
Segundo álbum para estos thrashers de Santiago (Chile) tras aquél “Centuries Of Lies” de 2018. Ellos son Felipe Leyton (bajo), Agustín Lobo (batería), Matías Bahamondes (guitarra) y Yoav Ruiz-Feingold (voz). Las baterías de este “This Darkness Feels Alive” se grabaron en el Estudio del Sur, María Pinto, Chile, las voces pasarían por los Sonic Titan Studios de Massachusetts, Estados Unidos, y en el Orange Studio de Santiago se llevarían a término ciertas grabaciones adicionales. Producido y mezclado por Pancho Arenas, las pistas resultantes serían posteriormente masterizadas en los Sweet Silence Studios de Copenhague por Flemming Rasmussen (Metallica, Blind Guardian, Artillery, Evile…) y adornadas por el arte del italiano Paolo Girardi cara a autoeditarse allá por finales del mes de julio.
“Underneath”, donde colaboran el ahora guitarrista de Alcatrazz Joe Stump, la violinista Emily Gelineau y el contrabajista Guillermo Valdivia, y cuyo pequeño prólogo no podría sonar más elegante y distinguido, dista en gran medida del habitual arranque despellejado y feroz. Por contra exhibe unas estrofas pesadas, revestidas de cierto groove incluso, para construir un primer corte nada canónico, muy técnico por momentos y en el que el Atheist Yoav Ruiz-Feingold exprime lo más ignoto de su registro vocal. El solo de Stump que adornará el puente central brilla en lo técnico y sorprende por cierta imprevisibilidad en su parte final. Nada acomodaticio arranque y adelanto del álbum y es de agradecer.
Así las cosas, “Humanity” sí apuesta de primeras por la cara más directa y thrashera del cuarteto suramericano. Y no obstante porta una escritura lo suficientemente eficaz como para devanear entre fases pesadas primero y más virgueras después en pos de contorsionarse con gusto entre géneros y salir victoriosa gracias a lo ágil que resulta su propuesta. Desde luego no descabellada pero tampoco predecible. “Alone” derivará en balada durante un prólogo que quiebra la dinámica del disco y nos introduce a los Overtoun más relajados y contemplativos. Medio tiempo baladero que, aún con los rugidos de Feingold al micro, parece por momentos escapado del quinto de los cuatro jinetes de San Francisco. Virará hacia terrenos más convencionales en un tercio final donde Bahamondes desplegará un más que correcto solo de guitarra. Esencial a la hora de ampliar las miras del disco.
El prólogo de “Awaken the Beast” guiñará, aunque con brevedad, a la pesadez de comienzos del álbum. Aquí emerge un thrash más convencional, bien sustentado por la mayor presencia del bajo de Leyton y que se beneficia de una de la mejores líneas de voz de todo el disco. Sea como fuere, brilla sobremanera gracias a los buenos riffs de Bahamondes, encaramados al thrash de corte más contemporáneo y ejecutados con sobrada eficacia. “White Wolf” serpentea entre la cara más veloz de los chilenos y la más machacona, construyendo, casi por colisión, uno de los cortes más foráneos del disco. Por trazo, claro, uno de los más interesantes, siempre dinámico y ágil, fronterizo con bandas tan diferentes entre sí como lo son Voivod (en especial durante estrofas) o Pantera (el puente donde se aloja el solo no podría sonar más a Dimebag Darrell). Curiosísimo.
La violencia inusitada de “Toxin”, que por trazo casi parece un viejo corte de Anthrax, resulta tan previsible como divertida. Contraviene en gran medida el leitmotiv intrincado del disco. Y da igual porque, al fin y al cabo, sirve y de manera más que eficaz como contrapunto de la cara más retorcida y técnica de la banda. Con “Pitch-Black” no regresa del todo la cara más técnica de Overtoun pero sí que se trata de un corte capaz de abrazar un cambio de ritmo tras otro sin desfallecer a la hora de mostrarse poco previsible y nada académico. Su previo al puente central, tranquilo y sosegado, contrasta con ese metal acompasado que dominará después. Cierto es que su epílogo resulta algo redundante, pero otro de mis favoritos dentro del álbum. El tema título “This Darkness Feels Alive” resulta curiosamente otro de los más exógenos, por tono, de todo el tracklist. Pesado a veces, casi en la onda de los Morbid Angel más arrastrados, atmosférico después y finalmente dueño de un trazo caso exquisito que no ahorra en adornos. La instrumental “Araucaria”, con el Quena de Mario González y el contrabajo de Guillermo Valdivia, resulta hasta cierto punto paradójica y desde luego no dudo tendrá tantos admiradores como detractores. Haciendo una comparación seguramente algo burda, vendría a ser para Overtoun lo que “Kaiowas” para Sepultura.
El cierre es para una “Made Manifest” con el doble bombo de Agustín Lobo, que como dato curioso, es el mismo con el que Steve Asheim (Deicide) grabara discos como “Once Upon the Cross” o “Legion”, comandando con mano (o con pie) de hierro las partes más aceleradas. Su trazo es, no obstante, bastante diverso. Aún incluso dentro del disco en que se encuentra, llega a resultar audaz, hasta cierto punto arriesgada, por momentos brillante en el plano técnico y beneficiada del doble juego vocal que aporta la voz de Awka Mondaka. Bien merecía algo más de desarrollo, es verdad, pero como reza el dicho: “bien está lo que bien acaba”.
Una cosa está clara y es que Overtoun han tirado la casa por la ventana con su segundo álbum. Portada de Girardi, master de Rasmussen, solo de Stump… movimiento no poco arriesgado tratándose además de un trabajo autoeditado como es el caso, pero los chilenos tienen las cosas muy claras y “This Darkness Feels Alive” es la meridiana prueba de ello. Estas canciones, o buena parte de ellas, bien merecían pasar por las manos de tan insignes nombres. Su metal mestizo y fronterizo entre géneros no resultará, desde luego, del todo innovador a estas alturas, pero es dueño de una frescura en cuanto a gramáticas y un brío en cuanto a ejecuciones que no puedo poner en duda. Una banda a tener en cuenta cara al futuro.
Texto: David Naves
A mi gusto el mejor disco del underground 2021 por lejos…
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