
Segundo largo para los black death melódicos baleares Æolian. Formados en 2016, tardarían apenas dos años en debutar con el largo “Silent Witness” (Snow Wave Records). La banda está compuesta a día de escribirse estas líneas por Alberto Barrientos (batería), Leoben Conoy (bajo y letras), Gabi Escalas (guitarras), Raúl Morán (guitarras, composición) y Daniel Pérez (voz, composición). “The Negationist” fue producido y mezclado por Miquel A. Riutort (Mega) en el Psychosomatic Recording Studio para que, posteriormente, Dan Swanö masterizase las pistas resultantes en sus Unisound Studios. Fue puesto en la calle a través del sello radicado en Villarydsvägen (Suecia) Black Lion Records.
El disco arranca con una “Momentum” encargada de dejar los postulados bien claros desde el primerísimo instante. Ni introducciones ni zarandajas. Una suerte de death melódico en contraste con el chillón registro de Daniel Pérez. Me llama la atención por escritura, resultando ésta nada predecible para tratarse de una primera entrega y que ya da muestras de la sapiencia compositiva que habrá de albergar el disco. Buenas ejecuciones a las que acompaña un sonido a la altura terminan por redondear una estupenda carta de presentación.
Así las cosas, el prólogo de “We Humans” habrá de desarrollarse en métricas más pesadas, bordeando incluso lo marcial, para luego ofrecer melodías de regusto épico y finalmente fundirse en un crescendo quizá poco sorprendente pero resultón en todo caso.
“Animals Burned”, con coros de Miquel A. Riutort, recupera la velocidad y el vigor del tema inicial, que resultará interrumpida aquí por interludios que habrán de vagar entre lo épico y lo melancólico. Temática obliga. Es otro corte donde aprecio una gran labor en lo instrumental y quizá no tanto en lo gramático pero que ofrece resultados muy funcionales en todo caso. “Unseen Enemy” aprovecha para atemperar ritmos. Seduce con cadencias acompasadas, también con breves arrancadas de black enérgico y rabioso, pero sobre todo, con la elegancia que desprende su epílogo. De mis favoritas del álbum.
“Blackout”, con violín de la canadiense Mika Posen, aprovecha para virar hacia el thrash más machacón, en especial durante estrofas, convirtiéndose en una de las entregas más curiosas de todo “The Negationist”. Sobre ese tono disruptivo se asientan unas letras entre lo agónico y lo desesperado, lo que junto al violín de Posen durante el epílogo terminará por disociar definitivamente este corte del resto. En mi opinión para bien. Arranca “Golden Cage” con la acústica de Miquel A. Riutort que habrá dar paso a otro corte diverso, cuando no intrincado, que en términos compositivos pasa por ser de lo mejor del álbum y que de hecho fue uno de los adelantos del mismo.
El buen primer tercio de “Bleeding Garbage” habrá de devolvernos a los Æolian más épicos y vigorosos. Tras el musculoso inicio dará paso a interludios si bien no del todo calmados, sí dueños de una mayor querencia por la cadencia y el acompasamiento. Especial brillo de la base rítmica aquí, adaptada sin mayores complicaciones a esta escritura efervescente. El final es un poco abrupto, sí, pero no lo suficiente para empañar el resultado global. Varios de mis riffs favoritos del segundo de los baleares están en una “The Flood” que, si bien no emociona en términos gramáticos, sí creo tiene puntos de interés: los bien medidos coros en estribillos y, especialmente, el buen solo de guitarra que alberga el puente central.
“Children Of Mud”, entrega más breve de este “The Negationist”, traerá de vuelta la cara más ligera, dentro de lo que cabe, de la banda balear. En clara rima con “Unseen Enemy” pero una pizca por encima en cuanto a personalidad y notable igualmente en ejecución. Bonus Track al margen, el cierre es para este “Ghosts’ Anthem” donde cuentan con los arreglos orquestales de José Vicente Franco Landete, ganador de la IV Edición del Concurso de Composición para banda Sinfónica Josep Maria Lleixà Subirats. Arreglos que habrán de manifestarse en un final obligadamente épico y grandilocuente. Decir que el Bonus Track “Reborn” acerca a la banda al doom sería pasarse un poco de frenada, pero sí que encuentro aquí ciertos tics propios del género, levemente dispuestos sobre un corte estupendo a nivel técnico y en el que Valentín Moldovan habrá de adornar al piano un más que elegante epílogo.
Diríase que Æolian son al ambientalismo lo que Cattle Decapitation la liberación animal. Conviene disfrutar del disco en lo musical, sí, pero sin obviar su aspecto lírico (aún a riesgo de que a uno lo llamen comeflores) para entender toda la magnitud de la obra. Si estas líricas calan, no menos lo hacen composición y ejecución, lo que en conjunto con el bonito arte de Juanjo Castellano termina por confeccionar uno de los discos melodeath de la temporada.
Texto: David Naves