Entrevista: Chus Westhia (In-Sanity, Rock & Rockets)

Nuevo episodio de la serie de entrevistas que Edu Meier realiza a rostros reconocibles de nuestra escena. En esta ocasión el protagonista es Chus Westhia, bajista en bandas como Asthma, Hysteria, Westhia, In-Sanity o Rock & Rockets. Siempre agradecidos por la aportación, Edu, Chus, adelante con el interrogatorio.

Edu: Hola Chus, fíjate que aprovecho una efeméride de la web para hacer muchas cosas, desde pedirte amistad, a hacerte una entrevista jajaja, además incluso cambiamos el contenido. Comencemos; ¿Cuál es la esencia de tu música y cómo crees que te han influido otras bandas del género?

Chus: Pues creo que la esencia de mi forma de tocar es transmitir emociones o sensaciones a través del rol rítmico de mi instrumento que es el bajo. Intento adaptarme a lo que cada canción me sugiere y darle «groove» al tema o contundencia según pida la canción, o tenga en mente el compositor del tema. Me gusta ese rol de actor secundario en la música, vestir y aportar a las canciones de los demás y sobre todo hacer equipo con el batería. Cuando consigues sonar engranado con el batería es orgásmico.

¡Las bandas del género? Pues obviamente me han influido en todo. Lógicamente Iron Maiden, Metallica, Helloween, Anthrax, Pantera, Black Sabbath etc. te influyen en como ves la música desde tu instrumento y según maduras vas incorporando cosas de otros estilos ajenos al metal. Intentar aprovechar esos recursos y traerlos a tu terreno forma parte de la evolución del músico y también es un reto para mi.

Edu: Cuéntanos sobre tu proceso creativo al componer canciones. ¿De dónde sacas inspiración para tus letras y melodías?

Chus: Como compositor compongo para mi en casa, sobre todo temas instrumentales hechos con capas de bajos fundamentalmente melodías, armonías, voces, etc. Ahí me influye mucho un estilo de música más cercano a “Two Steps From Hell” y cosas así que me molan un huevo. Algún día ordenare las cosas que tengo y las grabare un poco mas seriamente…. cuando sea mayor y tenga tiempo, imagino jajaja.

Como bajista en una banda sobre todo intento explotar mas el lado rítmico o «groove» de los temas. Me gusta el reto de intentar estar a la altura de los temas e intentar hacerlos crecer desde mi instrumento.

Edu: ¿Cómo te preparas para los conciertos en vivo? ¿Tienes alguna rutina o tradición antes de subir al escenario?

Chus: Pues la semana antes de un bolo suelo tocar todos los días una vuelta al repertorio y beberse unas cervezas con la banda antes de salir a tocar es una buena rutina siempre.

Edu: En tu opinión ¿Cuáles son los desafíos más grandes que enfrenta la comunidad del metal en la actualidad y cómo crees que se pueden superar?

Chus: Pufff para mi el punto flaco es que ya no hay la escuela underground que había en los ochenta y noventa. No había los equipos, medios, ni conocimientos que hay hoy pero si muchos bolos donde poder tocar, mucha colaboración entre bandas, muchos garitos que te permitían fogearte y que la gente te conociera. También habia muchos festivales autoproducidos con mucha colaboración entre bandas para sacarlos adelante con muy buen rollo, independientemente del género que tocara cada grupo. Y eso generaba mucha afición de gente por ir a los conciertos y de ahí a querer tocar en un grupo hay un paso. Había pocos medios, pocos conocimientos pero muchas ganas. Hoy no hay esa posibilidad de rodarse ante publico frecuentemente que tuvimos nosotros por la persecución vergonzosa que se ha hecho a la música en directo en Asturias en los últimos 20 años. Yo creo que eso también hace que no haya gente que se meta en el rollo de ir a conciertos y descubrir este mundo desde guajes y por tanto no haya relevo. Para superarlo tirar abajo esta censura a la música en directo me parece lo fundamental.

Edu: Como una persona que lleva ya una larga trayectoria en el género del metal. ¿Qué mensaje te gustaría transmitir a la gente que conoces del mundillo y a aquellos que aún no lo conocen?

Chus: Pues que esto es para toda la vida, te hace crecer como persona, conocer un huevo de gente y vivir un montón de experiencias inolvidables. Una vez que te pica este veneno es muy difícil dejarlo. A la gente del mundillo le diría que somos cuatro gatos y que a ver si remamos todos en la misma dirección y dejamos de lado mongoladas. Que a veces parecemos mas el Sálvame De Luxe que una comunidad underground.

Edu: ¿Qué papel crees que juega el metal en la sociedad actual? ¿Crees que hay estereotipos negativos asociados con este género musical? Si es así ¿Cómo crees que podemos enfrentarlos?

Chus: Para mi el metal es una catarsis , te desprendes de la violencia, la ira y la frustraciones de la vida diaria gritándola a los cuatro vientos. ¿Estereotipos? Todos los que te quieran poner pero… ¿A quien le importa?

Edu: ¿Cuáles son tus metas y ambiciones para el futuro? ¿Tienes algún proyecto especial en mente?

Chus: Seguir disfrutando, aprendiendo y viviendo todas las experiencias que pueda de este mundillo.

Edu: ¿Cómo describirías tu relación con la gente que asiste a un concierto vuestro?

Chus: Siempre positiva y ampliando la familia en cada concierto que vamos conociendo gente nueva.

Edu: Cuéntanos una experiencia memorable que hayas tenido en tu carrera y aquella que no fue tan bonita. ¿Cómo te han impactado esas experiencias?

Chus: Pues creo que la mejor experiencia a sido todo lo vivido con Westhia. Desde los barrigazos que dimos por el mundo peleando contra la adversidad, toda la gente que conocimos, que nos apoyo y nos siguió, la experiencia de grabar discos, de estar en festivales muy guapos y la aventura de ir por el mundo con los colegas todos a una y viendo como crecía la banda. La peor pues creo que fue la disolución del grupo cuando más lo estaba disfrutando y el aprendizaje que saque es que la vida es dura y disfruta el momento que nada es para siempre.

Edu: Finalmente ¿Qué consejo le darías a alguien que está empezando en el mundo de la música y del metal?

Chus: Paciencia, pásalo bien, disfruta del viaje, y no te mires mucho el ombligo que no trae nada bueno. Ah y nunca seas un peso muerto en un grupo. Respeta el esfuerzo de tus compañeros de banda, que el que no estorba ya ayuda bastante. Los mejores compañeros de banda no son los que mejor tocan si no los que menos dan por culo.

Muchísimas gracias Chus por dedicarnos estos minutos y Edu por tu grandísima aportación. Felices fiestas y que el próximo año sigamos disfrutando tod@s de la música que nos apasiona.

Agenda: The Magus + Caballo Moldavo en Gijón

Con «Shinin» su disco debut recién publicado, The Magus tomará posesión el viernes 22 de diciembre de la gijonesa Sala El Tizón para dar buena cuenta del mismo. Una velada especial en la que compartirán escenario con los omnipresentes Caballo Moldavo, en la que será su última fecha en directo en este frenético para ellos 2023.

Entrada 10€ disponible a través del siguiente enlace:
https://www.entradas.com/artist/the-magus-y-caballo-moldavo-en-gijon/

Reseña: Aathma «Dust From A Dark Sun» (Ardua Music 2023)

Cuarto trabajo ya para la agrupación stoner doom madrileña Aathma, que recordemos forman Alejandro Porras en baterías, Chamani al bajo y Juan Viguera en voces, guitarra y sintetizadores. Seis años tras aquél “Avesta” de 2017, el trío contraataca ahora con un “Dust From A Dark Sun” para cuyo artwork vuelven a contar con Robert Hernández y que vino al mundo en los Sadman Studios de Verín (Ourense) de la mano de Carlos Santos (Bloodhunter, Toundra, Cuernos de Chivo, Hamlet…). Con mezcla final de Víctor García (Moksha, Wormed, Ikarie…) en Ultramarinos Mastering, el álbum vio la luz el pasado treinta de junio vía Ardua Music en digital, CD y vinilo de 12».

Espacial, lejano y reverberante, “Cosmos” prorrumpe casi de inmediato para acomodar la consecuente descarga de doom alucinado a rebosar de distorsión. La línea de voz arrastra un deje muy ochentero, que apenas desentonaría en el “Love” de The Cult, y que atrapa casi en la misma medida que sorprende. Bien es cierto que esas mismas voces atropellan a ratos al resto de elementos en la mezcla. Huelga decir que nunca de manera catastrófica pero sí un tanto molesta. Quizá eche en falta una faceta solista más predominante pero disfruto en cualquier caso de ese tercio final apasionado y aplastante.

Impending Fate” emerge desde las profundidades cual abisal Cthulhu y viene a manifestarse ante el oyente en términos más livianos que su predecesora. Viguera percute con una serie de riffs firmes, quizá un tanto monocromáticos, que conducen a un estribillo redondo y bien armado. La banda destila atmósfera en este corte elegante, distinguido y de nuevo reverberante. Del pulso alucinatorio que destapa a los Aathma más atmosféricos tiene gran parte de culpa una producción que, ahora si, equilibra todos los elementos presentes con agudeza y pulso de orfebre. De ello dará fe la poderosa eclosión final, clímax arrebatado y uno de mis momentos favoritos de todo el largo.

Burned Garden”, corte más perezoso en lo que a duración se refiere de todo “Dust From A Dark Sun”, no altera los ritmos pausados, doomies y alucinados que el álbum arrastra en dupla inicial. Pero la banda se enfunda ahora en guitarras mucho más graves, amén de parapetarse tras un estribillo donde no cuesta encontrar el rastro de los Black Sabbath más primarios. Puede que sea precisamente ese chorus el que le haya granjeado su condición de adelanto. Lo cierto es que en primeras escuchas me generaba cierta indiferencia y sin embargo, a día de hoy, no logro sacármelo de la cabeza. Conviene siempre no fiarse de primeras impresiones, máxime tratándose de una banda que maneja tal multitud de capas y colores como la que hoy nos atañe.

Podría intuirse por su curioso prólogo que “Bloodhands” viene a abrir la veda de los Aathma más alternativos. En realidad aquí se manifiesta una espacialidad nada casual, apuntalada en todo momento por unos sintes casi omnipresentes. Revestida de ese brillo técnico que “Cosmos” reclamaba anteriormente, con una base rítmica que otorga un sustento sin florituras ni tampoco errores, a ratos me parece la oferta más sólida de este cuarto álbum de los madrileños. Bien es verdad que los Monster Magnet del sensacional “Dopes To Infinity” sobrevuelan a ratos, si bien tengo la impresión, hay días que también la certeza, de que Aathma han sido lo suficientemente inteligentes como para mantenerse dentro de las férreas fronteras tanto del álbum como del género.

A Black Star” sí que se desliga de los grandes tropos del trabajo. Especialmente en lo que a ritmos se refiere. Porras se desvive con la línea de batería más ardiente de las siete que conforman el disco. No solo en las partes más envenenadas y rápidas, que las hay, sino también en aquellas más livianas y que vendrán a dar soporte al estribillo, que será donde dibuje un groove del todo irresisitible. A la larga el corte más distinto de la septena, algo a lo que contribuye en gran medida ese curioso y tranquilo epílogo.

Hay algo en las líneas de voz de “Embrace The Ocean” que me hace pensar en el bueno de Mick Moss, de los siempre reivindicables Antimatter. Banda que, a priori, uno no asociaría a un nombre como Aathma. No es que el trío se dirija ahora hacia el progresivo atmosférico del combo británico, pero se suceden las escuchas y mi subconsciente no puede por más que asociar a ambas agrupaciones. Viguera ofrece aquí una serie de riffs más contemporáneos, con los que quizá no alcanzo a conectar del todo pero que vienen a dar forma a otro de los cortes más personales del álbum.

La distorsión tan marcada que arrastra la guitarra en la final “The End Of My World” bien podría recordar a esos Muse más musculosos que Matt Bellamy nos regala más a cuentagotas cada vez. Lo cierto es que toda vez supera ese prólogo angosto y rocoso, Aathma reconducen hacia terrenos más cómodos para ellos. Las voces reverberantes, la poderosa atmósfera que dibujan los sintes y esa base rítmica de Porras y Chamani tan firme y sólida como siempre. Viguera además adorna el tronco central con un discreto pero funcional solo de guitarra y alcanzamos un final en un crescendo que viene siempre a dejar con ganas de más.

Porque si mis cuentas son correctas es el álbum más corto de su trayectoria y a estas alturas uno está más que malacostumbrado a trabajos que flirtean, o en muchos casos superan, la barrera de los sesenta minutos. Por contra, “Dust From A Dark Sun” ofrece muy pocas dobleces. Sereno pero firme, funde doom con sludge y stoner con una facilidad que a ratos apabulla. A los nombres que han salido durante la reseña, bien podría añadir los de Cult Of Luna, Year Of No Light, Neurosis… y sin embargo el álbum no abandona nunca una senda muy marcada, un tronco común de lo más personal e identificable. Estilo y precisión en todo momento. También personalidad y carácter. Muy bien se tiene que dar este 2023 para que este cuarto de los madrileños no sea uno de los trabajos del año.
Texto: David Naves

Y Así Fue Nuestro 2023

Muy marcado este 2023 por haber tenido la suerte de ver a una banda tan pequeña en número pero tan grande en escena como los británicos Muse en el Sardinero santanderino. Presumiblemente uno de los shows más grandes que el mundo del rock tiene para ofrecer a día de hoy. Contrasta, por ejemplo, con aquél de los Kinkis Gruñones y Sons Of Decay en el Centro Social Autogestionado La Kuadra, en Barros. Entre un escenario y otro os podéis imaginar cómo de grande es el espectro que ha desfilando ante mis ojos en el presente año.

Que no lo dice uno por presumir. La intención no va mucho más allá del mero balance. Lo cierto es que sin salir de la región hemos podido disfrutar de un abanico amplísimo. Pienso en el metal pegajoso de Battle Beast en Gijón, en la eterna juventud de Glenn Hughes en el Palacio Valdés, el finísimo death metal de Baest o la oscuridad enmascarada de Grima, ambos en Oviedo. Sin olvidar el peculiar y blanco embrujo de El Altar Del Holocausto en nuestra querida Acapulco.

Claro que si hay un show que en lo personal ha marcado con fuerza el presente año, ese es el de Dream Theater en Avilés. Aún hoy tengo que echar mano de la revista para creerme que sí, que de verdad una revista de tirada nacional salió a los quioscos con una crónica de mi puño y letra del show de una de las bandas de mi tardo adolescencia primero, madurez y casi vejez ya. Y no, no estuvieron a la altura de las expectativas como ya sabréis pero no deja de ser un directo con un significante casi inabarcable para mí persona. Volved ahora con Portnoy, va.

Aunque si hablamos de significados, no quiero olvidarme tampoco del Midlife Crisis Fest. Desde luego una de las citas más curiosas por llamativas de estos doce meses. Al final uno parece cogerle el gusto a la carretera. Que en lo que a mí respecta y particularmente en este final de año, que se resiste a terminar, no ha sido poca. El fantástico Lion Rock Fest coronado por unos H.E.A.T. que se comen el mundo a bocados, por no hablar del desplazamiento hasta tierras vitorianas para ver a dos leyendas del melódico como son FM y Dare.

Y ya que estoy con las visitas foráneas, cómo olvidar el Atalaya de este año, que vendría a propiciar el reencuentro con un tal Ramón Lage tras más de diez años de aquél último bolo en el Albéniz gijonés, aún enrolado en las filas de Avalanch. A veces tocaba repartir tareas. Así, mientras la otra parte contratante de la web disfrutaba del barro alemán, servidor tuvo la suerte de reencontrarse con Blast Open en nuestro querido Kuivi PopUp, que volvió a ser un año más motor y epicentro de la música en directo en el corazón de una Asturias que se niega a entregar la bandera blanca.

Porque, claro, en este tiempo caben infinidad de crónicas de nuestras bandas de aquí. Desde Bestia Negra a Mad Rovers pasando por S.O.C.S., Green Desert Water, Caballo Moldavo, Azure, Dr. Nekro… tantas y tantas noches de buen rock and roll y mejores compañías. Y aunque la idea no sea echarnos flores, Mala Reputación cumplieron veinticinco años en su casa y con Heavy Metal Brigade al pie del escenario. Angelus Apatrida reventaron por dos veces los escenarios asturianos, el Raposu Rock volvió a ofrecer la cara más solidaria de la escena y Siena Root volvieron a la región para confirmarse como una de las grandes figuras del underground rockero sueco del momento.

Es diez de diciembre cuando escribo esto y aún quedan varias balas en la recámara. Tened por seguro que mientras quede sangre en las venas y gasolina en el tanque ahí estaremos un año más. Nos vemos frente a los escenarios.
Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz

Hellfest 2024: Análisis del cartel

Como todos los años alrededor de estas fechas, los festivales a nivel europeo van poco a poco cerrando sus carteles y mostrando públicamente sus cartas de cara a intentar llevarse el gato al agua en la siguiente temporada estival. Giras de despedida anunciadas por todo lo alto, reuniones exclusivas para la ocasión, sets especiales rememorando sus discos más gloriosos, nombres, nombres y nombres, todo ello generalmente anunciado a cuentagotas, de cara a generar interés entre la comunidad metalera, mantenerse en el candelero el mayor tiempo posible y ser noticia la mayor cantidad de veces posible. El Hellfest no necesita participar de todo ello para, una vez más, hacer una demostración de poderío en cuanto a su oferta. Con todos sus abonos agotados desde un par de horas después de haber salido a la venta, la semana pasada presentaban su próxima edición mediante un anuncio de cuatro días de festival (este año en la última semana de junio, una más tarde de lo habitual), seis escenarios y más de 180 nombres para volver a ponerse de un plumazo en cabeza en cuanto a variedad, cantidad y calidad con respecto a sus competidores directos.

Tal y como nos tienen acostumbrados, hay de todo y para todos. No faltan los nombres masivos como supone la vuelta de Metallica al festival francés después de su incendiario concierto en el mismo en 2022 una vez superado el parón pandémico. También ejerciendo como cabezas visibles, disfrutaremos de los himnos de Dave Grohl y sus Foo Fighters en sus primeros conciertos en Europa tras el fallecimiento de Taylor Hawkins. Avenged Sevenfold, Queens Of The Stone Age, Baby Metal o Machine Head opositando a heredar la zona alta de los festivales a nivel mundial cuando los clásicos se jubilen definitivamente. Las aventuras en solitario de Bruce Dickinson, Tom Morello o Corey Taylor también pasarán por los main stage en 2024. Pero Hellfest va mucho más allá del rock y metal mainstream. En este “festival de festivales” hay sitio para todo tipo de metal extremo, hardcore, punk, stoner, hard rock…

¿Quieres black metal? Supongo que Emperor, Dimmu Borgir, Satyricon y Cradle Of Filth pueden resultarte interesante. Vale, son nombres muy masivos… puede entonces que Wiegedood, Kanonfieber o Yoth Iria llamen tu atención. ¿Death metal? Difícil resistirse a la intensidad de Suffocation, a la melodía de Dark Tranquillity, la brutalidad técnica de Nile o los clásicos del género que David Vincent y sus I Am Morbid tocarán. ¿Algo más clásico o melódico? La exquisitez de Extreme, los temazos de Rival Sons, o la sorprendente aparición de la banda de las hermanas Wilson, Heart, para saciar a los fans de los sonidos de los 70 y 80. ¿Metal clásico? Los teutones Accept, los británicos Saxon con su show especial “Castles & Eagles”, los excesos neoclásicos de Yngwie Malmsteen

Si buscas algo más industrial o electrónico, podemos comentar que The Prodigy, aún sin Keith Flint, pondrán patas arriba uno de los main stage sin lugar a duda. Mucha curiosidad nos causa también el show que Chino Moreno y su proyecto más electrónico y ambiental, Crosses †††, nos pueda ofrecer. No faltarán el punk rock de mano de Cock Sparrer, Dropkick Murphys o The Offspring, así como el hardcore de Suicidal Tendencies, Harm’s Way, Madball o Biohazard. La oscuridad de (Dolch), los suecos Tiamat o Chelsea Wolfe también se nos antojan como conciertos más que interesantes. Para los fans de los sonidos más desérticos, no cabe duda de que nombres como Fumanchu, All Them Witches, Nebula o Gozu serán un aliciente para acercarse al festival. ¿Progresivo? No te querrás perder la reunión de Textures, el seguro que excepcional show de Pain Of Salvation o los escarceos en solitario de Einar Solberg de Leprous. Y así podría seguir durante horas, contando hasta 180 bandas de diferentes estilos y calados. Se dice pronto. Echad un vistazo al póster y no me cabe duda de que, si sois mínimamente eclécticos, encontraréis al menos 30 o 40 bandas que os harán tilín.

Antes de terminar, algunas sugerencias a nivel personal: No os perdáis a los noruegos Shining que, aunque están muy venidos a menos a nivel discográfico desde hace varios lanzamientos, esta vez tocarán en directo el “Blackjazz” en su totalidad, obra maestra del metal extremo más experimental y arriesgado de las últimas décadas. Por supuesto, marcados en rojo, subrayados y remarcados en el calendario, tenemos la confirmación del primer concierto europeo de Mr. Bungle desde hace más de 23 años. Mike Patton, Trey Spruance y Trevor Dunn culminan sus sueños de juventud reclutando a Scott Ian (Anthrax) y Dave Lombardo (Slayer) para impartir una masterclass de enrevesado, bizarro e imprevisible thrash metal. Queremos sin lugar a dudas presenciar la putrefacta demostración de death metal sueco que Dismember nos preparan para la noche del sábado, así como la gótica, rockera pero melódica personalidad de los holandeses Dool.

Lo cierto es que a cada vistazo que echamos al cartel, vemos algo nuevo que recomendaros así que mejor simplemente dejaros con un: “Festivaliers… ¡Nos vemos en Clisson!”.

Texto: José Mora Álvarez
Fotos: Jaime García

Crónica: Greta Van Fleet (Madrid 4/12/2023)

Cinco años después de su anterior paso por Madrid regresaban a la capital Greta Van Fleet. La demanda de un concierto a tiempo completo de los de Michigan no defraudó congregando más de 10.000 almas en el Wizink Center en una velada que si en la llamada a filas no defraudó, en lo estrictamente musical dejó alguna pincelada gris.

Siguiendo el horario establecido con pulcra exactitud tomaban posesión del escenario Hannah Wicklund & The Steppin Stones. La joven vocalista y guitarra afincada en Nashville apenas dispuso de veinticinco minutos para reafirmar su candidatura a próxima referencia del blues rock ante una audiencia aún escasa, por lo que no se dejó nada en el zurrón. Descalza, ataviada con un vestido de llamativos colores, demostrando el poder de su voz y su habilidad al “talk box” logró caldear el aún frío ambiente. Tablas le sobran a una Hannah que lleva asaltando escenarios desde los 9 años, llegando a colaborar con artistas del calibre de Jason Isbell, Kansas, Jefferson Starship, The Outlaws, Rusted Root o conquistar los oídos de Brian Johnson en una fiesta organizada por el propio vocalista de AC/DC. Sin duda un más que meritorio bagaje con apenas 23 años.

Mientras continuaba un incesante goteo de público llegaba el momento de los británicos Black Honey y su apuesta por una versión del rock más “mainsteam”, por momentos rozando los sonidos alternativos, destellos del grunge e influencias de bandas como Elastica o Blondie en su vertiente más punk. Con Izzy B. Phillips como punto focal, voz y guitarra de la banda de Brighton, disfrutaron de 40 minutos para presentar a conciencia su nuevo disco “A Fistful Of Peaches”, editado el pasado mes de marzo dejando como puntos álgidos una “Corrine” con una preciosa introducción a capela o “Run For Cover” con un Alex Woodward desatado a la batería para finiquitar un show más que satisfactorio a tenor de la reacción del público.

Con todas las entradas de pista vendidas y el primer anillo de la grada repleto arrancaba el tiempo para la formación liderada por los hermanos Kiszka. Amplio espectro generacional que pone de manifiesto el gran poder de convocatoria de una formación destinada a tomar el relevo y mantener viva la llama del rock. El inicio de su actuación corrobora la ostentación visual y sonora que será protagonista de sus casi 150 minutos de show. Una extensa intro protagonizada por violines, la caída de una gran lona con coronada con el anagrama de la banda, explosiones, llamaradas intermitentes y los cuatro miembros de la formación, rojo, blanco, negro y dorado en su vestimenta, recibiendo la bienvenida de Madrid en el centro superior del escenario.

Quedarse en la influencia Zeppelin en su música es apenas rascar la superficie, obviando una pomposa escenografía personificada en los innumerables cambios de outfit de Josh ofrecen un show de hard rock atemporal con una clase y actitud de la que la banda va sobrada. Intercalando pasajes acústicos y algún soliloquio por parte de un Josh que no dudó en bajar al foso para repartir varias rosas blancas entre los afortunados habitantes de la primera fila. Si bien su voz siempre nos evocará al dios dorado de Robert Plant, su puesta en escena recuerda en muchos momentos a Freddy Mercury. Vocalmente superlativo toda la noche, Josh Kiszka toma beneficio de los varios parones derivados de unos excesivos y prescindibles solos de batería y guitarra que cortaban el ritmo de un público que viraba del embeleso al bostezo.

Salvaría de esos cambios de tercio, por lo sorprendente, la interpretación de Josh al piano de “Unchained Melody”, el clásico de los Righteous Brothers. La catarsis abrazaría al Wizink durante “Black Moon Rising”, bajo una intensa luz roja cada pincelada fuera de la interpretación casi integra de su última obra de estudio “Starcatcher” era recibida con fervor. Nuevo punto gris que no fallo traumático, la elección de un setlist que obviaba buena parte de sus dos primeros álbumes.

Light My Love” nos acercaba al colofón de una gran noche, emocionante en muchos momentos, aburrida en pocos, abrumados por la montaña rusa de emociones que es la voz de Josh. Reservaron para el cierre “Farewell For Now” bajo una explosión de confeti y arco iris como fondo con la promesa de un pronto regreso, esperamos que con la misma fuerza, entrega y una mejor selección de repertorio. El mejor escribano puede cometer un borrón.

Texto: José Ángel Muñiz
Fotos: Archivo Greta Van Fleet