
ADE, que por una vez no tiene nada que ver con administración de empresas, Dios me libre, llevan en esto desde 2007 y “Rise of the Empire” es ya su cuarta obra de estudio, a la que acompañan un Ep en 2008 y una promo al año sguiente. Italianos de la ciudad eterna, se presentan con una formación completamente remozada en la que sólo pervive de alineaciones anteriores el guitarra original Fabio Palazzola.
Minuto y medio de intro (“Forge the Myth ”) y aparece “Empire”, que fuera adelanto del disco en forma de vídeo lírico. Cuatro minutos largos de subidas y bajadas, que arrancan épicos, con ligero abuso de arreglos, transcurren por puentes más veloces, pasan por pequeños remansos donde resurge su faceta más folkie y desembocan en un final que nuevamente rezuma épica. “The Gallic Hourglass” confirma esa alianza entre partes velocísimas, donde la voz de Nikolas Bruni (Diocletianvs) explora su registro más bronco, y otras donde reinan los arreglos así como los tempos más lentos y marcados, con unas líneas de batería de Davide Itri (Decivs) muy presentes. El final no dista mucho de unos Fleshgod Apocalypse menos orquestados. “Chains of Alesia” rompe la dinámica que llevaba el disco hasta ahora al presentarse más lenta, machacona y cortante que sus predecesoras, con algunas dosis más de groove pero que no llegan en ningún caso al exceso ni la caricatura. Uno de los temas más extensos del álbum, “Once the Die Is Cast”, arranca invocando a los Nile más épicos en esos arreglos profusos en coros y cuerdas del comienzo para acabar revelándose como uno de los cortes si no progresivos, sí más policromos de todo el álbum. Hay partes donde las guitarras se esconden en un segundo o tercer plano bajo todo el armazón de arreglos, otras en las que vuelan comandando furiosas arrancadas de death metal encabronado y feroz.
Los apenas tres minutos y medio de “Gold Roots of War” inciden en la faceta más a medio gas, más épica y más orquestada, del combo romano, que sólo acierta coger velocidad en su parte final. Quizá uno de los cortes más flojos del álbum. Esa simpleza del sexto tema de este “Rise of the Empire” lleva a que el séptimo, “Ptolemy Has to Fall”, sea mucho más disfrutón de tanto en cuanto vuelve a aglutinar buena parte de todas las aristas que conforman la propuesta de estos ADE en otro de esos cortes que no te suelta en ningún momento. De medios tiempos llenos de pura épica itálica, a otros que rezuman groove por los cuatro costados y, entre medias, partes con el velocímetro en zona roja. Imposible aburrirse. “Suppress the Riot” resulta en un tobogán bicolor en el que constantemente suben y bajan partes a todo gas con otras en las que aparece un breakdown que, de no ser por esos arreglos con aroma a péplum, no desentonarían demasiado en una banda de deathcore. “Veni Vidi Vici” no resulta tan distante con el resto del álbum, pero cuenta con unos arreglos de aire más oriental, evocando de nuevo no sólo a Nile, si no a los álbumes en solitario de Karl Sanders. Resulta menos complejo que otros cortes del álbum, pero se beneficia de algunas de las partes rápidas más logradas del mismo.
“The Blithe Ignorance” pasa por ser de lo más conseguido de este cuarto disco de ADE. Por ese largo inicio puramente orquestal en el que repta la voz de Nikolas Bruni, por el crescendo que vendrá después, apoyado en uno de los mejores riffs de todo el disco, y por cómo todo se funde, cuadra y encaja pasajes más adelante con precisión de relojero. Estupendo. El cierre es para “Imperator”, más centrada en ofrecer death metal clásico y furia desatada a la que sazonan leves toques sinfónicos.
“Rise of the Empire” redunda en algo menos de tres cuartos de hora de muchos altos y algún que otro bajo en un disco que no creo decepcione a seguidores de las bandas que aparecen durante la reseña. Death metal épico y sinfónico en definitiva como buena banda transalpina que son.
Texto: David Pérez Naves