
¿Realmente necesitan presentación? Si acaso, una puesta al día para las mentes más despistadas, o desconectadas, del panorama metálico europeo. En el ahora septeto (!!) sobreviven los de siempre, esto es, Markus Grosskopf (bajo) y Michael Weikath (guitarras), el voceras de casi siempre Andi Deris, junto con los fichajes más recientes Dani Löble (batería) y Sascha Gerstner (guitarra) más los dos hijos pródigos, Kai Hansen (guitarra) y Michael Kiske (voz). Y por si era poco semejante tribu, pues para esta obra homónima aún han tenido a bien contar con la ayuda de Jens Johansson y Matthias Ulmer en teclados así como con la de Xavier Russell como narrador del primer corte del álbum. Producen Charlie Bauerfeind y Dennis Ward, mezcla Ronald Prent y masteriza Sascha “Busy” Bühren. Mención aparte merece el esplendoroso arte de Eliran Kantor que adorna la portada. En mi modesta opinión, el mejor que haya vestido un disco de la banda en más de veinte años. Victor en Japón y Nuclear Blast en el resto del globo lo han puesto en circulación en una miríada de ediciones, a cada cual más lujosa, tal y como era presumible.
Antes de tonos, gramáticas, estructuras y demás valoraciones, lo primero que llama mi atención es la tibieza que muestran las guitarras. En especial durante su primera media hora. Un clásico ya de (casi) todo lo que edita ese inabarcable gigante que es a día de hoy Nuclear Blast. Poca sorpresa, sí, pero honda amargura de ver cómo esa falta de garra y peso empequeñece la que es, por otro lado, una gran obertura del homónimo de los germanos. “Out For The Glory” es digna de su pasado más relumbrante y agradable tanto en el apartado gramático, donde exhibe un brío y una diversidad la mar de gozosas, como en el técnico, a la altura de lo que uno espera de semejante alineación. “Fear Of The Fallen”, que fuera uno de los anticipos de la obra, me resulta menos interesante en lo compositivo, aún siendo igualmente digna del nombre que aparece en lo alto de la magnífica portada de Kantor. Despliega riffs juguetones, buenos contrapuntos vocales camino a un magnífico estribillo y un buen duelo guitarrero en su puente, pero sin sorprenderme ni engancharme como su predecesora.
“Best Time”, otro de los adelantos, es el clásico medio tiempo ganchero y animoso con toda la pinta de estar tejido hasta la última puntada con el directo como leitmotiv, como principio y final de un corte donde irrumpirá sin complejos, y bien está que lo haga, la cara más abierta y decididamente pop del remozado conjunto alemán. Prueba a sacarte este estribillo de la cabeza después de un par o tres de escuchas.
“Mass Pollution”, que arrancará desde el bajo de Grosskopf, mostrará al Deris más gruñón en un corte más de los Helloween que él ha defendido y comandado durante décadas que de aquellos con Kiske al micro. Su tono más arrapado, callejero incluso, contribuye a dotar de un mayor dinamismo al disco, si bien tampoco puedo decir que sea un corte diferencial o sorprendente en lo tocante a composición. Sí brilla en su aspecto técnico, en especial durante el buen puente que construye el trío guitarrero alemán. “Angels”, ahora con un Kiske al mando y por cuya garganta no parecen correr los años, reaparecen los Helloween más sinfónicos y sobreproducidos, en un corte que sí ubicará su tono más cercano al de sus años de mayor gloria. Y aunque no brille tan alto como algunas de sus compañeras en lo técnico (acudiendo a la cita algún que otro riff sorprendentemente plano) sí que habrá de hacerlo en composición y arreglos.
”Rise Without Chains” tiene todas las hechuras necesarias para terminar convertida en una de las favoritas de los fans… de Gamma Ray. Hay mucho del mejor Kai Hansen en riffs, melodías y hasta en arreglos. Es, como no podía ser de otra forma, power trotón, alegre, despreocupado y terriblemente funcional. En “Indestructible” todo vuelve un poco a la normalidad, gracias en parte a un estribillo marca de la casa, si bien todo el entramado gramático se apoya esta vez en un riff un tanto fuera de lugar en el que me parece estar escuchando a Wolf Hoffmann y no a ninguna de las calabazas. Uno de los temas con los que más me cuesta conectar de todo el trabajo. Y no pasa nada porque luego entra “Robot King” y todo vuelve a su lugar. Y aunque sea uno de los cortes donde más echo en falta unas guitarras más crujientes, Nuclear Blast del demonio, no pasa nada porque en el resto de aspectos cumple y con creces. Grandes contrapuntos vocales entre Kiske y Deris, riffs, ahora sí, marca de la casa, gramáticas muy académicas y todo el aroma de los grandes clásicos de la banda. Ojo no ya a los solos del puente sino también a la estupenda construcción en que se apoyan. Realmente fenomenal.
“Cyanide”, que a excepción de la pequeña instrumental “Orbit” es lo más rácano en duración de todo el álbum y que no negaré que cuenta con un Andi Deris de lo más voluntarioso, así como con un estribillo bien construido y algún que otro solo de mérito, al final es otro de los cortes del disco sin los que podría vivir perfectamente. “Down In The Dumps” carga con la letra más oscura del disco, tal vez en un guiño a obras como “The Dark Ride”, si bien no le encuentro mayor rima que esa. Serán seis minutos, ahora sí, de buenos riffs (el de su primer tercio me gusta especialmente) donde Kiske volverá a sentar cátedra al micro como si aún estuviésemos en 1987. Tiene gancho, funciona en la alternancia de voces, es lustrosa en lo técnico y, si bien tampoco entrega una composición revolucionaria, funciona en su puesta al día de los Helloween más primigenios.
“Orbit” será la pequeña instrumental encargada de introducirnos en la despedida del álbum, una “Skyfall”, en cuya savia se adivina, quizá más que en ninguna otra, el regusto al par de “Keepers…” originales, en especial durante un primer tercio donde Kiske desplegará a una melodía vocal que parece sacada directamente de las sesiones de grabación de aquél canónico par de discos. Y aunque las alternancias vocales de este arranque no me enganchen tanto como en cortes anteriores, si diviso un estribillo a la altura del legado de la banda. Y a un Grosskopf, muy presente en la mezcla, pasándoselo bomba con su Fender de cuatro cuerdas. Es gozosamente más retorcida, y muy Hansen, en su largo tronco central, donde será capaz de ir del sinfónico al power con todo lujo de detalles, cambios tonales, solos, arreglos… por alcanzar este bendito y largo puente bien merece la pena pasar por alto los puntos flacos del disco. El tercio final y cierre en clave más épica es la guinda perfecta a un disco de estas características. Especialmente importante es el guiño final: “We’re coming home. Someday we’re gonna find a home. Somewhere out is space”. Sobran las explicaciones.
¿El tan cacareado y/o proclamado “disco de la década” o el gran canto de cisne del género? Me temo que la respuesta a esa pregunta únicamente nos la dará el inevitable paso del tiempo Así que mientras tanto queda un disco que, en mi opinión, posee dos clases muy marcadas. En la alta conviven cortes como “Out For The Glory”, “Robot King” o en especial la tremenda “Skyfall”, mientras que en la media (no quiero decir baja, no sea que se me enfade alguien) se encuadrarán ofertas no tan atrevidas en lo gramático (“Indestructible”) ni brillantes en lo técnico (“Angels”) para tejer un disco que, de todas formas, parece muy medido para agradar al fan medio de la banda, que es de lo que va esto, y que de todas formas no trata del todo mal a seguidores más ocasionales de los germanos como pueda ser quien escribe. Un gran logro.
Texto: David Naves