Retorno de Medina Azaharaa los escenarios asturianos en su gira de despedida. El domingo 9 de agosto como parte de la progamación del festival Luanco Al Marla formación cordobesa liderada por Manuel Martínez y Paco Ventura cerrarán su historia con Asturias al lado del mar cantábrico.
De la mano de Santo Grial Producciones la gira de despedida «Todo Tiene Su Fin» llega de nuevo a Asturias tras pasar por el formato sala y agotar el papel hace unos meses en Gijón. Con 24 discos de estudio a sus espaldas, giras internacionales y una influencia clave en la consolidación del «rock andaluz», Medina Azahara son inequívocamente leyenda y se despiden de los escenarios con un espectáculo cargado de emoción, memoria y gratitud hacia un público fiel.
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Resumen gráfico de la actuación de Obús en el Palacio de Exposiciones y Congresos de León el pasado sábado 18 de abril dentro de su gira estatal conmemorativa.
León se está conviertiendo poco a poco en nuestra segunda casa. A nuestra habitual salida para disfrutar de cada edición del Lion Rock Fest se van sumando eventos que todo amante del rock no debería dejar escapar, hace apenas unos meses la gira de despedida de Medina Azahara es un buen ejemplo. En esta ocasión el reclamo era comprobar el estado actual de dos auténticas leyendas del metal patrio como Obús y Barón Rojo. Con las huestes lideradas por Fortu Sánchez tocaba reencontarse, lejano estaba su paso por el festival avilesino La Mar De Ruido en el verano del 2024. Más fresco en la memoría habita la convincente actuación de los hermanos De Castro en el último Festival Unirock celebrado en agosto del pasado año en Puerto de Vega.
Llama la atención la escasa convocatoria de público a pocos minutos de la apertura de puertas. Posiblemente la amplitud del recinto amplificara en el subconsciente la sensación de vacío, una percepción que afortunadamente con el transcurrir de la velada mejoró gracias a una afluencia cercana al millar de nostágicos, dato que manejo por intuición y no por conocimiento oficial. Poco rostro juvenil entre los espectadores, no así de veteranos incondicionales, melómanos que disfrutaron en su adolescencia de un doble póker de discos que se grabarían a fuego en nuestra memoria colectiva. «Larga Vida Al Rock n’ Roll«, «Volumen Brutal«, «Metalmorfósis«, «En Un Lugar De La Marcha» o «Prepárate«, «Poderoso Como El Trueno«, «El Que Más» y «Pega Con Fuerza» contienen alegatos que aún siguen vigentes más de 40 años después.
Bajo una interminable luz roja da inicio el tiempo para Barón Rojo. Armando De Castro ejecuta el inolvidable riff del tema homónimo en una guitarra Steinberger inspirado en aquel modelo de minúsculo cuerpo y carente de clavijero que popularizara Paul Stanley a finales de los años 80. Rafa Díaz parapetado tras una pantalla de metacrilato me produce una triste sensación de ausencia, nunca podré digerir con esa opción estética para el directo. Compensa con creces esa falta de conexión con el magnifíco baterista José Luis Morán al bajo, que no dejó de moverse y animar a la parroquia durante todo el concierto.
La quietud de Carlos De Castro está lejos de sorprender a estas alturas, tampoco sus limitaciones a la voz, Armando por su parte aguanta el tipo con relativa suficiencia. Poco importa a una audiencia que en su mayoría abandona la faceta crítica en la puerta del recinto y solo desea rememorar una vez más esos himnos atemporales que llevaron a la banda a rivalizar con grandes nombres del rock universal, pues no son pocos los que aún recuerdan su asalto al Festival Reading en el verano de 1982. Con la retirada como un péndulo ejecutor sobre la cabeza Barón Rojo navega cada concierto sobre una ejecución pulcra. Su calidad técnica es aval suficiente en la mayoría de ocasiones y su legado minimiza la quietud sobre el escenario y la dependencia de la nostalgia.
«Yo nunca podría vivir sin tus cuerdas de acero tocar…» deja bien claro que con un mínimo de salud para subir a un escenario hay Barón Rojo para rato. No es necesario el esfuerzo cuando soportas más de 70 años en los huesos, posiblemente, pero cuando la respuesta del público es corear al unísono tus canciones y dibujar sonrisas en el rostro, todo compensa. Si vuelven a los escenarios EricClapton que convive con una neuropatía periférica, Nicko Mcbrain con las secuelas de un ictus o Bono diagnosticado de glaucoma hace dos décadas, el mensaje está claro, la música alimenta el espíritu y combate los malos momentos. Con los últimos acordes de «Hijos de Caín» el Barón sobrevoló León esquivando seguro y elegante la tormenta que se acercaba y el aparato eléctrico que iluminaba la noche del pasado sábado. Una despedida poetica para una banda de leyenda.
Turno para Fortu y los suyos. Acompañado en esta ocasión por su inseparable «hermano» Paco Laguna a la guitarra, Carlos Mirat a la batería y el infatigable Guillermo Montesinos al bajo, el burgalés criado en Vallecas volvío a ejercer de maestro de ceremonias en la velada leonesa. Propuesta en la antítesis de sus predecesores, de la elegancia y la pulcritud pasamos a la energía y actitud característica del cuarteto madrileño. «Necesito Más» marca el pistoletazo de salida de un show que iría perdiendo fuelle con el transcurrir de los minutos, algo comprensible cuando los grandes protagonistas podrían ser nuestros propios abuelos. Dato fácil de entender y por el que reciben la mayor de las admiraciones de un servidor.
El sonido en líneas generales estuvo correcto aunque ambas bandas tardaron un par de temas en conseguir una buena interacción con los técnicos de la mesa. La puesta en escena, minimalista por no decir ausente la de Barón, y más elaborada la de Obús gracias a un corporativo telón de fondo y un par de paneles laterales con la imagen de una calavera. Fortu empieza a desplegar su arsenal escénico y la temperatura empieza a subir en el Pabellón de Exposiciones. Cada pieza de artillería logra mantener a raya la tormenta mientras el público, ajeno a la climatología exterior, continuaba disfrutando de la poderosa guitarra de PacoLaguna y la vitalidad de un hiperactivo Montesinos.
La anecdota de la noche llegaría de manos de Nirvana, nieta de Fortu, que adelantaría unos días la celebración del cumpleaños de su abuelo con la entrega en el mismo escenario de una tarta al protagonista de la efeméride. Con todo el cariño hacia su abuelo invirtió la cifras que coronaban el presente aunque el número 27 no aporta buenos recuerdos a la música. Bromas aparte, momento muy divertido y todo un placer para la vista que los peques abracen el rock en estos tiempos donde predomina la música de fácil digestión y mejor evacuación.
Pasado el ecuador de su actuación, el ritmo frenético que logran temas como «El Que Más» «Pesadilla Nuclear» o «Te Visitará La Muerte» se tornó pausado gracias a varios soliloquios y agradecimientos de Fortu, probablemente para tomar resuello y afrontar con solvencia la parte final del set. Previsible también el habitual número circense de persusión protagonizado por Mirat, ya sea con una escalera o en este caso una valla de obra, despliega toda su habilidad en el centro del escenario mientras Fortu tomaba el testigo a la batería. Tampoco sorprende la bajada del carismático vocalista al foso para darse un baño de masas con el público. La maquinaria está engrasada, perfectamente sincronizada y en buen estado de revista.
«Vamos Muy Bien» anticipa un fin de fiesta protagonizado por «Autopista» y «Solo Lo Hago En Mi Moto«. Despedida y agradecimientos en una velada de contrastes. Sin ganadores ni perdedores, solamante diferentes maneras de ofrecer un producto al que los paladares más exigentes encontraran matices ácidos. Casi 50 años en la brecha manteniendo una audiencia fiel no está al alcance de cualquiera, el estado de forma de Fortu anticipa muchas noches de nostalgia y deleite sonoro. Dos leyendas con cuerda para rato y trazas de agrandar su legado, tiempo al tiempo.
Resumen gráfico de la actuación de Barón Rojo en el Palacio de Exposiciones y Congresos de León el pasado sábado 18 de abril dentro de su gira estatal conmemorativa.
Una vez más, y ya se está convirtiendo en una costumbre, se presentaba un fin de semana repleto de eventos. La presentación de “While Everything Collapses” de los bilbaínos Empire of Disease, el regreso a los escenarios de Brutalfly después de alrededor de un año en el dique seco y la «vuelta a la cuadra» con los Caballo Moldavo, eran motivos más que suficientes para acercarme a la Lata de Zinc el pasado sábado.
Primera sorpresa, el orden de las bandas: abrirían los moldavos y darían el cierre Brutalfly, dejando la parte central para los vascos, que al fin y al cabo era el plato principal. Aunque el bolo se anunciaba para las 20 horas, la cosa se retrasó prácticamente una hora.
Caballo Moldavo nos reciben con “Bienvenidos Al Valle Del Cielo”, con el personal haciéndose de rogar en la planta superior, aunque cuando suena “Alimentándose En Secreto” la concurrencia ya es importante. Primeras palabras del reverendo y a continuación suena “El Cuervo”, basado en el relato de Edgar Allan Poe. Llega la hora de “Réprobos”, tema que dio título a su primer EP y que presentan como «hardcoreta». Es el momento elegido por el frontman para bajar y mezclarse con sus feligreses. Vuelve al escenario con “El Blues Del Innombrable”, que ya se puede considerar un clásico de la banda. “Marcados” da título al LP que llevan defendiendo desde finales del pasado año. Apuntar a este respecto que se les nota cada vez más rodados: la sólida base rítmica de Johnny y el hermano Lynnot, los afilados riffs de Leónidas y la personalísima voz del reverendo G. Throat.
Deteniéndome en la labor vocal, no sé si fueron cosas mías, pero me da la impresión de que este ha introducido registros más agudos en algunos temas, lo que les da un cariz distinto y demuestra su versatilidad. Llega la hora de adentrarnos en “El Pantano”. A pesar de ser la única canción de su primera obra que no ha sido regrabada para la segunda, es sin duda una de las preferidas del público. Marca además un punto álgido en el concierto, que se mantendrá hasta el final con “Mi Muerte Centinela”, “Misa Negra” y aún tienen tiempo de cascarse la versión del “Revolve” de Melvins antes de poner punto y final con “Al Otro Lado Del Viento”. En definitiva: un completo repaso a su repertorio y un gran concierto de los asturianos. Su metal monolítico no deja indiferente a nadie.
Toca cambio de backline y parece el momento de salir a tomar el fresco (y, por qué no, un refrigerio). Entono el «mea culpa», porque por culpa de este impás volví a la sala con el primer tema de Empire of Disease empezado (“Hamunaptra”) y no fui el único… De hecho, cuando suena “Depravity” la sala aún tiene un aspecto semidesértico. Con “Torture Chamber” a Gorka se le ve incomodo con el sonido de su guitarra hasta el punto que hay momentos en que es la de Borja la única que sale con claridad al exterior. Terminado este y tal vez para dar tiempo a su compañero, Pintxo bromea con el hecho de que la gente siga con la peregrinación desde la parte superior. También nos dice que hace justamente un mes que el nuevo LP está en la calle y que le van a dar un repaso completo (algo que yo particularmente agradezco en los conciertos de presentación). Con “The Beast Inside Me” continúan los problemas con ese cabezal de ampli hasta el punto que parece echar humo, pero Leónidas está ya al quite e instala el suyo en un gesto que le honra.
Solucionado este problema, continúan a la carga con “The Art Of Manipulation”. A estas alturas queda bien a las claras que nos encontramos ante unos auténticos «tocones». Iban domina los tempos de su batería cual metrónomo con una técnica espectacular y Xabi no para un segundo con su bajo. Es hora de recuperar viejos temas y esto ocurre con “War Machines”, perteneciente a su primer EP, “Silence Is Violence” (2019). También es el momento en que el cantante invita al público a sumarse a un «wall of death» del que algunos nos apartamos prudentemente… Vuelven a retomar el “While Everithing Collapse”, precisamente con la canción que le da título. Continúan con “No Risk, No Glory”, una declaración de principios de lo que supone estar en la escena underground, para dar paso a “With All My Hate”, tema que daba título a su primer LP (2021). Con “More Than A Hundred” finalizan su concierto y con ello la presentación completa de su última obra. Al personal le supo francamente a poco, pero al clásico grito de «otres tres», Pintxo responde de forma jocosa «haber bajado antes». En total, 10 temas para completar un setlist en el que tal vez eché en falta algún tema de su anterior LP, “Shadows In The Abyss” (2023), pero que dejó en Oviedo buena muestra del death metal melódico con tintes metalcore en el que atrevo a decir que están en la vanguardia del panorama estatal. En resumen, una auténtica apisonadora.
Y nos quedaba el postre de este banquete sónico. Por diversas circunstancias no había tenido la fortuna de ver aún a Brutalfly en directo, pero el thrash agresivo de los asturianos ya lleva tiempo en mis listas de reproducción. Para que no me pasase como con la banda anterior, esta vez esperé pacientemente el cambio logístico a pie de escenario. Comenzaron con “The Moon Hasn’t Blood” y a continuación sonaron “Shaman” y “Mechanic Soul”, de su EP homónimo de 2015. Didi nos presenta “Moretty (J.M.P.M)”, tema dedicado a José María Pedrero Morán y continúan la descarga con “Pigmalion”. Se nota que, a pesar del obligado parón, la máquina sigue engrasada, a lo que hay que sumar una dosis importante de ganas de tocar.
El trío suena compacto: la base rítmica de los hermanos Veloz se ve cumplimentada por la afilada Jackson de Mr. Stone, amén de su desgarradora voz: ingredientes fundamentales del thrash de vieja escuela. El concierto continúa con “The Oniric WhatsApp By The High Bird” para dar paso a “When You Betray Me… You Betrayed You Too”, una canción que es un alegato contra el bullying en cualquiera de los órdenes de la vida. Y aún quedaba tiempo para una sorpresa por parte de Didi: «una canción a capella en Si mayor y sostenido en el tiempo infinito… ¿Melissa: quieres casarte conmigo?». Y la interesada dijo SI. Ni que decir tiene que al bajar del escenario todo fueron felicitaciones y parabienes. Lo dicho: que sigan siendo felices.
Fue el mejor punto y final a una tarde-noche repleta de energía, buen ambiente y música a todo trapo hasta reventar los oídos. ¡Nos vemos en la próxima!
Son nada menos que dieciocho años los trascurridos desde su anterior largo “Tiempos De Cambio”, que viera la luz allá por 2008, y que por fin encuentra su continuación en este “Máscaras y Demonios”. Javi Ochoantesana y Tuko (guitarras), Diego Saiz (bajo) y los más recientes fichajes Javier Murga (batería) y la colaboración de Dani G. (voces) integran a día de hoy la alineación del quinteto. Este cuarto largo consta de diez cortes producidos, grabados, mezclados y finalmente masterizados por el propio Dani G. en sus Estudios Dynamita. Vio la luz el pasado quince de abril vía Maldito Records.
La “Obertura Del Mesías” pone todo el peso sinfónico para revestir esas guitarras del prólogo. Es una intro mayestática, grandilocuente, acomodado anticipo de esta “30 Monedas De Plata” donde los cántabros vendrán a poner toda la carne en el asador. Power metal avasallador, de incesantes dobles bombos y fuerte carga sinfónica. Y un Dani G. que, claro, recuerda sobremanera al que grabara buenos álbumes con Darksun. Al margen del registro del también frontman de November, hay algo en esta dupla inicial que me recuerda a la buena gente de Vhäldemar. En especial toda vez irrumpe la frenética y muy cuidada sección solista. “30 Monedas De Plata”, finalmente, puede no ofrecer grandes sorpresas en lo que a estructura y composición se refiere pero muestra a una banda en plena forma.
“Tan Cerca Tan Lejos”, a su vez, recuerda a los Stratovarius más vibrantes. Siempre con el buen sonido de los Estudios Dynamita y con Dani G. componiendo una más que interesante línea de voz. No cesa Murga en percutir desde el doble bombo mientras Tuko y Ochoantesana trazan riffs más serviciales que distinguidos. Me agradan esos engarces entre estrofas, dinámicos, vistosos. Es power metal incesante, en vibraciones altas, que nos retrotrae a principios / mediados de la primera década de los 2000, orgulloso en el despliegue técnico y sin complejos. Que no teme dibujar solos bien apostados, extensos y cuidados. Y que, a pesar de toda esa carga sinfónica que despliegan, acierta a sonar orgánico, potente.
“Barco De Papel”, que pasa por ser otro de los cortes más rácanos de todo el álbum, se desliza ahora hacia una senda más heavy, más clásica, que a ratos bien podría recordar a ciertos momentos de los gallegos Ankhara. A grandes rasgos queda la sensación de que “Máscaras y Demonios” se toma un pequeño descanso aquí. Todo ello sin que Murga afloje con el doble bombo ni Ochoantesana con los solos de guitarra, ahora de un marcado corte neoclásico. Funcional. Al fin y al cabo ofrece todos los rigores y alguna de las habituales faltas de los singles adelanto.
“Algún Día”, y el tan inequívoco como inevitable deje a Helloween que ofrece ya desde el prólogo, tal vez sean los Adgar más redondos de todo el CD. Afilados, directos, de buenas estrofas y mejores estribillos. Power metal quintaesencial, auto referencial en cuanto a líricas, y donde mayor peso adquiere la buena producción de la que gozan estas canciones. De la decena, quizá la que más me recuerda a los Adgar de siempre. Orgulloso power metal, guerrero y vigoroso, entre las calabazas ya mentadas y un aspecto lírico que parece salido de los Avalanch del “Llanto De Un Héroe”. No hubiera despreciado una sección solista algo más amplia. Con eso y con todo, fácilmente una de las entregas más firmes de este nuevo trabajo.
“La Huida”, por fin, se atreve a cambiarle el paso al disco. Ofrece, ya de entrada, un aire más hard / heavy, pasando por ser, pienso ahora mismo, el corte con más gancho de todos los aquí reunidos. Desde los riffs que traman Tuko y Ochoantesana a esa línea de voz al más puro estilo Dünedain, pienso en un corte como “A Un Paso Del Cielo”, todo casa para ofrecer a los Adgar más accesibles y también pegadizos.
Así las cosas, “Puños De Acero” vuelve al power más clásico y académico. A bordo de otras de esas líricas auto referenciales, reivindicativos al modo tan habitual dentro del género, Adgar componen un corte agradable, distendido incluso, con Murga marcando firme el ritmo tras baterías y Tuko & Ochoantesana dibujando otra buena sección solista antes del epílogo. No es la que más me ha calado en las distintas escuchas al disco pero agradará a quienes busquen power metal bien construido y ejecutado.
Ahondando aún más si cabe en esa vigorosa forma de entender el power metal, aquí por momentos casi fulgurante, “Las Oscuras Golondrinas” propone a los Adgar más zapatilleros. Velocidad, doble bombo y voces, agudísimas ahora, del bueno de Dani G.. Sin muchas sorpresas en cuanto a estructura, apostando por una escritura tan clásica como funcional. Válida más por el extra de picante que le aporta al disco que por cualquier otra cosa.
Pero sin salirse de esos preceptos firmes, casi férreos, es cierto que “Entre La Espada y La Pared” entrega un (leve) deje más chulesco que le sienta pero que muy bien a esta parte final del álbum. Con todo el aire de ser un tema que podría dar buenos réditos en vivo, Dani G. vuelve a ofrecer aquí su no poco amplia gama de registros. Un corte con pegada, bien adornado desde las guitarras de Tuko y Ochoantesana. Tanto en riffs como en esos duelos solistas previos al epílogo. Metal conciso y batallador, otra de las que siento mejor logradas de entre las diez (aún cuando me chirríe alguna de las (no) rimas).
El cierre es para la pequeña “Punto y Final”, junto con “La Huida” lo más diferente de todo el álbum. Unos Adgar en una clave algo más oscura, dentro de lo que cabe, y una serie de ideas que bien daban para algo más que esos escasos 3:24 que marca en el reloj. A ratos veloz, a otros más machacona y finalmente grandilocuente en esos estribillos, ampulosos y recargados, marca de la casa. No la desprecio pero tampoco puedo decir que me enganche.
No voy a negar que, “Entre La Espada y La Pared” al margen, el disco se me desinfla en su parte final. Y es una pena porque en lo que sería su hipotética cara A ofrece píldoras de fino y potente power metal. Tan orgullosamente clásico como despreocupadamente vigoroso y contundente. Dejando traslucir sus influencias, ejecutando buenos riffs y mejores solos. Con un Dani G. desbocado en voces y Murga infatigable tras baterías. Power elemental para devolver al primer plano de la actualidad a los cántabros de la mejor manera posible.