
No parece a simple vista la idílica Rímini, en plena costa adriática, el lugar que uno identificaría como hogar de una banda extrema, fusionista y hermética como la que hoy nos ocupa. Y sin embargo de allí proceden estos Omega (no confundir con la banda palermitana del mismo nombre) donde encontramos a Mike Crinella (guitarras, samples, sintetizadores), Marco Ceccarelli (batería), Adres (bajo) y Alexios Ciancio (voz), estos tres últimos también integrantes de los post-black Deadly Carnage.
El cuarteto, que debutara vía Dusktone con el álbum “Eve” allá por 2007, repite con el mencionado sello italiano para este “Nebra”, que en palabras de la propia banda, representa “un viaje místico y abismal hacia los enigmas más ocultos de nuestro universo. De Mesopotamia a Irlanda, de China a Norteamérica, nuestro planeta está sembrado de estructuras megalíticas unidas por un diseño terrible y apocalíptico que se pierde en las brumas del tiempo”.
Curiosamente, las tres primeras canciones del álbum poseen idéntica duración (13:05). La primera del trío es esta “Pleias”, de inicio oscuro y a la vez reposado, adornado por una tímida guitarra de aires orientales y que, toda vez supera la introducción, nos lleva hacia un metal a medio tiempo, bien salpicado de cambios rítmicos y tonales. Esa amalgama de capas, así como las furibundas confrontaciones sonoras y, sobre todo, los elegantes desarrollos técnicos, conforman un metal altamente peculiar y profundamente personal. Desde luego, y permitidme el tópico, no apto para todos los gustos, pero ideal para quienes disfruten de propuestas nada genéricas y/o academicistas. Previo al sorprendente, por groovie, puente central, surge un riff altamente convencional, lo que por contraste acentúa aún más si cabe la alta extrañeza del conjunto. A destacar una producción que amalgama todos sus ingredientes en su justa medida, sin opacar al de al lado ni escatimar en nitidez o pegada. Gran arranque.
Si bien envuelta en gramáticas más convencionales, tampoco se puede decir que “Axis” sea un corte de género. Ni mucho menos. Toda vez supera su prólogo oscuro y ambiental se introduce en un crescendo perfectamente medido y ejecutado, comandado por la estupenda batería de Marco Ceccarelli así como por el afiladísimo y reverberante registro de un Alexios Ciancio que ni mucho menos ahorra en crudeza. Su largo tronco central confronta el black más descarnado con virajes hacia terrenos más calmados, moviéndose entre lo místico y lo onírico, para finalmente construir un epílogo sin errores ni alardes.
“Ratis”, que adelantó al disco allá por mediados del mes de marzo, y que porta una pequeña introducción que no desentonaría en tu película de sci-fi favorita, apoya su buen primer tercio en uno de mis riffs favoritos de todo el trabajo. Sin atreverse a ir tan lejos en lo tonal, bien es cierto que recupera en parte la florida escritura del tema inicial, alternando sabiamente las partes livianas con las más agrestes, inundando de cristalinas líneas de piano y guitarras acústicas la calma, de voces desesperadas y riffs pesados la rabia. El tranquilo puente central y la pesadez, cuando no la visceralidad, con la que emergen después, configuran otro de los momentos grandes de este “Nebra”, si bien es cierto que la escritura aquí no resulta tan sorprendente ni avanzada. El videoclip es espectacular, por cierto.
Hasta los quince minutos se va el cierre “Quadraginta”. Aquí, Omega habrán de recuperar su habitual vaivén compositivo, yendo de nuevo del doom más descarnado al black más espacial, transitando por pasajes ambientales a rebosar de resonancias oscuras y guitarras acústicas, aglutinando otra interesantísima serie de riffs, caminando por crescendos de incansable doble bombo y alcanzando, finalmente, un epílogo de belleza reluciente, como sólo una banda italiana podría trazar. Un cierre épico en todos los aspectos: compositivo, tonal e interpretativo. Realmente soberbio.
Una gratísima sorpresa en forma de álbum y no es la primera desde que decidí entrar a formar parte de Heavy Metal Brigade. Este segundo de los italianos, a quienes por desgracia no conocía hasta hace apenas unos días, alcanza tales grados de personalidad, brilla de tal manera en lo técnico y asume tal cantidad de riesgos que uno no puede sino rendirse. Desde luego habrá quien eche en falta una mayor consistencia, de manera explícita incluso en la inicial “Pleias”, así como un tono que unifique en mayor grado al disco, pero no logro deshacerme de la idea de que estamos ante una de las grandes revelaciones de 2021.
Texto: David Naves