Repaso gráfico a la presentación de unos renovados Ofensivos en la 1ª edición del festival Monorock celebrada el viernes 2 de febrero en el Teatro El Llar de Corvera.
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Llegaban los Zålomon Grass a nuestra querida Factoría Cultural avilesina inmersos aún en la presentación de “Space Opera”, del que os dimos cumplida cuenta hace escasas fechas por aquí, y la cita bien valía sobreponerse al pequeño proceso gripal que me lleva acechando desde mediados de semana. «Sold Out» en la puerta, casi una constante ya en los conciertos que plantea el recinto, y la casi total seguridad de tener un bolo de los buenos ante nosotros.
El arranque cuando pasan pocos minutos de las diez no puede ser más eléctrico, en forma y fondo, vemos a un trío (G. Mckenzie en voz y guitarras, David Rodd en bajo y coros y Mauro Comesaña en batería y coros) decidido a divertirse y divertirnos. Responde una Factoría muy por la labor ya desde los primeros instantes. Público siempre fiel y disfrutón y una banda que si bien arrancó con un sonido algo enmarañado, iría ganando enteros con el correr de los temas.
Temas como “Heard It On The News” de ese estupendo primer largo nos dejan bien a las claras el nivel que atesoran como músicos. Es aquí que Rodd luce sobremanera desde su Fender de cuatro cuerdas para regocijo de los más puristas. La banda, con una puesta en escena de lo más básica y elemental, lo fía todo a sus ganas de comerse el mundo y parecen vencer en el cometido. Aquí G. Mckenzie aprovecha para los obligados agradecimientos y Avilés responde con el calor que en él es habitual.
Es precisamente G. Mckenzie quien abusa de sus seis cuerdas primero en “All Hands On Deck” para después terminar por los suelos al tiempo que despliega solos de feeling casi inabordable. El trío vigués parece tener en él a un frontman de altura, pues no fue menor el nivel de entrega que mostró en tareas vocales. Zålomon Grass vinieron a sonar más poderosos y contundentes que en su encarnación de estudio y uno no puede por más que pensar el cabreo que tendrán a día de hoy quienes se quedaron sin entradas para el concierto.
Esa encarnación más nervuda vino a manifestarse a través de una “Cosmic Relief” con G. Mackenzie haciendo uso y abuso de su CryBaby. Enganchó el trío aquí, pues no fue pequeña la ovación que se llevaron al término de la misma. “Vamos a tocar algo más suave”, anuncia el espigado guitarrista, y la banda brinda un tremendo “Private Show”, no exento de percances, pues el parche del bombo poco más y entrega bandera blanca. Al final nada que no arreglase un poco de cinta americana.
Se sucedían los temas y los vigueses no parecían capaces de desfallecer. No fueron pocas las veces que agradecieron el apoyo de la gente. La importancia de mantener viva la llama de la música en directo. Algo que en la Factoría cuidan con sumo cuidado. A la vista están los resultados. “Too LateNow”, una de mis favoritas del “Space Opera”, llena el recinto de ritmos calmos y tranquilos, amplifica el aire más bluesero de su encarnación de estudio y da cumplida muestra de la cintura que poseen los chicos a la hora de ampliar el rango de influencias que manejan.
“Groove To Prove”, huelga decir que con la banda sonando redonda pese a los pequeños percances por otro lado habituales del directo, se convierte en un verdadero pildorazo. Uno se pregunta cómo una banda con apenas cuatro años de vida es capaz de mostrar tantas tablas en vivo. Hay formaciones que parecen nacer con estrella y Zålomon Grass desde luego la mostraron el viernes. El final, como no podía ser de otra forma, correspondió a una “The Drill” a la que, parece, será muy difícil destronar de su privilegiada posición como broche final de sus shows. Si pasan por vuestra ciudad ni lo dudéis e id a verles. Ya nos lo agradeceréis después.
Es verdad que fue uno de esos shows que van de menos a más. Especialmente en lo tocante al sonido. Pero en cuanto encarrilaron y el público conectó con ellos, fue otro bolo para el recuerdo. Uno piensa que si en apenas cuatro años han demostrado ya tal nivel de cohesión, feeling e incluso pegada, inasequible al desaliento Comesaña tras baterías, qué no tendrá el futuro reservado para ellos.
Por nuestra parte nada más. Agradecer una vez más a Omar Fernández por todas las facilidades y mandar saludos a Michael Arthur Long (Drunken Buddha), Oscar Osmow, Carlos Suárez y Javier de Coupaud (Mad Rovers), José Antonio Fernández y a quien mi cabeza, embotamiento mediante, no acierta ahora a recordar. Ahora si me disculpan voy a tomarme un «requemao» caliente como la piel del sol. Nos vemos en el siguiente.
En colaboración con Hendrik Röver (guitarra clásica europea, Fender Rhodes y percusión), David Rodd (bajo eléctrico Fender, sintetizador y coros), Mauro Comesaña (batería, percusión y coros) y G. Mckenzie (voz principal, coros, guitarras eléctricas, guitarra de doce cuerdas y guitarra acústica) están detrás de “Space Opera”, el primer largo de la agrupación psicodélica gallega Zålomon Grass. Un compendio de ocho temas grabados en los Guitartown Recording Studios de Muriedas (Cantabria) por el propio Röver y posteriormente mezclados y masterizados por David Rodd sus Rodd Studios de Vigo (Galicia). Lo adorna un arte de María Llauger y Mauro Comesaña sobre la ilustración de Archibald Ingram “El Buque De Su Majestad Real Decapitator En Persecución”. Recordar asimismo que la banda se encuentra actualmente en gira con parada en la avilesina Factoría Cultural el próximo tres de febrero.
“Cosmic Relief” ataca desde el primer instante con un riff principal repleto de gancho y ese groove entendido a la manera clásica que tantos y tan buenos resultados acostumbra a dar. El orgullosamente sonido retro de la banda reverbera en un interesante y cuidado juego entre canales y mientras que la voz destila con gusto y clase los estribillos, la producción pone todo de su parte cara a discernir cada línea. Buenos cambios de ritmo aquí y allá, auténtico subibaja en lo que a trazo se refiere, si bien siento que el pequeño escorzo de calma que irrumpe a modo de puente bien merecía algo más de espacio. En cualquier caso por ahí surgen estupendas líneas de bajo, la desgastada producción y un epílogo que se atreve a bordear el funk, como si el resto del corte no fuese, ya de por sí, una verdadera maraña de sonidos. La manera en que tanta ida y venida cabe en apenas tres minutos y medio sin que nada suene forzado ni artificial no deja de tener su mérito.
Por ahí que “The Drill”, carta de presentación de esta peculiar ópera espacial, resulte mucho más acomodada. Que no fallida. Porque si “Cosmic Relief” brillaba en lo que a riffs se refiere, esta lo hará en lo tocante a solos. Concisa, directa, orgullosamente rockera, sin el pulso tan vitriólico ni aquella escritura casi dislocada de su predecesora. Pero hábil sin embargo a la hora de destapar a los Zålomon Grass más crudos y viscerales.
“I know just how you feel but I know that you know the drill”,
“All Hands On Deck” emerge de la calma y para conducirse por ella mientras destapa ahora a unos Zålomon Grass a medio gas, calmos y elegantes, abandonando toda gravedad, comandados por la fina línea que marca Comesaña tras los parches. Se elevan después mientras deriva hacia un aire más blues rock que parece les viene como anillo al dedo. Y es que si por algo destaca no ya este corte en concreto sino el álbum en su conjunto es por la propia versatilidad de la banda, que siempre en el terreno del más puro clasicismo, sabe acoger ese amplio abanico de influencias y apostarlo en unas canciones que, sin embargo, nunca suenan ajenas ni forzadas. De las ocho que componen este “Space Opera”, puede pasar “All Hands On Deck” por mi favorita. Por ese trazo tan cuidado, por los buenos detalles que surgen de sus guitarras o por lo certero del estribillo.
Inicio igualmente tranquilo el de “Harder To Rise”, que sin embargo transita más adelante hacia una versión un tanto más épica de su habitual vintage rock. Se hace la calma sin embargo toda vez acuden las primeras estrofas. Aquí me agrada la construcción de estas y la forma en que se van elevando de cara a los distintos estribillos. Clásico, funcional, no es la primera vez que has oído algo así pero los Grass se las arreglan para que el recurso suene, de algún modo, fresco y vibrante. Una melancolía casi palpable recorre el cuidado estribillo. Y mientras que al puente acude aquél deje más épico, casi sinfónico incluso, apenas intuido en el prólogo, el solo que irrumpe después se amolda al corte al que adorna con precisión cirujana. En opinión de este humilde juntaletras, otra de las grandes del redondo.
Sin llegar a aquella versión descarnada de la anterior “The Drill”, lo cierto es que “Heard It On The News” hace por recuperar parte del nervio perdido. Se mantiene por ahí en un curioso equilibrio entre el innegable gancho que ofrece su riff principal y una escritura, esta vez, algo más apaciguada, que no plana. De resultas surge un corte más sencillo, que me afecta en mayor medida al corazón que a la cabeza, y con el que conecto solo a veces. El solo final es de mérito, así como esos coros casi mistéricos que lo acompañan. Pero ya digo que, en líneas generales, encuentro otros cortes aquí presentes mucho más interesantes y atractivos.
Me encanta sin embargo “Too Late Now” y el aire a antro a media luz que de él se desprende. Es esta una versión casi desnuda de Zålomon Grass, por ahí diferente al resto del tracklist, que se roza con el blues más formal mientras teje una cuidada, casi delicada línea de voz, para en la mayor tradición del género, desembocar en un solo en fade out. Disculpo ese final algo abrupto si su encarnación en directo, de haberla, nos lleva a al tan mágico como enigmático terreno de la improvisación.
Con un bajo casi predominante en la mezcla se presenta una “Groove To Prove”, que de nuevo vuelve a poner la aguja de la intensidad en zona roja. Estrofas casi desnudas, estupendos guiños de guitarra aquí y allá pero sobre todo un riff capaz de derribar montañas. Me enganchan los gallegos aquí por construcción y, consecuencia segura de lo mucho que les he estado escuchando los últimos meses, el nombre de los californianos Rival Sons sobrevuela casi a cada golpe de caja. Uno de los cortes que más hace por destapar la buena nota de estos Zålomon Grass como músicos…
… pero de todos los que componen este primer largo, “Don’t Let Me Go Down (Space Opera)” es hasta el momento el que más huella ha dejado de todos. Porta ya de entrada un riff tan simple como efectivo. La entrada de la base rítmica y como la mezcla vuelve a jugar con los canales, fundamental a veces el uso de auriculares a fin de apreciar según qué detalles, suben ya la nota con el corte apenas iniciado. Sucede después que las estrofas acampan en el territorio de la balada, con Mckenzie en su encarnación más dulce, que no sacarina, y los gallegos construyen un crescendo que divaga entre la balada clásica y un psych algo alucinado primero y más vibrante después. Es cierto que todo parece anticipar un final más grave que finalmente no llega. No menos verdad es que la alternancia entre guitarra y coros que precede a su epílogo es estupenda. Riada de buen gusto como poderoso broche final.
Psicodelia clásica de la que tanto gusta en la querida y apreciada Factoría Cultural de Avilés. Reconozco tenía fuera de mi radar a estos Zålomon Grass y que he disfrutado como un enano con este primer álbum. También con la escritura de una reseña como esta. El suyo es un género algo ajeno a quien escribe, no creo pase nada por reconocer el hecho, y sin embargo encuentro en él bastantes asideros a los que agarrarme. Empezando por el buen nivel técnico que han demostrado aquí, continuando con el abanico de influencias que aglutinan, amén del buen gusto a la hora de implementarlo a lo largo de los ocho cortes. Cierto que entremedias hay trazos e ideas con las que no he llegado a conectar del todo. Pero en suma siento que son muchos más los aciertos que los errores. Queda por tanto nada más que comprobar qué tal los defienden en vivo el tres de febrero. Si nada ni nadie lo impide por allí estaremos.
Nuevo episodio de la serie de entrevistas que Edu Meier realiza a rostros reconocibles de nuestra escena. En esta ocasión el protagonista es Chus Westhia, bajista en bandas como Asthma, Hysteria, Westhia, In-Sanity o Rock & Rockets. Siempre agradecidos por la aportación, Edu, Chus, adelante con el interrogatorio.
Edu: Hola Chus, fíjate que aprovecho una efeméride de la web para hacer muchas cosas, desde pedirte amistad, a hacerte una entrevista jajaja, además incluso cambiamos el contenido. Comencemos; ¿Cuál es la esencia de tu música y cómo crees que te han influido otras bandas del género?
Chus: Pues creo que la esencia de mi forma de tocar es transmitir emociones o sensaciones a través del rol rítmico de mi instrumento que es el bajo. Intento adaptarme a lo que cada canción me sugiere y darle «groove» al tema o contundencia según pida la canción, o tenga en mente el compositor del tema. Me gusta ese rol de actor secundario en la música, vestir y aportar a las canciones de los demás y sobre todo hacer equipo con el batería. Cuando consigues sonar engranado con el batería es orgásmico.
¡Las bandas del género? Pues obviamente me han influido en todo. Lógicamente Iron Maiden, Metallica, Helloween, Anthrax, Pantera, Black Sabbath etc. te influyen en como ves la música desde tu instrumento y según maduras vas incorporando cosas de otros estilos ajenos al metal. Intentar aprovechar esos recursos y traerlos a tu terreno forma parte de la evolución del músico y también es un reto para mi.
Edu: Cuéntanos sobre tu proceso creativo al componer canciones. ¿De dónde sacas inspiración para tus letras y melodías?
Chus: Como compositor compongo para mi en casa, sobre todo temas instrumentales hechos con capas de bajos fundamentalmente melodías, armonías, voces, etc. Ahí me influye mucho un estilo de música más cercano a “Two Steps From Hell” y cosas así que me molan un huevo. Algún día ordenare las cosas que tengo y las grabare un poco mas seriamente…. cuando sea mayor y tenga tiempo, imagino jajaja.
Como bajista en una banda sobre todo intento explotar mas el lado rítmico o «groove» de los temas. Me gusta el reto de intentar estar a la altura de los temas e intentar hacerlos crecer desde mi instrumento.
Edu: ¿Cómo te preparas para los conciertos en vivo? ¿Tienes alguna rutina o tradición antes de subir al escenario?
Chus: Pues la semana antes de un bolo suelo tocar todos los días una vuelta al repertorio y beberse unas cervezas con la banda antes de salir a tocar es una buena rutina siempre.
Edu: En tu opinión ¿Cuáles son los desafíos más grandes que enfrenta la comunidad del metal en la actualidad y cómo crees que se pueden superar?
Chus: Pufff para mi el punto flaco es que ya no hay la escuela underground que había en los ochenta y noventa. No había los equipos, medios, ni conocimientos que hay hoy pero si muchos bolos donde poder tocar, mucha colaboración entre bandas, muchos garitos que te permitían fogearte y que la gente te conociera. También habia muchos festivales autoproducidos con mucha colaboración entre bandas para sacarlos adelante con muy buen rollo, independientemente del género que tocara cada grupo. Y eso generaba mucha afición de gente por ir a los conciertos y de ahí a querer tocar en un grupo hay un paso. Había pocos medios, pocos conocimientos pero muchas ganas. Hoy no hay esa posibilidad de rodarse ante publico frecuentemente que tuvimos nosotros por la persecución vergonzosa que se ha hecho a la música en directo en Asturias en los últimos 20 años. Yo creo que eso también hace que no haya gente que se meta en el rollo de ir a conciertos y descubrir este mundo desde guajes y por tanto no haya relevo. Para superarlo tirar abajo esta censura a la música en directo me parece lo fundamental.
Edu: Como una persona que lleva ya una larga trayectoria en el género del metal. ¿Qué mensaje te gustaría transmitir a la gente que conoces del mundillo y a aquellos que aún no lo conocen?
Chus: Pues que esto es para toda la vida, te hace crecer como persona, conocer un huevo de gente y vivir un montón de experiencias inolvidables. Una vez que te pica este veneno es muy difícil dejarlo. A la gente del mundillo le diría que somos cuatro gatos y que a ver si remamos todos en la misma dirección y dejamos de lado mongoladas. Que a veces parecemos mas el Sálvame De Luxe que una comunidad underground.
Edu: ¿Qué papel crees que juega el metal en la sociedad actual? ¿Crees que hay estereotipos negativos asociados con este género musical? Si es así ¿Cómo crees que podemos enfrentarlos?
Chus: Para mi el metal es una catarsis , te desprendes de la violencia, la ira y la frustraciones de la vida diaria gritándola a los cuatro vientos. ¿Estereotipos? Todos los que te quieran poner pero… ¿A quien le importa?
Edu: ¿Cuáles son tus metas y ambiciones para el futuro? ¿Tienes algún proyecto especial en mente?
Chus: Seguir disfrutando, aprendiendo y viviendo todas las experiencias que pueda de este mundillo.
Edu: ¿Cómo describirías tu relación con la gente que asiste a un concierto vuestro?
Chus: Siempre positiva y ampliando la familia en cada concierto que vamos conociendo gente nueva.
Edu: Cuéntanos una experiencia memorable que hayas tenido en tu carrera y aquella que no fue tan bonita. ¿Cómo te han impactado esas experiencias?
Chus: Pues creo que la mejor experiencia a sido todo lo vivido con Westhia. Desde los barrigazos que dimos por el mundo peleando contra la adversidad, toda la gente que conocimos, que nos apoyo y nos siguió, la experiencia de grabar discos, de estar en festivales muy guapos y la aventura de ir por el mundo con los colegas todos a una y viendo como crecía la banda. La peor pues creo que fue la disolución del grupo cuando más lo estaba disfrutando y el aprendizaje que saque es que la vida es dura y disfruta el momento que nada es para siempre.
Edu: Finalmente ¿Qué consejo le darías a alguien que está empezando en el mundo de la música y del metal?
Chus: Paciencia, pásalo bien, disfruta del viaje, y no te mires mucho el ombligo que no trae nada bueno. Ah y nunca seas un peso muerto en un grupo. Respeta el esfuerzo de tus compañeros de banda, que el que no estorba ya ayuda bastante. Los mejores compañeros de banda no son los que mejor tocan si no los que menos dan por culo.
Muchísimas gracias Chus por dedicarnos estos minutos y Edu por tu grandísima aportación. Felices fiestas y que el próximo año sigamos disfrutando tod@s de la música que nos apasiona.
La parada asturiana de los estadounidenses Stone Senate, a quienes acompañarían los locales Colmena, era desde luego motivo suficiente para que Heavy Metal Brigade afrontase su tercera salida de una semana que había comenzado con Azaghal y Empty en Oviedo, seguía con Siena Root en la Factoría Cultural y cerraba en el Paseo Malecón de la también llamada villa del Adelantado.
El nombre de Colmena puede no sonarle a los más despistados, pero si decimos que su seno alberga miembros de bandas como Brecha, Manifiesto, Leather Boys, Drunken Buddha o Marvel, a buen seguro más de uno arquea una ceja. Son una de las bandas de más reciente creación en Asturias y de hecho se presentaban en el Paseo Malecón discurridas ya varias fechas en vivo. Prueba de que el proyecto, al menos en sus albores, parece tirar para adelante.
“Bienvenidos A La Colmena” exclama Luismi Rose y el primer corte que entregan, “Nunca Bajes La Guardia”, suena a verdadera declaración de intenciones. Buen sonido en líneas generales, con Nefta a los mandos de la nave, aunque los músicos se quejaron de algún que otro acople sobre el escenario. Después de todo, “qué es una colmena si no hay zumbido”.
Siguiendo con los fenómenos acústicos, a buen seguro “Qué Asco Das” ha provocado más de un pitar de oídos. Su letra, deslenguada en forma pero teledirigida en fondo, fue nuestra primera toma de contacto con un cuarteto que, recordemos, completan Toni Bustamante en guitarras, Serto Jabrabruhuy al bajo y Josín Martínez en baterías.
Para quien aún no se haya dejado picar por los miembros de esta colmena, decir que la banda se mueve dentro de un hard rock de tintes heavies a un tiempo muy años ochenta, con cierta idiosincrasia muy asturiana impregnando las líricas de Bustamante. Algo que se hará patente en cortes como “Situaciones Críticas”, o con el ex-Marvel dibujando solos de altura en cortes como “Ego”.
Hubo igualmente tiempo para versiones: una muy bien recibida “Born To Be Wild” a la que sigue “Born To Raise Hell”, donde uno echa en falta un bajo con algo más de distorsión, Lemmy nos malacostumbró a todos. Cierre para la desenfadada “Macarra Del Quinto” y despedida de una banda que parece disfrutar con lo que hace. Propuestas que nunca sobran.
Stone Senate son un animal completamente diferente. Tanto por formación, tres guitarras sobre el escenario del Malecón, como por sonido, con ese rock sureño de tintes abiertamente hard. “We Are Stone Senate From Nashville, Tennessee” exclama el espigadísimo Clint Woolsey. “And We Play Rock And Roll”, le faltó decir al norteamericano. Porque lo cierto es que su rock sureño desde luego gana unos cuantos enteros en lo que a potencia se refiere en su traslación al directo.
A Woosley, pegatina de Motörhead en su preciosa guitarra de color azul, le flanquean James Beau Edwards a un lado y el muy risueño Ted Hennington al otro, el casi siempre taciturno Kieran Cronley al bajo y David “DZ” Zettler tras los parches. La banda suena en perfecto estado de revista desde la inicial “Cemetery Song”. Ya desde los primeros compases del show, el sonido no puede ser más redondo. La batería de “DZ” te golpea en el pecho al tiempo que Cronley dibuja líneas de bajo tan discretas como redondas.
El casi infinito Woolsey se destapó como el frontman químicamente ideal para la música de la banda. Despliega un carisma inabordable tras el micro y su voz, a ratos poderosa, jamás pierde el tan buscado feeling. Por ahí deslizarían temas como “Dead And The Dying”, de su álbum “Dawn” de 2022, o una “Martha” que bordea sin traspasar la frontera del funk y resulta casi bailable por momentos. Tendrían tiempo incluso de revisitar a The Band con “The Shape I’m In” y The Allman Brothers Band con “Don’t Keep Me Wonderin‘”. También de armónica mediante sumar un miembro más en escena o de incluso poner a “DZ” en voces.
El tronco final del set sería todo lo que uno espera de una banda de estas características. Con el trío guitarrero brillando a gran altura en “Whiskey Helps” o enfrascándose en duelos por momentos incendiarios, cuando no doblando sus guitarras para regocijo de una audiencia que supo responder al buen hacer de los norteamericanos.
De hecho la banda se iría pero, insistencia de la gente mediante, terminaría por regresar para dejarnos una casi volcánica “Down”. Muchas fueron las muestras de agradecimiento que Woolsey dirigió al público a lo largo de la noche y lo cierto es que a la banda en su conjunto se la veía disfrutar sobre las tablas. Por ahí que el altísimo vocalista no quisiera olvidarse de dar las gracias a la organización del evento e incluso al técnico de sonido de la sala. Detalles que suman y le honran.
En lo personal y desde que escribo para esta página, era mi primer show allí y lo cierto es que no pudo darse mejor. Veníamos con el regusto de la gran actuación de Siena Root apenas veinticuatro horas antes y Stone Senate supieron poner su grano de arena para completar uno de los mejores fines de semana en lo que a rock and roll se refiere en la región. Disfrutemos mientras podamos y agradezcamos nosotros también la labor de organizadores, técnicos, dueños de salas y público en general. Después de todo, esto no sería posible sin todos vosotros. Nos vemos en el siguiente.
Repaso gráfico a la actuación de la banda sueca Siena Root en la Factoría Cultural de Avilés como cierre del ciclo de conciertos organizado por Factoría Sound para el año 2023.
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Nueva venida a tierras asturianas de los rockeros suecos de culto Siena Root. La banda que forman Sam Riffer al bajo, Love Forsberg en baterías, Johan Borgström a la guitarra y Zubaida Solid en voz y teclas. Cartel de «sold out« en la puerta y la promesa de presenciar uno los grandes shows de final de año en la avilesina Factoría Cultural.
Una noche más, la Factoría despliega una gran calidad de sonido cuando Siena Root arremeten con una pequeña intro primero y “Time Will Tell” después. Pero sería el de los suecos uno de esos shows cuya intensidad iría de menos a más y de manera muy marcada. Zubaida Solid, pies descalzos sobre el coqueto escenario, se destapa como una voceras de carisma arrebatado y registro cálido y clásico a la vez. Y si bien es Borgström quien, desde su dorada Les Paul, acapara focos en este inicio, no es menos cierto que la banda en su conjunto evidenció un gran estado de forma en su vuelta a los escenarios asturianos.
No es hasta que la propia Zubaida ocupa posiciones tras el Korg que el siempre gélido público astur parece abandonar el letargo. Así por fin “Coincidence & Fate” logra conectar con la audiencia a base de cadencia y la pegajosa y muy efectiva línea de bajo de Riffer. Rickenabcker en mano y túnica oscura sobre el cuerpo, presencia llamativa cuanto menos la suya. Cabe decir otro tanto del batería Love Forsberg. También por lo llamativo de su indumentaria pero sobre todo por unas evoluciones sobre su pequeño kit de batería que lo sitúan como uno de los aporreadores más interesantes de todos cuantos he podido ver a lo largo de 2023. Que, os aseguro, no han sido precisamente pocos.
“Dusty Roads” resignifica el blues a la manera sueca y propicia a través de su epílogo recargado y enfebrecido uno de mis momentos favoritos de la velada, con Zubaida elevándose al olimpo desde su inconfundible registro. Sería entonces que el set cogería el vuelo y ya no cabría vuelta atrás. e “Tales Of Independence” arranca al público de su aparente sopor con Borgström bailando por el mástil de su áurea Les Paul con infinitas dosis de clase. Más aún si cabe al echar mano del slide para “Keeper Of The Flame”, donde ya queda a las claras que estamos ante uno de los grandes shows no ya del otoño sino del año entero.
Desatendiendo al guión, o no, uno nunca sabe, la banda se enfrasca en pequeños solos e improvisaciones. Sin abusar en ningún caso y lo justo para arrancar las mayores ovaciones al respetable. Love Forsberg marcaba el paso y la pareja Riffer & Borgström brillaba en consecuencia. No es poca la carretera que han recorrido tanto el rubio guitarrista como Zubaida Solid desde su entrada en la banda allá por febrero de 2020 y lo cierto es que se nota.
Setenta minutos de show cuando el cuarteto se va al backstage para regresar poco después y encarar unos bises que terminaron por confirmar la altísima nota general de la noche. Con Forsberg tras su batería agradeciéndonos todo el calor mostrado y su banda poniendo negro sobre blanco lo merecido que tienen su actual estatus de culto. Sin duda alguna de lo mejor que haya pisado tierras asturianas en lo que va de 2023.
Merecido el lleno a tenor de lo visto. Los suecos puede nunca lleguen más allá de su actual repercusión pero se tienen bien ganado el terreno. Sólidos a tenor de lo muy heterogéneo de su propuesta, que vibra entre la psicodelia, el blues, el hard rock o incluso el folk sin perder nunca el foco y entregando unas ejecuciones de auténtico nivel. Que vuelvan pronto.
Por nuestra parte nada más que agradecer a la organización del evento por todas las facilidades, así como mandar un saludo a Sergio Blanco, Fernando Casas, Pau Gallardo, Héctor Lynott y Luismi Rose. Nos vemos en el siguiente.
Abanderados del retro rock más puro la banda sueca Siena Rootregresa a los escenarios españoles para presentar su nuevo álbum de estudio «Revelation» editado vía Atomic Fire Records en el mes de febrero. Un tour estatal con parada en Asturias el viernes 8 de diciembre y cuyo epicentro estará localizado en la avilesina Factoría Cultural de la mano de Factoría Sound.
El octavo álbum de estudio de la formación compuesta por Sam Riffer al bajo, contrabajo y voz, Zubalda Solid a la voz principal, órgano y Rhodes, Johan Borgström a las guitarras y voz, Love «Billy» Forsberg a la percusión cuenta las colaboraciones Erik «Errka» Petersson al clavinet, Stian Grimstad al sitar y Lisa Isaksson a la flauta. Un trabajo que vuelve a incluir el habitual viaje sonoro por la psicodelia, el folk, el blues y por supuesto hard rock.