Bajo la denominación «La Nueva Era Rocktour» la formación murciana hará su debut en los escenarios asturianos para presentar su nueva obra de estudio «La Nueva Era Del Rock» editada el pasado 2025 vía Maldito Records.
Por su parte Secta también llegará a Gijón con novedades a presentar. En su caso a su nuevo vocalista Fernando González (La Dieta de Worms, Coverage). Soundcrush muy activos en vivo en los últimos tiempos regresan a Gijón para continuar con la presentación de su nuevo disco de estudio «The Hunt» autoeditado el pasado año, reseña aquí.
Fieles a su cita anual la asociación cultural motera Magaya Astur organiza el próximo 10 de enero en la Sala Acapulco de Gijón un concierto solidario con el fin de recaudar fondos para la rehabilitación de Mael, gijonés de tres años amputado de pies y manos que necesita terapias y prótesis especiales.
Tras más de 14 años impulsando conciertos solidarios centrados en la infancia, Magaya Astur cuenta en esta edición con la participación de El Trio Calavera, Clovers CB y A3 Trio, proyectos paralelos de reconocidos músicos de la región como Borja García, Diego Motta, Wilón De Calle, Andrés López, Roberto Castro, Ángel Miguel, Antón Ceballos y Alejandro Blanco. Además se podrá disfrutar de las colaboraciones de Rafa Kas, Pablo García y Sam Rodríguez.
Con un donativo en taquilla de 12€ se ha habilitado una fila 0 para colaborar a través del siguiente número de cuenta: ES75 3059 0103 25 2354487726. Los beneficios irán destinados íntegramente a la familia del pequeño Mael.
Nacidos en Madrid a mediados del 2020 Gilipojazz está formado Ángel Cáceres (bajo y voces), Iker García (guitarra y voces) y Pablo Levin (batería y voces). Tresmúsicos inclasificables, a la hora de fusionar estilos, capaces de mezclar rock progresivo, funk, jazz, metal y música clásica de una forma virtuosa pero llena de humor e irreverencia.
El 30 de enero continuarán en la Sala Acapulco de Gijón con la gira promocional de su último álbum de estudio «Progresa Adecuadamente» editado en 2024. El pasado verano formaban parte de la programación musical del prestigioso Festival de Jazz de Montreux (Suiza), siendo la primera banda de rock española que actúa en el festival. Para dejar constancia han editado en formato digital el E.P. «Live at the Montreux Jazz Festival 2025» compuesto por 3 temas «Erzuín”, “Payasos & Metalpatitos” y “Iker Me Debe Un Café”.
Una puesta en escena de lo más diáfana recibió a la banda pasadas las nueve y media de la noche. Y, con todo dispuesto, arremeten con “Bad Boys” en la que ya vemos a un pletórico Mats Levén. El ex Yngwie Malmsteen, sesenta y un años le contemplan, no dejó de saltar y moverse en todo momento. ¿Lo mejor? Que fuera capaz de hacerlo sin apenas desfallecer en cuanto a voz se refiere. Entre el propio Vandenberg y el teclista Len Van De Laak traman un estupendo primer duelo solista y todo parece ir sobre ruedas. Ese arranque tan directo vino a contrastar con el toque mucho más vacilón de “Slide It In”, con el rubio guitarrista dejando buenos coros, Levén buscando los límites del escenario y Joey Marin De Boer vaciándose a placer tras el kit de batería. Estupenda dupla inicial para un arranque, cuanto menos, prometedor.
Pero es que luego siguen con “Fool For Your Loving” y la sala poco menos que se viene abajo. Como Levén, que recibe el corte acuclillado sobre las tablas de la Acapulco. Su registro puede resultar algo más rocoso que aquél al que replicaba, el inequívocamente sensual David Coverdale. Pero su esfuerzo y su gran estado de forma, ejemplificados en el grito final que dio aquí, despejaron cualquier duda aparente. Comentaron luego que venían directos de Amsterdan y que, en el trajín, alguien extravió parte de su equipaje. Poco importó. Porque la gente se subió al carro aún cuando lo que sucedió fue un corte del propio Vandenberg, una muy aplaudida “Your Love Is In Vain”.
Claro que una cosa es cosechar aplausos y otra muy distinta que la sala al unísono coree aquello de “Love Ain’t No Stranger”. Me pareció que el sonido, aún en primeras filas, era más que óptimo, si bien en algún momento costaba oír con claridad según qué riffs del guitarrista de La Haya. Fue aquí que llegó el momento de poner algo de calma. La banda dedicó la siguiente a un fan de entre el público, tocayo de servidor si mis notas no me engañan, y que resultó no otra que “Is This Love”. Levén atemperó su registro, Vandenberg trazó uno de sus solos con más feeling y, por ahí, la banda cogió algo de resuello. Hubo vítores primero, y mucho movimiento después mientras la banda despejaba toda incógnita con “Give Me All Your Love”, del superventas (y me quedo corto) “1987”. Tremenda la fuerza con la que, una vez más, Joey Marin De Boer azotó su kit de batería aquí. Len Van De Laak volvió a dar la talla tras las teclas y Vandenberg, tras arrojar la púa al público, enfrentó el solo sin más ayuda que sus dedos. Clase para dar y regalar.
Joey Marin De Boer se quedaría entonces en solitario sobre el escenario, procurándose algo de protagonismo con un más que correcto solo de batería y ofreciendo una bien merecida pausa a los ya veteranos (visto lo visto, solo en el carnet de identidad) Vandenberg y Levén. El vocalista de Mölndal pareció aprovechar bien el pequeño resuello, pues en “Judgement Day”, con la banda desarrollando esa vena tan Zeppelin, tan “Kashmir”, ofreció uno de sus desempeños más brillantes de toda la noche. Teclista y guitarra se quedarían entonces a solas. Y tras el juego entre ambos, dieron paso a una inolvidable rendición del “Crying In The Rain”. Colosal solo de Vandenberg, calzándose los zapatos del tristemente desaparecido John Sykes. Se cumplía la hora de concierto cuando llegó el turno de otra que no podía faltar: “Here I Go Again”. Ni que decir tiene que el público de la Acapulco no quiso defraudar a la banda que tenía enfrente y se dejó la garganta en consecuencia. Un gran final…
… salvo porque, claro, restaban los inevitables bises. Estos dan inicio con Vandenberg y Levén, éste último sentado en la tarima de la batería, para entre los dos enfrentar “Sailing Ships” de aquél “Slip Of The Tongue” de 1989. Alianza sueco – neerlandesa para mantener vivo el legado de una de las mayores leyendas del hard británico. O para volver sobre la carrera del propio guitarrista y traer al presente “Burning Heart”. Cuestionable la doble ración de baladas a estas alturas del set, pensarán algunos. Y puede que tuvieran razón. Pero cuando cierran con “Still Of The Night”, con una sala entregada como pocas veces habrá visto y oído éste que escribe, hasta los menos duchos en Whitesnake como servidor no pueden hacer otra cosa que aplaudir a los chicos por el bocado de nostalgia que nos ofrecieron.
“Las miticadas siempre triunfan” era una coletilla que se repetía insistentemente el pasado viernes. Y es que el legado de Whitesnake sigue (y seguirá) teniendo mucho tirón en la vieja Asturias. Después de todo, si fueron capaces de convencer a un profano como servidor, qué tan bien lo pasarían los verdaderos amantes del ya inmortal legado de David Coverdale. Una noche para el recuerdo. Y van…
Apertura de puertas: 20:30 horas Concierto: 21:30 horas
Inmerso en la gira «My Whitesnake Years» ofrecerá una serie de conciertos basados en los grandes éxitos de su etapa en la formación liderada por David Coverdale acompañado por Mats Levén (Candlemass, At Vance, Malmsteen…) a la voz, Joey de Boer como batería, Sem Christoffel al bajo y Len Van De Laak a los teclados. Ofrecerá un show en el que además tendrá cabida la presentación de su última obra de estudio «Sin» publicada en agosto del 2023 y temas de su extenso ciclo como solista. Atentiéndonos a sus últimas representaciones en vivo el repertorio no diferirá de la selección siguiente:
Hit The Ground Running (Vandenberg 2024) Slide It In (Whitesnake 1984) Fool For Your Loving (Whitesnake 1980) Your Love Is In Vain (Vandenberg 1982) Love Ain’t No Stranger (Whitesnake 1984) Give Me All Your Love (Whitesnake 1987) Sailing Ships (Whitesnake 1989) Judgement Day (Whitesnake 1989) Bad Boys (Whitesnake 1987) Wait (Vandenberg 1982) Crying In The Rain (Whitesnake 1982) Here I Go Again (Whitesnake 1980) Burning Heart (Vandenberg 1982) Still Of The Night (Whitesnake 1987)
Once años hacía que Tim Owens no pisaba Asturias. Quiso la casualidad, de hecho, que lo volviera a hacer en la misma sala que antaño: nuestra querida Acapulco de Gijón. Acompañado para la ocasión de la buena gente de Baja California, la dupla nos prometía una noche más para el recuerdo. Lo suyo sería empezar por la buena entrada que registró la sala. A ojo de buen cubero uno nunca sabe la cifra con exactitud. Si el de Battle Beast fue la mayor venta de tickets de todas cuantas he presenciado allí, la del pasado sábado fue sin duda una de las que más se le acercó. Al menos en lo que a una banda de heavy metal se refiere.
Enésimo encuentro de esta casa con la buena gente de Baja California. Los asturianos, siempre en línea ascendente, y a quienes habíamos visto hace escasas fechas como teloneros de unos tales Europe, acudían a la cita con el SoldierDani Villamil ocupando el puesto del habitual Javi Monge. Suena esa intro, que tanto me recuerda a The Night Flight Orchestra, mientras la base rítmica de Javi Hernández “Cete” al bajo y Gus Velasco tras baterías acude a tomar posiciones sobre el escenario. Una vez ya con la banda al completo, arremeten con su habitual “Caída Libre”. Un arranque de incendiado hard rock que acostumbra a funcionar para los asturianos. Manu Roz no dejó de animar a la gente, tampoco de jugar con su adornado pie de micro. Y Villamil se mostró bastante hábil en sustitución de Monge. Unos Baja California de circunstancias se podría decir. Nada más lejos. Incluso me atrevería a decir que el sábado se pudo oír una versión algo más contundente del quinteto.
Puede ser algo que salte al oído en una “Tiempo Suicida” que pocas veces habrá sonado tan redonda. Porque la banda sigue creciendo y se nota. Roz se la había dedicado a “todas esas pasiones que no llegaron a ninguna parte”. El frontman de los California se mostró tan activo como de costumbre. Y aunque en algún momento hubo dificultades (al menos en primeras filas) para oírle como merece, por lo general pocas dudas caben sobre su desempeño. El propio vocalista sería quien agradecería a los medios por el apoyo desinteresado que reciben. Había llegado el momento, como dijo Roz de “brindar por el rock and roll”. Aunque si hay un tema que recibe grandes dosis de calor por parte de la gente ese es “Indomable”. La banda supo responder con clase pero sin perder un ápice de contundencia. El habitual Aarón Galindo introduciría en solitario “Reina De Hielo”, otra de esas que parece inamovible en sus setlists. Aún cuando Cete tuvo algún que otro percance con su (ya icónico) bajo, buena versión de la banda la que estábamos viendo.
No iba a ser un set exento de sorpresas. Y es que la banda no iba a perder la oportunidad de subir al escenario al bueno de Javi Monge y, toda vez mutada en sexteto, entregar “Polvos Mágicos” a una entregada Acapulco. En “El Mejor Error”, Roz bajaría a saludar a su progenitor a las primeras filas. Muy emocionado el espigado vocalista aquí y no era para menos. Para el cierre quedaban un par: “Dueños De La Noche”, con petición de aplauso para Monge antes del solo, y esa versión más potente de la banda que siempre ejemplifica “Electricidad”. Su techo no sabemos dónde está, pero siguen dando pasos en la dirección correcta.
Son alrededor de las once cuando arranca a sonar la intro de “Jugulator”, la canción que daba nombre al primer álbum de Tim “Ripper” Owens en la disciplina de Judas Priest. Una de las líneas de voz más exigentes de la carrera del norteamericano y que supone, de inicio, toda una declaración de intenciones por su parte. Cincuenta y ocho años le contemplan, era su noveno show en diez días, pero ello no quitó para que ya desde el inicio mostrase cuánta voz queda aún en su garganta.
Junto al de Akron (Ohio, Estados Unidos) están los andaluces Pulsa Denura, mostrando un nivel mucho más que digno junto al ex Iced Earth. El set siguió con la versión de la que ya fuera una versión (de Fleetwood Mac), no otra que “The Green Manalishi”, con un Owens cogiendo algo de aire tras el violento arranque y Acapulco coreando a gusto. El frontman, que había irrumpido con su inseparable gorra y oculto bajo las gafas de sol, abandonó estas para preguntarnos primero si nos gustaba el heavy metal, y después si sabíamos cuál era su nombre. Era el turno, claro, de “The Ripper”. Llama la atención cómo, dos décadas más tarde, sigue presentando los temas a la manera en que lo hacía a su paso por Judas Priest. Las mismas coletillas, las mismas preguntas, incluso las mismas poses. Como esa con los brazos extendidos con la que da la bienvenida a, claro, “Burn In Hell”, con otro gran desempeño vocal y unos Pulsa Denura en su encarnación más cruda y rotunda. Una sucesión de riffs capaces de detener la rotación de la tierra tanto en este corte en particular como en aquél disco en general. Tan odiado por unos, tan amado por otros entre los que me incluyo. Solazo de José Pineda aquí, quien hacía las veces del legendario Glenn Tipton sobre las tablas de Acapulco.
Owens tendría entonces un par de detalles. El primero para con los chicos de Baja California y el segundo, para la recientemente desaparecida leyenda Ozzy Osbourne. Había llegado el turno de rememorar a Black Sabbath con “Children Of The Grave”. Gracias a “Hellfire Thunderbolt” el set vira momentáneamente hacia KK’S Priest, el proyecto que vuelve a juntar al americano con el que fuera su compañero en Judas Priest, el no menos legendario K.K. Downing. Con la banda sonando realmente potente aquí y un duelo solista entre José Pineda y Miguel Salvatierra de lo mejorcito de la noche. Ripper introdujo entonces (calcando el modo en que lo hiciera en “‘98 Live Meltdown”) una de mis grandes favoritas del vastísimo repertorio Priest: “Beyond The Realms Of Death”, del magnífico “Stained Class” de 1978. Algunos ni habíamos nacido. Estupenda interpretación de Owens aquí, gran ejecución de la banda y solazo final de Salvatierra para uno de los momento álgidos de la jornada. Lo siento así.
El set volvería entonces al primero de los discos que Ripper grabó con la banda británica para extraer de él el thrash contundente y conciso de “Blood Stained”. Otra gran amalgama de riffs y un Owens como pez en el agua a través del que puede ser el corte más pesado de todo el show (y que gocé lo más grande, para qué mentir). Llegó entonces el momento de volver la vista atrás, concretamente a su paso por los ahora caídos en desgracia Iced Earth, y recuperar “When the Eagle Cries” de aquél “The Glorious Burden” de 2004, con el vocalista llevándose la mano a su hebilla del cinturón con la bandera de su país y la guitarra de Salvatierra muriendo justo en mitad del solo. Peor timing, imposible. Sea como fuere, no niego me sorprende la gran acogida de “One More Shot At Glory”, el guiño de KK’S Priest al “Painkiller”, y que es lo más cerca que está el set de tan icónico álbum. Tremendo Owens al final con una serie de agudos realmente portentosa.
El ex Beyond Fear no quiso olvidarse de otra voz desaparecida recientemente, no otra que la de Paul Di’Anno, aprovechando para recuperar “Wratchild” de Iron Maiden y abrochar así a las tres grandes del heavy metal británico (Sabbath, Priest, Maiden). “You guys are loud”, reconocería un sonriente Owens. Luego volvería entonces a su segundo y último álbum con Priest, “Demolition”, aprovechando para reconocer que se trata de su favorito junto a la banda. Tampoco es que hubiera mucho donde elegir. Pero lo que llama la atención es lo mucho que gana una canción como esta con una afinación en condiciones, y no con la que aquél disco y no digamos ya el subsiguiente álbum en directo “Live In London” salieron al mercado. Aquí se produjo un pequeño solo de batería, con un buen juego con la gente, y donde más de uno se relamió pensando en la legendaria “Painkiller”. No fue el caso, pero raro si la no menos legendaria “Electric Eye” enfurruñó a alguien. Owens, pese al cansancio acumulado del encadenado de fechas previas, aguantó el tipo más consciente que nunca de sus fortalezas pero también de sus debilidades.
“Living After Midnight” pondría la fiesta, con una Acapulco rendida a la banda, y “One On One” supuso un cierre que muchos, seguramente, no se esperaban. Con eso y con todo, la ovación final que la sala dispensa a la formación, los vítores incluso, hicieron pensar en que tal vez cupiera una bola extra. No fue el caso, pero creemos que Owens aprobó con nota en este su segundo paso por la región. Se ha rodeado de buenos músicos y construido un set que abarca no solo su tiempo en Judas Priest sino pequeñas píldoras de algunas de las bandas más grandes de esto. Así cualquiera.
Otra buena jornada en Acapulco. Una buena entrada, dos buenos sets, unas cuantas anécdotas más en el zurrón y el deseo de que no haya que esperar otros once años para tener al destripador en nuestros escenarios. Agradecer una vez más al personal de Acapulco por el trato y las facilidades, mandar un saludo a los muchos habituales con quienes nos cruzamos y ya saben: nos vemos en el siguiente.
Teníamos relativamente recientes a los chicos de Salduie, aquella soleada tarde del mes de junio en el zamorano Z! Live Rock Fest (crónica), pero su venida en solitario a Gijón y la promesa de un set completo de parte de los maños, bien merecían la pena. La gijonesa sala Acapulco iba a ser la encargada de acogerles en la jornada del sábado, con Heavy Metal Brigade al quite de sus evoluciones.
Dos telones a ambos lados del escenario nos dan la bienvenida. Un mar de leds toman la parte trasera del mismo junto con un par de podios. Delante, una llamativa osamenta adorna el pie (en este caso) de gaita de David Serrano. Todo dispuesto pero la nutrida formación folk se hizo de rogar. Y es que no es hasta apenas pasadas las diez que atruena la intro y emergen desde el backstage, afrontando “Dvatir”, corte que da nombre a su más reciente Ep (reseña). Lo que me llama la atención desde este comienzo es el buen sonido que despliegan. Algo nada fácil, intuye uno, dados los diversos elementos que nutren sus composiciones: gaitas, flautas, guitarra, base rítmica y las voces de Nehemías Sebastián (limpio) y Diego Bernia (rasgado). Otro hecho que vino a marcar la descarga serían los pocos descansos que se permitieron. Apenas unas pequeñas proclamas precedían a cada corte, que sí teníamos “sed de sangre romana” preguntó Sebastián, y ellos se fueron raudos a ofrecer su cara más potente con “Tvrma Sallvitana”, retrotrayendo a aquél “Belos” de 2016.
Ya habían pasado por Asturias anteriormente, aquél Karma Festde 2023 (crónica), pero era esta la primera vez que pisaban Gijón, como bien se encargó Sebastián de recordarnos. Les iba a llegar el turno entonces para demostrar su lado más versátil en “Caraunios”, del álbum “Ambaxtos” de 2021 (reseña). Sebastián con la flauta, Víctor Felipe con el bouzouki irlandés, David Serrano con las gaitas y esa particular conjunción que nace del choque entre los registros del propio Sebastián y Diego Bernia. Quizá uno esperase una mejor entrada. Cierto no obstante que la propia fisionomía de la sala engaña a veces. En cualquier caso los chicos no se amilanaron, dando lo mejor de sí y sonando de manera más que aceptable pese a lo complicado, por diverso, de la propuesta.
“La Profecía De Clunia” nos devolvía entonces a “Dvatir”. Con Sebastián echando mano de la gaita primero y cantando en tonos altísimos después. El frontman de la voz limpia de Salduie no cejó de animar ni moverse de un lado del escenario a lo largo de todo el set. Aguantando el envite con una suficiencia que habla muy bien del estado de forma con el que se presentó en Gijón. Un corte que, en esta traslación al directo, amplificó en gran medida la cara más épica del sexteto. Así las cosas, como todo buen concierto de folk metal que se precie, no iba a faltar la alusión a las bebidas espirituosas (que diría un clásico) que iba a proponer Bernia. “A Brindar” pues, aunque fuese de manera simbólica en el mayor de los casos. Se podría decir que eran los Salduie más desenfadados, también los que buscaron un mayor contacto con la gente.
Acapulco se iría animando, bien con gritos, bien con bailes, mientras se sucedían los temas. En cualquier caso, y contra lo que pueda pensarse de una banda como esta, lo cierto es que su sonido fue bastante orgánico. En “Carus De Sekaiza” dividieron al público en dos facciones, consiguiendo con ello un wall of death al modo Salduie. Tras la pequeña batalla, iba a llegar una cierta calma al set. Felipe cambiaría su preciosa guitarra blanquinegra por el bouzouki y entre “Caelia” y “Ambaxtos”, iluminada esta última por los flashes de nuestros móviles, aprovecharían para ganar un cierto y merecido respiro. La labor de Sergio Serrano (batería) y Daniel Galbán (bajo) puede pasar algo desapercibida. Lo cierto es que suyo fue el pegamento que unió al set en todo momento, seguros y, sobre todo, versátiles. Tras el pequeño impasse regresó la electricidad en una “El Canto De Las Madres” donde Sebastián dejó una de las mejores líneas de voz de la noche.
Diego Bernia, que se había ido a camerinos antes de que sus compañeros arremetieran con “Imbolc”, emergió después con un llamativo atuendo, máscara inclusive, poniendo la nota de color a estas alturas del set. Aún cuando lo suyo es folk metal directo y vibrante, a ratos sorprenden los breakdowns que introducen. Y aunque no sean Lorna Shore (ni falta que hace), el de “Netón” pudo ser fácilmente el más agrio y marcado de la jornada. Pero si hay un corte que quizá destaque de todo el set, ese es “El Agua Del Tejo”. Puede ser una apreciación puramente subjetiva, pero en su versión en vivo sentí que, con él, Salduie han encontrado uno de esos temas destinados a permanecer en sus setlists durante años. Tremenda respuesta de la gente aquí. No faltan una pequeña performance, Sebastián dándole de beber a Bernia, ni siquiera el cuerno de David Serrano. Fácilmente mi momento favorito de la noche.
Para el cierre quedaban tres que nunca fallan: “Descarnatio”, con Felipe llamando al moshpit y Galbán bajando a perderse entre la gente. Sebastián no se quiso olvidar de los habituales agradecimientos y la banda enfrentó otro de sus grandes himnos, “Numancia”, pura idiosincrasia Salduie, para después cerrar con la siempre festiva “Hidromiel”, con Acapulco a sus pies (literalmente hablando) y Bernia dándose su particular baño de masas. Vinieron y convencieron.
Y es que a todos nos gustan los festivales pero la temporada de salas sirve para ver de verdad el estado de forma de una banda. Y Salduie se fueron de Gijón con nota. Un gran sonido, aún en las siempre problemáticas primeras filas, unos cuantos buenos temas, mucha conexión con la gente y hora y media (minuto arriba, minuto abajo) en la que dieron su mejor versión. Ahora mismo, lo sentimos así, una banda que parece llamada a hacer grandes cosas.
Once años después Tim «Ripper» Owens regresará el sábado 4 de octubre a la Sala Acapulco gijonesa. Un periplo en el que el genial vocalista ha sumado a su impresionante currículum (Judas Priest, Iced Earth, Malmsteen, Beyond Fear) el proyecto KK’s Priest junto al guitarrista K.K. Downing.
El de Ohio compartirá tablas con los inagotables hard rockeros ovetenses Baja California, que llegan lanzados tras compartir escenario con los suecos Europe en Oviedo hace unos días, a tenor de sus últimas actuaciones en vivo despachará un set donde primarán temas de Judas Priest, su mentada anteriormente última etapa y alguna sorpresa.
“Dvatir” de los zaragozanos Salduie recopila en formato Ep varios singles que la banda ha venido editando desde su último largo “Ambaxtos”, editado allá por 2021 y que ya pasara por esta página. Ellos son David Serrano (gaitas, flauta, dulzaina…), Daniel Galbán (bajo), Diego Bernia y Nehemías Sebastián (voces), Sergio Serrano (batería) y Victor Felipe (guitarras, bouzouki irlandés, mandolina). Los temas fueron producidos, grabados, mezclados y masterizados en los Theocide Studios de su ciudad natal con Teocida a los mandos. En la calle vía Theocide Records desde el 3 de abril.
Desde un prólogo muy apegado a la tierra, al bosque, a la naturaleza, en “Una Plegaria A Trebaruna” construyen una intro que transita hacia lo cinemático entre cierto regusto épico y coros elegantes. “Dvatir” donde los chicos cuentan con la colaboración de Xana Lavey (Celtian), acrecienta ese nervio épico de la intro, se arma de guitarras potentes y construye estrofas marca de la casa: alternas en voces, pródigas en arreglos y de lo más efectivas. Aquí y allá hay alguna rima que quizá me chirríe más de la cuenta. Pero disquisiciones personales al margen, esto es Salduie mostrando (a ratos) su vertiente más heavy, alternada con el registro más leve de Nehemías Sebastián. Diversa, agradable, junto con la intro una más que interesante puerta de entrada al Ep en particular y al peculiar universo de la banda en general.
“El Canto De Las Madres”, con la Against MyselfElizabeth Amoedo ayudando en voces, reincide en la gravedad de esas guitarras, construyendo de nuevo unas estrofas llenas de contrapuntos en lo lírico. Voces rasgadas, agudos y dejes más folkies colisionan aquí. Y lo hacen sin que la producción se resienta lo más mínimo. Teocida, varios trabajos ya registrando a los maños, sabe muy bien de las fortalezas de los chicos. Por ahí me agrada el modo en que power metal, folk e influencias más oscuras se conjugan en completo equilibrio. Ahí cobra especial importancia la labor de Sergio Serrano, tejiendo una línea de batería a la vez firme y diversa, perfecto cimiento del corte al que da sustento. Los juegos entre voces e instrumentos de viento, los arreglos orquestales, incluso esa mayor crudeza previa al puente… todo parece estar donde debe. Una de esas composiciones que bien merece más de una escucha (y de dos y tres) para vislumbrar cada pequeño detalle como se merece. De lo mejor de este pequeño Ep.
“Lugnasad” donde encontramos a Estefanía Aledo (Mind Driller), plantea unas primeras estrofas donde las distintas voces limpias se van contraponiendo a la pesadez, la gravedad incluso, que emana de la guitarra de Víctor Felipe. Éstas se enfangarán más adelante mientras acogen un juego de voces aún más amplio si cabe. De nuevo un folk metal que atrae por la libertad que la banda se ha dado a la hora de componer los temas. Hay detalles más contemporáneos, ese breakdown tan marcado, que quizá repelan a los más puristas. Salduie se ponen pocos límites y, por ahí, emergen con una propuesta que acaba por resultar cada vez más personal. El puente previo al epílogo, consagrado a su vertiente más folkie, es estupendo.
“El Agua Del Tejo” parte de un prólogo elegante, de una cierta melancolía incluso, para que luego Diego Bernia deje alguna de las voces más graves de todo el Ep. Aquí irrumpe un estribillo, a coro, de esos que amarran a la primera. Los Salduie más rotundos acompañando a los más épicos en un corte profuso tanto en doble bombo, como en voces y arreglos. Verdaderas señas de identidad de los zaragozanos, para una canción de esas que invitan al movimiento cervical, sin que falten pequeños puentes (de nuevo) con un cierto toque cinemático, otro afilado breakdown y un epílogo que vuelve sobre estribillos. Quizá la más memorable, literalmente hablando, de entre las seis.
“La Profecía De Clunia”, con la mexicana Anna Fiori poniendo de su parte con un registro ciertamente torrencial, reincide en esos Salduie compactos y aguerridos, mostrando su cara más metálica y contundente. Pero aún así, ellos no olvidan otro de esos trazos atractivos por diversos. Sin alcanzar el caos de propuestas más oscuras, pero sin tampoco caer en escrituras predecibles y/o evidentes. A ello suman arreglos sinfónicos que vienen a aportar una mayor grandilocuencia, amén de gaitas, un amplisimo rango vocal y el que puede ser el breakdown más marcado de todo el trabajo. Estupendo cierre.
“Dvatir” viene a dar razones a quienes argumentan que Salduie son, a día de hoy, una de las formaciones más sólidas dentro de nuestro folk metal. Tanto el equilibrio como la contundencia de la mezcla deja entrever la buena conexión que hay entre banda y productor. Y los temas respiran no solo gracias a ese equilibrio sino también a unos trazos atrevidos, muy poco lineales, que ponen en ristre su mejor cara como compositores. Sin olvidar estribillos con gancho, con especial atención a los de “El Agua Del Tejo”, conforman un pequeño trabajo en cuanto a duración pero que, sin embargo, tiene muchas cosas que decir. El próximo 27 de septiembre estarán descargando en la Sala Acapulco de Gijón. Avisados quedáis.