
Dicen que a la tercera va la vencida y qué duda cabe que los avilesinos de Leather Boys, junto con el sello The Fish Factory, han tirado la casa por la ventana para regalarnos el que es a día de hoy el disco más ambicioso de su carrera. La banda se compone de Leather Latin Lover (bajo), Leather Buddy (batería), Leather Dirty Duke y Leather Sex (guitarras) y finalmente Leather Rose (voz).
Los asturianos debutaron en 2008 con el single “We’re Livin’ in a Bar” al que siguió su primer largo “Real Leather” tres años más tarde. A aquél disco le seguiría el largo “Back in the Streets” en 2014 y el Ep “Decade of Decadence” en 2017 con el que celebraban diez años en la carretera. Trabajos todos ellos autoeditados.
De apropiado título, “Rebirth” inaugura el tercer disco de los astures de manera enérgica y directa. Sin sorpresas pero sin fisuras desde ese inicio tranquilo hasta el build-up que nos traslada a la era dorada del hard rock y el sleazy taitantos años atrás. Entrega un buen riff en las estrofas así como un buen estribillo. Al sonido quizá le falten unas décimas en cuanto a corpulencia, no sin que por ello parezca cuidado con mimo, entregando buena dosis de protagonismo a todos los elementos involucrados en la mezcla. El tema título “Born in the 70’s”, uno de los dos adelantos del trabajo, atempera el tono inicial para ofrecer un single que crece considerablemente en estribillos y que trae una de las mejores líneas de bajo de todo el disco. “We were ready, we were restless” declama Leather Rose y por sonido pero también por mensaje cuesta poco entender por qué es uno de los anticipos del álbum.
Otro de los adelantos, “Underground”, recupera el vigor de la inicial “Rebirth” y lo inunda de coros durante las estrofas y buenos guitarrazos en los estribillos y después. Sobrevuela un aire a los neoyorquinos Kiss durante estos cuatro minutos largos de hard rock alegre y festivo para confeccionar uno de los cortes más certeros de todo el trabajo. Policromática y entretenidísima.
“Don’t Cheat On Me” encandilará a los fans más irredentos de los hermanos Young con un aroma que casi huele a homenaje durante las estrofas y que resulta en un corte menos complicado en cuanto a escritura pero de buena factura y mejor digestión. En contraste, “Aphrodisiac Grape” emerge más sucia y bluesera en un riff más pesado que sus compañeros y la voz filtrada que surge en las estrofas. Más elemental y menos sorprendente en estribillos, sí, pero un corte a destacar en cualquier caso, si bien el solo de guitarra bien merecía un poco más de espacio tras el buen build-up que lo precede. Otro de los adelantos de “Born in the 70’s” es el medio tiempo “Fly Free (Blacksmith)”, corte más largo del álbum, donde la banda incorpora un tímido Hammond (principio y final) y concatena una buena ración de riffs. Tanto el puente como el epílogo están coronados por dos de los mejores solos de todo el track-list y por buenas líneas vocales de Leather Rose. En general sobrevuela la idea de estar ante uno de las canciones capitales de todo el disco.
El último de los adelantos del disco, “Flower Power”, da un salto de 180 grados con respecto al tema precedente entregando un hard rock simple y directo que apenas supera los dos minutos y medio. No desdeño el gancho que tiene su estribillo ni el solo de guitarra de su tercio final, pero me deja un poco con ganas de más.
Sin irse tampoco por las ramas, es cierto que “Stranded” se atreve a jugar con el tema del disco. Incorpora leves toques de psicodelia en su prólogo y durante buena parte de su desarrollo resuena , de forma considerable, más arrastrada que sus compañeras de disco. Me recuerda por momentos a sus paisanos de Amon Ra pero también a los primeros trabajos de Danzig en solitario, y, en general, le da otro aire al álbum. El medio tiempo “Scabs” nos reconduce hacia el tono general del disco pecando tal vez de predecible en su primer tercio. No así en el puente central y su epílogo, donde aparecen algunos de los riffs más retorcidos del disco así como una de las mejores líneas de batería de todo el álbum.
El piano de “Sixies & Sevens” otorga al décimo corte del disco aires de vieja tasca del oeste norteamericano. Ese arranque huele a whisky barato, a Derringers escondidos en la manga, a cazarrecompensas de medio pelo y a toda la imaginería derivada de años y años de consumir westerns de dudosa calidad. Llamativa más por tono que por escritura, no deja de ser agradable de todas formas. Al igual que lo hacía “Don’t Cheat On Me”, “St. Mary’s Dance” trae de vuelta un riff que bien podría haber firmado AC/DC y lo sazona con buenos estribillos, solos de guitarra y teclado, buenas melodías y un estupendo crescendo final para acabar por conformar uno de los cortes más redondos de todo el disco. “Best I Ever Had” carga con el peso de ser la balada por antonomasia del álbum. Ofrece estrofas sencillas y crece en unos estribillos con un Hammond que, bueno, a quién no le gusta un buen Hammond a tiempo, y culmina con un crescendo infalible. Es un tiro seguro. No cogerá a nadie por sorpresa, todo da la sensación de estar donde debe y por ahí no queda sino rendirse.
“To The Curb” evoca a los cortes más directos del disco en su desarrollo y un poco a Motörhead en ese riff directo al cuello. Si bien no me sorprende en líneas generales, es verdad que incorpora un buen solo de guitarra en su puente central y que Leather Rose suena más visceral que nunca. La final “Reverb” incorpora una armónica, que nunca está de más, para despedir el disco con un toque diferencial.
Vi a estos chicos por primera vez en la capital del principado hace un montón de años y se aprecia mucho el crecimiento experimentado como banda. Lo cuento porque si, por aquél entonces, alguien me hubiera dicho que años más tarde podrían parir un trabajo como este, no habría sabido qué pensar al respecto.
Para servidor, que venía de escribir sobre un disco de rock sinfónico dominado en gran medida por la calma y el sosiego, y anteriormente otro que se movía en terrenos sobre todo oscuros y melancólicos, enfrentarse a este “Born in the 70’s” ha supuesto por un lado una bocanada de aire fresco y por otro también un reto, de tanto en cuanto no es el de Leather Boys un género que deguste habitualmente. Aún con eso, y siendo consecuente con lo que se escucha, se puede apreciar un crecimiento innegable con respecto a trabajos anteriores y un gusto por el detalle que le viene muy bien a estas canciones. En especial a cortes como “Fly Free (Blacksmith)”, sin desdeñar la cara más directa y macarra de “Underground” o la inicial “Rebirth”. Entre una faceta y otra hay arreglos de todo tipo. Pianos, órganos Hammond, una armónica y toda la parafernalia necesaria para construir un conjunto de canciones que debería encandilar a los fanáticos del género.
Texto: David Naves