
La defensa del heavy metal más clásico no se hace sola, hay que hacerla. Algo así deben pensar estos cinco ilicitanos de War Dogs, acérrimos defensores de la fe metálica formados en 2015 y que nos presentan su primer largo vía Fighter Records “Die By My Sword” tras un Ep homónimo editado el pasado 2018. Ellos son Alberto Rodríguez (voz), Enrique Mas y Eduardo Antón (guitarras), Manuel Molina (bajo) y finalmente José V. Aldeguer (batería).
De la grabación del álbum se encargó Luis Antonio Varó Reyes, mientras que mezcla y masterización del mismo corrieron a cargo del chico para todo de los suecos Enforcer, Olof Wikstrand. El tema título del álbum es el encargado de dar comienzo al mismo. Si el arte del disco no da mucho lugar a equívocos, tampoco su música lo hace. El sonido es limpio y pulcro. Quizá no espectacular, pero si lo suficientemente nítido como para discernir todos los instrumentos al mismo tiempo sin mayores esfuerzos. Este arranque posee un riff lleno de subidas y bajadas que evoca primeramente a la primera época de Bruce Dickinson en Iron Maiden, y va tornándose más épica con el transcurrir del minutero, creciendo y evolucionando hasta el inequívoco solo final. “Castle Of Pain” en cambio resulta menos enrevesada y más directa que su predecesora. Alberto Rodríguez se mantiene en elegantes tonos medios. Puede que eche en falta algo más de agresividad en su registro, si bien es verdad que se adapta como un guante a lo que exigen estas canciones.
“Wings Of Fire” sube un par de velocidades de golpe, da entrada al doble bombo y en su primer tramo se muestra generalmente rápida y disfrutona. El nombre de Helloween sobrevuela de manera inevitable, aunque también encuentro cierto regusto a los americanos Riot, especialmente en los coros del estribillo. La parte central con su riff cabalgante y las guitarras dobladas no podría ser más maidenesca. Más que a Iron Maiden, el riff con el que arranca “Master Of Revenge” me recuerda horrores a las primeras incursiones de Ozzy Osbourne en solitario, si bien su estribillo no tiene nada que ver con el de Birmingham, máxime con ese puente central tan cercano a la doncella de hierro. En la muy medida “Kill The Past” el doble bombo acompaña de manera casi constante en la que es, seguramente, la más lograda de todas las canciones rápidas de este debut de los ilicitanos. Alberto Rodríguez incluso entrega tonos más altos de lo acostumbrado ya cerca del final. Prosigue esa senda la corta “Ready To Strike”. Tres minutos de heavy metal simple pero acelerado, que luce en su parte central algunos de los mejores solos de guitarra de todo el álbum.
“The Shark” es un tema especial dentro de este “Die By My Sword” de tanto en cuanto no sólo está dedicada a la figura de Mark Shelton (de ahí el título) e inspirada por la banda norteamericana Manilla Road sino que además cuenta con la colaboración de Bryan «Hellroadie» Patrick, quien fuera vocalista de los de Kansas de finales del siglo pasado hasta 2018. Funciona como elegía al tiempo que pasa por ser otro de los verdaderos puntales del disco. El riff principal de “The Lights Are On” huye en mayor medida del “maidenismo” que destilan buena parte de las canciones del disco y colisiona frontalmente con Mercyful Fate. Y lo hace hasta que aparecen los solos de guitarra, los cuales sí que evocan a la dupla (en realidad, tripleta) de la doncella en su encarnación más clásica.
“Gorgon Eyes”, la más corta de todas las canciones del debut de War Dogs, es un rápido trallazo de apenas tres minutos sin mayores complicaciones. Directo y conciso, sí, pero un tanto olvidable. El cierre es para el corte de inspiración helena “Wrath Of Theseus”, sobre la figura del que fuera rey de Atenas. Tres minutos largos apoyados en un riff de cierto aire épico que coronan un disco que claramente, gana enteros en su parte central pero se diluye en su parte final.
Sin ser un mal trabajo, es verdad que uno puede echar en falta una pizca más de originalidad en ciertos momentos, que muchos riffs, melodías y solos los has oído cientos de veces, etcétera. La siempre peligrosa y delgada línea entre el homenaje y el plagio, Después de todo, “Die by My Sword” no deja de ser un debut. Un primer paso. Confío en que vengan más.
Texto: David Pérez Naves