Surgidos a comienzos de la década de los ochenta, “Chasing The Hydra” es apenas el quinto largo de los prog / power de Florida (Estados Unidos) Crimson Glory, primero tras la resurrección del proyecto allá por 2023. Con los debuts de Travis Wills al micro y Mark Borgmeyer como guitarra solista más la presencia de los históricos Jeff Lords al bajo, Ben Jackson a la segunda guitarra y Dana Burnell en baterías. El disco ve la luz en CD y digital vía BraveWords Records mientras que No Remorse Records será la encargada de editar el vinilo.

Ni intros ni historias raras. Directa y al pie, “Redden The Sun” es un arranque a la vez clásico y vigoroso. Travis Willis echa mano ya aquí de ese registro tan teatral en sus tonos más altos. Percibo un cierto regusto a los Riot V más vibrantes en esos engarces entre estrofas. Y mientras que la producción juega a otorgar a cada elemento el peso debido a cada paso, los pequeños guiños progresivos son apenas una anécdota Que ya habrá tiempo de eso más adelante. Sea como fuere, buen solo de guitarra el que dibuja Borgmeyer, por mucho que repose sobre un riff un tanto recurrente. Un buen arranque de álbum.
“Chasing The Hydra”, que fuera uno de los anticipos del álbum, recorta en tiempo aquello que gana en adrenalina. Unos Crimson Glory desobedientes de la edad que muestran sus carnets de identidad, procurando un power a la americana: conciso y directo. Willis parece ahora un émulo del mejor Geoff Tate, especialmente en estrofas, mostrando colmillo incluso en las partes más crudas, componiendo por ahí una más que interesante línea de voz. Las comparaciones con el tristemente desaparecido Midnight, siendo como serán inevitables, no empañan la buena labor del vocalista texano. Otra ración solista, ahora en formato duelo, ocupa el interesante puente. El disco sigue en vibras altas, mostrando una escritura bien equilibrada entre lo clásico y lo hábil.
“Broken Together” hace por mostrar esas hechuras más progresivas. Lo primero en brillar es el notable trabajo de la dupla Borgmeyer & Jackson. Un corte, sí, que me recuerda a los mejores Queensrÿche (y no solo por el timbre de Willis, que también) y donde la producción, así como la mezcla, aciertan a la hora de amalgamar este metal a medio tiempo, a veces teatral, casi escénico, a otras más grandilocuente, cuando no directamente sinfónico. Natural en la forma en que introduce los distintos cambios tonales y que culmina en un puente de puro músculo técnico. Sin llegar al desbarre (amado y odiado) de unos Dream Theater pero confirmando que Crimson Glory han vuelto a lo grande.
“Angel In My Nightmare”, a la sazón corte más extenso del álbum, arranca en balada acústica, elegante, distinguida; para después recorrer y mostrar lo mejor de una banda como esta. Esas teclas que acompañan al prólogo bien me podrían recordar a las que encuentro en un álbum como “Brave New World” de Iron Maiden. De nuevo la banda muestra una escritura clásica, preñada de giros inteligentes así como riffs precisos y con gancho. Todo es a ratos algo teatral. Más que a Geoff Tate, Willis casi recuerda a King Diamond aquí. Bien está en cualquier caso la labor de Borgmeyer y Jackson en guitarras. De esas que, reza el tópico, ganan una barbaridad con el paso de las escuchas.
“Indelible Ashes” engaña con ese prólogo tranquilo, al que sigue uno de mis riffs favoritos de este quinto trabajo. En una onda que bien podría recordar a Symphony X, acompañada de ciertos dejes medio orientales, esta resulta en una entrega de gran personalidad dentro de “Chasing The Hydra”. De ahí que apunte, lo pienso así, a crear cierta división entre los fans de la banda. Con eso y con todo, otro corte bien trabajado desde el aspecto técnico, que si bien no ofrece grandes novedades en lo que a escritura se refiere, me resulta en esto un corte algo más plano y sencillo de lo normal, sirve al menos para aumentar la paleta sonora de este nuevo trabajo.
Así las cosas, “Beyond The Unknown” se moverá por terrenos mucho más heavies. Con el bajo de Jeff Lords altísimo ahora en la mezcla, Crimson Glory van componiendo un corte sobrado de gancho tanto en voces como en riffs. Bien trazado entre hábiles cambios de ritmo y eficaces adornos técnicos aquí y allá, tengo siempre la impresión de que la banda está mucho más que cómoda aquí. Idea esta que el solo doblado previo al epílogo no hace sino reforzar.
Encaramos entonces la recta final con una “Armor Against Fate” que de nuevo vuelve a circular en ritmos vivos mientras Willis reincide en esos tonos tan teatrales. Un vocalista que, pienso ahora mismo, no podría encajar mejor en la (actual) propuesta de la banda de Sarasota. Buenos riffs de la dupla Borgmeyer & Jackson, un trazo ágil pero congruente y otro puente a la Queensrÿche resuelto con el que puede ser el solo más ambicioso de todo el largo. Huérfana tal vez del gancho que sí tienen otros cortes de este “Chasing The Hydra”, resulta finalmente uno de esos cortes que disfruto más con la cabeza y no tanto con el corazón.
“Pearls Of Dust” compone un curioso juego entre la pesadez del prólogo y el metal vivaracho, tan a la americana, que ofrecen las primeras estrofas. Hay un cierto protagonismo de un Dana Burnell quien compone ahora una más que llamativa línea de batería. Riffs que animan a mover el cuello, vistosas melodías en los engarces entre estrofa y estrofa y un Willis, aparentemente, más que cómodo tras el micrófono. No la más aventurada en lo que a escritura se refiere, pero un corte que ni mucho menos consideraría fallido. Siempre con ese buen gusto a la hora de desplegar un arsenal técnico sin abusos de cara a la galería. Operando siempre en favor de la canción y no al revés.
El final es para esta “Triskaideka”, que la banda estrenara como single allá por 2023, y que de nuevo camina por la senda más prog del quinteto. Un avanzar a medio gas, cuidado en lo que a producción se refiere, con Travis Willis ofreciendo una más que amplia gama de registros, componiendo otra poderosa, colorista incluso, línea vocal. En una onda que, a ratos, me recuerda a los Fates Warning de (buenos) álbumes como “Darkness In A Different Light” o “Theories Of Flight”, el disco se cierra con un buen gusto innegable.
Sin ínfulas, sin pretender ser algo que no son, sonando a muchas cosas pero, sobre todo, componiendo cortes atractivos, bien acabados y mejor ejecutados. Travis Willis es un vocalista capaz, que se mueve entre lo agudo y lo teatral, componiendo líneas de voz más que interesantes, si bien no sé hasta qué punto muchos aceptarán esos tonos tan teatrales (tan King Diamond en algún momento puntual) que dibuja.
El otro fichaje, Mark Borgmeyer, ha entregado solos más que interesantes. Y aunque habrá quien eche en falta algo más de vértigo gramático o de mordiente rítmico, lo cierto es que servidor disfruta de lo lindo con cortes como “Broken Together”, “Angel In My Nightmare” o el cierre “Triskaideka”. Hay algún riff que puede pecar de recurrente, pero son los menos. Un álbum que, en definitiva, trae de vuelta a unos más que dignos Crimson Glory veintisiete años después (¡!) del irregular “Astronomica”.
Texto: David Naves