Reseña: Cannibal Corpse «Violence Unimagined» (Metal Blade Records 2021)

Decimoquinto trabajo de estudio ya, parece mentira, para la gran trituradora de carne humana Cannibal Corpse y el primero tras la dramática expulsión de su guitarra de casi siempre, Pat O’Brien. Precisamente de la salida de O’Brien deriva uno de los puntos de mayor interés de este nuevo trabajo, la entrada de uno de los verdaderos indiscutibles del death metal norteamericano, el vocalista, guitarra, productor, Hate Eternal y ex-Morbid Angel, Erik Rutan. Junto al recién llegado sigue la base rítmica de toda la vida, esto es, Paul Mazurkiewicz (batería) y Alex Webster (bajo), además de los ya clásicos George Fisher (voz) y Rob Barrett (guitarra). “Violence Unimagined”, que de nuevo con Metal Blade Records sigue donde lo dejara “Red Before Black” en 2017, fue producido por el propio Rutan, contó con Alan Douches (3 Inches of Blood, Vital Remains, Aborted, Cattle Decapitation…) para la masterización, Alex Morgan para las fotos y de nuevo Vincent Locke para el artwork. En la calle desde el 16 de abril.

El disco arranca con la que creo es una de las ofertas más interesantes, esta “Murderous Rampage” compuesta por Barrett y a la que ha puesto letra el batería de origen polaco Paul Mazurkiewicz para finalmente resultar en un compendio de casi todo aquello que ha convertido a esta banda en una verdadera leyenda del género. La encuentro especialmente certera en estrofas, quizá por el aire decididamente clásico que desprenden, casi rimando con el proto-death más elemental. El registro de Fisher sigue donde debe, la producción de Rutan brilla (sólo faltaría) y no echo nada de menos. Gran arranque. Webster es el responsable de una “Necrogenic Resurrection” que resultará más directa, veloz y sencilla. Su bajo se va al canal izquierdo en un arranque de puro Cannibal Corpse que pronto dejará camino libre a Fisher en otra buena serie de estrofas briosas marca de la casa. De escritura más sencilla que su predecesora, apenas bajará el pistón durante un puente central que habrá de traer al frente la cara más arrastrada y monolítica del quinteto. Sencilla, clásica y resultona.

Rob Barrett está detrás de una “Inhumane Harvest” que insiste en mostrarnos a los C.C. más arenosos y pesados. Los interludios rápidos, que los habrá, casi parecen una mera excusa al lado de varios de los pasajes más crudos de todo el disco. Resulta satisfactorio que no obstante de esa pesadez autoimpuesta resulte en uno de los temas más variados del disco en lo gramático.

Condemnation Contagion”, primera de las tres aportaciones de Rutan al álbum, deja de lado el habitual tecnicismo de la banda madre de este para entregarse a un death metal pesado donde Mazurkiewicz no tardará en dejar una de las líneas de batería más llamativas de todo el trabajo. Más convencional en su tronco central y de nuevo pesada en su epílogo. Nada especialmente brillante pero efectiva en cualquier caso. Os mentiría si dijera que no llevo varios días con el estribillo de “Surround, Kill, Devour” taladrándome la cabeza. Es un corte engañoso, con gancho pero no exento de buenos cambios de ritmo e incluso algún que otro detalle técnico de interés, en especial durante su buen epílogo. Otra de mis favoritas, aunque sea por su capacidad innata para resultar literalmente memorable.

De las tres entregas que Erik Rutan firma para este “Violence Unimagined”, a buen seguro “Ritual Annihilation” pasa por ser la que más recuerda a su banda madre. Poderosa gramáticamente, intensa en su primer tercio y más pesada y retorcida en su tramo final. Otra de mis favoritas. “Follow The Blood” parece querer seguir donde lo dejara la anterior “Inhumane Harvest”, decidida en gran medida a traer de vuelta a los Corpse más monolíticos y pesados, donde vuelve a hacerse fuerte el bajo de Webster al tiempo que, aunque sin estridencias, emergen varios de los pasajes más atmosféricos y arreglados del álbum. Diferente.

Bound And Burned”, tramada por Barrett, habrá de resultar en la aportación más técnica, diversa y atrevida del trabajo. Y todo ello sin abandonar en ningún caso los sólidos patrones de una banda como esta. De resultas de ello resulta menos cohesiva que muchas de sus compañeras, pero al menos es de agradecer este mayor grado de dinamismo en su gramática. “Slowly Sawn”, perpetrada por Webster, resulta mucho más plana, salvada si acaso por el buen desempeño de la dupla Barrett & Rutan. Prescindible.

Overtorture”, de Rutan, representa una apuesta por el death metal más veloz e intenso, me resulta en cierto modo anodina. No sé si son mis altas expectativas o lo sencillo de su escritura, pero lo cierto es que me cuesta horrores conectar con ella. Reconducirá Webster con una “Cerements Of The Flayed” que cierra esta decimoquinta obra, al menos, de manera digna en lo gramático. Corte atractivo por dinámico, en ningún caso excepcional, pero desde luego de mayor brillantez que el par que le preceden.

Un trabajo, en definitiva, que es pura ambrosía para sus acólitos al tiempo que gasolina de alto octanaje para sus críticos más cerriles. Que los hay tanto en un bando como en el otro y no anda ninguno exento de motivos. Personalmente no me desagrada esta decimoquinta entrega. Ni me enamora tampoco. Dos de los tres temas de Rutan funcionan como deben pero siento que se limitan a cumplir con el canon impuesto de “Kill” a esta parte y ya está. Ahora bien, el tercero de ellos me resulta incluso indigno tanto de él como de una banda como esta. Y cabe decirlo, alrededor todo sigue donde siempre, apareciendo eso sí varios temas que me resultan interesantes y otros que encuentro muy prescindibles a estas alturas. Especialmente en la parte final del disco. En cualquier caso y por resumir: todos sus tics están ahí. La misma carnicería sin concesiones de los últimos años. Porque en el mencionado disco de 2006 todo cambió para realmente seguir igual. Porque puede que a Pat O’Brien le dieran la patada pero en el fondo todo rima con las obras más recientes del quinteto como si nada hubiese pasado. Ni revoluciones ni zarandajas. Total para qué.

Texto: David Naves

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