
Operando originalmente bajo el nombre Creedsmen Arise y de 2015 a esta parte como Vokonis, “Odyssey” es ya el cuarto largo para el trío sueco de stoner doom. Ellos son Peter Ottosson (batería y percusiones), Jonte Johansson (bajo y voz) y Simon Ohlsson (guitarra y voz), a quienes se ha sumado esta vez el Spiritual Beggars y ex-Opeth Per Wiberg a los teclados. El disco se grabó en el Studio Soundport sueco por Mikael Andersson para posteriormente ser masterizado por el Cult of Luna Magnus Lindberg (Avandra, Wode, Sweven, The Ocean Collective…). Con artwork de Kyrre Bjurling, el disco salió a la calle el 7 de mayo en CD más una edición limitada en vinilo de 12″ a través del también sello sueco The Sign Records.
“Rebellion”, es verdad, no tiene mucha historia. Tema sencillo, apoyado en un riff con querencia a derivar hacia el rock más simple, donde eso sí, destaca la buena línea vocal y la forma en que empastan los dos registros de Johansson y Ohlsson. En el tema título “Odyssey”, la gramática tiene unas miras mucho más altas. Un riff algo de cadencia sureña, las clásicas teclas de Wiberg y lo alto que suenan algunas notas de Ohlsson al micro se erigen en el gran valor de un prólogo bien escrito y mejor interpretado. Con el correr de los minutos, y serán casi nueve al final, perderá en brío lo que gane en pesadez, haciendo descender la gravedad de las guitarras para que emergen bajo y teclas en un tranquilo puente central. Más revolucionada, visceral e incluso contorsionista en su retorcido epílogo, se consolida como una de las entregas más firmes y a la par interesantes de todo el trabajo.
“Blackened Wings”, que fuera adelanto del trabajo allá por mediados del mes de febrero, se atiene a los preceptos habituales de los singles de anticipo casi palmo a palmo. Muestra la cara más virulenta de Vokonis, que asimilan aquí patrones propios de los High On Fire más celéricos, roto apenas por un estribillo que lejos de acompañar al resto de la composición, parece resultar exógeno a esta.
No muy lejos de su predecesora en lo gramático, “Azure” camina por sendas rítmicas casi opuestas a aquella. Más árida, apoyada en un riff más interesante y dueña de una estupenda línea de batería por parte de Ottosson, y si bien termina por agradarme en su conjunto, pienso que bien merecía algo más de desarrollo. Desarrollo que sí tiene, por ejemplo, una “Hollow Waters” que explora la cara más melancólica del trío sueco. Su tono diverge con el disco que la acoge, también su estructura, así como ciertos detalles a nivel de producción. El más evidente, la mayor reverberación que adquiere la voz de Ohlsson en estrofas, sin olvidar los coros del estribillo o esos colchones de teclas en diversos momentos del largo epílogo. Distinta y sin embargo notable.
“Through The Depths”, cierre y corte más extenso del álbum, sorprende por lo sencillo, casi lo simple, de su tranquilo arranque. Será apenas un destello. La banda pronto entrega una gramática más libre que en entregas previas, dada al devaneo tonal, sólidamente apoyada en una base rítmica que construirá uno de los arranques más notorios de este “Odyssey”. Aparecerá después la cara más abrupta y erosionada de la banda, amplificada por el registro más descarnado de Ohlsson, para inmediatamente después fundirse en la más absoluta calma mientras atraviesa su elegantísimo tronco central. Para el final queda un eterno solo de guitarra, apenas interrumpido por las teclas de Wiberg y que desnuda la faceta más tocona y exhibicionista del trío de Borås. Que lo disfruto, sí, pero que no dudo se le pueda hacer bola a más de uno.
Disco de género a las buenas y a las malas. Más que notable en lo relativo a ejecución, en especial durante lo que sería su cara b. En líneas generales, la banda evidencia que conocen el libro de estilo al dedillo, con todos sus trucos y atajos, pero entre medias de los momentos álgidos entrega algún corte que otro demasiado plano. Demasiado evidente. Que no logran descabalgar al disco al completo, pero sí que lo empañan. Wiberg, además, luce lo justo. No llegué a “Odyssey” esperando que se pusiese el traje de Jordan Rudess pero tampoco que, al final, su labor quedase reducida a la de mero acompañamiento. Pienso que se le podría haber sacado mucho más partido al holmiense. Puede que el error sean mis expectativas previas y no el desempeño del músico sueco. En cualquier caso y consideraciones personales al margen, un disco de esos que ganan con las escuchas y que bien merece cuarenta minutos de tu tiempo si eres oyente habitual del estilo.
Texto: David Naves