Nervosapresenta nuevo material como anticipo a su próximo disco «Perpetual Chaos» que verá la luz el próximo 22 de enero. En esta ocasión, su vocalista Diva Satánica ejecuta un playthrough del tema que da nombre al álbum.
Así define Diva Satánica el playtrough: «Perpetual Chaos» es nuestro segundo single con esta nueva formación y el tema que da título al álbum. No se me ocurre mejor manera de abrir boca antes del lanzamiento de este nuevo disco el próximo 22 de enero, que con este tema que simboliza la síntesis de un año horrible para todos y del que esperamos salir fortalecidos».
La mezcla del audio y la edición del video son obra Martín Furia, también productor del nuevo álbum. Perpetual Chaos fue grabado en Málaga en Artesonao Casa de Grabación Studio por el mencionado anteriormente Martin Furia. La masterización ha sido obra de Yarne Heylen.
La asociación cultural Skulls Of Metal organizadora del festival jienense del mismo nombre, desvela los componentes de su 19ª edición que tendrá lugar el sábado 23 de octubre en el recinto ferial cubierto situado en Begíjar (Jaén).
Como si de una emulación del paisaje futbolístico de la tierra se tratase, la escena vasca no ceja en su empeño de fabricar bandas de heavy metal de calidad una detrás de otra. La última en llegar a estas lides es Evil Seeds, radicados en la capital vasca y que nos traen el que es su segundo álbum tras el ya lejano “At The Edge Of Ruin” de 2010. Ellos son Unai Elorza (batería), Tello Oraá (bajo), Josu Llona y Rodri Soto (guitarras) y Roma (voz). “Theory Of Fear” se grabó, mezcló y masterizó en los Chromaticity Studios de Asua con el cada vez más imprescindible Pedro J. Monge a los controles. Con arte de Daniel Bérard, está en la calle desde primeros de diciembre vía Thundersteel Records.
“King Of The Ring” que aunque lo pudiera parecer no guarda relación alguna con la banda de Joey DeMaio, es la encargada de romper las hostilidades. Tras un fugaz prólogo, rápido engarza con los Judas Priest gritones (pleonasmo) de principios de los 90 y los propios Vhäldemar de Monge. Metal directo, sonido demoledor y un mayor peso exhibicionista en detrimento de la escritura. Irrumpe desnuda en el puente para después deslizarse con la cara más ostentosa de los bilbaínos. Huelga decir que el sonido se mueve a gran altura. Seco, directo y potente. “Stronger”, donde colabora el propio Monge a las seis cuerdas, se adscribe a un metal más arrastrado y rocoso, con Roma erigiéndose en una versión castiza del mejor Tim “Ripper” Owens a la par que la banda entrega un corte que crece con fuerza en estribillos y desliza una escritura notablemente más florida y diversa. Un final de fuerte aroma Iced Earth redondea un estupendo segundo corte. “Inside The Vipers’ Nest”, adelanto del álbum allá por mediados de octubre, le sirve a Roma para desplegar su amplísimo abanico de tonos altos (y casi) imposibles y a la base rítmica de Oraá y Elorza para engarzarse como un guante en un corte, de todos modos, algo previsible. Como buen single que es.
Toda vez supera su refractario prólogo, “Theory Of Fear” vuelve a las andadas en otro corte que abraza la diversidad que desplegaba “Stronger” en un ir y venir de riffs desde luego no antológicos pero sí más que pragmáticos y notables. La línea vocal serpentea por tonos más oscuros y entre unas cosas y otras se va conformando el que es uno de los cortes más distintivos de todo el trabajo, que aún habrá de crecer tras la oscuridad del puente central y el redondo, casi perfecto, tercio final. Da nombre al disco y no me extraña. “Against All Gods” no resulta tan avanzada ni redonda, recuerda a unos Priest de la segunda venida (de Halford) y, eso sí, no se olvida de una escritura con la debida cantidad de riqueza. Más groovera y algo más cercana al thrash. El buen tercio final ayuda a que no me aburra del todo. Cala rápido la oscura sensualidad que desprende, a borbotones, el riff que cimenta el primer tercio de “No Plan B”. Roma declama conciso una estupenda línea vocal en la primera irrupción del estribillo y desde ahí fluye la cara más pesada y monolítica de la banda. No diré que roza el doom metal, pero se atisban ciertos patrones y detalles que no cuesta atribuir a aquél género que alumbraran entre Ozzy, Iommi y el LSD a finales de los 60 y comienzos de los 70. Por cierto, mucho cuidado si escucháis su explosivo final con auriculares.
“Layers With Blood” es la encargada de reconducir a un canon más reconocible gracias a un metal sencillo pero que brilla por lo conciso de sus estrofas y lo directo de su propuesta. Más hímnica en estribillos, trae lo mejor de Llona y Soto a las guitarras pasado el puente. Del bien al notable. En esa misma onda parece ir “To Hell With It All”, si bien pierde parte de su duración al tiempo que se descubre con unos estribillos más profundos y pesados. Al igual que me ocurre con “Against All Gods”, el buen tercio final contribuye a eliminar cualquier atisbo de sopor. La final “Lover Of Death” es un distendido collage que se permite el lujo de bailar entre el groove más marcado, el metal más clásico y las atmósferas metálicas más contemporáneas. Apoyada en un andamiaje poliédrico, parece dispuesta para la mera floritura técnica en ciertas fases, en otras para que Roma hunda su registro en las profundidades, cuando no en las alturas, y siempre y en todo caso para que la base rítmica de Elorza y Oraá despliegue todo su buen hacer. Un final que epata por su riqueza gramatical y que deja en muy buen lugar al segundo de los vascos.
Más allá de varios y pequeños detalles, no hay nada aquí dentro que te vaya a coger de sorpresa. Y aún así, su escucha resulta más que placentera si lo que andas buscando es un artefacto sonoro que aluda a la escena clásica sin resultar prescindible y anodino tras pocas escuchas. Metal conciso y clásico, de producción y sonido modernos, gritón (en altos y en bajos) y con varios temas a gran altura en lo gramático. Una muesca más para la nutrida escena vasca y un buen acompañamiento a otros buenos discos del género, dentro y fuera, en el por lo demás terrorífico 2020.
La formación gallega de metal sinfónico Atreides presenta más detalles de su nuevo álbum de estudio “Ordalía”, que estará disponible para su reserva el próximo 15 de enero.
01 Somos Lo Que Somos 02 Herederos De La Fe 03 Flor De Madrugada 04 Ordalía 05 Mi Gran Culpa 06 Servet 07 Varados 08 Sin Perdón 09 Cruz del Sur I: La Partida 10 Cruz del Sur II: Ascensión 11 Cruz del Sur III: Clarividencia
Tras dos discos “Neopangea” y “Cosmos” en los que el cuarteto no ha parado de crecer, la banda estrenará este nuevo trabajo producido y mezclado por Dany Soengas con la masterización de Sebastian «SEEB» Levermann. El álbum cuenta con las colaboraciones de Alberto Cereijo (Los Suaves) y componentes de «Aquelarre«e «Iron Hunter«. Con el inicio de la preventa el día 15 de enero, la banda entrena en su canal de Youtube el segundo sencillo del álbum «Servet«.
El músico finés Alexi Laiho fallecía en los últimos días del pasado año, la fecha exacta no ha sido confirmada, tras padecer una grave dolencia en los últimos años.
Uno de los guitarristas más influyentes del metal europeo en el siglo XXI, Alexi Laiho fallecía súbitamente a los 41 años en su domicilio de Helsinki. Fundador, voz y guitarra de Children Of Bodom desde 1993 al 2019, se convirtió en uno de los grandes referentes de la escena metalera escandinava e internacional. En la actualidad estaba inmerso en la grabación del álbum debut de su nuevo proyecto musical Bodom After Midnight con el que había grabado tres canciones y rodado un videoclip que según su manager Jouni Markkanen, serán publicados de forma póstuma sin fecha concreta. En su carrera profesional Laiho formó parte también de bandas como Inearthed, Sinergy, Warmen o Kylähullut. A través de la siguiente playlist en Spotify repasamos su trayectoria, colaboraciones y rarezas. Descansa en paz Alexi.
Nacidos cuatro años atrás con visos a participar en un disco tributo a los titanes británicos Pink Floyd a través del sello Versailles Records, no es hasta comienzos de 2020 cuando estos chicos de BlacktownBand deciden dar el paso a la producción de material propio y pergeñar este debut de escueto nombre “I” (One). El grupo, que funciona actualmente como trío, se compone de Alejandro Hervás al bajo, quien se encargó además de mezcla y producción, Esteban Rabadán a las teclas y Nina Agudo a la voz, a quienes acompañan esta vez el multiinstrumentista alemán Markus Tautz en guitarras y Emiliano Fiori en baterías.
El prólogo de la inicial “You Really Need Me” bien podría recordar a aquellos Judas Priest mestizos del incomprendido “Point of Entry” o, por añadidura, cualquier gran nombre de los setenta. A saber: Thin Lizzy, UFO, Budgie… Armazón clásico, riff preeminente y la omnipresente voz de Agudo coronando la mezcla. Se detiene una vez alcanzado el puente para adquirir tintes de psicodelia ligera y añadir un interesante solo de guitarra. La producción de Hervás brilla sin esconder carta alguna en un epílogo que gana prestancia de forma notable. “One, Two And Three Man” se agarra con uñas y dientes a la década de los setenta para imbuirse de su espíritu indomable y confeccionar un corte simple y directo. El más escueto del álbum, de hecho. No destaca por lo avezado de su escritura, pero sí por una estupenda línea vocal de Agudo, en especial durante el estribillo final.
“Dancing In The Moonlight” rebaja el ímpetu del tema previo y se embulle de calma chicha para dejar un corte que flirtea entre la balada y el medio tiempo, bien apoyado por un Hammond y una línea de guitarra cristalina y funcional. Buen crescendo final y, en general, la sensación que dejan las cosas bien hechas. “Feeling Sorrow”, que se irá por encima de los siete minutos, es un largo medio tiempo prólijo en detalles que despliega la cara más cautivadora de estos Blacktown. Hervás deja una estupenda línea de bajo, bien sustentado por Fiori en baterías y que conduce a un estupendo crescendo final. Que no te engañe su duración, si todo funciona aquí es más por elegancia y saber hacer que por lo diverso de su escritura, que resulta de lo más heterodoxa.
“The Box” vuelve a territorios más estandarizados, sube al Hammond en la mezcla y pronto muta en un corte directo y saltarín. Agudo exhibe lo más arrastrado de su registro y todo desprende un aroma Purple que los más talludos del lugar sabrán apreciar. El medio tiempo “Living In My Room” trae un prólogo que rápidamente alude a los Pink Floyd más tranquilos para después adquirir más peso, cierta épica heredada de los mejores Queen y los tonos más altos por parte de Agudo. Exhibe, además, una gran escritura y un mejor final. La más redonda y significativa de todas cuantas canciones entrega este “I”.
Así las cosas, “Spend The Night Together” confronta al corte anterior yéndose de farra a uno de esos tugurios de dudosa reputación y que, por culpa de la pandemia, tantísimo echamos de menos. Mucho piano, aún más fiesta y bastante sencillez en un corte tan previsible como divertido. “Want To Find Out” es otra llamada a la calma, rota de tanto en cuanto por buenos dibujos de las seis cuerdas y que le sirve a Nina Agudo para dejar otra estupenda línea de voces. Enlazando con el germen de la banda que mencioné al comienzo de la reseña, el disco cierra con la versión de Pink Floyd “Hey You” del monumental, excesivo e ineludible “The Wall” de 1979. Versión leal al original, para tranquilidad de los fans de la banda inglesa.
Otro debut y no son pocos los que han pasado por mis orejas últimamente. Este de Blacktown se digiere con sencillez, resulta divertido en la mezcla de influencias y exhibe un gusto y un cariño por las buenas melodías digno de mención. Sí, la escritura se queda a veces en patrones demasiado sencillos y hasta previsibles, pero no deja de ser un primer disco. Y, de todas formas, ahí están “Living In My Room” o “Dancing In The Moonlight” para los más sibaritas. A la espera de un hipotético segundo trabajo que pula defectos y afiance virtudes.
La organización del Vampire Fest anuncia la incorporación de Bruthal Thin, Barbara Black, los chilenos Betrayal Devour Cowards, Anima Aeterna y la banda mexicana Sleep On A Dream al evento online que tendrá lugar los días 17 y 18 de febrero.
Cinco nuevas bandas que se suman a las ya anunciadas Salduie, Drago, Elevate, Herra, River Crow, The Groggy Dogs, Swim to Drown y la banda mexicana The Hero’s Rise en un festival que promete irrumpir fuerte en el panorama musical.
La formación sevillana Anima Barroca estrena el vídeo lírico «El Nombre Del Viento» como segundo adelanto de su próximo disco «Divergentes«.
Inspirada en la novela del mismo nombre del autor estadounidense Patrick Rothfuss, la canción cuenta con la colaboración de Manuel Rodríguez a las voces (Sphinx, Gizëh). La mezcla y masterización ha sido obra de Isra Ramos (Avalanch, Amadëus, Alquimia) en sus Dante Music Studios. El montaje del video corre a cargo de Antonio Mellinas, bajista de la banda. Recordar que el primer adelanto «El Libro Cerrado» se publicaba el pasado mes de agosto.
Nuevo largo para la promesa asturiana Drunken Buddha. Formación que ha visto ahora renovada su base rítmica con la adición del ex Avalanch Fran Fidalgo (bajo) y el Black Beans Kay Fernández (batería). El line-up actual se completa con Mario Herrero (teclados), Diego Riesgo (guitarra) y Michael Arthur Long (voz). Por poner en situación a los profanos, la banda viene de vencer en la W:O:A Metal Battle Spain, conseguir un meritorio tercer puesto en la confrontación global de dicho evento y resultar ganadores del Festi AMAS en su edición de 2019. Como diría un clásico, algo tendrá el agua cuando la bendicen. Grabado a caballo entre los Estudios Dynamita, con Dani G. a los mandos, y los Magoo Studio de Oviedo, con producción de Juan Martinez. El arte vuelve a ser obra del tatuador e ilustrador gijonés Yori Moriarty.
“March To Dementia” es la introducción de este “II” y su escasa duración apenas alcanza para hacerse una composición de lugar y darse de bruces con la furibunda, colérica y terriblemente directa “Sea Of Madness”, un primer corte con verdadera enjundia del trabajo donde pronto se establece el tono dominante del mismo al tiempo que se revela la cara más aguerrida de la formación astur. De resultas de ese gran caudal de energía desplegado, puede achacársele cierta simpleza en lo gramatical, como no podía ser de otra forma. En cualquier caso una de esas canciones que aluden más al corazón que a la cabeza y funcionan como un tiro. El sonido empasta sin mayores problemas todo el rango de líneas y expresa bien tanto nitidez como pegada, si bien es verdad que en ciertos momentos, los menos, distrae el objetivo aportando un protagonismo a la voz algo por encima de lo aconsejable. Nada catastrófico en cualquier caso. “Devil’s Breath” acorta en desarrollo, atempera la visceralidad previa y conforma un corte con vocación de opener apoyado en unas estupendas estrofas y en un riff de esos que has escuchado ciento y una veces pero del que no alcanzas a despegarte del todo. Hard rock sencillo y elemental, animado y brioso, bien cimentado y mejor interpretado. Disfrutona.
En el tronco central de este “II” habitan varios de los cortes más extensos del mismo. El primero de ellos resulta ser este “Purple Skin”, medio tiempo a mayor gloria de la remarcable línea vocal de Long, fiado en gran medida a las teclas de Mario Herrero y que alcanza su cenit en un estribillo que nuevamente alude a los clásicos y nos entrega todo el aroma de las cosas bien hechas. El solo de Riesgo no corre muchos ídem y todo carbura entre el bien y el notable. “Hang ‘Em High” arranca en balada, emulando tímidamente patrones flamencos, para virar de forma casi dramática a aquella visceralidad que ofreciera la primeriza “Sea Of Madness”, con la salvedad que esta trae un mayor juego por parte de Herrero al Hammond y su tono revela una épica más acusada, deudora de forma tímida de los Rainbow de Dio, o de parte de la carrera de éste en solitario, y que la convierten en uno de los temas más redondos de todo el trabajo. “Back Where I Belong” sí es una balada, o un medio tiempo más bien, con todas las de la ley. El arranque, a teclas y guitarra, resulta de una elegancia y preciosismo intachables, así como su escritura, que sin entregarse a florituras periféricas, antagónicas ni extravagantes, muestra un oficio y un conocimiento de todos los patrones propios del género digno de reseñar. Michael Arthur Long ejerce un mayor control sobre su voz y la precisión de la nueva base rítmica, de experiencia más que sobrada, revela todos sus galones. Tan rutinaria como disfrutable.
“Throw Your Life Away” para entrar de pleno en el tercio final de “II”, slide mediante, aporta un deje sureño desconocido en sus compañeras de tracklist. Fidalgo gana terreno con las cuatro cuerdas y las métricas, adscritas en todo caso a preceptos inequívocamente añejos, despliegan en todo caso un corte sencillo, entretenido, directo y funcional. Asturias nunca sonó tan Lynyrd Skynyrd. “The King”, que vuelve a descender por debajo de los cuatro minutos, aprovecha lo reducido de su minutaje para regalarnos un estupendo riff de Diego Riesgo, una estructura de lo más juguetona y a un Kay Fernández desatado tras los parches. Corte, en definitiva, que sorprende a estas alturas de álbum y que debería funcionar como un tiro sobre el escenario (y frente a él). La final “Three Shots” cierra “II” ofreciendo la cara más amable, más lindante con el baladeo, más melancólica e incluso tierna de Drunken Buddha. Lo importante, más allá de su buen desarrollo, con ese crescendo casi sinfónico desplegado durante y después del puente, es lo bien que funciona como broche del álbum. Elegantísimo, casi de traje y corbata.
Drunken Buddha no están para experimentos con gaseosa. La entrada de la nueva base rítmica aporta una mayor solidez a su ideario, y mientras la escritura sigue (y seguirá) parapetada en escenarios y métricas de un clasicismo rayando en el homenaje, lo cierto es que los astures se las han vuelto a apañar para entregarnos una colección de canciones que exudan trabajo y buen hacer, que se digieren con brío y que habrán de plantar una enorme sonrisa en el rostro de sus acólitos. Auguro, sí, gozo y algarabía en los seguidores de los sonidos más añejos, así como la antipatía de todo aquél que no conjugue verbo alguno más atrás de 1989. Buena caza al resto.