Flotsam & Jetsam: Spain Tour 2026

Desde Arizona vía ITP Promotions la mítica formación thrash Flotsam & Jetsam recalará en nuestros escenarios en el mes de noviembre, incluida parada en Asturias.

Jueves 19 de noviembre – RCA Club (Lisboa)
Viernes 20 de noviembre – Sala Rebullón (Mos)
21 de noviembre – Stage Four (Avilés)
22 de noviembre – Urban Rock Concept (Vitoria)
23 de noviembre – Sala La Nau (Barcelona)
24 de noviembre – Sala Rock City (Valencia)
25 de noviembre – Sala Revi Live (Madrid)

Entradas: www.itp-promotions.com 

Con 4 décadas de trayectoria en su haber presentarán su próximo álbum de estudio «Rats In The Temple«, que verá la luz el 28 de agosto a través de Napalm Records. Su parada en Asturias será testigo del retorno a la actividad musical orientada al metal de la sala Space Four, antigua Quattro, epicentro de los conciertos más recordados en la región.

Crónica: Saturna (Avilés 5/6/2026)

Punto y final al actual ciclo de conciertos de la Factoría Sound con la venida de los barceloneses Saturna, quienes pusieron un broche de orgulloso rock clásico con un set conciso y sin aditamentos. En formato cuarteto, sin más apoyo que la portada de su último álbum “The Reset” proyectada a sus espaldas y muchas, muchas ganas de agradar.

Aunque el arranque de set que proponen, a buen seguro jugó con las expectativas de más de uno. Si alguien esperaba un inicio palpitante, ellos proponen una calmada introducción, con ciertos ecos del “Child in Time” de Deep Purple, bordean luego una cierta psicodelia y se decantan finalmente por un blues de lo más ortodoxo. Diablos, y esto apenas hacía que comenzar. Bullían las guitarras de Max Eriksson (The Mothercrow, Lucifer) y James Vieco en un cuidado ejercicio de estilo. Luego en “Get Over” sí que irrumpe esa faceta más vibrante, me costaba evadirme de unos Judas Priest de la primera mitad de los setenta, demostrando en apenas unos pocos minutos cómo de amplia es su paleta sonora. Todo resulta, huelga decirlo, tremendamente orgánico. Sin trampa ni cartón, sincero y real. Apegado a la más elemental de las esencias.

Sin embargo la voz de Vieco, en ciertos momentos, recordaba al tristemente desaparecido Chris Cornell. Aquella es una pérdida de esas que se dicen irreparables. Saturna, que en “Few Words” tienen uno de los mejores cortes de su último largo, aciertan en la traslación al directo con una inestimable labor de Enric Verdaguer tras baterías. También de Eriksson, quien firmaría otro fino solo aquí. El sonido, además, era el de las grandes citas y, poco a poco, la gente fue entrando en el juego del cuarteto. En “Black Purple” incluso se atreven a exhibir un mayor músculo. Fuertemente armado sobre uno de mis riffs favoritos del set, me pareció estar viendo a una gran versión de la banda. Luego las luces de la Factoría Cultural bañan a los chicos en luz verde al tiempo que ellos emergen con un deje más a la Black Sabbath, fluctuando entre el proto-doom y un rock de tintes desérticos. De nuevo buenos solos de Eriksson & Vieco aquí. Su paleta sónica seguía creciendo.

Pero mentiría si dijera que la Factoría pareció recibir de mejor grado el rock más vivaracho de “Into the Sun”, que me llamó profundamente la atención, lo que son las cosas, por ese puente más lisérgico y alucinado que lo atraviesa. Es una banda cuyas composiciones no siempre parecen seguir el rumbo inicialmente marcado y realmente les aprecio por ello. En lo que Eriksson se colgaba una desvencijada Fender rojiblanca, nos dejan “Your Whimsical Selfishness”, otra de las grandes ofertas de su último álbum, con un Vieco más Cornell que nunca. Sería precisamente él quien nos anunciara que, si todo va como debe, en septiembre deberíamos tener nuevo disco de Saturna. Tras lo visto y oído el viernes, contando los días. Por el momento nos tendríamos que conformar, es un decir, con regresar a “The Reset” para que nos dieran en la cara con “A Way To Reset”. Otro gran riff y una vuelta hacia su cara más cenagosa que les funcionó a los de la Ciudad Condal.

Siguiendo por esa senda más arrastrada, Vieco vaga por el escenario en “Smile”. De lado a lado. De hecho diría que denoté su mirada algo perdida mientras encaraba los primeros versos. Entre él y Eriksson armaron otra de mis secciones solistas favoritas de la noche. Fundamental toda la noche pero especialmente en este rock más telúrico el precioso Rickenbacker de Rod Tirado. Sentía que estaban a un nivel altísimo. Sensación que se acrecentó por el rush final del set, ese que acoge “The Never Ending Star”, tremenda aún perdiendo las teclas que acompañan a la versión de estudio, o cuando se lanzan a por todo un “Whipping Post” de The Allman Brothers Band, desatando una eclosión solista final que la Factoría disfrutó con no poco gozo. Despedirse, como lo hicieron, con un par de nuevas composiciones, creo habla y no mal de la fuerte personalidad que poseen. Irrenunciables. Futuras visitas por su parte quedan marcadas a fuego desde ya en nuestros calendarios. Palabra.

En cualquier caso, un gran cierre al presente ciclo de Factoría Sound. Una sala que presentó una buena entrada (el propio Vieco agradeció que fuésemos más que en su anterior visita asturiana) y un público que vibró con el cuarteto. “Otres diez” pedían algunos. “Son tan buenos que jode”, exclamó alguien a mi espalda. La gente se fue satisfecha, doy fe. Aún con la resaca de la hora y pico de rock que nos regalaron, no puede uno por más que pensar en ese álbum que debería ver la luz tras los rigores estivales. Mientras llega, vaya un saludo a la concurrencia habitual, a la propia banda y a quienes pusieron de su parte de cara a la confección de esta crónica. Nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz

Wolfmother: Spain Tour 2026

La formación hard rock australiana Wolfmother regresa a nuestros escenarios en el mes de julio para celebrar el 20º aniversario de la publicación de su ópera prima. La banda liderada por Andrew Stockdale ofrecerá 7 conciertos en España repasando sus grandes éxitos y los clásicos del mencionado disco aniversario, en una gira imprescindible para fans de varias generaciones.

17 de julio – Razzmatazz 2 (Barcelona)
ENTRADAS
18 de julio – Navarra Arena (Pamplona) + ZZ Top
ENTRADAS
19 de julio – Sala But (Madrid)
ENTRADAS
21 de julio – Sala Custom (Sevilla)
ENTRADAS
22 de julio – Sala Mamba! (Murcia)
ENTRADAS
23 de julio – Auditorio Roig Arena (Valencia)
ENTRADAS
26 de julio – Andén 56 (Burgos)
ENTRADAS

Como punto álgido del tour abriendo para ZZ Top en Pamplona, compartirá escenario con el combo stoner punk Mapogos en Barcelona y Ciclonautas en el resto de la gira.

SonicBlast 2026: Donde los Riffs Encuentran Su Hogar Junto Al Atlántico

Hay festivales que programan bandas y eso llama al público. Hay festivales a los que se acude año tras año sin anunciar ninguna banda, a modo de peregrino. Luego está el SonicBlast, donde sus organizadores construyen una comunidad, una «secta» del buen rollo y la buena música en directo. El anuncio del cartel casi al completo, únicamente faltan por anunciar tres bandas, vuelve a confirmar que el evento portugués se ha convertido, por derecho propio, en uno de los grandes santuarios europeos para los amantes del stoner, el doom, el sludge y todas las variantes de la música pesada nacida de los riffs lentos, las afinaciones graves y la psicodelia más abrasiva. Todo ello regado con unas frescas y ricas canenas a unos precios «de risa», en el buen sentido, y agradecido por los bolsillos. Pero reducir SonicBlast a una simple sucesión de conciertos sería quedarse muy corto.

A lo largo de más de una década de historia, han conseguido algo que muchos festivales de mayor tamaño persiguen sin éxito: crear una identidad propia. Nacido en la localidad costera de Moledo y evolucionado posteriormente hacia la espectacular Praia da Duna dos Caldeirões, en la zona deCaminha y Âncora, el festival ha mantenido intacta una filosofía basada en la cercanía, la pasión por la música underground y una experiencia que trasciende los escenarios. El cartel de 2026 vuelve a reunir a artistas que representan diferentes vertientes del universo citado anteriormente, desde los inconfundibles Turbonegro, hasta el stoner rock con toques progresivos de Elder, pasando por el doom/sludge más tradicional de Conan, la psicodelia de Kylesa y las propuestas más difíciles de etiquetar. Una mezcla que refleja perfectamente la evolución de una escena que, lejos de encasillarse, sigue expandiendo sus fronteras sin perder ese aquel que tanto nos gusta. El festival sigue sumando música con tintes más extremos como Deafheaven o Midnight, o incluso The Casualities. Si a cualquier amante del festival se le dice hace años que este tipo de propuestas estarían sobre los escenarios del SonicBlast, jamás nos creerían.

Quien haya asistido alguna vez al SonicBlast sabe que existe algo especial en el ambiente que se genera durante esos días de agosto. En una época en la que muchos festivales parecen haber abrazado una lógica de masificarse olvidando al que compra los abonos, nosotros al final somos quienes consiguen que sigan existiendo; aquí sigue predominando una sensación de comunidad difícil de encontrar en otros eventos. No es casualidad que numerosos asistentes habituales, yo entre ellos, destaquemos precisamente el ambiente humano como uno de los grandes atractivos del festival. Un lugar donde resulta fácil conocer gente, compartir experiencias y sentirse parte de una escena que entiende la música como un punto de encuentro, sin sentir que las personas tras el telón, nos vean como billetes andantes, o en su mirada se vea reflejado el símbolo del dólar, en ambos ojos. La amabilidad del público, la cercanía entre artistas y aficionados y una atmósfera relajada convierte cada concierto en una celebración colectiva. Como reflexión, quizá tenga mucho que ver con la propia naturaleza del sludge y de los géneros que orbitan a su alrededor. Aunque desde fuera puedan parecer estilos «oscuros o agresivos» a oyentes de emisoras comerciales, que pueden pensar que somos potencialmente solitarios, la realidad es que históricamente han estado ligados a escenas profundamente colaborativas. Desde los pantanos de Luisiana hasta los desiertos californianos que dieron forma al stoner rock, estas músicas siempre crecieron alrededor de comunidades pequeñas, apasionadas y alejadas de los circuitos comerciales. El tan añorado por tantos underground musical.

El resultado es una imagen difícil de olvidar con entusiastas llegados de toda Europa pasando la mañana junto al Atlántico, compartiendo conversaciones en el camping o disfrutando del paisaje costero antes de sumergirse durante horas en una avalancha de fuzz, distorsión y ritmos hipnóticos. Ese contraste entre la fuerza de la naturaleza y la intensidad de la música es, probablemente, uno de los elementos que mejor explican la personalidad única del festival. No se trata de asistir a bolos, se trata de vivir durante esos días dentro de un ecosistema donde todo parece girar alrededor de la misma pasión. Porque, al final, SonicBlast nunca ha sido únicamente un cartel. Es el viaje, la acampada, las charlas improvisadas entre desconocidos que terminan convirtiéndose en amigos, los baños en el mar antes del primer show y los riffs que siguen resonando mucho después de que se apaguen las luces de los escenarios. La cuenta atrás ya ha comenzado y estamos deseando contaros como ha sido la edición del 2026. En Portugal se preparan para convertirse en el lugar donde el sludge, el doom y el stoner encuentran algo más importante que un escenario: un hogar, una de nuestras tantas casas repartidas por la Península Ibérica.

Texto: Alexis Montans

Reseña: Oshira «Vorágine»

Solo dos miembros, configuración esta cada vez más habitual en el ecosistema rockero, son los que integran la formación post-hardcore/metal mexicana Oshira: Manuel Espinoza en baterías y Ashel en guitarra y voces. Estrenado el 24 de abril, el Ep “Vorágine” supone la primera referencia para ellos. Consta de seis temas que ellos mismos se encargarían de grabar y mezclar para que, posteriormente Brad Boatright se encargara de la consecuente masterización. Todo ello viene adornado por el arte de Ethan Lee McCarthy.

El “Umbral” que uno cruza al comienzo del Ep redunda en una pequeña introducción de desarrollo tranquilo, cierto poso atmosférico y un pequeño build-up final que desemboca en la ruidosa “Saber Desaparecer”. Las propias guitarras de Ashel se llevan por delante sus propias voces aquí. Todo está construido entre alternancias rítmicas y tonales, conjugando el mayor de los desgarros con pausas que atenazan primero y riffs que enganchan después. Un grito desesperado, inmisericorde, que camina a pachas entre screamo lacerante y post-metal atmosférico para una interesante dupla inicial.

Luego “Punto Ciego”, tras apostar en su arranque por una calma muy bien traída, transciende hacia los Oshira más lindantes con el post-metal. Los que, quizá, mejor encaje tienen con el tipo de música que acostumbro a escuchar. Me agrada la gama riffera por la que Ashel ha optado aquí. También el nervio que ofrece Espinoza tras baterías y un sonido global ahora más redondo y compacto. Algo que no hace sino mejorar el empacado final de un corte menos hiriente, más introspectivo, trazado con sumo cuidado y que, pienso, da la mejor cara del dúo como intérpretes.

Sigilo” entonces nos retorna a los Oshira más ruidosos e hirientes. Pero lo hacen alternando con alguno de los riffs más redondos de todo el Ep. También con furibundas andanadas, doble bombo mediante, donde Espinoza proyecta al dúo hacia las lindes del metal extremo. Del hardcore más furibundo. Todo sin que los riffs de su compañero de fatigas pierdan nunca el foco. El puente le sirve al dúo para descender en busca del desgarro más hiriente, caminando pesado ya hasta el epílogo. Una cascada de sentimientos, con Ashel desgarrando su garganta hasta las últimas consecuencias. Al fin y al cabo “No hay más camino que un último brillo”.

Y no es que “Vorágine” sea un corte alegre. En ningún caso y menos aún si uno se atiene a su aspecto lírico. Pero sí es cierto que en su cuidado prólogo uno vislumbra una mayor luz. Luego la composición se arrima, de nuevo, a su cara más atmosférica. Sobre un paso casi marcial de Espinoza, la composición abrazará el caos controlado en una maraña de sentimientos y riffs nada indolentes. Es este otro de los cortes que más llama mi atención en lo que a guitarras se refiere. La cabra tira al monte, supongo. De igual modo me agrada esa estructura clásica, ese puente bien acomodado en su tramo central y la marcada melancolía que todo desprende camino del epílogo. Estupenda.

Finalmente “Fisura” viene para alternar riffs con nervio y violentas sacudidas de post-hardcore rabioso y desatado. Con un Ashel sonando más desesperado que nunca mientras procura riffs fronterizos y caóticos, el cierre del Ep no podría resonar más negativo por desesperanzado. El caos de su tronco central, la rabia con la que se siente cada golpe de Espinoza a la (sufrida) caja, se agiganta toda vez la composición se encamina hacia sonidos más oscuros, más caóticos. Un epílogo que bien parece el ocaso final de una vida toda vez las esperanzas y motivaciones han quedado extintas.

Mucha rabia y muy poca luz en el debut del dúo. Post-metal/hardcore rabioso, hiriente, a ratos descosido, cargado de sentimientos negativos, rabia, desasosiego… El sonido que desarrollan sorprende de primeras. Esa voz tan hundida en la mezcla en cortes como “Saber Desaparecer”. Pero cuando todo se iguala, “Punto Ciego” y “Sigilo” me parecen buenos cortes. Bien planteados y ejecutados sin ningún tipo de cortapisa, sin que el nervio o ese poso más atmosférico vaya en detrimento de los buenos riffs de Ashel, los firmes golpes de Espinoza. Un Ep echado en manos de la desesperanza. Acérquense a él con cuidado.

Texto: David Naves

Crónica: The Rumjacks (Oviedo 23/5/2026)

Nueva visita de la banda de celtic punk The Rumjacks a la península, presentando los temas de su último trabajo discográfico «Dead Anthems«, con parada en la ovetense sala Gong que, pese a estar en las lindes de los estilos musicales cubiertos por esta casa, no nos quisimos perder.

Formados en Sídney (Australia), en 2008, The Rumjacks se han consolidado como una formación puramente internacional en la que militan músicos australianos, italianos o estadounidenses. Sus enérgicos directos, caracterizados por fusionar ska, punk y folk con música tradicional irlandesa, folclore australiano e himnos de taberna, los han llevado a recorrer Europa con frecuencia. De hecho, apenas ha transcurrido un año desde su última visita en este mismo escenario, y ya han pasado casi diez años desde que pisaron por primera vez la capital del Principado, actuando en aquella ocasión en La Lata De Zinc.

Con algo de retraso sobre la hora prevista, a las 21:15 horas suena la intro mientras la banda asaltaba las tablas. Ante un imponente telón de fondo con el logotipo del grupo, tomaron posiciones: Mike Rivkees (voz, tin whistle, guitarra acústica), Gabriel Whitborne (guitarra, coros), Pietro Della Sala (batería), Adam Kenny (mandolina, bouzouki, banjo, coros), Johnny McKelvey (bajo, coros) y Kyle Goyette (acordeón, coros), respaldados por su propio técnico de sonido desde el lateral. Mi primera inquietud fue cómo lograrían desplegar semejante arsenal humano e instrumental en el reducido espacio de la sala Gong. Sin embargo, cualquier duda se disipó tras los primeros acordes: el sexteto funcionó como una maquinaria perfectamente engrasada, donde cada músico defendía su espacio y permutaba posiciones con dinamismo.

El arranque fue demoledor con “Come Hell Or High Water”, guiada por un riff veloz y un ritmo casi marcial dictado por la batería de Pietro. Acto seguido enlazaron con “Kirkintilloch”, cuyo estribillo comenzó a calentar las gargantas del respetable; ambas cartas de presentación de su nuevo disco. Tras estos primeros envites quedó claro que, al margen del calor ambiental, la velada exigiría sudor: los primeros y tímidos pogos no tardaron en estallar en el centro de la pista. Al frente, Mike Rivkees derrochaba actitud y magnetismo, alternando su labor vocal con el uso de diversos instrumentos de viento de forma ágil y contundente.

Antes de dar paso a la ya clásica “A Fistful O’ Roses”, Johnny McKelvey espoleó a la concurrencia: «Es sábado por la noche y estamos en una jodida fiesta; ¡quiero veros bailar y correr!». La sugerencia se acató como una orden. La intensidad de los bailes se multiplicó de inmediato y la locura colectiva continuó con “Smash Them Bottles”, corte donde el banjo de Adam Kenny asumió el protagonismo con un ritmo frenético que invitaba al descontrol.

La exaltación era aún más palpable en las primeras filas, con algún espontáneo queriendo abrazar a los músicos e incluso ofreciéndole de fumar a Adam Kenny, quien, con algo de reparo en un primer momento pero agradeciéndolo más tarde, aceptó. Mientras, los pogos y los bailes eran constantes en el centro de la pista. El sonido quiso jugarles alguna mala pasada y, en numerosas ocasiones, sufrían microcortes que silenciaban las PA; aun así, gozaron de una más que notable calidad.

Continuaron con “Bullhead”, “Through These Iron Sights” y “Sainted Millions”, tres piezas clave de «Hestia» (2021), del que darían un buen repaso: hasta ocho temas interpretarían del mencionado disco. Estas composiciones más antiguas competían en igualdad de intensidad con novedades como “Father’s Fight”, momento en el que Mike exigió un «jodido circle pit» que convirtió la pista en un torbellino

Rivkees gobernaba el escenario combinando con destreza vocal e instrumentación, saltando de las flautas a la guitarra acústica en transiciones impecables, secundado por las cuerdas tradicionales de Adam Kenny. Las canciones de taberna se sucedían sin tregua, provocando que el público coreara cada estrofa. El clímax llegó con el que probablemente sea su himno más célebre: “An Irish Pub Song”. El adictivo riff de flauta irlandesa desató los bailes y pogos aún más salvajes.

Sin levantar el pie del acelerador, mantuvieron el ritmo endiablado con otra de sus composiciones recientes, “Lizzie Borden”, una pieza de corte narrativo sobre una joven que asesina a su familia con un hacha. Aquí, el banjo y la mandolina sostienen el peso melódico, dotando al tema de una atmósfera de balada criminal acelerada.

La tregua llegó de la mano de “Rhythm Of Her Name”, el pasaje más templado del setlist. Rivkees aparcó las flautas para empuñar la guitarra acústica y regalarnos una interpretación sumamente emotiva, impulsada de fondo por el latido incesante de la batería de Pietro. Esa línea melancólica pero vigorosa continuó con “An Irish Goodbye On St Valentine’s Day”, un corte que, a pesar de relatar un desamor, mantiene las pulsaciones altas gracias a su vibrante barniz de fiesta folk. En este ecosistema, el acordeón de Kyle Goyette es un pilar fundamental: engalana las canciones con elegancia y refuerza el genuino aroma tabernero.

Johnny volvió a tomar la palabra para evocar aquella primera visita a Oviedo en una pequeña sala a la vuelta de la esquina. Aseguró que la razón por la que siempre regresan es la notable respuesta de su público y agradeció la fidelidad mostrada a lo largo de esta década. Acto seguido, la banda encaró un vibrante medley que arrancó con “Uncle Tommy”, encadenando sin pausa hasta cuatro temas donde las armonías vocales se convirtieron en las absolutas protagonistas.

El tiempo volaba a una velocidad de vértigo. La recta final se divisaba en el horizonte cuando el vocalista presentó a los miembros de la banda y arrancaron los primeros compases de “Across The Water”, impregnada del inconfundible aire marinero que aporta el acordeón. En ese instante, un asistente no quiso dejar pasar la oportunidad de coronar la noche: se subió al escenario para abrazar uno a uno a los músicos y se lanzó de espaldas al público para marcarse un épico crowd surfing por toda la platea.

Mike seguía reclamando circle pits y la audiencia respondió con creces: corriendo, chocando y bailando sin tregua. La descarga continuó con la combativa e imprescindible “Hestia”, donde la mandolina volvió a reclamar su sitio en primera línea. A esas alturas el sudor empapaba el recinto e inundaba las tablas del escenario, provocando algún amago de resbalón que obligó al técnico de sonido a abandonar la mesa unos segundos para secar el suelo.

Johnny preguntó si teníamos ganas de más, consiguiendo una clamorosa respuesta antes de enfilar la muy celebrada “Light In My Shadow”. El público parecía no querer quedarse con una gota de sudor en su cuerpo y los acompañó con pogos cada vez más intensos jaleándolos, cuando se retiraron del escenario, pidiendo más.

The Rumjacks no se hicieron de rogar. Tras un breve respiro, regresaron a las tablas para interpretar “Goodnight & Make Mends” una pieza de tinte nostálgico con sabor a despedida. Fue entonces cuando aconteció uno de esos imprevistos que engrandecen el directo: Gabriel rompió una cuerda de su guitarra. Lejos de detenerse, continuó la ejecución con cinco cuerdas para enlazar con la festiva y tradicional “I’ll Tell Me Ma!”, coreada a pleno pulmón, que sirvió de broche de oro a una actuación breve —poco más de una hora— pero intensa y llena de energía. Se despidieron invitándonos a pasar por el puesto de merch, donde dieron muestras de su cercanía y cariño al público astur.

En definitiva, una gran noche de fiesta en la que perfectamente te sentías transportado a esas tabernas irlandesas donde las pintas de Guinness corren a raudales y la música invita al baile y la celebración. Solo queda agradecer a la promotora HFMN Crew y a la sala Gong por las facilidades brindadas, además de enviar un saludo especial a mis acompañantes que nunca fallan. Que nunca nos falten noches como esta. Nos vemos en la siguiente; hasta entonces, salud y rock and roll.

Texto y Fotos: Miguel Rubio

Crónica: Barroselas Metal Fest 2026

Tres días de comunión, extremos sonoros y espíritu underground. Hay festivales que se miden por el tamaño de sus escenarios, por la cantidad de público o por el impacto mediático de sus carteles. Barroselas juega en otra liga. El veterano festival portugués volvió a demostrar en su edición de 2026 que sigue siendo uno de los últimos refugios auténticos para quienes viven la música extrema como una pasión y no como una moda.

Durante tres jornadas, miles de aficionados llegados de toda Europa transformaron la pequeña localidad portuguesa en un punto de encuentro para amantes del metal en todas sus vertientes. Como cada año, la calidad musical fue sobresaliente, pero el verdadero protagonista volvió a ser ese ambiente difícil de explicar a quien nunca ha estado allí: cercano, respetuoso y profundamente humano.


Miércoles 29 de abril: el reencuentro

Aunque el grueso del cartel arrancaba al día siguiente, los más fieles saben que Barroselas empieza realmente el miércoles. La jornada de bienvenida volvió a reunir a los primeros asistentes en un ambiente relajado y cercano, con la sensación de estar regresando a un lugar familiar después de un año de espera.

Desde primera hora de la tarde comenzaron a llegar los fieles al festival como cada año. Algunos repetían por décima o decimoquinta vez; otros descubrían por primera vez uno de los festivales más queridos de la escena underground europea. Lo que todos compartían era la misma ilusión por volver a vivir unos días donde la música y la convivencia son igual de importantes.

La apertura del festival estuvo reservada para bandas portuguesas. Caos Ritual fueron los encargados de inaugurar oficialmente el escenario, seguidos por Morto, que fueron calentando el ambiente ante un público que iba creciendo poco a poco. Más tarde llegó el turno de Vectis, que aportaron una dosis de oscuridad y contundencia muy bien recibida por los asistentes. El cierre de la noche quedó en manos de Vürmo, que pusieron el broche perfecto a una jornada marcada por los reencuentros, las primeras cervezas compartidas y la sensación de que Barroselas volvía a estar en marcha.

No fue una noche de grandes multitudes ni pretendía serlo. Fue una noche para volver a verse, para recorrer el recinto con calma y para recordar por qué este festival mantiene una personalidad tan especial dentro del circuito europeo.

Jueves 30 de abril: el festival despega

Con el recinto ya a pleno rendimiento y una asistencia notablemente superior a la del día anterior, el jueves marcó el verdadero comienzo del maratón musical.

Desde primera hora se respiraba un ambiente extraordinario. Los puestos de merchandising, las zonas de descanso y los alrededores del recinto se llenaban de aficionados intercambiando recomendaciones, hablando de conciertos pasados y planificando una jornada que prometía emociones fuertes.

Los asturianos Burnt To Death fueron uno de los primeros nombres destacados del día. Su descarga de death metal fue recibida con entusiasmo por un público que respondió desde el primer momento. La cercanía geográfica hizo que muchos seguidores españoles se acercaran al escenario para apoyar a una de las bandas más representativas de la escena extrema asturiana.

Los portugueses Anzv ofrecieron uno de los conciertos más atmosféricos de la jornada. Su combinación de oscuridad, misticismo y agresividad consiguió envolver al público en una atmósfera casi ceremonial que encajó perfectamente con el espíritu del festival.

Desde Estados Unidos llegaban Vastum, una de las bandas más esperadas por los aficionados al death metal contemporáneo. Su actuación fue tan densa como devastadora, demostrando por qué se han convertido en una referencia dentro del género durante los últimos años.

Otro de los momentos más especiales del día llegó con Balmog. Los gallegos son ya unos auténticos veteranos de Barroselas y su conexión con el público del festival volvió a hacerse evidente. La banda ofreció una actuación sólida, intensa y cargada de personalidad, confirmando una vez más el gran estado de forma que atraviesa.

La contundencia sonora continuó con Primitive Man. Los estadounidenses desplegaron una auténtica apisonadora de sludge y doom extremo que convirtió el recinto en un muro de sonido prácticamente físico. Fue una de esas actuaciones que no dejan indiferente a nadie.

La recta final de la noche estuvo reservada para dos pesos pesados del cartel. Primero aparecieron los canadienses Revenge, auténticas leyendas del black/death metal más extremo. Su actuación fue una descarga de violencia controlada, caótica y devastadora, provocando una de las reacciones más intensas de toda la jornada.

El cierre llegó con Gruesome. Los estadounidenses demostraron por qué son una de las bandas más respetadas del death metal actual, ofreciendo un concierto repleto de riffs memorables y ejecutado con una precisión impecable. El público respondió con entusiasmo, poniendo fin a una jornada sobresaliente.

Viernes 1 de mayo: intensidad sin descanso

Si el jueves había sido potente, el viernes elevó todavía más el nivel de exigencia. Desde primeras horas de la tarde el recinto presentaba una gran afluencia de público y el ambiente seguía siendo una de las señas de identidad del festival.

Una de las grandes virtudes de Barroselas es la facilidad con la que conviven bandas históricas, nombres emergentes y aficionados de diferentes generaciones. Todo ocurre de manera natural, sin barreras y sin artificios.

La representación portuguesa tuvo un papel destacado gracias a Ventr y Pestifer. Ambas bandas demostraron el excelente estado de salud de la escena extrema lusa, ofreciendo actuaciones llenas de intensidad y personalidad.

Desde Estados Unidos llegaban Caustic Wound, protagonistas de una de las actuaciones más salvajes de toda la edición. Su mezcla de death metal y grindcore provocó una reacción inmediata entre los asistentes, con los primeros metros frente al escenario convertidos en un auténtico torbellino de actividad.

Los holandeses Pentacle aportaron la dosis de death metal clásico que muchos esperaban. Su concierto fue una auténtica lección de cómo mantener viva la esencia más tradicional del género sin perder contundencia.

Uno de los momentos más particulares del día llegó con los franceses Aluk Todolo. Su propuesta hipnótica, experimental y cargada de atmósferas ofreció un contraste muy interesante respecto al resto del cartel, atrapando a buena parte del público en un viaje sonoro tan extraño como fascinante.

Los italianos Darvaza protagonizaron otro de los conciertos más comentados de la jornada. Su mezcla de black metal atmosférico y oscuridad ritualista creó uno de los ambientes más especiales de todo el festival.

La noche entró en su tramo decisivo con Exhumed. Los estadounidenses demostraron una vez más por qué siguen siendo una referencia absoluta dentro del death metal extremo. Técnica, potencia y una enorme capacidad para conectar con el público se combinaron en una actuación memorable.

El cierre corrió a cargo de 16. Los veteranos norteamericanos descargaron una enorme dosis de sludge y hardcore, poniendo el punto final a una jornada marcada por la intensidad y dejando al público con la sensación de haber vivido uno de los días más sólidos de toda la edición.

Sábado 2 de mayo: el último ritual

La última jornada siempre tiene algo especial en Barroselas. Por un lado, el cansancio acumulado después de varios días de conciertos; por otro, la necesidad de aprovechar cada instante antes de que llegue la despedida.

Los portugueses Vizir fueron los encargados de abrir una jornada que desde el principio se presentaba especialmente intensa. Más tarde, The Ominous Circle confirmaron su condición de una de las propuestas más interesantes del underground portugués actual, ofreciendo una actuación oscura y absorbente.

Desde Holanda llegaban Obstruktion, cuya descarga de death metal primitivo fue recibida con entusiasmo por un público que a esas alturas del festival seguía respondiendo con una energía admirable.

La representación portuguesa continuó con Genocide, que ofrecieron una actuación contundente y muy celebrada por los asistentes locales.

Uno de los grandes nombres nacionales de la jornada fueron los españoles Aversio Humanitatis. Su propuesta extrema y atmosférica encontró el escenario perfecto en Barroselas, firmando uno de los conciertos más intensos de todo el sábado.

Los estadounidenses Mortiferum volvieron a demostrar por qué son uno de los nombres más respetados dentro del death/doom contemporáneo. Su actuación fue pesada, oscura y absolutamente absorbente.

La emoción llegó con Thy Light. Los brasileños protagonizaron uno de los momentos más especiales de toda la edición. Su propuesta cargada de melancolía y sensibilidad emocional consiguió crear una conexión muy particular con el público, dejando imágenes difíciles de olvidar.

El cierre del festival quedó reservado para una auténtica leyenda. Los finlandeses Beherit, uno de los nombres fundamentales en la historia del black metal, fueron los encargados de poner el punto final a Barroselas 2026. Su actuación, cargada de misticismo, oscuridad y simbolismo, sirvió como despedida perfecta para una edición que volvió a demostrar por qué este festival ocupa un lugar tan especial dentro de la escena extrema europea.

Cuando las luces se apagaron definitivamente y comenzaron los últimos abrazos en la zona de acampada, quedó una sensación compartida entre todos los presentes. Más allá de los grandes conciertos y de un cartel sobresaliente, Barroselas volvió a triunfar gracias a algo que no aparece en los horarios ni en los carteles: su ambiente.

Un festival donde bandas, organización y público conviven sin barreras, donde la pasión por la música sigue estando por encima de todo y donde cada año miles de personas vuelven a sentirse parte de una misma familia. Y eso, en los tiempos que corren, sigue siendo algo extraordinario.

Texto y Fotos: Jaime García

Crónica: The Midnight Calls (A Veiga 31/5/2026)

Nuevo escenario desbloqueado, coletilla recurrente en H.M.B. cada vez que pisamos una nueva plaza en la que disfrutamos de nuestra pasión por la música en vivo. En esta ocasión la satisfacción es por partida doble y es que había cierta sensación de culpabilidad con la buena gente del A Veiga Rock. Ciento cincuenta kilómetros desde nuestra base de operaciones, que no es excusa suficiente, nos hemos dado palizas de mayor calado, unido a la coincidencia de fechas con nuestro habitual peregrinaje al Wacken Open Air habían evitado coincidir con alguno de los actos organizados por la asociación veigueña. Una soleada jornada dominical coronada con la parada en Vegadeo de la formación hard rockera The Midnight Calls, nos dieron el empujón definitivo para saldar cuentas.

La cita con la banda afincada en Chicago tendría lugar en el Auditorio Félix Menéndez situado en la Casa de la Cultura. Un recinto coqueto, que cumplió perfectamente con su cometido ofertando un buen sonido y una iluminación que en esta ocasión jugó a favor del apartado gráfico. El quinteto nacido allá por el 2022 compuesto en la actualidad por el vocalista Taran de Pablos, Adam Arling y Jake Pallisard a las guitarras, Sean Barnes al bajo y Chuck Harling a la batería llegaba a Vegadeo previo paso por Zamora y Lugo, por una desgraciada fatalidad se caía la parada en Porto Do Barqueiro, para presentar su nuevo disco «DOS» recién editado y actualmente disponible únicamente en sus conciertos y página de Bandcamp. Un trabajo mezclado y masterizado por el reputado productor Mike Hagler, conocido por su trabajo con bandas icónicas de la escena de Illinois como Wilco, The Tossers o Waco Brothers y que cataríamos prácticamente en su totalidad durante la velada.

Con unos 15 minutos de retraso arrancan su set con «Take The Money» mientras un incesante goteo de público en los primeros compases de la actuación iba dando color y mejor aspecto al recinto. Para sorpresa de curiosos que se acercaron al concierto y quienes no profundizaron en las características de la banda, Taran de Pablos se dirige en perfecto castellano a la audiencia y es que el vocalista es de origen español, concretamente segoviano. Afincado en Chicago desde hace 2 décadas, llevó el peso de las presentaciones además de ser punto focal del combo, en una faceta de frontman carismático que defiende de manera cómoda y solvente.

Adam Arling, con el pudimos charlar al final de la actuación y recordar su paso por Gijón con The Last Vegas allá por 2012 , ha sido la última incorporación a la banda. Actualmente el también guitarra de Urge Overkill reside en España y se sumaba a la gira estatal, por eso no extrañó que De Pablos comentará que «Nothing But The Trouble» fuera interpretada por primera vez por el espigado guitarrista. Dupla magnífica la que forma con Jake Pallisard, dejando muy buenos momentos durante la actuación.

Hard rock de corte clásico, blues y southern rock sin aditivos formaron parte de un viaje sonoro que levantó de sus asientos a muchos de los asistentes; el amigo con el coincidí en Blues & Decker (crónica) hace escasas fechas en Gijón no necesitó motivaciones extra desde el inicio. Todos sabemos que es un sacrilegio ver un concierto de rock sentado y si no despegas tus posaderas de la butaca con una intensa y emotiva interpretación de una joya del calibre del «Roadhouse Blues» de The Doors, estás en el sitio equivocado.

La banda se divertía y en el recinto no se iba a la zaga. El tiempo volaba y las canciones caían una tras otra si apenas pausa. Una de las escasas para comentar como se habían conocido, todos son habituales de la escena de clubs que ofertan música en directo en Chicago y suburbios. «The Neon Song«, tema que versa sobre los años 80 vino como anillo al dedo intercalada entre las 2 versiones en español que ofreció la banda en el tramo final del show. Quien podía pensar algo así antes de arrancar el concierto, pues «Bajo Control» de Barricada, recuerdo a Boni incluido y especialmente «Maneras De Vivir» de Leño fueron mecha para una catarsis final que confirmó que la música carece de fronteras.

Se mostraron perfectamente engrasados para afrontar el tramo final de gira. Al término de juntar estas letras aún quedan paradas en Getxo, Liérganes, A Coruña y Valladolid que no debería perderse todo amante del hard rock con clase, dinamismo y actitud. Charlas y agradecimientos complices post concierto mientras volaba gran parte del merch, siempre es un gran termómetro de lo ofrecido encima del escenario. The Midnight Calls demostró que el rock es un idioma sin fronteras, donde música nacida en Chicago acaba uniendo dos continentes bajo los mismos acordes. Agradecer a Borja Vera de la organización todas las facilidades para cubrir el evento, regreso a casa con la satisfacción del deber cumplido y la promesa de regresar más pronto que tarde por A Veiga.

Texto y Fotos: José Ángel Muñiz