Reseña: KK’s Priest «Sermons Of The Sinner» (EX1 Records)

Bueno pues aquí está. Después de meses de anuncios, dimes, diretes, sermones, puyas y un salseo digno de ser presentado por Jorge Javier Vázquez en prime time, por fin podemos escuchar “Sermons Of The Sinner”, el debut de KK’s Priest o lo que es igual: Tony Newton (bajo), Sean Elg (batería), A.J. Mills (guitarra), K. K. Downing (guitarra) y Tim «Ripper» Owens (voz). Los propios Downing y Newton se encargaron de tareas asociadas como producción y mezcla para que, posteriormente Ade Emsley (Iron Maiden, Blaze Bayley, Tank…) masterizase las pistas resultantes. EX1 Records lo puso en la calle el pasado 1 de octubre en todo el mundo salvo en Japón, cuya distribución allí corre a cargo de Ward Records.

Incarnation” es la pequeña introducción que, narración mediante, nos conducirá hacia una “Hellfire Thunderbolt” empecinada en recordar a unos Priest post “Point Of Entry”, con Owens abusando de agudos / falsetes y una escritura simple y directa. Que bueno, no pasa nada, es el arranque de un disco que marca 50 minutos en el reloj. Que eso sí, podría tener un sonido más pulcro, sobre todo en lo concerniente a la base rítmica, pero que despliega al menos una buena ración de solos en su tronco central.

Sermons Of The Sinner” sirve, sobre todo, para verle las costuras a un Owens que no parecía estar atravesando su mejor momento cuando grabó el disco. Hay líneas en exceso forzadas, abusando otra vez de falsetes casi imposibles y en los que parece no manejarse todo lo bien que cabría esperar de una bestia como él. El tiempo pasa para todos y más para voces acostumbradas al gorgorito y el exceso. Y es una pena porque es un tema bien armado, desde luego no sorprendente pero que en esa colisión entre unos Iced Earth del “Something Wicked…” y el propio “Painkiller” funciona tal y como se esperaba de un compositor como Downing.

Brothers Of The Road” no arriesgará tampoco en cuanto a escritura, pero al menos desde su sencillez adoptará un tono ligeramente divergente, más tendente al hard rock (no puedo dejar de pensar en Scorpions) que le viene muy bien al disco. También al registro de Owens, que se mueve aquí en tesituras más intermedias, alejadas de tanto alarido, cosa que intuyo agradecerá el norteamericano.

Con “Metal Through And Through” estamos ante el primero del par de temas largos del disco. Que vuelve a recordarme a la doncella pero ahora a épocas más recientes de la banda de Steve Harris. Desde luego bien escrita y planteada, dueña de buenos contrapuntos y que discurrirá a gran nivel en cuanto a artificios técnicos se refiere, será también, por desgracia, la que más destape las vergüenzas del disco en cuanto a sonido. Así las cosas, “Wild And Free” permite reconocer al Downing de siempre. Al menos en estrofas. Luego, toda vez llega el estribillo, todo adquiere una inesperada frialdad, que me desconecta por completo, por no hablar de que buena parte de la composición parece cosida a retales sobrantes de aquí y allá. Sin alcanzar a rozar lo desastroso de temas como “Raise Your Fists”, termina convertida en otra de
las canciones con las que me ha sido imposible llegar a conectar.

Hail For The Priest” trae un prólogo que parece escapado de las sesiones de “Nostradamus”, si bien tras él poco hay que recuerde al, hasta la fecha, único álbum conceptual de Judas Priest. Sobre un riff al que solo puedo calificar de decente, desarrolla algunas buenas ideas… y otras con las que no conecto del todo. Su trazo ágil ofrece alguno de los mejores momentos del disco en cuanto a escritura. Por contra, Owens da la impresión de estar demasiado solo a la hora de aportarle épica al conjunto. Pocas veces habré escuchado coros tan desangelados como estos y menos en un disco que se supone profesional como éste, tras el cual está, no lo olvidemos, una de las figuras más legendarias y emblemáticas de la historia del metal.

No le busquéis parecidos a esta “Return Of The Sentinel” con la magnífica y exuberante “The Sentinel” del no menos magnífico y exuberante “Defenders Of The Faith”. Desde luego la más brillante de todas en cuanto a ejecución técnica se refiere. Aquí lucen todos, desde el dúo guitarrero hasta un Tony Newton que destapa el tarro de las esencias cuando menos se lo esperaba uno. Buenos empastes entre tonos, alternancias bien traídas, una línea de voz rica en matices incluso y un puente central que puede descolocar por los aires a Manowar (!!) que porta. Me parece un final más que digno a un disco de estas características.

Al final uno esperaba encontrarse con un digno contendiente para “Firepower” y quien se ha enfundado los guantes a duras penas podría ser un sparring para “Redeemer Of Souls”. Y es una pena porque mimbres había de sobra para ofrecer algo más que esta desangelada, a veces inane y en suma poco sustancial colección de canciones que, salvo contadas excepciones, ni cuajan ni parecen obedecer a nada más que una pataleta del señor Downing por mantener una carrera que, de repente, parece que se cae a pedazos. Me resulta muy doloroso decirlo, pero si al final un señor que apenas puede cantar y otro en plena lucha contra el Parkinson han parido un disco mejor que el tuyo, algo has tenido que hacer muy mal. Si el proyecto tendrá continuidad o no, dudo que hasta los propios implicados lo sepan. Hablando del disco con fans de Judas Priest y leyendo alguna que otra crítica encuentro una gran división de opiniones. A algunos les gusta, otros piensan que es un mal disco y no he sido capaz aún de encontrar consenso alguno. Ahora eso sí, a fe mía que el margen de mejora es enorme. Gigantesco. Qué deparará el futuro tanto a un bando como a otro no alcanzo a adivinarlo. Si pronostico que pase lo que pase os lo contaremos aquí, en Heavy Metal Brigade.

Texto: David Naves

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