Reseña: Fyres «Like Waves» (LDP Records 2026)

Nuevo Ep para el proyecto madrileño de metal alternativo Fyres, que lidera el multi instrumentista, compositor y productor Bob G. Castro, y que vio la luz el pasado 23 de enero. Cinco temas que vienen a suceder a aquél “Like Horses» de 2020. Una reflexión acerca de “la aceptación personal, el equilibrio interno y la capacidad de fluir con los ciclos de la vida”, y que prosigue allí donde lo dejara el debut. Las baterías fueron interpretadas por Tweety Capmany (Hermana Furia, Avenues & Silhouettes) y registradas por Juan Blas (Nothink, Caboverde), mientras que de producción, mezcla y masterización se encargó Alex Tena (Bonecarver). Finalmente, el artwork fue obra de Paranoidme.

To Float, To Flow, To Brush Your Teeth” es una carta de presentación concisa y eficaz. Es un metal que bebe, cada vez más, de las fuentes de la electrónica, pero de un modo que no tiene nada que ver con, por poner un ejemplo, Electric Callboy. Hay buenas melodías de Castro en estrofas. Y buenos riffs en las transiciones hacia estribillos. Es esta una producción que otorga el debido protagonismo a cada una de las líneas. Y una composición apaciguada y sin prisas. Atmosférica a ratos, habrá quien quizá eche en falta algo más de nervio. De mordiente. Éste llega, en pequeñas dosis, durante el tramo final. Ahí me agrada lo natural y poco artificioso que resulta ese epílogo. Un corte con una manera de fluir muy personal, que me descolocó de primeras y que he sabido apreciar tras el correr de las escuchas.

Accepting The Limits” lleva ese vértigo electrónico un paso más allá. Hay matices curiosos en la voz de Castro. También unas estrofas que podrían pasar por las mejor construidas de este pequeño Ep. El estribillo aporta gancho, también algo más de mordiente, mientras la producción va ganando terreno conforme las guitarras ganan en gravedad. Es un corte directo, con Capmany llevando a cabo una buena labor tras los parches, rematada con un prólogo donde las voces ganan, quizá, demasiado protagonismo. Con eso y con todo un corte que funciona.

Dancing In The Rain”, que coloca su estribillo en el mismo prólogo, juega con un metal muy al uso alternativo, con Castro jugando en tonos altos durante estrofas, apoyándose en pasajes a un tempo atmosféricos, al otro más electrónicos y casi desnudos de guitarras. Estas, cuando llegan, agradan con ese deje tan melódico que dibujan. Un corte cuyo puente, lejos de derivar hacia la calma, adopta un nervio apenas desconocido a lo largo de este “Like Waves”, con un veloz Capmany en baterías. Al final, y pese a lo algo rácano de su duración, una canción hábil a la hora de fundir atmósfera y músculo.

Por contra, “Kings” puede ser el corte con el que menos conecto de todo el Ep. Y es una pena porque Castro dispone buenos riffs aquí. Capmany, de hecho, está trazando una más que interesante línea de batería. Pero hay algo en la ejecución de estas líneas de voz, o en el modo en que la producción las dispone a lo largo de la grabación, con lo que me cuesta empatizar. ¿Lo mejor? Sin duda ese epílogo por el mayor mordiente que ofrece y lo orgánico (dentro de lo que cabe) que resulta.

Así las cosas, la final “The Window” sí que ha logrado captar mi atención. El sonido vuelve un poco a aquél fluir tan particular del primer corte. Castro está muy fino construyendo las primeras estrofas. Tanto en composición como en voces. Siento que todo fluye, de nuevo, de un modo muy natural. Y aunque pueda echar en falta una dosis mayor de picante, de ninguna manera es un corte que me haga sentir aquella cierta lejanía de “Kings”. Del mismo modo, me agrada la construcción del puente central. No busquéis aquí un metal rabioso y desafiante. Todo fluye dentro de las lindes más atmosféricas del género, con Castro ofreciendo un más que digno trabajo en voces durante el epílogo. Es un buen final.

Casi seis años después de su anterior obra puede que cupiera esperar algo más de parte del proyecto madrileño. Sea como fuere, y siendo mi primer contacto con la banda (o la one man band), cierto es que encuentro bastantes asideros a los que agarrarme. Muchos de ellos están en el corte que abre el Ep. En el modo en que está construido e interpretado. En el fluir tan característico en que se apoya. Creo además que precisamente ahí residen las mejores voces de Bob G. Castro. Es el corte que más ha crecido tras las distintas vueltas (aunque a día de hoy, ya no sé si esa sigue siendo la expresión correcta) a este “Like Waves”. En cualquier caso, un trabajo de metal alternativo paciente y bien estructurado. Más apoyado en una personal búsqueda de lo emocional a través de lo atmosférico y no tanto en el nervio o la rabia, aunque de todo hay. Un trabajo un poco a la contra de los álbumes de metal alternativo que nos suelen llegar y, por ahí, cinco temas que bien merecen una oportunidad.

Texto: David Naves

Reseña: El Altar Del Holocausto «Ecos» (Autoproducción 2026)

Desaparecer, renovarse, regresar, trascender. “Ecos” promete nuevos rumbos en la trayectoria de los salmantinos El Altar Del Holocausto, la formación que integran Reaper Model en batería y percusión, Sky Bite al bajo, sintetizadores y efectos más la dupla Weasel Joe y Reverb Myles en guitarras. Este nuevo trabajo lo integran seis cortes grabados y masterizados en los Metropol Estudios (Madrid). Todo el aspecto artístico del álbum ha sido trazado por el propio Reaper Model.

Volta” envuelve al oyente en uno de esos inicios clásicos en el cuarteto. Aquí se manifiesta, y lo hace pronto, esa faceta melódica en la que tan bien se han manejado siempre. Ruido y melodía, una marcada melancolía y un prólogo, en líneas generales, que parece continuar donde lo dejara aquél “T R I N I D A D” de 2021. ¿O no? La composición, pienso que de un modo muy natural y nada mecánico, va acogiendo una mayor gravedad. Conduciendo hacia terrenos más oscuros, profundos, a los que impregnarán de una cierta luz más adelante. La calma de su tronco central alude directamente al centro de nuestras emociones. Cálido, tendido, reposando en su encarnación más pura antes de eclosionar camino del epílogo. Puede no ser, en lo que a estructura se refiere, el corte más avanzado de los seis. En cualquier caso me agrada como apertura, máxime con esos solos tan cuidados del tramo último.

Luego “Ecos”, que fuera carta de presentación de esta nueva andadura, creo concita todo lo que les ha llevado a ser nombre de referencia del género en nuestro país: la elegancia desbordada del prólogo, con esa intersección entre líneas tan idiosincrática. Un corte donde los cambios de intensidad se suceden cual directos a la mandíbula. Ni son sutiles ni lo pretenden. Profundizan en la cara más atmosférica del cuarteto, teñidos siempre de esa cierta melancolía sin resultar (pienso ahora) nada melosos o engolados. Me agrada la levedad que impregna todo el puente central, pero sobre todo, el modo en que este contrasta con el solo que nos llevará hasta el cierre, y que en esa cierta contención con la que se conduce, puede pasar por uno de mis favoritos de todo el largo.

Shídài” provoca entonces el gran punto de ruptura. Un Altar del Holocausto de una gravedad casi desconocida, intenso y vibrante, con Reaper Model marcando ritmo con firmeza desde baterías. Pese a todo, un corte que no elude el habitual compromiso de la banda con esas tonalidades más nostálgicas, más leves, pero que aquí no obstante se conducen enmarañadas en un pequeño caos controlado. Un corte que supura una mayor oscuridad, que se verá luego contrapuesta a uno de esos engarces tranquilos en los que tan bien se manejan. Y es que donde todo arrancó con ruido, ahora surgen parajes tranquilos, guitarras prístinas. Rock casi traslúcido. Un cierto descanso antes de que otro buen solo vuelva a quebrar ese descanso. Furia controlada, conducida hasta el epílogo en un hábil ejercicio de equilibrio entre luz y oscuridad. Estupenda.

El Reaper Model más enérgico insufla un mayor colmillo a esta “Sterna”. Aquí los chicos regresan a esa cara más vibrante y aguerrida, concitando un acercamiento al metal más ruidoso, que deriva aquí sin remisión hacia terrenos más alternativos (si cabe), convirtiendo a esta cuarta entrega en la más llamativa de las seis. Y tampoco es que oculten sus habituales señas de identidad. Esos parajes remansados, apaciguados incluso. Pero cuando la furia regresa, esta lo hace desatada y sin cadenas, llevando el al oyente hacia su versión más encorajinada del cuarteto. Me agradan los riffs de esas partes más iracundas, siento que podrían funcionar como un tiro en directo. Las partes más calmas, así como esas guitarras del epílogo, sirven para apreciar el buen sonido que los Metropol Estudios han extraído de los chicos. Me parece un temazo, francamente.

Con “Vórtice” estamos ante el corte más extenso del nuevo álbum. Otro que, de nuevo, vuelve a acoger durante el prólogo sonoridades algo desconocidas en la carrera del cuarteto. Diría que tienen incluso un cierto aire grunge de no estar, como están, contrapuestas a sus guitarras limpias de siempre. Luego desatan un groove llevado por riffs graves, rocosos, donde irrumpirá un cierto caos en melodías, lo que les propulsa hacia nuevos horizontes sin, por ello, perder su característico sonido. Una vez más, y son unas cuantas a lo largo de “Ecos”, un fino ejercicio de equilibrio entre intensidad, ruido y melancolía. El tronco central se entrega a un post-rock liviano, de nuevo casi cristalino, que se conducirá entre parajes tranquilos, casi oníricos, de una belleza incontestable. De nuevo surge la buena producción de la que gozan estos temas. En esa calma de ensueño pero también en el músculo con el que despiden esta penúltima entrega. Huelga decirlo pero una de esas composiciones que, particularmente con unos buenos auriculares y la atención puesta en cada detalle, en cada guiño, ganan una barbaridad con el paso de las escuchas. Palabra.

Recuerdo”, la calma después de la tormenta, explora entonces su cara más nostálgica. Una última entrega en la que todo resulta, en cierto modo, acomodado, tranquilo, luminoso incluso, donde hasta la batería de Reaper Model no deja de desprender una cierta levedad. Una despedida desde la calma y el sosiego, no exenta de introspección, y aunque no venga al caso (de aquí a unos meses), ideal para sobrellevar estos rigores veraniegos que nos asolan.

Han cambiado las túnicas por el traje pero la propuesta sigue igual de firme que siempre. Huérfanos de todo su anterior imaginario religioso, el post-rock (o post-metal, tanto da) del cuarteto sigue gozando de buena salud. En lo compositivo y también en lo emocional, con momentos en los que, ya digo que a pesar de las altas temperaturas de los últimos días, son capaces de erizarme la piel. El sonido que han extraído de ellos los Metropol Estudios tiene gran parte de culpa, pero también la forma en que conjugan intensidad y nostalgia, luz y oscuridad, en unas señas de identidad muy propias tanto del género como de la banda que nos ocupa. Una música que, un disco más, vuelve a transmitir toda una riada de sensaciones sin hacer uso de una sola palabra. Finalmente, tan extrañamente magnéticos como nos tenían acostumbrados. Qué bueno que volvisteis.

Texto: David Naves

Reseña: Mala Reputación «Queda Entre Nosotros» (El Garaje Producciones 2026)

A veces la vida es cuestión de pequeños pasos. Mala Reputación, seis años después de su anterior Ep “La Belleza”, regresan con otro “mini” buscando mantener viva la llama a la par que abrazan nuevos rumbos. Kiko Martínez en batería y coros, Michi Candás en bajo, coros, y la pareja Daviz Rodríguez & Juan Santamaría en guitarras y coros vuelven con un “Queda Entre Nosotros” compuesto de cinco temas cocinados entre Pablo Senator y Daniel Sevillano en el OVNI Estudio de Bonielles.

Mírame” propicia un arranque vitalista, vibrante incluso, con buenas melodías de guitarra y el OVNI dejando patente, un trabajo más, que pocos estudios de este nivel en nuestra región (¿en nuestro país?) en lo que a rock se refiere. Todo sazonado por las ya clásicas letras intimistas, nada panfletarias, que vienen siendo santo y seña de la banda desde hace ya tiempo. Y es que “hasta las sombras más oscuras tiemblan con rayos de luz”. Pausan con un bien traído puente y rematan después con un epílogo con visos de himno. Si ellos así lo quieren, me parece un opener fantástico.

El Hilo” fue la encargada de adelantar al Ep y, muy especialmente en lo sentimental me parece la más redonda de las cinco. Un prólogo tranquilo, que bien podría recordar al de “Fuego”, quizá uno de los cortes más definitorios de su trayectoria. Aquí me agrada esa construcción tan natural, sin prisas, sin apreturas. El buen trabajo tras esas primeras estrofas, apoyadas en esa fina línea de bajo. Luego llega ese estribillo. Redondo, con gancho, con pegada, estupendo. Un corte que me agrada tanto en lo gramático como en lo puramente sensorial. No por nada el verso “y aunque todo el mundo tiemble decidimos no caer” lleva soldado a mi subconsciente desde hace semanas. Realmente fantástica.

Luego “Accidente” pone en primera línea a los Mala Reputación más directos, más abiertamente rockeros, no por nada se trata del corte más rácano de todo el Ep. Con eso y con todo, alberga un juego entre voces de lo más hábil, ese tono entre vitalista y melancólico en el que tan bien se manejan y algún solo, engarzando estrofas, de lo más pintón. Lo que sorprende aquí es ese nervio más alternativo que surge camino del epílogo, soldado a la cara más ruidosa de los asturianos. Entra a la primera y la disfruto como el que más.

Mi Capitán” parece recoger el testigo de su predecesora. Siguen aquí el testigo de ese rock más ruidoso, especialmente en su prólogo, y un tanto más liviano en sus primeras estrofas. Es un corte, no obstante, de pura idiosincrasia Mala Reputación. El más extenso de los cinco y, desde luego, aquí da toda la sensación de que se han tomado su tiempo a la hora de componer y trazar cada línea de guitarra, cada giro, cada recodo. Aún sin abandonar esa cualidad tan rockera, tan ruidosa incluso, el puente aquí vuelve sobre señas de identidad habituales. Esa cierta ligereza, la inconfundible voz de Daviz Rodríguez y esas guitarras tan cuidadas. Me enganchó ya de primeras y aún ha ido creciendo con el correr de las escuchas.

Y es verdad que con “Lluvia y Barro” no conecto en la misma manera en que lo hago con el resto del Ep. Pero aún así me agrada de nuevo esa construcción tan orgánica, tan tranquila, sin prisas ni compromisos. Es rock amable, de un sonido cristalino, con cuya letra eso sí conecto en menor medida que con el resto de presentes en el Ep. Claro que lo mismo me ocurrió en su día con un corte como “Océano y Lluvia” y, sin embargo, a día de hoy podría decir que pasa por ser uno de mis favoritos de entre la producción más reciente de la banda.

Y es que el de Mala Reputación es un rock de maceración lenta. Fiado en gran parte a lo sentimental pero sin caer tampoco en la lágrima fácil. Un rock a veces tan tendido y delicado como ruidoso y vibrante. Apenas (no llega) veinte minutos que vuelven a demostrar, pienso yo, que hoy por hoy son una de las formaciones más elegantes, distinguidas incluso, dentro de nuestro infatigable rock and roll. Sin panfletos, sin maniqueísmos, pero teniendo muy claro qué y cómo quieren contar las cosas. Su visión crítica del mundo que nos rodea, su modo también para, desde lo interior, hablarnos de lo universal. Si las cosas siguen el cauce previsto, será un placer verles en el próximo Unirock.

Texto: David Naves

Reseña: Unreal Overflows «Slaves Of The Human Future World» (Great Dane Records)

Casi veinte años han pasado desde aquél “Architecture Of Incomprehension” con el que debutaran los gallegos de Cangas Unreal Overflows. Tiempo en el que la banda ha tres álbumes: “False Welfare” en 2012, “Latent” ya en 2018 y finalmente este “Slaves Of The Inhuman Future World” que hoy nos ocupa en 2025. Ya con Zoilo Santiago Loira (guitarras, voz, bajo, baterías) y Diego Bea Besada (guitarras) como únicos integrantes. El propio dúo se ha encargado de producir, grabar, mezclar y masterizar estos nueve temas a caballo entre Zoilo Unreal Studio y Beabesada Estudios. Great Dane Records puso el disco en circulación en formatos CD (digipack) y digital.

Ni epopeyas sinfónicas ni más artificio que el que emana de las guitarras de Zoilo. “Echoes From The Past” entrega un prólogo elegante para después descoser su propuesta y alternar la cara más flamígera del actual dúo con la más melódico. En el contraste entre ambas intensidades radica gran parte del encanto de este primer corte. Buenos cambios de ritmo, a veces quizá algo bruscos, pero siempre apoyados por las buenas melodías de ambos guitarras. Un puente que desliza hacia su cara más progresiva y un epílogo cuyas voces filtradas me llevan inevitablemente a pensar en los primeros Cynic. Un buen primer corte.

Baterías vibrantes comandan el arranque de “Digital Slavery”. Hay buenos riffs aquí y en general una versión algo más desenfadada de U.F.. Sea como fuere, ellos no olvidan ni los buenos detalles en lo técnico ni tampoco unas estrofas, tan retorcidas como arrastradas, en la más pura tradición de la banda. Más concisa conforme atraviesa su tronco central, emerge ahí su cara más atmosférica. También buenos detalles de Zoilo con el bajo. Se nota esa pulsión por tratar de llevar su música hasta los confines del género. Asirse con fuerza a ellos y exprimir todo cuanto llevan dentro como músicos. Siempre sin imposturas ni artificios y del modo más orgánico posible.

Las melodías que dan inicio a “Tearing The Layers Of Reality” pueden pasar por las que más gancho disponen de todas cuantas encuentro a lo largo del álbum. Aquí vuelve la cara más descosida del dúo para un death metal melódico iniciático y quintaesencial. Un corte de esos que parece aludir más al corazón que a la cabeza, que entra a la primera y que, pese a su naturaleza más rotunda, no se olvida de los buenos detalles, técnicos y melódicos, sin los que esta banda no sería la que es. Muy disfrutona.

Así las cosas, “Beyond The Code” retorna a contornos más técnicos y retorcidos. En un disco que alude al sonido más primigenio de la banda, esta cuarta entrega se echa en brazos de una escritura retorcida y diría que ambiciosa. Por ahí, Zoilo y Diego darán su mejor versión como compositores. Pero es que además, las estrofas vienen soportadas por una serie de melodías tan precisas como gancheras. Y aunque eche en falta un bajo algo más grave durante las partes más pesadas, o una batería con algo más de peso, sigo pensando que pasa por ser uno de los mejores aportes de este nuevo trabajo.

Visage Of Betrayal”, entrega más extensa de las nueve, se construye desde un prólogo arrastrado y rotundo. Zoilo está dejando voces realmente agrias aquí. Y el dúo compone en esta primera parte una estructura menos retorcida y más lineal que en el resto del álbum. Los cambios de ritmo se suceden con naturalidad. Las estrofas de nuevo se apoyan en interesantes melodías de guitarra y el juego entre canales, de manera muy marcada cuando oyes el disco con auriculares, no podría tener mejor equilibrio. Los atemperados cambios de ritmo que ocurren en esta primera parte contrastan con los más rotundos de su parte final. Por ahí un corte que viene a mostrar dos caras muy marcadas del dúo: la más acomodada primero. La más furibunda después. Por ponerle un pero, ese desangelado fade out final. En cualquier caso otra de mis favoritas.

Averse To Creation” es otro prólogo estimulante por retorcido. Hay tensión en ese tech death preciso y a la vez rocoso. Después se suceden estrofas con algo más de brío y una estupenda línea de batería. El puente central, siempre con Zoilo declamando con su gravedad habitual, contrasta con los habituales requiebros santo y seña de Unreal Overflows. Camino del epílogo surgen interesantes juegos vocales, seguidos de las siempre acendradas melodías de ambos guitarras. Se puede acusar al dúo de construir un metal muy de nicho, pero no de no saber llevar su metal técnico hasta las últimas consecuencias.

De prólogo trotón, desenfadado incluso, “Against Our Will” pronto diverge hacia posiciones más cercanas al resto del álbum. Y lo hacen adoptando ahora ritmos más apaciguados y serpenteantes. Si algo me gusta aquí es ese pequeño solo de guitarra, la desnudez que le rodea, así como la violencia con que la composición reacciona a continuación. Puede ser el corte que más escuchas exigió de todo el trabajo. También uno de los que más me engancha a día de hoy. Una clásica estructura en constante diálogo consigo misma, tan sólida como autorreferencial.

El bajo de Zoilo comanda el prólogo de “Consumed By Himself”, corte que puede acusar cierta repetición de patrones a estas alturas del álbum. No sin que quepan buenas melodías y riffs bastante apañados, pero sí que tal vez dejando cierta sensación de déjà vu. Unreal Overflows lucha contra ello alternando la mayor quietud del comienzo con su cara más directa y efervescente. Clásicos cambios de ritmo y unas baterías brillando a la hora de ensamblar los distintos ritmos que se suceden. Con eso y con todo ya digo que un corte que, a día de hoy, me pasa un tanto inadvertido.

El cierre es para “Longing For Silence”, que enfrenta el clasicismo de algunos de sus riffs con un metal trotón y eficaz. En sus partes más técnicas, todo parece entregarse a la buena labor de ambos guitarristas. Procurando mantener el interés a base de alternar buenos riffs con mejores melodías. Nada que no hayamos escuchado a lo largo y ancho del álbum, pero con una concisión y una seguridad, pienso, por encima de la media del disco. La banda culmina así este “Slaves Of The Inhuman Future World” inmersa en su metal retorcido pero orgánico de siempre. Sin más artificios que los que emanan de sus guitarras.

… y que en estos tiempos de inteligencias artificiales, discos sobreproducidos (dentro incluso de las fronteras del género) tiene algo de declaración de intenciones. Fijar la mirada en el pasado para asegurar el futuro. Muchos y muy buenos riffs, aún mejores melodías y su clásico juego con las estructuras. Pienso que el álbum se hace fuerte en su tronco central. “Visage Of Betrayal” o “Averse To Creation” pueden contarse entre las mejores composiciones que hayan hecho nunca. Y aunque aquí y allá haya ideas con las que no conecto en igual medida, difícilmente mi nota descendería de un notable. Mientras que el futuro que tenemos a las puertas nos aterra, el presente ha entregado un más que conciso y eficaz álbum de buen technical melodic death metal. Bienvenido sea.

Texto: David Naves

Crónica: Voul + Al Final Solo Habrá Cenizas (Oviedo 9/5/2026)


Noche de Sludge” fue una de las propuestas en la extensa programación de la ovetense Lata de Zinc, que tuvo lugar el pasado sábado 9 de mayo. Un cartel sugerente con dos bandas del género: Al Final Solo Habrá Cenizas y Voul, que harían suyo el lema que figuraba en el mismo: “always sludge, always antifascist”.

Tal pareciera que todo estaba preparado para generar a la perfección un ambiente lúgubre y plomizo. Ya desde la calle, con un clima desapacible y que no invitaba mucho a salir de casa (como así lo atestiguó la escasa afluencia de público) y entrando en la sala, perfectamente preparada para la ocasión, con su habitual oscuridad e invasión de humo, intuíamos lo que iba a acontecer. El escenario, sobrio, una batería y un micrófono, dos banderas de Acción Antifascista cubriendo tímidamente los amplis dispuestos a derecha e izquierda y, como novedad, una luz láser verde que proyectaba finos rayos hacia la sala. Suficiente. Y sensación de soledad, nada más abrir la puerta. El ambiente parecía desalentador y un tanto depresivo. Pero nada más lejos de la realidad. Pasados unos minutos de las nueve de la noche, el escenario se llena con la presencia del dúo coruñés Al Final Sólo Habrá Cenizas, ante unas cuarenta personas, que se mantienen a lo largo de toda la velada. Edu (guitarra y voz) y Zalo (batería) realmente llenan, arrastran, llegan. Qué bien engrasada ha de estar la maquinaria en las bandas de solo dos componentes, para poder, ellos solos, transmitir su mensaje sonoro del mismo modo (o incluso mejor) que una banda con más músicos sobre las tablas. Y esta banda, ¡vaya que si lo estaba!

Como decía, humo, luces rojas, humedad, el underground en su máxima expresión y primera bofetada en la cara con “10000 Años”, de su última obra “Lodo”, a la cual le pegarían un buen repaso a lo largo de los intensos cuarenta minutos de su actuación. Una propuesta, la de los gallegos, que se mueve entre el slugde, el doom, sonidos más garajeros y mucha actitud. “Tumbas” y “XIII” llegaron a nuestro estómago como un martillazo y es que, si la voz rasgada de Edu y la suciedad de sus riffs se muestran brutales, no se queda atrás la contundencia de la pegada de Zalo, con su camiseta de Neurosis, clara influencia en el dúo gallego. Estaban sonando tronadores. Tras este inicio que nos dejó clavados en el suelo, degustando esos rasgueos y esa percusión endiablada, se presentan y nos dicen que van a tocar dos temas nuevos. Buena recepción del material inédito por parte del público que se van acercando más al escenario. De nuevo, el vertiginoso ritmo de la batería nos estaba dejando embobados.

Partes cadenciosas, que empiezan pesadas, arrastrándose para ser rotas por una batería que irrumpe sin piedad y diálogos entre ambos instrumentos para rematar con una pequeña parte cantada. Hubo un momento en que las luces de la sala se bajan, quedando casi a oscuras, mientras el humo no dejaba de estar presente. Y llega el final con un “Palestina Libre”, no sin los debidos agradecimientos a los responsables de la Lata de Zinc y a Voul. Rematan con una espléndida “Tierra Sangra Fuego” dejando dibujada una expresión de satisfacción en los presentes.

Pocos cambios y poco tiempo de espera para el regreso a los escenarios asturianos de la banda madrileña Voul, que allá por el mes de agosto del pasado año ya dejaban patente su gran desempeño sobre las tablas en el Stonefest (crónica). El ambiente seguía sumido en la neblina física y emocional que había dejado Al Final Sólo Habrá Cenizas. Edu Rodríguez, el hombre tras los parches, y que es la parte central de la banda, ya que también cumple la función de vocalista, hizo buen acopio de baquetas (las podría necesitar) y comparte con la parroquia su botella de whisky, tras el primer tema. “Fear” y “Pain Brigade” marcan el comienzo de otra actuación memorable y otra lección de percusión orgánica, sin artificios ni añadidos, solo pura rabia descargada sobre los parches. Como comentaba al principio, a pesar de que la atmósfera sonora podría parecer un tanto depresiva, no se reflejaba así en el rostro entusiasmado de los presentes.

Disfrutamos de las líneas del bajo en “The Ripper”, el ex Adrift, Dani, sabe lo que se trae entre manos y junto a la guitarra de Alberto completan el trío que va a sonar tan compacto como contundente. Turno para los agradecimientos y aplauso para el responsable de la sala, para continuar con una versión de los Bad Brains, dejando una impronta más hardcore punk. La Telecaster de Alberto se muestra más salvaje para ralentizarse en el siguiente tema, como su nombre indica, “Ralentiez”.

Directos y oscuros, con inspiración en las miserias cotidianas, creando una sensación de desesperanza, con pasajes siniestros y agónicos, concretados en la rabia con que aporrea Edu su batería, la música de Voul nos estaba dejando a los presentes absortos y profundamente impresionados, al borde de un abismo que nos esperaba, “The Abyss Awaits”. En este tema destaca, de nuevo, la conjunción de partes más lentas e hipnóticas, rotas por el protagonismo de la batería, en una suerte de desenfreno y descontrol. Agradece aquí Edu nuestra presencia y “que les den a los sionistas”, “Genocide” continúa con esa descarga que violenta a los parches en cada golpe, ante la mirada de admiración de aquellos que saben cómo se toca un instrumento de estas características.

Tras “Mi Ruina”, así presentada en castellano, dan por finalizada su intensa hora de actuación con el rápido “Fucked Up The System” que también es el cierre de su último trabajo “Fear”. Si a la crudeza, densidad y emocionalidad de Al Final Sólo Habrá Cenizas le unimos la rotundidad y pesada sonoridad de Voul, podríamos decir que ambas bandas cumplieron con creces aquello de dedicarle una noche al slugde. Solo podemos decir que valió la pena desperezarse para acudir a un evento de estas características. Agradeciendo a las bandas por su buen hacer y por su contribución a esta crónica, no queda más que despedirnos hasta la próxima.

Texto y Fotos: Erundina Artidiello

Reseña: Stolen Soul «Seek Revenge» (Demons Records 2025)

Debut en formato Ep para los metaleros vizcaínos de nuevo cuño Stolen Soul. O lo que es lo mismo: Argo en baterías, Andima con la guitarra solista, Aritza con la rítmica, Iker al bajo y Ángel a las voces. “Seek Revenge” fue estrenado a finales de octubre del pasado 2025.

Y se trata de un Ep donde los chicos no pierden el tiempo. “Alive” arremete, sin introducciones ni zarandajas de ningún tipo, con un metal directo y sin concesiones. Alterna brío y groove, compone estribillos lacónicos y entre las estrofas uno puede seguir el rastro de gente como Hamlet o System of a Down. Lo bueno es que la banda parece haberse tomado el tiempo suficiente a la hora de componer. Es algo que parece latente en esa escritura intrincada. En la buena gama de riffs que la soporta. Hay una producción muy equilibrada. Desde el bajo al solo de Andima, todo adquiere su debida cuota de protagonismo. El solo de éste último, por cierto, no va falto ni de extensión ni tampoco de clase. Un buen arranque, con las posiciones firmes y gancho más que funcional.

Rise Above” porta un aire más melódico. Casi cercano a bandas como Sinaia o A Day to Remember. Las voces adquieren un mayor color, disfruto de esa mayor alternancia que muestran. También de la línea de batería de Argo y la buena base rítmica que compone al alimón con Iker. Es el corte más rácano, en cuanto a duración, de los cinco, pero fue el que más arraigó ya desde las primeras escuchas. Y si bien como digo es una entrega atravesada por una mayor melodía, la banda tampoco abandona el nervio aquí. De resultas de todo ello “Rise Above” se erige ágil, eficaz y muy disfrutona.

Restless”, por su parte, arranca desde posiciones algo más heavies. Dan fe de ello esas guitarras dobladas del prólogo. También ese riff pesado, muy clásico, que conduce hacia las primeras estrofas. Ahí me agrada el modo en que dichas estrofas han sido construidas. El modo en que van transitando hacia posiciones más contemporáneas. Puede que estas sean las mejores voces de Ángel en todo el Ep. Desgarradas, que no inteligibles. El puente central acoge una mayor pesadez, un groove muy marcado y bien medido, con el bajo de Iker restallando a placer. Luego Andima coloca otro buen solo y “Restless”, retorcido epílogo mediante, consigue llegar a buen puerto. Un corte de fuerte personalidad dentro del Ep…

… que, “Whispers” mediante, vira de nuevo hacia el metal más pesado y groovie. Entrega más extensa de este “Seek Revenge”, da desde luego la impresión de que la banda ha querido echar el resto en lo que a composición se refiere. Avanza con pesadez en sus primeras estrofas. Después ofrece unos llamativos coros, a voz limpia, para de nuevo confluir en ese metal rocoso y casi monolítico. En su tronco central y para acomodar el solo, la banda opta por ritmos más vivos primero y más pesados después. Ahí donde emerge de nuevo el Ángel más vociferante. También otra buena ensalada de riffs crudos y pesados. A fin de cuentas, un corte de esos que, reza el tópico, ganan una barbaridad con las escuchas. Doy fe.

El cierre corresponde a “Bellow”, donde sobresale el modo en que la banda acierta a alternar ritmos en las que pueden ser algunas de las estrofas más redondas del Ep. De nuevo esa alternancia en voces tan bien resuelta. De lo prístino de sus estribillos al puro desgarro posterior. De nuevo muy bien Ángel aquí. Sin tampoco inventar nada, Stolen Soul se las arreglan para componer un último corte, cuanto menos, atractivo en cuanto a técnica y ejecución se refiere.

Metal contemporáneo entre nervio, pesadez y melodía. Son cinco temas en los que (casi) cada uno parece adherirse a una corriente en particular. Que lo mismo vibra cerca de los Machine Head más thrash que alberga guiños más melódicos o se funde hacia el groove más rocoso y pesado. Lo mejor, en todo caso y amén de la buena producción del Ep, es que todas esas influencias confluyen hacia un nexo común. Hay buenos detalles en el plano técnico, Ángel compone buenas líneas de voz y la base rítmica empasta esa variedad estilística sin grandes apuros. Nada mal tratándose de un primer trabajo. El punto de partida de Stolen Soul no podría haber pintado mejor.

Texto: David Naves

Reseña: Megadeth «Megadeth» (BLKIIBLK Records 2026)

Una leyenda que se extingue. “Megadeth” es, según parece, la última parada en la trayectoria de la legendaria formación norteamericana. Es, al mismo tiempo, la primera para Teemu Mäntysaari (Wintersun), reemplazo del brasileño Kiko Loureiro (ex Angra) en guitarras. En baterías Dirk Verbeuren (The Project Hate MCMXCIX), al bajo James LoMenzo (ex Black Label Society) y, claro, a la voz y guitarra el ínclito Dave Mustaine. Chris Rakestraw junto a los propios Mäntysaari & Mustaine produjeron los once cortes que ocupan esta obra final. Adornado por el arte de Blake Armstrong, el álbum ha visto la luz vía BLKIIBLK Records, sello hermano de Frontiers.

Tipping Point” es un buen inicio. Seco y contundente. Y aunque no porte riffs extraordinarios, dispone buenos detalles en lo técnico, una producción sólida y un ritmo que recuerda a los mejores Megadeth. Aunque no logre deshacerme de la misma sensación que, en su día, me provocó “Spit Out the Bone” de Metallica: recuerda a sus mejores tiempos pero es, a ratos, tan auto consciente que roza la parodia. Tampoco me malinterpretéis: me parece un más que decente inicio de álbum. Al menos es capaz de decirme algo, cosa que otros cortes apertura recientes del viejo Dave ni alcanzaban.

I Don’t Care”, si logro deshacerme de esa letra tan infantil, me agrada por el modo en que, a grandes rasgos, me recuerda a una de las obras magnas del americano: “Peace Sells”. Dirk Verbeuren está más que ágil tras los parches. Es el mejor fichaje que ha hecho Mustaine en años y aquí pone de su parte para sacar adelante un corte vivaracho, de riffs más serviciales que ágiles, donde el nivel técnico en cuanto a solos vuelve a estar a buen a la altura. Y aunque ya digo que me cuesta creer que una letra como esta haya sido compuesta por un tipo que el próximo septiembre cumplirá los 65, también pienso que merecía algo más que esos poco más de tres minutos que marca en el reloj.

Hey, God?” sigue siendo pura idiosincrasia Megadeth. En lo bueno y en lo malo. El riff principal, sin que nadie se haya roto los cuernos en componerlo, tiene ese gancho y esa pegada tan clásica de la banda. Aquí y allá hay buenos adornos entre los versos. Verbeuren está de lo más disfrutón tras los parches. Desde luego uno de los baterías más sólidos que han acompañado a Dave desde la partida del tristemente desaparecido Nick Menza. Todo resulta una plegaria al modo Mustaine. Un diálogo entre este y su Dios, aparentemente ausente, que no obstante sabe sacar lo mejor de la banda en cuanto a despliegue técnico. Me agrada.

Y al menos “Let There Be Shred” hace por insuflar un poco más de nervio al asunto. Orgullosa y absolutamente auto referencial, me funciona de tanto en cuanto parece directamente extraída de las sesiones del indiscutible “Rust In Peace”. Aunque tenga que despegarme de su aspecto lírico, al que encuentro de nuevo un tanto naif, lo cierto es que musicalmente acierta a mantener alto el nivel en cuanto a despliegue técnico se refiere. Al menos mientras Verbeuren transita por las partes más veloces y no tanto en otras que he sentido algo más forzadas. Otro corte que salvo de la quema en cualquier caso.

Entonces llega “Puppet Parade”, Mustaine vira hacia su registro más hosco y empiezan mis problemas con este, aparentemente, último trabajo. No comulgo en gran medida con esas estrofas casi susurradas. Pero es que tampoco con unos estribillos mecánicos, sin atisbo alguno de alma. Y es una pena porque, al menos en lo puramente musical, su puente central sorprende con tonos algo más alternativos, que quizá recuerden al periplo noventero de la banda, aquél que entregara álbumes como el recordado por unos, odiado por otros “Youthanasia”. Pero a grandes rasgos (y aunque la sección solista vuelva a estar a la altura) me resulta un corte muy carente de chispa.

Another Bad Day” resulta llamativa, al menos, por ese fuerte poso melódico del prólogo. Y Dave vuelve a poner algo más de ímpetu en voces. No como para recordar al de sus mejores tiempos, tampoco es cuestión de exigirle tanto a estas alturas del cuento, pero sí que con un poco más de nervio e incluso pasión. Lo que no quita para que el corte en su conjunto, no deje de sentirse (otra vez) algo mecánico y sin alma. Como digo él hace un mayor esfuerzo tras el micro. Pero ni por estructura, ni por los solos que alberga en su tronco central resulta un corte capaz de capturar mi atención. ¿Me habré vuelto yo demasiado exigente con estas viejas glorias? ¿Por qué esto iba a ser mejor que, yo que sé, el nuevo de Exodus?. Aquél puede que tampoco sea el mejor trabajo de Gary Holt y compañía, pero al menos han probado a hacer cosas distintas. A llevar su thrash metal un par de pasos más allá. Todo lo contrario a lo que sucede aquí.

Made To Kill”, y su prólogo a mayor gloria del belga Dirk Verbeuren, puede ser lo más digno de esta segunda mitad del disco. De trazo sencillo que no simple, de ritmos vivos y riffs a un rato inteligentes, al otro de lo más serviciales, funciona del mismo modo como vehículo para enseñar la pericia técnica de la banda y también de testigo de que el viejo Dave, cuando le da la gana, aún es capaz de trazar cortes de metal candente, vigoroso incluso, al nivel de otros tantos músicos de su misma generación. No descarto que, con el paso de los meses, acaba siendo mi favorita de las diez (más una).

Obey The Call” borra pronto esa sonrisa. Mustaine vuelve a esos tonos casi anodinos de “Puppet Parade” y el corte, a grandes rasgos, vuelve a ser incapaz de capturar un mínimo de mi atención. Ni siquiera me parece que las melodías con las que el de La Mesa se acompaña en los distintos versos sean dignas de un álbum de Megadeth. Y suerte que, al menos, alguna de las distintas secciones solistas que trazan aquí poseen un mínimo de alma y nervio. Pero es que estamos hablando del que no deja de ser el álbum homónimo de la banda. El que se supone que es el último trabajo de una leyenda de esto. Con razón hay fans a quienes les resulta dolorosa la sola escucha del álbum. Y no les culpo.

Pero la que me duele especialmente es “Obey The Call”, que desaprovecha su elegante prólogo en pos de otro desarrollo mecánico, tenue, casi indolente, con Dave vocalizando con una desidia, una apatía impropias del hombre que una vez comandó la que fue, fácilmente, la banda más avanzada del género. Supongo que el tiempo a todos nos alcanza. Cuatro minutos largos que parecen diez y recuerdan a los peores momentos de unos Metallica post “Death Magnetic”. Ni siquiera ese epílogo acelerado y vistoso en lo solista logra sacarme del sopor.

I Am War”, que levante la mano quien este prólogo no le recuerda a Accept, al menos tiene ciertos riffs con gancho. Dave vuelve a cantar sin grandes pretensiones. Pero al menos se reviste de buenas melodías bajo estribillos y permite que LoMenzo gane ciertos enteros en la mezcla. Ese mayor empaque de la base rítmica opera en favor del corte en general. La banda suena más sólida ahora, si bien es otro corte que, desde el punto de vista gramático, no viene a ofrecer grandes sorpresas, engarzando con ese espíritu algo dejado de los últimos trabajos de Mustaine. Cumpliendo con el expediente, al menos.

The Last Note” es la despedida final. Un Dave más hosco y oscuro que de costumbre nos recibe en el prólogo. Nada de tristes baladas. Si va a decir adiós, que éste se rubrique con un corte para el recuerdo. Que es el caso… solo a ratos. Porque del mismo modo que me llaman la atención ciertas decisiones (el llamativo uso de guitarras acústicas ), me resulta de nuevo algo mecánica y falta de alma en estrofas. A ratos, también en estribillos. Elegía a mayor gloria del pelirrojo:

“The final curtain falls, a quiet end to it all”

Y tanto que sí.

Para el cierre queda una “Ride The Lightning” que muchos nos preguntamos si era realmente necesaria. Versión (o no, pues él mismo constaba en los créditos como bien sabréis a menos que hayáis aterrizado en este planeta antes de ayer) del clásico que daba nombre al segundo de Metallica, y aquella donde más salen a relucir las (actuales) carencias de Mustaine al micro. Intachable en lo musical, solo cabía esperar eso de una alineación como esta, pero que, pienso ahora, se queda a mil millas del original que Hetfield y compañía grabaran allá por 1984.

Si este es verdaderamente el adiós de la banda, ésta ha venido a firmar el que puede ser su trabajo más flojo (o desequilibrado) en años. Y fíjate que cuando el disco arranca con “Tipping Point” me las prometía felices. Una idea inicial que la apatía de Dave Mustaine, cierto conformismo en la construcción de las canciones, incluso algunas letras algo infantiloides mandaron al cuerno. Una pena. Dirk Verbeuren, que puede ser sin mucho esfuerzo uno de los mejores baterías vivos, deja apenas tres o cuatro detalles memorables a lo largo del álbum. De LoMenzo apenas hay noticias y suerte que entre el pelirrojo y Teemu Mäntysaari han dibujado algunos buenos riffs y mejores solos. Todo, en cualquier caso y ahora mismo lo siento así, muy por debajo de lo que muchos esperaban como elegía a una de las bandas más importantes no ya del thrash sino del heavy metal en general. No diré que me dan ganas de llorar, pero casi. Hasta siempre y gracias por todo.

Texto: David Naves

Reseña: Death By Dissonance «Exile Within» (Autoproducción 2026)

Death by Dissonance provienen de Alemania, concretamente de la ciudad de Luisburgo, y este “Exile Within” que hoy nos traen es el segundo largo de su aún corta trayectoria. Una banda que alcanza 2026 tras diversos cambios en sus filas, arrojando una formación integrada ahora por Jona Davis en voces, J.S. al bajo, Robin Wagner y Dean Zundel en guitarras y Johannes Rupp en baterías. Once temas producidos y mezclados por los propios Davis & Rupp y que vieron la luz, de manera independiente, el pasado mes de febrero.

La intro de corte industrial “Odyssee” nos da la bienvenida. En ella se vislumbra un cierto caos en la distancia, planteando la tensión correcta hasta la irrupción de “Pandemonium”, una de las cartas de presentación de este segundo largo y donde la banda alemana plantea un deathcore fuertemente arreglado, inicialmente acompasado, lejano a la clásica propuesta descosida y vibrante, con ambas voces jugando a alternarse durante las primeras estrofas. Buscando y encontrado buenos grooves, en gran parte sin abusar del breakdown cortado en seco, y planteando como digo un arranque de disco (hasta cierto punto) contrario a la norma.

Para quienes busquen un mayor vértigo, bien está el controlado frenesí de “Fremdkörper”. Rupp vuela en baterías al tiempo que compone unas líneas más que hábiles en un corte tan violento en sus partes más fulgurantes como pesado en las más arrastradas. De nuevo fuertemente arreglado, esos casi omnipresentes colchones sonoros otorgando el ya habitual poso atmosférico a la composición y una buena muestra, en definitiva, de la cara más violenta de estos Death By Dissonance. Aún en su mayor crudeza, aprecio los buenos detalles melódicos de Wagner y Zundel, si bien a ratos resulten un tanto sepultados en la mezcla final. Con eso y con todo, un corte con hechuras de encontrar en el directo su verdadera razón de ser.

Sacrificed”, situada en una encrucijada entre el deathcore rocoso de “Pandemonium” y el mayor vértigo de “Fremdkörper”, trae consigo alguna de las líneas de voz con más gancho de este segundo álbum. Rupp está de nuevo muy fino tras los parches. En especial durante esas partes más groovies, más rompe suelos, y que vienen a contrastar con las más enérgicas, en un clásico y habitual juego de intensidades. Puedo, eso sí, echar en falta un breakdown más marcado que ese que irrumpe previo al epílogo. Por el camino hay estrofas de voces siempre rotas, cuando no oscuras, aunque nunca del todo abisales. En cualquier caso, poco respiro el otorgado al oyente en este sentido.

Imposter”, que salvo la intro inicial “Odyssee” supone el corte más rácano de todo el largo, opta por un core más marcial, cortado al milímetro, de voces realmente agónicas en sus primeras estrofas, y que más adelante transita hacia la cara más violenta y frenética de los alemanes. En ese clásico juego rítmico está la mayor baza de una quinta entrega que quizá ofrezca pocas sorpresas en cuanto a escritura se refiere, esa estructura a modo de montaña rusa (de campana de Gauss si se me permiten el tecnicismo y la pedantería) pero deja por el camino otro buen juego vocal, riffs más que serviciales y un breakdown nada impostado. Me agrada.

Witchcraft” parece arrimarse a las fronteras del death metal más iracundo acompañando, eso sí, de esos cambios de ritmo tan habituales del género. Aquí gana peso la faceta puramente sinfónica del combo, en una onda que bien podría recordar a bandas como Worm Shepherd, Lorna Shore, Shadow of Intent… el caso es que, a la larga, me resulta una de sus entregas más redondas. O, dicho de otro modo, pasa por ser una con la que conecto en gran medida. Los buenos detalles melódicos que acompañan a esas estrofas, una producción que no hierra el tiro en las partes más crudas ni en tampoco las más recargadas. Pero, sobre todo, una escritura que le permite a cada parte individual brillar con luz propia, afianzando así el peso del conjunto. Como digo, una de mis favoritas.

Orpheus’ Gaze” ofrece ahora una pulsión más djent. Sin llegar a la particular muralla sónica de unos Meshuggah pero, desde luego, dando un paso o dos en ese sentido. Es un corte que, a pesar de ese pequeño viraje, no traiciona sus esencias. Alterna un arranque casi monolítico con un metal casi anfetamínico donde vuelve a brillar la dupla Wagner y Zundel. Si algo echo en falta aquí es un mayor desarrollo del curioso puente que plantean. Una buena idea que se queda en tierra de nadie por rácana y fugaz. No es un corte que desprecie, ni mucho menos, pero sí me deja la impresión de que se le podría haber sacado algo más de jugo.

Illusion Of Light” obedece a unas normas muy básicas con ese prólogo arrastrado, algo caótico en cuanto a guitarras y donde la banda, curiosamente, parece más cómoda que nunca. Tras ese arranque poco benévolo surgen de nuevo los Death By Dissonance más incendiarios, componiendo finalmente otro de esos cortes subibaja en los que también se manejan. Para el puente quedan las pocas voces limpias de todo el largo, así como un breakdown (ahora sí) un tanto más ambicioso y un final acomodado aunque servicial.

Las primeras guitarras que irrumpen en “Drowned” y aunque en realidad no tengan nada que ver, siempre me llevan a pensar en “Los” de sus paisanos Rammstein. Superado ese arranque, aquí aparece su vertiente más atmosférica, ofreciendo al oyente un cierto asidero, aún cuando la dupla vocal sigue con su habitual procesión de voces crudas, casi agónicas. Hay riffs pétreos aquí, confrontados a un mayor rigor melódico, lo que por pura colisión termina convergiendo en una de las entregas con más personalidad del largo. También, a buen seguro, una de las más divisoras.

Arrival” es, de inicio, puro deathcore sinfónico. Desatado y violento primero, más orgánico y desnudo después, procurando riffs más serviciales que inteligentes, funcionando (opinión muy subjetiva esta) mejor en estribillos que en estrofas. Cuando desborda la violencia, pienso en unos Bonecarver. Pero aunque ellos no lleguen a la velocidad (absurda) de unos Infant Annihilator, ni falta que hace, lo cierto es que este es uno de esos cortes que ha ido creciendo con el paso de las escuchas. Firme en el nervio y atractivo cuando encuentra una mayor pesadez. Equilibrado, ágil, me agrada.

Elysion” tiene un nosequé que a menudo me recuerda a mis paisanos de Unexpectance. Supone uno, claro, porque las fuentes de unos y otros no dejan de ser las mismas. En cualquier caso un corte final que confronta un metalcore más clásico con su habitual desgarro. Melódico en su punto justo, construyendo buenas líneas de voz y apoyado en una sólida base rítmica, pienso que despide el disco con buena nota.

Cincuenta minutos de música y mucho que recordar. En general encuentro buenos riffs, estructuras en constante cambio, mucho juego entre intensidades y unos apoyos sinfónicos de los que, por lo general, no se abusa. Disco autoproducido como es, uno puede perdonar una producción correcta pero nunca ambiciosa. También es cierto que se podría haber buscado una mayor diversidad en cuanto a voces. Una mayor presencia de registros limpios. Pero cuando todo centrifuga como debe, pienso que cortes como “Witchcraft”, “Drowned”, “Sacrificed” o “Fremdkörper” son más que ganadores. Ni indispensable ni desde luego aburrido, una obra para todo buen fan del deathcore que se precie.

Texto: David Naves

Reseña: Electrikeel «Solve Et Coagula» (Demons Records 2026)

Segundo largo para las huestes thrash pamplonicas Electrikeel, el trío que forman Xabier Recalde en bajo y voz (Arkhos, ex-Evil Killer), Jon Laguna en baterías (ex-Grave Dust, ex-MDO) y Asier Bendoiro en guitarra y voces (ex-Grave Dust). “Solve et Coagula”, que sucede a aquél “Straight Outta Depths” de 2023, se compone de diez cortes grabados, mezclados y finalmente masterizados por el Legen Beltza Ekaitz Garmendia (Altarage, Wormed, Numen, Elizabeltz…). El arte que adorna la portada es obra de Raccooneyes Art, mientras que Ana EG cargó con los diseños del álbum. En la calle vía Demons Records desde el pasado mes de marzo.

Lo mejor de “To The Bitter End” es la inmediatez con la que te introduce en el mojo del álbum. Sin adornos. Solo thrash lacerante, vociferado con toda rabia y conducido sobre riffs más eficaces que vistosos. Ahí funcionan los pequeños escorzos melódicos que exuda la guitarra de Bendoiro. También esas partes más crudas y pesadas, ahí donde emerge, aportando un mayor grosor, el bajo de Recalde. No pasa por ser el corte más técnico del álbum pero es una buena llamada a las armas. Concisa y directa, rematada en su tercio final por un buen solo de guitarra. Desnudo de rítmica, tal y como sonaría en vivo.

Feel The Eel” recoge esa cualidad tan orgánica del primer corte, apostando ahora por un prólogo más pesado y rocoso. Ellos desatan luego su habitual thrash directo y febril, acunando riffs (ahora sí) que no sacrifican una cierta técnica. Es una construcción más abierta y dinámica, con ambas voces jugando a encontrarse sobre buenos cambios de ritmo. Me agrada ese metal lacerante que irrumpe camino del tronco central. El modo en que desarrollan esa pesadez. También cómo el solo arranca, de nuevo, sin el apoyo de una guitarra rítmica, ayudando a amplificar esa faceta tan puramente orgánica de su manera de entender el thrash metal.

En “Egomaniac Frenzy” encontramos alguno de los riffs con más gancho de todo el álbum. Sin perder esa vena tan puramente thrash, lo cierto es que este es un corte que puede resultar algo más fácil de digerir para una gran mayoría. Ya digo, aún cuando los chicos están pariendo metal debidamente flamígero y lacerante. Pero hay una cierta cualidad aquí que la debería convertir, de inmediato, en una fija en sus directos. Algo que el avance tan machacón de su (llamativo) tronco central no hace sino refrendar.

Otra que parece construida con el directo como principio y fin es “Flesh Dematerializer”. Ya desde uno de esos prólogos que parecen llamar al circle pit, Bendoiro está más que hábil a la hora de acometer los distintos riffs. Sin tener una construcción tan cerebral como pueda ser la de “Feel The Eel”, lo cierto es que este es uno de los temas que primero y mejor arraigó en mi subconsciente. Thrash siempre orgánico, cercenado sin ningún tipo de cortapisa y rematado por otro buen solo previo al epílogo. Contundente y sin complejos. Así sí.

Partiendo desde un prólogo de lo más elegante, el tema título “Solve et Coagula”, desata luego una de esas tormentas de thrash violento y cerril tan habitual en el trío, que se arrima aquí incluso a las lindes del black metal (pienso en bandas como Toxic Holocaust, Sabbat, primeros Sodom…), fundiendo rabia y descontento, mal café y técnica, no sin cierta pericia. Y aunque eche en falta un solo más ambicioso (en cuanto a desarrollo) que termine de apuntalar ese tramo final, no me cuesta entender los motivos por los cuales esta quinta entrega terminó por dar nombre al disco al segundo de los pamplonicas.

Me agrada ese aire tan Anthrax que emana del prólogo de “At The Brim Of Madness”. También el modo en que los riffs de Bendoiro se oscurecen después, buscando quizá una mayor enjundia a este sexto corte. El trío afianza aquí ese viraje hacia territorios más extremos que anticipara el tema título. Thrash violento, con la base rítmica de Recalde y Laguna empastada al milímetro. Es un corte que me agrada igualmente por esa construcción tan diversa, enfrentando (colisionando casi) ese nervio más black con un metal más pesado y machacón. Una producción que no escatima en pegada, esas voces siempre agrias, indómitas, y un mayor desarrollo que la media de cortes del álbum. Algo que opera en favor de ese buen solo de guitarra. Lástima de fade out final, eso sí.

Caballo Blanco” pasa por ser uno de los cortes más llamativos de esta nueva hornada. Arranca como un medio tiempo muy marcado por el black metal más orgánico para después perderse en una tormenta de thrash rabioso y directo, marca de la casa. Relativamente breve, no alcanza los cuatro minutos, y sin embargo dueña de uno de los solos menos contenidos de los muchos que Bendoiro ha reunido esta vez. Me agrada y me descoloca casi en la misma medida.

Así las cosas, “Outlaws From Outer Worlds” parece retornar hacia una versión mucho más canónica de Electrikeel. Esto es: mala baba y metal directo, todo a una, con la salvedad de que estamos ante el corte más extenso de los diez. Y desde luego da la sensación de que la banda se ha tomado muy en serio esta octava entrega. El trazo es diverso, ágil, lleno de buenos cambios de ritmo. Éstos se suceden apoyados en buenos riffs de Bendoiro, si bien a ratos echo en falta un bajo que apuntale a la base rítmica en mayor medida. Hay un estupendo solo de guitarra firmemente apoyado en su tronco central, un puente que dará la cara más progresiva del trío y un cierre muy funcional. Si no me engaña la chuleta es el corte más extenso de su (aún corta) discografía y me atrevería a afirmar que han salido más que airosos del envite.

Mysterious Ways”, aunque menos ambiciosa, resulta en un metal de lo más disfrutón. Con un arranque que parece fundir a Motörhead con los Dark Angel más cerriles, luego puede pasar algo inadvertida a estas alturas del disco. En esencia es un corte que sigue las grandes líneas maestras del trío con un Laguna desatado tras los parches. Entremedias emergen buenos (si bien algo tímidos) detalles melódicos, otro notable solo de guitarra y su clásico ataque a dos voces. Funcional.

Para el final queda la violentísima, aunque breve, “Death In Plastic”. Un pildorazo cercano al grind para cerrar, a full de mal café, este buen “Solve et Coagula”.

Rabia sin complejos. Electrikeel no se andan con miramientos. Mucho nervio y poco relajo en un segundo álbum que los emparenta con las formaciones más furibundas del género. Lo que está bien es esa producción angosta pero discernible, esa cualidad tan orgánica de su thrash metal (el álbum da la sensación en muchos momentos de haber sido grabado a puro directo), el trazo ambivalente de cortes como “Feel The Eel” o la mayor ambición que muestran en “Outlaws From Outer Worlds” o “At The Brim Of Madness”. Entremedias hay cortes que me dejan algo frío, otros que incluso me descolocan, pero con eso y con todo un más que interesante álbum de puro thrash metal.

Texto: David Naves