
No es habitual que lleguen discos a estos lares prometiendo abrigar bajo un único paraguas dos conceptos tan a priori distantes como Tool y Melvins. Menos aún, que dicha promesa provenga de un sello (el británico Trepanation Recordings) que se dice antifascista. Tal es el caso de los italianos The Marigold, a quienes por cierto, convendría no confundir con la banda barcelonesa de idéntico nombre. El trío original Lorenzo Di Lorenzo (batería, percusión), Stefano Micolucci (bajo) y Marco Campitelli (voz, guitarras, bajo de seis cuerdas) más los invitados Adam Harding (guitarras) y Toshi Kasai (guitarras, sintes, cowbell, pandereta) se encuentran detrás de este “Apostate”, producido por el propio Kasai (Melvins, Acid King, Sepultura, Shrinebuilder…). En la calle via Coffin & Bolt Records / Golden Robot Records desde el 23 de abril.
De primeras llama poderosamente la atención el gran contraste ejercido entre lo monolítico del riff y lo atmosférico de la producción en contraposición a lo apacible, casi onírico, de la línea de voz de Campitelli. “Exorcism Charm” arranca bien estructurada, tan monocromática como certera, saliéndose de los paraderos más ecuménicos del sludge y circulando por la senda más alucinada y espacial. “Goat, Goth, Gone”, por contra, ennegrece la oferta, desnuda las guitarras y sirve en bandeja a un Campitelli decididamente más visceral. De puente central exagerado y a su manera exógeno, es verdad que con sus apenas tres minutos me deja con ganas de más.
“The Pledge” deriva hacia terrenos más fumetas. Influida a ratos por los Sleep del “Jerusalem” y también sus compatriotas de Ufomammut, lo cierto es que aquí no hay rastro de todo aquél ornamento que exhibió el disco en primera instancia y sí mucho riff arenoso y machacón. Transcurrirá sin grandes alardes envuelta, eso sí, en una extraña a la par que interesante línea vocal. Así las cosas, uno recibe de muy buen grado el mayor desparpajo que muestra la más rockera “Lay Down” en su prólogo y la forma en que éste se va enfangando hasta colisionar con un ideario más reconocible. También más alucinado. Aquí resuenan ecos de aquellos Monster Magnet pre “Powertrip” bajo otra extraña y repetitiva línea vocal de Campitelli. Tema curioso y bipolar.
“Sludge Machine” recuerda por momentos a aquella “Exorcism Charm” que abría el disco. La voz de Campitelli tiene un deje al Bowie más postrero con el que empatizo en gran medida, pero el gran amo y señor del cotarro es ese riff prácticamente monocorde que domina buena parte de la escritura. Es un corte más trabajado de lo que aparenta en una primera escucha, sumergido en un elegante crescendo que culminará catártico y retorcido. De mis favoritas. “Mono Lith” aprovecha su primer tercio para dirigirse hacia sendas más oscurecidas, sólidamente apoyada en una buena serie de riffs sobre los que descansa una línea vocal menos atrevida y/o extraña. Pese a lo diverso de su gramática, resulta en uno de los cortes menos arriesgados. Es más reconocible, porta más guiños y pasa por ser la más impersonal de todo el trabajo.
Se le otorga a “Loser In Lines” el honor de ser la oferta más extensa del álbum. Siete minutos largos bien aprovechados, donde pasamos de la rudeza monocromática del prólogo al largo paraje tranquilo y por momentos psicodélico que desembocará en un tercio final desarrapado y visceral. Elemental por escritura pero muy sólida por ejecución. El cierre corresponde a la canción que fuera adelanto del trabajo allá por mediados de marzo, esta “My Own Apostate” donde cuentan con la colaboración de Adam Harding y que se resolverá con más finura técnica que compositiva.
Veteranos ya de la escena transalpina (la banda lleva en activo desde 1998), The Marigold tienen poco o nada que demostrar a estas alturas. Su doom poliédrico no ofrece grandes sorpresas en lo gramático pero sí numerosos contrastes en lo tonal, encontrándose precisamente ahí su mayor atractivo. Su pericia a la hora de construir atmósferas frente a la desnudez que emerge a continuación. El buen nivel técnico contra cierta sequía gramática. Siendo como es un disco de contrastes, “Apostate” puede no ser del gusto de muchos fans del género, pero por contra también tengo la impresión de que aquellos que empaticen con él lo harán sin remedio.
Texto: David Naves