Reseña: Lépoka «El Baile De Los Caídos» (On Fire Records 2020)

Cuarto disco en apenas diez años para estos folk metaleros castellonenses de Lèpoka. Ellos son Dani Nogués (voz y coros), Zarach (whistles y gaita), Dio y Popez (guitarras eléctrica y acústica), Carlos Zaph (bajo) y Jaume (batería). “El baile de los caídos” fue grabado, mezclado y masterizado por Enrique Mompó y Fernando Asensi en los estudios Firework’s entre julio de 2019 y junio de 2020. Cuenta con arte de Martín de Diego y las colaboraciones de Javi Díez (Mägo de Oz), Jon Koldo Tera (Incursed), Luis Alguacil (El Chamuyo), María Iturralde, Miguel Ángel Franco (Saurom), Vicent Blasco y el bueno de Luis Posada como narrador en “Contra Viento y Marea”.

Acto I

Arranca despreocupado este primer acto con la feliz, irreverente y muy simple “Seguimos en pie”. Ni tres minutos de metal alegre, bailable y, claro, folklórico, con una letra tróspida como pocas y en general bastante olvidable. El sonido en general cumple, los coros tienen peso, la amalgama de instrumentos envueltos en la mezcla gozan del debido protagonismo y la voz Nogués no acapara más parcelas de las debidas. Pero no consigo empatizar con este arranque. Que me folken a mí también, supongo.

El actor Luis Posada, una de las principales voces del a menudo infravalorado doblaje patrio introduce “Contra Viento y Marea” que adquiere mayor contundencia que el tema inicial en unas estrofas más tendentes al metal, pero siempre dentro del canon habitual de los castellonenses. Hay buenas guitarras dobladas en el puente central y, en general, la sensación de estar ante un tema más redondo que el precedente. “El baile de los caídos” que da nombre al disco navega entre guiños a los fineses Finntroll y los más ligeros italianos de Elvenking bajo una etílica letra que haría las delicias de Gerre. Más alegre primero y más pesada en su parte final, deja por el camino una de las líneas vocales más resultonas del disco. “Eternia” resuena como una versión ibérica y folkie de los fineses Nightwish, con esas líneas de piano tan características, y en general resulta en un corte bien construido, más sinfónico y de un tono general más melancólico que sus predecesoras, tiene además uno de los mejores estribillos del álbum y un buen crescendo final.

Pandemonium” reconduce el disco virando hacia un sonido, a ratos tristón, que me recuerda a los Mägo de Oz del segundo “Gaia”. Poco sorprendente en cuanto a su escritura, si bien aprecio una de las letras más centradas del disco. No empatizo con los arreglos de viento que emergen en el puente central, pero sí con el bueno solo que surge a continuación. “En este sueño”, corte más extenso y a la vez último del primer acto del álbum resulta en una balada con buenos crescendos y toda la pompa y boato que cabría esperar. Nogués despliega una de las mejores interpretaciones de todo el trabajo y todo carbura a buen nivel para cerrar el primero de los dos discos que componen este “El baile de los caídos”.

Acto II

Beber para creer” irrumpe mas cercana al power metal, con un riff de matices vikingos y un estribillo al gusto del consumidor de este tipo de propuestas. Un corte tan efectivo como poco sorprendente. Ideal para abrir el segundo acto del trabajo, pero que no dejará el poso que otros del tracklist. Asoman arreglos orientales para el arranque de “La huella del dragón”, que se pierden más tarde al virar hacia territorios más convencionales para rimar con el tono general del disco. Sabe a oportunidad perdida. “Heavyátrico” vuelve a darle otro giro de timón al álbum, esta vez hacia el hard rock más fiestero, en otro corte alegre y despreocupado con el que aliviar penas. Hechuras de single o, también, de fijo en los directos de la banda castellonense.

Sombra de libertad”, entrega más extensa de todo el disco, también una de las más contundentes y sinfónicas, con el Saurom Migue aportando su característico registro en uno de los cortes más logrados y apetecibles de “El baile de los caídos”. Buenos duelos instrumentales, interesantes cambios de ritmo, guiños diversos en cuanto a arreglos y, en general la sensación de que han querido cerrar el disco por todo lo alto. Lo cual sería así de no ser por que en realidad no es el último corte del álbum. Dicho honor le corresponde a «El picorsito«. Y es que si «Seguimos en pie» me parecía (y me parece) la peor manera de abrir el álbum, esta me parece la peor manera de cerrarlo.

Me queda la sensación de que Lèpoka es una banda que maneja buenas ideas pero que en ciertos momentos no se toman demasiado en serio a sí mismos. Que son una banda de una capacidad mayo de lo que traslucen estas canciones. Haciendo una símil cinematográfico, si el lector me lo permite, me recuerdan en cierto modo a la carrera del director neerlandés Paul Verhoeven, realizador de talento innegable que más de una vez escondió motu propio en producciones cuando menos estúpidas y cuando más fallidas buena parte de su sabiduría. No se me alarme la tropa. “El baile de los caídos” pondrá una sonrisa de principio a fin en las caras de sus acólitos y dejará tres o cuatro temas en el set list del grupo durante años, pero no puedo evitar quedarme con la sensación de que podríamos estar ante una banda de un calado mucho mayor si se creyeran un poquito más lo que están haciendo. O tal vez es que uno ha perdido su espíritu fiestero durante el confinamiento y la pandemia. Quilosá.

Texto: David Naves

Deja un comentario