Crónica: Vendaval Fest (Sábado 25/7/2026)

La mañana del sábado no prometía nada bueno, una gran tormenta durante la madrugada y la lluvia torrencial que nos sorprendía al filo del mediodía hacían saltar todas las alarmas. Por suerte la climatología mejoró a pasos agigantados y con apenas media hora de desfase sobre el horario previsto se pudo disfrutar de la sesión vermú gratuita en el casco viejo de Ribadeo bajo el nombre de «Vendaval Na Rúa«. Ajenos a cualquier circunstancia adversa un gran número de curiosos y “vendavaleros” acogieron con agrado las propuestas de la Green River Band, que rendían homenaje a la siempre disfrutable Creedence Clearwater Revival y a Lija y Terciopelo, banda tributo a los navarros Marea.

A través de interpretaciones fieles a la original hicieron las delicias de un público muy a favor de obra y que no dejó en ningún instante de corear unos himnos atemporales que forman parte, cada uno en su parcela, de la memoria colectiva de muchos amantes del rock. La tregua climatológica permitió un desarrollo impecable y sin sobresaltos, salvo un pequeño problema eléctrico al final del set de la Green River Band que sería solucionado con premura y agilidad.

Ya bien entrada la tarde llegaría el momento de retornar al aparcamiento de Alfredo Deaño para vivir la segunda jornada del festival. Abrían la velada nuestros compatriotas y amigos de Ochobre con su punk rock comprometido y marcadas raices folk. Presentan su nuevo disco «La Rabia Nos Dentes» y lo primero que nos llama la atención es una novedad en la alineación. La llegada de un nuevo bajista a la banda, lleva a Miguel a la guitarra para hacer dupla con Viti Redondo (Sound Of Silence, Ofensivos, Rorshack).

Reichel no se guarda nada en el zurrón durante su actuación. Salta e interacciona con el público mientras su voz se mantiene en el nivel de excelencia habitual. Natalia por su parte ayuda a los coros y aporta el imprescindible sonido de la gaita, clave en la idiosincrasia de Ochobre. Aunque la audiencia siempre es perezosa con las bandas que abren cualquier festival, el buen número de publico que congregaron disfrutó de lo lindo con temas que van camino de clásicos como “Sélo” o “Escuela D’Amor”, su himno “Autodefensa Muyer” y la inesperada colaboración de Miguel Fernandi “Burilo”, voz de Skama La Rede y parte fundamental en el nacimiento de Ochobre.

Turno para los madrileños Hermana Furia y su cruda mezcolanza de stoner rock, grunge y post punk. Con un marcado mensaje reivindicativo, feminista y de concienciación social la banda liderada por la infatigable Duvi demostró por qué están considerados uno de los proyectos de mayor proyección del rock estatal.

Con una puesta en escena intensa, se mueven como pez en el agua como altavoz contra la violencia machista, las desigualdades del sistema y las complejidades de la salud mental, lograron meterse al público en el bolsillo gracias a la evidente química entre Edu y Duvi, la teatralidad y magnetismo escénico de un directo que se vive con intensidad de principio a fin. Apenas 60 minutos de concierto que fueron la antesala perfecta para la llegada del plato fuerte del sábado.

Pude vislumbrar muchos rostros conocidos que se habían acercado desde Asturias para disfrutar de una nueva masterclass del señor Enrique Villarreal “El Drogas”. El otrora componente de Barricada nunca defrauda y en esta ocasión volvía a jugar magistralmente sus cartas intercalando éxitos de su paso por la formación navarra con himnos de su etapa solista para ofrecer un gran concierto de auténtico y puro rock urbano, desatando la nostalgia y euforia colectiva de un público entregado desde el primer acorde.

A sus 65 años El Drogas no dejó centímetro de escenario por recorrer, interactuar con la gente y dejar patente una actitud y carisma imbatible. No dudo en colgarse al hombro la guitarra acústica, jugar con su pie de micro o hacer malabares con sus bastones, todo en favor de un show que si bien está estudiado al milímetro siempre nos hace disfrutar como la primera vez. Un gustazo comprobar de primera mano como padres e hijos corean al unísono letras que forman parte de la historia musical de este país.

Confieso que no me esperaba la espectacular respuesta del público al concierto de los valencianos Benito Kamelas. Difícil papeleta la suya, salir tras la exhibición de El Drogas no era nada fácil y sin embargo, a base de buenas canciones, una audiencia con la lección bien aprendida y ese aura de sinceridad que transmiten se metieron en el bolsillo a todo el Vendaval Fest.

Liderados por la inconfundible figura, voz y carisma de Joaquín Gómez «Quini» alternaron himnos ya clásicos como “Fue Mi Abuelo”, “He Decidido”, “Resiliencia” o “Ayer Soñé” con temas de su último trabajo de estudio «Justicia Poética«. Conectaron inmediatamente con la gente logrando que la frontera entre músicos y público desapareciera por completo. Ante esa demostración tiene aún más valor lo esencial de su propuesta, los Benito no necesitan de efectos visuales, pirotecnia ni ornamentos para dejarnos el alma llena y una gran sonrisa en el rostro.

Metidos de lleno en la madrugada tomaban posesión del escenario el trio barcelonés The Lizards. Jornada accidentada la suya, con el equipaje extraviado doblaron viaje al aeropuerto de Asturias para llegar a la hora indicada con todo su arsenal bajo control. Aprovecharon a presentar temas de su nuevo disco “Blow The Surface” editado en el mes de marzo y que fueron muy bien recibidos por el notable número de incondicionales que seguían en pie al filo de las 2 de la madrugada.

Carla, Judith y Edgar no bajaron en ningún momento la intensidad en los escasos 45 minutos que dispusieron, la verdad que pasaron en un suspiro, dejándonos con unas terribles ganas de más. Entrega, actitud y carisma definen su buen hacer sobre las tablas y si además sumamos canciones directas como “Everybody Sucks”, “Dead City” o “What I Am” su apuesta es siempre ganadora.

El cierre del día llevaba el nombre de Las Moskas Retrompeteras, vencedores en la «Loita De Bandas» (concurso de bandas del propio festival). Con el ska/punk por bandera mutan sin complicación del euskera al castellano en beneficio de unas canciones que pasadas las 3 de la madrugada obligaron a los supervivientes a bailar y realizar los últimos pogos del festival.

El buen hacer una sección de vientos (trompeta y trombón) de lo más fiestera es un plus para su desempeño sobre el escenario, aportando emotividad y un punto gamberro. Detalle diferencial que no dudamos ayudó a lograr su participación en el Vendaval Fest. Se supieron vencedores en una empresa harto difícil como era evitar la estampida habitual llegados los estertores del festival. Y aún quedaba para los más fiesteros una hora bajo la sintonía de DJ Tralla.

Para H.M.B. nuestro primer Vendaval Fest no pudo ser más placentero. Gran organización, que no dio mas que facilidades para realizar nuestro trabajo, inmejorable ubicación, una más que meritoria apuesta por bandas emergentes, una selección de auténtico lujo en las bandas consagradas y una sesión vermú para dinamizar la economía poniendo en valor el turismo y la gastronomía local. Puntos a mejorar? Siempre se puede, principalmente unos horarios que no requieran tanto esfuerzo para aguantar hasta el final y la adecuación del suelo del recinto que nuestros cansados pies agradecerán eternamente.

Mouchos, coruxas, sapos e bruxas, demos, trasgos e diaños, espiritos das nevoadas veigas, o próximo ano se nos deixan, voltaremos!!!

Texto: José Ángel Muñiz
Fotos: Carmen González

Crónica: Vendaval Fest (Viernes 24/7/2026)

Tuvieron que pasar cuatro ediciones para que los astros se alinearan y el equipo de H.M.B. pudiera acercarse al municipio lucense de Ribadeo para disfrutar de un nuevo éxito de la Asociación Catro Caños, organizadora del Vendaval Fest. Un evento con unas directrices marcadas a fuego, su ambiente colaborativo, los siempre agradecidos precios accesibles, una zona de acampada cercana al festival y un innegociable compromiso con la sostenibilidad en la Mariña Lucense.

La climatología acompañó durante toda la velada por lo que pudimos disfrutar de una más que agradable noche de verano en la pista del Aparcadoiro das Palmeiras. La fiesta arrancaba cuando el reloj se acercaba a las 19:30 horas con la joven formación coruñesa Demenzia Sozial, alguno de sus componentes aún es menor de edad, como protagonistas. Punk rock combativo y directo al mentón para presentar su segundo disco «Viaje Astral» y “No Quiero Escuchar” nuevo sencillo editado hace escasas fechas.

Bajo un incesante goteo de público el trío se entregó con energía arrolladora, gracias a una base rítmica acelerada, guitarras potentes y buenos temas como “Sin Saber Si Estás Vivo”, directos al grano con una actitud casi impropia para su edad y que la audiencia agradeció. Dejaron el ambiente preparado de la mejor manera para dar el relevo a los madrileños Hamlet.

A priori plato fuerte de la jornada Hamlet no defraudaron gracias a un setlist demoledor centrado en repasar sus grandes himnos de los noventa y dos mil. Dejaron pinceladas de nuevo cuño como “Acto De Fe” pero cuando suenan “Antes y Después” o “J.F.”, irremediablemente se desataban los pogos en el recinto.

A lomos de un gran sonido, tras casi cuatro décadas de trayectoria impecable a sus espaldas Molly y los suyos no dieron un segundo de tregua, interactuando con el público, saltando para gozo de los fotógrafos del foso e incitando a la parroquia a dejarse llevar con intensidad y rabia controlada. Ovación unánime la que recibieron tras su paso por el Vendaval Fest, no era para menos.

Con la llegada del ocaso y la entrada de la noche llegaba el turno de Dakidarría. Personalmente creo que los de O Val Miñor eran los “tapados” de la jornada, su buen hacer sobre las tablas y la respuesta del público no dejaron dudas que eran la banda más esperada de la velada. Su propuesta musical punk rock/ska/reggae cayó de pie en Ribadeo, los asistentes cantaron, otros bailaron y la inmensa mayoría lo disfrutamos con una sonrisa en la cara gracias a temas como «Terra«, «Lume» o «Pobo De Artistas«.

Siempre con el gallego como hilo conductor nos dejaron un mensaje de compromiso social, antifascismo y fiesta, más aún en la víspera del Día de Galicia que anticiparon con un pequeño set acústico para gozo de las varias generaciones de seguidores de la banda presentes en el festival. Su sección de vientos no dejó de bailar e interactuar, aportando dinamismo a la actuación mientras Gabri como maestro de ceremonias, reivindica la cultura gallega y la música independiente. Sin duda uno de los grandes triunfadores del viernes.

La veterana formación celtic punk canadiense The Real McKenzies se encontró con una audiencia muy por la labor y la difícil papeleta de igualar el clímax de comunión logrado por sus antecesores. Despacharon un show convincente y ameno a pesar de la merma inicial de su vocalista Paul McKenzie, brazo en cabestrillo, que con el transcurrir de las canciones pareció olvidar por completo.

Como dato curioso comentar el ingreso en la banda durante esta gira del gaitero gallego Luis Cao, anteriormente en el combo punk folk Bastards On Parade, bajo el seudónimo Aspy Luison, y que ha caído como anillo al dedo en el característico sonido tabernario de los de Vancouver. Punto álgido de su paso por el Vendaval sin duda fue la interpretación de “The Tempest” con gran parte de las primeras filas a tierra para remar en el que es uno de los himnos más icónicos y aclamados de su discografía.

Pasadas las 2 de la madrugada llegaba el turno de Ruxe Ruxe. El histórico grupo gallego disfrutó de una buena audiencia a pesar de la inevitable estampida habitual que sufren los encargados de poner el colofón en este tipo de eventos. Los de Aríns demostraron por qué llevan casi 30 años siendo uno de los referentes del rock gallego gracias a la habitual entrega de Viti (voz y guitarra), beso al suelo incluido afortunadamente sin consecuencias, la gaita de Xaco Barona y una sección de vientos infatigable.

No dejaron que el cansancio hiciera mella en el público a la altura de la madrugada en que nos encontrábamos y eso habla maravillas de su desempeño. Rock combativo y festivo, gracias a temas como “Manoiz De Lumes”, “Buratos”, o una muy coreada “A De Moscoso”.

Para los que aún tenían ganas de fiesta, un servidor ya iba camino a la cama, quedaba DJ Tralla, encargado de amenizar los prolegómenos del festival, los cambios de escenario y a estas alturas de la noche el colofón, dispuesto a seguir con un repertorio de clásicos que en otro momento sería sacrilegio perderse.

Primera gran noche en el Vendaval Fest, gracias a un inmejorable sonido, ambiente intergeneracional y una marcada conexión con la identidad gallega. Y lo mejor aún estaba por llegar.

Texto: José Ángel Muñiz
Fotos: Carmen González

Crónica: Arcanxo Festival (Sábado 18/7/2026)

Segunda jornada en el Arcanxo Festival. Tras las buenas sensaciones que nos llevamos el día anterior, el nivel de las bandas y el ambiente que se creó, empezamos esta segunda parte con muchas ganas de ver qué nos deparaba. El calor volvió a acompañarnos y el sol aún nos pegó con más fuerza, de modo que, hubo que optar por seguir a las primeras bandas desde las zonas de sombra, al menos en parte de su actuación. Pudimos ver abanicos y hasta paraguas como parte de la indumentaria de rigor y agua, mucha agua, hasta agotar totalmente las existencias en barra.

Con estas circunstancias, los portugueses Chaosaddiction se encontraron con que pocos valientes se animaron a seguir sus progresiones sobre el escenario pegados a las vallas. Nos presentan su álbum debut “Kintsugi” en el que combinan un groove metal con ciertas partes de speed y otras más melódicas y cadenciosas y muchas influencias noventeras. Abren con “Into Chaos” y “Drama King”. La velocidad aumenta en “Sinto Muito”. Gozaron de un sonido que fue mejorando conforme avanzó el set y consiguieron arrancar algún circle pit tempranero con “She’s A Drug” y “Lovesick”, dando por concluida su actuación a las seis de la tarde con una brutal “Fuck You, Next”. Banda de reciente creación y que gustó mucho entre los presentes.

Los catalanes Savaged fueron los encargados de poner el toque heavy metal old school en esta jornada. Recién llegados de Madrid donde actuaron la noche anterior (nos comenta a posteriori su frontman, Jamie Killhead, que aún le quedaban en el pelo restos de laca) desembarcaron en el Arcanxo para ofrecernos un repertorio en el que combinaron temas de sus dos LPs, el “Night Stealer” y el último del 2025 “Rising”. También el escenario presentó un aspecto muy colorido con un telón de fondo, con la portada de su álbum debut y dos paneles laterales, que le dieron mucha vistosidad a la actuación. Con los primeros acordes de “Fire It Up” ya captaron nuestra atención y nos fueron envolviendo en esos ambientes ochenteros en los que se desarrolla su música, una buena colección de riffs afilados, estribillos pegadizos y voces agudas. Gran complicidad entre las guitarras de Jamie y Joan Grimalt defendiendo “Stealing The Night” y “Across The Burning Fields”, junto al nuevo bajista, Ángel, con el que estuvieron muy sincronizados. Cierran esta primera parte con “Tons Of Leather”, muy bien recibida por los más fans del género, tras la cual, la banda abandona el escenario, para regresar con “Texas Bloody Texas”. Es entonces cuando los músicos son asaltados por el protagonista de la famosa película, motosierra en mano. Finalmente, rematan con “Queen Of My Salvation”, una de las más coreadas y “Running For Your Love (Tonight)”. Solo cinco años de trayectoria los avalan, pero también es otro nombre a tener en cuenta, sobre todo, en los circuitos más clásicos.

Nuevo giro estilístico hacia los sonidos más oscuros, atmosféricos y tenebrosos. Lástima que el horario establecido y la luminosidad del momento fueran elementos poco propicios para que ANZV (que, no obstante, estuvieron soberbios), pudiesen desplegar toda su ambientación black y ritualista para transportarnos a otra dimensión. No obstante, el ritual comienza igualmente cuando Ahnum prepara una bandeja con velas y otros elementos místicos y se dispone a dar comienzo a un repertorio que navega por sus dos trabajos “Gallas” (2022) y “Kur”(2025). Bañados por una ola de incienso, la actuación de los portugueses no dejó indiferentes a nadie. El aspecto del vocalista, descalzo, con una bátula, de la que se desprende en otro momento del show, acompañado por cuatro músicos más que comparten una estética recordando la cultura arábica, crea un conjunto compacto y no solo en los estilístico, sino también en lo musical. Si bien es cierto, que les faltó, tal vez, una mayor cuota interpretativa, a nivel sonoro fueron capaces de crear una atmósfera envolvente, bailando del black al death con mucha personalidad. No faltó la comunión con el público de un Ahnum arrodillado en medio del terreno y que fue muy bien celebrado. Una actuación que también gustó mucho, aunque fuera desde la distancia que resguardaba del implacable sol.

Lo de Picture fue un auténtico regalo para los presentes en el Arcanxo. Veterana banda de indudable culto, llegados desde los Países Bajos para dar una magistral lección de cómo hacer y defender el heavy metal. Con 48 años a las espaldas desde sus inicios, como más tarde nos recordó su vocalista Peter Strykes, solo con pisar las tablas del escenario ya nos metieron a todos en el bolsillo. “Griffons Guard The Gold” fue el tema elegido para empezar a mostrar un curriculum en el que la experiencia respiraba por los poros de los cinco músicos. El saber estar del señor Strykes, en constante conexión con el público, presentando los temas, cercano y divertido, abarcaba todo el espacio, en el que el resto de los componentes se movían como pez en el agua. Navegaron en su repertorio entre sus trabajos más significativos de los años 80, junto a un par de su última creación “Wings” (2019), acompañados, en todo momento, por un sonido bien nítido. Solo hicieron falta tres temas para quedar todos a su merced. No hubo mácula en el desempeño con las guitarras de Appie de Gelder y Len Ruygrok, pero el protagonismo se lo llevó Rinus Vreugbenhill, que, a sus 74 años, mostró una gran destreza con su bajo y no paró de moverse cual chiquillo, disfrutando enormemente y, por supuesto, transmitiendo esa energía que se contagió a lo largo de todo el repertorio. “Diamond Dreamer” fue buena muestra de ello, luciéndose Strykes en la parte vocal y saltando al unísono con el bajista. Todo el mundo saltando en la siguiente “Eternal Dark” y coreando el estribillo, con un desatado Laurens Bakker a la batería. “You’re All Alone” fue descrita como la preferida del cantante holandés. “Bombers” pone el punto más nostálgico, como referente de aquel primer álbum de 1980 y Rinus, bajo en mano, se mezcla con el personal, formándose un cuidadoso circle pit a su alrededor. “The Hangman” y “Lady Lightning” cierran una actuación para enmarcar y que va a ser una de las más recordadas en las ediciones pasadas y futuras del Arcanxo.

La tarde iba cayendo y el ambiente estaba ya lo suficientemente caldeado para recibir a las huestes teutonas, Destruction, con gran expectación ante un show especial que celebraba el 41 aniversario de su mítica obra prima “Infernal Overkill”. Un gran telón de fondo, dos paneles laterales y el doble bombo adornados con la portada del citado disco así nos lo hacen saber. A las 21:45 horas, la marcha imperial de Star Wars precede a la salida de Schmier y los suyos, que irrumpen cual ametralladora, provocando con “Invincible Force”, circle pits y pogos que no cesarían a lo largo de la descarga. Caen uno por uno y por orden todos los temas del mítico disco. “Death Trap” que nos vuela la cabeza y “The Ritual”, donde la dupla Martin Furia/ Damir Eskic sincroniza movimientos con el famoso bajista. Tras un breve descanso, Randy Black introduce, desde su batería, “Tormentor”, con frenética actividad de banda y público. La voz desgarradora de Schmier nos recuerda la historia de este disco antes de acometer uno de sus temas fundamentales: “Bestial Invasion”, pasándonos por encima cual apisonadora con sus riffs, mientras el personal se bate en frenéticos circle pits e imparables crowd surfing. Junto a “Antichrist”, es uno de los temas que más frecuentan sus repertorios, no tanto como la instrumental “Thrash Attack” y “Black Death”, tema de más de siete minutos, que nos presenta Schmier y que tuvimos el privilegio de disfrutar en este especial directo. El sonido rozó la perfección, desde mi punto de vista, volumen, nitidez, crudeza en su justa medida. Terminado el recorrido por el homenajeado álbum, la banda abandona el escenario para regresar de nuevo con un puñado de temas que comienzan con “Curse The Gods”, iniciando otro buen repaso por el que fuera su segundo y bestial trabajo de 1986: “Eternal Devastation” “Estamos celebrando el heavy metal en Galicia” nos espeta Schmier ante los primeros acordes de “Life Without Sense”, guitarras dobladas y endiablado solo de Damir. Últimos coletazos con dos clasicazos de la banda, que no podían faltar como remate: “Mad Butcher” y “Total Disaster”. Se despide Schmier deseando suerte a la selección española de fútbol que jugaría al día siguiente la final del mundial, aunque ellos fueron los verdaderos triunfadores de la jornada.

Ciertos problemas técnicos con el ajuste de la batería de Venon Inc., provocaron un ligero retraso en la salida de la banda británica al escenario. Cuando lo hacen, abren con “Ave Satanas”. El trío se dispone en el centro de la tarima, bañados todo el tiempo por luces blancas, a veces, intermitentes, que se apagan, por momentos, provocando segundos de oscuridad extrema, como el propio sonido que nos inunda. Recorrido por sus dos discos de estudio del 2017 y 2022, respectivamente. Temas como “War”, “There’s Only Black” o “Blackened Are The Priests”, sientan las bases de una actuación intensa, contundente, donde el señor Tony “Demolition Man” Dolan muestra su saber hacer y estar, una presencia escénica que copa las miradas pero que no protagoniza solo, ya que un espléndido Curran Murphy “Beleth”, a la guitarra, no dejaría títere con cabeza, entre los aún supervivientes de la descarga anterior de los germanos. En “Cursed” la complicidad instrumental entre Demolition Man y Beleth nos da muestras de lo bien empastada que se encuentra la banda. JXN desde la parte superior de la tarima, aporrea la batería sin piedad. El público se muestra entregado y disfrutando del combo que surgió como una alternativa paralela a la alineación oficial de la legendaria banda Venom, liderada por Cronos. “Come To Me” e “Inferno” son dos muestras más de lo a gusto que se ve a los tres componentes, dando muestras de divertidos diálogos entre instrumentos, sin perder contundencia. El sonido resultó, en ocasiones, embarullado, pero solo desde las primeras filas, puesto que en el resto del recinto se apreciaba con mayor claridad. Sorprenden con “Live Like An Angel (Die Like A Devil)” de la primera andadura de Venom, allá por 1981, para retomar con una divertida “Black N’ Roll”. Un apretado set que finaliza con la versión de MötorheadThe Hammer”. Buenas sensaciones las que nos dejaron Tony Dolan y sus acompañantes, señal de que a Venon Inc. aún le quedan capítulos por escribir en esto del metal.

Bien entrada la noche y, a pesar de que el cansancio ya iba haciendo mella en algunos de los presentes, nos quedaba aún una descarga de alto nivel. Y es que los deathmetaleros melódicos Wolfheart salieron con un grado de potencia, que los iba a situar a la altura de sus predecesores. “Ancient Cold” da buena muestra de ello, Lauri Silvonen, al bajo, hace los coros junto a un inamovible Tuomas Saukkonen a la voz principal, que ejerce de maestro de ceremonias. Impasible en el centro de un escenario adornado con un gran telón. Las melodías bestias y armoniosas a un tiempo nos transportaban a la frialdad nórdica. Tras un imponente “Ghost Of Karelia”, pequeña pausa para hidratarse, mientras suenan bases pregrabadas que dan paso a que Saukkonen presente la banda y agradezca que, a pesar de las horas, haya aún público, que todavía tiene ganas de pasarlo bien y embarcarse en un circle pit mientras suena “Breakwater”. La actuación de los finlandeses fue siguiendo una misma línea, temas épicos, un poderoso vocalista (el mejor de la jornada) cuya voz retumbaba hasta en la última esquina del recinto del Arcanxo. La entrega de los presentes se evidencia en temas como “The Hunt”, muy aplaudido, que junto a “Grave” y “The Hammer” ponen el punto final a una actuación sólida, directa y que fue la puntilla para muchos de los presentes.

Sin embargo, esto no había terminado todavía. A esta tercera edición del Arcanxo Festival le quedaba una bala por agotar y ésta sería la aportada por los locales Raze. Los de As Pontes de García Rodríguez no se amilanaron ante la difícil tarea de ser el broche de oro del festival. Practican un thrash entretenido, de afilados riffs y ágiles solos de guitarra, a cargo de Liber (Strikeback). Cayeron temas de su último EP “So Mad”, como “Into The Coven”, así como del “Grave For The Weak”, con una ágil y bien recibida “Lethal Injection”. Los gallegos manifestaron tablas, velocidad y furia, buena base rítmica y gran trabajo de Sebas a los parches. En “Dirty Green Stickers” se muestran intrépidos. Vuelven con la propia “So Mad” que presenta el actual vocalista de la banda, Maca. Les quedaba poco tiempo a los gallegos y lo aprovechan sin dilación volviendo a su primer trabajo del que suenan “Operation Enduring Freedom” y “Crime, Scene, Do Not Cross” que pone el punto final.

Nos fuimos con una enorme sonrisa en la cara y con una sensación de desconcierto, ¿cómo un humilde festival pudo haber conseguido sacar adelante una edición con ese nivel de calidad, desde la comodidad, los precios asequibles y un entorno envidiable? Sea como fuere, lo consiguieron y nos quitamos el sombrero ante la organización. ¡Por muchos años más de Arcanxos!

Texto y Fotos: Erundina Artidiello

Crónica: Arcanxo Festival (Viernes, 17/07/2026)

Pisamos por primera vez las tierras gallegas del Valle del Tea, un espacio natural en el que se desarrolla el Arcanxo Festival. En esta, su tercera edición, nos encontramos un cambio cuantitativo y cualitativo respecto al cartel presentado, dos días, en lugar de tres y un elenco de bandas internacionales y nacionales, emergentes y de renombre, combinando distintos estilos dentro del metal.

Un reclamo importante para acudir pero que, como pudimos comprobar, no sería el único. Y es que contar con un entorno como el de A Freixa, a kilómetro y medio de la localidad de Ponteareas, con zona gratuita de acampada y playa fluvial, justo al lado del recinto del festival es todo un privilegio añadido. Respecto al recinto, la palabra que lo define es comodidad. Zonas de descanso con sombra y todo lo necesario a mano. Se nota el trabajo de la organización y la sensación de estar como en familia, algo que se echa mucho de menos en los grandes festivales.

Así que, solo quedaba disfrutar de la oferta musical del día, comenzando la fiesta a las seis en punto con los locales Titano. Sin más aditivos que su presencia, la banda arrancó con la fuerza descomunal que le confiere su frontman Triple M, una de las voces más potentes de la jornada. Presentaban los vigueses su E.P “Apex”, una propuesta cargada de técnica y de una mezcla interesante de sonidos dentro del estilo deathcore, que, como ya habíamos degustado en el reciente Breakdown Fest asturiano (crónica), nos muestran que puede llegar a ser una banda de gran proyección.

No faltó en su descarga la versión del “Disengage” de Suicide Silence y la parada en la que Dyable y Elvis Hernández se lucen en lo instrumental con un solo y un fondo de sintetizadores. Era también el cumpleaños de Aarón, su bajista, quien se unió al público y terminó en volandas. Una coreada “The Apex Is Here” y “Deo Vashara” completan media hora de actuación en la que animaron sin parar a los más madrugadores, bajo un sol de justicia. Turno para los djs que amenizaban la espera del cambio entre banda y banda desde un lateral de la barra del bar. Se lo curraron muy bien a lo largo de las dos jornadas.

Y salen unos jovencísimos Sarcator, como se tiene que salir, a romper con todo. El de los suecos era uno de los directos que más ilusión nos hacía ver y es que su álbum debut fue considerado como uno de los mejores discos del año 2020 en el circuito thrash, así que, tocaba comprobar cómo defendían su propuesta. Pues fácilmente pusieron al Arcanxo patas arriba desde los primeros acordes. Velocidad, actitud, unos riffs endiablados, movimiento, complicidad entre guitarras y bajista, vamos, los ingredientes necesarios que definen a una banda thrasher. El sonido no fue tan nítido como en Titano pero su blackened thrash caló en los presentes que se animaron con los primeros circle pits. Una energía tan contagiosa que la valla sufrió lo indecible con las embestidas de la gente.

Nos comenta Mateo Tervonen que es la primera vez que tocan en España, así que aprovecharon bien la ocasión para dar un repaso a su discografía. Caen temas como “Perdition’s Hand”, la versión de los Anti CimexDogfight” y “Devil Sun” de su álbum del 2022 “Alkahest”, que dicen no haber tocado antes en directo. Le meten aún más velocidad, si cabe para ir terminando con la que da título a su álbum del pasado año “Swarming Angels & Flies” dejando patente el nivel que estaba teniendo ya esta edición del Arcanxo.

Con un nombre tan sugerente como De l’Abîme Naît l’Aube (D.A.N.A. – Del Abismo nace el Alba) sabíamos que nos esperaba una propuesta muy distante a lo vivido hasta el momento. La danza entre pasajes atmosféricos y desgarradores toques de post-metal, junto a una puesta en escena mágica y cargada de simbología, nos iban a enganchar al instante. Salen al escenario, adornado con un gran telón de fondo, además de elementos vegetales, plumas y cuencos, los seis componentes de D.A.N.A. como en una especie de rito iniciático, vestidos de blanco, descalzos y donde no faltó el incienso aromatizando el recinto. Esta emergente banda de origen suizo venía a presentarnos su maravillosa ópera prima “Rituel: Initiation” de la cual desgranaron cuatro temas. Brillaron no solamente en lo musical sino también por su cuidada interpretación escénica, donde destacan los dúos entre Sébastien y Fantine, los diálogos bajo-gong y el modo en que daban por concluido cada tema.

Contaron, para la ocasión, con la presencia de la guitarrista del dark folk trio Ataraxia, que sustituía al guitarrista original y, desde mi punto de vista, creo que aportó un toque más de misticismo. Lograron mantener absorto al ya numeroso público congregado en el recinto, hasta tal punto, que, si bien en los primeros temas se podía oír el murmullo de la gente hablando, a partir de «Le Vertige D’une Descendance” consiguieron acallar, al menos, a las primeras filas, logrando una especie de trance, algo más que meritorio tratándose de un festival. No le hizo justicia la hora de actuación a los suizos, ni tampoco el sol lacerante de la tarde. Deseamos poder disfrutarlos en sala o en un ambiente más propicio y, desde luego, recomendamos seguirlos de cerca.

Nuevo giro estilístico con la presencia en el fondo del escenario de un gran telón negro con el logo de Induction. La banda de power metal sinfónico da comienzo a su actuación, poco después de las nueve de la noche, aún con mucha luz, pero ya sin las molestias del sol, abriendo con “Beyond Horizons” y “Dark Temptation”, con un sonido todavía un poco deficitario, que va a ir mejorando a partir del tercer tema, logrando una actuación, en su conjunto, bastante notable. Conscientes de que su música no es metal extremo, pero metal, al fin y al cabo, como señala su vocalista Gabriele Gozzi, Induction dieron buena cuenta de lo que saben hacer: destacados solos como el de Justus Sahlman en “I Am Alive”, guitarras dobladas en temas como “Love Kills” y la voz cuidada y nítida de Gozzi.

Como anécdota, una chica del público pone el punto simpático regalándoles una pegatina de la banda punk gallega A Ras Da Kona. Ya el personal se encuentra totalmente despierto y se une a los coros de “Steel And Thunder”. Tim Hansen (hijo del mítico guitarrista de Helloween) se luce en sus duelos con Sahlman y nos recuerda su paso por el burgalés Zurbarán Rock y que siguen de gira. Y ya, para terminar, rematan con “Gods Of Steel”, un tema que solo se puede degustar en directo y “Queen Of Light” que dedican a las mujeres allí presentes. Actuación agradable, dinámica y de mucha interacción con el público, que no dejó de corear el nombre de la banda en todo momento.

En el presente 2026, el señor James McBain se marcó un tremendo discazo y, mira que no es escasa su discografía precisamente, en los doce años que lleva al frente de su proyecto Hellripper, en el que él lo es todo. Acompañado de músicos para el directo, dieron un recital de black speed sin tregua ni pausa. Sobrios en lo escénico, el escocés es el centro de las miradas. Abre con la fabulosa “All Hail The Goat”, tema inicial de su EP del 2019 y sigue con “Kinchyle” de su obra reciente. “Ready for some rock and roll?” demanda McBain antes de espetarnos una “Hell´s Rock And Roll” que enloquece a los presentes.

Circle pits, pogos, se desata la locura y el polvo levantado nos bautiza como si fuese parte del ceremonial endiablado que preside el de Aberdeen. Las vallas son testigos de un nuevo subidón de energía durante “Black Arts & Alchemy” y “Hunderprest”, la que abre su flamante “Coronach”. Provocador en todo momento, nos pregunta si estamos cansados justo en el clímax de su actuación. La respuesta sigue siendo contundente, mientras una entrada salvaje del bajo nos anuncia “The Affair Of The Poisons”. Gran labor la de los músicos que acompañan a McBain, quien baila, toca, hace headbanging sin perder un ápice de velocidad. Cerrando con una “Bastard Of Hades” cantada al alimón con el guitarrista y donde suena un fragmento del “Angel Of Death” de Slayer, la de Hellripper fue una muy notoria actuación, muy disfrutada y rozando el sobresaliente.

Ya metidos de pleno en la noche, esto no podía más que mejorar. La multitud estaba expectante ante el plato fuerte de la jornada: la presencia de una de las formaciones fundadoras del death metal melódico, Dark Tranquillity. Un enorme telón, simulando un cielo estrellado, que iba variando de tonalidades a lo largo de la actuación con un juego de luces entre azules y rosadas, acompañaron a los suecos en su magistral puesta en escena. El carismático Mikael Stanne, pletórico en todo momento, completa la formación ya situada y a punto de iniciar con “The Wonders At Your Feet”. Estos pioneros de lo que fue el “Gothenburg Sound” sentaron cátedra tras “Hours Passed In Exile” y “Unforgivable” y esto no había hecho más que empezar. Martin Brändström se luce a los teclados en un muy aclamado y coreado “Atoma”. La pesadez atmosférica de “Nothing To No One”, interpretada con más garra por Stanne, acompañado por el juego de guitarras entre Johan Reinholdz y Peter Lyse Karmark, dio paso a “The New Build”, otra muestra arrolladora del buen hacer de los suecos, que invitaba a reventarse el cuello.

Pequeña pausa para presentar “Cathode Ray Sunshine”, destacando el elegante diálogo guitarras – teclado, que confiere ese tono melódico tan característico del género. En la misma línea, le sigue “Terminus (Where Death is Most Alive)”, comunión total con el público, que acompaña puños en alto. Nuevo cambio de registro y el infatigable frontman presenta “Not Nothing”, un tema más relajado que daría paso a la última parte del recital con temas tan emblemáticos como “Punish My Heaven” de un álbum clave en su discografía como el “The Gallery”, que cumple ya 31 años, “Phantom Days” y “Last Imagination”, donde la banda se toma un respiro y el teclista destaca, una vez más, con un solo. La traca final quedó reservada para el trío de ases: “Lost To Apathy” (fabuloso Peter Lyse Karmark aquí), “Therein”, tema de 1999, como bien nos recuerda Stanne y la mítica “Misery’s Crown”. Lujazo de actuación a la que solo achacamos que el sonido estaba extremadamente alto, llegando, en ocasiones a resultar molesto, aún en la parte de atrás del recinto.

Finalmente le tocó a la banda madrileña Endernity cerrar la jornada, con una selección de versiones de Metallica y Pantera. Insistieron en comentar que ellos tienen también temas propios pero que se les había solicitado desde la organización del festival, hacer este repaso a los temas míticos que todos conocemos y convertir en un gran karaoke a un recinto en el que aún resistía un buen número de personas. Y así fueron cayendo “Creeping Death”,“For Whom The Bell Tolls”, “One”, “Seek And Destroy”, etc. para luego cambiar de instrumentos y de registro, interpretando “Cowboy From Hell”, “Walk”, “This Love” o “Domination”, con un Manu que manejó a la perfección ambos registros y que realizó a mano alzada una encuesta para saber qué banda, de las dos versionadas, era la preferida. Gana Pantera para su asombro, ya que dice que incluyeron más temas de Metallica en su setlist. Creo que nadie se lo tuvo en cuenta.

La jornada había sido espléndida, superando con creces nuestras expectativas. Excelente organización, sonido, comodidad, solo nos quedaba descansar y repetir al día siguiente.

Texto y Fotos: Erundina Artidiello

Crónica: The Poodles + Heaven’s Gate + Doro (Zurbarán Rock 11/7/2026)

Mucho y bueno se lleva hablando estos últimos años del Zurbarán Rock burgalés, así que casi en caliente arrancamos nada más terminar las obligaciones laborales, rumbo a la denominada capital del frio. En estas fechas, evidentemente de frio nada, al revés, pero no es impedimento para que al llegar viéramos una multitud congregada delante de The Poodles. Reconozco mi total desconocimiento sobre la banda, grosero error por mi parte, José Ángel, nuestro alma mater de H.M.B. y compañero de viaje ya me dio buena cuenta de ellos durante el camino.

Pillamos el bolo empezado, pero pudimos disfrutar de una buena dosis de hard rock por parte de unos suecos que tienen algún ilustre en sus filas como Pontus Norgren de los también suecos Hammerfall y Pontus Egberg (King Diamond, Treat, Wolf). Rock enérgico y disfrutón con un gran maestro de ceremonias como es Jakob Samuel y un buen puñado de temas como «Like No Tomorrow» , «Seven Seas» o «Night Of Passion» que hicieron las delicias del respetable.

Aprovechando los sonidos contemporáneos de Khorea fuimos saludando a la multitud de asturianos allí congregados, y pillando sitio de privilegio para ver a lo que queríamos ver. No es una reunión al 100% de los alemanes Heaven’s Gate, falta el carismático Thomas Rettke, que casualmente cumple años esta misma semana, sustituido por el todoterreno Herbie Langhans (Avantasia, Firewind,…) del que personalmente tenía mis dudas, pero estuvo totalmente a la altura de la leyenda alemana. Y es que visto lo visto en la explanada de El Plantío eramos muchos los nostálgicos de Sascha Paeth y compañía, cantando cada una de las canciones como si de hits se tratase. La primera en la frente, «Under Fire» nos ponía en antecedentes de que los alemanes nos iban a dar una buena dosis de power heavy metal.

«Hell For Sale» y «Path Of Glory» fueron ejemplo de ello, mientras veíamos a unos activos Robert Hunecke-Rizzo al bajo y Bonny Bilski a la segunda guitarra y a un publico totalmente entregado. Quizás demasiado pronto nos regalaron el himno «Livin’ In Hysteria«, donde a parte de disfrutar de semejante joya, casi todas las miradas cayeron sobre el bueno de Herbie, del que salió airoso ante esos tonos altos de Thomas que todos tenemos grabados en la retina. En uno de los momentos que Herbie se dirigió a la gente, reconoció adorar a la banda cuando era joven, bueno, no dudaré de sus palabras, pero me recordó a esos futbolistas que besan el escudo nada más fichar por un club y saltan con esa de que eran fans de “shiquititos”. Se lo perdonaremos, porque nos rescataron unos cuantos clásicos de la banda como «Gate Of Heaven» o «In Control» y tanto a mi como a muchos de los allí presentes nos hicieron pasar un grandísimo rato del que seguramente nos quedaron ganas de más.

Esperemos que al paralizar la actividad de Avantasia tengamos más oportunidades de dejarnos la garganta rememorando a una leyenda del heavy metal. Reposición de líquidos, tarea no poco fácil, ante la pila gente congregada, pero necesaria para nuestras fuerzas y para las de un Zurbarán gratuito con unos precios de chigre de barrio. Encomiable la labor de los que organizan este maravilloso festival.

Momento para la reina indiscutible del metal, lo demuestra en cada concierto que da. Carisma, una gran banda detrás y un buen puñado de canciones, que más se puede pedir??? La respuesta no fue menor, recinto abarrotado,desde minutos antes de las 23 horas en que Doro Pesch se subió al escenario. Se manejan cifras de asistencia cercanas a las 20.000, casi nada.

El show, en su línea, entre llamaradas de fuego la alemana irrumpió en el escenario como sólo ella sabe hacer, desbordando simpatía y energía a partes iguales con dos clasicazos, «Earthshaker Rock» y la mítica de Warlock «I Rule The Ruins«, seguido de un “buenas noches Burgos”. Con tan poco o tan mucho ya tiene a los presentes a sus pies, insisto, si es la reina es por algo.

Como viene siendo habitual en sus últimos años hace un repaso a su extensa carrera, canciones como la más reciente «Time For Justice» o repasando otro clásico de Warlock, «Burning The Witches«. Custodiada en todo momento por una excelente banda que nos presentaría al final del concierto, fueron cayendo temas, destacando «Warriors Of The Sea» donde Doro sacó una bandera de España mientras el personal cantaba el estribillo. «Für Immer» fue otro momento emotivo donde la alemana se atrevió a cantar una parte en castellano respondiendo la efusividad abrumadora con un “os quiero”.

«Fire In The Sky» y la acelerada «Metal Racer» fueron la antesala del único pero del show, un solo de batería demasiado largo y aburrido. Que el que escribe estuviera en pie desde las 5 de la mañana, igual tuvo algo que ver en la repunancia. Menos mal que la vuelta de la banda es digno de mencionar, «Hellbound» y «Revenge» sonaron con contundencia para preparar un final acorde para una reina con el himno «All We Are«, estribillo coreado hasta el infinito.

Si fuera poco «True As Steel» y su particular visión del «Breaking The Law» sirvieron de colofón final para la primera actuación de Doro en tierras burgalesas, donde la alemana vuelve a salir triunfadora, sabedora de como ganarse a la gente, sabedora como pocos, de como hacer un buen show de heavy metal y todo eso se transmite en el cariño y respeto por una dama, por una reina, por una institución dentro del metal.

Y con esto, un cansancio enorme y despedidas varias, nos volvimos para la tierrina con la idea firme de hacer lo posible para que el año que viene poder disfrutar entero el llamado festival gratuito más grande del mundo. Larga vida al Zurbarán!!!!

Texto: José Miguel (LAGO)
Fotos: José Ángel Muñiz / Miguel Rubio

Crónica: Iron Maiden (Resurrection Fest 2/7/2026)

Cita ineludible para los que amamos a la Doncella De Hierro y más aún cuando tocan a escasas dos horas de tu casa. Las huestes de Harris venían hasta tierras gallegas estirando el chicle de su gira “Run For Your Lives”, con apenas un cambio en el set list de la gira del año pasado. Esto no fue impedimento para que salieran esos nervios impacientes mientras suena el ya clásico “Doctor Doctor” de UFO.

Con “The Ides Of March”,se desata la locura entre los más fieles con el mini repaso a sus primeros discos destacando “Phantom Of The Opera” por encima del resto. Capitaneados por un sensacional Bruce Dickinson, que esta vez no se acordó de lo lejos que estaba el aeropuerto, pero si de los que estaban en lo alto del monte viéndolo a lo lejos y de “free”. La verdad que los británicos siguen demostrando, pese a su edad, que son una máquina perfectamente engrasada, ante un sol que apretaba pero que no molestaba gracias a ese viento del norte que tanto envidian muchos del Pajares hacia abajo. Quizás ese exceso de sol perjudica un poco las imágenes proyectadas desde la pantalla, pero se te pasa cuando empieza a sonar ese icónico intro de “The Number Of The Beast” que hizo rugir a casi todos los presentes, digo casi, porque la pega de que los MAIDEN (o los Judas el año pasado) estén en un festival tan heterogéneo como el Resu es que hay parte de la audiencia que está impasible en casi todo momento, incluso alguno, los menos, dando por saco.

La novedad del set list, “Infinite Dreams” para regocijo del 49% de Piratas, y es que si, es una de tantas joyas dentro de la extensa discografía, como también lo es “Powerslave” donde disfrutamos de la dupla Dave Murray y Adrian Smith. Poco se habla de la magia que transmiten estos dos señores con sus solos de guitarra, daría para vídeo Pirata. “2 Minutes To Midnight” con Bruce alentando a las masas para dar, paso a uno de los grandes momentos de la velada, “Rime Of The Ancient Mariner”, me repito, casi 14 minutazos de éxtasis, junto al brillante fondo de pantalla donde nos hace surcar los mares junto a los británicos, como brillante la parte instrumental de uno de los mejores temas de la historia de los Maiden.

Run To The Hills”, tan facilona como necesaria, y donde te dejas la voz si o si, para de seguido disfrutar de otra magnánima pieza, “Seventh Son Of A Seventh Son” con otra proyección impresionante, y otra vez la dupla Dave Murray / Adrian Smith lanzando magia desde sus respectivas guitarras. “The Trooper” hace despertar a los impasibles, quizás que suene 4 veces diarias en la radio rockera episcopal tiene algo que ver. Como siempre Bruce ondeó la Union Jack y en esta ocasión acompañada por la bandera gallega, gran detalle.

Otro gran momento de la noche, “Hallowed By Thy Name”, con un Bruce Dickinson encarcelado hasta que “consigue“ escapar, finge su ahorcamiento y vuelve con la soga en la mano, todo para aderezar uno de los temazos de su historia, la cual estuvo marcada mucho tiempo por la polémica de plagio, pero que sigue siendo imprescindible en un set de la Doncella. Como imprescindible es la homónima de las homónimas, sin duda alguna no es el mejor corte su carrera, pero tiene un algo en directo que la hace ser una pieza fija a la que se añade un Eddie espectacular que parece salirse de la pantalla, y en esta ocasión sirve como colofón para dar un pequeño receso y encarar el final del concierto.

Y vaya final, un pequeño silencio da paso al preludio “Churchill’s Speech” y locura de los más fanaticos con “Aces High”, acompañado de unas fantásticas imágenes que lucieron más aún con la caída de la noche, donde Eddie pilotando su avión recrea la batalla de Inglaterra sobre las aguas del Canal de La Mancha durante la segunda guerra mundial, consiguiendo otro gran momento dentro del show. Otra imprescindible, carne de directo y es que «Fear Of The Dark» es de esos temas que hace gritar hasta el más pusilánime, de hecho, en su momento fue single del ya mítico directo «A Real Live One«. Aquí es donde Janick Gers aprovecha su momento para decir, estoy aquí, yo también se hacer buenos solos y no estoy solo para jugar con Eddie y mover la guitarra, mientras Bruce nos canta todo el tema con candil en mano.

Noche histórica para el Resurrection Fest, las fotos desde el dron son espectaculares, cierre con “Wasted Years”, himno emblemático, uno de los temas con más gancho, con ese mensaje positivo de no pensar en el pasado y disfrutar el presente, tan recurrente en estos momentos si nos referimos a la actualidad de Iron Maiden y otras bandas, donde los años empiezan a hacer mella y donde se vislumbra un final a corto medio plazo. De ahí, saborear todo lo que se pueda de unos IRON MAIDEN mientras tengan fuerzas para seguir y sigan transmitiendo esa magia encima del escenario, capaz de divertirnos y emocionarnos a partes iguales, insisto, pero si no es la última gira será la penúltima. Y es que son indiscutiblemente los reyes del heavy metal, lo demuestran en cada concierto y en cada canción, sino existieran habría que inventarlos.

Saludar a mis amigos y compañeros de viaje, Txenry y David Catañón ( que marcó Austria???), Jose el jeby, a la incombustible Carmen, Pako Maiden y Javi, nuestro gallego favorito. Nos vemos en la siguiente.

Texto: José Miguel «LAGO«
Fotos Móvil: Aurora Menéndez

Crónica: Caballo Moldavo + Strangis Guajes (Gijón 27/6/2026)

Estamos en época de festivales y haciendo un juego de palabras con la obra de Fernando Fernán
Gómez
, parece que «Las salas (no) son para el verano»… Pero a pesar de esto, no nos queríamos perder la presentación del “Marcados” de Caballo Moldavo para el público gijonés. Que sí; que desde su presentación en noviembre hasta ahora han tocado tres veces en Oviedo… ¿Y qué? Si algo me gusta, no voy a perder la oportunidad de volverlo a disfrutar. Además, en mi caso, la presencia en el cartel de Strangis Guajes era un aliciente más. El hardcore no es un palo que yo toque mucho, pero los gijoneses son unos históricos del panorama musical asturiano y merecen el más profundo de mis respetos.

Siempre que puedo, tengo la costumbre de acudir puntual a los conciertos. El ambiente a la puerta de las salas suele ser un buen termómetro de lo que te vas a encontrar en el interior, y he de decir que el panorama el pasado sábado era poco halagüeño. Apenas cinco o seis de los habituales en la puerta del Lucy Club y aún sonando las últimas pruebas de sonido. Un garbeo para tomar un refrigerio y vuelta a la sala a la hora de comienzo del bolo. ¿Y a quien te encuentras a la puerta?; a los músicos de ambas bandas dándonos la bienvenida. Como repetirían en el interior, nos disponíamos a concelebrar un concierto en petit comité (alrededor de quince personas, en el mejor de los casos).

Con el personal ya disfrutando del frescor del sótano, comienzan Strangis Guajes al grito de «¡Vamos Allá!» por parte de Villa. Abren su repertorio con ‘Mi Libre Decisión’. Sin dar un momento de respiro a los asistentes cae ‘Boicot’, y es que parecen decididos a darle un buen repaso a su “S/T” del ya lejano 1994.

En ese momento es Carlos, bajista y coros, el que se acerca a su micro para presentar a la banda y contarnos que es su segundo concierto en Gijón desde 2024, tras su vuelta a las andadas después de 26 años parados. Seguimos con el ritmo endiablado y se arrancan con ‘Quién Si No Tú’. Todos temas de dos/tres minutos… ¡y a fuego! A esas alturas el ambiente está más que caldeado y no sólo en sentido musical, también en el puramente físico, algo que también se nota en el escenario: «¿Qué tal llevamos el calor?»; inquiere el cantante. Y vaya si se nota… A bocajarro nos descerrajan ‘¿Qué Hemos Conseguido?’ y ‘Nada Está Perdido’.

El ritmo sigue frenético. «Nos quedan dos nuestras y dos versiones»: y esos dos temas van a ser ‘Sentido Común’ y ‘Coherencia’. Sus letras, por desgracia, no han perdido vigencia y están de más actualidad que nunca. En lo musical, maquinaria bien engrasada, con base rítmica speedica y la Epiphone SG de Dani rugiendo de forma desgarradora. Decir que la sorpresa para mí fue no encontrar a Gus tras los tambores, aunque el sustituto (desconozco si interino o permanente) cumplió con creces con su cometido. Y quedaban los anunciados covers. He de decir que con el primero, que no fue otro que el ‘Hard Times’ de los neuyorquinos Cro-Mags incluido en aquel “The Age Of Quarrel” de 1986, me llevé una grata sorpresa. Consiguió trasladarme por menos de dos minutos a la adolescencia y a mis primeros flirteos con el thrash y el hardcore punk. Terminaron con el ‘Can’t Tell No One’ de Negative Approach, dejando claro de donde mamaron en sus inicios, aunque a tenor del soporte utilizado para albergar su setlist, se podría decir que también son hijos de Julio Iglesias (careta mediante, ja, ja, ja…).

En resumen, un repertorio rápido e intenso que dejaba al respetable calentito para lo que quedaba por llegar. La descarga de Caballo Moldavo empieza con ‘Bienvenidos Al Valle Del Cielo’, tema perfecto para estos menesteres introductorios y que no tardará en ser una seña de identidad para los de la cuadra. Algunos problemas con el sonido: que si el micro no se oye, que si el bajo no suena… Pero no tardan demasiado en solucionarse. Con las cosas normalizadas, continúan con ‘Alimentándose En Secreto’ y ‘El Cuervo’. El señor Leónidas Hooves se marca dos grandes solos, dejando bien a las claras que el grupo va a poner todo de su parte.

Tras este buen inicio, es el momento para que el Reverendo Troath agradezca a los asistentes su presencia y a Strangis Guajes su acompañamiento: «Estamos en familia». Llega el momento de volver a sus orígenes con ‘Réprobos’. Otro buen solo de Leónidas e incursión del Reverendo entre el público, continuando con ‘El Blues Del Innombrable’. Hasta el momento, el repertorio se presenta calcado al de la Lata de Zinc de hace algo más de dos meses. Va a ser el ’Dirty Black Summer’ de Danzig el que rompa la dinámica de temas propios: primera versión, que no la única.

Retoman la presentación del LP con el tema que le da título: ‘Marcados’. Invitación a pasarse por la mesa del merchand y otro de sus temas bandera: ‘El Pantano’. Aprovechando el interludio instrumental de la dupla Leónidas/Hermano Lynnot, el Reverendo vuelve a bajar del establo; esta vez para llegar hasta la barra y hacerse con cervezas para los cuatro. Y es que, a estas alturas, el ambiente está más que caldeado. Y aún nos queda lo mejor.

Los versos de Octavio Paz declamados por el vocalista dan entrada a ‘Mi Muerte Centinela’. Esta es una de esas canciones que no te puedes quitar de la cabeza; ni la musicalidad, ni la letra. ‘Misa Negra’ no hace más que aumentar la sintonía entre banda y público. La base rítmica brilla de forma especial, siendo el momento estelar de Johnny Liver, que aporrea su instrumento hasta prácticamente quedarse sin baquetas.

Con ‘Revolve’ retornan uno de sus covers de cabecera. Y es que Melvins son sin duda una referencia para ellos. Y para terminar la presentación de su disco no podía faltar ‘Al Otro Lado Del Viento’, desde mi humilde punto de vista, el tema que más gancho tiene de su repertorio. Podían haberse quedado ahí, y habría sido más que suficiente, pero aún les quedaba «desgastar el serrucho». El broche final lo pondría ‘Green Machine’ de Kyuss y es que se nota que los moldavos llevan impregnadas esquirlas de ese stoner de los 90’s.

En definitiva, disco completo presentado, alguna mirada al pasado y un repertorio que ya es familiar para los asiduos. El crecimiento de Caballo Moldavo está siendo exponencial en los últimos años: una propuesta original, diferente, que empieza a necesitar algo más que tocar por Asturias. Aquí ya sabemos cómo se las gastan. ¡Suerte… y a por ello!

Texto: Tômi Röckdríguez
Fotos: Miguel Rubio

Crónica: Black Bomber (Gijón 20/6/2026)

Las actuaciones en sala escasean en estas fechas dominadas por festivales al aire libre, pero quienes disfrutamos del formato íntimo —ese en el que la cercanía con los músicos multiplica la experiencia— tuvimos la suerte de vivir, el pasado 20 de junio, una noche memorable en la gijonesa sala Bola 8. Allí recibimos la segunda visita a Asturias de los leoneses Black Bomber, que presentaban su tercer álbum de estudio, «Heading To Hell» (reseña), del que ya dimos buena cuenta en esta página. Una velada cargada de sorpresas que comenzaron ya en los aledaños de la sala al ver la cantidad de gente congregada, venida de distintas partes de Asturias (Pravia, Puerto de Vega, Oviedo…) e incluso de León. Un preludio perfecto para una noche de reencuentros y camaradería.

La segunda sorpresa, esta vez menos amable, llegó cuando Pedro, guitarrista de la banda, me confesó que su bajista había abandonado el grupo esa misma mañana, justo antes de cargar la furgoneta. Un golpe duro para una formación que bebe directamente de la escuela de Motörhead, y que me hizo temer que el concierto pudiera resentirse. Con esa inquietud crucé las puertas de la sala.

A las 21:45 horas, Pedro Megatherion (guitarra y voces), Isi Gallego (batería), Javi LesPaul (guitarra) y Migui Albatross (voz) tomaron el pequeño escenario. Lo primero que hicieron fue explicar la ausencia del bajista y prometer que la suplirían con una dosis extra de actitud. Y vaya si cumplieron.

Abrieron con “Without Control”, tema que inauguró su discografía en el EP Baptized In Beer (2015), enlazándolo con “Unlucky Man” y “Raise Your Finger Up”, ambos de su primer LP Vol. 1. Desde el primer minuto quedó claro que el sonido era sorprendentemente sólido pese a la falta de bajo, un desafío que resolvieron con solvencia.

Migui anunció que era momento de visitar su último trabajo, comenzando por la homónima “Heading to Hell”, durante la cual Javi se lanzó por primera vez al foso para ejecutar un solo entre el público, que lo recibió con fervor. La sala, a estas alturas, era un auténtico horno, y solo estábamos empezando.

Sin descanso, atacaron “Rot In Jail”, un tema donde la sombra de Lemmy es especialmente evidente, para después regresar a su anterior álbum con “Blacklisted”. La voz rasgada de Migui encajaba a la perfección con el sonido crudo de las guitarras y la batería demoledora de Isi. Con “Rock ’N’ Today, Hangover Tomorrow” volvieron a su último disco, provocando los coros más multitudinarios de la noche. Un tema diseñado para el directo, con un estribillo pegajoso que invita a cantar.

Siguen recorriendo su discografía con “The Arsonist” y “My Fuckin’ Motorbike”, dos piezas de su primer LP que permitieron a quienes no conocíamos en profundidad su trayectoria apreciar su evolución musical: del rock más directo de sus inicios a un sonido más pulido y contundente. “You’re Wrong” dejó uno de los solos más potentes de la noche, con Javi nuevamente entre el público y Pedro y Migui recorriendo el escenario sin descanso. La complicidad entre ellos era evidente, y su disfrute contagioso.

El fantasma de la falta de bajista volvió a aparecer varias veces a lo largo de la actuación, más como desahogo emocional —sin duda les supuso un palo doloroso— que como queja técnica pues el sonido era demoledor. En un momento dado, incluso hicieron un “casting improvisado” preguntando si había algún bajista entre el público. Juanjo (Edén) subió al escenario para brindar con ellos, aunque sin llegar a tocar.

Tras este pequeño respiro tocaba incendiar de nuevo la sala con la muy apropiada “Burn Your Church”, que enlazaron sin respiro con “Outlaw”. El público intuía que el final se acercaba y comenzaron los tímidos gritos de “¡Otres tres!”, a lo que Migui respondió afirmando que todavía les quedaban algunas balas más en el cargador.

Sonaron “Beware Of Me” y “Whisky Priest”, uno de los temas más adictivos de su último trabajo gracias a su riff pegajoso, quizá el único momento donde la ausencia del bajo fue más notable. Siguen con la rápida “Lords Of War”, con la dupla de guitarras echando el resto y supliendo con nota la carencia mencionada.

La traca final comenzó con “Rock’n’Roll Overdose”, coreada y bailada pese al calor sofocante, y culminó con su himno “Black Bomber”, con Migui entre el público compartiendo el micrófono con los asistentes.

Pero no podía ser el final. Todos, músicos y público, estábamos con ganas de más y, tras la insistencia del famoso cántico ¡Otres tres! y pese a afirmar que no sabían ningún tema más, se arrancaron con una improvisada versión de “Ace Of Spades” un homenaje inevitable a su mayor influencia que puso el broche de oro a una magnífica actuación.

En definitiva, una gran noche de rock’n’roll sin concesiones de esas que cualquier amante del género —y especialmente de Motörhead— sabría apreciar. En mi caso, superó con creces mis expectativas. Si tienes ocasión de ver a Black Bomber, no lo dudes: su directo es pura energía.

Agradecer a la sala Bola 8 las facilidades brindadas, a la banda su cercanía tanto antes como después del concierto, y enviar un saludo especial a los muchos amigos y conocidos que allí nos congregamos. Que nunca nos falten noches como esta. Nos vemos en la siguiente; hasta entonces, salud y rock and roll.

Texto y Fotos: Miguel Rubio

Crónica: Sonny Vincent (A.M.C. Bocanegra 30/5/2026)

El punk no es una cuestión de juventud, sino de pura supervivencia. Ver a Sonny Vincent subirse a un escenario a sus casi 74 años es la prueba viviente de que la energía arrolladora de los pioneros de la escena punk rock neoyorkina de los 70 sigue corriendo por sus venas de forma salvaje y se mantiene intacta al paso del tiempo. Después de varios conciertos en Alemania en febrero, el legendario artista decretó que mayo de 2026 sería el momento del regreso definitivo: dieciocho fechas por toda España bajo un nombre que no dejaba lugar a dudas, The Return of Sonny Vincent – Iberian Tour 2026.

Para comprender el peso emocional de este regreso, es obligatorio mirar hacia atrás, al abismo de una década de silencio absoluto que lo precedió. En 2016, un trágico incendio en su hogar de Carolina del Norte devastó su vida. Su hijo, su nuera y su nieto sufrieron quemaduras de extrema gravedad. Sonny abandonó la música y los escenarios para convertirse en el pilar de su familia. Su nuera no logró sobrevivir a las heridas, pero tras años de una durísima batalla, su hijo y su nieto han conseguido ir recuperándose paulatinamente. En esa lenta y dolorosa reconstrucción familiar, Sonny volvió a encontrar la chispa necesaria para colgarse la guitarra y retomar los escenarios.

El pasado sábado 30 de mayo, esta desgarradora historia de resistencia hizo una parada en Valles, una diminuta aldea de menos de 80 habitantes, escondida entre las imponentes montañas del concejo de Piloña. El milagro de llevar a un mito de la «Gran Manzana» a un paraje de cuento fue obra de la Asociación Bocanegra, un colectivo que celebra ya 18 años de trabajo y aportaciones culturales en esta zona rural asturiana.

Y para acompañar al legendario vocalista, compositor y guitarrista estadounidense, con una carrera musical que abarca más de 3 décadas y 28 discos, se rodeó de los músicos barceloneses Alex “Carmonkey”, batería de Cachemira, Martí “Cleve” Carter a la guitarra y Oscar “Jawa” al bajo, éstos dos últimos miembros de la banda The Capaces, quienes ya habían acompañado al artista neoyorquino en su último tour por la costa este de los EE.UU.

Pasados apenas cinco minutos de las once y cuarto, la hora prevista para el inicio del concierto, Sonny Vincent se subió al escenario vestido completamente de negro y con muy buen aspecto, escoltado por los músicos catalanes. No acusaron ningún signo de cansancio, a pesar de hacer doblete, ya que Sonny y sus músicos venían en furgoneta desde Reinosa, donde por la mañana habían ofrecido un concierto en sesión vermut. Sin discursos ni ceremonias, abrieron fuego con “My Guitar”, un misil de menos de dos minutos extraído de su álbum «The Good, The Bad & The Ugly« (2003) que caldeó el ambiente de forma instantánea.

Durante 45 minutos no hubo tregua. Canciones cortas, frenéticas, muchas por debajo de los dos minutos, como si cada una fuera un puñetazo bien dirigido. Entre las más “largas”, si es que tres minutos pueden considerarse largos en el universo punk de Sonny Vincent, sonaron «Hey You», «Juicy Lucy» y «Jockers And Clowns». La más extensa de la noche fue «Always A Catch«, con sus 4 minutos y 31 segundos que parecieron un pequeño maratón dentro del set.

El bloque más salvaje llegó con una ráfaga de temas velocísimos, cuya energía invadió toda la sala: “Bad Attitude”, “Part 2 Screw You”, “Madras Prison”… apenas tiempo para respirar entre uno y otro. Acto seguido, la banda asaltó “The End Of Light”, corte de su disco en solitario «Snake Pit Therapy« (2021), y que comparte título con su libro autobiográfico, disponible esa noche en el puesto de merchandising.

Uno de los puntos álgidos de la velada llegó con la electrizante “Aw Maw”, clásico editado originalmente como sencillo por su banda Liquid Diamonds, que hizo vibrar los cimientos de la sala. Sin levantar el pie del acelerador, continuaron con la más reciente “Silver”, incluida en la edición estadounidense de «Spiteful«, donde colaboraron figuras como Glen Matlock (Sex Pistols) y Rat Scabies (The Damned), seguido de cerca por la cortísima «Come For You«, de ritmo frenético y el ambiente terminó de incendiarse con “Let’s Get Zooed Out” y “Mk Ultra”, dos misiles de su época en Testors.

El cierre oficial llegó con “Shameless Face”, también de «Spiteful«, tras la cual la banda abandonó el escenario. Pero el público, entregado, no estaba dispuesto a dejar marchar a Sonny Vincent y sus músicos tan fácilmente. Entre gritos de “¡otres tres!”, a los pocos minutos regresaron para un bis improvisado con temas fuera del setlist, pertenecientes a la época de su mítica formación de los setenta, Testors. Sonaron entonces los demoledores «Motor Drive» «I See». Sobre el escenario, el batería Carmonkey y los músicos de The Capaces demostraron una compenetración salvaje, imprimiendo toda la fuerza, rabia y contundencia de la música original de Testors. Un broche de oro de puro punk neoyorquino que dejó la sala vibrando.

Al encenderse las luces, el puesto de merch se convirtió en el punto de encuentro idóneo para asimilar la descarga. Allí tuvimos la oportunidad de adquirir algún recuerdo, hacernos unas fotos y charlar con Alex, Martí y Oscar. Los músicos catalanes, clave indispensable para confeccionar esta crónica, compartieron con nosotros un puñado de impagables anécdotas de carretera y recuerdos vividos junto al propio Sonny Vincent. Algunas de esas historias —las confesables— sirven también para dar color a esta crónica. Porque lo que ocurrió en Valles no fue solo un concierto: fue un acto de resistencia, un recordatorio de que el punk no es una estética ni una pose, sino una forma de seguir adelante cuando todo lo demás se derrumba. Y Sonny Vincent, a sus casi 74 años, lo encarna mejor que nadie.

Por mi parte, solo queda agradecer como siempre a los compañeros y amigos de Heavy Metal Brigade por el apoyo, a las pequeñas asociaciones como la Bocanegra por sus 18 años de supervivencia y enriquecimiento cultural en el entorno de Valles (Piloña), a Carmonkey y a los músicos de The Capaces por su ayuda a la hora de dar forma a esta crónica y a todos los que nos seguís y apoyáis la música en vivo. Nos vemos próximamente…hasta entonces que el rock & roll no deje de sonar!!! 

Texto y Fotos: Aurora Menéndez