Crónica: Obús + Barón Rojo (León 18/4/2026)

León se está conviertiendo poco a poco en nuestra segunda casa. A nuestra habitual salida para disfrutar de cada edición del Lion Rock Fest se van sumando eventos que todo amante del rock no debería dejar escapar, hace apenas unos meses la gira de despedida de Medina Azahara es un buen ejemplo. En esta ocasión el reclamo era comprobar el estado actual de dos auténticas leyendas del metal patrio como Obús y Barón Rojo. Con las huestes lideradas por Fortu Sánchez tocaba reencontarse, lejano estaba su paso por el festival avilesino La Mar De Ruido en el verano del 2024. Más fresco en la memoría habita la convincente actuación de los hermanos De Castro en el último Festival Unirock celebrado en agosto del pasado año en Puerto de Vega.

Llama la atención la escasa convocatoria de público a pocos minutos de la apertura de puertas. Posiblemente la amplitud del recinto amplificara en el subconsciente la sensación de vacío, una percepción que afortunadamente con el transcurrir de la velada mejoró gracias a una afluencia cercana al millar de nostágicos, dato que manejo por intuición y no por conocimiento oficial. Poco rostro juvenil entre los espectadores, no así de veteranos incondicionales, melómanos que disfrutaron en su adolescencia de un doble póker de discos que se grabarían a fuego en nuestra memoria colectiva. «Larga Vida Al Rock n’ Roll«, «Volumen Brutal«, «Metalmorfósis«, «En Un Lugar De La Marcha» o «Prepárate«, «Poderoso Como El Trueno«, «El Que Más» y «Pega Con Fuerza» contienen alegatos que aún siguen vigentes más de 40 años después.

Bajo una interminable luz roja da inicio el tiempo para Barón Rojo. Armando De Castro ejecuta el inolvidable riff del tema homónimo en una guitarra Steinberger inspirado en aquel modelo de minúsculo cuerpo y carente de clavijero que popularizara Paul Stanley a finales de los años 80. Rafa Díaz parapetado tras una pantalla de metacrilato me produce una triste sensación de ausencia, nunca podré digerir con esa opción estética para el directo. Compensa con creces esa falta de conexión con el magnifíco baterista José Luis Morán al bajo, que no dejó de moverse y animar a la parroquia durante todo el concierto.

La quietud de Carlos De Castro está lejos de sorprender a estas alturas, tampoco sus limitaciones a la voz, Armando por su parte aguanta el tipo con relativa suficiencia. Poco importa a una audiencia que en su mayoría abandona la faceta crítica en la puerta del recinto y solo desea rememorar una vez más esos himnos atemporales que llevaron a la banda a rivalizar con grandes nombres del rock universal, pues no son pocos los que aún recuerdan su asalto al Festival Reading en el verano de 1982. Con la retirada como un péndulo ejecutor sobre la cabeza Barón Rojo navega cada concierto sobre una ejecución pulcra. Su calidad técnica es aval suficiente en la mayoría de ocasiones y su legado minimiza la quietud sobre el escenario y la dependencia de la nostalgia.

«Yo nunca podría vivir sin tus cuerdas de acero tocar…» deja bien claro que con un mínimo de salud para subir a un escenario hay Barón Rojo para rato. No es necesario el esfuerzo cuando soportas más de 70 años en los huesos, posiblemente, pero cuando la respuesta del público es corear al unísono tus canciones y dibujar sonrisas en el rostro, todo compensa. Si vuelven a los escenarios Eric Clapton que convive con una neuropatía periférica, Nicko Mcbrain con las secuelas de un ictus o Bono diagnosticado de glaucoma hace dos décadas, el mensaje está claro, la música alimenta el espíritu y combate los malos momentos. Con los últimos acordes de «Hijos de Caín» el Barón sobrevoló León esquivando seguro y elegante la tormenta que se acercaba y el aparato eléctrico que iluminaba la noche del pasado sábado. Una despedida poetica para una banda de leyenda.

Turno para Fortu y los suyos. Acompañado en esta ocasión por su inseparable «hermano» Paco Laguna a la guitarra, Carlos Mirat a la batería y el infatigable Guillermo Montesinos al bajo, el burgalés criado en Vallecas volvío a ejercer de maestro de ceremonias en la velada leonesa. Propuesta en la antítesis de sus predecesores, de la elegancia y la pulcritud pasamos a la energía y actitud característica del cuarteto madrileño. «Necesito Más» marca el pistoletazo de salida de un show que iría perdiendo fuelle con el transcurrir de los minutos, algo comprensible cuando los grandes protagonistas podrían ser nuestros propios abuelos. Dato fácil de entender y por el que reciben la mayor de las admiraciones de un servidor.

El sonido en líneas generales estuvo correcto aunque ambas bandas tardaron un par de temas en conseguir una buena interacción con los técnicos de la mesa. La puesta en escena, minimalista por no decir ausente la de Barón, y más elaborada la de Obús gracias a un corporativo telón de fondo y un par de paneles laterales con la imagen de una calavera. Fortu empieza a desplegar su arsenal escénico y la temperatura empieza a subir en el Pabellón de Exposiciones. Cada pieza de artillería logra mantener a raya la tormenta mientras el público, ajeno a la climatología exterior, continuaba disfrutando de la poderosa guitarra de Paco Laguna y la vitalidad de un hiperactivo Montesinos.

La anecdota de la noche llegaría de manos de Nirvana, nieta de Fortu, que adelantaría unos días la celebración del cumpleaños de su abuelo con la entrega en el mismo escenario de una tarta al protagonista de la efeméride. Con todo el cariño hacia su abuelo invirtió la cifras que coronaban el presente aunque el número 27 no aporta buenos recuerdos a la  música. Bromas aparte, momento muy divertido y todo un placer para la vista que los peques abracen el rock en estos tiempos donde predomina la música de fácil digestión y mejor evacuación.

Pasado el ecuador de su actuación, el ritmo frenético que logran temas como «El Que Más» «Pesadilla Nuclear» o «Te Visitará La Muerte» se tornó pausado gracias a varios soliloquios y agradecimientos de Fortu, probablemente para tomar resuello y afrontar con solvencia la parte final del set. Previsible también el habitual número circense de persusión protagonizado por Mirat, ya sea con una escalera o en este caso una valla de obra, despliega toda su habilidad en el centro del escenario mientras Fortu tomaba el testigo a la batería. Tampoco sorprende la bajada del carismático vocalista al foso para darse un baño de masas con el público. La maquinaria está engrasada, perfectamente sincronizada y en buen estado de revista.

«Vamos Muy Bien» anticipa un fin de fiesta protagonizado por «Autopista» y «Solo Lo Hago En Mi Moto«. Despedida y agradecimientos en una velada de contrastes. Sin ganadores ni perdedores, solamante diferentes maneras de ofrecer un producto al que los paladares más exigentes encontraran matices ácidos. Casi 50 años en la brecha manteniendo una audiencia fiel no está al alcance de cualquiera, el estado de forma de Fortu anticipa muchas noches de nostalgia y deleite sonoro. Dos leyendas con cuerda para rato  y trazas de agrandar su legado, tiempo al tiempo.

Texto y Fotos: José Ángel Muñiz

Crónica: Empire of Disease + Caballo Moldavo + Brutalfly (Oviedo 18/4/2026)

Una vez más, y ya se está convirtiendo en una costumbre, se presentaba un fin de semana repleto de eventos. La presentación de “While Everything Collapses” de los bilbaínos Empire of Disease, el regreso a los escenarios de Brutalfly después de alrededor de un año en el dique seco y la «vuelta a la cuadra» con los Caballo Moldavo, eran motivos más que suficientes para acercarme a la Lata de Zinc el pasado sábado.

Primera sorpresa, el orden de las bandas: abrirían los moldavos y darían el cierre Brutalfly, dejando la parte central para los vascos, que al fin y al cabo era el plato principal. Aunque el bolo se anunciaba para las 20 horas, la cosa se retrasó prácticamente una hora.

Caballo Moldavo nos reciben con “Bienvenidos Al Valle Del Cielo”, con el personal haciéndose de rogar en la planta superior, aunque cuando suena “Alimentándose En Secreto” la concurrencia ya es importante. Primeras palabras del reverendo y a continuación suena “El Cuervo”, basado en el relato de Edgar Allan Poe. Llega la hora de “Réprobos”, tema que dio título a su primer EP y que presentan como «hardcoreta». Es el momento elegido por el frontman para bajar y mezclarse con sus feligreses. Vuelve al escenario con “El Blues Del Innombrable”, que ya se puede considerar un clásico de la banda. “Marcados” da título al LP que llevan defendiendo desde finales del pasado año. Apuntar a este respecto que se les nota cada vez más rodados: la sólida base rítmica de Johnny y el hermano Lynnot, los afilados riffs de Leónidas y la personalísima voz del reverendo G. Throat.

Deteniéndome en la labor vocal, no sé si fueron cosas mías, pero me da la impresión de que este ha introducido registros más agudos en algunos temas, lo que les da un cariz distinto y demuestra su versatilidad. Llega la hora de adentrarnos en “El Pantano”. A pesar de ser la única canción de su primera obra que no ha sido regrabada para la segunda, es sin duda una de las preferidas del público. Marca además un punto álgido en el concierto, que se mantendrá hasta el final con “Mi Muerte Centinela”, “Misa Negra” y aún tienen tiempo de cascarse la versión del “Revolve” de Melvins antes de poner punto y final con “Al Otro Lado Del Viento”. En definitiva: un completo repaso a su repertorio y un gran concierto de los asturianos. Su metal monolítico no deja indiferente a nadie.

Toca cambio de backline y parece el momento de salir a tomar el fresco (y, por qué no, un refrigerio). Entono el «mea culpa», porque por culpa de este impás volví a la sala con el primer tema de Empire of Disease empezado (“Hamunaptra”) y no fui el único… De hecho, cuando suena “Depravity” la sala aún tiene un aspecto semidesértico. Con “Torture Chamber” a Gorka se le ve incomodo con el sonido de su guitarra hasta el punto que hay momentos en que es la de Borja la única que sale con claridad al exterior. Terminado este y tal vez para dar tiempo a su compañero, Pintxo bromea con el hecho de que la gente siga con la peregrinación desde la parte superior. También nos dice que hace justamente un mes que el nuevo LP está en la calle y que le van a dar un repaso completo (algo que yo particularmente agradezco en los conciertos de presentación). Con “The Beast Inside Me” continúan los problemas con ese cabezal de ampli hasta el punto que parece echar humo, pero Leónidas está ya al quite e instala el suyo en un gesto que le honra.

Solucionado este problema, continúan a la carga con “The Art Of Manipulation”. A estas alturas queda bien a las claras que nos encontramos ante unos auténticos «tocones». Iban domina los tempos de su batería cual metrónomo con una técnica espectacular y Xabi no para un segundo con su bajo. Es hora de recuperar viejos temas y esto ocurre con “War Machines”, perteneciente a su primer EP, “Silence Is Violence” (2019). También es el momento en que el cantante invita al público a sumarse a un «wall of death» del que algunos nos apartamos prudentemente… Vuelven a retomar el “While Everithing Collapse”, precisamente con la canción que le da título. Continúan con “No Risk, No Glory”, una declaración de principios de lo que supone estar en la escena underground, para dar paso a “With All My Hate”, tema que daba título a su primer LP (2021). Con “More Than A Hundred” finalizan su concierto y con ello la presentación completa de su última obra. Al personal le supo francamente a poco, pero al clásico grito de «otres tres», Pintxo responde de forma jocosa «haber bajado antes». En total, 10 temas para completar un setlist en el que tal vez eché en falta algún tema de su anterior LP, “Shadows In The Abyss” (2023), pero que dejó en Oviedo buena muestra del death metal melódico con tintes metalcore en el que atrevo a decir que están en la vanguardia del panorama estatal. En resumen, una auténtica apisonadora.

Y nos quedaba el postre de este banquete sónico. Por diversas circunstancias no había tenido la fortuna de ver aún a Brutalfly en directo, pero el thrash agresivo de los asturianos ya lleva tiempo en mis listas de reproducción. Para que no me pasase como con la banda anterior, esta vez esperé pacientemente el cambio logístico a pie de escenario. Comenzaron con “The Moon Hasn’t Blood” y a continuación sonaron “Shaman” y “Mechanic Soul”, de su EP homónimo de 2015. Didi nos presenta “Moretty (J.M.P.M)”, tema dedicado a José María Pedrero Morán y continúan la descarga con “Pigmalion”. Se nota que, a pesar del obligado parón, la máquina sigue engrasada, a lo que hay que sumar una dosis importante de ganas de tocar.

El trío suena compacto: la base rítmica de los hermanos Veloz se ve cumplimentada por la afilada Jackson de Mr. Stone, amén de su desgarradora voz: ingredientes fundamentales del thrash de vieja escuela. El concierto continúa con “The Oniric WhatsApp By The High Bird” para dar paso a “When You Betray Me… You Betrayed You Too”, una canción que es un alegato contra el bullying en cualquiera de los órdenes de la vida. Y aún quedaba tiempo para una sorpresa por parte de Didi: «una canción a capella en Si mayor y sostenido en el tiempo infinito… ¿Melissa: quieres casarte conmigo?». Y la interesada dijo SI. Ni que decir tiene que al bajar del escenario todo fueron felicitaciones y parabienes. Lo dicho: que sigan siendo felices.

Fue el mejor punto y final a una tarde-noche repleta de energía, buen ambiente y música a todo trapo hasta reventar los oídos. ¡Nos vemos en la próxima!

Texto y fotos: Tômi Röckdríguez

Crónica: Unexpectance + After Salem (Oviedo 18/4/2026)

Dos de dos. El pasado viernes acudíamos a la presentación del nuevo álbum de Beast Inside y, antes casi de darnos cuenta, nos volvíamos ver las caras con nuestra querida Gong para ver cómo Unexpectance hacían lo propio con el estupendo “Solus Ipse” (reseña). Por suerte para ellos, no estaban solos ante el envite. La buena gente de After Salem, banda que continúa donde lo dejaran Absalem, acudían prestos en apoyo de los ovetenses.

No solo el nombre ha cambiado en el seno de After Salem. La banda estrena nombre, sí, pero también logo (obra de Belén Lobeto) y batería, siendo ahora Marco Valera (Dumange, The Black Panthys Party, Nicotine Bubblegum…) el encargado de marcar el ritmo del cuarteto. El resto sigue inalterado en las figuras de Mike Gómez (guitarra), Carolina García (bajo) y Gina Barberia (voz). Pero tras el casi lleno de la jornada anterior, el sábado tocó enfrentarse a la cruda realidad. Muchos los bolos coincidentes en diferentes puntos de la geografía y poca gente con que llenarlos. Ello no es óbice para que estos renovados After Salem salgan a cuchillo, como por otro lado viene siendo costumbre en la banda. El mencionado nuevo logo ocupa el fondo del escenario. Y “Charcoal Heart” supone un arranque donde Mike Gómez pone de su parte en el fuerte pulso melódico de la composición. Buen sonido, además, del que disfrutan ya desde el comienzo. No terminaba de tenerlas todas conmigo, dado lo vivido en la jornada anterior, pero al final salió cara.

Gina, como siempre, hizo gala de su habitual dualidad vocal. Delicada en el limpio, desgarrada en el roto, su baile entre registros es santo y seña de la banda. Y “Lord of the Flies” deja tanto un buen puente, con ese breakdown tan bien cortado, como un buen solo por parte de Mike. Todo funciona porque la remozada base rítmica aportó toda la contundencia que se esperaba. “Sad Since 1995” es fácilmente uno de los cortes más idiosincráticos de esta banda. Gin se la dedicó a quienes hubieron de lidiar con “una madre tóxica, un padre ausente…” y todo entregó un poso más atmosférico, también más melancólico, que no hizo sino aumentar la paleta sonora del cuarteto.

Para o más bien sobre la familia que sí elegimos, “Loyal to the Bone” le sirve a Gina para brillar desde su registro más limpio, en fuerte contraste con ese epílogo descarnado y contundente. Siempre con un ya muy seguro Marco Valera en baterías. Y al final, si bien la entrada ni se acercó a lo visto la jornada anterior, si que, menos mal, dejó de ser el solar que nos encontramos al llegar. Fue la propia vocalista la que no quiso olvidarse de Belén Lobeto, a quien agradeció la creación del nuevo logo. Del rabioso presente saltaron curiosamente a los lejanos inicios, esa “The Forest” que siempre recuerdan, el primer corte que compusieron y que, en contraste con la dirección actual de la banda, permite contemplar de un plumazo cómo de grande ha sido su evolución. Una de las que más y mejor acertó a conectar con la gente.

Y vuelta de nuevo al presente para el debut en vivo de su última creación, una “Cherry Blossom” que debutara en vídeo hace escasa fechas y portadora de un riff que, pienso, gana una barbaridad en su traslación al directo. Y casi como resorte a ese poso algo más delicado, colocan “Heads Will Roll”, de seguro uno de sus cortes más juguetones. Imprescindibles esos coros de Carolina aquí y una banda que acertó a sonar más grave y rotunda. Para el cierre quedó “Haunted”, que Gina introdujo asegurando que versa sobre “una tía que se enamora de un fantasma”, algo que “le pasa a muchas”, apostilló Carolina, con ironía y también con razón. Para qué engañarnos. Lo mejor es que quedó claro el buen nivel que poseen. También que si había nervios derivados del cambio de formación, estos no traslucieron al resultado final. A afianzar esta nueva etapa. Esperamos ser testigos.

El fenomenal “Solus Ipse” bien merecía una entrada de relumbrón. No fue el caso y es un fastidio siempre que coincide tanta oferta en una única fecha. Sea como fuere, Unexpectance no iban a perder la oportunidad de darle a su tercer largo el tratamiento que se merece. Con un sonido tan contundente y redondo como nos tienen acostumbrados, todo se dispuso en pos de un bolo de los buenos.

Sobre todo porque Vaan resultó mucho más asentado que en mi anterior encuentro con la banda, aquél show en compañía de Hiranya en 2024 (crónica). Es algo que salta a la vista y sobre todo al oído nada más arrancan con “Noesis”, una de las propuestas más firmes de ese tercer largo, con el frontman alternando entre graves y rasgados sin dejar de moverse por todo el escenario. Buenos detalles de Aitor G. Stamper en el puente y en líneas generales una banda sonando tan comprometida como compacta. Muy segura de sí misma.

Y es que dio toda la impresión de que alcanzaban la Gong con los deberes más que bien hechos. Que quería movimiento, exclamaba la voz de Unexpectance. Y para ello dispusieron el vigor y la fuerza de “Sophrosyne”, donde vivieron a fuerza de colisionar furibundos blast beats de Luis Barrientos con su cara más atmosférica. Miki Méndez, puede que algo discreto en lo gestual, dibujó no obstante un estupendo solo aquí. Para “Momiji” son abundantes los detalles melódicos que dibuja ahora Nacho Peña. La diversidad con que se desempeñan, el modo en que Barrientos hilvana todos y cada uno de ellos. Y, al frente, un Vaan dejándose la piel por implicar a la gente. Un público, cabe decir, que si bien menos numeroso que la cita previa, sí que mucho más animoso.

Fue el propio vocalista quien introdujo el que fuera segundo single del nuevo álbum apostillando que “nos iba a dar con él en toda la cara”. Y es que “Ataraxia” destapó, aún si cabe, la cara más violenta del quinteto. También los tonos más desgarrados del frontman. Una celebración del metal más contemporáneo que Miki López cierra con otro gran solo de guitarra. De verdad, y sin querer leer cartillas de ningún tipo, que empecé a sentir lástima por quienes no pudieron (o no quisieron) acercarse a verles. Luis Barrientos marcó la brutal entrada de “Ethos”, propulsando al quinteto hacia su cara más furibunda y devastadora. El movimiento entre el público se magnificó. Unexpectance no aflojaban y el público, al que se sumó Vaan en el tramo final, tampoco. Gustos individuales al margen, a estas alturas del set empezaba a pensar que, hoy por hoy, son la formación más solida y contundente de nuestra (tan denostada) escena. Lo escribo como lo siento.

Pero como no solo de “Solus Ipse” vive uno, llegó el turno de volver la mirada hacia el anterior “Vortex” y rescatar aquél tema apertura “Guerra Interior”, donde brillaron los buenos detalles de Nacho Peña justo en las partes más violentas del corte. Y tras otro buen solo de Miki Méndez, la llamada de Vaan al wall of death. Que si bien no fue el más numeroso que hayamos visto allí dentro, dejó claro que el público del sábado sí que estaba por la labor. La voz del quinteto agradeció de hecho ese movimiento por parte de la gente. Y arremetió con una “Nematomorpha” que nos devolvía la cara más salvaje del quinteto, con un doble bombo verdaderamente lacerante por parte de de Luis Barrientos.

Antes de “EmpíreoVaan anuncia que se van tomar un descanso, momento que aprovecha Barrientos para un pequeño e improvisado solo de batería. Fue, en efecto, una de las pocas pausas que se permitió una banda muy segura y convencida en todo momento de sus posibilidades. Y ya fuera por el pequeño break que se tomaron o por otra serie de motivos, lo cierto es que sentí que su gama riffera se recrudecía de manera notable en su paso al directo. Al cierre quedó un breakdown de los que invitan a romper suelo y cercenar cervicales. Lástima que uno no esté ya para según qué trotes. No faltó el debido agradecimiento a la buena gente de After Salem. También a nosotros por ser “un público de puta madre”. “Hybris” se alimentó entonces de una mayor brutalidad (si cabe) pero también de una cierta carga atmosférica. Nacho Peña ayudó haciendo tapping aquí y, entre todos, acertaron a enfrentar su cara más elegante con la más violenta.

Para “Gnosis” ya me fue quedando la impresión de que Vaan había aguantado mejor el tipo que en mi anterior cita con ellos. El rodaje, los ensayos etcétera desde luego han ido dando sus frutos. El vocalista hace muy suya “Hipersomnia”, una de las ofertas más redondas del anterior álbum. Para el cierre quedó “Samsara”, con la banda vaciándose hasta su último aliento y Vaan perdido entre la gente. Benditos inalámbricos.

Soy más partidario de contar lo que sucede y no tanto de hacer quinielas, pero desde luego Unexpectance tienen ante sí un futuro que debería brindarles no pocas alegrías. Ellos han hecho sus deberes, está por ver si la gente hará los suyos. También lucen los renovados After Salem, quienes se mostraron tan elegantes y a la vez metálicos como acostumbraban bajo su anterior apelativo. Un placer siempre ver a unos y otros y contarlo por aquí. Vaya pues un abrazo así como un agradecimiento por todas las facilidades y mis sinceras disculpas por lo raudo de mi huida. Tened por seguro que nos volveremos a encontrar. De momento ya saben: nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: Erundina Artidiello

Crónica: Beast Inside + Aneuma (Oviedo 17/4/2026)

La vida consiste en quemar etapas y la de Beast Inside, tras publicar su segundo álbum “Throne of Blood” (reseña), consistía en brindarle la debida presentación. Volvíamos pues a nuestra querida Gong, ya casi no recuerdo cuando había sido la última vez, no solo para ver al renovado quinteto thrash sino también para tomar la temperatura a otra formación astur: la buena gente de Aneuma. Buen combo para una noche de viernes.

Y buena acogida la que tienen los melodeath de Puerto de Vega Aneuma al arranque del set. Sin más apoyo que un telón de fondo con el logo de la banda, retumba la intro para después acometer “Your Doom”, inicio ya habitual (clásico incluso me atrevería a decir) para ellos. “Fall Apart” sigue mientras mantienen su habitual pulso entre la rabia de una (siempre indómita) Laura Alfonso y esos característicos solos de Borja Suárez. Sin solución de continuidad, tan bien engrasados como de costumbre, y con una Jane al bajo ya perfectamente integrada en la disciplina del combo. Sempiterna la luz roja que les bañó durante (prácticamente) toda la descarga y muy funcional ese groove tan marcado al final de “Flesh & Bone”.

Un groove y una pesadez que “Never Again” recoge primero para pervertir después en ritmos más vivos y vibrantes, siempre con un Jorge Rodríguez marcando el paso acompañado de su inacabable gama gestual. Otro buen solo de Borja Suárez aquí y, a tientas, fue quedando la sensación de que estábamos ante una buena versión de los asturianos. “Tear Down The Walls” se apoya en otro buen estribillo, imparable Laura aquí, y es que siempre parece inasequible al desaliento. La banda se mueve siempre en esa fina línea entre metal extremo, esas voces lacerantes, y el heavy más clásico, los riffs que traman entre los hermanos Suárez, Borja y Abel.

Break Out From Hell” viene con sorpresa incluida en forma de regreso a las raíces. Pau, el que fuera bajista de Aneuma, tomaba el relevo de Jane sobre las tablas. “Volvemos a donde empezamos”, había apostillado Laura. Enlazando un corte tras otro, con total naturalidad, “Ashes Of Your Fears” volvió a ser uno de esos cortes que siempre caen de pie. La banda conjugó su cara más ¿accesible? en este tramo del set. Porque “Chain Reaction”, ya con Jane de vuelta, es otro corte donde gana enteros la conexión con la gente. Gran estribillo y mejor solo, no me canso, amén de un Borja Suárez que sumó esfuerzos junto a su hermano en coros. Nos estábamos divirtiendo. Este tramo más ¿liviano? se cerró con un riff con un gancho que ríete tú de Julio César Chávez: “Circles Of Fire”. Me importa un cuerno qué digan los demás: esto es heavy metal, papá.

Sirvió la siempre combativa “Violet” para abandonar esa fase más “amable” y conducir hacia la cara más rabiosa y contundente de la banda. Abel se desgañitó en esos coros (“Fight the enemy!”) pero eché en falta algo más de calor por parte de la gente. ¿Qué pasó el viernes?. Sea como fuere, la poderosa “Light The Torch Of Strength”, tema apertura de su tercer largo, sirvió como acicate a los más adormecidos. Un trallazo bien llevado por Jorge tras parches y unos Aneuma que se vaciaron del todo aquí. A pesar de que el sonido no fuera del todo claro en momentos puntuales, la guitarra de Borja iba y venía durante ciertos solos, pienso que una versión más que notable de la pujante formación astur.

Beast Inside y su flamante nuevo disco bien merecían la buena entrada que registraron el pasado viernes. Era el momento, además, de comprobar de primera mano qué tal funciona esa nueva base rítmica que forman Adrián Granda en baterías y Alex Kai al bajo. Al igual que sus compañeros de cartel, sin más más apoyo que un telón de fondo con su logo y toda vez termina la intro, acometen una “Saint Pederast” en la que aciertan a hilvanar melodía y fuerza, con Alejandro muy activo tras el micro y Chema dejando su primer buen solo de la noche.

Ravenous Appetite” da de lo suyo a quienes les pedían una mayor contundencia. Son los Beast Inside más vibrantes, con unos Kai & Granda bien empastados, dando el obligado soporte a las guitarras de Chema y Pedro. “Cómo está Oviedo… aparte de muy parao” exclamó a término Jandro. Razón no le faltaba. A modo de antídoto, disponen la siempre vibrante “No Escape”, de aquél debut de 2022, pero ni por esas. Y mira que se desvivía Granda en baterías… Hubo agradecimiento a la buena gente de Aneuma. Y tiempo para descubrir la cara más lúdica de su habitual thrash metal. “Deadpool Into The Pit”, con cameo del susodicho inclusive, proporciona renovados bríos al discurso del quinteto. Sin abandonar su habitual thrash metal pero revistiéndose ahora de un tono algo más despreocupado. Ahí, pienso, aciertan al enlazar con la ciertamente irónica “Once Again”, con Chema pasando al bajo y Kai a la guitarra, dibujando un buen solo, además. Quienes recuerden aquella noche con Mortal Coil (crónica), sabrán bien de las habilidades del muchacho.

De vuelta a posiciones iniciales pero con Lorena Sküld arriba del escenario, llegaba el turno de “una lenta”. “Hydrangea II” es, desde luego, lo más diferente que hayan grabado nunca. Y la voz de Sküld desde luego otorga una nueva dimensión a la propuesta. Fue Pedro quien soleó aquí y tengo la impresión de que la banda al completo salió más que airosa del envite. “Momento Scorpions pasado” ironizó a término un siempre animoso Jandro, “una de las viejas, habla de la manipulación de los medios de comunicación”. Era el turno, claro, de volver al “Under Control” y rescatar “Brainwash”. Un corte muy muy rodado ya para ellos y, pienso, de los que mejor les funcionan.

Yoke and Arrows”, el yugo y las flechas, extrae luego su cara más técnica, Kai sumó en coros junto a Pedro y entre todos dejaron uno el puente más llamativo del set. Quedaban tres, anunciaba el frontman. Y que iban a ir una tras otra. A degüello, “God of Flesh” y su lacónico pero efectivo estribillo parecen sacar (por fin) a la gente de su letargo. Acompañamos con nuestras voces a Jandro durante los coros, y fuera animado por ese aliento o por la quietud imperante dentro de la sala, bajó a mezclarse con el público, buscando caldear el ambiente en este tramo final. Así las cosas, hubo (tímidos) pogos en “Watching Bleed” y un wall of death, roto por el grito “Netanyahu hijo de puta” en la final “War”. Que tendría que haber sido así desde el comienzo, exclamó Jandro. Razón no le faltaba.

Pero nos lo pasamos bien en cualquier caso. Dos formaciones muy queridas en esta casa, no vamos a mentir, y con las que siempre es un gusto encontrarse. Si además nos reparten buena cera, como fue el caso, pues ni tan mal. Unos encaminan rumbos, presupongo, hacia su cuarto disco mientras que otros presentaron su segundo disco con una sala repleta de buena gente. ¿Qué más pedir? Un poco más de movimiento por parte de la gente, supongo.

En cualquier caso, agradecer tanto a ambas bandas como a la buena gente de la Gong el trato y las facilidades dispuestas en favor de esta crónica, mandar un saludo a la compañía del antes, el durante y el después y ya saben: nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz

Cronica: Escuela De Odio Presenta «Cuerpos Muertos» en FNAC Asturias

La mítica banda asturiana de hardcore/punk Escuela de Odio ha publicado un nuevo trabajo titulado “Cuerpos Muertos” y lo han presentado en un acto, casi íntimo, en las instalaciones de FNAC en Parque Principado. Allí han estado presentes Jorge, Pirri y Javi para contarnos de primera mano todas las vicisitudes que dieron lugar a este disco.

Nos recuerdan que han estado parados casi dos años y medio, desde aquel fatídico 29 de diciembre de 2023, cuando Pirri, vocalista y miembro fundador de la banda, sufre un ictus, que les obliga a cancelar todas las actuaciones que tenían programadas por aquel entonces. Tras 33 años de carrera musical, esta circunstancia supuso una gran incertidumbre acerca del futuro de la banda. La recuperación de Pirri conllevaba un tiempo y decidieron aprovecharlo para dedicarse a componer este nuevo trabajo, a la par que, a través de los ensayos, el cantante iba testando su capacidad de aguante.

La banda describe este disco como terapéutico. Las primeras canciones escritas fueron las que aparecen en primer y segundo lugar, dos temas totalmente autorreferenciales, que Pirri relaciona con todo el proceso vivido desde su ingreso en el hospital, “Viéndome Morir” y “Cuerpos Muertos”, este segundo relacionado también con el fallecimiento de una prima y con las guerras, en general. Son dos temas que se salen del habitual discurso social combativo, característico de la banda. Señalan en tono jocoso, que Nefta decía que ahora iba a ser todo sobre morir pero el resto del contenido del disco gira de nuevo hacia la temática común, marca de la formación. Indican que los mensajes de los temas de Escuela siguen siendo los mismos y, por desgracia, siguen vigentes en la actualidad que nos está tocando vivir.

Nos dice Pirri que las letras no son descarnadas sino como consecuencia de la enfermedad, su cerebro ya no está como antes y el disco, en general, le supuso un punto de esperanza en el proceso de recuperación. Respecto al estilo musical del disco, nos comentan que han querido volver al sonido ochentero crust/D-Beat propio de legendarias bandas como Discharge o GBH. El disco se podría decir que fue autoproducido, Escuela dirigió la maniobra de todo el trabajo, partieron de una maqueta y fueron haciendo los arreglos en los Breakdown Studios de Nefta Vázquez.

En cuanto a la portada, fue diseñada por Gerardo Gil, quien fuera road manager de Ilegales y editada por Gus Bocanegra, el técnico de sonido que suelen llevar Escuela de Odio y al que consideran el sexto miembro de la banda. Para el concepto de la portada se basaron en las “portadas collage” de algunos discos de bandas como Napalm Death o Terrorizer. A continuación, nos presentan en primicia, un nuevo video del tema “Dictador de Mierda”, tema que dura 50 segundos, seguido del video de “Cuerpos Muertos”, grabado en Lugones bajo la dirección de Titi Muñoz.

Para terminar la presentación y, antes de la firma de discos, nos comentan que presentarán en vivo este nuevo trabajo en el Kalikenyo Rock, festival que tendrá lugar en Lleida, los días 11 y 12 de septiembre de 2026, a partir de ahí, esperan contar con otras cuatro o cinco fechas pero que van a ir muy poco a poco. Eso sí, esperan que la segunda fecha de presentación de este disco se haga en Asturias, así que, estaremos atentos y deseosos de que llegue esa fecha.

Texto y Fotos: Erundina Artidiello

Crónica: Malaputa (Gijón 28/3/2026)

Nueva visita a los escenarios asturianos del power trío Malaputa. Liderado por Eduardo Beaumont “Piñas” (Marea) al bajo y voz, cuenta con el maestro «Kolibrí« Díaz (Marea) a la guitarra y Euken Ubasos (Ardi Beltza) tras los tambores. Tras su paso hace apenas un año, acompañados de Rienda Suelta y Ciclonautas, en esta ocasión lo harían en solitario dentro de los conciertos que forman parte de su gira Desojando 2026, escogiendo nuevamente la Sala Acapulco de Gijón para su presentación.

Con una puesta en escena despojada de artificios, tan solo unas plumas y una cabeza de cuervo adornando el pie de micro, a las 22 horas empezarían a sonar los primeros acordes de “Mar De Trigo” que, sin pausa enlazaron con “Subió El Telón”. Desde ese instante quedó claro que aquello no iba a ser un concierto sin más; era una descarga de energía, de mala leche y de verdad. La sala presentaba una buena entrada, quizá no la que merecen dos figuras tan queridas de la escena nacional, pero sí la suficiente para que el ambiente ardiera desde el primer minuto. Las primeras filas cantaban como si les fuera la vida en ello.

Tras ese arranque, Piñas se dirige al público con la sonrisa torcida: “Buenas noches, aquí Malaputa; el que no haya calentado ya está muerto”. Y con esa declaración de intenciones atacan “A Las Dos Envido”, uno de los pilares de De Raíz, antes de recuperar “Quiero”, recordándonos que su primer disco sigue vigente. Kolibrí, incansable, recorría el escenario como un animal en libertad, adornando cada riff con poses, miradas y acercamientos que encendían al público. Piñas, siempre que la voz se lo permitía, se sumaba a ese baile eléctrico. La sala vibraba, literalmente, como si estuviera a punto de estallar, presagio de su siguiente tema, “Gasolina y Fuego”.

“¿Seguimos o qué?, ¿Cómo va la cosa?”, pregunta Piñas antes de introducir “Un rocanrolillo guapo”, dando paso a “Amarga Hiel”. “Rock and roll triste, pero guapo” comenta. Vuelven a su primer trabajo con “Noche Clara” para dar paso a uno de los momentos más emotivos del concierto. Empiezan a sonar unos versos grabados de Robe Iniesta para introducir una sentida versión del tema de ExtremoduroDe Acero”, coreada a todo pulmón por el público. Tras un “gracias, Robe”, nos piden que levantemos los vasos o botellines para brindar y dedicar la noche a Jorge Ilegal, a Robe Iniesta y a todos los que nos han dejado. Más de uno —yo incluído— sintió cómo se abría un hueco en el pecho al recordar a quienes se fueron demasiado pronto.

Poco después comienza a sonar el potente riff de bajo que introduce “Sin Herrar”, con un solo especialmente brillante por parte de Kolibrí, luciéndose nuevamente en la intro más bluesy de “Entre Alisos”, bonito riff tirando de slide aquí. “Hay canciones que no deberían haberse escrito nunca”, asevera Piñas al terminar. Los golpes de Euken hacían retumbar los cimientos de la sala incluso en esos temas más tranquilos. De nuevo agradecen nuestra presencia y, tras un “vamos a hacer un temita de una gente del barrio, a ver qué os parece”, arrancan su particular versión de “A Toda Velocidad”, de Barricada, coreada de principio a fin por el respetable. Sin pausa siguen con “Golpes De Viento” y “Ramas De Colchón”, ambas de su primer disco. El sonido es impecable; la voz de Piñas, más rasgada y cazallera —si cabe— que en las versiones de estudio, le da a los temas un barniz que les sienta fenomenal, y Kolibrí se luce en cada solo haciendo las delicias de los presentes.

Piñas asegura que están pasando un muy buen rato. Prometen volver “con cosas nuevas y bonitas… y con mucha mala ostia”, entre los gritos de un exaltado que durante toda la actuación no dejó de pedir la púa de Kolibrí. Continúan con el tema homónimo de su último trabajo, “De Raíz” con ese precioso riff de bajo antes de que se unan el resto de instrumentos, para seguir con “Dedos Muertos”, ambos muy bien recibidos. “Ya quedan pocas”, dice antes de recordarnos que era el último concierto de esta mini gira y que, tras su actuación en Madrid, casi no tenían merchandising, por lo que no habían instalado puesto, pero nos invitan a acercarnos a hablar con ellos al final del bolo y ofrecer lo que les quedaba.

“Si te sobran las cadenas, rómpelas y ponte en pie; lucha por no ser esclavo ni de ella ni de él”, introduce “Esclavo De Su Cuento” para, tras un “que viene, que viene”, arremeter con “El Temporal”. La entrega de los músicos era contagiosa y, aún sin conocer los temas en profundidad, no podías dejar de gritar, moverte, corear y… sudar. Nuevo momento de lucimiento para Piñas con la potente intro de bajo de “En La Mejilla”, a la que se une la batería como si fuera una locomotora. Alargan el tema para, dando muestra de su humildad, presentar a toda la crew, sin olvidarse de técnicos de luces, sonido, escenario… además de los propios músicos. Euken nos deleitó con un potente solo de batería que dio paso a “Mi Altar”, su particular homenaje a “sus héroes”, en el que dejan claras sus influencias. “Café Y Mulas” vendría a continuación para despedirse “metiendo mucho ruido” con “Su Nombre Es Ruido”, otro tema alargado en el que destaca sobremanera el solo de Kolibrí tirando de wah.

Y llega el final: por los altavoces de la sala comienza a sonar “Let There Be Rock”, de los australianos AC/DC, momento que aprovecharon para saludar y repartir púas y baquetas entre las primeras filas. Se retiraron, pero en pocos minutos salieron los propios músicos a recoger el escenario y a encargarse del merch. Incluso el guitarrista se encargó de despegar su setlist -y lo que costó- para dármelo (gracias, Kolibrí). Después, fotos y charlas con todo el que se aproximó, por lo que quien quiso se fue con un bonito recuerdo. Esos detalles son los que hacen grande a un grupo y, Malaputa son enormes.

Hora y media de rock and roll crudo pero cuidado, lleno de emoción, de verdad y de momentos que se quedan grabados. Prometieron volver y, por mi parte, ya los estoy esperando. Agradecer a la organización la acogida y al grupo, nuevamente, su cercanía y facilidades para cubrir este evento. Que nunca nos falten noches como esta. Nos vemos en la siguiente; hasta entonces, salud y rock and roll.

Texto y Fotos: Miguel Rubio

Crónica: Willie Nile (Avilés 16/3/2026)

A sus 77 años y con una energía desbordante Willie Nile, el poeta de Nueva York, recalaba el pasado 16 de marzo en el Palacio de Santa Cecilia de Avilés, para presentarnos su nuevo disco “The Great Yellow Light” y conmemorar el 20º aniversario de su obra maestra “Streets Of New York”.

A pesar de las incontables ocasiones que este artista ha visitado Asturias y especialmente Avilés, de agotar todas las entradas apenas dos días antes en la Asociación Músico Cultural Bocanegra en Valles (Piloña) y de actuar un lunes, día laboral y poco propicio para acudir a este tipo de eventos, nos sorprendimos muy satisfactoriamente al ver la buena acogida y el cariño que la gente le profesa en nuestra tierra. Nos encontramos con una sala con aforo casi al completo, a punto de colgar el “sold out” y un público más maduro de lo habitual. Algunos de ellos acompañados de sus hijos y con apariencia de ser seguidores incondicionales.

Apenas pasados diez minutos de las ocho de la tarde, hora prevista para el inicio del concierto, aparece en el escenario un sonriente Willie Nile. Vestido completamente de negro, a excepción de los parches blancos de su vistosa chaqueta, en la que distinguimos al músico de blues John Lee Hooker y a un legendario componente de The Rolling Stones: Keith Richards en su juventud. Le acompaña la banda asturiana Stormy Mondays con Jorge Otero a la guitarra y coros, Danny Montgomery a a la batería, Pablo A. Bertrand a las teclas y Juanjo Zamorano al bajo y coros.

El artista neoyorquino, se muestra en todo momento muy cercano a su público, presentándonos una a una sus canciones y haciendo un tremendo esfuerzo para que le entendiéramos con una amplia mezcla de frases en castellano intercaladas en su discurso. Se presenta diciéndonos en inglés que está muy contento de estar aquí para soltar a continuación en español una frase que repetiría varias veces a lo largo de la noche: “Avilés Que Guapa Yes”, provocando al instante sonrisas generalizadas y contagiándonos con su buena energía.

Empieza rindiendo homenaje a uno de sus discos más significativos “Streets Of New York”, en su vigésimo aniversario, interpretando dos temas del mismo: “Wellcome To My Head” y “Asking Annie Out”. Continúa con “Run”, segundo tema del álbum lanzado en 2009 “House Of A Thousand Guitars”, a la que presenta y comenta que en español se llama “Correr” y hace las presentaciones iniciales de los miembros de la banda que le acompaña, con la que se nota mucha compenetración y buen rollo. Bromea con el nombre del teclista, diciéndonos que su teclista Pablo A. Bertrand, se llama Pablo Escobar. Tampoco falta la crítica social de estos tiempos convulsos que corren e incluso la crítica a su país, que considera debe “despertar”, dando paso así a una nueva canción “Wake Up America” de la más combativas de su última obra de estudio “The Great Yellow Light”.A pesar de su extensa trayectoria discográfica, el repertorio escogido mayoritariamente estuvo compuesto por temas de su último disco editado en 2025 y de “Streets Of New York”.

De este último la siguiente canción sería “Game Of Fouls”, de tintes soul, y para presentárnosla le pregunta a Jorge Otero, guitarrista y cantante de Stormy Mondays, como se diría el título en español. La traduce como “Un juego de chiflados”. Al término de esta canción Nile agradece volver de nuevo a Avilés, nos dice que le gusta mucho el “vino tinto” (ambas palabras en un perfecto castellano), la comida y la gente de aquí. A continuación nos presenta la primera canción de su nuevo álbum “Wild Wild World” que hace alusión a esta realidad que vivimos diariamente en los noticiarios que nos hace pensar lo loco que está el mundo. Continuaría con otras dos más del mismo: “We Are, We Are”, en la que le pregunta al bajista Juanjo Zamorano por como se traduciría el título, Juanjo se acerca al micrófono y dice “nosotros somos” y “An Irish Goodbye”. Este último tema de marcado sonido a folk irlandés, trata sobre la “gran despedida irlandesa” que es la mortalidad. Willie Nile la dedica a su padre, del que nos dice que tiene 108 años y sin tomar medicación está muy bien tanto física como mentalmente.

Momento íntimo a continuación, con Willie Nile sentado al piano interpretándonos “Streets Of New York” de su álbum homónimo publicado en febrero de 2006 del que conmemora su vigésimo aniversario. Este tema dedicado a la ciudad de los rascacielos recuerda ligeramente al sonido de Springsteen. Nile comienza cantando y tocando en solitario y posteriormente terminan acompañándole en su interpretación los músicos de Stormy Mondays. De igual modo sería la intro de la emotiva “Across The River” inspirada en el hambre de África, perteneciente a su álbum debut de 1980 “Willie Nile”, que también comenzaría con un solo al piano de Nile y luego se le unirían los demás músicos, para finalizar con un impresionante punteo de guitarra de Jorge Otero. Después de dejarnos a todos con el “vello de punta” tras escuchar este tema, Nile se dirige al centro del escenario con 5 chupitos de whisky para brindar junto a los músicos de Stormy Mondays, a los que describe como sus “brothers in arms” y que le acompañan en su gira española.

En todo momento la complicidad entre Willie y la banda es perfectamente palpable y en numerosas ocasiones los músicos le sirven de intérpretes para que podamos entender todo lo que el artista neoyorquino quiere expresar y las innumerables muestras de afecto a su público, en especial a los niños. Precisamente a los pequeños Martín y Francisco, que se encontraban en primera fila, les dedica la canción “Give Me Tomorrow”. Este tema pertenece a su disco “House Of A Thousand Guitars” de 2009 y es un canto de esperanza en el mañana. Finalmente exhortados por el artista, todos los presentes terminamos dando palmas y coreando su título en castellano: “Dame Manaña”. Esta respuesta tan positiva del público, el artista a su vez la agradece gritando de nuevo: “Avilés Que Guapa Yes”.

En la recta final, el show continúa con “Children Of Paradise”, de su duodécimo trabajo de estudio de igual nombre editado en 2018. “Heaven Help The Lonely”, una de mis favoritas y con un sonido muy actual pese a haber sido lanzada hace unos cuantos años, concretamente en el 91, en el disco “Places I Have Never Been”. Siguen con “House Of A Thousand Guitars”, perteneciente al álbum de 2019 de su mismo título que sirve de homenaje a todos los músicos que le han influido con el sonido de sus guitarras. En ella Willie Nille menciona a Jimmy Hendrix, Robert Johnson, Hank Williams, Bob Dylan, The Rolling Stones, John Lennon, Muddy Waters y John Lee Hooker. Curiosamente algunos de ellos aparecen claramente representados en los parches de su chaqueta. Al término de este tema, Nile volvió a tener un detalle con uno de los pequeños de la sala obsequiándole con una púa. Nos da las gracias por venir y continúa presentándonos “Run Free” de su disco de estudio “New York At Night” de 2020.

El show se va acercando a su fin, y a modo de despedida Willie Nile nos presenta de nuevo a los músicos de Stormy Mondays y a sí mismo en tono jocoso con la frase: “my name is Elvis Presley”. La respuesta del respetable es unánime y corean el consabido “otres tres”, Nile les responde dando las gracias por venir al Santa Cecilia y comenta que se siente como en casa. Interpreta un tema más antes de finalizar a las 21:50 horas: “One Guitar”, perteneciente al disco “Innocent Ones” publicado en 2010. A estas alturas el público está completamente entregado a la causa, así como el propio artista neoyorquino que toma de uno de los asistentes un abanico negro con letras blancas, al igual que su chaqueta, con las palabras “puto calor” y con el que comienza a abanicarse, mientras coreamos el pegadizo estribillo “na, na, na”.

Termina el show y mi conclusión final sería que a pesar del tipo de música que escuchéis habitualmente, si tenéis la oportunidad no desaprovechéis la ocasión de asistir a ver en directo a este gran poeta de Nueva York. Un músico heredero del estilo de Dylan y con múltiples influencias de artistas como Springsteen o Tom Petty, pero que no forma parte del mainstream, que sabe conectar perfectamente con su público en vivo. También quiero reseñar especialmente el buen sonido de Stormy Mondays y lo compacta que sonó la banda, así como las buenas vibraciones y compenetración que transmitían. Hace apenas unos días han presentado su canción “The Thrill Is Not Gone”, como adelanto del nuevo disco que están preparando y estaremos muy pendientes de seguir las evoluciones de esta magnífica banda que en 2011 consiguió el logro histórico para la música de nuestro país de ser elegida por la NASA para sonar en el transbordador espacial Endeavour.

Por mi parte, agradecer como siempre a Heavy Metal Brigade por el apoyo, a todas las personas que apuestan por la música en vivo y no tienen pereza por acercarse a una sala un lunes, a los amigos que nos acompañan diariamente en nuestras aventuras y por supuesto a los músicos y locales que siguen adelante a pesar de los tiempos difíciles que corren. Nos vemos próximamente…hasta entonces que el rock & roll no deje de sonar!!!

Texto: Aurora Menéndez
Fotos: Carmen González

Crónica: Teksuo + As Life Burns + Maverick (Oviedo 21/3/2026)

En Asturias podemos presumir de muchas cosas, entre ellas, de la cantidad de bandas de la escena metalera que tenemos, en todos sus géneros y subgéneros. Algunas con proyección nacional e, incluso, internacional, y muchas con trabajos de enorme calidad artística. Entre estas últimas, se encuentra Teksuo, banda de metalcore con gran trayectoria (casi veinte años desde su primera demo), reconocida, pero no lo suficientemente valorada (desde mi punto de vista). El pasado 13 de marzo estrenaron su nuevo trabajo “The Glow Before I Go” (reseña), comenzando la gira de presentación del mismo en Oviedo, el 21 de este mes, junto a unos habituales en sus conciertos asturianos, As Life Burns y Maverick.

El lugar elegido para dicho estreno fue el escenario grande de Kuivi Almacenes, en Oviedo, un espacio que, de momento, se presta a este tipo de eventos y esperemos que se pueda mantener a pesar de los obstáculos que, de vez en cuando, han de salvar.

Cumpliendo los horarios, a las 21:30 horas aparece sobre las tablas, el quinteto de Mieres, Maverick. Habría unas 50 personas justo cuando suena la intro, pero el aspecto de la sala mejoró en escasos minutos, el tiempo que tardó la gente en darse cuenta de que aquello había empezado.

La propuesta de la banda difiere del estilo metalcore que iba a inundar el resto de la noche, siendo el de los mierenses un punk rock ágil y divertido, muy al gusto de sus acólitos, que no cesaron en corear tema a tema, desde los primeros: “Mil Golpes” y “Cometas”. Tras esta apertura, aprovecha un entusiasta Misa para saludar y agradecer a Teksuo por su invitación, pidiendo ruido para ellos.

Maverick parecían sentirse en familia. Salieron a pasarlo bien y eso se transmitió al personal que ya iba entrando en calor, aunque Misa señala que parecemos un poco dormidos. Justo antes de “La Espiral”, el cantante consigue que la gente se acerque al escenario, siendo este uno de los temas más reconocidos de la banda, a tenor del movimiento y el fervor del público en sus cánticos. “Demostradme que la sabéis de verdad”. Quedó claro. Luego vienen otras dos apuestas seguras: “Luces De Ciudad”, donde señalan a la protagonista del vídeo, elaborado para este tema (Marina Fortes se encuentra presente en la sala). Y una corta y más punky “Travis”, en la que colaboran Torri y Oriol en la labor coral.

Siguen con “Los Días Más Oscuros”. Casi al final de este tema, irrumpen unos segundos del “Never Gonna Give You Up” de Rick Astley, como si se tratara de una interferencia, retomando después el final de la canción. Un pequeño descanso para presentar el inédito “Su Legado”. “Este seguro que no os lo sabéis”, indica Misa, ya que estará incluido en el que será su próximo disco. Una canción que habla del legado de los abuelos. Lo novedoso no restó un ápice en la entrega de los presentes.

Con “No Hay Final” y “El Miedo En Vuestros Ojos” se despide el combo mierense, dejando un muy buen sabor de boca entre sus seguidores y rematando ya con un pequeño “wall of death” sus, aproximadamente, cuarenta minutos de actuación. Diremos que el sonido fue mejorando en el transcurso del concierto, como les ocurrió también a Teksuo y As Life Burns, pero bastante aceptable en el caso de Maverick.

Eran las 22:30 horas cuando comienza a sonar la intro que acompaña a “Thirst For Tears”, en un escenario adornado con los roll up y el telón de la banda anfitriona, Teksuo. El quinteto de espaldas al público y con poca luz, comienza esta gira de presentación con los dos primeros temas que abren su recién estrenado “The Glow Before I Go”: “Thirst For Tears” y “All You Wanted”. Por desgracia, el sonido no les acompaña en esta primera entrega. Podemos escuchar la poderosa voz de Diego y el retumbar de la batería de Luis, opacando la labor de bajo y guitarras.

Esta situación se fue subsanando a partir del tercer tema “Raise The Flag”, donde destaca la labor de Constan al bajo y una batería con mucha presencia, marcando las líneas de un metalcore más clásico. Teksuo logra crear una atmósfera que engancha entre la portentosa y versátil voz de Diego y el acompañamiento instrumental del resto de los componentes. Algunos cierres son memorables.

Pequeño respiro para saludar al respetable, pedir aplausos para el resto de las bandas e instar a “celebrar la vida”, al tiempo que presenta otro de los cortes del nuevo álbum, “Sailing To The Unknown”. Aquí ya se nota la comunión total entre público y banda. El tema nos lleva a navegar entre una melodía hipnótica, rota por las estrofas afiladas que imprime Diego. Tal parecía que la canción ya tuviese una gran andadura, a tenor de cómo fue recibida y coreada.

Digamos que el repertorio presentado por Teksuo alternó de una manera muy equilibrada, temas del último EP “Lost In A Dream”, editado en 2024, junto con los del último trabajo, y algún otro aporte de aquel “Nure-Onna”. Es en “Lost In A Dream” donde Diego pide un acercamiento del público y una mayor energía, que obtiene al instante, a la par que va provocando que la gente coree, a modo de acompañamiento, mientras David desgrana unos excelentes riffs.

Para “One Of A Kind”, Diego pide la presencia de su colega Misa, con el que va a compartir turno en su ejecución, mientras Rafa y Constan se mueven por el escenario, provocando un poco más de movimiento entre la gente. En “Sanctify My Ache” comienza Diego, casi a capella, el resto de la banda quietos, hasta que explotan y se redondea con el solo de David. Leve descanso y un Diego solitario inicia uno de los temas del nuevo disco cantados en castellano: “Dogma”, con solo un leve acompañamiento de los acordes de David.

Otro giro de tuerca. Diego interpreta sentado, en un inicio, “Let It Rain” del “Endless”(2020) y nos invita a abrazarnos. Dos estrenos más: “Erase By Mistake” y “Shadows Die Twice” donde el movimiento se vuelve a hacer patente y la gente bota. En “Natural Born LiarsDiego nos invita a acompañarle con las palmas y Rafa la vive y la canta para rematar con una movida “Holes”, como broche final a una hora que se nos hizo corta y emocionalmente intensa. Como sorpresa, suena “Un verano en Nueva York”, la popular versión de Bad Bunny, mientras los músicos recogen el escenario.

Difícil misión les quedaba a As Life Burns. A la banda de Laviana les tocó continuar con la fiesta con un público más mermado. Sin telón de fondo ni más artificio que los habituales acompañamientos pregrabados y, esta vez, más que con sus predecesores, el juego de luces de la sala acompañó muy acertadamente en el desarrollo de su actuación. En esta ocasión, a Mikel (voz), le acompañaba Diego a la guitarra (ataviado con una camiseta de los raperos Ummo), Guille al bajo y Roro a la batería.

Abren con “Whispers”, tras la que Mikel se afana en poner a la gente de nuevo en movimiento, pidiendo circle pits incesantemente, pero poco se consigue a estas alturas de la noche. Una “Again This Brightness” cantada entre Mikel y el guitarra consigue un poco más de acción en las primeras filas. Con su intro electrónica y netamente más metalcore, suena “The World Of Evil”. Mikel aprovecha un leve descanso para agradecer a Teksuo, Maverick y al Kuivi para arremeter después con “Until The Clean Mind Breaks”, que me gustó mucho. Llega una sentida “Debris Hills”, más cadenciosa.

Siguiente intro, se oyen las olas del mar y una voz que acompaña a la voz rasgada de Mikel, “I Failed”. Más acción con “Fire And Ice”, donde Roro se despacha a gusto. Mikel agradece que se apoye el underground, solo por los directos ya vale la pena, apostilla. A partir de aquí, el ambiente vuelve a tornarse una fiesta. Suena “Bring The Torch” y en la parte final del tema, el incansable frontman nos pide acompañarle encendiendo las luces del móvil. “¿A quién le gusta el techno?”, nos pregunta, justo antes de la electrónica intro a “Awaken The Madness”, un tema que me recuerda a Bring Me The Horizon.

Obediencia total del público cuando Mikel nos pide agacharnos en “We Are Animals”, culminando con un tímido wall of death. Y esto llega al definitivo final con “Where The End Is Never Seen”, tras 45 minutos de una actuación que consiguió cerrar una buena velada del metal más moderno, con hechura asturiana.

Agradecer, como siempre, a Heavy Metal Brigade, a las bandas y, en especial, a Noelia Amieva por su inestimable apoyo para elaborar esta crónica.

Texto y Fotos: Erundina Artidiello

Crónica: Synchronical + Sküld (Gijón 21/3/2026)

El tiempo pasa volando… Prácticamente dos años desde que los madrileños Synchronical llegasen a mis oídos con ocasión de la batalla de bandas de la primera edición del Luarca Metal Days. Fue en la Sala Estilo de Oviedo, y a pesar de no hacerse con uno de los dos puestos que estaban en juego para completar el cartel del festival, los tres temas que descargaron me dejaron con buen sabor de boca y con ganas de más. Me pareció un grupo de puro heavy metal con influencias tanto clásicas como actuales y que lo mismo tenían tintes progresivos como ramalazos speed, thrash o metalcore. Estaban entonces «en capilla» del lanzamiento de “Rebuilt”, disco que venían a presentarnos en esta ocasión. Si además lo hacían acompañados de Sküld, era motivo más que suficiente para tener la entrada anticipada comprada desde hacía semanas.

Lo de la sala elegida era otro cantar… Dado el historial de cancelaciones que tiene la Sala Buddha, era para tener la mosca detrás de la oreja. Y así fue; apenas cuatro días antes del bolo la sospecha se hace certeza. Lo de este establecimiento hostelero (me niego a seguirlo llamando sala) es impresentable… y punto (no voy a gastar más energías). Menos mal que José Carlos tiene contactos hasta en el infierno y se pudo reubicar en el Lucy Club. El cambio de planes supuso adelantar a las 19:30 horas la apertura de puertas, pero a estas alturas eso era lo de menos: bien está lo que bien acaba.

A la media hora de la apertura de puertas comienza puntualmente la descarga de Sküld. Abren con «My Mother Told Me» y prácticamente del tirón, «Huye«. Momento para las presentaciones, por si hay alguien despistado en la concurrencia que aún no conozca a los de Puerto de Vega. Algún molesto acople, pero nada que impida que suene «Odín«, uno de los clásicos de la banda. A continuación, Lorena presenta «Long Distance Reader» como ese tema para los que, como ella, necesitan ya una ayuda para ver según que cosas (de lo que da fe la lupa que tiene a sus pies). Un tema que estará incluido en ese nuevo disco que no acaba de llegar.

Sin terminar de solucionar los dichosos acoples, suena «Dear Son» y a continuación una remozada «Hear Me» en «versión reprise». En este momento José Carlos comenta las vicisitudes del cambio de ubicación y da gracias a la gente del local por permitir la celebración tan a última hora. También se hace eco del nuevo «merchan» con cuya venta esperan poder financiar un segundo CD. Con las «Lágrimas De Freya» los estribillos y coros pegadizos se vuelven a hacer con el personal, algo que a la voz de «esta la conocéis» se va a multiplicar con «The Last In Line» del añorado Dio.

A estas alturas el ambiente está literalmente caldeado y los cinco claman por unas cervezas. Está llegando la recta final, pero como dicen «queda mucha cera». Aún tienen tiempo de acordarse del ejército de cotillas con «The Rumor» y de adelantarnos otro tema de la nueva hornada: «Blood Eagle«. En este momento Lorena se hace hueco entre el público por segunda vez en la noche, algo habitual en ella pero que esta vez era casi necesario. El escenario es pequeño para una banda de 5 miembros y eso que había dos cajones ejerciendo de provocadores. A Roberto casi ni le vimos detrás de su batería… Pero al margen de esos pequeños detalles, fueron 55 minutos de setlist equilibrado entre sus clásicos y lo que está por venir, consiguiendo en sus propias palabras «que conozcamos la mayoría del nuevo material antes de que se grabe». Lorena, José Carlos, Roberto, Chinky y Robert son una garantía de heavy metal y buen hacer sobre las tablas que al que suscribe le dejaron satisfecho y calentito para lo que estaba por llegar.

Eran las 21:20 horas cuando Synchronical aparecieron por el escenario. Preludio con orquestación pregrabada de «Just Before Wake Up» y sin pausa, «Don’t Wake Me Up«, primer capítulo del álbum “Rebuilt”. Tema con inequívocos toques metalcore en el que Álvaro hace de forma solvente las veces de Mero Mero (voz de Vita Imana que la canta junto a Jesús en el disco). A continuación, toca visitar su anterior obra discográfica de la mano de «Torn Soul«, un tema a caballo entre el speed y el power metal de pegadizo estribillo y extraordinario solo de Dani. Al finalizar, momento de presentación de los madrileños por parte de Jesús y agradecimientos a Sküld y a Óscar del Lucy Club sin cuyo tesón e interés el concierto no habría sido posible.

Vuelven a sonar arreglos orquestales como introducción a «The Wall Of Silence«, otro de esos temas que caracterizan la evolución sónica de la banda. Nuevo «speech» de Jesús, esta vez para agradecer a su hermana y su cuñado la acogida y manutención (además de vender entradas anticipadas, de lo que doy fe). Finalizado este, reclama la presencia de Lorena. En lo primero que pensé es: «Ya está: se van a cascar el «See You Later«, tema que para “Forevermore” hicieron con la colaboración de Tete Novoa (Saratoga) y que han revisitado en “Rebuilt” como «See You Later (Reimagined)» con la voz femenina de Mer (Manhatan Rock Band) y arreglos orquestales». Pero la sorpresa fue aún mayor cuando Lorena se pone en el lugar que Isra Ramos ocupa en «Rebuild«. Fue un momento mágico en el que quedó patente la buena química entre las dos formaciones y la versatilidad de la asturiana.

«Es una noche para sentirse grande, para sentirse como los grandes. Esta la vamos a cantar entre todos»: es el preámbulo para «Hallowed Be Thy Name«, versión de Iron Maiden con la que, si no tenían ya al público en el bolsillo, sirvió al menos para despertar a los más perezosos. Ni un minuto de respiro y ya están con el frenético comienzo de «The weirdo«. Desde mi punto de vista es el tema que mejor conjuga la transición desde los anteriores Synchronical y los actuales. Y hablando de esa transición llega el momento de «Forevermore» (precisamente, el que da título a su obra de 2019). Si con ese estribillo y esos coros no participas del concierto, estás muerto. Esto va llegando a la recta final, pero aún quedan balas en el cargador: «Under My Skin» es otro de esos temas que incitan a participar.

Nueva tanda de agradecimientos: de nuevo a Sküld, a la sala, a la gente de sonido, a Noe en el merchand… Y llega el momento más emotivo de la tarde-noche: toca despedir a Dani Sánchez después de 15 años y por motivos laborales. Emoción, obsequios, abrazos, unas palabras y la ovación del público (suerte en la nueva aventura vital, seguro que la música sigue presente). Nos acercamos al epitafio, pero queda la traca final. Y demostrando que no hay ganas de dormir cae «Insomnia«, un tema ya con 10 años (“Losing Memories”, 2016) pero que sigue sonando fresco. Último grito de Jesús: «¡Esto es una fiesta!!!» y nos descerrajan el «Ace Of Spades» de Motörhead. Gran colofón.

Lo que a principios de semana se presentaba como un desastre, se convirtió en una gran tarde-noche de heavy metal muy a pesar de algunos. Para el que escribe supuso además el descubrimiento de una nueva sala, la Lucy Club, que para eventos de pequeño aforo (calculo fatal, ¿pero para unas 100 personas…?) puede ser interesante. Esperemos que sea el primero de muchos, porque no estamos sobrados de lugares donde se pueda tocar en directo. Gracias a la gente de Sküld por poner tanto empeño en que todo fuese para adelante, a Óscar por permitírselo y a la gente de Synchronical (Jesús, Dani, Álvaro, Feli, Gonzo y Noe) por la conversación post-concierto. ¡Suerte para todos y nos vemos en el próximo!

Texto: Tômi Röckdríguez
Fotos: Miguel Rubio