
Más que un regreso, una resurrección. Engendrados en tierras gallegas allá por 2004 por Roberto Espinosa y Alberto Cereijo junto a Tino Mojón, Eco debutarían tres años más tarde con un “Réplica” que cosecharía una más que aceptable ración de halagos de prensa y público. No obstante, la banda desaparecería de la escena tiempo después hasta que Roberto Espinosa, voz y compositor detrás del proyecto, tomase la decisión de traer Eco de vuelta al presente. Al mencionado vocalista le acompañan esta vez Fran Rodríguez a la guitarra, Pablo Espido tras la batería y Justo Maca al bajo. Este “Los Años Del Silencio”, la “continuación lógica del debut” según la nota de prensa, cuenta con producción del cada vez más solicitado Manuel Ramil (Avalanch, Adventus, Alderaan), quien además colabora en el álbum. Veamos qué nos depara este regreso.
De entre la enormísima marabunta de discos que inunda nuestras escenas, Eco empiezan el suyo con una breve introducción, esta “Ultreya”, a caballo entre lo épico y lo misterioso. Ni tan siquiera minuto y medio para alcanzar el tema que da nombre al disco. “Los Años Del Silencio” acomete un hard rock elegante y colorido, bien armado por una producción que alberga todos los instrumentos con ajustado brillo y sin perder el obligado equilibrio. Bien es cierto que algún verso que otro me resulta un tanto atropellado, pero con el puente central a la cabeza diría que luce buen armazón gramatical en líneas generales.
Mayor pesadez en las guitarras y gramáticas más sencillas para una “Mares De Paz” en cuyos estribillos creo atisbar ciertos ecos de los Avalanch de la era Ramón Lage. Espinosa aporta más matices a su línea vocal y, aunque ejecutivamente me resulte irreprochable, cierto es que me ha costado empatizar con esta tercera entrega. Más redonda, también más melancólica y arrebatada, “¿Dónde Están Ahora?” resulta en una de las entregas más interesantes del trabajo. Buena labor gramatical, uso más que elegante de los arreglos, un puente que derrocha feeling y encima de todo ello una línea vocal bien medida y mejor matizada. Todo para configurar una canción que fue una de las cartas de presentación del disco y no me extraña.
“Sirenas” resulta en una larga composición a caballo entre el medio tiempo y la balada clásica de siempre. Brillará más por ejecución que por escritura. Muy académica ésta, sí, pero con Espinosa dejándose la piel y Fran Rodríguez regalando estupendos solos de guitarra en último término. “Éxodo”, con Ramil colaborando a las teclas, reconduce el tono del disco para llevarlo a lindar con un metal con claras reminiscencias de los asturianos WarCry en el que Espinosa aprovechará para dejar las notas más áridas del trabajo. Estupenda por esa escritura diversa, no diría intrincada pero casi, pero de alto nivel técnico en cualquier caso. Acompañando a todo ello una nada metafórica letra que deberíamos grabar a fuego en nuestras conciencias.
Regresan los tiempos medios con una “Fuego En Las Alas” que nos retrotrae a un tono más cercano al del tema título. Acompaña la voz filtrada de Espinosa a unos riffs más retorcidos que mirarán, aunque eso sí de reojo, al prog rock. Un corte donde vuelvo a detectar algunos versos un tanto atribulados. No lo suficiente como para que torne en catástrofe pero sí lo suficiente como para empañar el resultado final. “Ingravidez” nos devuelve la faceta más melódica y cadenciosa de los gallegos. Desnuda en estrofas y más arreglada y ornamental en estribillos, dueña de un agradable clasicismo gramatical que no habrá de enturbiar en ningún caso el buen nivel ejecutivo que despliega.
“Cantares” muta en un hard rock clásico y academicista al clásico de Serrat para una de las versiones más curiosas que han pasado por mis oídos últimamente. Mi reino por saber qué pensaría Machado de una y otra. El cierre con “Lágrimas” es igualmente llamativo, si bien por distintos motivos. Su prólogo apenas encuentra rima precedente en el álbum. Brilla Espinosa al micro, sí, pero también una gramática que habrá de confeccionar un elegantísimo crescendo con el correr de los acordes. Cadencioso, cuando no impetuoso, y estupendo. Se me queda un poco coja en su epílogo, cierto es, pero la disfruto en cualquier caso.
Un regreso dignísimo. Y aunque no creo que se trate en ningún caso de un disco extraordinario, sí que viene a aportar cierta frescura a una escena, la nuestra, a veces tan apoltronada. Dentro de “Los Años Del Silencio” conviven por igual una gran labor ejecutiva y unas gramáticas interesantes pero también ciertos errores de bulto que vendrán a enturbiar el resultado final. Con eso y con todo, y a pesar del remozado line-up del cuarteto, un álbum que preveo será bien recibido por los suyos, que en el fondo es de lo que trataba todo esto.
Texto: David Naves