Reseña: Sound Of Silence «A New Level Of Suffering» (Breakdown Productions 2026)

Regreso al largo de los asturianos Sound Of Silence. Y un disco que trae como novedad el salto lírico del español al inglés, con todo lo que ello supone. Es el primer trabajo, además, para Nague (guitarras) y Viti (bajo). Junto a ellos siguen el también Aneuma Jorge Rodríguez (batería), Rubo (guitarras) y Nefta (voz), quien además graba, mezcla y masteriza estas ocho nuevas composiciones en sus Breakdown Studios de Gijón. “A New Level Of Suffering” vio la luz el pasado 21 de abril.

Empty Abyss” emerge lenta y elegante. Un piano que se eleva, uso arreglos que afinan un pulso casi cinemático. Introducción breve, sinfónica, que habrá de dar pie a una inmisericorde y contundente “Life After Magma”. Un pildorazo de apenas dos minutos con Jorge Rodríguez marcando el paso a un death rabioso aunque no exento de una cierto poso melódico. Metal extremo, que reconduce después de que la banda entregara su cara más lindante con el black metal en el anterior Ep “Primvs Capite”.

A New Level Of Suffering” afianza esa vuelta al melodeath, y lo hace con recetas que son bien conocidas entre los fans del quinteto: baterías fulgurantes, riffs con un fuerte poso melódico y un Nefta que, aún en su casi perpetuo desgarro, sabe moverse hábil entre registros. Todo suena potente pero discernible. Los Breakdown Studios siguen creciendo y esta banda con ellos. Es un corte que me agrada por construcción, por la cantidad de requiebros que dibuja, así como por una base rítmica poderosa y bien empastada. Luego llega el puente, con el buen solo primero y ese avanzar más pesado después. Marca de la casa. De ahí al cierre adoptan ese metal incendiario del comienzo, si acaso con una pizca más de melodía pero también de desgarro. Estupenda.

Esa alternancia entre registros de Nefta se amplifica en una “Sorrowful Above The Earth” que, de nuevo, vuelve a poner de relieve a los S.O.S. más feroces. Jorge Rodríguez comanda con pulso firme desde baterías. Alterna ritmos vivos con blast beats incesantes, mientras Nague y Rubo acometen verdaderas diabluras desde las guitarras. Es la receta clásica del combo, lo que no quita para que sorprenda la fuerza con que aún afrontan sus composiciones. De igual manera me agrada la construcción de estribillos, lo diversos que resultan en cuanto a ritmos. Luego hay secciones solistas interesantes a modo de engarces y un trazo que solo se despegará de esos ritmos siempre tan vibrantes camino del epílogo. Siento a la banda en plena forma aquí.

Agonizing Souls” viene para ofrecer la cara más pesada, casi machacona, de estos Sound Of Silence. Un corte un poco a la contra del álbum, que apuesta por un paso, a cierto punto, casi marcial. Nague y Rubo están no poco finos a la hora de construir las distintas melodías, mientras que un Nefta más rotundo que de costumbre, acierta a jugar entre registros camino de estribillos. Me agrada por el modo en que oxigena a este quinto disco, y que se reserva un metal más directo para el puente. Casi el negativo de otros cortes dentro de este nuevo nivel de sufrimiento.

Ritual Massacre”, claro, responde ahora regresando a la cara más salvaje y violenta de los asturianos. Ni tres minutos donde el quinteto se desfoga con una composición directa, sin ambages ni complejos, con Nefta poniendo todo el picante posible. A ratos en voces tan agudas que no resultarían raras comparaciones con gente como Dani Filth (Cradle Of Filth) o Joe Stamps (Ba’al, Hecate Enthroned). Sacrificada en gran medida a esa visión más fulgurante, con un Jorge Rodríguez desbocado tras baterías y muy pocos miramientos en general, apenas se permite un ligero impás previo al epílogo. No deja títere con cabeza que diría un clásico.

Qué elegante el prólogo de “The Cosmos Devourer”. Pueden ser estos los Sound Of Silence que más arraigados parecen en aquél viraje hacia posiciones más black que marcó su anterior Ep “Primvs Capite”. Un corte que, asimismo, me agrada por lo diverso de su composición. Por las libertades que acierta a tomarse con respecto a otros cortes del tracklist. Todo ello sin tampoco hacer concesiones de ningún tipo, pero acertando a diversificar una propuesta, si bien ahora algo moderada, igualmente extrema y nada vacilante. Estupendo el solo que adorna el puente y eficaz esa conducción apesadumbrada que conduce hasta el cierre. Puede ser fácilmente la que más ha ido creciendo con las distintas escuchas.

A medio camino entre los Sound Of Silence más académicos y los más cercanos al black metal se sitúa el cierre “Uncertainty / Path To Hope”, que puede ser fácilmente el corte más elegante de los ocho. Hay un gran trabajo de Nague y Rubo en cuanto a melodías. Especialmente en todo su primer tercio, ahí donde la banda se conduce sin prisas, sin abandonar tampoco su habitual metal conciso y febril, pero conduciéndose ahora con una mayor pausa. Para el puente queda incluso ese poso más melancólico que inunda no pocos cortes a lo largo de su ya dilatada trayectoria, mientras que el cierre acierta a fundir un deje más intimista (si se quiere) con una mayor rabia. Todo engrana finalmente para dejar un ante epílogo redondo, que me agrada en gran medida, y un cierre de aires casi oníricos. Magnífica.

Va a hacer veinte años de su primera referencia como banda, el largo “La Casa De Los Lamentos”, pero el pie sigue en la tabla. Al tiempo que las líricas adoptan ahora el inglés como eje transmisor de las canciones, éstas vuelven hacia unas influencias más cercanas al melodeath del que venían haciendo gala hasta el mencionado Ep de 2022. Cada vez menos metalcore, no esta ya una banda que sienta la necesidad de injertar breakdwons cada dos minutos, Sound Of Silence abrazan más que nunca el metal extremo, con todo cuanto ello supone. Hay buenos riffs, diversidad en lo compositivo, que alterna cortes directos y furibundos con otros más retorcidos, más recargados incluso, dejando siempre un sonido potente pero nítido. Todo está puesto al servicio de apenas media hora de metal rabioso y contundente, pero también elegante y casi hasta distinguido. Véanse los minutos finales. Ni aflojan ni pinta a que vayan a hacerlo de aquí a un tiempo. Y yo que me alegro.

Texto: David Naves

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