
Cuarta entrega para los cartageneros Scarecrow Avenue, tercer larga duración tras arrancar su periplo con “Mi Origen«, proseguir con “Medusa” y el Ep “Multiverso”. Ellos son Álvaro Verdú (batería), Dani Cegarra (bajo), Oskar Kampillo (voz), Javier Martínez (guitarra) y Guiye Gods (guitarra, grabación). “Ártico”, que así se llama su nueva obra, cuenta con mezcla y masterización de Facundo Novo en los Novoestudios de Valencia.
Sin pompa ni alarde alguno, “Lux” nos adentra en la peculiar idiosincrasia del disco con cadencias tranquilas, grandes dosis de melodía y resultones dibujos de guitarra. Y aunque avance un tanto a tirones, resulta finalmente interesante por ese baile tonal que alberga. También por la construcción del poderoso estribillo. Un corte, en cierta medida, a la contra del habitual arranque vitaminado y directo, bien construido y beneficiado de la mayor diversidad que exhibe su casi laberíntico epílogo. Gran arranque. El prólogo de “Soma” se armará sobre un groove mucho más pronunciado que dará pie a una línea vocal que alternará entre registros, lo que contribuye en gran medida a otorgarle un tono aún más contemporáneo si cabe. Igualmente trabajada desde el plano gramático, quizá no tanto como su predecesora pero sí lo suficiente como para mantener vivo el interés.
“Titán” representará un paso más allá en cuanto a melodía. Un corte de esos que pareciera estar construido con el directo como principio y fin, pero algo falto bien de pegada, bien de un sonido más equilibrado, en su por otra parte agradable primer tercio. Caminará hacia su puente central ennegreciendo el registro vocal y aportando más detalles tanto desde el plano técnico como el compositivo, resultando en suma una composición un tato bicéfala pero muy funcional.
La pequeña “Horizonte” jugueteará a la alternancia entre sinfonía y electrónica para servir de anticipo al tema que da nombre al disco, una “Ártico” que si bien ofrecerá detalles de interés, principalmente durante otro intrincado puente central, cierto es que resultará en conjunto no tan brillante como muchas de las entregas que la rodean. Irreprochable en lo técnico, al final carga con quizá demasiados tics de los singles adelanto. Que lo fue hace ya un tiempo:
“MK Ultra”, sin relación con el popular tema de Muse, será la oferta más ambiciosa en términos temporales de todo el disco. En principio una trabajada amalgama de riffs y melodías donde revoloteará el influjo de los madrileños Hamlet, terminará por teñirse de aspereza conforme camina hacia un tronco central que, a término, resultará en uno de los más periféricos de todo “Ártico”. Culminará finalmente en un epílogo de bella factura. De mis favoritas. “Tundra” pondrá la nota de color al disco, necesaria ya estas alturas del tracklist y que oxigena el corazón mismo del álbum con su tono más apagado, su cadencia tranquila y su clásico y funcional trazo en crescendo.
“Dragón”, que con la colaboración del Ktulu Willy lo tenía todo para convertirse en uno de los cortes principales del álbum, al final palidece frente a muchas de sus compañeras por una escritura plana en exceso, predecible por momentos, y que si bien está dispuesta para entregar la cara más briosa de la banda, creo no alcanza a carburar todo lo bien que cabría esperar. Y no será porque el buen despliegue técnico del puente no ponga de su parte, pero lo cierto es que no he llegado a conectar con esta octava canción del disco.
La pequeña pseudoinstrumental “Ley Natural”, donde oiremos la voz del inmortal Constantino Romero narrar el poema “Any System” del no menos eterno Leonard Cohen, pondrá otra de las notas de color del disco, mientras que “Agenda 2030” arrimará a Scarecrow Avenue a terrenos industriales, cargadísimos de groove y bajo una línea vocal que tiende (sin lindar) al rap metal. Curiosísima por tono, atrevida por construcción y atractiva por resultado.
“Siglo XXI” hibrida sin complejo alguno la cara más pop de la banda con la más visceral, dando como resultado un corte que bien merecía algo más que esos poco menos de tres minutos que marca en el reproductor. Queda para el final y a modo de bonus track una “Miedo 2.0” con el ya ex-Avalanch Isra Ramos colaborando al micro, y que no es sino una puesta al día de un corte que ya apareciera en su demo “Mi Origen” de 2015.
Más que en la colisión entre géneros, el disco anida conciencudamente en una intersección entre tonos de lo más atractiva. A veces de unas canciones a otras, otras en el propio corazón de sus composiciones, residiendo precisamente en esa agilidad compositiva la gran baza de “Ártico”. Que dista de ser un disco perfecto pero ofrece algo más de cincuenta minutos de trazo sugerente y técnica notable. Que quizá no tenga una producción brillante pero tampoco una que empañe las composiciones. Un trabajo en definitiva que debería hacer las delicias de los seguidores del metal más contemporáneo en la lengua de Cervantes.
Texto: David Naves








