Reseña: Somas Cure «La Colmena» (Rock Estatal Records 2020)

Dicen que no hay quinto malo y qué mejor forma de cumplir diez años en la carretera que con un nuevo disco de estudio. Somas Cure, banda formada a día de escribirse esta reseña por Darío Gómez (batería), Víctor Pérez (bajo y coros), Álvaro Longarela y Borja Iglesias (guitarras) y Txema Fonz (voz), edita el que, según su sello, es “el disco más ambicioso” de la banda madrileña. Afirmación que uno ha leído tantas veces de parte de las disqueras que ya no sabe qué pensar.

Sea como fuere es la propia banda quien ha corrido con la producción de este “La Colmena”, grabado por Andy C. en los madrileños Cadillac Blood Studios y mezclado por Carlos Santos en Sadman Studios. El máster fue llevado a buen término por Jens Bogren en los Fascination Street Studios de Orebro, Suecia mientras que el diseño fue obra de Gustavo Sazes (Angra, Amaranthe, Machine Head, Angelus Apatrida, The Crown…) Veía la luz el 2 de octubre vía Rock Estatal Records.

Rock tranquilo y evocador, de clara ganancia en estribillos, para dar inicio a la fiesta. Cierto aire a los primeros Sôber en este primer “Salto de Fe”. Buen sonido en líneas generales, bien arreglado en estrofas y más desnudo en el puente central que acomoda el solo de guitarra de Borja Iglesias. La batería de Darío Gómez da inicio a “La Cura”, donde la banda baja un poco al barro para mostrarse más directa en contraste al tema anterior. Se revela, por tanto, más visceral, tanto en riffs como en la línea vocal de Fonz, pero sin abandonar ese tono apesadumbrado del tema inicial. “Belladona” representa un paso más esa transición hacia terrenos más ásperos dejando intuir la cara más pesada y árida de la banda madrileña. Trae al frente buenas estrofas, bien compuestas, así como estribillos bien adornados. Aunque no me sorprenda por estructura, ha terminado por convertirse en una de mis favoritas del disco. Algo a lo que ayuda el puente previo a la última irrupción del estribillo.

Plaga” prosigue en esa tendencia a adentrarse en terrenos más metálicos firmemente apoyada en alguna de las voces más directas y potentes del álbum. Estrofas pesadas, que ejercen gran contraste con unos estribillos más ligeros. “No hay más vida que la que nos quieren robar” dice la voz filtrada de Fonz previa a la explosión final. Tan simple como directo. Me funciona. El arranque de “Bailar en la Cuerda” atempera el discurso sonoro y vuelve a postulados de comienzo del álbum para desde ahí construir un crescendo que termina por construir uno de los temas más redondos del disco. Diverso en cuanto a riffs, poseedor de buenas melodías vocales y atractivo en esa ganancia adquirida conforme avanzan las agujas del reloj. Otro de los temas importantes del quinto de los madrileños. “Cede la Piel” emerge de pronto más marcial y metálica en estrofas, así como más ligera en estribillos, para ofrecer una de las líneas vocales más diversas de todo “La Colmena”. Bien merecía algo más que esos tres minutos largos que marca al final el minutero. Darío Gómez ofrece un buen doble bombo mientras Fonz se desgañita a gusto y todo funciona como debe, pero me deja un poco con ganas de más.

El registro más aterciopelado de Txema Fonz adorna el arranque de “Balas de Plata”, balada clásica que irá ganando peso con el transcurrir de los segundos, que no sorprenderá en cuanto a escritura pero resulta bien construida de todas formas. Rompe la tónica general del álbum y le oxigena justo en el ecuador del mismo. “Mi Mejor Mentira” viene con las guitarras más pesadas de todo el trabajo. Esa pesadez adquirida comanda un riff monolítico en estrofas, de nuevo con una reseñable labor de Darío Gómez a la batería. Crece de forma notable en un tercio final muy trabajado, bien apoyado por una composición que arropa el buen solo de Iglesias y engarza sobre él la voz de Fonz en el momento preciso. Funcional. “Vértigo” nos devuelve las baterías rápidas y los riffs directos para un prólogo que da paso a varias de las estrofas más directas del disco. Es uno de los cortes más trabajados y policromáticos del disco. La voz de Fonz armoniza entre sus registros limpio y rasgado, se filtra después y entre medias desliza algunas de las mejores melodías de “La Colmena”. Los riffs flirtean con el prog, hay buenas melodías de guitarra bajo las estrofas, mucho cambio de ritmo y, en general, la sensación de que todo funciona cuando debe. Otro de mis favoritos del álbum.

Con “Iglesia de Humo” retorna la cara más visceral y pesada del quinteto capitalino. El prólogo rima con otros momentos pesados del disco, con Txema Fonz desgranando lo más árido de su registro. En contraste con esas abruptas estrofas emerge uno de los estribillos más distintivos del álbum, bien arreglados y de cierto aire oriental. Las estrofas de “Bandera Negra” lindan sin complejos con el rap metal más osco para dar paso, eso sí, a unos estribillos más pegados al tono general del álbum. Ese viraje hacia el rap metal quizá resulte llamativo, pero es verdad que no pasa por ser uno de los temas más llamativos del álbum en cuanto a estructura. Sí sorprende la final “El Cuerpo”, que por momentos me recuerda a Coheed & Cambria y diversas bandas de rock alternativo contemporáneo. El tono melancólico que desprende se digiere con gusto y contrasta en buena medida con un tercio final de disco que venía de entregar la cara más pesada y arisca de los capitalinos. Un gran cierre.

No sé hasta qué punto este “La Colmena” representa para la banda un salto de fe. Lo que sí es cierto es que alberga una diversidad, tanto tonal como rítmica e incluso estilística, que lo convierten en un disco, cuanto menos, interesante por diverso. Luego habrán de entrar en juego las fobias y las filias de cada uno, a las que no haré más mención. Porque sea como fuere, la escritura que desprender es atractiva, Txema Fonz despliega una variedad de registros más que notable y hay solos y riffs que evidencian horas y horas de trabajo en el local. O, dadas las fechas en que ha sido compuesto el álbum, presumiblemente en sus respectivos hogares durante el confinamiento. Por ponerle pegas, que el bajo goza de menor presencia de la que me gustaría, que hay alguna canción plana en exceso u otra que bien merecía algo más de desarrollo. Hechos que pueden empañar el resultado final pero que no descenderán la nota por debajo del notable alto en cualquier caso. Mi enhorabuena.

Texto: David Naves

Deja un comentario