Reseña: Syberia “Quan Tot S’Apagui” (Silent Pendulum Records / Moment Of Collapse Records 2026)

Oscar (guitarra), JordiOnly (guitarra y sintes), Quim (bajo) y Manel Woodcvtter (batería) integran Syberia. Agrupación instrumental con origen en Barcelona y que nos presenta un “Quan Tot S’Apagui” pensado íntegramente en su catalán natal, y donde se acompañan de la colaboración del actor Lluís Soler , recitando unos versos en el epílogo del álbum. Trabajo que verá la luz el próximo 16 de enero vía Silent Pendulum Records (Estados Unidos) y Moment Of Collapse Records (Alemania).

En La Foscor Una Llum Que Brilla” guarda un cierto misterio en su prólogo. Un arranque roto por unas teclas igualmente tensas, casi minimalistas, que a ratos me recuerdan al bueno de Hans Zimmer. Pero cuando las guitarras toman el mando, estos parecen los Syberia que todos conocemos. Si acaso algo más densos, algo más oscuros, pero con el mismo buen nivel técnico de anteriores entregas. Esa construcción por capas, casi inherente al género, esas estructuras en crescendo, están soportadas por riffs hábiles. Con gancho incluso. Vibra aquí, toda vez la batería de Manel adquiere un mayor brío, un cierto acercamiento a territorios más extremos. Perfectamente integrado en el andamiaje de la composición. A principio y a término. Me agrada el grosor que emana de las partes más pesadas. Ahí la producción, tengo la impresión que algo más “sucia” que en trabajos anteriores, casa a la perfección con los nuevos horizontes que buscan. Estupendo primer corte.

Es precisamente la batería de Manel la que marca el inicio de “Llampecs D’Oblit D’Uns Records En Vida”. A él se suma el crepitante bajo de Quim y, solidarias las guitarras, Syberia traman un prólogo directo y ágil. Quizá el impacto global que me produce esta segunda entrega sea menor que aquella que inauguraba el álbum. Aún así, encuentro una buena creación de atmósferas. Campo este que la banda ha ido macerando con el paso del tiempo, llevando a Syberia a contornos mucho más metálicos, arrastrando consigo una cierta melancolía en las melodías y transmitiendo una mayor desesperación cuando irrumpen, casi cual elefante en cacharrería, las partes más angostas y pesadas. Camino del cierre, la composición adquiere un paso más vivo primero, un mayor nervio después, y los chicos le andan cerca al black metal más leve. Detalle este, de hecho, explicitado en la propia nota de prensa, y que uno intuye del todo premeditado.

Puede ser el de “Naixença D’Una Mort Tranquil·La” el prólogo que más me recuerda a los Syberia de álbumes como (el estupendo) “Resiliency”. De primeras es un corte del que, en comparación con predecesores, emana una mayor cantidad de luz. Hay buenos riffs y melodías de Oscar y JordiOnly. También ciertos arreglos que no vienen sino a acentuar esa mayor luminosidad de la composición. Incluso pequeños remansos de paz donde, de nuevo perfectamente integrados y que fluyen con total naturalidad. Toda vez el corte supera su ecuador y las guitarras se vuelven inevitablemente más graves y crudas, un disco como “Requiem From Hell” de los japoneses Mono acude inmediatamente a mi subconsciente. Lo que me agrada de este caminar hacia el tramo final es la cierta épica que brota de repente, ayudada por las guitarras pero también por los sintes, y que otorgan un marcado poso grandilocuente a su conocido post-metal.

Desde luego que si el prólogo de “Naixença D’Una Mort Tranquil·La” era luz, el de “Dins La Meva Ánima La Sang Em Bull…” destila un carácter mucho más tenue y oscuro. Y sin embargo, de entre esa oscuridad va surgiendo un post-rock entre tenue y sombrío, elevado crescendo mediante, con melodías atravesadas por una cierta tristeza. Una encrucijada rota de pronto por guitarras de una melancolía, también de una fuerza, que por pura colisión construyen alguno de mis momentos favoritos de todo el álbum. Ese momento puede que salte en mil pedazos antes de lo que me gustaría. Sea como fuere, todo va redirigiendo hacia un post-metal que, de nuevo, parece jugar a hibridar a los Syberia pasados con los actuales (quien sabe si futuros) con una buena amalgama de riffs hábiles y base rítmica de precisión casi milimétrica. La composición se arquea y contorsiona sin por ello perder un ápice de gancho. Más bien al contrario. Puede que sean los Syberia más orgánicos, más telúricos, pero el recuerdo a bandas como Isis o Amenra se resuelve como (casi) inevitable. En otras palabras: puede que mi favorita de las cinco.

El arranque de “Quan Me’n Vagi No Em Tanqueu Els Ulls” porta un cierto clasicismo. Un post-rock postrado en las raíces mismas del género. Elegante, tendido, bien dibujado y del que se desprenden una delicadeza y (casi diría) un refinamiento roto, de manera abrupta, por una estupenda línea de batería de Manel y una gama riffera de nuevo igualmente clásica. El trazo dibuja un cierto vértigo. Partes más acomodadas que colisionan con otras más violentas, no lejanas de un post-black que a ratos podría llegar a rimar con el shoegaze de gente como An Autumn. En lo que a mí respecta, ha sido el corte que más escuchas ha requerido de cara a la redacción de esta reseña. No quisiera decir que su escritura resulte laberíntica, pero sí que esta resulta estar llena de virajes y recodos ante los que no cabe pérdida de atención. Con todos los sentidos puestos en este último corte, la recompensa son unos Syberia, aparentemente, en un momento más que dulce. Acompañados de esa mayor oscuridad sin perder conexión con sus propios orígenes. Un ejercicio de funambulismo sonoro a la altura de los compositores más avezados. A tres minutos del final se aviene la calma. El cuarteto rebaja los biorritmos para introducir la comentada narración del actor Lluís Soler y tramar su poético final. Estupendo broche.

La nota de prensa que adjuntan avisa y “Quan Tot S’Apagui” lo confirma: estos son los Syberia de siempre pero el poso más oscuro que se deja sentir a lo largo y ancho de muchos cortes otorga una marcada personalidad a este nuevo trabajo. La jugada, pienso, funciona, aunque como siempre, en esto habrá opiniones para todos los gustos. En cuanto a composición le encuentro pocas pegas. Menos aún en lo relativo a ejecución. La producción, como digo algo más “sucia” ahora, casa con ese espíritu más sombrío y Syberia huyen de su pasado sin olvidarse de él. Habiendo comprobado en el pasado lo mucho que esta banda gana cuando traslada sus obras al directo, solo queda, pues, disfrutar de estas nuevas composiciones en vivo lo antes posible. Guiño, guiño.

Texto: David Naves

Reseña: Easy Rider «Maniphesto» (Autoedición 2025)

Maniphesto” es el séptimo trabajo para los heavies de la capital Easy Rider, que viene a significar el primer largo, propiamente dicho, para su vocalista Dess, quien debutara con ellos en el Ep de 2021 “Metamorphosis”. La banda se completa con José A. Villanueva al bajo, Javier Villanueva y Daniel Castellanos en guitarras y José María Roldán tras baterías. Sería el propio Castellanos el encargado de producir, mezclar y masterizar estos nueve cortes, adornados por el diseño de la propia Dess y estrenados finalmente el pasado mes de septiembre.

Paralysis” se abre desde los mismos pulsos de un corazón aún latente. Concita después un heavy metal de trazo ágil, con estrofas bien dibujadas y un rasgo en estribillos con el que conecto en buena medida. La propia alternancia rítmica que ofrecen aquí, los distintos tonos, alcanzan a la voz de la propia Dess, cuya diversidad en cuanto a registros se adapta como un guante a este primer corte. En lo personal habría otorgado algo más de peso a ese solo que ocupa el puente. En cualquier caso, un opener sencillo, directo y nada desdeñable.

Felurian (spanish version)”, sí, vira al idioma de Cervantes para que Easy Rider adopten ahora una mayor mordiente en riffs. Frente a ese metal algo más agreste surgen contornos más melódicos. Y, por ahí, la banda va construyendo unos contrapuntos ágiles y bien ejecutados. Destacable la buena base rítmica que traman entre Roldán y José A. Villanueva. Y aunque alguno de los versos que Dess dibuja tras el micro me resulten algo atropellados, un corte de esos que va ganando peso con las escuchas. Estupenda sección solista, ahora sí, anticipando un epílogo de mordiente más pronunciada. Me divierte, aún con sus más y sus menos.

Welcome To My Paradise” es heavy / power metal a la europea, bien arreglado y ejecutado, donde José A. Villanueva está dejando una más que interesante y notable línea de bajo. Dess añade ahora unos tintes algo más hard a su registro. Y, de nuevo, de ese contraste surge un corte ágil, quizá algo indolente en lo que a riffs se refiere, pero desde luego nada indigno en su conjunto. Hay buenas melodías soldadas a las estrofas, y de hecho un mayor pulso melódico conforme el corte transcurre hacia el despliegue solista y, ahí, una composición más diversa y atrevida. Un corte que esconde varias capas sobre una misma piel, elegante, puede que no del todo sofisticado pero sí que muy efectivo.

Echo en falta algo más de pegada en el prólogo de esta “Hear My Voice”, donde sin embargo, Javier Villanueva está dejando su mejor cara como solista. Me gusta el pulso más tendido y atmosférico con el que han trazado estas primeras estrofas. También lo amable, casi juguetón, de su cuidado estribillo. Es la Dess más amable, dibujando junto con la banda un corte de fortísima personalidad dentro del álbum, al que enriquece y afianza. Más adelante emerge un cierto pulso prog. Nada acusado ni impostado, equilibrado y sin que desbarre en solos o requiebros ególatras y/o fuera de lugar. Otra de mis favoritas tras el correr de las escuchas.

Prey”, a la larga entrega más extensa de este particular manifiesto, da inicio desde la calma más absoluta, con Dess en tonos amables sobre apenas un delicado colchón acústico. Más tarde se sumarán arreglos de cuerda. También una ¿batería electrónica? que puede haga torcer el rictus a más de uno. En cualquier caso, una power ballad de voces bien afinadas, crescendos síldamente armados y solos a rebosar de feeling. A buen seguro poco sorprendente en lo que a composición se refiere, pero resuelta con la pericia que desde luego da la experiencia.

A esas calma y elegancia contraponen “Breaking The Chains” y el que puede ser el riff más grave de todo “Maniphesto”. Un corte que trae al frente a los Easy Rider más pesados, más groovies, que me recuerda a aquellos Dreamaker que Elisa C. Martín montara tras su tumultuosa salida de Dark Moor. Dess tiene momentos realmente agudos aquí. En realidad está trazando una línea de voz llena de matices, tanto en esos tonos altos como en los más graves. Un corte que, al final, me agrada más por su propio contraste con el resto del álbum que por sí mismo.

El tema título “Maniphesto” recupera a unos Easy Rider más alegóricos. Heavy / power trotón directo, lleno de buenos riffs (estupendos en estrofas) y detalles técnicos llamativos, que no redundantes. Trota José María Roldán tras baterías en apoyo de esos ritmos más vivos. Y a falta de una producción de mayor pegada, bien están esos acerados solos del puente central o la Dess más gritona del epílogo. A la contra de otros cortes dentro del álbum, uno que entra a la primera y arraiga fuerte en el subconsciente entre buenas cabalgadas de la base rítmica y la acertadísima gana riffera de la que hace gala.

Al menos en lo que a intensidad se refiere, por ahí circula también “The Deal”, elevando su habitual heavy de tintes power metal hasta bordear el speed. Por ahí, claro, se suceden riffs hábiles sobre una base rítmica veloz y contundente. Me agrada la clase de riffs sobre los que construyen esta penúltima andanada, también la línea de voz que ha construido Dess, muy especialmente en estribillos, que termina por llevar a buen término la cara más flamígera de los madrileños. Heavy metal directo y sin concesiones.

El cierre, para el que considero un buen disco de metal, corresponde a la versión en el idioma de Dickens de “Felurian”. Easy Rider, un poco como Azrael (sobre cuyo “Aquelarre” escribía hace escasas fechas) nunca llegaron a romper en popularidad como lo hicieron muchos homólogos suyos. Con el agravante, además, de que ellos lo hacían cantando en inglés, con todo lo que ello implica. No obstante ese estatus de culto les ha permitido, baile de voces mediante, la libertad de labrarse un sonido al que poder llamar propio. “Maniphesto” vuelve a incidir en su receta: metal a la europea con tintes de power aquí, algún groove allá, incluso algún (pequeño) escarceo con el progresivo. Esa mezcolanza, gracias al buen equilibrio que muestran en cuanto a composición, se me hace de lo más amena y disfrutable. Un disco que puede no ser sobresaliente, puede que no les granjee una nueva legión de seguidores, pero sin embargo logra aquello que pretende: mostrar a una banda ya veterana y fiel tanto a su propio legado como a quienes lo han seguido desde finales del pasado siglo. Que no es poco.

Texto: David Naves

Reseña: Azrael «Aquelarre» (Demons Records 2025)

Décimo “Aquelarre” para los chicos de Azrael, o lo que es lo mismo: Tino Torres en baterías, Marc Riera a la voz, Oscar Espín y Enrique Rosales en guitarras y Juan Manuel Salas al bajo. Con colaboraciones de Mario G.M. (que fuera miembro de la propia banda, llegando a grabar tres álbumes con ellos) y Zoraida Vidal (Saedín) ofrecen un total de diez temas producidos y grabados en los granaínos Z Studios el propio Rosales junto a Pedro Sillero. El mismo Mario G.M. se hizo cargo posteriormente de las habituales tareas de mezcla y master, Unai Endemaño disparó las fotos y, finalmente, Fernando Nanderas (Ankhara, Centinela, Opera Magna, Ñu…) se encargó del artwork. En la calle vía Demons Records desde finales de octubre.

Mientras Mi Cuerpo Aguante”, que no podría sonar más a pura declaración de intenciones, coloca el estribillo en el mismo prólogo y construye un interesante juego entre ese riff cabalgado de ese inicio y los más rocosos de las primeras estrofas. Éstas vienen bien adornadas, desarrolladas con pericia incluso por Marc Riera al micro. Regresa el trote inicial para estribillos y acomoda buenos detalles desde las seis cuerdas. El corte, uno de los más extensos del trabajo, va conformando esa naturaleza híbrida y a la vez pegadiza. Alza la nota final el gran solo que anticipa el epílogo. Certero primer corte.

Humanidad” lleva una onda que, en ciertos momentos, me recuerda a mis paisanos de WarCry. Azrael vuelven a apoyar su heavy metal sobre un marcado colchón de teclados. Pero la propuesta, en comparación con el tema inicial, se ennegrece aquí. Hay un gran trabajo en lo que a voces se refiere. Clásico y muy funcional. Bien medido con respecto a las estrofas que ocupa. Buenos enganches entre las mencionadas estrofas. Y si bien hecho en falta un bajo con algo más de peso en la mezcla final, uno de esos cortes que va ganando no poco peso con el paso de las escuchas. Ayuda ahí el buen duelo solista de su tramo central. También un epílogo bien trabajado y de lo más resultón. Otra buena oferta.

Pobre Diablo”, con Mario G. M. aportando en guitarras, es un heavy metal trotón y optimista. Deudor de los Helloween más alegres, también de los primeros Edguy, apoyado con firmeza sobre el doble bombo de Tino Torres. Dünedain, líneas de voz mediante, podría ser otra de las rimas de este tercer corte, el segundo más rácano de todo “Aquelarre” en lo que a duración se refiere, acierta a la hora de recuperar a los Azrael más directos y vibrantes. Un buen contraste al par de cortes iniciales, con otro buen solo en su parte central y coronado sin apenas perder esos ritmos alegres y vivarachos. Me agrada.

Noche De Brujas”, si bien en cuanto a la viveza de su heavy metal, parece seguir allí donde lo dejara su predecesora, cierto es que entrega a unos Azrael sensiblemente más oscuros. Algo que se transfiere incluso a las voces que dibujan a través de las primeras estrofas. Aquí y allá encuentro pequeños desequilibrios en cuanto a mezcla. No obstante esa desigualdad no esconde su metal vibrante, potente, de nuevo apoyado por unas teclas casi omnipresentes. Aquí se produce uno de los solos más interesantes de todo el largo, al que darán inicio las hábiles manos de Zoraida Vidal sobre el teclado. Un corte, que anticipó al disco, quizá algo deslucido en lo que a producción se refiere pero que, en cualquier caso, me atrae tanto desde el punto de vista gramático como el técnico.

Tierra Prisionera” se construye sobre uno de mis riffs favoritos de todo el disco. Me agrada la mayor presencia de Juan Manuel Salas en la mezcla de esta quinta apuesta. Un heavy metal clásico, con ciertas trazas de power metal y muy funcional, que de manera acertada (pienso) reserva un mayor nervio para sus estribillos. Hay cuidados engarces entre estrofas, un solo muy de la escuela Weikath / Hansen y un epílogo que, me da la sensación, les funcionará sobre manera en directo. Es cierto que, en lo que a construcción y escritura no llama tanto la atención como otros cortes de este nuevo trabajo. Pero recupera la producción tan equilibrada de comienzos del álbum para un heavy metal pegadizo, enérgico y funcional.

Dolor y Agonía”, entrega más rácana en cuanto a duración de este “Aquelarre”, es un heavy metal de trazo y gusto muy clásicos. Hay un cierto olor a Judas Priest en las estrofas, que contrasta con el poso más tendido de sus estribillos. En estos hay voces realmente agudas. Bien construida sobre otro riff hábil y con gancho, a ratos siento que las ideas aquí dispuestas daban como para un corte algo más ambicioso. En todo caso, bien están ese solo tan virguero de su tronco central o las poderosas voces del epílogo. Me deja con ganas de más.

Duele” resulta en una balada de corte entre épico y elegante, con un gran despliegue vocal y unas teclas, de Zoraida Vidal, realmente hábiles. Se eleva, guitarras y base rítmica mediante, en un crescendo igualmente clásico y muy funcional, hacia territorios más ampulosos y grandilocuentes. Clásica power ballad en la más pura tradición del género. A favor el gran despliegue vocal y la gran producción de la que hace gala. En contra, que pueda resultar algo previsible.

Un Paso Más” recupera a esos Azrael más vibrantes, próximos (cuando no lindantes) con un power metal directo y sin contemplaciones, que de nuevo me recuerda a los chicos de Dünedain, y en donde Riera se maneja en tonos realmente altos. Con un Torres incansable tras baterías, uno no puede hacer otra cosa que disculpar esa construcción algo plana. Porque la producción y mezcla aciertan a la hora de magnificar la pegada, convirtiendo a este penúltimo corte en uno de los más poderosos de este nuevo trabajo. Nervio y garra intactos, que para más de treinta años transcurridos desde aquella iniciática demo de 1993 no está pero que nada mal.

El interesante prólogo de “Ángel Desterrado” tiene algo que me recuerda a unos Avalanch de álbumes como “Muerte y Vida” de 2007. Elegante, bien construida, con Riera volviendo a esos tonos altísimos, pero donde echo en falta un estribillo con algo más de gancho. Sea como fuere, hay en ciertas estrofas un deje que, a ratos, me recuerda a los mejores momentos de Queensrÿche. Una guerra de contrastes para un corte que me atrae solo a ratos, aún cuando le reconozco los buenos detalles de Zoraida Vidal tras las teclas o el hábil solo del epílogo. Desigual, me agrada sin engancharme…

… que podría ser un poco la sensación que me dejan los propios Azrael en sí. Una banda que jamás fue capaz de romper el particular techo de cristal y alcanzar al nivel de reconocimiento que sí lograron según qué contemporáneos suyos. Algunos, de hecho, citados en la propia reseña. Por ahí que encuentre de especial mérito que, a pesar de todo, sigan contra viento y marea, ofreciendo buenos pildorazos de heavy metal a su fiel legión de seguidores. Con cortes que brillan con luz propia, véase la dupla inicial, la cierta oscuridad de “Noche De Brujas”, la grandilocuencia de “Duele” o la pegada de “Un Paso Más”. Siguen en la pelea.

Texto: David Naves

Warcry: Nuevo Disco y Gira XXV Aniversario

Warcry presenta la portada y título de su próxima obra de estudio así como la primera fecha de la gira conmemorativa a su 25º aniversario. Bajo el título «Entre La Niebla» verá la luz el que será el undécimo álbum para los asturianos. La portada es obra del ilustrador gallego Breogán Álvarez.  

En el año 2027 WarCry celebrará su 25º aniversario con una gira muy especial que tendrá como punto de partida un concierto exclusivo en Madrid. La cita tendrá lugar el sábado 9 de enero en el Movistar Arena y será además la presentación del nuevo trabajo discográfico de la banda.

Entradas a la venta para el público general el próximo viernes 28 de noviembre a partir de las 12 horas a través de las plataformas digitales de Planetevents, Livenation, Ticketmaster y El Corte Inglés.

Reseña: Primal Fear «Domination» (Reigning Phoenix Music 2025)

Decimoquinto trabajo, si mis cuentas son correctas, para las huestes germanas Primal Fear. El primero tras las salidas de los guitarras Tom Naumann y Alex Beyrodt junto a la del batería Michael Ehré, y la consiguiente llegada de Thalìa Bellazecca a las seis cuerdas y André Hilgers a las baquetas. Junto a las caras nuevas, siguen los de siempre: Mat Sinner (bajo y voz), Ralf Scheepers (voz) y Magnus Karlsson (guitarra), ejerciendo también como coproductores del disco. Con el ex Pink Cream 69 Dennis Ward a cargo de las grabaciones y Jacob Hansen en mezcla y master, Reigning Phoenix Music, 2M Producciones, Chaos Reigns y Soyuz Music pusieron los distintos formatos de “Domination” en circulación el pasado cinco de septiembre.

Terrible decisión, por cierto, no sólo la de emplear inteligencia artificial para el artwork del disco, sino también la de rastrear de manera intensiva sus redes sociales en busca de todo comentario que aluda al respecto. Detalle feo por partida doble en una banda de semejante trayectoria, pero vayamos a lo que de verdad nos interesa.

The Hunter” es un arranque sin muchos miramientos. Directo pero bien estructurado, con el clásico alarido marca registrada de Ralf Scheepers. Un estribillo correcto, que me recuerda a unos Helloween de la era Deris y una mezcla equilibrada y con pegada. El solo, dividido en tres partes, podría recordar a aquellos duelos Downing vs Tipton que convirtieron a Judas Priest en mi banda de heavy metal favorita sobre la faz de la tierra. Un primer corte, en definitiva, amarrado con total orgullo al libro de estilo del género.

Y ahora que menciono a Judas Priest, el prólogo de “Destroyer” bien podría haber formado parte de álbumes recientes del sacerdote. Llegadas las estrofas, estos son unos Primal Fear algo más marciales. Más rocosos, en cierto modo. Que aunque dejen un estribillo que no me acabe de funcionar del todo, aciertan a ofrecer una contundencia que, pienso, le sienta de lujo a su vetusto heavy metal. El solo, que vuelve a optar por ese formato duelista, bien merecía algo más de desarrollo. A término un corte que me resulta algo desigual, de esos que me enganchan solo a ratos.

Far Away” opta por entregar una mayor épica ya desde el prólogo. Primal Fear contraponen la pesadez del corte previo con un power metal a la Gamma Ray que hará saltar los empastes al mismísimo Kai Hansen. La pronta, prontísima llegada del estribillo evidencia lo mucho que un corte como este ha sido pensado y meditado con el directo como fin último. Luce sobremanera Ralf aquí, pero también un André Hilgers inspiradísimo y esforzado tras el kit de batería. La sección solista, de arranque tranquilo y desarrollo (casi) desbocado puede ser fácilmente una de las más atractivas de todo el álbum. Auto consciente pero muy disfrutona.

I Am The Primal Fear”, donde no descarto que Wolf Hoffmann (Accept) pida derechos de autor por el riff de las estrofas, retorna a los Primal Fear más rocosos y pesados. Y aunque puede ser en cortes como este donde más brille la estupenda producción de la que goza este “Domination”, lo cierto es que es el adelanto que más desapercibido me pasó de los cuatro. Sea como fuere, Scheepers defiende, como gato panza arriba, esta línea de voz y el solo no desmerece a otros presentes en este largo tracklist. Pero ya digo que ni me apasiona ni me engancha.

Tears Of Fire” es un medio tiempo elegante, muy de la escuela de Magnus Karlsson, bien construido, que a ratos deja una cierta sensación de déjà vu, de que ya has escuchado un corte así no solo en álbumes previos de Primal Fear sino en varios de los muchos proyectos en que anda enrolado el de Höör. Sea como fuere, aprecio la buena construcción de las estrofas o la pasión con que Scheepers dispone los distintos versos. El estribillo, correcto y aseado, puede no ser tampoco el más lúcido de los muchos aquí presentes. Y no pasa nada porque, ahora sí, la sección solista me parece que captura con precisión el espíritu de la canción que lo alberga. No me habría importado una duración algo mayor para ese solo, después de todo es un corte que alcanza los cinco minutos, pero en definitiva puedo entender los motivos por los que acabó siendo otro de los adelantos de este “Domination”.

Honestamente, siento que si estos Primal Fear, ya veteranos, produjeran más cortes a lo “Heroes And Gods”, dado además el actual ecosistema del metal mundial, tan dado a encumbrar discos tanto y tan sobre producidos, podrían acceder a ese olimpo del que parecen vetados casi desde su propia concepción. Es un corte hábil a la hora de implementar una mayor épica, atractivo por esa pizca más de músculo y picante con que Scheepers afronta sus estrofas y finalmente memorable por lo ganchero del estribillo. Riesgo, algo más de mordiente, aunque sea con trucos de producción, que falta le hace a más de uno (y de tres) cortes a lo largo de todo “Domination”. Incluso el solo, de nuevo estructurado en dos partes, me funciona. Diferente y no por ello peor, más bien todo lo contrario.

Hallucinations” es una pequeña instrumental que viene a partir el disco en dos. Y que sirve de tranquilo acomodo a la canción de mayor recorrido del trabajo, una “Eden” tan melancólica como grandilocuente, y que me agrada siempre y cuando logre abstraerme de lo recurrente (no quisiera decir ñoño) de su apartado lírico. Puede que algo sobre producida a ratos, pero con un gran Scheepers, un solo de lo más elegante, la Ad Infinitum Melissa Bonny dejando buenos detalles vocales en el epílogo y que, después de todo y junto a la pequeña intro que la precede, supone un gran soplo de viento fresco dentro de “Domination”.

Scream” recupera entonces a los Primal Fear más orgánicos. Y quisiera decir que para bien, pero el corte se va diluyendo hasta convertirse en, quizá, el más indolente de todo el tracklist. Esa cualidad tan orgánica, que la producción rompe en estribillos, deriva en un trazo donde la banda deja en todo momento la sensación de ir con el piloto automático puesto. Puedo apreciar las buenas voces que está dejando Scheepers camino a estribillos y ese solo, cuanto menos, correcto, pero a la larga y de los trece, fácilmente con el que menos he conectado de todos.

The Dead Don’t Die”, desconozco si por la desigual comedia de Jim Jarmusch, recupera el influjo Accept que ya portaba “I Am The Primal Fear” para otro corte de heavy metal orgulloso y proverbial, que me funciona en estrofas y no tanto en estribillos. En las primeras hay riffs de los que arraigan a la primera. Pero en los segundos siento los versos algo atropellados. La sección solista, producción mediante, parece aludir de nuevo a la banda de Hoffmann. Supone uno que, tras tanto tiempo, las influencias de Sinner y compañía, no dejan de ser las que son.

Crossfire”, donde la mezcla otorga ahora un mayor protagonismo al bombo de Hilgers, supone un heavy metal sencillo, pulcro, que sin cargar las tintas en cuanto a garra y fuerza, deja buenos detalles por parte de Scheepers y una sección solista sorprendentemente lúcida. Con eso y con todo, otro de los cortes más flojos, por conformista, de todo “Domination”.

March Boy March” de nuevo busca una cierta épica mediante el prólogo. Luego esos coros desaparecen en pos de unos primeros riffs tranquilos que, a su vez, darán paso a los Primal Fear más feroces e incendiarios. Interesante por cómo rompen, para bien, el tono del álbum, ampliando el discurso del mismo. Es cierto que el estribillo es algo tontorrón, esa frase repetida una y otra vez de modo algo lacónico. Pero luego el trazo es ágil, la producción aporta detalles interesantes sin opacar nunca la faceta puramente metálica del quinteto y todo desemboca en otra interesante sección solista. Atrevida, aunque creo que más relevante por cómo amplifica el rango de acción del disco que por sí misma.

El cierre es para la balada “A Tune I Won’t Forget”, que arranca desde la timidez de sus primeros compases hasta la grandilocuencia del Ralf Scheepers más agudo y distinguido. Trazada en crescendo de un modo que no debería sorprender a nadie, y cerrada no diré que en falso pero sí de un modo, tal vez, demasiado abrupto. Lo mejor, esa sensación tan elegíaca que despliega, si bien dudo profundamente que este vaya a suponer el último álbum de la banda de Mat Sinner y aquél que una vez se soñó vocalista de Judas Priest.

No. Nunca han sido una banda que llegara a engancharme del todo. Y ya en pleno 2025, “Domination” entrega una vez más todo un ramillete de cortes que, sin llegar en ningún caso al desagrado (“Crossfire” al margen), tampoco puedo decir que me entusiasmen. Con la entrada de Bellazecca en guitarras albergué quizá ciertas esperanzas que después las escuchas del disco no alcanzaron a materializar. No obstante intuyo que será otro álbum a atesorar por sus fans más irredentos. Los más casuales seguiremos echando en falta algo más de mojo.

Texto: David Naves

Black Bomber: Primer Adelanto De Su Próximo Disco

Los bercianos Black Bomber estrenan «Heading To Hell» como primer adelanto de su próximo álbum.

Grabado, mezclado y masterizado entre los meses de mayo a septiembre en Infosound Studios cuenta con artwork obra de Gabriel Gallego. Verá la luz en CD y vinilo a través de la asociación de sellos formada por Vinilako, Discos Macarras, Quebranta Records, Demons Records, y Violence In The Veins.

Reseña: Itinerum «Resurgence» (Demons Records 2025)

Las huestes sinfónicas guipuzcoanas Itinerum están de vuelta. Tras debutar en 2022 con “Dream And Fly” y tras la edición de varios singles a modo de anticipos, “Resurgence” devuelve la actualidad al combo formado por Jorge Banobre al bajo, Anne en voces, Fede en guitarras y Ruben Conejo en baterías. A ellos hay que sumar las colaboraciones de Leire Tejada y Unai (ex 13 Left to Die, ex Minerva) en voces. Los nueve temas que hoy nos presentan vinieron al mundo en los Chromaticity Studios de las hábiles manos del Vhäldemar Pedro J. Monge (Incursed, Valkyria, Rise to Fall…) y fueron posteriormente adornados por las fotos de José Luis García y el arte de MG Media Productions. Autoeditado en formato digital y en CD bajo el paraguas de Demons Records allá por el mes de junio.

La mano maestra de Monge se asegura de que todo esté donde debe. “The Nobodies” le procura un elegante inicio al disco. De entre las profundidades surge la voz de Anne y todo transcurre dentro de las leyes del metal sinfónico contemporáneo. Itinerum, no obstante, muestran aquí una cierta alternancia en cuanto a ritmos. Viene esta a enriquecer una escritura hábil aún en su clasicismo. Buenos riffs engarzando estrofas y una mezcla bien medida otorgando equilibrio a esa segunda estrofa. Puedo echar en falta un estribillo con algo más de gancho, lo que no quita para que Anne parezca manejarse con soltura en esos tonos más exigentes. Entre el puente y el epílogo surge un buen contrapunto en modo de voces graves y la banda amplía ahí su conocido espectro sonoro. Un buen arranque rematado con una pizca más de músculo y contundencia.

My Serenity” sí que parece disponer de ese gancho que eché en falta en “The Nobodies”. Corte de esos que requerirá de ciertas ayudas en vivo, pero que se mantiene gracias al buen ojo del cuarteto a la hora de jugar con los distintos ritmos e intensidades. De ahí, tal vez, que fuera una de las elegidas para presentar al disco en sociedad. Anne está realmente hábil en estribillos. Varios nombres acuden a mi subconsciente en cortes como este. Desde mis paisanos de Last Days Of Eden a nombres internacionales como Epica, Edenbridge o, en ciertos momentos, Within Temptation. Posee riffs más útiles que vistosos y a buen seguro echo en falta algún despliegue solista un tanto más ambicioso. Con eso y con todo, acertada elección como single, pienso yo.

Mother Of Chaos”, a la larga composición más extensa de las nueve, ofrece a unos Itinerum más épicos y rotundos. No es que Anne se vaya ahora a tonos más graves, pero sí que las guitarras de Fede destilan ahora una mayor oscuridad. Siempre, como digo, dentro de las fronteras del género y sabiendo salir airosos cuando llega la hora de trazar otro buen estribillo. La banda aprovecha esa mayor duración para ofrecer más detalles en lo melódico, estrofas bien trabajadas y un sensible esmero en cuanto al tratamiento de los respectivos arreglos. Algo que se dejará notar en gran medida durante sus estrofas. De nuevo hay un pequeño contrapunto vocal antecediendo al epílogo. Algo escueto, pero que en cualquier caso desemboca en un buen juego entre el registro limpio de Anne y la guitarra de Fede. Una de mis favoritas del largo.

Con Leire Tejada a bordo, que ya colaborara en el debut de 2022, “Till Dawn Do Us Apart” nos devuelve a esos Itinerum más agrios y rotundos, lo que redunda en una Anne cantando en tonos realmente altos. Siempre segura y sin sobresaltos, todo sea dicho. Por contra, es uno de esos cortes que siento bien merecían algo más de espacio. Ellos engranan su cara más alternativa con la más épica y rotunda y el resultado son algo más de tres minutos de metal sinfónico potente y bien ejecutado, pero que, como digo, quizá merecía un desarrollo algo más ambicioso.

En “Inner War” sorprenden esos aires medio orientales que portan las primeras voces de Anne. Bajo ellas hay alguno de los riffs más llamativos de todo “Resurgence”. Fede parece haber echado el resto aquí en ese aspecto. Aupados por la firme base rítmica, Itinerum pisan el acelerador aquí. Y aún sin que la aguja llegue a zona roja, sí que se deja sentir ese mayor mordiente. Lo que me agrada es cómo todo va de los tonos más alternativos de las estrofas a los más clásicos en estribillos. Todo bajo la atenta mirada de un Pedro J. Monge que no parece haber dejado ningún detalle al azar. Notable.

No diré que “Under Rain” resulta algo más pop, pero sí que parece buscar el adherirse a esa nueva corriente de metal facilón que bien puede ir desde (ciertos momentos de) Nightwish hasta los infecciosos Battle Beast. Anne, claro, parece de lo más cómoda aquí. Plantea buenas estrofas y mejores estribillos. Estos últimos pasan por ser, fácilmente, los más pegadizos (y en cierto modo memorables) de todo “Resurgence”. Buena labor solista de Fede en su tramo final y un corte con visos darles buenos réditos en directo.

Me gusta cómo juegan con el piano y esas guitarras más rotundas en “Symphony Of Rage”. También la (cierta) desnudez que acompaña ciertos versos de la primera estrofa. El crescendo que trazan luego no podría ser más clásico ni tampoco estar mejor resuelto. El bajo de Banobre adquiere un mayor peso en esa desnudez de las estrofas. Y si bien echo en falta una batería con algo más de presencia, poca queja más cabe al respecto de la producción y mezcla de este séptimo corte. Y es que Fede deja un correcto solo como anticipo al epílogo y, al final, todo parece estar donde debería.

Askja” entronca con aquél aire más medio oriental de “Inner War”, mostrando de paso a la Anne más ambiciosa y atrevida de todo el álbum. La facilidad con que se maneja entre los diferentes tonos, las buenas estrofas que ha trazado y cómo su línea de voz aquí parece diferir en cierto modo de otras tantas presentes dentro de este segundo álbum. Como contrapunto surgen voces graves, así como un groove más acentuado. Así todo, la banda no descarrila del sendero. Esto sigue siendo metal sinfónico con todas las de la ley. Pero con eso y con todo, uno agradece la mayor liberad que el cuarteto parece haberse tomado aquí. Sienta bien a estas alturas del álbum, proporcionando cierta frescura incluso.

Unai vendrá a sumar esfuerzos a una “Inequality” que presenta orgullosa al riff más marcial de todo “Resurgence”. Un corte alterno en voces pero de trazo clásico y casi diría habitual, con Anne moviéndose (muy segura) en esos tonos más altos de estribillos y Fede mostrando buena mano a la hora de ejecutar el solo. Itinerum cierran así su segundo trabajo con las que pueden ser las dos composiciones más diferentes (aquella en lo gramático, ésta en lo tonal) de entre esta nueva colección de temas. ¿Simple casualidad o un aviso de por donde pueden ir los tiros en un futuro? Habrá que esperar a un hipotético tercer trabajo para salir de dudas.

Mientras tanto, “Resurgence” es algo más de media hora de buen metal sinfónico en la onda de las bandas mencionadas durante el texto. De producción lustrosa y con ciertos destellos de una mayor extrañeza durante el tramo final. Anne ha realizado un gran trabajo con sus líneas de voz y si bien echo en falta despliegues solistas un tanto más ambiciosos, no es ésta una queja que concierna a Itinerum en particular sino más bien al género casi en su totalidad. En “Mother Of Chaos” creo que rayan a buen nivel y, como digo, tanto “Inner War” como “Inequality” se atreven, aunque sea de forma tímida, a jugar con las expectativas (y no fallan). Desgraciadamente se canceló su paso por Avilés para una nueva edición del Rock In Ria y no quedará otra que buscar otra ocasión para pasar revista a estas nuevas composiciones.

Texto: David Naves

Reseña: Blues & Decker «II: Return» (Autoproducción 2025)

Blues & Decker nos presentan su faceta más rockera en formato Ep digital. “II: Return” consta de cinco temas que, a su vez, formarán parte de un vinilo con edición a finales de año vista. Recordemos que ellos son Diego Reyes (batería), Kike Cuetos (bajo), Gustavo Pérez (voz y guitarra) y Guzmán Lanza (guitarra). Las canciones vinieron al mundo bajo la atenta mirada de Daniel Sevillano en “el templo del sonido asturiano Ovni estudio”.

The Omen” ya deja claras las posiciones sobre las que se manejará la banda en este pequeño Ep. Es un blues rock crudo y pesado. A la vez elegante y distinguido. Pergeñado sobre buenos riffs y donde lo orgánico del conjunto supone la base sobre la que se edifica el sonido Blues & Decker. Gustavo está trazando hábiles líneas de voz. Me agradan esos pequeños solos con los que engarzan estrofas. Ovni, desde luego, responde a su bien adquirida fama. El sonido que emana de estas canciones no podría ser más limpio y cristalino. No desentona ni siquiera cuando la voz estalla con esos tonos más agrios del tercio final. Blues desgarrado primero y un cambio de ritmo cosido al fulgurante epílogo. Un gran arranque el de este retorno.

Never Happened To Me” es vivaracha. La que fuera carta de presentación del Ep da la impresión de haber sido pensada y repensada con el directo como fin último. Los riffs que la construyen tienen gancho. Junto a ellos, Gustavo traza una línea de voz a la vez hábil y pegadiza. Los buenos detalles de Reyes tras baterías, especialmente en estrofas, el solo que antecede al puente o ese final de nuevo más vivaracho. Todo me funciona aquí. Y si bien ahora apenas rozen aquella gravedad tan acusada del primer corte, bien está lo que bien acaba.

Entones “Odyssey” juega a combinar a esos Blues & Decker más vivos con los más sucios. De resultas de ese doble juego emerge un corte entre dos aguas, que me agrada por ese juego entre guitarra y voces. También por la de nuevo hábil labor de Reyes a los parches. Y aunque siento que quizá pueda pesarle esos poco más de tres minutos y medio que marca en el reloj, no deja de ser un corte atravesado por buenos solos de guitarra y que parece dejar su mejor cara en cuanto a unas ejecuciones cuidadas con sumo detalle. El solo final, que me atrae por la mayor suciedad que arrastra, puede ser fácilmente mi favorito de todo el Ep.

Su prólogo deja poco lugar dudas. “Back To The Roots” suena inevitablemente clásica. Carga con la responsabilidad de ser el corte más extenso de los cinco. Y Blues & Decker, valga el tópico, realmente parecen haber echado el resto aquí. Quizá de los cinco, el que mejor lustre saca del magno estudio donde estas canciones vinieron al mundo. Emanan toneladas de clase de este blues desnudo y sureño, inundado de sonidos con olor a carretera y desierto. En su corazón mismo anida un solo, que aún cuando me agrada, no me hubiera importado si tuviera una duración aún mayor. Con eso y con todo, otro corte lleno de personalidad, con un cierre por todo lo alto y que puede ser fácilmente aquél con el que más conecto de este “II: Return”.

Where We Belong” sorprende entonces con ese tono algo más alucinado. Algo que ejemplifica esa voz con efectos de Gustavo Pérez en las primeras estrofas. Otro corte bisagra, que mantiene un constante doble juego entre los Blues & Decker más (no sé si decir) psicodélicos con los más graves y rotundos. Un cierre que maneja una más que interesante paleta de tonos y colores, y que viene a dar cumplida cuenta del cuidado con el que la banda ha construido este pequeño trabajo. Ojo si no al despliegue solista final.

Derrochan clase a raudales. Evidentemente, sería de necios negar que a servidor le faltan referentes a la hora de juzgar un trabajo de estas características. Ello no quita para que disfrute, ya lo creo que lo hago, con unas canciones bien construidas, unas ejecuciones sin mácula y un discurso sonoro que, sin abandonar las fronteras del blues rock, sabe ser lo suficientemente diverso como para otorgar a cada composición una personalidad y entidad propias. Me agradaron como cierre del último Unirock (crónica) y lo han vuelto a hacer con este más que interesante regreso.

Texto: David Naves

Reseña: Vulvarine «Fast Line» (Napalm Records 2025)

El llamado universo de las Riot Grrrl se ha visto recientemente sacudido por el segundo largo de las vienesas Vulvarine. Ellas son Bea Heartbeat en baterías, Robin Redbreast al bajo, Sandy Dee en guitarras y Suzy Q en voces. Engel Mayr en el Studio Mäusepalast, Thomas Zwanzger en Stressstudio y Dietmar Baumgartner en Sonar Music Productions fueron los encargados de traer al mundo los once cortes de este “Fast Lane”. Las pistas resultantes serían mezcladas posteriormente por el propio Engel Mayr en el Studio Mäusepalast y finalmente masterizadas por Lukas Wiltschko de LW Sonics. Con la misma Sandy Dee aportando su arte para la portada del álbum, esta segunda entrega de las austríacas vio la luz vía Napalm Records a finales del pasado mes de marzo. Un trabajo que llevará a la Factoría avilesina el próximo 31 de octubre al ahora renovado cuarteto tras la incorporación de Lauree Blaze como nueva voz.

Un pildorazo de puro rock and roll inaugura el álbum. “The Drugs, The Love And The Pain” pronto da muestras del fino registro de Suzy Q. Hay una apañada colección de riffs, más eficaces que vistosos. También una producción en el punto justo entre pegada y discernimiento. Equilibrada y muy cuidada. Si bien siento que al estribillo no le habría venido mal una pizca más de mal café, pocas pegas caben al respecto del solo que sucede después, así como a la hábil construcción de ese tramo final. En resumidas cuentas un arranque agradable y funcional.

Ancient Soul” añade algo más de empaque por parte de las vienesas. No solo por una construcción algo más estirada sino por unas buenas estrofas y unos aún mejores estribillos. Tienen estos un deje algo más melancólico, que por alguna razón me llevan a pensar en Thin Lizzy. Sobresalen igualmente los buenos engarces entre estrofas. Las baterías que deja ahí Bea Heartbeat merecen toda la atención. También las que dan apoyo al buen solo del tramo final. Uno de esos cortes con toda la pinta de funcionar como un tiro sobre las tablas.

Heads Held High” magnifica aún más ese rock más melancólico y casi apesadumbrado. Sin que salten las alarmas, sin que esto deje de ser un disco de rock and roll con todas las letras, pero donde Sandy Dee está dando una auténtica lección de clase y feeling. Orgullosamente auto reivindicativa en lo lírico, pluscuamperfecta y clásica en cuanto a trazo y estructuras, quizá eche en falta un solo de guitarra más pronunciado durante ese buen tramo final. Con eso y con todo una de las que más ha arraigado en mi subconsciente tras el correr de las escuchas.

Uno de los cortes más extensos de este segundo trabajo es “Demons”, con Bea Heartbeat cabalgando a medio gas y la banda trazando ahora un cuidado medio tiempo. Suzy Q aúpa su registro en estrofas y se acompaña de cuidados coros en estribillos. Y aunque los distintos enganches entre estrofas no brillen como lo hacen en otros cortes dentro del disco, qué finas están las austríacas a lo largo de este rock menos brillante, más sucio, algo decadente incluso. Sandy Dee se reserva otro buen solo como anticipo del epílogo y, al cierre, todo me termina por funcionar. Un corte con una vibración muy especial dentro de este “Fast Lane” y quizá uno de los más redondos.

La base rítmica inaugura esta “Alright Tonight”, un corte que anuncia un rock más oscuro, deudor aunque sea de modo lejano, de unos The Cult de comienzos de los 80, con Suzy Q dibujando otro estribillo lleno de carisma y feeling. A ratos uno puede echar en falta el nervio que entregan otros cortes dentro del álbum. Pero la buena producción así como la muy cuidada construcción de las estrofas, precioso el tono que entrega la guitarra de Sandy Dee, sacan la cara por otra de esas composiciones distintas, marca de la casa. Diferente, que no peor.

Equal, Not The Same” recupera en parte el nervio, mostrando ahora a unas Vulverine más próximas al punk. El nombre de las infatigables The Lizards ha estado yendo y viniendo tras las sucesivas escuchas. El caso es que Dee vuelve a brillar en lo que a melodías se refiere. También en cuanto a riffs. Fue elegida como anticipo en modo de videoclip y toda vez estalla el solo de la propia Dee, cuesta nada y menos entender los motivos. De los once puede no ser el corte que mejor las represente. Pero es una entrega redonda, con gancho y buenos detalles desde el plano técnico. Win win.

Fool” sorprende con ese avanzar algo más marcial de sus estrofas, que contrasta con el más casual y rockero de los estribillos para conformar un corte sencillo, directo y sin mayores florituras. Con las baterías desnudas de Bea Heartbeat uno bien podría pensar de un modo más o menos casual en White Stripes. Con eso y con todo nadie puede negar que esto sigue siendo rock and roll sin concesiones. Con una línea de voz, perfectamente armada, que cabalga amarrada a unos riffs llenos de gancho y brillo. Estupenda.

Vulvarine insertan entonces “Polly The Trucker”, entrega más extensa de “Fast Lane” y la que viene a entregar uno de los riffs más frontales y áridos del disco. Ello sin descabalgar de su habitual rock directo y formal, pero desde luego ofreciendo ahora una mayor enjundia. Ese nervio, quizá esa mala leche, que se puede echar en falta en otras entregas. El típico que te vuela la cabeza en su traslación al directo. Hay buenos coros en estribillos aquí. Sigue brillando la buena producción que tiene el álbum. Pero si algo me agrada es tanto el solo como ese rock más pesado y contundente en que se apoya de inicio. El cambio de ritmo, tan clásico como efectivo, que acometen después. Y su cuidada resolución. Hasta el fugaz guiño a nuestro idioma. Si esto no es rock de altura, no sé qué lo será.

Explota entonces “Dark Red” y el disco, lejos de perder impulso, ofrece aquí unas de sus entregas más redondas. También más potentes. Con una selección riffera que las aproxima (a destellos) hacia los terrenos del heavy metal más casual. Sandy Dee brilla sobremanera aquí. También una base rítmica empastada como en pocos momentos a lo largo del álbum. El corte entrega nervio en estrofas, equilibra con estribillos contundentes y desemboca en un solo disfrutón por desmelenado y atrevido. La cabra tira al monte, claro, pero siento muy cómodas a las austríacas en esta encarnación más nerviosa y potente. Prueba al fin y al cabo de la cintura con la que han enfrentado la escritura de este segundo largo.

Cheri Cheri Lady”, con la colaboración de Filippa Nässil (Thundermother) en guitarras, fusila a placer el original de Modern Talking arrimándose a la cara más punk de Vulvarine. Ruge el bajo de Robin Redbreast en estrofas y vuela el doble bombo de Bea Heartbeat en estribillos para una versión libérrima y disfrutona. El cierre es para la pequeña “She’ll Come Around”, pequeño escorzo acústico, bailando entre las fronteras del grunge y el alternativo para un curiosísimo broche final.

Entre la versión de Modern Talking y el pequeño detalle acústico de “She’ll Come Around” puede que “Fast Lane” desfallezca en su tramo final. Da igual. Antes el disco ha dado razones más que suficientes para confiar. Sea con las buenas hechuras de “Polly The Trucker”, el nervio bien entendido de “Equal, Not The Same” o esa pulsión más metálica de “Dark Red”, amén de los muchos y buenos riffs que Sandy Dee dibuja a lo largo del álbum, Vulvarine han entregado un segundo disco destinado a hacer mucho, mucho ruido en años venideros. Si nada lo impide esperamos ser testigos.

Texto: David Naves