Tercer trabajo para los doom death metaleros con base en Madrid Sun Of The Dying, la banda que forman Daniel Fernández Casuso y Roberto Rayo en guitarras, David Muñoz en teclados, Diego Weser en baterías, Jose Yuste al bajo y Eduardo Guilló en voces. Únicos representantes estatales dentro del siempre interesante sello alemán AOP Records, “A Throne Of Ashes” fue grabado por el Aversio Humanitatis Simón Da Silva (At The Altar Of The Horned God, Voidescent, Mara, Defacement…) y posteriormente masterizado por el Teitanblood Javi Félez (Altarage, Vidres a la Sang, Totengott, Avulsed…). A ello hay que sumarle la colaboración de Antinoë, el artwork de Manuel Cantero (Santo Rostro, Ósserp, Zeenon…) y la foto de Sara Juanes. Todo para un disco que vio la luz el pasado 21 de noviembre en digital, CD y vinilo de 12″.

“Martyrs” se eleva desde las profundidades para luego arremeter con el habitual doom death ordenado y rebosante de clase que les caracteriza. Un disco como este, en este momento de su trayectoria, no sería el que es sin la buena producción que se intuye ya desde las primeras estrofas. Un sonido bien calculado, equilibrado al milímetro, y que luce igual tanto en las partes más tranquilas y atmosféricas como en las más rotundas y desgarradas. Dice mucho de ellos, en mi opinión, optar por abrir el álbum con el corte más extenso de tracklist. Estas partes calmadas, en particular por las voces limpias que las domina, tienen algo que me recuerda a los Antimatter del gran Mick Moss. Las más graves, portan un sello que me lleva a pensar en gente como Evoken, Saturnus, Officium Triste… nombres todos ellos con los que, intuyo, les compararán a menudo. En definitiva es un opener conciso, diverso, bien construido y mejor arreglado, que confluye en un puente de una violencia no muy lejana a la de algunos de sus compañeros de sello. Este “trono de cenizas” no podría haber dispuesto mejor arranque.
Es tan acusada la majestuosidad de “Martyrs”, que Sun Of The Dying entregan ahora un corte que poco o nada tiene que ver con él. “Black Birds Beneath Your Sky” parte del que puede ser el riff más monocorde y rocoso que les recuerdo. A él confrontan estrofas donde la agónica voz de Guilló resulta casi el único asidero. Ahí me gusta el contraste que ejercen unos estribillos por los cuales, voces limpias mediante, se filtrará algo más de luz. Un corte menos ambicioso en lo que a reloj se refiere, pero que le confiere una gran personalidad a este tercer trabajo.
“With Wings Aflame”, con Antinoë colaborando en voces, entrega a unos Sun Of The Dying más reconocibles. De inicio una balada / medio tiempo elegante, distinguido, cuyas partes más desgarradas me recuerdan, fácilmente, a unos Novembers Doom de álbumes como “Aphotic” o “Into Night’s Requiem Infernal”. Me agrada el modo en que empasta y progresa el doble juego vocal. También la carga atmosférica que entrega el Arwen David Muñoz tras las teclas. Hay buenos cambios de ritmo acompañados de cuidadas melodías de guitarra. Y si bien quizá eche en falta una pizca más de nervio en su arreón final, me resulta un corte nada desdeñable en cualquier caso.
“The Greatest Of Winters”, que porta la que quizá sea mi letra favorita de todo el álbum, arranca con Weser enseñando un brío que habrá de difuminarse cuando acudan las primeras estrofas. Ahí emerge la banda en su registro más grandilocuente. Buena parte de razón la tienen de nuevo las teclas de Muñoz, pero también esos riffs que proponen Rayo y Casuso. La banda recupera aquí aquella escritura más diversa que alimentaba “Martyrs”, enfrentándola a ese doom death (un tanto) más pomposo para consolidar así otro corte de eficacia más que sobrada. Entre tanta pompa, puede que el bajo de Jose Yuste quede algo enterrado en la mezcla. Sea como fuere, aprecio esa cierta tensión que desprende su puente central. Pero sobre todo el crescendo que introducen después. Guilló se desgañita a fondo aquí y Sun Of The Dying abrazan un registro en el que parecen la mar de cómodos. Estupenda tanto desde el papel como en lo que a ejecución se refiere.
“House Of Asterion” arranca desde posiciones muy académicas, muy cercanas a todo lo que dicta el libro de estilo, para después ofrecer una escritura que me agrada por la diversidad que atesora. Porque parece un corte trazado a base de contrastes. De la acusada grandilocuencia del prólogo a la candidez de esas primeras estrofas. Y de ahí a unos estribillos en una clave un tanto más épica, con los colchones de teclas de Muñoz acaparando buena parte del protagonismo. Hay grandes voces limpias, una mezcla dotada de gran equilibrio y un epílogo vibrante y redondo. Otro logro.
Son precisamente las teclas de Muñoz las que dan la bienvenida en la final “Of Absence”. Una cuidada línea de piano que cederá luego el protagonismo a un doom, de nuevo muy académico, en una onda que bien podría rimar con los mejores My Dying Bride. Eduardo Guilló traza aquí otra de mis líneas de voz favoritas de este tercer largo. Todo el corte dispone de una gran labor melódica del dúo Rayo & Casuso. Algo que termina otorgando una cierta distinción a este broche final. Triste, melancólica y desgarrada. Al fin y al cabo doom death metal quintaesencial, tal vez eche en falta ese riesgo que abrazan en cortes anteriores. Con eso y con todo, un cierre más que digno.
La banda, a la que tuvimos el placer de ver sobre los escenarios el pasado año (crónica), parece saber muy bien lo que se hace. Un doom death pensado desde su escritura como un juego entre contrastes, algo que le otorga una frescura muchas veces desconocida en álbumes de género como este. Buenos arreglos, el detalle de la fina colaboración de Antinoë, buenos riffs y melodías, tristeza, melancolía… todo sin perder el característico sello del grupo, pero creo, y esto es lo más importante, que componiendo el álbum más personal de todos cuantos han entregado hasta la fecha. Ese, y no otro, pienso que es el camino a seguir.
Texto: David Naves







