias queda el que puede ser el tema más diferente que hayan compuesto jamás. Aún cuando pienso que merecía un solo de guitarra algo más ambicioso, me funciona.

God Of Flesh”, que fuera anticipo del álbum, es de las nueve la que más me recuerda a los Beast Inside del debut “Under Control”. Conformada desde otro riff con gancho y pegada, siento muy fina aquí a la base rítmica que conforman el también Burnt To Death Alex Kai y el batería Adrián Granda. Buenas líneas de voz de Vizcaíno, mucho más cómodo ahora, trazando un estribillo, conciso y directo, con todos los visos a que funcionará como un tiro en sus conciertos. El remate llega por medio de una, ahora sí, poderosa sección solista. También por el modo en que esta colisiona con esas voces más rabiosas. Buen arreón final y uno de los cortes más redondos de esta nueva hornada.

Once Again”, que viene ligada a un aspecto lírico no exento de una marcada ironía, de tanto en cuanto no deja de ser una (jocosa) disertación sobre alguna de las vicisitudes que conlleva la grabación de un álbum, en particular un álbum de thrash metal, y que se acompaña de ritmos vivos, que no descosidos, donde la banda deja la sensación (siempre agradable) de que no se toman muy en serio a sí mismos. “Hydrangea” al margen supone la entrega más rácana del álbum pero bien está, creo yo, el aire más desenfadado con que impregna a este trono de sangre.

Y tampoco es que “Deadpool Into The Pit” resulte el colmo de la seriedad, pero sí que musicalmente posee más enjundia que aquella a la que sucede. Por lo pronto Alejandro está trazando una más que hábil línea de voz. Uno desconoce el orden en que estas canciones se fueron construyendo en el estudio pero va quedando la sensación de que el vocalista asturiano está más cómodo a cada tema. Aquí me gusta ese prólogo tan clásico, la buena construcción de esas primeras estrofas y una producción que no olvida de empastar a la buena base rítmica de Alex y Adrián. Llamativa sección solista y otro corte que, si bien no arriesga en cuanto a escritura, vuelve a dejar otro buen epílogo.

El cierre es para la potente “Watching Bleed”, un thrash teñido de ciertos rasgos más heavies, que funciona como un tiro y que, siento, bien merecía una posición de mayor privilegio dentro del tracklist. En cualquier caso estos son los Beast Inside más serios, también los más compactos, tramando tanto buenos riffs como rotundas líneas de voz, el característico registro roto de Vizcaíno, en un corte finalmente nada timorato en lo que a solos se refiere. Thrash a la vieja usanza para cerrar un competente segundo trabajo.

Al debut, por aquello de las múltiples veces que les pudo ver sobre las tablas, llegó uno sabiéndose las canciones casi al dedillo. Por eso enfrentarse ahora a estos nueve cortes supone sentir una serie de sensaciones que nada tienen que ver con las de entonces. Aquél era un disco de thrash sin grandes miramientos, clásico y orgulloso, y casi que este “Throne Of Blood” sigue su misma senda.

A grandes rasgos, como álbum de thrash que es, echo en falta un mayor riesgo en cuanto a estructuras. Y tampoco es que vea muy cómodo a Alejandro en esa “Yoke And Arrows” de comienzos del disco. Sin embargo sí que me agrada cómo éste irá cogiendo mejor tono con el correr de los temas. Como por ejemplo ese “Saint Pederast” y sus pequeños dejes melódicos. La llamativa “Hydrangea II”, lo más diferente que haya salido nunca del quinteto. La solidez de “God Of Flesh» y su buen arreón final. También el aire más desenfadado de “Once Again” o la buena sección solista de “Deadpool Into The Pit”… un trabajo cuanto menos funcional, que debería agradar a quienes se engancharon con aquél “Under Control” de 2022.

Texto: David Naves

Reseña: Teksuo «The Glow Before I Go» (Autoproducción 2026)

Años siendo punta de lanza de nuestro metalcore, llega por fin el turno de hincar el diente al nuevo trabajo de los asturianos Teksuo. “The Glow Before I Go”, que así se llama esta quinta obra, fue producido, grabado, mezclado y finalmente masterizado por el vocalista Diego. Junto a él se encuentran Luis (batería), Constan (bajo), Rafa (guitarra rítmica) y David (guitarra solista). Todo se completa con el arte de Patricia López Amorós y Noelia Amieva, amén de las fotos de esta última. Desde el pasado trece de marzo en la calle.

El arranque propuesto por “Thirst For Tears” no podría resultar más elegante. Ni tampoco más fiel a la ya larga tradición de la banda. Diego dispone su registro más leve para los Teksuo más atmosféricos. Un primer corte en gran medida tranquilo, rodeado por pequeñas islas de rabia tan iracunda como fugaz. Me agrada ese puente central. También el solo igualmente tranquilo que lo ocupa. El buen sonido que atraviesa la composición, tanto en los momentos más cinemáticos como en los más crudos, termina por redondear la que, pienso, es una estupenda carta de presentación.

Casi continuando donde lo dejara la anterior, “All You Wanted” recoge el testigo de los Teksuo más vibrantes e intensos. Hay estrofas realmente crudas aquí y unos estribillos trazados con engañosa ambivalencia. Bajo ellos Rafa y David han colocado buenos riffs y melodías. La producción echa mano, sin abusar, de elementos externos. Apenas pequeños escorzos que apuntalan los cambios de ritmo que desarrollan. Un metalcore con un gancho de mil demonios en coros, de esos que anidan en tu cabeza durante días y animan a cantar voz en grito en sus directos.

Sailing To The Unknown” sorprende con los tonos casi alternativos del prólogo. David entrega buenos solos superado ese arranque tan clásico. Luego la composición toma una de esas rutas ambivalentes, intrincadas, tan habituales del quinteto. Un corte en gran medida tranquilo, atravesado eso sí por alguno de los breakdowns más afilados, crudos y cortantes que les recuerdo. Todo sin llegar a lo casi sísmico de unos Lorna Shore, pero funcionando como perfecto contrapunto a la mayor calma que domina, en gran parte, la composición. Todo un cruce de caminos del que salen más que airosos.

Sanctify My Ache” apostará en primer término por la contundencia, entendida al modo Teksuo, y contrapondrá después estribillos limpios, casi cristalinos, con Diego dejando voces realmente altas con su habitual buen tino para las melodías. Hay algo en sus partes más aseadas que me recuerda a Vessel de Sleep Token. Algunos de los riffs en que se apoyan esa voces incluso. Es un corte que va virando hacia la versión más cruda de la banda. Siempre sin abusar del recurso, comedidos aún en su brutalidad, alcanzando puede que el cliché pero nunca la caricatura. Servidor tal vez le habría metido tijera a todo cuanto acontece tras el (estupendo) solo de David, pero con eso y con todo un corte que disfruto de muy buena gana.

Monochrome” es en gran medida un medio tiempo cuidado, delicado tanto desde el aspecto puramente instrumental como el lírico, con unas letras teñidas de melancolía y una cierta rabia nada impostadas. Diego baila a placer entre registros y la base rítmica de Constan y Luis soporta cada giro de guión con precisión y clase. “De Piedra” al margen, el corte más cuidado en lo emocional de los doce que componen este “The Glow Before I Go”.

Luego estalla “Where The Noise Can’t Reach” y de repente Diego nos regala unos primeros versos de los que entran a la primera y perduran en tu subconsciente durante días. Arrimándose (tímidamente) al rock alternativo de unos Coheed & Cambria, hay voces aquí que me recuerdan, y no poco, al bueno de Claudio Sánchez, estos son los Teksuo más amables y cercanos. Me agrada el marcado deje atmosférico y también esos tonos casi rayanos con el pop más casual que le siguen. Un cuidado paseo por la cara más blanda de los asturianos, rematado por un solo de David que, aunque sea por pura justicia, creo que bien merecía algo más de espacio.

De Piedra”, primer corte en nuestro idioma del combo asturiano, es a su vez la entrega más extensa del álbum. Tiene gracia que Diego declame aquello de “Perdí mi voz…” mientras canta con ese buen gusto, esa clase y esa sensibilidad. Pero más allá de lo anecdótico, esta es una balada de las grandes. Trazada con sumo cuidad, que camina por la absoluta calma y termina sin embargo en tonos cercanos a bandas como Vola o Textures. Piel de gallina, alguna lagrimilla incluso cuando David remata con ese solo de la parte final. Realmente estupenda.

Y como rebelándose contra esa calma, “Shadows Die Twice” despliega un metalcore crudo, descosido, rotundo y de una pesadez nada condescendiente. Siempre dejando que su cara más melódica impregne estribillos pero disponiendo al mismo tiempo guitarras y voces realmente agrias. Hay mucho riff rompecuellos aquí. De esos que invitan a bajar hasta el mismo suelo, y donde Diego canta ahora con todo el mal café imaginable. Si no son los Teksuo más despiadados, poco faltará. De superar la criba y terminar en sus setlists, preveo hostias como panes.

Cómo engaña ese prólogo de “Erased By Mistake”, que puede ser lo más cerca que Teksuo han estado del tan denostado nü-metal. Luego Luis reconduce con brío tras baterías y la banda transita hacia otra de esas escrituras ambivalentes, entregando aquí alguno de los momentos más desquiciados de todo el álbum. Estribillos agudísimos y un muy cuidado solo de David. Otro de los cortes que ha ido ganando un gran peso específico con el paso de las escuchas.

Mi problema con “Dogma”, si es que lo hay, es tan solo que no conecto con él del mismo modo en que lo hago con el otro tema en español del disco. Otro corte tranquilo, apoyado en baterías y ambientes electrónicos, con David disponiendo buenas líneas de guitarra aquí y allá. Pero al final, sea por lo escaso de su desarrollo, por mi propio estado de ánimo o cualquier otro motivo, lo cierto es que transito por ella nunca con desidia pero sí que a veces con una pequeña indiferencia.

Let (Me) Go” es otro medio tiempo cuidado, conciso, con la propia producción del álbum brillando igualmente en los entornos más cálidos como en los más quebradizos. Me agrada por esos matices atmosféricos, por lo sencillo pero funcional de su trazo, la clase de Diego tras el micro y el arrullo (también el tono) de las guitarras. Un corte que, de nuevo, sabe aludir a las fibras más sensibles y emocionales del oyente. Giro final al margen.

El cierre no podría resultar más satisfactorio. “Nothing Stays”, sin abandonar sus habituales colisiones tonales, deja cuidadas líneas vocales, de nuevo pequeños escarceos con el nü-metal más leve y algún que otro breakdown muy bien tirado. Me gusta cómo el solo de David rompe la tónica de ese agrio puente central. También la sensibilidad acústica con que afrontan la parte final de la composición. Un último corte que ni mucho menos es solo un corte más. Gran broche.

Si tuviera que definir este nuevo álbum de Teksuo con una sola palabra, esa sería “equilibrio”. Son muchas las influencias e ideas que manejan, pero todo resulta natural, orgánico incluso, de un modo en que los riffs que ayudan a construir esos trazos tan (a veces) discontinuos nunca opacan el protagonismo de las voces o la base rítmica. O viceversa. Metalcore, escarceos con el alternativo más mainstream o el (eternamente vilipendiado) nü-metal de los noventa, todo centrifuga en favor de unas canciones a veces con gancho, otras con pegada y alguna incluso con un profundo vértigo emocional. Entre todas construyen un trabajo, valga el tópico, donde la banda asturiana parece haber alcanzado la tan ansiada madurez musical. Gran disco.

Texto: David Naves

Reseña: Kubika «Disorders» (Art Gates Records 2026)

Y de las cenizas, renacer. Beka Bioskes al micro y Álex Ménez en guitarras (anteriormente en Eternal Psycho), alumbraban a Kubika allá por 2024. Con ellos están Berni al bajo y Gonzalo en baterías. “Disorders”, que así se llama esta primera obra, fue grabado en Metropol Studios y MadRubik Studios con producción del propio Ménez. Las pistas resultantes de aquellas grabaciones fueron posteriormente mezcladas y masterizadas por Alex Cappa (Astray Valley, Vita Imana, Bloodhunter…), culminando en un álbum puesto en circulación por la gente de Art Gates Records.

Blue Smile” carga con una introducción de corte industrial que bien podría rimar con aquellos Eternal Psycho precedentes. Lo bueno es como reconduce hacia un metal alternativo vibrante primero y pesado después. Mucho groove mientras Beka Bioskes juega entre el registro encolerizado de las estrofas y el más limpio de estribillos. Entre medias surgen riffs diversos, una base rítmica bien empastada y cierta sensación de urgencia. El puente me agrada, las voces limpias que se suceden y los buenos detalles que deja la producción de Ménez. Es precisamente él quien se destapa después con un buen solo de guitarra. Uno de esos que uno no acostumbra a oír en según que bandas de metal alternativo como esta. El cierre trae voces realmente rabiosas, abrochando lo que pienso es un muy buen arranque.

Del mismo modo me agrada “Fight Or Flight” por cómo amalgama ese prólogo tan rotundo y pesado con unos estribillos muy vivarachos, con Beka Bioskes en tonos bastante altos. Es otra construcción de una diversidad casi apabullante, signo inequívoco de lo mucho que la banda ha pensado y repensado estas canciones. Como soporte a esas idas y venidas, Gonzalo ha trazado una consistente línea de batería. Firme en los contornos más veloces y muy medida en los más pesados. Funciona el solo de Álex Ménez. El puente, tranquilo pero con una inspirada Bioskes, puede que irrite a quienes busquen algo más de picante. Con eso y con todo otro pildorazo de metal del todo heterogéneo. Híbrido, rodeado de buenos detalles desde el apartado técnico y donde, si acaso, solo echo en falta un bajo con más presencia allí donde las revoluciones se van hasta la zona roja.

«Personality Disorder” arranca sobre un riff de los que entran a la primera. Quizá en ese sentido uno de los más redondos de todo el álbum. Luego ellos acometen unas estrofas tranquilas, con un punto onírico incluso, y por ahí se irá colando la cara más melancólica de la banda. Sensacional labor de la base rítmica al completo, ahora sí, tanto en esas partes más limpias como en las más rugosas que atacan después. No es el corte más agrio pero sí que puede ser la Beka Bioskes más indómita. Aunque ni mucho menos sea novedad, desde luego resulta digno de mención (y alabanza) el modo en que la frontwoman alterna entre registros. El solo de Ménez, bien acomodado sobre un metal con cierto tono atmosférico, pasa por ser uno de mis favoritos de este debut.

Será solo cosa mía, pero el prólogo de “To The Void” tiene un nosequé que me suele recordar a aquella “The Dark Eternal Night” de Dream Theater. No es que Kubika se calcen el hábito progresivo aquí, pero no deja de ser un corte de una personalidad muy marcada dentro del álbum. Beka está cantando altísimo en estos estribillos, estirando su registro más limpio hasta sus últimas consecuencias. El trazo ofrece ahora una construcción más clásica, más elemental, con el solo apostado en el corazón mismo de la composición. No diré que me desagrada pero sí puede ser la que menos poso me ha dejado de las ocho.

Breathless”, composición más estirada del debut, vuelve a apostar por confrontar estrofas descosidas a estribillos limpios, con Beka Bioskes multiplicándose en voces. En esas partes más limpias vuelve a colarse aquél aire más melancólico de “Personality Disorder”, confrontado ahora a riffs gruesos y baterías acompasadas. De los ocho cortes puede ser este el que más brilla en cuanto a pura ejecución se refiere. En especial un Álex Ménez inspiradísimo en todo momento. Sus riffs primero, su solo después, brillan y enganchan. También el bajo de un Berni ahora más presente en la mezcla. Todo suma para que esta quinta entrega nos deje, en efecto, sin aliento. De lo más redondo y eficaz de todo el disco.

La más pequeña “Outbreak” viene para destapar a los Kubika más furiosos. Ruge Bioskes en el prólogo al tiempo que vuela Gonzalo tras baterías. Hay transiciones hábiles entre esas partes más furibundas y el groove tan acentuado de los estribillos. Un groove que pondrá a prueba el cuello de quienes se adentren en el peculiar metal alternativo del combo madrileño. Composición algo más breve que, no obstante, reserva un pequeño espacio para el solo de Ménez primero, para el retorcido epílogo después. Y aunque no puedo decir que me desagrade, sí siento que lo escueto de su duración no permite que alguna de sus ideas lleguen a desarrollarse por completo. Con eso y con todo, una buena muestra de hasta donde pueden llegar en términos de rabia e intensidad.

A la larga, el que Ménez traza durante el prólogo (y distintas secciones) de “Dark Passenger” puede ser otro de mis riffs favoritos de todo el redondo. Hay algo además en estas estrofas (ahora en limpio) de Beka Bioskes que me llama poderosamente la atención. También el toque más melodeath de los estribillos. Un corte que, obedeciendo a su título, ofrece una cara más oscura de estos Kubika. Siempre sin abandonar su característica forma de construir los temas, nunca exentos de técnica ni tampoco de pegada. Esa cara más técnica alumbra aquí una no poco hábil sección solista. Divida en dos partes, una más extraña y atemperada primero, otra más clásica y vibrante después, me resulta la más llamativa y una de las mejor construidas de de este “Disorders”. Y por amplio margen.

El cierre corresponde a esta “Dementia”, donde Gonzalo está trazando una línea de batería que ha llamado mi atención en cada re escucha. La receta es la habitual. Pero siento que Beka Bioskes está muy inspirada tras el micro. Los riffs de Ménez me funcionan. Y si bien quizá eche en falta una producción algo más ambiciosa, cuesta poco y menos esfuerzo dejarse llevar por estos estribillos limpios y las buenas melodías de guitarra en que se apoyan. El solo, colocado ahora en el mismo corazón del corte, precede a un llamativo juego entre registros de Bioskes. Todo cierra con un pequeño guiño electrónico que viene a rimar, en lejanía, con el propio arranque de este debut. Una última entrega con la que conecto en gran medida.

Me resulta un debut dignísimo. Trabajado desde los planos compositivo y ejecutivo, todo brilla de forma coherente y homogénea, aún cuando casi se podría decir que cada una de las ocho entregas va disponiendo su propia personalidad a lo largo del disco. Hay trazos más directos y otros más retorcidos, pero siempre (o en gran medida) sobre riffs hábiles y una contundente, a la par que diversa base rítmica. Beka Bioskes y aunque no sea novedad, se mueve en mil y un registros. Grita y brama con la misma intensidad con la que arrulla y acompaña, algo que no sorprenderá a quien ya conociera a la frontwoman tras su periplo con Eternal Psycho. Kubika tienen las cosas muy claras. ¿Las tienes tú?

Texto: David Naves