Reseña: The Buzzos «Survival» (Maldito Records 2026)

Vuelta al ruedo para los hard rockeros de Quintana De La Serena (Badajoz) The Buzzos. No sabíamos nada de los extremeños desde aquél “XX” (reseña) con el daban cumplido repaso a su trayectoria anterior, por lo que este “Survival” viene ahora a poner de actualidad a la banda. Sean Swindle en voces, Diego Leone y Diego Iglesias en guitarras, Lander Pulido al bajo y Jesús Putule en baterías se encuentran detrás de estos once temas. Un trabajo grabado y mezclado en Sonak Studios & Live por Luismi García y posteriormente masterizado en Crossfade Mastering por Enrique Soriano, cuyo artwork fue creado por el propio Putule sobre una idea del frontman Sean Swindle y se encuentra ya en la calle vía Maldito Records.

Directa al grano, “Mad City” se mueve hábil tras esa melancolía del prólogo que luego, llegados los primeros versos de la estrofa, viene a adoptar un deje que me recuerda mucho al mejor Billy Idol. Un registro este que le viene como un guante al bueno de Sean Swindle y un primer corte, bien apuntalado en riffs y también en melodías, de los que entran a la primera y canturreas durante todo el día. Porque el estribillo tiene un gancho de mil demonios y la producción es firme, contundente en su punto justo, y la banda parece estar en mejor forma que nunca. El disco no podía empezar con mejor pie.

Storm Inside My Brain” no pierde ni el brío ni la contundencia, pero es cierto que suena un tanto más ligera. Es vivaracha, Iglesias y Leone están muy finos a la hora de arrastrar sus riffs por otra composición sencilla, directa, con mucho feeling, ideada para propulsar ese característico registro de Swindle. Me funcionan estas estrofas, el modo en que la base rítmica opera sin excesos, sin alardes, ocupando su justa porción de protagonismo en la mezcla. Luego llega ese solo del epílogo, que aún en su sencillez, me resulta uno de los más lúcidos del álbum. Puede que no tenga el gancho del tema apertura, que requiera de alguna pasada más atenta que otros cortes dentro de este “Survival”, pero con eso y con todo me agrada.

La sorpresa, si se le puede llamar así, llega con una “Lost In Time” que, casi de inmediato y aún a falta de teclas, me lleva (casi) siempre a pensar en una banda como Sex Museum, especialmente en estribillos. Son estos unos The Buzzos bailables, claro, libidinosos incluso, con el bajo de Lander Pulido ganando peso en la mezcla, ayudando a sujetar ese deje más desenfadado de esta tercera entrega. Estupendo ese puente central por cómo funde melodías de guitarra y ese cuidado registro de Swindle y la llamativa línea de batería, si bien pienso que al solo de Leone se le podría haber sacado algo más de jugo. Te enganchará a la primera, palabra.

En contraste a esa cara más lúdica, “Make Things Right” regresa a la cara más punk de los extremeños. Desde la primera estrofa hasta el gritón estribillo, todo porta mi aire más despreocupado, ganando enteros en pegada y ampliando el rango sonoro del álbum. Es el corte más rácano de los once pero, pienso ahora, llega a buen término de todas formas.

Tonight”, que en cierto modo me recuerda al tema apertura del álbum, sí creo que merecía una duración algo más ambiciosa. Alguna de mis melodías favoritas de todo “Survival” surgen en esta quinta entrega. Me funciona esa construcción alterna de las estrofas y el modo en que Swindle las encara tras el micro. Los coros que suman más adelante, y de nuevo el trabajo de Iglesias y Leone en guitarras es todo lo fino que cabría esperar. Pero siempre llego al epílogo con ganas de más.

Y es curioso porque siento que, después, “Pretty Face” le pesa algo el culo en cuanto a duración. Que no me desagrada, pero que siento que su parte final se alarga en exceso. Sea como fuere, The Buzzos vuelven aquí a esa vena más punk (o proto punk en realidad) sin perder la clase ni tampoco la chulería inherentes al género, con un Jesús Putule estupendo en baterías y, en gustos personales al margen, una banda que sabe interpretar muy bien su papel.

Luego arranca “Hard To Hide” y siempre me atrapa el modo en que propone esas guitarras más graves sin perder un ápice de nervio, al tiempo que irrumpe el Swindle más vacilón de todo el disco. Hay buenas estrofas aquí pero, sobre todo, otro de los estribillos más redondos de todo el largo. Puede ser esta, fácilmente, la entrega más contundente que les recuerdo, con una base rítmica que de nuevo gana peso y una estupenda (de verdad) labor de Iglesias y Leone en guitarras. Rematada, de hecho, por un estupendo solo en su tramo final y, por aquello de que la cabra siempre acaba tirando al monte, fácilmente mi favorita de esta nueva remesa.

Falling Like A Comet” retoma aquella senda más bailable de aquella “Lost In Time” para mostrar al quinteto de nuevo en esa encarnación más juguetona. Es cierto que luego en estribillos todo resulta mucho más canónico, pero anda que no incitan a mover las caderas esas estrofas. Todo enfundado en otra estupenda línea de bajo de Putule, que por momentos (palabras mayores, soy consciente) me recuerda al bueno de John Deacon. Otro de los cortes más característicos y llamativos de todo el álbum, abrochado por un estupendo epílogo.

Summer´s Almost Gone” es un baladón / medio tiempo con todas las de la ley. Cuidadosamente arreglado, preñado de buenas melodías de guitarra y con el Swindle, evidentemente, más sentido y nostálgico de todo el largo. De construcción clásica, ese trazo en crescendo, acompañada de buenos detalles desde el piano, y donde todo resulta tan profundamente clásico como terriblemente funcional. Estupendo el solo y el modo en que se funde con la voz del propio Swindle primero y con los detalles desde las teclas después. Realmente estupenda.

Fool’s Luck” recupera la cara más vibrante de la banda con un hard rock vibrante, directo, pegadizo y descarado solidario al Swindle más agudo de todo el álbum. Uno de esos cortes que parece pensado, creado y ejecutado con el directo como fin último, que a ratos me recuerda al último trabajo de mis paisanos Leather Boys, y donde la banda, pienso, vuelve a dar lo mejor de sí. Llena de buenos guitarrazos, otro estribillo con gancho y un nervio, en definitiva, pocas veces oído a lo largo de todo “Survival”. Y es que como dijo aquél: “es solo rock ‘n’ roll pero me gusta”.

El cierre es para “Dirty Halo”, que regresa a la cara más vacilona de la banda para un cierre sensual, algo arrastrado, apoyado en buenos riffs y en ese Sean Swindle hedonista y lascivo. Puro hard aguardentoso, bien construido sobre otro estupendo riff de Iglesias y Leone. Como estupendo es ese solo que antecede al epílogo, así como el trazo de este, y que corona el que, pienso, es otro más que notable trabajo de los quintanenses.

Deformación profesional, cierto es que me engancho en mayor medida a la cara más hard de la banda y no tanto cuando se atreven a derivar hacia un punk más primario. Con eso y con todo una estupenda colección de nuevas canciones. Por lo general bien armadas, interpretadas con buen gusto (si bien hay momentos en que el cuerpo me pide solos algo más ambiciosos) y con un Sean Swindle que, sin abandonar su característico registro, sabe moverse con toda la diversidad que exigen estas nuevas once canciones. Todo centrifuga en favor de una banda que vuelve a la actualidad por todo lo alto. Francamente, no esperábamos menos.

Texto: David Naves

Reseña: Tort «Dimonis De La Sauva Negra» (Discos Macarras 2026)

Estamos ante el cuarto largo de la agrupación sludge barcelonesa Tort. La banda que integran Ricard García al bajo, Michel Serrano en baterías, Sergio Sancho y Jordi Boluda en guitarras y Xavier Álvarez en voces. “Dimonis De La Sauva Negra” fue grabado, mezclado y masterizado por Paco Delgado en los Sonic Riot Studios y cuenta con arte de Narcís Boter. Desde el 15 de junio en la calle en formatos digital, CD y vinilo gracias a la buena gente de Discos Macarras.

Todo da inicio con la pequeña narración al prólogo de “Necrophagus Paranoid”. Una vez ahí, Tort emergen en toda su crudeza y visceralidad. Voces que rugen, riffs que aplastan, sludge que recorre el fango de ese avanzar apesadumbrado, agónico, en una onda que podría remitir de inmediato a los madrileños Moho. Michel Serrano está muy fino a la hora de crear su línea de batería. Apoya y da lustre a ese sludge fangoso, arrastrado, acentuando la insalubridad del conjunto a cada golpe. Las voces de Xavier Álvarez sorprenden por la pura crudeza que alcanzan. La oscuridad que éste desata camino del epílogo, cercena cualquier intento por hallar algo de luz en este duro caminar por el cenagal. Ni siquiera tras esos escuálidos solos previos al cierre encuentra uno respiro. Esto es sludge en su encarnación más despiadada y cruel.

Desde ese arranque a la Eyehategod, uno ya presupone la que se viene encima con esta “Servants Of The Antichrist”. Otro corte de maceración lenta, y proceder angustioso, que añade algo más de brío tras su base rítmica, pero se apoya en la misma mala baba de siempre. Hábiles a la hora de alternar ritmos y tonalidades, todas entre negras o muy oscuras, para construir un corte hábil, con un (leve) toque melódico impreso en estrofas, y donde Michel Serrano vuelve a trazar otra estupenda línea de batería. Ese riff con el que se encaminan hacia el tramo central de la composición puede ser uno de mis favoritos de todo el largo, si bien la gama a elegir en este sentido es de todo menos pequeña. La faceta solista aquí, si bien más ambiciosa ahora, no deja de portar un aire malsano, enloquecido, muy acorde con todo cuanto la rodea.

El tema título “Dimonis De La Sauva Negra” prosigue en esa búsqueda del sludge doom más grueso y viscoso. Un ataque inmisericorde de una pesadez casi lacerante, con Xavier Álvarez dejando voces verdaderamente rotas y desesperadas. Entre lo agónico y lo irrespirable, la atmósfera que son capaces de crear paree querer borrar todo rastro de lucidez. Hay un riff muy clásico, y a la vez muy hábil, conforme la composición alcanza su tronco central. Ahí surgen voces más sucias (aún si cabe) y todo vira hacia el sludge más crudo. Una andanada pesada, que se verá continuada por otro solo de una extraña cualidad atmosférica y, a la vez, todo lo demente que exige un tema como este. Los Tort más alucinados surgen camino del cierre, con el interesante juego entre canales (mejor con auriculares) y ese epílogo pausado y acompasado. Deliciosamente atroz.

Escuchas el prólogo de “Sláine” y podrías pensar que la banda atacará aquí con un doom algo más clásico. Es una idea que se acentúa toda vez uno oye los primeros golpes de Michel Serrano a su kit de batería. Es un inicio tenso, que luego Jordi Boluda y Sergio Sancho quiebran con su gravedad habitual. Tort filtran su habitual sludge por ese deje más doom y, de resultas de ello, emerge otro de los cortes más significativos de este “Dimonis De La Sauva Negra”. Me funciona ese avanzar tan marcado, la simpleza (y a la vez la efectividad) de los riffs que conforman las estrofas. Todo mantiene ese ambiente malsano, angustioso y sin miramientos. La banda parece realmente cómoda en este ataque de pesadez angosta, pura, sin adornos, tan orgánica como desesperada, donde los pequeños cambios de ritmo no hacen sino acentuar el mal café del conjunto. En esas partes con mayor brío, el de Voul es un nombre que acude raudo a mi subconsciente. La pesadez del epílogo no busca hacer prisioneros, deslizando la cara más monolítica de los barceloneses. Tan salubre como calmar la sed con queroseno.

Ningú Fugirà Del Coneixedor”, con Gustavo López (Cuerno, Arropiero) colaborando en voces, sorprende emitiendo algún que otro destello de luz en su prólogo. Es apenas un guiño entre la oscuridad que domina a esta penúltima y extensa entrega. Me gusta el juego entre voz y guitarras que construyen en estrofas. La agonía y el desgarro de Xavier, el rugir de Sergio y Jordi. Uno de esos cortes que incitan a menear las melenas (quienes las tengan) sin por ello abandonar esa oscuridad y esa pesadez de la que hacen gala en (casi) todo momento. De hecho, a través de su puente central, diría que encuentro a los Tort más equilibrados. Un juego hábil entre su sludge más monolítico y un cierto brío en las baterías de Michel que le confieren un tono especial a esta porción de la composición. Algo a lo que contribuyen, y no poco, los gritos lacerantes de Gustavo López. Todo el epílogo es pura esquizofrenia en clave sludge doom. Qué fantasía.

Bonus Track”, que pasa por ser el corte más rácano del álbum, opta ahora por un avanzar más brioso, situándose a medio camino entre unos Motörhead muy encabronados y los momentos más speedicos de unos High On Fire. Todo confluye luego en un tronco central marca de la casa. Orgullosamente pesado. Fangoso y de nuevo sin grandes alardes. Un cierre un poco a la contra de todo el álbum, con Michel Serrano y Ricard García vibrando desde la base rítmica. Un soplo de aire fresco, en cierto modo, pero que no abandona los rasgos maestros que la banda traza a lo largo de todo el disco.,,

… y que resulta orgánica y concienzudamente abrasivo. Viscoso. Lacerante. Me atrevería a decir que Xavier Álvarez ha deslizado aquí uno de los desempeños vocales más descarnados de cuantos han pasado por las reseñas de esta web. La gama riffera acompaña a esas voces con un pulso monolítico, pesado, desgarrado incluso. Y los pocos solos que se dibujan, no dejan de tener un poso alucinado, cuando no casi demente, para un puñado de temas inmisericordes con el oyente más casual. Ni es sludge para todos los públicos ni mucho menos lo pretende. Soliviantará a los más profanos y enardecerá a los afines, quienes satisfechos se regodearán de cuanta oscuridad emana de este “Dimonis De La Sauva Negra” cenizo, despiadado y cruel.

Texto: David Naves

Reseña: Crystal Tears «Athanato» (Sliptrick Records 2025)

Estamos ante el quinto trabajo de los power / speed metaleros griegos Crystal Tears, que cumplan sus veinte años como banda. Ellos son el batería y miembro original Chrisafis Tantanozis, el bajista Alex Hamalidis, el guitarra Kostas Sotos y el vocalista Antony Hämäläinen. “Athanato” cuenta con colaboraciones de Mike Wead (King Diamond, Mercyful Fate, ex Candlemass), Helena Josefsson y Jay Walsh (Xentrix). Producido por el propio Tantanozis, las pistas resultantes de la grabación serían debidamente mezcladas y masterizadas por Matt Hyde (Hamlet, Kreator, Machine Head, Trivium…) y el álbum puesto en circulación a través de Sliptrick Records.

El prólogo de “Athanato” no podría ser más tranquilo, ni tampoco más orgánico. Crystal Tears huyen de todo aditamento artificial y proponen un metal sincero y directo ya desde el mismo comienzo. Lo que sigue es un heavy metal pesado, marcado a fuego por el característico registro de Antony Hämäläinen. El ex Ancient Settlers otorga una dimensión a la propuesta que les aleja de gran parte de sus coetáneos. Sotos está fino a la hora de hilvanar los distintos riffs y melodías. El corte resulta diverso en lo rítmico, muy melódico en lo musical y finalmente atractivo por esa amalgama de capas e intensidades.

Así las cosas, “Bloodstorm” toma un camino mucho más melódico. Menos sorprendente. Es un heavy / power elegante, de pequeños acentos épicos, con Hämäläinen alternando entre lo tranquilo de sus estrofas y lo más rocoso de los estribillos. Un corte funcional en su propia alternancia y donde Mike Wead viene a aportar un solo más que correcto. Más que correcta. No siento que me desagrade, pero sí deja cierto poso a que, con una duración un tanto mayor, habría podido ser un corte realmente redondo.

“Naked”, a la que suma su registro la vocalista Helena Josefsson, propone un metal tranquilo y apaciguado, que lejos de buscar rimas fáciles con bandas como Epica o Nightwish, parece más cerca del característico metal de los italianos Lacuna Coil. Sotos vuelve a estar más que hábil en la creación de riffs, si bien algo más discreto ahora en lo que a melodías se refiere. Hay un buen cambio de ritmo en el corazón mismo de la composición. Y es ahí donde emerge Tantanozis en apoyo del mayor músculo que muestra la banda. Habrá quien eche en falta un doble juego vocal. Crystal Tears, desde luego, no se conducen aquí conforme a las expectativas. Para bien o para mal, eso ya dependerá de cada uno.

All Sins Remembered” recupera no obstante el vértigo perdido. Corte de power metal potente pero también rocoso, con Hämäläinen tomando de nuevo el micro y vociferando en su clásico estilo a lo Tomas Lindberg, la recientemente desaparecida leyenda del melodeath sueco. Sotos vuelve a dar lo mejor de sí en apoyo de unos buenos estribillos. Estos podría contarlos entre los más atractivos de todos cuantos propone este nuevo álbum. El solo, que en ningún caso desentona, termina por configurar una entrega breve pero concisa. Eficaz y pegadiza. Unos Crystal Tears en perfecto equilibrio entre su pasado y su futuro.

Crawl Into Your Grave” no se desliga en demasía de esa línea, con Sotos de nuevo explotando su faceta más melódica. El también integrante de los góticos Til The End deja aquí varias de las líneas con más gancho de todo el álbum. Después, y en comandita con las rotundas voces de Hämäläinen, atina a construir otro corte ágil, diverso y lleno de contrastes. Caben estribillos directos, pero también alguna que otra estrofa llamativa por su propia desnudez. Me agrada, además, toda la construcción que conduce hacia el solo de Sotos, amén del propio solo en sí. Otro corte de mi vagón de favoritos.

Hay un gran trabajo de Tantanozis en esta “Ghostdance”, quizá aquella que más me recuerda a la anterior banda de Hämäläinen, Ancient Settlers. Sotos la saca adelante con otra gran labor desde el punto de vista melódico. En estribillos pero también en estrofas. El vocalista finés parece muy cómodo aquí, avanzando sobre cada verso con total seguridad. Incluso cierta clase. Desde luego la banda sale airosa del juego entre contrastes, si bien habrá quien eche en falta un mayor clasicismo. Una mayor adhesión a los preceptos del género. Nunca llueve a gusto de todos, supongo. Estupendo solo final en cualquier caso.

Ov Flesh And Pain”, cuánto daño han hecho Behemoth, alterna a los Crystal Tears más rocosos con los más melódicos. Es algo que salta al oído con la desnudez de las primeras estrofas, precedidas estas por un prólogo de lo más rotundo. Los riffs de Sotos en esas partes más nervudas resultan mecánicos, casi marciales. Contrastan con el fuerte influjo melódico que otorga luego a las estrofas. Y de ese doble juego vuelve a surgir otro corte llamativo por alterno. Pero si algo sobresale aquí es el extenso y bien planteado solo de Sotos, amén de su buena labor durante el epílogo. Sin florituras forzadas y operando siempre en favor del conjunto. Fenomenal.

Nosi Balasi” añade algo más de picante a la mezcla. Y si bien me parece un corte bienintencionado, bien construido incluso, lo cierto es que lo siento algo falto de gancho con respecto a otros tantos dentro del tracklist. Hämäläinen está todo lo rotundo y grave que de él cabe esperar. Tantanozis no escatima en el uso del doble bombo y Sotos deja un solo más que suficiente a lo largo del puente central. Con eso y con todo no negaré que hay cortes aquí dentro con los que he conectado en mayor medida.

Eros And Psyche”, corte más rácano del álbum en lo que a duración se refiere, es una instrumental a mayor gloria de las habilidades de Sotos con su guitarra. Clásico y calmado al comienzo, efervescente y casi frenético después, me agrada en su tercio final pero logra que vaya desconectando camino del final.

Y no pasa nada porque “Chaos Thy Name” de nuevo capta mi atención, a fuerza de insuflar una mayor mala baba al conjunto. Metal poderoso y vibrante, con Tantanozis volando desde el kit de batería en sustento del Hämäläinen más agrio y vociferante. Dado ese mayor nervio pueden disculparse (tal vez) unos riffs de Sotos más efectivos que vistosos. El corte sufre, si acaso, por una duración un tanto pírrica, que revierte en un puente un tanto fugaz y, a consecuencia de ello, un solo algo constreñido. Sea como fuere un corte que no me desagrada en ningún caso.

Para el cierre queda la revisión del clásico de Guns N’ RosesYou Could Be Mine”, con la banda siendo lo suficientemente hábil para situarse entre el homenaje y la lógica desviación hacia su propio sonido. Por ahí Jay Walsh deja voces más graves que agudas y la banda solventa la papeleta con crudeza, sin adornos excesivos, con un bajo de Hamalidis que crepita junto a las guitarras y un solo a la altura. Un cierre ideal para todo arqueólogo de versiones que se precie.

Quienes lleguen a este “Athanato” buscando un disco más de power / speed metal, a buen seguro se llevarán un chasco de los grandes. Lo que no quita para que el disco salga más que airoso de su llamativa colisión entre estilos. Especialmente a lo largo de su primera mitad. Esa que alberga la curiosa “Naked”, la llamada de atención que supone el tema título o el cuidado equilibrio de “All Sins Remembered”. Un disco que, salvando las gigantescas distancias, podría decirse que representa para Crystal Tears lo que “Jugulator” vino a significar para Judas Priest, si bien “Decadence Deluxe” (2018) ya había dado algún que otro paso en esta dirección. Avisados quedáis.

Texto: David Naves

Reseña: Sojourner «Gateways» (Avantgarde Music 2026)

Gateways” representa el cuarto episodio en el viaje épico y atmosférico de la formación multinacional Sojourner. Al dúo habitual de Mike Lamb (guitarras, composición) y Emilio Crespo (voces) lo acompañan ahora Mike Wilson (bajo), Riccardo Floridia (batería) y la ex Draconian Heike Langhans (voces). Con los propios Langhans a cargo de todo el apartado artístico del álbum y Lamb coordinando las labores de producción, grabación, mezcla y masterización, el álbum ha visto la luz a través de Avantgarde Music en digital, vinilo de 12», CD y casete.

Delicada, casi como un murmullo, “Dawnrays” da la bienvenida desde tonos amables, tendida sobre un piano que pronto cederá su protagonismo a las guitarras de Lamb por un lado, a los arreglos por otro, procurando un metal profundamente nostálgico, revestido de una épica algo desgastada, como añorando un pasado glorioso, yacente ahora entre ruinas. Me gusta toda esa construcción que conduce hacia el punzante black metal de las primeras estrofas, con la banda adoptando un trazo ambivalente entre esa rabia y su cara más atmosférica, casi onírica. Magnífico ese contraste entre las voces rotas de Crespo y las limpias de Langhans. Después abrochan con un delicado puente de corte clásico, calmado y elegante, con la mencionada Langhans poniendo de relieve su registro más amable. Todo hasta desembocar en ese precioso epílogo, broche redondo de un, pienso yo, gran arranque de álbum.

El prólogo de “And The Paintings Fall” tiene algo que siempre me recuerda a la banda sonora de la trilogía “El Señor De Los Anillos”, la triple epopeya musical del gran Howard Shore y, hay quien dice, la mejor banda sonora de la historia del cine. El caso es que toda vez supera ese olor a hobbit y comarca, Sojourner están jugando a enfrentar a los primerísimos Within Temptation (escucha esa primera estrofa de Langhans y dime que no) con su habitual black atmosférico. Crespo impone su registro rasgado sobre las partes más violentas y su contraparte hace lo propio con las más acompasadas. Un doble juego muy clásico, algo evidente, pero que le funciona con precisión al combo internacional. Por eso lo que más aprecio aquí es la forma en que la composición va alternando papeles camino del tronco central, con partes más livianas por un lado, más pesadas por el otro, y que en cierto modo, aumentan lo que este segundo corte tiene de ambicioso. Camino del cierre me gusta el mayor poso melódico que imprimen las guitarras de Lamb. También los arreglos de cuerda de ese puente y no tanto algún que otro desequilibrio en la mezcla durante el tramo último. Con eso y con todo, un corte que disfruto en gran medida.

Luego “Lunar Tear”, sobre el papel, puede no resultar tan ambiciosa. Aunque tiene un prólogo de lo más elegante y buenas hechuras como ancla emocional del álbum. Me gusta cómo conjugan los registros de Crespo y una Langhans, su primer disco a bordo del proyecto, muy desenvuelta en sus versos. Hay blast beats junto a voces que rugen y un cuidadísimo trabajo en lo que a arreglos se refiere, particularmente presentes cuando bajan las revoluciones. La vocalista de Ciudad del Cabo está dando un aire casi gótico a ese puente previo al epílogo. Y la banda en su conjunto agigantando la cara más atmosférica en ese buen tramo final. Me agrada aunque no me entusiasme.

Occultation” parece querer apostar por un poso más sinfónico. De todos modos, toda vez supera la delicadeza de su arranque, estos son quizá los Sojourner más fervientemente metálicos. Melódicos incluso, con ese fino aporte de Lamb desde guitarras. Conseguido, bien conjugado el doble juego vocal aquí, con una Langhans más melancólica aún si cabe. En lo que a riffs se refiere, puede ser éste mi corte favorito de esta nueva hornada. Aquél en que Lamb va más allá de sus habituales riffs solo serviciales y aporta una pizca más de brillo desde las seis cuerdas. Por contra, a ratos siento que este es un corte al que le pesa un poco el culo en cuanto a duración. Que bien podría haberse resuelto de la misma forma sobre la barrera de los cinco minutos. Y no los más de siete que marca en el reloj. Aún así, me gusta la mayor gravedad que adopta antes del cierre, esa cara más oscura y no tan nítida, ejerciendo de contrapunto a su habitual grandilocuencia. Un corte que, ya digo, plantea buenas ideas pero que quizá emplee tiempo de más en llevarlas a cabo.

Todo lo contrario que esta “Epitaphs”, que sin ser tampoco una composición rácana (6:51), parece operar siempre desde un debido equilibrio. El prólogo no sorprende. Otra de esas tímidas entradas al piano. Pero sí ese poso más aletargado y pomposo que surge a continuación. El juego vocal que acometen Crespo y Langhans en estas primeras estrofas bien podría adornar un buen álbum de metal gótico. Funciona porque ambos están fantásticos en sus antagónicos registros. También por la rica gama de arreglos en que se apoyan o por las buenas melodías de Lamb desde las seis cuerdas (o siete o las que sean). No quisiera decir que la banda aquí vira hacia el doom, pero sí que hay partes en que su metal atmosférico se calma y aletarga. Luego llega un puente de aguas aún más tranquilas. De nuevo reposado y casi onírico, comandado por la voz de una Langhans que es puro arrullo. Por su parte, la base rítmica queda siempre un tanto escondida entre tanto arreglo, tanta voz, tanta guitarra. La sensación que queda es que tanto Wilson al bajo como Floridia en baterías ofrecen un desempeño puramente utilitario. No brillan, tampoco estorban. Le imprimen el empaque más riguroso sin alardes, lo cual, tratándose del tipo de metal que la banda tiene entre manos, no tiene por qué ser algo malo. Más bien al contrario.

Con “Vvardenfell” siempre me vienen a la cabeza los vieneses Summoning. Un corte que viene a aumentar el registro tonal del disco a base de insuflar una mayor épica al conjunto. Crespo toma el mando con su voz más agria, Lamb apuntala con buenas melodías y la producción deja un poso más encorajinado, con algo más de punch, en los momentos más paganos de todo el largo. Vvardenfell, gran isla volcánica situada en el centro de la provincia de Morrowind dentro del universo The Elder Scrolls, sirve así de trasfondo así a los Sojourner más guerreros, también más folkies, con una serie de arreglos muy útiles en su tercio final. Lástima, eso sí, el desganado fade out del cierre.

Ya desde el propio aspecto letrístico que la acompaña, “The Road Ahead” resuena mucho más terrenal. Y no será porque Langhans no esté poniendo su registro más delicado en ese tranquilo prólogo. Pero toda esta primera parte de la composición se apoya sobre los Sojourner más frágiles. Después irrumpe Lamb con riffs solo utilitarios pero con buenas melodías de guitarra. Entre él y la vocalista capense van pergeñando un final repleto por igual de melancolía y buen gusto. Un crescendo trazado con sumo cuidado, desde la escritura hasta la producción, desembocando en ese cierre grandilocuente, melancólico y profundamente funcional. Chicos, era ésta la que merecía un desarrollo algo más ambicioso.

Pero que me aspen si no estamos delante de un disco de black atmosférico elegante, cuidado, contundente y delicado a la vez, que sabe guardar un equilibrio casi perfecto entre la rabia y la tristeza, la melancolía y la épica, amalgamando su amplia gama tonal con acierto. Con esa producción algo desgastada jugando a favor, con el doble registro vocal regalando cuidados contrapuntos y una gama de arreglos pensada (o tal parece) hasta el más mínimo detalle: unas veces hacia la melancolía, otras hacia la épica, pero siempre funcionales, sin erigirse en protagonistas pero aportando a la amplia personalidad de este cuarto largo. Fácilmente el trabajo más ambicioso del combo hasta la fecha.

Texto: David Naves

Reseña: Timeless Rage «My Kingdom Come» (Metalapolis Records 2026)

Que venga a nosotros lo nuevo de Timeless Rage. Los sinfónicos germanos, aka Klaus Buchfink (baterías), Michael Benk (guitarra, coros), Anna Keil (teclados, coros), Christian Pirch (guitarra, coros) y las recientes incorporaciones Daniel Wengle (bajo, coros) y Nicolaj Ruhnow (voz), nos entregan un segundo largo mezclado y masterizado por Markus Teske (Mob Rules, Vanden Plas, Threshold, Symphony X…) en el Bazement Studio y que ha visto la luz vía Metalapolis Records.

Por las manos de Markus Teske han pasado bandas de no poco renombre. Es algo que notas nada más arranca la inicial “My Kingdom Come”, tirada más hacia la vertiente power que la sinfónica (aunque algo hay) del combo alemán. Es un corte directo, ya digo que sin mucha pompa, que ni reinventa la rueda ni pierde ocasión de tramar buenas estrofas y estribillos. Me gusta ese paso más lento que va y viene, un ambiente que bien me podría recordar a los propios Symphony X, sin llegar al (a veces) torrencial derroche técnico de aquellos. El solo me devuelve esa sensación, especialmente en el arranque. La banda construye una buena sección solista. Acomodada, elegante, eficaz. Es un primer corte ordenado, quizá a ratos un tanto previsible, pero finiquitado tras un estupendo epílogo. Esto no pinta nada mal.

Nicolaj Ruhnow, que pasó por los británicos Tokyo Blade, llegando a grabar un álbum con ellos (“Thousand Men Strong” de 2011), plantea tonos altos en contraste con el tono más oscuro que la banda desarrolla en esta “The Seed Of Fear”. Por ahí ciertas comparaciones con Kamelot, Avantasia, incluso Edguy parecen inevitables. Es una composición que viene a extraer algo más de músculo en lo que a técnica se refiere, tamizada por esos aires más medio orientales (¿Alguien dijo Orphaned Land?) y rodeada ahora de un mayor punch sinfónico. Me agrada ese doble juego entre voces. La más limpia, la más rasgada, que si bien ya hace tiempo dejó de resultar novedosa, sí pienso que está bastante bien integrada en el (ágil) corpus de esta segunda entrega.

La más breve “The Devil’s Masquerade” se adhiere a un power metal clásico, sencillo y directo. Bien adornado en cuanto a producción y donde Ruhnow está dejando versos en una onda que no me podría recordar más a ese tal Michael Kiske. Hay un puente que desata, de nuevo, a esos Timeless Rage más graves y oscuros, bien cuadrado en términos de producción y al que sigue, de nuevo, ese power trotón y elemental del tercio inicial. Nada nuevo ni sorprendente, clásico single adelanto, pero funcional cuanto menos.

Conquistadores”, no busquen semejanza alguna con los orgullosos piratas alemanes Running Wild, alterna un heavy de nuevo algo más oscuro con andanadas de puro metal sinfónico, elegante y bien arreglado, para un corte al que tampoco le falta mordiente. Hay aquí una deriva hacia pasajes casi progresivos, siempre sin salirse del redil del género pero que, desde luego, otorgan otro aire a esta cuarta propuesta. En contraste, el puente central vendrá a desatar un tono entre lo épico y lo teatral. Es un corte entretenido por diverso, de esos que ganan peso específico con cada escucha y, a fe mía, uno de los más divertidos de este “My Kingdom Come”.

Moonbite Serenade” le sirve a estos alemanes para mostrar algo más de colmillo. De intensidad. Composición más extensa del álbum, ahonda en ese power tan teatral que ya mostraran en “Conquistadores” para, por ahí, construir un heavy / power metal que, de nuevo, parece no querer conformarse con abrazar un único discurso. Lo mejor es lo bien que está Ruhnow en la creación de estrofas. Elegante, hábil, sabiendo moverse en tonos altos pero sin abusar de agudos sin sentido ni perderse tampoco en voces melosas e impostadas. En una era de producciones sencillas, predecibles, profusas en bombo / caja y estribillos más cerca del pop que de Accept o Iron Maiden, refresca (al menos) encontrarse composiciones como esta. Y aunque pienso que aún se le podría exigir algo más (hay cierta alergia al solo de guitarra en estos chicos), bien están esos detalles, otra vez, entre épicos y teatrales que anteceden al epílogo.

Cuenta la nota de prensa que “A Vampire’s Legacy” fluctúa en influencias entre Paradise Lost y Stratovarius. Puede ser. El caso es que Ruhnow de nuevo está brillando en estribillos pero el corte, en líneas generales, creo que palidece frente a otros dentro de este segundo largo. Todo su habitual discurso está presente y de qué forma aquí. Pero encuentro predecibles ciertos riffs en que se apoyan las estrofas y ese tono gótico, apesadumbrado por el que la nota refiere a la susodicha banda británica no siento que llegue a materializarse del todo. No es que me aburra pero desde luego tampoco me engancha.

Regrets” supone entonces un pequeño descanso dentro del fuerte flujo sinfónico del disco. Breve en duración y pequeña en ambición, que no exenta de cierta distinción y con un Ruhnow ahora sí algo engolado, supone un pequeño impás que sirve como puente hacia “The Enemy Is You”. Aquí la banda recupera la forma, echa toda la carne en el asador en lo que a peso sinfónico se refiere y adopta un power vivaracho y clásico, con un gancho de mil demonios. Brilla (por fin) Klaus Buchfink tras baterías mientras la producción juega a enfrentar el aspecto puramente metálico, esas guitarras ahora más afiladas, con todo el aparato sinfónico. De nuevo esos interesantes duelos vocales, contornos algo más nervudos y un cierre por donde se colará, incluso, un aire más circense. Una dupla de lo más atractiva.

We All Shall Fall” parte de un prólogo que me recuerda a unos Iron Maiden del “Brave New World”. Sentimiento este que se desvanece toda vez sucede ese arranque e irrumpen los Timeless Rage más metálicos de todo el largo. En consecuencia, hay voces más encorajinadas, pero también una presencia sinfónica que, a ratos, me chirría como lo hacen muchos recodos del (por otro lado) algo infravalorado “S&M” de unos tales Metallica. Con eso y con todo tampoco es un corte que desprecie.

The Pale Death” echa por tierra ese deje casi misterioso del prólogo para conducir hacia un power sinfónico que, seamos francos, tampoco aporta gran cosa al discurso previo. Funciona, si acaso, para que Ruhnow disponga tonos más propios de un Tobias Sammet y el disco supere, al menos, los tres cuartos de hora. Y no niego que Anna Keil haya trazado buenos detalles desde el piano o que el doble juego vocal les vuelva a funcionar. Pero en resumidas cuentas siempre me deja una sensación un tanto agridulce…

… que de todos modos tampoco empaña, al menos en mi caso, todo cuanto la banda ha hecho bien previamente. Primero por lo equilibrado de su sonido, segundo porque parecen ser más que conscientes de sus puntos fuertes tanto como de sus debilidades y finalmente porque entre los diez cortes cabe un discurso lo suficientemente rico como para agradar a cualquier fan del sinfónico que se precie, en especial si quiere huir (sin mirar atrás) de bandas como Beast In Black, Battle Beast, incluso Sabaton, y abrazar un metal más clásico, no tan pagado de sí mismo, pero que salvo algún momento concreto entrega todo aquello que promete. Que no es poco.

Texto: David Naves

Reseña: Crom «III» (Demons Records 2026)

Cuando el pasado mes de abril comenzaron a llegarme, vía redes sociales, las primeras noticias de la reunión de Crom, no pude menos que congratularme. Fue una noticia no exenta de nostalgia. Sigo a la banda desde aquel lejano 1987 en el que publicaron su primer LP, «Steel For An Age» (todavía lo conservo en vinilo). Producido por Julio Castejón (Asfalto) y publicado por Sniff, tenía un sonido… vamos a decir que mejorable, pero las composiciones de estos pucelanos nos ponían en el rumbo de eso que estaba llegando: el speed y el thrash metal, pero con unos tintes épicos que le daban una visión muy particular. Además, cantando en inglés, un atrevimiento para el heavy metal patrio de aquellos 80’s. El potencial de la banda era enorme y esto llama la atención de la prensa especializada. Ficharán por la discográfica Claxon Records y un año después llegaría «Wasteland» (1988). Lo graban en La Meca del momento, los Estudios Mediterráneo de Ibiza, bajo la producción del gurú del momento, Dennis Herman. Y en 1989, mientras preparaban nuevo material, llega la disolución de la banda… y el silencio. Este silencio sólo lo romperá la inclusión del tema “Covered By Glory” en el recopilatorio impulsado por Juan Pablo Ordúñez “El Pirata”, llamado genéricamente «Destrozando El Olvido» (Desobediencia Records 2002), y alguna reedición de su material antiguo ya bien entrado el siglo XXI.

Y treinta y siete años después reaparecen con este EP, «III». Por lo que cuenta la propia banda, el germen de esta nueva obra es un viejo cassette TDK recuperado más de treinta años después, grabado en el local de ensayo de Valladolid y que debía haber dado como resultado el tercer LP de Crom. Por lo visto, dos temas no llegaron a grabarse, y de ahí que la propuesta actual se haya reducido al formato EP.

Sobre este punto de partida, los cuatro miembros originales de la banda (Luis Gadea – voz y bajo, Gabriel Navarrete – batería y coros, Miguel A. Sotorrios – guitarras y coros y Denis Escuredo – guitarras y coros) trabajaron los últimos años con la dificultad añadida de la separación geográfica para cerrar esa cuanta pendiente, con ellos mismos y, por qué no decirlo, con los seguidores de la formación. Mención aparte merece el coproductor del trabajo, Suko Sánchez, que en muchos momentos sirvió como pegamento para el empeño.

Hasta aquí la historia, pero vamos a ponernos con lo mollar. El EP está concebido como una obra conceptual (algo que tampoco es un terreno desconocido para Crom) basado en el conflicto de la Gran Guerra (o I Guerra Mundial, como prefiráis). En lo musical, cuatro temas ligados por dos interfaces instrumentales.

El EP se abre con «Off To War”. Introducción ambiental perfecta para ponernos en situación, pero a partir del minuto uno el desarrollo va in crescendo. Sonidos que nos trasladan a la NWOBHM. Las melodías literalmente cabalgan y culminan en un estribillo coreable. Transiciones que recuerdan a movimientos sinfónicos y excelentes guitarras dobladas rematadas con un solo de altura. El pasaje instrumental “Dreaded» hace que la transición al segundo tema casi ni se note.

«Trench» comienza con la voz de Luis en estado de gracia. Me llega a recordar al malogrado Midnight de Crimson Glory y a su vez le da a la composición ese poso de heavy metal progresivo que siempre estuvo latente en los discos de Crom. La propia banda cuenta que «Es probablemente la composición más oscura del disco, con una atmósfera opresiva y sombría. La influencia de referentes fundamentales para la banda, como Black Sabbath o Angel Witch, se percibe en el tema». ¡Y vaya si se nota!; riff pasado sobre una demoledora base rítmica que contrasta con un exquisito y melódico solo.

The Last Charge” salió como single de adelanto. El tercer corte es tal vez el más enérgico del trabajo. Ritmos quebrados, contundencia… Un tema que seguro puede brillar en directo. Rápido, intenso… Crom se hacen reconocibles, pero sin embargo el sonido es tremendamente actual. Una versión 2.0 que te hace pensar en los Metallica del álbum negro o en los Megadeth del “Rust In Peace”. Eso sí; nunca sabremos qué habría pasado si ellos lo hubiesen sacado en 1989-90.

Buried Souls” vuelve a funcionar como elemento transicional, arpegiado, casi acústico… Y llega “Gallipoli”, la culminación thrashera del EP. La batería de Gabi carga poderosamente arrastrando al resto del combo, rematando con un solo pleno de técnica. Tal vez un final demasiado abrupto, aunque puede que premeditado al estar la obra «incompleta».

En definitiva, algo más de veintitrés minutos que saben a muy poco después de tantos años de espera. Sin duda, uno de esos lanzamientos de los que me acordaré a final de año a la hora de hacer mi lista de favoritos. Como dicen en su nota de prensa «No es heavy metal clásico. No es thrash metal. No es power metal ni metal progresivo. Es un poco de todo ello y, al mismo tiempo, algo diferente. Es el sonido de CROM».

Cuando se publique esta reseña, ya habrá sido presentado en el Bar Mordor de Valladolid. Sólo espero que Luis, Gabi, Mimi y Deni le den continuidad a este renacer, tanto en una gira como en futuros trabajos fonográficos.

Texto: Tômi Röckdríguez

Reseña: Bloodhunter «Sons Of The Abandoned» (ROAR! / Rock of Angels Records 2026)

Es el cuarto trabajo para estos death metaleros melódicos con base en la capital del estado. Diez temas más una versión de Annihilator dispuestos para confirmar a Bloodhunter como una de los nombres más importantes surgidos de 2010 para acá en nuestra escena. Conforman la banda Diva Satanica en voces, Fabian Tejeda al bajo, Adrián Perales en baterías y la dupla Guillermo Starless & Dani Arcos en guitarras. “Sons Of The Abandoned” vino al mundo en el Sadman Studio con el propio Arcos ejerciendo de productor y Carlos Santos (Aathma, Adrift, Toundra, Hamlet,,,) a los controles. Desde el Antfarm Studio Tue Madsen (Aborted, The Haunted, Baest, Heaven Shall Burn…) se hizo cargo de mezcla y master, mientras que Gustavo Sazes (Ancient Settlers, The Crown, Angelus Apatrida…) puso de su parte para el artwork. Javier Bragado (Mägo de Oz, Celtian, Undead…) disparo las fotos de un álbum que se encuentra ya en la calle vía ROAR! / Rock of Angels Records.

The Devil’s Own”, con Manuel Ramil (Adventus) aportando tras las teclas, no podría resultar más orgánica ni tampoco directa. Tan animosa y vibrante como uno espera del género, procurando el ya conocido melodeath en clave clásica de la banda. Aquí hay una gran labor, claro, de Dani y Guillermo a las guitarras, sustentada por esa potente base rítmica y los distintos requiebros que acomete. Sobre todo ello, uno denota cuánto ha ido creciendo la vocalista de origen gallego Diva Satanica tras el micro, mostrándose siempre agria pero dueña ahora de la versatilidad que le han ido otorgando el rodaje y la experiencia. Me gusta del mismo modo ese puente más atmosférico (gran trabajo de Ramil aquí y qué bueno tenerle de nuevo dando guerra) y ese lado más técnico que la banda muestra en el tramo final. Un estupendo opener, si me preguntan.

The Outspoken”, que fue otra de las diversas cartas de presentación del largo, otorga ahora un mayor protagonismo a su cara más pesada. Un prólogo con algo más de groove como contrapunto a esos ritmos más diversos de las estrofas, que juegan entre lo directo y lo marcial no sin acierto. Todo el corte resulta atravesado por una mayor melancolía ahora, fundamentada en esos leves arreglos de fondo, pero también en algunas de las melodías que dibujan las guitarras bajo los estribillos. Muy clásica en los engarces entre coro y estrofa a la vez que atrevida en el llamativo duelo solista del puente. Sólidos, eficaces.

Threshold Of Hell”, donde la banda cuenta con la colaboración del célebre vocalista de origen portugués Fernando Ribeiro, vuelve a amarrar muchos de los vértices sobre los que pivota el clásico sonido de la banda. Acierta, por ahí, a conjugar un mayor groove de inicio con ritmos más vivos después junto a otra buena labor de Diva tras el micro. Otra voz, la del líder de Moonspell, se deja sentir en un llamativo puente con su profundidad habitual. La composición propone luego un solo algo apesadumbrado y melancólico, que ha estado soldado a mi subconsciente durante días. Algunos sonidos que se dejan oír de fondo puede resulten algo manidos y el epílogo siempre me recuerda a unos Arch Enemy del (irregular) “Anthems Of Rebellion”. Con eso y con todo, uno de los cortes que más disfruto de este nuevo trabajo.

Con “Ephemeral Youth” regresan los Bloodhunter más directos y trotones. Muy vivo Adrián tras los parches, al tiempo que Diva deja una línea de voz más monocromática, a la par que más agresiva, siempre en esos tonos menos graves, más rasgados. A través de una de las letras más auto reivindicativas de todo “Sons Of The Abandoned”, la banda proyecta un metal extremo que apenas encuentra respiro en unos estribillos más acomodados y melódicos. Hay un solo no exento de una cierta ambición durante el puente y, por lo general, me termina resultando un corte de gran personalidad de entre los diez más uno que componen esta cuarta entrega…

… y que tiene en “Sons Of The Abandoned” a uno de sus cortes más fugaces. Pero ellos, lejos de procurar la clásica composición vibrante y zapatillera, derivan sin miedo hacia su cara más pesada y groove. Entendido este siempre al modo clásico y sin olvidar ese buen gusto por las melodías de guitarra, que en esto rara vez fallan Guillermo y Dani. Puede ser un tema que no me llame tanto la atención desde el plano puramente gramático, con alguna estructura que otra un tanto recurrente. No obstante sí resulta útil a la hora de oxigenar el tono general del tracklist, ampliando el rango de acción de su propuesta. Un corte, que, en definitiva, siento que funciona en el contexto del álbum y no tanto en solitario.

Como respuesta a esa mayor brevedad, la banda coloca aquí “No One Beats Death”, composición más amplia de esta nueva hornada y aquella que se entrega en mayor medida a unos Bloodhunter pesados y abiertamente groovies. El riff que ocupa buena parte de las estrofas es un auténtico rompecuellos. Diva, por su parte, está ofreciendo otra buena línea de voz. Como digo, siempre diversa aún dentro de su habitual gravedad, sabiendo pergeñar buenas estrofas y mejores estribillos a través de una pesadez muy bien armada. Me gusta de igual modo el duelo solista que traman Arcos y Starless aquí y que habrá de anteceder a un puente tenso, calculado, anticipo de un epílogo orgullosamente pesado. Estupenda.

Code Aeternam” recoge esa pesadez y la reformula con un toque más técnico. Por ahí me desagrada su corta duración (por debajo de los cuatro minutos) y que alguna de sus partes se sienta algo atropellada. Ello no quita para que encuentre buenos riffs y mejores melodías. Una Diva cantando ahora en tonos mucho más oscuros y ese remate final tan vistoso, casi virguero. Un corte que, ya digo, con una duración algo más ambiciosa podría pasar por punta de lanza de este cuarto trabajo pero se queda un tanto por el camino.

A bordo del buen sonido que el Sadman Studio ha extraído del quinteto, “The Path That Never Ends” recupera esa cara más pesada con el que puede ser el riff más 90’s de cuantos ofrece esta nueva colección de cortes. Aquí nuestra Diva Satanica comparte micro con la neerlandesa Laura Guldemond (Burning Witches) en un hábil juego de contrastes, recogiendo el guante de Rosalía Sairem (Therion) en el anterior “Knowledge Was The Price” de 2022. Caben buenos solos, tanto ese del tercio inicial como el que adorna todo el puente, demostrando una vez más que esta banda tiene poco que envidiar a un gran abanico de nombres dentro del género. Y es que la sensación que va quedando es la de que Guillermo y Dani atraviesan un gran momento de forma.

The Night Is Darker Before The Dawn”, único corte instrumental de los once, supone un pequeño alto en el camino, un oasis de guitarras reposadas y parajes tranquilos, verdaderos oxígeno y pausa para que el disco respire antes de la traca final.

Porque “Masters Of Deceive” pueden ser los Bloodhunter más violentos. Un corte que acierta a aunar esa mayor agresividad con un poso más atmosférico. En otra de las líricas más directas que le recuerdo a Diva Satanica, la banda ofrece aquí un festín de blast beats y guitarras feroces cara a construir un melodeath hábil, como digo, en su alternancia entre nervio y melancolía. Estupendo ese solo del puente, amarrado a ese deje más melancólico, y, a modo de remate, otra de las líneas de voz más diversas de todo el álbum. Lo que hace te puede gustar más o menos, pero no creo que nadie pueda negar, a estas alturas, lo mucho que la coruñesa ha crecido como vocalista…

… y que en “Human Insecticide” está dejando algunas de sus voces más lacerantes. El original de Annihilator sirve al quinteto para dejar aflorar su cara más zapatillera y abiertamente thrash. Un cover que se materializó en forma de videoclip y que cierra este nuevo trabajo con el pie en la tabla.

Me parece un muy buen disco. No sé si el que debería de darles por fin el reconocimiento que merecen, pero sí uno que habrá de ayudarles a subir un par o tres de escalones. Al igual que me ocurriera con aquél “Beyond The Veil” de mis paisanos de Totengott (reseña), siento que Bloodhunter suenan más que nunca a sí mismos en este nuevo trabajo. La buena colección de riffs, la sólida base rítmica y la Diva Satanica más versátil que recuerdo. Bien producido, mejor ejecutado y con la sensación de que unas cuantas de estas canciones se convertirán en fijas en sus directos por mucho tiempo. Ellos han puesto todo de su parte, está por ver si el público les da por fin un espaldarazo definitivo al que llevan ya tiempo opositando. Seremos testigos.

Texto: David Naves

Reseña: Medussa «Mueran Las Ideas» (Coedición 2026)

Mueran Las Ideas”. Potente título para el que es el nuevo trabajo de los instrumentales cántabros Medussa: Juan Gutiérrez y Fernando Navarro en guitarras, Javi Arias en baterías y Pablo Vázquez al bajo. Juntos producen seis cortes que vinieron al mundo en el Ovni Estudio (Bonielles, Asturias). De la grabación se hizo cargo Sergio Firu mientras que mezcla y master corrieron a cargo de Pablo Senator. Con diseño de Mutta y fotos de Carlos Navarro Solís. Colaboran en la edición, ahí es nada, los sellos Conspiración De Iguales, Discos Macarras Records, Four Skulls, Muerte Matar Records, Primitive Noise Producciones, Producciones Tudancas, Quebranta Records y Vinilako. En la calle desde el pasado 18 de abril.

Casi más que arrancar, “Palabras” se tiende sobre el oyente. Un inicio reposado, santo y seña del género, desprovisto de pompa y grandilocuencia alguna. Superado ese arranque, se dan cita unas guitarras que bien podrían recordar a Tool. Pero cuando todo transige hacia un post-rock / metal más académico, ahí donde sale a relucir el buen sonido del Ovni, la banda emerge segura, confiada, concisa. Funciona la construcción de capas, también por el modo en que logran construir riffs con gancho. Con cierta pegada incluso. Buenas melodías y mejores crescendos en contraste con pasajes más limpios y desnudos, con Pablo Vázquez dando lustre desde las cuatro cuerdas. El corte toma luego un giro casi dramático. Por ahí surge (me resulta casi inevitable) un deje que me recuerda a los japoneses Mono. También la cara más amable de este cuarteto cántabro, en clara colisión con la mayor gravedad final. El juego entre canales de la producción (recomiendo al menos una atenta escucha con auriculares) opera de lujo en este tramo final. Un gran inicio de disco.

Ideas” continúa y expande ese mayor nervio. Hablando de nombres ineludibles, Toundra puede ser uno de los que mejor encaje tenga en este segundo corte. Todo resulta atravesado por buenas melodías y riffs que crujen sin desentonar. De nuevo sobre esas buenas líneas de bajo de Pablo Vázquez, Medussa construyen sobre ideas ya conocidas pero sin perder el tiento. Hay, de nuevo, pequeñas islas de rock remansado, casi intimista, y un sonido tan cristalino que uno se pregunta por qué hay gente que se va a grabar sus discos a yoquesé dónde, cuando al lado de casa somos capaces de sacar adelante producciones de este nivel. En cualquier caso, ojo al gancho que destilan esos riffs del tramo final o la pegada de ese epílogo. Es un rock que puede carecer de aspecto lírico alguno pero no por ello pierde (ni mucho menos) su capacidad de generar sensaciones en el oyente a poco que éste muestre un mínimo de atención, de interés.

Reconozco que siempre me cuesta subirme al arranque de esta “Certeza”. Un sentimiento extraño al echar a andar ese prólogo (y continuación) mansos y tranquilos. Es cuando entran esas guitarras claras, limpias, casi prístinas, que mi piel se eriza e incluso siento (o veces) un ligero estremecimiento. Es un viaje, hasta aquí, por los Medussa más calmos, con sonoridades tranquilas, alternativas a destellos, que se ennegrecen rumbo al tronco central de la composición. Aquí me resulta interesante el modo en que el trazo juega con las expectativas. Cómo el corte busca una explosión que no encontrará hasta superado su ecuador. Ahí me agrada la manera en que Javi Arias marca el paso tras baterías, lo orgánica que resulta su manera de entender el rock instrumental (post-rock, post-metal, llamadlo como queráis) aún cuando la intensidad sube varios enteros y, finalmente, ese aire más alternativo del epílogo. Un corte que siempre recibo con el gesto torcido pero que, de algún modo, se las arregla para atraparme.

Cadenas”, fue carta de presentación y pasa por ser además el corte más rácano (por duración) de los seis. Arrima más que nunca a la banda a las lindes del metal, insufla un cierto deje a los Pelican de Chicago y sirve, entre otras muchas cosas, para que Javi Arias despliegue una de sus líneas de batería más llamativas. Los poco más de cuatro minutos que marca en el reloj no quitan para que los cántabros hayan trazado un corte lleno de recovecos, buenos cambios de ritmo así como riffs firmes y concisos. Menos melódica (aunque tiene sus momentos) y más rocosa. Menos introspectiva, más pasional (si se quiere) y con una cierta sensación a que ha sido trazada con el directo como fin último. En ningún caso la desprecio pero sí que aquí dentro anidan cortes con los que conecto (incluso empatizo) en mayor medida.

Véase una “Insidia” que, de primeras, parece recoger y aumentar esa mayor gravedad que anidaba en el corte previo. Aquí de primeras me llama la atención esa cualidad tan rocosa del prólogo y los buenos detalles que Pablo Vázquez va dejando desde el bajo. Cómo sirve (casi) de contrapunto a las guitarras de Juan Gutiérrez y Fernando Navarro. Por momentos casi rozando el doom, uno podría pensar en unos primerizos El Altar del Holocausto, todo parece apostado sobre la cara más metálica del cuarteto cántabro. Lo que me agrada aquí es esa cualidad más atmosférica que desarrollan camino del puente. Ahí surgen voces graves, oscuras, que vendrán a ahondar aún más si cabe este dramático giro hacia el post más oscuro. El largo epilogo, no obstante, se consagra a unos Medussa que, sin perder una cierta gravedad, desde luego abrazan una mayor luminosidad en su música. Estupenda.

El corte final “Verdad”, amén de pasar por el más extenso de los seis, nos devuelve a parajes más tranquilos, a aguas más remansadas, para en un post-rock que bien podría recordar a mis paisanos de Azure, enseñar alguna de las melodías más orgullosamente memorables de este hábil “Mueran Las Ideas”. Reconozco lo sumamente placentero que me resulta transitar por todo este tramo inicial. Volver sobre esos tranquilos pasajes fijando atención en cada detalle. En cada línea presente en la mezcla. En la forma en que se conjugan las guitarras de Juan y Fernando. Lo bien que engranan esa redonda base rítmica. Luego la mayor gravedad que los encamina al tronco central me saca de ese ensimismamiento (si lo hubiere) con riffs directos, crujientes, de los que entran a la primera y anidan en tu subconsciente durante horas. Luego el corte emprende un diálogo consigo mismo, transitando por partes más juguetonas (esa que arranca sobre el 4:18 ¡me recuerda a The Edge!) otras casi bailables (pues anda que no tienen groove esas baterías de Arias) y finalmente abrazar una marcada melancolía camino del epílogo. Todo un viaje.

Qué bien han sabido conjugar todas sus influencias y plasmarlas en un álbum que, en ningún momento, corre el riesgo de resultar aburrido. Cabe mucho discurso en estas seis entregas y, mis sensaciones tras las distintas escuchas del largo, son las de estar ante un trabajo dotado de un dinamismo que debería hacerlo muy apetecible para todo fan del género. En la frontera entre el rock y el metal, construyendo cortes hábiles y orgánicos, donde todo opera en favor de las canciones y no de egos individuales. Nuestra escena instrumental sigue, pienso yo, en muy buena forma.

Texto: David Naves

Reseña: Exsilyum «Aut Omnia, Aut Nihil» (Autoproducción 2026)

Exsilyum nace de la reunión entre Solarys Rey y Akyles Guerrero. Juntos nos traen un álbum debut de “metal existencial” compuesto por doce temas grabados, editados y masterizados por Leo Peña en el Jotun Studio.

La entrada al álbum no puede resultar más curiosa: tiene corpus de intro, claro, pero torna después en una composición de auténtico peso. Tras la narración del prólogo, “Aut Omnia, Aut Nihil” se atiene a un metal de corte moderno, con Solarys hábil a la hora de bailar entre tonos, pero con su voz (a ratos) llevándose por delante el resto de elementos presentes en la mezcla. La construcción de estas estrofas me recuerda, más de una vez, a los aún reivindicables Stravaganzza. Estribillos elegantes y un armazón que va del metal sinfónico más recargado a casi la desnudez total. Echando como echo en falta un solo más prominente en ese tramo final, resulta un arranque de lo más prometedor.

Herencia De Silencio” es más picante, vibra con una mayor fuerza. Y siento que la producción, en líneas generales, gana varios enteros aquí. La línea de voz de Solarys, y que me recuerda en más de un momento a Mónica Naranjo, tiene algo de juguetona. Ella está, claro, muy hábil al micro. Y lo mismo su registro se asemeja al de la cantante de Figueres que acoge, salvando las distancias, tonos casi flamencos. Es un metal enjuto, de guitarras crujientes, bien construido, de los que parecen tener el directo como principio y fin, cuya carga sinfónica nunca opaca al resto de líneas. Directa y aún así menos sencilla de lo que aparenta.

Conflicto” pasa por ser uno de los cortes más extensos del debut. Trae aparejado, además, la colaboración del actual vocalista de Avalanch José Pardial, quien a veces a la par, otras en solitario, doblará voces con Solarys para un metal que fluctúa finalmente entre el melódico y el sinfónico. Hay riffs más serviciales que picantes, una producción bien equilibrada y otra de esas construcciones llenas de buenos detalles. Aún con esa duración nada contenida, siento que buenas ideas, como ese puente tan desnudo que irrumpe en su tramo central, bien merecían algo más de desarrollo. Con eso y con todo, una tercera entrega que se eleva en su tramo final gracias, ahora sí, al buen solo que lo ocupa. Grandes voces y un metal de lo más elegante.

La Espera” parece ahondar en una mayor oscuridad durante su prólogo. Es un arranque un tanto cinemático, con la voz filtrada de Solarys sobre una reverberante línea de piano. Después hay riffs rocosos, una voz casi omnipresente, y una letra que busca una cierta universalidad en su modo de entender los sentimientos inherentes a todo ser humano. No es el corte que más me llama la atención en lo que a trazo se refiere. Pero la buena labor de producción, esos riffs tan frontales, el solo tan vistoso y hábil que sucede al puente, así como ese cierre llamativo por grandilocuente terminan por construir una de los ofertas más llamativas de este debut.

Mentira” amenaza, ya desde el prólogo, con conducirse hacia un metal más mecánico, que sin llegar al vértigo electrónico de unos Electric Callboy, sí que merodea sin miedo por el metal industrial más formal, con ese inconfundible patrón bombo – caja, y Solarys elevando su voz al cielo en estribillos. Es extraña elección como carta de presentación, de tanto en cuanto no parece representar del todo al disco que la acoge, pero es otra de esas que, no dudo, les funcionaría en sus directos.

Y Ahora Qué” gira bruscamente el timón. Con colaboración del músico, compositor y multiinstrumentista afincado en Sevilla Anthony Castle, supone una balada en su estado más puro. Apenas una línea de piano acompañado de la Solarys más distinguida y teatral. Me agrada la forma en que va dese la delicadeza hasta la ruptura. De los tonos más leves a los más afectados con total naturalidad. Un oasis en pleno corazón del disco.

Con “Fuego Bajo La Piel” estamos ante el corte más rácano de todo “Aut Omnia, Aut Nihil”. Una duración más reducida que se traduce en un viraje, creo que no falto de habilidad, hacia terrenos más melódicos. Medio tiempo acompasado, bien construido en lo puramente musical, pero donde detecto unos estribillos algo atropellados. Acompañada de una buena sección solista previa al epílogo, es cierto que me ha pasado algo desapercibida tras las distintas escuchas del disco.

El piano vuelve a comandar un prólogo. En este caso, el de esta “El Amor También Se Rompe”, donde a mi subconsciente retornan aquellos Stravaganzza de Leo Jiménez y Pepe Herrero. Un tanto más ambiciosa desde el plano puramente técnico, puede ser el de estas estrofas mi riff favorito de todo el largo, opta en cambio por unos estribillos más acomodados en lo musical pero donde Solarys está realmente fantástica. Un corte que irá ganando colmillo en su parte central, entregándose a un metal más vivaracho y contundente, roto después por otro buen solo de guitarra primero, por la calma de ese pequeño puente después. Francamente estupenda. Fue uno del par de adelantos y puedo entender muchos de los motivos.

Con “Clarividencia” regresamos al terreno de las baladas, pero nada o muy poco tiene esta que ver con la anterior “Y Ahora Qué”. Da la bienvenida la Solarys más tenue, dibujando con poco más que su voz y unos leves arreglos un largo prólogo. Bonito, no exento de una cierta tensión, y que se irá elevando de un modo muy natural, sin prisas, sin aspavientos, hasta que la batería busque otros rumbos a la composición. De construcción eminentemente clásica, ni esconde sus influencias ni busca ser aquello que no es. Fiel y leal a un modo de entender este tipo de composiciones y, por ahí, a buen seguro recolecta de tantas fobias como filias.

Absentia”, aún cuando arranca desde la más pura calma, enseña después alguna de las guitarras más gordas de todo el largo. Una afinación no lejos de bandas que merodean el djent como puedan ser Vola, Periphery, Monuments… para un corte que apenas deja de jugar con la expectativa del oyente, a un tiempo el más avanzado por trazo y uno de los más recargados en estribillos. Puede que Solarys no esté tan efusiva como en cortes precedentes. Más comedida, sí, pero al mismo tiempo bien integrada en el espíritu de esta décima entrega. Interesante por el modo en que amplía el rango tonal del álbum.

Por tono y construcción, no cuesta encontrar paralelismos entre el prólogo de esta “Ríndeme” y la anterior “Clarividencia”. Balada de voz sobre piano en primer término, producción mediante, acoge después un tono más épico y sinfónico. Hay momentos que me podrían recordar a los primerísimos Within Temptation, una Solarys que vuelve a dar lo mejor de sí (de nuevo merodea el espíritu de Mónica Naranjo por estas estrofas) y tramo final aliñado por otro buen solo de guitarra. Fácilmente mi balada favorita de las presentes en este debut.

El cierre “Caer” magnifica esa cierta épica que se colaba por el corte anterior. Es un medio tiempo de aires casi paganos, casi desnudo de guitarras en estrofas. Cuando estas acompañan a Solarys en estribillos, de nuevo junto a esa carga sinfónica tan bien equilibrada, lo harán con cierta timidez primero, con más fuerza después, construyendo por ahí un corte hábil, el más extenso de los doce, con la depresión como trasfondo. Solarys acomete unas voces cada vez más teatrales en este final, bailando arriba y abajo con su registro para trazar una de sus mejores líneas de voz. Potente, epílogo, remate y broche por todo lo alto al debut del dúo.

Un primero disco que tiene de todo para satisfacer a los fans del sinfónico, también del melódico, y que en su (casi) una hora de duración picotea aquí y allá buscando construir canciones con personalidad, ricas en influencias y producidas (salvo algún detalle puntual) con todo mimo.

Solarys ha trazado grandes líneas de voz. Y aunque sea un disco más de canciones que de riffs, cierto que hay unos cuantos que han logrado captar mi atención. A ratos echo en falta una mayor presencia solista, pero la dupla Ángel Gómez & Álvaro Ruiz suma con los distintos solos que han dibujado a lo largo del disco. Tonos que van del sinfónico más en boga a tontear con el industrial más leve o el djent más casual. Todo sin perder el foco ni la personalidad en unas canciones, las más de las veces, bien construidas y mejor arregladas. No las tenía todas conmigo en una primera escucha (algo distraída) pero este es un trabajo de esos que ganan peso siempre que regresas a ellos. Trufado de detalles y buenas ideas y que habrá que ver si se queda en este mero ejercicio de estilo o, por el contrario, tiene continuidad en un futuro. Aquí somos todo oídos.

Texto: David Naves