No parecía mal plan el de pasar la jornada de reflexión acudiendo al Kuivi PopUp para disfrutar una vez más de los chicos de Drunken Buddha. Y de camino hemos de decir que no las teníamos todas con nosotros. La venida de Iron Maiden a tierras vascas provocó un éxodo de un público que nos hizo temer lo peor en cuanto a la audiencia que la banda asturiana podría convocar en una cita como esta. Y lo cierto es que nada más lejos. Un recinto bastante concurrido para lo esperado y una banda que respondió como acostumbra.

Que es decir, hard rock y diversión a partes iguales. Tras la habitual intro “March To Dementia”, la banda arrancaba pasadas quince de las nueve con “Sea Of Madness”, con todos los cilindros en funcionamiento y disfrutando ya desde el inicio con un sonido tan nítido como potente. Porque una noche más gran labor de Isaac Prieto a los controles.
Ni a la banda ni al público congregado frente a ella le importó lo desapacible de la jornada ni esas nubes que anunciaban una lluvia que finalmente no haría acto de presencia. Peor para ella. “Devil’s Breath”, con un Michael Arthur Long pletórico y decidido a dejarse la piel y parte del vestuario. “Purple Skin” rebajaría el tremendo ímpetu con el que había comenzado la noche. “Mejor que los Maiden” exclamaba alguien desde detrás nuestro.

Sea como fuere, “Can’t Hold Your Gaze” confirma que estamos ante una de las grandes bandas de rock de este país. Y si no es así, desmiéntemelo que decía el pánfilo aquél. No cansan nunca esos duelos entre Diego (guitarra) y Mario (teclas) por más que los hayamos visto ya unas cuantas veces en la gira del estupendo “II”. Un segundo álbum que pronto tendrá sucesor y del que nos dejarían pequeñas pinceladas a lo largo de la noche, capturadas ya para la posteridad por nuestras herramientas habituales.
Y es que pese a encontrarse en plena creación de lo que será su tercer trabajo, o quizá precisamente por ello, “Hang ‘Em High” suena más frenética y potente que nunca. Que ya es decir. Siento ya que me repito con esto pero tremenda base rítmica la que forman Fran al bajo y Kai en los parches. Claro que tras la adrenalina, la calma que produce su acostumbrada versión del “Mr. Big” de Free. Ya con la noche cayendo sobre nosotros y encarando una parte final del show que se prometía tan épica como siempre.

Por la banda pero también porque vimos a un público muy entregado, ya fueran habituales de la causa o meros curiosos, Drunken Buddha salieron qué duda cabe victoriosos en la noche del sábado. En especial con una “Monster” que destapa y de qué manera el rock más crudo que llevan dentro, y da con los huesos de Arthur Long sobre los barriles del Kuivi PopUp. Apenas una introducción de lo que vendría después.
“Dance Of The Serpent Queen” se ha convertido ya en toda una habitual en sus shows, al igual que esa rendición del “Walking In The Shadow Of The Blues” de Whitesnake. Show clásico de Drunken Buddha, rejuvenecido en este tramo final con un tema de su próximo álbum con pequeño solo de Fran al bajo. En rima con lo que habíamos visto la jornada del viernes con las huestes de Dr. Nekro, de los temas nuevos se deduce que la banda mira al frente sin temor a probar cosas nuevas. Síntoma inequívoco del momento dulce que atraviesan.

Michael Arthur Long se daría su habitual baño en champán durante una “Medicine Man” en la que recordaría la figura del Babylon Chat Igor Paskual. “Lady Stardust” y “Highway Star”, con pequeña participación de Jorge Moldavo y Diego dándose un baño de masas durante el solo, si de esta no le convencemos de pasarse al inalámbrico jamás lo haremos, pusieron la rúbrica a una de las mejores noches que les hemos visto. Y a día de hoy ya son unas cuantas.
Podrán empatar pero nunca pierden, por más tópica que sea la frase. Desde la clase que derrocha Mario tras las teclas hasta la pegada de su base rítmica y pasando por el carisma de Diego y Arthur Long, asistir a un concierto de Drunken Buddha es ahora mismo una de las experiencias más divertidas por las que uno puede pasar sin estar desnudo. Esperando ya repetir en el próximo Rock Nalón.

Mandar un abrazo grande a la familia Moldava, Álvaro Cocina (perdón por el empanamiento), Fernando Casas, Txeffy y Melissa, Isaac Prieto y a los propios Drunken Buddha. Nos vemos en el siguiente.
Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz