Reseña: Hevilan «Symphony Of Good And Evil» (Brutal Records 2021)

El 21 debería ser el de la confirmación para los brasileños de Hevilan, quienes tras debutar con “The End Of Time” allá por 2013, vuelven ahora bajo el abrigo de Brutal Records con el único empeño de establecerse como una entidad a tener en cuenta en la escena no ya sudamericana sino mundial. Aquí encontramos al trío de miembros originales Alex Pasqualle (voz), Biek Yohaitus (bajo) y Johnny Moraes (ex-Warrel Dane, guitarra), a quienes se une ahora el batería Rafael Dyszy.

El propio Yohaitus se encargó de la grabación, mientras que las habituales tareas de mezcla y masterización fueron llevadas a término por el alemán Lasse Lammert (Abigail Williams, Alestorm, Warrel Dane, Heretoir, Teramaze…). Gustavo Sazes (Almah, Tribuzy, Angelus Apatrida, Angra, Bloodhunter) se encargó del artwork y, como ya hiciera en el álbum debut, el vocalista Alex Pasquale se colocó tras la cámara para las fotos. 

Symphony Of Good And Evil”, que en palabras del propio combo brasileño trata sobre “la idea del conflicto entre el bien y el mal dentro del ser humano”, da inicio desde una “Dark Paradise” desprovista de abalorios introductorios de cualquier tipo. Directa y al pie desde el primer acorde. De escritura sencilla, que para algo es un opener, pero rociada de una más que interesante serie de riffs y coronada por un buen estribillo. Pocas pegas se le pueden poner a la producción en líneas generales, y menos al buen solo que deja Moraes antes y durante el epílogo. Sin alcanzar tampoco a sonar del todo refrescante, sí es verdad que “Rebellion Of The Saints” logra exhibir una escritura más rica y flexible que su predecesora. El curioso ir y venir de los coros del prólogo, la alternancia entre las partes pesadas y las más ligeras o el propio solo de Moraes. Curiosa.

De prólogo brioso y acelerado, “Great Battle” pronto reconduce hacia un metal pesado primero y a un estribillo casi lindante con el hard rock después. Es otro corte que pareciera construido a mayor gloria del registro vocal de Pasqualle, quien habrá de deslizar aquí una de las líneas de voz más atractivas de todo el trabajo. Tampoco es desdeñable la buena labor técnica que emerge durante el puente y cómo ésta conduce hacia ese final a lo Michael Romeo. Fantástica. Con sus poco más de tres minutos de reloj, podría uno pensar que “Here I Am” sería el clásico tema directo y visceral. Nada más lejos. De hecho y pese a lo escaso de su duración, pasa por ser uno de los cortes más enrevesados de todo el álbum, incorporando, además, un puente central que guiña el ojo al sin complejos al progresivo. Me gusta, y lo haría más con algo más de desarrollo.

Always In My Dreams” es una balada / medio tiempo de buena escritura y planteamiento echada un tanto a perder por una línea vocal de Pasqualle un tanto díscola en ciertos momentos. Y es una pena. El solo de Moraes, muy en la onda de los solos baladeros de John Petrucci, es estupendo. Todo sea dicho.

Devil Within Part I: Evil Approaches” me recuerda especialmente a los Iron Maiden del “Seventh Son Of A Seventh Son”. Es apenas una introducción para una “Devil Within Part II: Hammer Of The Gods” que anticipó al disco allá por mediados de febrero y a la que lastra uno delos estribillos más planos que he escuchado últimamente dentro del género. Una pena, pues el buen desarrollo técnico antes y durante el puente, es irreprochable.

Waiting For The Right Time” es la otra balada del disco. Antecede al final en cuatro partes que da nombre al disco y se muestra eficaz, agarrada a cánones clásicos y, en líneas generales, consigue ser un tiro más certero que aquella “Always In My Dreams” de hace un rato, con Pasqualle, ahora sí, brillando en consecuencia.

Symphony Of Good And Evil”, como digo, es la opus en cuatro episodios que cierra el disco.

  1. Part I: Revelation” es una introducción sinfónica y operística, bien trazada, que si bien puedo decir que no llega a aburrirme, también que no alcanza a brillar como lo hacen las grandes bandas europeas del sinfónico. Nos guste o no, este es un tema principalmente presupuestario. No creo que a nadie se le escape que no es lo mismo grabar para un sello mastodóntico como Nuclear Blast que para el mucho más modesto Brutal Records. Dicho sea con todo el cariño.
  • Part II: Dark Ages” es y de lejos lo más exhibicionista en términos técnicos que porta este segundo de los brasileños. Aquí saca músculo Moraes, claro, pero también un centradísimo Rafael Dyszy tras los parches. Coros al margen, instrumental abiertamente virguera dirigida en su integridad a los grandes fans de la floritura y el requiebro. Si los hubiera o hubiese.
  • Part III: Song Of Rebellion”, cuyo riff del prólogo me ha recordado inmediatamente a “Detox” de SYL, es otra gran construcción de metal que hibrida sin rubor a bandas como Nightwish o Amberian Dawn con Nevermore y Symphony X. Sirve al combo brasileño para dejar uno de los cortes más redondos de todo el trabajo. Deslumbrante en lo técnico, en especial durante ese puente de auténtico power neoclásico que refracta en gran medida con todo lo oído previamente en el álbum. Redonda.
  • Part IV: Epilogue” echa el telón en escuetísima clave sinfónica de apenas un minuto.

No es detalle menor que Moraes fuese parte de la dupla guitarrera del, a la postre disco póstumo, del malogrado Warrel Dane. Al punto de que el propio Dane colaboraba en aquél “The End Of Time” de 2013. Se siente el gusto por el power USA en muchos recodos de esta segunda obra de los brasileros, sí, pero también hay épica, ornamento y boato. Cortes dispuestos a mayor gloria de sus habilidades técnicas y viceversa. Moraes desatado por momentos. En lo negativo, que la producción no acompañe (en especial durante los momentos de mayor sinfonismo) y algún que otro patinazo tanto gramático como de Pasqualle al micro. En cualquier caso, un buen disco de power entretenido y diverso de la siempre atractiva escuela brasileña. Que no es poco.

Texto: David Naves

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