Crónica: Z! Live Rock Fest (Sábado 13/6/2026)

Tercera y última jornada del Z! Live 2026, que amenazaba calor sofocante y buenas descargas con nombres pesados como los de Epica, Krisiun, Soziedad Alkoholika o Tesseract.

El del sábado era un cartel de lo más heterogéneo. Todos lo son a su manera ¿no? Los metaleros de Oñati Latzen están repartiendo buena leña cuando irrumpimos por el recinto. Venía el cuarteto presentando su “Denboraren Orbainak”, que ha supuesto su vuelta tras más de 25 años, y lo hicieron con un buen número de fieles en primera fila que incluso llegó a corear alguno de los temas. La jornada empezaba con buen pie.

Los barceloneses Romanthica vendrían entonces a poner la nota gótica al cartel. Otra de las bandas que acudió a Zamora huérfana de bajista y que en su amalgama sónica dejaba rastros entre H.I.M. y Depeche Mode, todo bajo esa voz a la Carlos Escobedo de David Gohe. Puede que la suya sea una propuesta que reclamase una mayor oscuridad, y no el sol de la media tarde. En cualquier caso, y juegos con ropa íntima al margen, me resultaron agradables.

Con Dominum llegaba el turno de los no muertos. Los de Nuremberg, máscaras mortuorias mediante, supieron hacer las delicias del público más joven. Banda desenfadada donde las haya, disfrutona incluso, lo cierto es que contemplé su descarga con cierto agrado, pero siempre desde fuera. Muchas de sus melodías me dejaban un regusto al bueno de Danny Elfman, compositor de buena parte de las bandas sonoras de las pelis de Tim Burton.

Dr. Dead se mostró como un frontman de lo más voluntarioso, buscando conectar con la gente en todo momento. Venían con un disco recién editado debajo del brazo, ese “Night Is Calling” que Napalm Records ha puesto en la calle, siguiendo en lo musical la estela de los Battle Beast y compañía. Metal en su versión más lúdica. Tomándole la palabra a Lago, mi pirata compañero de andanzas, son “un grupo de festival”. Ni más ni menos. Y si no, que me expliquen esa versión del “Thriller” de Michael Jackson.

Algo que viene a contrastar con el rapidísimo death metal de los brasileños Krisiun. Los de Ijuí desatarían una tormenta de blast beats incesantes, descerrajando riffs flamígeros con toda naturalidad. Sorprende la intensidad que son capaces de desplegar y muy apreciable lo orgánico que resulta su modo de entender el metal extremo. No hay detalles de cara a la galería y tanto Alex Camargo (bajo) como Moyses Kolesne (guitarra) están todo lo graves que se esperaba. Hace tiempo ya de su último álbum de estudio, aquél “Mortem Solis” de 2022, pero a bordo del Copper Stage no cupieron excusas.

Desde que arramplan con “Kings Of Killing”, estamos ante lo mejor de cuanto el death metal brasileño tiene para ofrecer. En ese caos sin medida, Moyses Kolesne dejó solos de toda clase. A veces caóticos a lo Slayer, otras veloces a lo Angelcorpse, y junto con sus compañeros saciaron a todo aquél ávido de sensaciones fuertes. Que tras todo un set de aporrear parches sin descanso, Max Kolesne aún tuviese tiempo de entregarse a un igualmente intenso solo de batería, creo que habla muy bien de él. De la forma en que arribó en Zamora. Indómitos.

Después del death metal de los brasileños Krisiun le iba a llegar el turno a los djent progresivos (o viceversa) Tesseract. Los británicos resultaron una de las bandas más esperadas de la última jornada, a tenor de cuanta gente se reunió en torno al Silver Stage. Desde la cuidada escenografía hasta esa voz de mil registros de Daniel Tompkins, funcionaron con la precisión que se esperaba de ellos.

A ratos más atmosféricos, al otro hundidos de pleno en las procelosas aguas del metalcore, la suya estaba siendo una descarga de lo más precisa y contundente. Nosotros aprovechamos para hacer una visita rápida al merch, huérfano de nuestra curiosidad en el par de jornadas previas. Para cuando regresamos al recinto están casando clase y músculo con mano maestra, convenciendo a propios y extraños.

Soziedad Alkoholika no necesitan presentaciones. Los vitorianos llegaron a Zamora con todo su compromiso intacto, prestos a dar una lección de thrashcore intenso y flamígero, literalmente hablando. Ya avisaba Juan que “rezar no nos iba salvar”. Y tenía razón.

Él y su voz puede que hayan perdido algo de gravedad con el paso de los años. Pero lo que es su banda, sigue igual de encabronada que siempre. Y están tocando a un volumen verdaderamente alto a su paso por el Copper Stage. Llamaradas y riffs directos a nuestras yugulares. Una jornada más, no iban a hacer prisioneros. “Colapso Final”, y en especial el verso “El mundo es una bomba apunto de estallar…” llevan resonando en mi cabeza desde el sábado. Es de una violencia que viene a contrastar con el punch más groove de “Palomas y Buitres”, uno de sus temas insignia. Otro tanto “Cienzia Asesina” y la ya clásica introducción de Juan con la armónica.

El set es, por momentos, todo un desfile de clásicos. “Ratas”, “Piedra Contra Tijera”, “Peces mutantes”… y aunque siempre haya alguien que te amargue la existencia, qué bueno ver que siguen tan ingobernables como siempre. Dando toda su mala leche en “Motxalo” y sin dejarse nada dentro en “Nos Vimos En Berlín”. El tema vio la luz allá por 1990 y la situación no ha cambiado ni un ápice. Perra vida.

Epica llegaban a Zamora con la mosca detrás de la oreja de muchos zlivers. La suya en el festival era una presencia motivada por la caída de Twisted Sister y el cambio, a mil millas en lo musical, enfadó a más de un poseedor de ticket. Pero como cronistas de la verdad que somos, lo cierto es que me atrevería a decir que el suyo fue uno de los shows no solo del sábado sino del evento en su totalidad.

Ya de entrada cuentan con una potente puesta en escena, con la gran plataforma para teclista (Coen Jansen) y batería (Ariën Van Weesenbeek), amén de su electrónico correspondiente. Todo arranca desde esa intro que da pie a “Cross The Divide”, de su más reciente “Aspiral” de 2025, y que sería, a la postre, uno de los pocos cortes sencillos de todo el set. Porque quien piense que esta es una banda de singles sencillos a la Battle Beast, desde luego no conoce bien a Mark Jansen. Él está dejando buenas voces graves en la clásica “Sensorium”. Y me gustó que los pies de micro ocuparan el escenario cuando fueran únicamente necesarios. Todo revierte así en una escenografía cuidada al milímetro, que va desde la explosión de confeti inicial al uso de todo tipo de fuegos pirotécnicos.

Al frente está una Simone Simons tan segura como siempre, pero que maneja ahora muchos más registros que en aquél otro encuentro con la banda allá por 2008. Imprescindibles las teclas de Coen, si bien a veces los coros disparados restaban cierta organicidad al conjunto. Ellos acertaron a conmutar su cara más power con la más amable. Composiciones largas, en varios momentos, que ya digo hablan muy bien de Mark como compositor. Su hermano bajaba a veces al piso, teclado de mano mediante, y se mezclaba con los Isaac Delahaye (guitarra) y Rob Van Der Loo (bajo). Una banda que se muestra muy activa sobre las tablas. Y aunque todo resulte, a ratos, pensado hasta el último detalle, la sensación es la de estar ante una banda realmente grande.

Apparition” pueden ser los Epica más pesados y oscuros, mientras que en “Storm The SorrowZamora la emprende a palmas. La propia Simone se aupaba a veces a la parte central de la tarima, compartiendo espacio con Coen y Ariën. Gran voz la suya y doblete de guturales el que ofrecieron Mark e Isaac aquí. Es cierto que “Never Enough” puede pecar de facilona. Pero pienso que luego “Arcana” está dando la verdadera medida de una banda como esta. Por no hablar del modo en que la emoción desborda durante una sentida rendición de “Tides Of Time”. Sensacional Simone aquí.

Pero es a lomos del estribillo quasi perfecto de “The Grand Saga Of Existence – A New Age Dawns Part IX” que la banda está componiendo otro de mis momentos favoritos de esta edición. Por el gran sonido que fueron capaces de desarrollar pero también por el modo en que enganchó con la gente. Me atrevería a decir que uno de los momentos de mayor comunión banda / público de todo el fin de semana. Tanto o más cuando enlazan con la más clásica “Cry For The Moon”, que llegó tras un pequeño speech de la propia Simone, y que me retrotrajo a aquél show en Bergara. Como pasa el tiempo. Al igual que pensara durante el bolo de H.E.A.T, están llamados a coger el testigo de las grandes bandas del pasado y liderar festivales allá donde vayan. Si lo hacen sin traicionar sus esencias, no podré ser más feliz.

Así las cosas, la papeleta para la buena gente de Brothers Of Metal no se la deseo ni al peor de mis enemigos. Pero, un poco como Dominum unas horas antes, los de Malung (Suecia) supieron tirar de una propuesta divertida y eficaz imbricada en su power metal a dos voces, las de Ylva Eriksson y Joakim Lindbäck. Entre melodías épicas, ciertos riffs de aire muy pirata (cómo no pensar en Running Wild) y alguna melodía a la Blind Guardian colmaron a los más fiesteros.

Imaginería muy nórdica y que deriva incluso en su puesta en escena, resultaron otra de esas bandas que parecen haber nacido con el directo como principio y final. El público del Z! Live, que les acompañó en buen número, así pareció entenderlo. Y entre esas líricas de mitología nórdica y un power más vivaracho que contundente, supieron continuar la fiesta hasta la llegada de Lèpoka.

Los folk metaleros de Castellón de la Plana serían los encargados de cerrar la presente edición del Z! Live. Y lo iban a hacer como corresponde: por todo lo alto. Un par de grandes barriles de cerveza adornan la escena. Y ellos, enfundados en su siempre lúdica manera de entender esta música, pondrían a botar a quienes aún retenían fuerzas tras las tres jornadas de calor, arena y sudor.

Seguimos En Pie”, después de todo. Puede que, como dijo el propio Dani Nogués, muchos les consideren “la disco móvil del metal”. Pero cuando, a pesar de lo nutrido de su line up, están gozando de un sonido claro y contundente, a quién le importa tal o cual consideración. Es, como tantos otros nombres de esta crónica, una banda para el directo. Y en él, en el entusiasmo que despliegan ante la audiencia, está su gran baza. Una estupenda elección como cierre a la presente edición, si me preguntan.

Edición de la que, en líneas generales, hemos salido más que satisfechos. Son muchas horas y hay momentos en los que el cansancio pesa. Y lo hace por encima de otras muchas consideraciones. Pero en honor a la verdad hay que decir que el cumplimiento de los horarios fue exquisito durante los tres días. Que el calor acompañó en casi idéntica medida al buen sonido (salvo momentos puntuales) del que gozaron todas las bandas del cartel y que, una vez más, la convivencia entre nuestra parte (los medios) y la contratante (la organización) tuvo en la figura de Iuri Carlos al perfecto enlace.

Siempre habrá detalles por mejorar. Como la decisión de situar al merch (digamos) no oficial fuera del recinto y no en su interior, como sin ir más lejos, estaba situado en la edición de 2025. Habrá razones para tal movimiento. Pero mentiría si no dijera (o directamente omitiese) que el gesto generó no pocas quejas. Reel viral inclusive.

Por nuestra parte nada más. Mandar un abrazo grande a José Miguel “Lago” de Piratas de Libertalia por las muchas horas aguantando mi cuestionable sentido del humor, un saludo a las muchas y diversas caras conocidas que saludamos (o no) a lo largo de los tres días y un agradecimiento final a la organización por confiar en este humilde medio un año más. Que todo se dé bien y nos volvamos a ver las caras dentro de doce meses. De momento, ya saben: nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz

Crónica: Z! Live Rock Fest (Viernes 12/6/2026)

Segunda jornada del Z! Live, la más apegada a los sonidos más clásicos, y que contó con nombres tan importantes como Su Ta Gar, Blaze Bayley, Saxon o Coroner.

Nosotros llegamos para cuando los vallisoletanos Xeria están en los últimos compases del set. La banda, a la que habíamos visto hacía apenas una semana como teloneros de Argion (crónica), trajo su metal sinfónico a Zamora y, por lo que pudimos ver, supo conectar con los más madrugadores. Una muy voluntariosa Marina Sweet al micro acertó a despertar al público, allanando el camino a una jornada que se preveía larga e intensa.

Y que continuó con los londinenses Kardinal X. Heavy metal con trazas de Grave Digger, Accept o Iron Maiden y esa voz tan a lo Blaze Bayley del risueño Nick Majluf. Ellos venían presentando su último álbum “Redemption” y parecieron ser del agrado de los más clasicómanos. Divertidos, a ratos me recordaban a mis paisanos de Bestia Negra. El buen oído de Shaun Dunne para los solos atrajo mi atención, pero todo terminó de encajar cuando Majluf soltó unos versos del “Siempre Estás Allí” de nuestros Barón Rojo. Guiño que, huelga decir, encandiló al público. Agradaron.

Burning Witches toman entonces el Silver Stage cara a ofrecernos otra ración de heavy metal. El quinteto de origen suizo venía con el interesante “Inquisition” (2025) bajo el brazo y no perdió la oportunidad de agradar en el Z! Live. Una banda que parece haber encontrado una cierta estabilidad con su actual line-up y que, a tenor de lo visto, enardeció a buena parte del público.

Tuvo gran culpa una muy voluntariosa Laura Guldemond al micro. Y no porque se calzase aquellos cuernos en los primeros estertores del set, aunque también. Al final, todo suma. El registro de la neerlandesa casa y de qué forma con ese heavy metal tan orgánico. Y temas como “Evil Witch” o “Black Widow”, de aquél debut homónimo de 2017, les funcionaron. Reconozco que las disfruté en mayor medida durante sus momentos más trotones. En cualquier caso, creo que dieron buen nivel el pasado día 12.

Luego Su Ta Gar se iban a dar un atracón de nostalgia en el Copper Stage. Los de Éibar trajeron su thrash de tintes heavies (o viceversa) y su compromiso intactos. No son muchas las ocasiones en las que se puede uno cruzar con ellos (recuerdo aquél Derrame Rock de ¡2002!) pero, como diría El Drogas, siempre es “un gusto”. Porque el caso es que siempre atruenan. Una banda no tan reconocida como merecería, dueña de un directo potente, crudo a ratos, y que supo hacerse fuerte frente al calor reinante.

El escenario escupía fuego mientras ellos daban cumplido repaso a su extensa trayectoria, picoteando entre álbumes como “Jainko Hilen Uhartean” (2006) o “Itsasoz Beteriko Mugetan” (2003) o yéndose directamente hasta el debut, cuya portada adornaba el escenario, “Jaiotze Basatia” (1991). Es precisamente ahí, con “Begira”, que Aitor Gorosabel está dejando uno de los mejores solos del set. No faltaron agradecimientos a la organización, algo de fuego pirotécnico y la certeza de que siempre es un gusto encontrárselos. Después de todo, y como reconoció el propio Aitor, resulta de lo más “emocionante” alcanzar “cuarenta años de trayectoria cantando en euskera”. Que sean muchos más y nosotros los veamos.

Llegaba el turno de recibir al bueno de Blaze Bayley, quien para servidor ya casi es uno más de la familia. Después de todo, era esta la tercera vez que cruzábamos nuestros caminos en un lapso de apenas dos años. Con la entrada de Tom Atkinson en guitarras y Luke Appleton pasando ahora al bajo, el de Birmingham dio cumplido repaso a su etapa en Iron Maiden, siguiendo parecido guión al de su paso por Gijón en 2024 (crónica).

Casi parece un sueño que hayan pasado treinta años desde que el bueno de Bayley cantase para la doncella. Todo arranca, de modo sorprendente, guiñando el ojo al “Doctor, Doctor” de UFO, para después reconvenir hacia “Lord Of The Flies”. Armado con su característico micrófono, con el paso del tiempo Blaze Bayley se ha ido confirmando como un verdadero currante del heavy metal. Siempre cumple y en Zamora no iba a ser menos. Todo me funciona, en técnica incluso, pero no es hasta “Sign Of The Cross” que captan mi total atención. Fue de las mejor recibidas del set y desde luego la más coreada. Aunque con “Born As A Stranger” nos recordó que el material propio también le funciona.

The Clansman” resultó otra de mis favoritas. Y a tenor de cómo gritaba la gente a mi alrededor, también del público. Mucha camiseta de la Doncella se dejó ver el viernes por Zamora. Ellos y los demás gritamos hasta las últimas consecuencias en cortes más facilones como “Man On The Edge” o “Futureal”. Un atracón de nostalgia que cierra el bonachón vocalista tras su habitual mensaje motivacional y el siempre pegadizo “The Angel And The Gambler”. Siempre cumplidor.

H.E.A.T. y no se me enfade nadie, son unos auténticos personajes. Cuando “The Heat Is On” de Glenn Frey suena por PA, uno incluso se pregunta hasta qué punto se toman en serio a sí mismos. Pero a nada que “Disaster” procura esa salida en tromba de los chicos, nuestras retinas están fijas en la hiperactividad de un Kenny Leckremo avasallador.

Cuidada puesta en escena, con batería y teclados sobre una plataforma y ese trasunto de HAL 9000 vigilando cual ojo eléctrico desde el electrónico. “Rock Your Body” puede ser uno de sus temas más idiosincráticos, al tiempo que “Dangerous Ground” ofrece la cara más vibrante de la banda. Pero es “Hollywood” la que amalgama uno de sus mejores estribillos junto a un gran solo de Dave Dalone.

Era mi segundo encuentro con ellos y, mediado el set, ya pensaba en que esta banda lo tiene todo para cubrir el hueco de los grandes nombres del pasado. Presencia escénica, uno de los frontman más infatigables de toda la escena hard rock pero sobre todo composiciones funcionales y muy muy pegadizas. En esas estaba cuando aprovechan para guiñar al “War Pigs” de Black Sabbath y recordar al tristemente desaparecido Ozzy Osbourne. Luego “Back To The Rythm” puede ser otra de mis favoritas. El público disfrutó de lo lindo y a mí me quedó la sensación de que, ahora mismo, tienen el mundo a sus pies.

El tiempo parece haberse detenido cuando Byff Byford y sus Saxon toman el Silver Stage. Una banda que apareció por Zamora en plena forma, como demuestra esa salida en tromba de “Hell, Fire & Damnation”. La formación británica, desde 2023 con todo un Brian Tatler (Diamond Head) a bordo, enardeció a un público entusiasta, que supo llevar en volandas a los de Barnsley. “Power & Glory” deja un riff estupendo. Fue ya aquí que comenzó la lluvia de chalecos desde el público. El primero de todos sería exhibido por el propio Byford. A la vejez, riffazos de puro y añejo heavy metal. El propio Tatler está dejando un gran solo en “Dogs Of War”. Y mientras que los distintos discos de la banda iban pasando por el electrónico, Byford se calzaba el chaleco y luego Tatler sentaba cátedra desde su Flying V. Todo iba sobre ruedas (de acero).

Sacrifice” es la cara más heavy de los británicos, valga la redundancia y en “Solid Ball Of RockByford salta y agita el cuello como si no fueran 75 los años que cumplió el pasado mes de enero. Al final se calzarían los chalecos que les fueron tirando desde el público. La sintonía entre unos y otros parecía total. Máxime cuando Saxon la emprenden con la inmortal “Heavy Metal Thunder”, historia viva de la banda en particular y del género en su totalidad. Con “Dallas 1PM” recordamos el magnicidio de Dallas (mostrado de forma explícita en el electrónico) y “Strong Arm Of The Law” ofreció la cara más grave del quinteto.

Tras una pequeña deliberación con el público, éste terminó por elegir “Broken Heroes” en detrimento de “The Eagle Has Landed”. Puede que la banda no escape a las garras de la I.A.. Poco importa cuando arremete con “Motorcycle Man” y Tatlet dibuja otro fantástico solo de guitarra. “Never Surrender”, a la vista está, es pura idiosincrasia Saxon. Pero cuando un avión sobrevuela el recinto y atruena “Strangers In The Night”, todo casa para plantar un gesto de honda satisfacción en nuestros rostros. El rus final del set es, no cabía otra, de verdadera antología. Por lo que contiene pero también por el modo de transmitirlo. A saber: “Wheels Of Steel”, la nota épica que deja “Crusader” y una “Denim And Leather” que no podría describir mejor al género. Finalmente “Princess Of The Night” echa el cierre, con el curioso juego meta referencial que supone con respecto a los titanes Metallica, máxime ahora que Brian Tatler se ha sumado a la banda. No pasan los años por esta gente. El heavy metal es el verdadero secreto de la eterna juventud.

Después iba llegar el turno de recibir a las leyendas suizas del thrash metal técnico Coroner. Nombre de verdadero culto en la escena mundial, la banda no hizo prisioneros de ningún tipo a su paso por el Copper Stage. Ya desde esa “Consequence”, que refiere a su primer álbum en más de treinta años “Dissonance Theory”, sorprende la ruidera que son capaces de montar entre los cuatro. También el buen sonido, en líneas generales, pese al volumen altísimo al que se desarrolló su descarga.

Ni de lejos la banda más activa de cuantas pasaron por Zamora, pero a fe mía que una de las que mejor supo hilvanar la técnica que envuelve sus temas con una traslación al directo salvaje y rotunda. “Sacrificial Lamb”, también de aquél trabajo del pasado octubre, dio fe de ello. Pero cuando vuelven a aquél “Mental Vortex” de 1991 y rescatan “Divine Step (Conspectu Mortis)”, dibujan desarrollos de técnica exquisita y los combinan con un nervio más propio de tiernos mozalbetes, estamos ante otra de las grandes descargas del fin de semana. Me consta que lo contra intuitivo que, a ratos, resulta su thrash metal, echó para atrás a más de uno. Pero cuando miran hacia la década de los 80 y rescatan “Masked Jackal” (“nuestro primer videoclip”) sus fans más acérrimos se relamen frente al Copper Stage.

Mucha, muchísima la cera que repartieron. Con un gran despliegue de Diego Rapacchietti tras los parches, Coroner hicieron honor a su leyenda y supieron llenar ese hueco entre el thrash más avant-garde y la técnica más exquisita. Todo sin desperdiciar absolutamente nada en lo que a pegada se refiere. Fantásticos.

Para el cierre quedaba el folk metal de aires celtas que propusieron los madrileños Ekyrian. Propuesta la suya que casaba con la sacrosanta orden de divertir el cierre. A eso vinieron y eso fue lo que hicieron. Gozando además de buen sonido, no era fácil con una alineación tan numerosa. Pero los madrileños, un poco como Dragony en la víspera, fueron todo pundonor y fiesta.

Un cierre animoso y agradable a otra jornada verdaderamente maratoniana. Quedaba la del sábado.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz

Crónica: Burning + Final Rock Gijón (Gijón 5/6/2026)

El pasado viernes 5 de junio acudí a la final del segundo Concurso Pop-Rock Villa de Gijón «Rock Gijón«, rebautizado como «Premio Alberto Toyos» (en recuerdo del mítico locutor de radio asturiano, fallecido el año pasado), en la antigua plaza de toros, a su vez rebautizada como Gijón Arena. Organizado por Rafa Caballero, Christian Carrio, Divertia y Nómadas en Acción Multiproducciones, para apoyar y dar visibilidad a nuevos proyectos musicales, y tras tres semifinales previas, llegábamos a la gran final, en la que los rockeros Ribanos y los algo más poperos Milana Bonita rivalizarían de forma amistosa para ganar los generosos premios de la noche: aparte de llevarse cada uno un buen premio en metálico, los vencedores (que luego desvelaré) tendrán el privilegio de participar en los populares conciertos de la programación del «Verano de Gijón/Xixón». Al atractivo de presenciar esta final se añadía la actuación final de un grupo histórico del rock nacional, los madrileños Burning, celebrando sus más de 50 años de carrera.

La entrada era gratuita en la plaza de toros reconvertida en sala de conciertos, con una moderna y elegante decoración, y con algunos puestos para poder cenar y refrescar la garganta. Bajo la carpa transparente, un gran escenario profusamente decorado recibía a Begoña Natal, locutora de Cadena SER Asturias, la maestra de ceremonias de esta noche. La informadora asturiana recordó enseguida a Toyos, detalló la lista de organizadores y participantes, y los premios a repartir.

Solo 5 minutos después, aún a pleno sol, salían los luarqueses Ribanos, envueltos en una intro que dio paso a una tremenda descarga de energía y electricidad. Los hermanos José (guitarra) y Roberto Ribano (voz y bajo), y Rubén Mol a la batería, comenzaron dando una lección maestra de rock n’ roll en estado puro, con temas como «Poderosa Canción«, y se inclinaron más hacia el blues con «Trae Contigo Tu Amor«, una curiosa versión traducida del legendario tema «Bring It On Home To Me» de Sam Cooke. Cayeron después algunos temas de su disco homónimo, como su single «Doble O nada«, la áspera «No Lo Soporto«, o el tema de su videoclip «Vamos a Cuba«, por citar algunas.

En mitad del intenso «Dos Estrellas» se presentaron, empezando por Rubén «la ametralladora», que había solventado algunos problemas en su batería. Y, tras 40 minutos de gran entrega, finalizaron con mucha fuerza, con «La Soga«, agradeciendo a todo el equipo organizador y técnico. Fue una actuación muy interesante, con muchas partes instrumentales, demostrando que son músicos de alta calidad, mucha actitud y mucha potencia en la batería y en el bajo, y con extensos solos de guitarra afilados e intensos, además de letras inteligentes y actuales. Parecían posibles ganadores, pero aún faltaba ver a la segunda banda.

Milana Bonita sacó a su amplia formación y todo su arsenal para competir por la victoria. Todos demostraron también una gran actitud, destacando Ana Belén León en la voz principal, Diego Fernández en la guitarra e Isaac Alonso en los teclados. Tras una intro atmosférica, empezó la acción con la rítmica “Ave Tropical”, mostrando ya ganas de pasarlo y hacer pasarlo bien. Y ya con un gran protagonismo del teclado, por encima de otros instrumentos.

Después siguieron cayendo los temas de su disco, también homónimo, como “Abril” (muy popero), “Ruido”, “Arder” (donde la guitarra de Diego cobraba algo más de protagonismo), “Y Tú Aquí” y “La Marea” (dedicada a sus fans y amigos más fieles). En “BailandoAna recordó que solo tres chicas habían participado en el certamen y reivindicó el papel creciente de la mujer en el mundo del rock, y “Desierto” sonó sensual y atmosférico. Tras presentar a la banda y agradecer a la organización y producción del evento, se despidieron con sus dos singles, “Dardu”, cantado en asturiano, muy tradicional e intenso, y “Humo”. Fue una apuesta muy moderna y actual, el rock se renueva, aunque sea sonando más pop.

Begoña Natal volvió al escenario con Oliver Suárez, concejal y presidente de Divertia Gijón, y tras dar unos minutos más de deliberación al jurado, compuesto por profesionales de la escena musical, y a las bandas para reunirse a su lado, se anunció quién ganaba. La espera se amenizó con un emotivo vídeo homenaje a Alberto Toyos, el gran comunicador y promotor de la escena musical asturiana, fallecido hace un año.

Después, “basándose en criterios de calidad, innovación, creatividad, puesta en escena, proyección dentro del sector y gestión”, Milana Bonita fue la triunfadora de la noche, y recibieron su gran cheque ganador, con aplausos de todos los presentes. Desde aquí les felicitamos por su victoria y les auguramos un brillante futuro. Por ahora, tienen un concierto más garantizado, el que darán en las fiestas del “Verano de Gijón”. Y también felicitamos a Ribanos, por su gran actuación, brillante también.

Y llegó el momento que todos esperábamos. Le tocaba el turno a Burning, que salían con tantas ganas que saludaban ya cuando aún no les habían encendido las luces. Arrancaron su repaso de rock urbano, callejero, macarra y hasta algo descarado, con “Jack Gasolina”, y le siguieron éxitos perdurables como “Algo Está Ardiendo”, “La Bestia Azul” y “Eres Para Mi”. Y Johnny Cifuentes presentó a media banda: Josete Blanco al bajo, Nico Roca en la percusión, Miquel Ferrer en la batería… y dejó a los demás para después, que son muchos.

Siguieron regalando un himno tras otro, con “No Pares De Gritar”, la emocionante “Tú Y Yo”, “Weekend”, “Las Chicas Del Drugstore” (en el que hubo un buen diálogo entre voz y guitarra), “Coge La Onda”, y Johnny siguió presentando: David Pérez al saxo, Dani Álvarez a la guitarra ritmica y, por supuesto, su querido Nico Álvarez en la guitarra solista. “Como Un Huracán” fue un precioso recuerdo al añorado Jorge Martínez (Ilegales) y a quienes ya no están, seguido de “Sé Cómo Vivir, No Cómo Morir”, la versión de The Rolling StonesStar, Star” en castellano, “Dejarlo Que Sangre”, “Muévete En La Oscuridad”, “Esto Es Un Atraco”, y “Mueve Tus Caderas”, manteniendo a todo el público loco y contento, bailando sin parar.

Como si fueran Cenicientas modernas, justo a medianoche se fueron corriendo, pero volvieron enseguida con la insuperable traca final: “No Es Extraño Que Tú Estés Loca Por Mi”, la pegadiza y popular “¿Qué Hace Una Chica Como Tú En Un Sitio Como Éste?”, “Una Noche Sin Ti”, y se despidieron tras casi dos horas ininterrumpidas, siempre jaleados por un público enfervorecido, en su mayoría sus fans de toda la vida, pero también nuevos seguidores más jóvenes. Es normal, con un Johnny imparable, un frontman con una actitud admirable e inagotable que vivía el concierto y cada canción con la misma ilusión de hace 50 años, que disfrutaba en su teclado e interactuando con sus fans, con gestos cariñosos y hasta pícaramente obscenos, en buen estado físico y vocal, el diablo sabrá por qué. Es normal, si va acompañado de una banda muy cohesionada en una forma, actitud y entrega (calidad y profesionalidad aparte) excepcional, sin divismos ni protagonismos mal entendidos.

Nico Álvarez, “el Keith Richards español”, brilló tocando y moviéndose a un nivel superior. Y el acompañamiento del resto de instrumentos fue excepcional, incluso con una percusión y un saxo poco habituales en nuestros grupos de rock, pero que hacen que cada canción suene mucho más completa y agradable. Más de cinco décadas de actividad no han frenado al veterano rockero madrileño, que ha sabido renovar su banda para seguir estando en lo más alto, y además dando aún shows magníficos, esperamos que por muchos años más.

Por todo esto, agradecemos a las bandas su gran entrega y participación, felicitando a los ganadores, y a toda la organización del evento, por su maestría y brillantez, no puedo ponerle pegas a nada. Y también agradezco mucho a los técnicos de Tunguska, que me dieron todas las facilidades para poder hacer esta crónica.

Texto y fotos: Mar Fuertes

Crónica: Argion + Xeria (Oviedo 6/6/2026)

Pocas citas van quedando ya en salas pero el fin de gira de Argion llevaba tiempo marcado a fuego en nuestras agendas. A los chicos, que acudieron en compañía de los vallisoletanos Xeria, los recibió una calurosa y abarrotada Sala Gong, recinto que empieza a quedarse pequeño para una banda como esta. Algo estarán haciendo bien.

Algunos minutos antes de la hora prefijada, no había un segundo que perder, un baño de luces led recibe al cuarteto vallisoletano Xeria. Metal sinfónico, cierto que sobre mucha pista pregrabada, pero que supo conectar con la gente en primeras filas. “Una Lágrima Más”, de hecho, deja un buen aporte solista por parte de Carlos Z. Es él quien traza el buen riff en que se apoya “Mi Reina”, al tiempo que Marina Sweet sacó algo más de garra en el epílogo.

Ya digo que implementaron una buena tanda de pistas pregrabadas, pero diría que, en líneas generales su sonido tendió a bueno. No costaba distinguir cada elemento y entendíamos perfectamente a Marina mientras cantaba. Tras asegurar que tenían ganas de volver, ya les vimos aquí mismo acompañando a Celtian en enero del pasado año (crónica), al tiempo que aprovecharon a mandar un agradecimiento a Argion por pensar en ellos para tan especial cita. Lo que me gustó fue el mayor brío que desplegaron en “Edén”, uno de esos temas que se magnificó en su traslación al directo.

Con un último disco de 2024, “Fuego” (reseña), esta es una banda que ya mira al futuro. “Arena Entre Los Dedos”, que confronta su cara más leve con buenos detalles en lo técnico, culmina en otro buen solo de Carlos Z. Era estreno, aseguró Marina Sweet, y lo cierto es que les funcionó. Ella supo recoger esa conexión con el público (de todas las edades, pero con mucha cara joven) y usarlo para aupar una buena interpretación de “Fuego”, llevada por el calor del público, y donde confrontan su cara más heavy con la más melódica. El tipo de metal que hacen puede gustar más o menos, incluso el modo de llevarlo al directo, pero saben muy bien cómo jugar con los contrastes, cómo construir canciones que enganchan al público. Y la del sábado fue una descarga que habló bien en este sentido.

Y es que “por muy oscura que sea la vida”, afirma Marina, “La luna siempre brilla”. Pudo ser este el estribillo que mejor les funcionó de todo el set. Ella, sentada en uno de los podios al final, quiso ser partícipe de ese calor. “Que a la música no se le puede poner ninguna mordaza”, exclamó. Y tenía razón. Es una banda de mensajes siempre positivistas, como lo es la letra de “Contra Las Estrellas”, donde quien brilla es un seguro César Manjarrés tras baterías. “Tienes Miedo” echaría finalmente el cierre, con una Marina Sweet de lo más convincente al micro y Carlos Z soleando a puro tapping. Agradaron a un público muy por la labor…

… y que recibe de muy buena gana a los chicos de Argion. El quinteto, ya con Richard de la Uz plenamente integrado dentro de su disciplina, despedía su actual tour con la seguridad que da todo el camino recorrido por Pablo Suárez y compañía desde aquella tarde de 2024 (crónica). Diversos estandartes adornan los pies de micro. Un gran telón adorna el fondo. Y tres podios dominan la parte frontal del escenario. En cada uno de ellos, una palabra: Sois Nuestro Pilar. El arranque de set no podría resumir mejor al tipo de banda que son: power metal muy trotón, con Miguel Pérez volando tras los parches y Pablo ayudando en coros primero, doblando solos con Sergio Bernardo después. “Un Largo Viaje” muestra de entrada unas melodías llenas de gancho. Estaban sonando redondos, ya en estos primeros envites, y la sala supo responder a esa entrega, algo que ejemplifica el grito final que acomete Richard de la Uz. “En Argion contamos historias”, aseguró el vocalista, “como esta de la ciudad eterna”. Aquí alternan su habitual power histórico con dejes más pesados. Un reino de contrastes en el que se hacen fuertes. Un público entregado, Richard brillando en voces y Miguel dejándose la piel al final. El rodaje de todos estos años se nota. Vaya si se nota.

El Juicio Final”, con esa intro a lo “Torquemada”, propulsa a los asturianos sobre otro buen estribillo y la seguridad de saber que todo estaba saliendo a favor de obra. Estupendo solo de Sergio aquí, por cierto. La vida son etapas, aseguró Richard. Para abrir una, hay que cerrar otra. “Por eso quiero dedicar esta canción a los animales que siempre están junto a mí”. Corte editado allá por noviembre de 2025 pero que, de parte del público, recibe tratamiento de verdadero clásico. Una de esas que parece haber llegado para quedarse.

Fue aquí que llegó el turno para el primer invitado de la noche. Y es que allá que se subió Manu Roz (“grande en todos los sentidos”) de Baja California para ayudar a recuperar “Melina” de Camilo Sesto y, sin abandonar del todo su cara más heavy, insuflarle una mayor melodía al set. El nervio regresaría, clavicordio mediante, con “La Orden”. Un registro este en el que parecen del todo cómodos y que, además, sirve para exhibir algo más de músculo en lo que a técnica se refiere. Como ese pequeño escorzo del bajista Iván Canedo durante el puente. Con “Anne Bonny” le llegaría el turno a Marina Sweet, quien volvió sobre las tablas para uno de esos temas que siempre caen de pie en los shows de Argion. Buen solo de Pablo al tiempo que Richard ondeaba la bandera de su pie de micro sobre nuestras cabezas. Fue antes de mandarnos al suelo, poner a prueba las articulaciones de los más talludos (culpable, señoría) y plantar unas cuantas sonrisas otros tantos rostros.

Luego Pablo tomaría el micro para dedicarle la siguiente a todos cuantos le ayudaron en sus momentos más difíciles. Su banda, los primeros, y una buena ristra de nombres después. A todos, agradecerles que cuidaran de él y así, egoístamente, poder echar un buen rato con su banda como lo echamos el sábado. La sala respondió vitoreando su nombre. Algo tiene el chaval para haber caído de pie en una escena, la asturiana, tantas veces llevada por celos y envidias de todo pelaje. “Prisionero Del Tiempo” sirve, además, para cambiarle el paso al set y darle un pequeño respiro a la banda. El propio Pablo dibujó un buen solo aquí y el público acompañó a palmas en la parte final. Había que estar en la sala el pasado sábado para ver lo mucho que han crecido de la pandemia para acá. Palabra.

Así las cosas, “Soldado Errante” nos devuelve una banda más clásica y funcional, donde Sergio volvería a hacer de las suyas desde su Ibanez roja. Después Iván tomaría el micro para anunciar una sorpresa. Quienes habían apostado a la venida de Víctor García a la Gong resultaron finalmente ganadores. El público vitoreó a la voz de WarCry mientras él, tablas le sobran, pidió que dichos vítores se dirigieran a los propios Argion. Así, a dos voces, enfrentaron “Águila De Sangre”, a estas alturas uno de los cortes definitivos de los asturianos. Para cuando llevamos una hora exacta de set y atacan con “Mi Héroe”, Richard está aguantando más que bien el tipo.

Pero ellos no podían irse sin que fuéramos nosotros quienes cantáramos. Ni sin que oyéramos el violín de otro de los invitados, Txus Borao de Celtian, que acompañó a los chicos en “Sobre El Mar”, quizá una de sus canciones más indiosincráticas. El cierre, no podía ser de otra forma, fue para “Fuerza y Honor”, con Richard de la Uz llevado en volandas, literalmente hablando, por buena parte de la sala Gong, Broche definitorio a la buena noche de metal que nuestras retinas acababan de registrar. Son Argion. Y cuentan historias.

Lo cierto es que se dio bastante bien. Xeria cumplieron perfectamente su papel y Argion dejaron muestras de lo mucho que han crecido en los últimos tiempos. El futuro, a tenor del ambiente que se respiraba el sábado, parece muy dulce para ellos. Que tengan seguros, vallisoletanos y asturianos, que en la medida en que las circunstancias nos lo permitan, estaremos ahí para dar fe de sus andanzas.

Por nuestra parte nada más. Mandar un saludo a sala y bandas por las facilidades dispuestas en favor de esta crónica y otro tanto a los habituales de siempre. Nos vemos en el jueves en Zamora.

Texto: David Naves
Fotos: Miguel Rubio

Crónica: Barroselas Metal Fest 2026

Tres días de comunión, extremos sonoros y espíritu underground. Hay festivales que se miden por el tamaño de sus escenarios, por la cantidad de público o por el impacto mediático de sus carteles. Barroselas juega en otra liga. El veterano festival portugués volvió a demostrar en su edición de 2026 que sigue siendo uno de los últimos refugios auténticos para quienes viven la música extrema como una pasión y no como una moda.

Durante tres jornadas, miles de aficionados llegados de toda Europa transformaron la pequeña localidad portuguesa en un punto de encuentro para amantes del metal en todas sus vertientes. Como cada año, la calidad musical fue sobresaliente, pero el verdadero protagonista volvió a ser ese ambiente difícil de explicar a quien nunca ha estado allí: cercano, respetuoso y profundamente humano.


Miércoles 29 de abril: el reencuentro

Aunque el grueso del cartel arrancaba al día siguiente, los más fieles saben que Barroselas empieza realmente el miércoles. La jornada de bienvenida volvió a reunir a los primeros asistentes en un ambiente relajado y cercano, con la sensación de estar regresando a un lugar familiar después de un año de espera.

Desde primera hora de la tarde comenzaron a llegar los fieles al festival como cada año. Algunos repetían por décima o decimoquinta vez; otros descubrían por primera vez uno de los festivales más queridos de la escena underground europea. Lo que todos compartían era la misma ilusión por volver a vivir unos días donde la música y la convivencia son igual de importantes.

La apertura del festival estuvo reservada para bandas portuguesas. Caos Ritual fueron los encargados de inaugurar oficialmente el escenario, seguidos por Morto, que fueron calentando el ambiente ante un público que iba creciendo poco a poco. Más tarde llegó el turno de Vectis, que aportaron una dosis de oscuridad y contundencia muy bien recibida por los asistentes. El cierre de la noche quedó en manos de Vürmo, que pusieron el broche perfecto a una jornada marcada por los reencuentros, las primeras cervezas compartidas y la sensación de que Barroselas volvía a estar en marcha.

No fue una noche de grandes multitudes ni pretendía serlo. Fue una noche para volver a verse, para recorrer el recinto con calma y para recordar por qué este festival mantiene una personalidad tan especial dentro del circuito europeo.

Jueves 30 de abril: el festival despega

Con el recinto ya a pleno rendimiento y una asistencia notablemente superior a la del día anterior, el jueves marcó el verdadero comienzo del maratón musical.

Desde primera hora se respiraba un ambiente extraordinario. Los puestos de merchandising, las zonas de descanso y los alrededores del recinto se llenaban de aficionados intercambiando recomendaciones, hablando de conciertos pasados y planificando una jornada que prometía emociones fuertes.

Los asturianos Burnt To Death fueron uno de los primeros nombres destacados del día. Su descarga de death metal fue recibida con entusiasmo por un público que respondió desde el primer momento. La cercanía geográfica hizo que muchos seguidores españoles se acercaran al escenario para apoyar a una de las bandas más representativas de la escena extrema asturiana.

Los portugueses Anzv ofrecieron uno de los conciertos más atmosféricos de la jornada. Su combinación de oscuridad, misticismo y agresividad consiguió envolver al público en una atmósfera casi ceremonial que encajó perfectamente con el espíritu del festival.

Desde Estados Unidos llegaban Vastum, una de las bandas más esperadas por los aficionados al death metal contemporáneo. Su actuación fue tan densa como devastadora, demostrando por qué se han convertido en una referencia dentro del género durante los últimos años.

Otro de los momentos más especiales del día llegó con Balmog. Los gallegos son ya unos auténticos veteranos de Barroselas y su conexión con el público del festival volvió a hacerse evidente. La banda ofreció una actuación sólida, intensa y cargada de personalidad, confirmando una vez más el gran estado de forma que atraviesa.

La contundencia sonora continuó con Primitive Man. Los estadounidenses desplegaron una auténtica apisonadora de sludge y doom extremo que convirtió el recinto en un muro de sonido prácticamente físico. Fue una de esas actuaciones que no dejan indiferente a nadie.

La recta final de la noche estuvo reservada para dos pesos pesados del cartel. Primero aparecieron los canadienses Revenge, auténticas leyendas del black/death metal más extremo. Su actuación fue una descarga de violencia controlada, caótica y devastadora, provocando una de las reacciones más intensas de toda la jornada.

El cierre llegó con Gruesome. Los estadounidenses demostraron por qué son una de las bandas más respetadas del death metal actual, ofreciendo un concierto repleto de riffs memorables y ejecutado con una precisión impecable. El público respondió con entusiasmo, poniendo fin a una jornada sobresaliente.

Viernes 1 de mayo: intensidad sin descanso

Si el jueves había sido potente, el viernes elevó todavía más el nivel de exigencia. Desde primeras horas de la tarde el recinto presentaba una gran afluencia de público y el ambiente seguía siendo una de las señas de identidad del festival.

Una de las grandes virtudes de Barroselas es la facilidad con la que conviven bandas históricas, nombres emergentes y aficionados de diferentes generaciones. Todo ocurre de manera natural, sin barreras y sin artificios.

La representación portuguesa tuvo un papel destacado gracias a Ventr y Pestifer. Ambas bandas demostraron el excelente estado de salud de la escena extrema lusa, ofreciendo actuaciones llenas de intensidad y personalidad.

Desde Estados Unidos llegaban Caustic Wound, protagonistas de una de las actuaciones más salvajes de toda la edición. Su mezcla de death metal y grindcore provocó una reacción inmediata entre los asistentes, con los primeros metros frente al escenario convertidos en un auténtico torbellino de actividad.

Los holandeses Pentacle aportaron la dosis de death metal clásico que muchos esperaban. Su concierto fue una auténtica lección de cómo mantener viva la esencia más tradicional del género sin perder contundencia.

Uno de los momentos más particulares del día llegó con los franceses Aluk Todolo. Su propuesta hipnótica, experimental y cargada de atmósferas ofreció un contraste muy interesante respecto al resto del cartel, atrapando a buena parte del público en un viaje sonoro tan extraño como fascinante.

Los italianos Darvaza protagonizaron otro de los conciertos más comentados de la jornada. Su mezcla de black metal atmosférico y oscuridad ritualista creó uno de los ambientes más especiales de todo el festival.

La noche entró en su tramo decisivo con Exhumed. Los estadounidenses demostraron una vez más por qué siguen siendo una referencia absoluta dentro del death metal extremo. Técnica, potencia y una enorme capacidad para conectar con el público se combinaron en una actuación memorable.

El cierre corrió a cargo de 16. Los veteranos norteamericanos descargaron una enorme dosis de sludge y hardcore, poniendo el punto final a una jornada marcada por la intensidad y dejando al público con la sensación de haber vivido uno de los días más sólidos de toda la edición.

Sábado 2 de mayo: el último ritual

La última jornada siempre tiene algo especial en Barroselas. Por un lado, el cansancio acumulado después de varios días de conciertos; por otro, la necesidad de aprovechar cada instante antes de que llegue la despedida.

Los portugueses Vizir fueron los encargados de abrir una jornada que desde el principio se presentaba especialmente intensa. Más tarde, The Ominous Circle confirmaron su condición de una de las propuestas más interesantes del underground portugués actual, ofreciendo una actuación oscura y absorbente.

Desde Holanda llegaban Obstruktion, cuya descarga de death metal primitivo fue recibida con entusiasmo por un público que a esas alturas del festival seguía respondiendo con una energía admirable.

La representación portuguesa continuó con Genocide, que ofrecieron una actuación contundente y muy celebrada por los asistentes locales.

Uno de los grandes nombres nacionales de la jornada fueron los españoles Aversio Humanitatis. Su propuesta extrema y atmosférica encontró el escenario perfecto en Barroselas, firmando uno de los conciertos más intensos de todo el sábado.

Los estadounidenses Mortiferum volvieron a demostrar por qué son uno de los nombres más respetados dentro del death/doom contemporáneo. Su actuación fue pesada, oscura y absolutamente absorbente.

La emoción llegó con Thy Light. Los brasileños protagonizaron uno de los momentos más especiales de toda la edición. Su propuesta cargada de melancolía y sensibilidad emocional consiguió crear una conexión muy particular con el público, dejando imágenes difíciles de olvidar.

El cierre del festival quedó reservado para una auténtica leyenda. Los finlandeses Beherit, uno de los nombres fundamentales en la historia del black metal, fueron los encargados de poner el punto final a Barroselas 2026. Su actuación, cargada de misticismo, oscuridad y simbolismo, sirvió como despedida perfecta para una edición que volvió a demostrar por qué este festival ocupa un lugar tan especial dentro de la escena extrema europea.

Cuando las luces se apagaron definitivamente y comenzaron los últimos abrazos en la zona de acampada, quedó una sensación compartida entre todos los presentes. Más allá de los grandes conciertos y de un cartel sobresaliente, Barroselas volvió a triunfar gracias a algo que no aparece en los horarios ni en los carteles: su ambiente.

Un festival donde bandas, organización y público conviven sin barreras, donde la pasión por la música sigue estando por encima de todo y donde cada año miles de personas vuelven a sentirse parte de una misma familia. Y eso, en los tiempos que corren, sigue siendo algo extraordinario.

Texto y Fotos: Jaime García

Crónica: Balmog + Jade + Nazgash (Oviedo 29/5/2026)

Buena triada extrema la que Northern Blaze Prods propuso para la noche del viernes con los gallegos Balmog, los catalanes Jade y los asturianos Nazgash. Con epicentro en la siempre acogedora Lata De Zinc, público y elementos parecieron ponerse de acuerdo por una vez. Buena entrada la que registró la sala ovetense, a lo que quizá ayudara una jornada algo desapacible. O simplemente el metal extremo sigue gozando de buena salud la capital de la vieja Asturias. Quién sabe.

El caso es que los renovados Nazgash no perdieron oportunidad de mostrar su black metal de corte clásico. Una formación que parece haber crecido una barbaridad desde nuestro primer encuentro con ellos, y que en esta actual alineación como cuarteto, supo poner a prueba los cimientos de la sala. Aún no he tenido oportunidad de escuchar su nuevo disco «Eternal Cycle Of Death«, la actualidad nos atropella y os aseguro que cuesta seguir el ritmo, pero de entrada me sorprende el arranque a medio gas que proponen. Más que irrumpir de forma violenta ante nosotros, se puede decir que fueron poco a poco haciéndonos partícipes de su intenso black metal.

Ataque a dos voces, mucho corpse paint y dos guitarras plenamente engrasadas. Es cuando engranan una mayor velocidad que aciertan a sonar más clásicos, sin por ello dejar de sonar cohesivos. La banda, o tal parecía, se arrimó a la Lata con los deberes bien hechos. Tras la intro de corte pagano “Funeral March Of Empires”, “Twilight Of Tyrants” acierta a hilvanar dejes más melódicos. La banda tiene discurso suficiente con el que construir buenos temas. Y sabe llevarlos al directo con solvencia. “Where Black Flames Rise”, tras su curiosa intro, deja riffs verdaderamente rompecuellos.

Por momentos acertaron incluso a buscar una cierta épica, nada pagada de sí misma, y que por algún motivo me recordaba a aquellos Windir de discos como “Arntor” o “1184”. Para el cierre quedan una cierta búsqueda de un black más atmosférico y, ya con una sola guitarra, esa outro cerril y furibunda. Me agradaron.

Jade venían presentando su largo de 2025 “Mysteries Of A Flowery Dream” y se dejaron la piel en el empeño. Lo que me agradó fue ese inicio acompasado, algo alucinado incluso, calma antes de la tempestad que desatarían después. Dos paneles flanquean la batería de Lord Bud. También son dos los micrófonos que tiene ante sí el bajista Joan Fr y dos son los guitarras a cada lado del escenario. Todo sea por la simetría.

“Buenas noches, Oviedo”, exclama Joan. “Somos Jade” y procede a descerrajar una “Light’s Blood” en la que nervio y atmósfera juegan a encontrarse, al tiempo que los solos de guitarra se reconocen alucinados, algo a contrapié de esos ritmos tan vivos, generando unos contrapuntos de lo más llamativos. Contraste este que se repetiría no pocas veces a lo largo del set. Al cierre hubo agradecimientos para la buena gente de Northern Blaze Prods. Era su primera vez en la región y no iban a perder la oportunidad de agradar. “Shores Of Otherness” añade una pizca más de melodía. Y lo hace sin sacrificar nada de nervio e intensidad. Bailaba Joan Fr entre registros mientras la banda acometía cada riff, cada pasaje, cada cambio de ritmo con total solvencia. A ratos más disonantes, al otro más melódicos pero siempre sin perder el foco. Fantásticos.

Con un nombre como el de Albert Martí involucrado en el proyecto, raro era que, más tarde o más temprano, no sobrevolase el nombre de Vidres a la Sang. Y tuvo que ser “Cascade” la que de pronto me recordase a la banda egarense. Percutía sin cesar Lord Bud tras baterías a tiempo que impulsaba otra de esas creaciones intrincadas, musculosas, oscuras… El sonido era impecable. Algo que denota cómo la batería era capaz de taladrar el pecho sin llevarse por delante al resto de elementos. Fue a lomos de ese gran sonido que Joan Fr anunció que volvían al debut para rescatar “una de las más rápidas”, que resultó ser no otra que “Ghastly Eyes”.

Hubo “compatriotas” que se acercaron hasta la Lata para verles. Puede que no fueran la banda más activa sobre las tablas. Tampoco el (remozado) escenario de la sala da para grandes alegrías. Pero era tal la precisión y el nervio con el que hilvanaban sus intrincadas composiciones que poco importó. Un death metal de fortísimo poso atmosférico que se amplificó aún más (si cabe) en el tramo final. Ese que acoge “Darkness In Movement”, donde a veces merodea una calma de lo más tensa, y la final “A Flowery Dream” con ese poso tan marcial y sus solos casi omnipresentes. Su primera visita a esta tierra, con la buena gente de Totengott sin perder ripio en primera fila (ambas bandas han girado juntas en el pasado) no pudo resultar más propicia. Esperemos que no sea la última.

Entonces Balmog desatarían la mayor de las oscuridades en la Lata. La formación gallega, que llegaba como trío a tierras ovetenses, vino a mostrarse todo lo sólida e hiriente que cabía esperar. Casi harapientos, rostros oscurecidos y una forma de entender el black metal que los sitúa como una de las banda de referencia dentro de nuestras fronteras.

Como no queriendo ser menos que sus compañeros de cartel (¿se pusieron todos de acuerdo?), el arranque del set no puede ser más acompasado ni alucinado. Todo oscuridad, humo y ruido después, resulta llamativa la escandalera que montan para tratarse de solo tres piezas sobre el escenario. Batería, bajo, guitarra y los distintos pedales de distorsión a los pies de Balc. Precisamente haciendo uso de ellos fue que se iría permeando en su sonido esa cara más psicodélica, imbricada en su metal negro y a ratos asfixiante. La banda venía presentando “Laio”, disco particularísimo donde los haya, y la gente se entregó, con cierta moderación eso sí, a su lacerante ritual.

Balc estuvo ágil a la hora de bailar entre registros. Su voz reverberó por toda la Lata con fuerza, penetrando cada poro, hiriendo cada tímpano, acertando a sonar agónico, por momentos casi desesperado, al tiempo que trazaba riffs y solos desde su desgastada SG. El sonido fue sucio pero acorde a la propia idiosincrasia de la banda. La sala, si bien nos lo puso difícil en el apartado fotográfico, ha crecido una barbaridad en este sentido. El trabajo duro y (sobre todo) continuado acaba por dar sus frutos.

Atrás, Virus acometía cada cambio de ritmo con solvencia. Batería de toda la vida de los gallegos, propulsó a los suyos al tiempo que se peleó con un kit no muy por la labor. Disonancias frente a puros blast beats. Voces agónicas y una banda que parece entender a la perfección su papel dentro de nuestra escena extrema. No sé si “la mejor banda de black de España”, como me dijo cierto amiguete durante los últimos compases, pero una de las más relevantes sin ningún género de dudas. Que nos dure.

Creo estar repitiéndome cuando afirmo que el underground sigue gozando de aparente buena salud en la capital ovetense. El viernes, con una entrada más que digna, quedó claro una vez más. Y ya son unas cuantas desde que cubro eventos para esta casa. Nos alegramos por la buena gente de Northern Blaze Prods, a quienes tenemos que agradecer las facilidades que pusieron cara a la realización de esta crónica. Del mismo modo, tampoco quiero cerrar sin mandar un saludo a los habituales de siempre. Ya saben: nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz

Crónica: Megadeth + Angelus Apatrida + Crisix (A Coruña 27/5/2026)

Megadeth, autopista y amigos, plan imbatible el de la pasada jornada de miércoles. Viaje perfecto desde Asturias para coronar a Dave Mustaine en su despedida de los escenarios patrios. Tres horas de coche y sobrevivir a la sobredosis de «thrash metal» que nos aguardaba en el Coliseum de A Coruña.

Con una puntualidad exquisita, que se extendió durante toda la velada, arrancaron las hostilidades los catalanes Crisix. Un inesperado retorno a la actividad el suyo tanto en vivo como compositiva tras los baches sufridos en los últimos 2 años. El óxido del tiempo fuera de los escenarios quedó mimetizado por la actitud siempre innegociable de los de Igualada. Un show cercano a la hora con todos los clichés propios de la formación como la interpretación quirúrgica, que no se vió correspondida por el mejor de los sonidos, de temas que forman parte por derecho propio del acervo popular de los thrashers nacionales o su clásico intercambio de instrumentos. Hubo tiempo para saludar a la numerosa representación de fieles congregados ya en el recinto y a los amigos de Angelus Apatrida. También para presentar su nueva canción «Fast Music«, recibida no con frialdad pero si con disparidad de sensaciones y es que esa mezcolanza arriesgada de thrash metal, electrónica hardcore y bases rítmicas hakken es de digestión lenta. Aún así, generaron uno de los mosh pits más caóticos de la noche. Buen arranque de velada, sin duda.

La expedición asturiana continuó devorando el mejor producto estatal con la salida al escenario de Angelus Apatrida. Siempre dispuestos a ofrecer una masterclass de thrash metal contemporáneo en una ocasión tan especial como ésta no iban a ser menos. A lomos de un sonido limpio, rítmicamente aplastante y sin fisuras los albaceteños van camino de consagrarse como una formación capaz de competir de tú a tú con cualquiera de las bandas que acechan al Big Four americano. Con la clara misión de dejar marcado su nombre con hierro candente en este tour internacional de despedida, su asalto al Coliseum despachó un colchón calórico a la altura de las circunstancias, textura perfecta, punto exacto de cocción y aceite de primera, que funcionaron como preludio ideal para el inminente maridaje con las huestes lideradas por el «colorado» Mustaine. A diferencia del caos controlado de Crisix, Angelus Apatrida cocinó una ecualización pulcra que adornaron los pogos más masivos de la noche. Casi incontables sus actuaciones en Asturias verlos dominar el pabellón con esa solvencia genera un orgullo casi nostálgico. Hace mucho tiempo que no son una promesa, son una realidad demoledora.

Un haz de luz cenital ilumina la figura el pelirrojo para dar inicio a la despedida de Megadeth de nuestros escenarios. Armado con su inseparable Flying V el californiano ha diseñado una alineación tan solvente como respetuosa con el legado de la formación. La guitarra de Teemu Mäntysaari no buscó la reinterpretación de la partitura sino el respeto absoluto a las canciones originales. Desataron pasiones en A Coruña con una actitud implacable, mutando su despedida en una fiesta de sudor y nostalgia compartida.

Si bien la voz de Mustaine acusa el desgaste lógico del paso del tiempo y sus excesos confesos, inteligentemente adaptó su registro vocal a tonos menos agresivos, digno de mención el magnífico apoyo de un soberbio James LoMenzo en los coros. Si bien podemos hablar de inevitables flaquezas en el apartado oral, su mano derecha sigue siendo un patrimonio de la humanidad del metal con una interpretación nítida, veloz y ajena a cualquier error de tempo. Poco importó que el repertorio incluyera temas de nuevo cuño como «Tipping Point«, «I Don’t Care» o «Let There Be Shred«, su recepción se mostró más que satisfactoria por la audiencia. La histórica noche coruñesa aderezó el sudor compartido entre público y banda, brillando con identidad propia la honestidad de la formación liderada por un referente e influencia declarada para varias generaciones de músicos y una audiencia que se entregó hasta la extenuación para despedir como se merecía a un auténtico icono, haciendo temblar los cimientos del Coliseum.

El sonido se mostró caprichoso en algunas fases del show. En los primeros temas, un exceso de saturación en el bajo de LoMenzo emborronó las intrincadas líneas de guitarra de Mustaine. Afortunadamente este apartado mejoró sustancialmente permitiendo finalmente que el homenaje ofreciera una acústica aplastante, digna de una leyenda. Y es que todo no fueron parabienes en la noche gallega, siendo riguroso en el análisis del repertorio tambien hay que recordar las ausencias. La gran sorpresa, para muchos decepción, en A Coruña fue la de «Mechanix» del setlist. Su exigente interpretación parece haberse convertido para Mustaine en un riesgo innecesario a pesar de no ser una canción cualquiera, si no la piedra angular de su herido orgullo. Menos traumática podemos tomar la omisión de «Ride The Lightning«, cover incluido en su último disco. Detalles que dejaron patente que Megadeth no necesitaba recurrir a fantasmas del pasado para brindar un concierto de despedida colosal.

No podía faltar el paso por el escenario de Vic Rattlehead, punto álgido de una puesta escena orgánica, exenta de ormamentos superfluos. Un telón de fondo con el nombre de la banda es más que suficiente cuando tu entrega y desempeño destila honestidad. Fagocitados en un hervidero de emociones y fundidos en un solo ente, audiencia y banda se abrazaron en los últimos estertores del show con sonrisas en la cara y puños al firmamento de la noche coruñesa. Un solitario Mustaine se despidió del abarrotado recinto con la cabeza alta, la mirada fija en un imaginario punto infinito dejando su guitarra en el centro del escenario como muestra de supremacía y posesión. Una velada histórica y honesta de seguro recordada. En una época en que la mayoría de las despedidas son excusas recaudatorias, Megadeth escribió un capítulo final sincero.

La capital herculina estuvo a la altura de la historia sellando un pacto de honor que arrasó cada rincón de A Coruña. Por nuestra parte viaje de regreso embriagados por la melancolía reconfortante de saber que fuimos testigos de una de las últimas páginas doradas de la historia del thrash metal.

Texto: José Ángel Muñiz
Fotos: Carmen González

Crónica: Laurie Wright (Avilés 25/4/2026)

Laurie Wright fue el encargado de abrir el pasado 25 de abril el nuevo ciclo de conciertos de Factoría Sound en la Factoría Cultural avilesina. Es uno de los jóvenes artistas emergentes de la música británica que cuenta con numerosos seguidores en su país y tuvimos la fortuna de poder disfrutar de su buen hacer en Avilés, tras una breve gira por el territorio nacional para presentarnos su último trabajo «Power Of 3«, lanzado en septiembre de 2025.

Desde los primeros acordes quedó claro que Wright no venía solo a mostrar novedades. Su directo fue un recorrido vibrante por su trayectoria y raíces musicales vinculadas a las calles de Camdem Town en Londres, mezclando temas recientes con canciones de sus anteriores proyectos. El público pudo sumergirse en ese sonido tan suyo, un amalgama de influencias donde conviven el movimiento punk, el rock & roll, el rhythm & blues británico de los 60, el pub rock, el soul y el britpop, todo bajo una marcada estética y actitud mod.

El cantautor británico arrancó su show acompañado de su banda, integrada en esta ocasión por los músicos Ciaran O’Keeffe (armonía y coros), Leo (bajo y coros) y James R. J. Parker (batería). Iniciaron su descarga con “My Rock & Roll”, tema de riffs enérgicos que abre su tercer álbum de estudio y con el que desde los primeros acordes comenzaron a caldear el ambiente en la Factoría. Sin dejar que el público recuperara el aliento, viajaron a su debut «Get On The End Of It!« (2023) para rescatar “Butter Side Up Boy”, donde Ciaran O’Keeffe tomó el protagonismo con su armónica que marcó el pulso de toda la canción. Este instrumento volvió a cobrar fuerza en “The Lodge”, un tema que habla de superación personal y adicciones, interpretado con una intensidad que atravesó la sala.

El pulso del concierto no aflojó cuando irrumpió “Talk Of The Town”, una de las joyas más vibrantes de su último disco, originalmente lanzada en una versión acústica en 2020 y que interpretada por toda la banda en vivo transmite mucha más fuerza y energía. A partir de ahí, Laurie Wright y su banda nos interpretaron tres temas de «We’re Only Warming Up» (2024). Primero llegó “Who’s Laughing Now?”, tema en el que la voz rasgada del cantautor toma protagonismo y vuelve a poner la superación personal y la resiliencia en el centro del relato. Después, “All Bad?”, donde la batería de James R.J. Parker marcó el terreno con un golpeo firme y protagonista. Y para rematar el bloque, “We’re Only Warming Up”, la canción que da nombre al álbum, arrancó con un solo de guitarra distorsionada y acelerada de Wright, al que pronto se sumó una armónica desatada, auténtica protagonista de la pieza. Lo que siguió fue un torbellino de aires punks y psicodélicos marcado por un ritmo veloz, percusión contundente y la certeza de que el concierto seguía en ascenso, sin intención alguna de levantar el pie del acelerador.

Sin dejar que el pulso bajara continuaron con “I’ve Crakcked It”, de su primer trabajo, con marcadas influencias punk y donde cobra especial importancia la guitarra distorsionada de Laurie Wright. Acto seguido llegó uno de los momentos más celebrados de la noche “It Was All Part Of The Plan” extraída de su segundo álbum «We’re Only Warming Up» (2024), corte optimista y vibrante lanzado originalmente como sencillo en colaboración con la banda británica The Molotovs antes de integrarse en el disco y que desató una descarga de optimismo y buen rollo entre los espectadores. Laurie Wright y su banda mantuvieron el ritmo en lo más alto al encadenar “Could You? Would You Mind?”, más melódica y de ritmo más rápido que las anteriores, de su último álbum «Power Of 3» (2025) y siguieron con “Easy Street”, con fuerte influencia britpop de su primer trabajo de estudio «Get On The End Of It» (2023). La recta final volvió a poner el foco en las composiciones de su último trabajo. Primero llegó el turno de “Picking Up The Pieces Of My Mind”, una canción que aborda sin rodeos la salud mental y el lento proceso de reconstrucción personal y “Bambi Legs”, que cambió por completo el clima de la sala con su mezcla vibrante de influencias ská, reggae y rhythm & blues, un cóctel inesperado que añadió frescura y movimiento a un tramo del concierto que ya avanzaba con paso firme.

En la recta final del show Laurie Wright nos interpretó “The Meaning Of My Life”, de su segundo álbum «We’re Only Warming Up» (2024), con un bajo muy marcado a cargo de Leo y batería acelerada de James R. J. Parker. Sin dejar que la energía decayera, la banda siguió con “Shit Show” de su primer disco «Get On The End of It!» (2023), de ritmo frenético y que el artista interpreta con un fraseo muy rápido, casi rapeando, con el que puso a toda la Factoría a bailar y saltar en un auténtico torbellino de energía. Acto seguido, retomaron su segundo disco con “Bodaloo”, canción de indie británico actual con aires retro. Como broche de oro antes de los bises, el setlist nos condujo hacia “Wendy McKenzie”, tema que no dejó a nadie indiferente por su singularidad, ya que más que cantada parece narrada por el propio Wright de forma apasionada y acelerada; a pesar de superar los siete minutos de duración, su magnetismo hizo que a todos los asistentes se nos pasara volando.

A grito de “otres tres” por parte del público de la Factoría y sin que Laurie Wright supiera el significado de lo que le estaban gritando, ni fuera parte del plan, remató el show precisamente con otras tres canciones. El primer disparo del bis fue “The Promoter”, uno de los temas más celebrados de su último trabajo, que desató una marea de saltos y palmas. Le siguió “On My Tod”, de su segundo álbum “We’re Only Warming Up” (2024) tema acelerado con actitud punk, de guitarreo rápido y directo y batería marcada a cargo de James R. J. Parker, que mantuvo la adrenalina hasta el último momento. Y el colofón de la noche corrió a cargo de “West End Lover”, de su álbum debut, con un pegadizo estribillo y guitarras enérgicas; de manera espontánea Laurie Wright terminó lanzándose entre el público en un desatado “crowd surfing” que dejó a la Factoría vibrando incluso después de que la última nota se desvaneciera.

Por mi parte, solo queda agradecer en estas líneas a los buenos amigos que me acompañaron y aconsejaron ir a ver en vivo a Laurie Wright, a Heavy Metal Brigade por su apoyo incondicional a la escena, a Factoría Sound con sus siempre interesantes propuestas musicales y al propio Laurie Wright, que aunque no lea estas líneas, me facilitó enormemente la labor para poder escribir esta crónica y por ser un ejemplo de superación, capaz de transformar las sombras en canciones luminosas. Nos vemos próximamente… hasta entonces que el rock & roll no deje de sonar!!!

Texto y Fotos: Aurora Menéndez

Crónica: Moon Cresta (León 14/5/2026)

Si tuviera que definir a Moon Cresta en dos palabras serían actitud y originalidad. De la primera, actitud, pueden presumir muchas bandas de nuestro país, y en la mayoría de los casos son bandas que, como le ocurre a Moon Cresta, despliegan esa actitud tanto en recintos llenos como en las salas menos concurridas. El «miedo a lo desconocido» (o algo así) se lo sigue poniendo difícil a algunas bandas menos populares, pero siempre entregadas al máximo. En la segunda palabra que les define, originalidad, pocas formaciones les igualan, y en esta crónica se verá por qué.

El pasado jueves 14 de mayo pude ir, gracias a un repentino cambio de planes personal, a disfrutar de su concierto en la sala El Gran Café de León, invitada por la propia banda. Este concierto se inscribía dentro del ciclo de conciertos organizado por Famoleon, el Festival Abierto de Música de Órgano de Léon. Y los vigueses aprovecharon bien la ocasión. Por razones de horario no pude llegar a la primera parte del evento, la presentación de «Zadym«. Comienzo a detallar la originalidad de esta banda. «Zadym» no es un disco, es lo que han bautizado como un «discómic«. El artista Raúl MayaEl Flako” se ha encargado de ilustrar las ocho canciones de su último lanzamiento en forma de historietas gráficas con el guion del contenido de sus letras, en un relato lineal cuya lectura y visionado acompaña a la escucha del álbum. Por eso, Moon Cresta presentaba un pack que incluye un CD, el cómic, el “making of” y otros contenidos extra. Toda una experiencia inmersiva gráfica, literaria y musical.

A lo que sí llegué con tiempo y con ganas fue al propio concierto, que comenzó poco antes de las 10 y media de la noche. Y sigo con detalles de originalidad: tras tener la oportunidad de saludar a Antón F. Piru (bajista también en el grupo Stoned At Pompeii) y al cantante y teclista David «Mr.D.» Vázquez, nos sorprendieron entrando al escenario con la intro y melodía pregrabada de la añorada serie de televisión «El Equipo A«, que ellos mismos siguieron tocando en sus instrumentos, una presentación muy original.

Todo seguido, la originalidad se centraba en ellos mismos y en su sonido peculiar, imposible de etiquetar. Pues sí, es posible fusionar los sonidos más funkies, incluso con toques de hip-hop o rap, con el rock clásico, rebelde y agresivo, y además hacerlo bien. Yo no conozco a muchos grupos que hagan algo así. Desde el minuto uno, salieron al escenario con muchas ganas y mucha energía, inundando el reducido espacio con toda la actitud y entrega imaginables. Dejaron ver enseguida las influencias de las que han bebido, con acordes en los dos teclados combinados de David a lo Cream o a lo Deep Purple, y riffs de guitarra de Manu “Doble L” que recordaban a Santana, por citar a alguien. Todo ello acompañado de la potente base rítmica de Antón en el bajo, que me recordaba a ratos a Flea de Red Hot Chilli Peppers, y del maestro Manuel Ares en la batería, con claras influencias de jazz y blues, sin perder nada de potencia. Tengo que felicitar a la sala El Gran Café por el perfecto sonido de la noche, los cuatro instrumentos (incluso la pandereta de David) sonaron de lujo.

Repasaron sus más de 20 años de trayectoria mezclando bien los temas de sus primeros cuatro álbumes con este último publicado el año pasado vía The Fish Factory. Al sonido funk y rockero se le fue añadiendo por momentos una colorida psicodelia sonora y lumínica, desde el arranque con las veteranas “T.N.T. Buzzer” y “Poisoned Whisper Blues”. De esos primeros discos de la banda sonaron también “Funkatronik” y “Betrayer”, y a continuación, el motivo de la noche, presentar su último álbum con temas como “Never Surrender” (con mucho protagonismo de los cuatro instrumentos, algo constante en toda la actuación) y “Slaughtering All Around” (todo un manifiesto contra los poderosos depredadores, enmarcada en una oportuna luz roja), siempre con sonidos muy funkies, y con David ya sin chaqueta y desenfrenado, alternando sus dos teclados con constantes saltos, bailoteos y gestos al público. Y también del último disco sonó “Un Día Mais”, según ellos “cantada en asturleonés”, algo más rítmica. Volvieron a repasar sus himnos anteriores, como “Watch Out”, que sonó más rockera y agresiva.

Presentaron “Be Real” como “el temazo”, muy extendido con mucha parte instrumental, en la que tuvo algo más de protagonismo la guitarra de Manu “Doble L”, y que invitaba a bailar como ellos mismos lo hacían. Tras dar gracias a la organización del ciclo de conciertos Famoleon, al técnico que esta noche les hacía sonar de forma brillante y al público (con alguna mención especial), nos pusieron a corear “be yourself” con ganas. Y todo seguido volvieron a mostrar sus influencias, remezclando de forma muy divertida “Come Together” de The Beatles con “Give It Away” de Red Hot Chilli Peppers. ¿Son o no son originales?

Comenzó la despedida con “The Rocket”, muy funky, con un David imparable saltando y sudando, a ratos acompañado de los saltos y sudores de sus compañeros, y “Epilogue”, elevando el tono psicodélico. Presentaron “Here We Are” como “funky poderoso macarroide” y sí, sonó de nuevo agresivo, sobre todo cuando Manu “Doble L” soltó su guitarra y se puso a rapear como hacía ya David. No tuvimos que insistir mucho para que nos dieran los bises de la animada noche: “Sailor, Sea, Sail & Wind”, con coros muy sonoros de Antón (de hecho, los coros de Antón y de los dos Manu habían sonado fuertes y efectivos durante todo el concierto), tras lo cual los “músicos de a pie” dejaron solo en el escenario a un desatado Manuel Ares, que nos regaló un larguísimo y variado solo en su batería.

Tras casi una hora y media de descarga frenética, el inevitable final llegó con “Reef Place Your Hands”, otra vez muy funky, recordando a estribillos de RHCP o de Rage Against The Machine, haciéndonos participar incluso más que antes, alargando de nuevo el tema en una gran fiesta final. Cómo se agradece cuando desde abajo se nota que los músicos, siempre sonrientes y bailones, y todo el tiempo mostrando una actitud y una entrega total, se lo están pasando bien y no tienen ganas de acabar. El sonido algo más distorsionado de la guitarra de Manu, que acabó mezclado entre el público, nos llevó al final, de nuevo con la banda sonora de “El Equipo A” como divertida despedida.

Por todo eso, debo dar muchas gracias al cambio de planes de última hora que me permitió asistir, a la organización del ciclo Famoleon por ofrecernos eventos tan interesantes, a la sala El Gran Café por su cálida acogida (como siempre) y por supuesto, a Moon Cresta, por la tremenda entrega de principio a fin y la alta calidad de sus creaciones y de sus sonidos, tan originales. Espero veros pronto otra vez.

Texto y Fotos: Mar Fuertes