
Folk metal desde tierras mañas. Salduie, procedentes de la misma capital aragonesa, son un nutrido combo creado allá por 2010 y que a día de escribirse estas líneas opera mediante David (gaita, whistles y dulzaina), Víctor (guitarras, bouzouki irlandés, mandolina y coros), Diego Bernia (voz gutural y melódica), Diego Royo (voz melódica), Sergio (batería y bodhran), Dani (bajo), Nem Sebastián (voz melódica y vientos) y Sergio Couto (guitarra). Aunque formados a comienzos de la pasada década, no sería hasta 2014 que vería la luz su debut en formato largo “Imbolc”, al que seguiría “Belos” dos años más tarde y “Viros Veramos” ya en 2019. Ahora nos llega su cuarta obra, este “Ambaxtos” grabado, mezclado y masterizado por Lucas Toledo en los Theocide Studios y adornado por el artwork de Ani Artworks.
En palabras del propio grupo zaragozano, este “es un disco conceptual que explora la historia antigua de la península ibérica, centrado en la figura de los ambaxtos”. Palabra de orígenes proto-celtas y que vendría a significar algo así como “sirviente de alto rango”. En este su cuarto álbum de estudio “relacionan el término con la institución celtíbera de la clientela, institución que consistía en un pacto personal de carácter bilateral que se extendía tanto en el ámbito civil como en el militar. Las partes se comprometían a prestarse mutua ayuda en todas las circunstancias. El jefe ofrecería poder, riquezas, techo y comida, mientras que los ambaxtoi, o clientes, ofrecerían su ayuda tanto en las relaciones sociales (negocios, asambleas) como en la guerra, a la que estarían obligados a acudir con su jefe”.
Arrancará el disco entre lo tribal, lo místico y por supuesto lo folclórico con la extraña “Kenis”, con ADN de introducción, pero que sufrirá un drástico giro de rumbo hacia territorios más comunes, donde empiezan a quedar claras las habilidades técnicas del combo como también el espíritu que unifica al disco. “Caraunios”, inicialmente más convencional y también más fiestera, sorprenderá después con sus interesantes cambios tonales, voces dobladas, coros grandilocuentes y los obligados arreglos. Y sin ser el disco de folk metal de producción más brillante que haya escuchado recientemente, tampoco entrega un sonido catastrófico. Y menos si se tiene en cuenta que se trata de un álbum autoproducido por la propia banda.
Esta “Ambaxtos” que da nombre al disco vira hacia una calma folkie de vientos añejos y voces limpias que se irá enfangando con el correr de las agujas pero que habrá de dejar de lado a las guitarras eléctricas. Curiosa. Más convencional en lo tonal me resulta una “Mores Maiorum”, no obstante entrega más extensa del cuarto de los aragoneses. Hay brillo y color en sus líneas vocales, una escritura, no diría intrincada, pero sí que más ambivalente que la de sus compañeras, y arreglos de corte casi cinemático para una de las grandes armas del disco. Con mucho la que más pone en liza las capacidades compositivas del octeto.
Así las cosas, “Tagus” reconduce hacia sendas más convencionales, en clara rima con la anterior “Caraunios” no sin antes entregar algunas de las voces más rasposas del álbum. Gaitas, un estribillo resultón y no pocas hechuras de single adelanto. “La Muerte de Asdrúbal” habrá de rebajar la algarabía inmediatamente para entregar uno de los riffs más poderosos de todo “Ambaxtos”. Su tono, de hecho, trasluce una mayor carga épica, si bien encuentro el estribillo un tanto plano en este caso. Y sin ser un tema plano en conjunto, ni mucho menos, cierto es que no me engancha del mismo modo que algunas de sus compañeras.
“El Último Olcade” entregará uno de los riffs más exógenos del disco, cercano al djent. y que refracta con todo lo oído previamente. Ese riff otorgará gran personalidad a un séptimo corte que no dudará en flirtear con patrones más propios del groove para emerger, finalmente, como uno de los temas más retorcidos e intricados en lo gramático, del cuarto de los maños. Diferencial. “Las Llamas del Ustrinum” regresará a aquella calma que destilaba el tema título. Aquí más cinemática en arreglos, más interesante en cuanto a escritura (el crescendo que conduce al puente central es estupendo) pero a la que siento que le pesa un poco el trasero en cuanto a duración. Estoy abierto a debate.
Calma inicial y voces femeninas para una “Ataecina” que reconducirá después a terrenos más convencionales, si bien se apoyará en un riff que no duda en tontear con el prog. Diversa en lo rítmico, bien construida y arreglada, a un tiempo periférica y al otro abiertamente canónica. Bicéfala pero interesante. El cierre es para una “Descarnatio” que sirvió a su vez como adelanto del trabajo, y que breakdown del puente central al margen, bien obedece en gran medida a este tipo de entregas.
Los rigores temáticos de los discos conceptuales redundan a veces en canciones de letras atropelladas, o con las que me cuesta empatizar. Es el caso de este cuarto de Salduie aunque sólo a medias. Hay historias aquí dentro con las que conecto, otras con las que no tanto. Y, junto a ellas, más puntos favorables que adversos en cuanto a gramática. También en lo concerniente a la ejecución de esas gramáticas, así como una producción más que digna, insisto, para tratarse de una autoedición. Mención aparte, claro, merecen unos arreglos que se muestran siempre equilibrados y que en ningún caso opacan el aspecto puramente metálico del conjunto. Un disco y una banda a descubrir por cualquier fan del género que se precie.
Texto: David Naves