
Segunda venida a estas páginas del proyecto de metal clásico Ice War tras el cual se parapeta el músico canadiense Jo “Steel” Capitalicide. Desde su “Defender, Destroyer” de 2020, el de Ontario, que vuelve a hacerse cargo de todos los instrumentos así como del apartado vocal, ha tenido tiempo de editar el Ep “Shout Out” con Underground Defenders Productions y un Split junto a otra one man band, la brasilera Whipstriker, esta vez bajo el paraguas de Helldprod Records. Ahora nos llega este “Sacred Land”, que veía la luz el 18 de mayo (vía Fighter Records) bajo la promesa de representar un mayor acercamiento al doom de corte épico en palabras del propio sello madrileño. Veamos.
Es la propia “Sacred Land” la encargada de dar arranque al álbum. Curiosamente, también la entrega más rácana en cuanto a duración. No ahorra en descubrir el giro hacia terrenos más épicos que conforman esta nueva entrega. De aquél metal cercano al speed salpimentado de toques punk, ni rastro. Capitalicide, ni mucho menos el mejor vocalista del negocio, inunda de reverb esta vez su registro y sale adelante con una gramática que tira a elemental dejando, eso sí, algunos riffs de mérito entretanto.
“Crystal Mirror”, que fuera adelanto del disco allá por el mes de marzo, afianza la idea troncal del disco, descabalga un tanto en estrofas (la voz de Capitalicide nunca llega a empastar del todo) pero se desarrolla firmemente apoyada aquí en otro buen ramillete de riffs y una línea de batería, deduzco programada, rica en matices.
“Nuclear Gods” parece rendir sentido homenaje a la leyenda sueca Candlemass. Exhibe una buena gramática, interesantes cambios de ritmo, una línea vocal más certera que la de buena parte de sus compañeras y un par de interesantes solos de guitarra por parte del canadiense. Redondea la entrega una mayor presencia coral y sólo palidece, a mi modo de ver, por su excesivo parecido con la legendaria banda de Leif Edling.
“So Far Away” contrasta por brío. Sin alcanzar las cabalgadas de pasadas obras de Ice War, representa la entrega más briosa del disco. El bien trazado puente central bien merecía algo más de desarrollo. La cosa se pone seria con una “Black Horse” certera tanto en gramática como en ejecución, voz inclusive, entrega unas estrofas que juegan a favor del registro de Jo y no al revés, como sucediera en “Crystal Mirror”. Otro buen puente central más el resultón epílogo configuran una de las mejores entregas de todo el trabajo.
“Blood And Flames”, arranca muy a lo Black Sabbath del “Heaven and Hell” para acto seguido emerger briosa y cabalgante. Vuelve a aportar otra buena gramática, discurriendo sobre un buen planteamiento y una mejor ejecución adornada lo justo para no resultar cargante y donde solo echo en falta unos solos de guitarra más extensos y/o desarrollados.
Otro buen riff corona el prólogo de la final “Slay The Beast” para otro corte de fuerte influjo Sabbathico que bien merecía una línea vocal más apañada. Lástima el aspecto vocal, pues el canadiense vuelve a dejar aquí una escritura resultona e incluso ágil, pero no puedo evitar pensar que si el resultado final no es tan óptimo como me gustaría es precisamente por su pobre desempeño vocal.
No estoy muy seguro de que este giro hacia el doom de tintes épicos le venga bien al registro de Capitalicide. Es más, me atrevería a decir que saca a relucir más que nunca sus carencias en lugar de ocultarlas, como sí hacían pasadas entregas. Por ahí habrá quien convenga que el ontariano ha ganado en sinceridad y no seré yo quien le contradiga. Un disco, en definitiva, solo apto para aquellos fans del metal más clásico que sepan perdonar sus errores y apreciar sus aciertos.
Texto: David Naves