Vigesimoquinta edición del Concurso de Rock Ciudad de Oviedo, que cambia la gélida Fábrica de Armas de la capital por una modesta carpa sita en los terrenos del parque Campillín, y que ha resultado en una añada menos afín a nuestros intereses que en ocasiones pasadas. De ahí que nuestra presencia en el día más metálico del certamen fuese poco menos que obligada. Reunía el concurso en la noche del viernes a In-Sanity, State of Crime and Science y Ritmo Vudú junto a la banda invitada Sôber. Y con verdadera puntualidad británica la cosa se dio más o menos como sigue.
Los renacidos In-Sanity, a quienes habíamos podido ver no hace siquiera un mes (crónica aquí), salieron cuando el reloj marcaba las 20:30 y de nuevo desplegaron el buen heavy / thrash que nos tienen acostumbrados. Cita extraña, como siempre lo son en este tipo de eventos en que la banda aspirante dispone de apenas 20 minutos para intentar agradar a jurado y entretener al público. Un público, por cierto, que animó en buena medida a los avilesinos. Ciertos nervios se derivan precisamente de lo encorsetado del evento pero In-Sanity se fueron con la satisfacción del deber cumplido. Disfrutando de buen sonido, defendieron su terreno ante la siempre complicada tarea de abrir un evento de estas características.

Repetían los chicos de State Of Crime And Science, que ya disputaran la pasada edición sita en la antigua Fábrica de Armas de Oviedo (crónica aquí), si bien este año no lo iban a tener tan fácil. En gran medida porque el sonido, que sí había respetado a In-Sanity, vino a empañar un set en el que la banda da muestras de seguir evolucionando cara a próximos trabajos de estudio. Tuvieron tiempo para presentar su más reciente “The Rain” y cerrar con una “The Hole” cuando el sonido comenzaba a reconducirse. Tal es así que se podría decir que se fueron cuando mejor nos lo estábamos pasando. Predicciones no nos gusta hacer pero sí que siguen siendo “S.O.C.S.” una banda a la que seguimos bien de cerca.

Con Ritmo Vudú estábamos ante la oferta menos metálica de la noche. La más ajena quizás a una página como ésta. Su “rockpostpunk rarito” como ellos mismos lo llaman, que por actitud recordaba a ratos a aquél espíritu siempre socarrón y maledicente de Ilegales. Si bien ellos lo envuelven de una coraza más enérgica y febril, desde abajo las sensaciones fueron más que buenas. Y es que el público, con nutrida representación de la escena rockera asturiana, se mostró muy receptivo a la añeja propuesta del trío, a lo que ayudó el buen sonido del que gozaron.

El plato fuerte de la noche, la banda invitada Sôber, no defraudó a los suyos. Un público que supo dar calor a la banda madrileña en una fría noche de noviembre. Ya desde la inicial “Mi Heroína” se trasluce un sonido a la altura de las circunstancias. De nuevo con Alberto Seara a los mandos de la nave, el cuarteto volvió sonar como tienen que hacerlo las bandas grandes.
Con una puesta en escena diáfana, vacía de monitores (benditos in ear) y donde los leds forman ya parte indispensable y sin mayores distracciones más allá del propio cuarteto. Sôber vinieron una vez más a demostrar por qué a base de buenos temas y mejores directos son actualmente una de las bandas más queridas dentro de nuestro territorio.

No defraudó un Carlos Escobedo por el que no parece correr el tiempo. El carismático frontman y bajista sigue en plena forma. A la hora de encarar exigentes líneas de voz como “Vulcano” o “Blancanieve” pero también durante la a veces ardua tarea de meterse al público en el bolsillo. Su hermano Jorge y Antonio Bernardini siguen en su papel de buenos guitarras y mejores compañeros de ceremonias. Y tras ellos, la dura y firme pegada de un Manu Reyes que se vaciaría a conciencia una vez más.
Un set más corto que la anterior vez que les pudimos ver en la capital del Principado (crónica aquí) donde desaparece el miniset de baladas de aquella noche. Sí permanece el pequeño medley que viene a resumir lo mejor de aquél ya lejano y seminal “Morfología” de 1999. Y es que parece mentira que hayan pasado casi 23 años.

El final del show materializa una sorpresa final en las figuras de Víctor y Pablo García para que el cierre “Diez Años” brille por todo lo alto. Con solos de cada miembro de la banda, Manu Reyes inclusive, Sôber se van tras hora y tres cuartos en que no hicieron más que contrastar su actual momento dulce. Citando a Dani Sevillano al término del show, “puede que empaten pero nunca pierden”. Damos fe.
Se dio bien esta primera jornada. Por nuestra parte sólo queda desearle suerte a las bandas participantes y mandar afectivos saludos a Jorge López Novales y familia, Dani Sevillano y Ruth Suárez, Pablo Sacht y Pany Álvarez (Argion) y Fernando Casas.
Texto: David Naves
Fotos: David Naves / José Ángel Muñiz