Reseña: Timeless Rage «My Kingdom Come» (Metalapolis Records 2026)

Que venga a nosotros lo nuevo de Timeless Rage. Los sinfónicos germanos, aka Klaus Buchfink (baterías), Michael Benk (guitarra, coros), Anna Keil (teclados, coros), Christian Pirch (guitarra, coros) y las recientes incorporaciones Daniel Wengle (bajo, coros) y Nicolaj Ruhnow (voz), nos entregan un segundo largo mezclado y masterizado por Markus Teske (Mob Rules, Vanden Plas, Threshold, Symphony X…) en el Bazement Studio y que ha visto la luz vía Metalapolis Records.

Por las manos de Markus Teske han pasado bandas de no poco renombre. Es algo que notas nada más arranca la inicial “My Kingdom Come”, tirada más hacia la vertiente power que la sinfónica (aunque algo hay) del combo alemán. Es un corte directo, ya digo que sin mucha pompa, que ni reinventa la rueda ni pierde ocasión de tramar buenas estrofas y estribillos. Me gusta ese paso más lento que va y viene, un ambiente que bien me podría recordar a los propios Symphony X, sin llegar al (a veces) torrencial derroche técnico de aquellos. El solo me devuelve esa sensación, especialmente en el arranque. La banda construye una buena sección solista. Acomodada, elegante, eficaz. Es un primer corte ordenado, quizá a ratos un tanto previsible, pero finiquitado tras un estupendo epílogo. Esto no pinta nada mal.

Nicolaj Ruhnow, que pasó por los británicos Tokyo Blade, llegando a grabar un álbum con ellos (“Thousand Men Strong” de 2011), plantea tonos altos en contraste con el tono más oscuro que la banda desarrolla en esta “The Seed Of Fear”. Por ahí ciertas comparaciones con Kamelot, Avantasia, incluso Edguy parecen inevitables. Es una composición que viene a extraer algo más de músculo en lo que a técnica se refiere, tamizada por esos aires más medio orientales (¿Alguien dijo Orphaned Land?) y rodeada ahora de un mayor punch sinfónico. Me agrada ese doble juego entre voces. La más limpia, la más rasgada, que si bien ya hace tiempo dejó de resultar novedosa, sí pienso que está bastante bien integrada en el (ágil) corpus de esta segunda entrega.

La más breve “The Devil’s Masquerade” se adhiere a un power metal clásico, sencillo y directo. Bien adornado en cuanto a producción y donde Ruhnow está dejando versos en una onda que no me podría recordar más a ese tal Michael Kiske. Hay un puente que desata, de nuevo, a esos Timeless Rage más graves y oscuros, bien cuadrado en términos de producción y al que sigue, de nuevo, ese power trotón y elemental del tercio inicial. Nada nuevo ni sorprendente, clásico single adelanto, pero funcional cuanto menos.

Conquistadores”, no busquen semejanza alguna con los orgullosos piratas alemanes Running Wild, alterna un heavy de nuevo algo más oscuro con andanadas de puro metal sinfónico, elegante y bien arreglado, para un corte al que tampoco le falta mordiente. Hay aquí una deriva hacia pasajes casi progresivos, siempre sin salirse del redil del género pero que, desde luego, otorgan otro aire a esta cuarta propuesta. En contraste, el puente central vendrá a desatar un tono entre lo épico y lo teatral. Es un corte entretenido por diverso, de esos que ganan peso específico con cada escucha y, a fe mía, uno de los más divertidos de este “My Kingdom Come”.

Moonbite Serenade” le sirve a estos alemanes para mostrar algo más de colmillo. De intensidad. Composición más extensa del álbum, ahonda en ese power tan teatral que ya mostraran en “Conquistadores” para, por ahí, construir un heavy / power metal que, de nuevo, parece no querer conformarse con abrazar un único discurso. Lo mejor es lo bien que está Ruhnow en la creación de estrofas. Elegante, hábil, sabiendo moverse en tonos altos pero sin abusar de agudos sin sentido ni perderse tampoco en voces melosas e impostadas. En una era de producciones sencillas, predecibles, profusas en bombo / caja y estribillos más cerca del pop que de Accept o Iron Maiden, refresca (al menos) encontrarse composiciones como esta. Y aunque pienso que aún se le podría exigir algo más (hay cierta alergia al solo de guitarra en estos chicos), bien están esos detalles, otra vez, entre épicos y teatrales que anteceden al epílogo.

Cuenta la nota de prensa que “A Vampire’s Legacy” fluctúa en influencias entre Paradise Lost y Stratovarius. Puede ser. El caso es que Ruhnow de nuevo está brillando en estribillos pero el corte, en líneas generales, creo que palidece frente a otros dentro de este segundo largo. Todo su habitual discurso está presente y de qué forma aquí. Pero encuentro predecibles ciertos riffs en que se apoyan las estrofas y ese tono gótico, apesadumbrado por el que la nota refiere a la susodicha banda británica no siento que llegue a materializarse del todo. No es que me aburra pero desde luego tampoco me engancha.

Regrets” supone entonces un pequeño descanso dentro del fuerte flujo sinfónico del disco. Breve en duración y pequeña en ambición, que no exenta de cierta distinción y con un Ruhnow ahora sí algo engolado, supone un pequeño impás que sirve como puente hacia “The Enemy Is You”. Aquí la banda recupera la forma, echa toda la carne en el asador en lo que a peso sinfónico se refiere y adopta un power vivaracho y clásico, con un gancho de mil demonios. Brilla (por fin) Klaus Buchfink tras baterías mientras la producción juega a enfrentar el aspecto puramente metálico, esas guitarras ahora más afiladas, con todo el aparato sinfónico. De nuevo esos interesantes duelos vocales, contornos algo más nervudos y un cierre por donde se colará, incluso, un aire más circense. Una dupla de lo más atractiva.

We All Shall Fall” parte de un prólogo que me recuerda a unos Iron Maiden del “Brave New World”. Sentimiento este que se desvanece toda vez sucede ese arranque e irrumpen los Timeless Rage más metálicos de todo el largo. En consecuencia, hay voces más encorajinadas, pero también una presencia sinfónica que, a ratos, me chirría como lo hacen muchos recodos del (por otro lado) algo infravalorado “S&M” de unos tales Metallica. Con eso y con todo tampoco es un corte que desprecie.

The Pale Death” echa por tierra ese deje casi misterioso del prólogo para conducir hacia un power sinfónico que, seamos francos, tampoco aporta gran cosa al discurso previo. Funciona, si acaso, para que Ruhnow disponga tonos más propios de un Tobias Sammet y el disco supere, al menos, los tres cuartos de hora. Y no niego que Anna Keil haya trazado buenos detalles desde el piano o que el doble juego vocal les vuelva a funcionar. Pero en resumidas cuentas siempre me deja una sensación un tanto agridulce…

… que de todos modos tampoco empaña, al menos en mi caso, todo cuanto la banda ha hecho bien previamente. Primero por lo equilibrado de su sonido, segundo porque parecen ser más que conscientes de sus puntos fuertes tanto como de sus debilidades y finalmente porque entre los diez cortes cabe un discurso lo suficientemente rico como para agradar a cualquier fan del sinfónico que se precie, en especial si quiere huir (sin mirar atrás) de bandas como Beast In Black, Battle Beast, incluso Sabaton, y abrazar un metal más clásico, no tan pagado de sí mismo, pero que salvo algún momento concreto entrega todo aquello que promete. Que no es poco.

Texto: David Naves

Reseña: Mass Burial «May Darkness Come» (Dealer Records Gamonal/Ruido Noise Records 2025)

Nuevo trabajo y es el quinto ya para las huestes death metaleras burgalesas de Mass Burial, la banda de los Nasty Surgeons Raúl Weaver (guitarra y voz) y Fabíán Hernández (bajo) junto a Jorge Azofra (batería) y Adrián Ojer (guitarra). “May Darkness Come” se compone de un total de once cortes mezclados y masterizados por el propio Weaver en los Undead Studios. Con portada de Juanjo Castellano (Æolian, Unbounded Terror, Avulsed, Barbarian Swords…), el álbum fue lanzado por Dealer Records Gamonal en colaboración con Ruido Noise Records.

De inicio alberga pocas sorpresas. “May Darkness Come” es puro death metal a la manera clásica. Con la batería de Azofra refulgiendo junto a unos simples pero muy eficaces riffs de guitarra. Me enganchan más los que la banda sitúa bajo las primeras estrofas. Ese groove tan bien medido y el no menos elemental ‘tupa tupa’ d-beatero que introduce más adelante. Un primer aporte que, sin inventar nada, ni pretenderlo tampoco, funciona a las mil maravillas.

Más directa aún es una “Dead Mountain” que constriñe la estructura del tema previo para, en poco más de tres minutos, destapar la versión más descarnada de los burgaleses. Se alterna esta con un death metal que gana en pesadez conforme fluyen las estrofas. Hay cambios de ritmo que me agradan por cómo no comprometen el remate final con florituras de cara a la galería. Todo parece fluir de modo más o menos natural y por ahí me agrada esta segunda entrega y el modo en que la remata el buen solo final.

Pequeños arreglos durante el prólogo hacen por aumentar la oscuridad de una “Dreams Of Blood” que muestra ahora a unos Mass Burial más pesados y melódicos. Luego llegan las estrofas y todo vira hacia un death metal que bien podría recordar a los primeros Entombed. Siempre con el hosco registro de Weaver al frente y trazando un death metal clásico y de nuevo muy eficaz. Vuela Azofra tras los parches camino de un epílogo hábil a la hora de aportar un poso más melódico. Ahí y por pura colisión surge uno de los cortes más interesantes de todo el largo.

The Apostate” retorna entonces a lugares comunes en el ideario de los burgaleses. Esto es: death metal rápido sin caer en lo frenético, dotado de una oscuridad sin imposturas. De riffs sencillos pero pegadizos, con Azofra marcando un ritmo casi marcial. Al solo que ocupa su tronco central quizá le falte algo más de desarrollo. De presencia incluso. La producción del álbum es deliberadamente sucia, de nuevo al modo clásico, y por ahí puede que uno encuentre cierta división de opiniones. En cualquier caso la composición echa el freno en un tramo final pesado y rotundo.

The Shadowless” añade algo más de picante a la mezcla. Puede ser de los once el que más me recuerde a la otra banda de Weaver. Ritmos vivos y buenos detalles de un inquieto Azofra tras los parches no descuidan la inclusión de buenos riffs, así como de un solo en su puente central que, en cierto modo, no podría resultar más elegante. Aún cuando me agrada el mayor nervio que adquiere en su tramo final, no puedo evitar pensar que bien merecía una duración algo más ambiciosa.

La igualmente breve “The Slaughter” cuenta no obstante con otro de mis riffs favoritos de todo el largo. Luego de ese prólogo irrumpen unas estrofas que, línea de voz al margen, me retrotraen a los primeros discos de Avulsed. Death metal sin complicaciones, oscuro pero sin imposturas artificiales. Orgánico y dotado de pequeños cambios de ritmo que lustren la propia composición. Ni siquiera echo en falta un mayor brillo en lo técnico, pues la banda dispone un solo final perfectamente enraizado en el propio espíritu de la composición. Ni tan siquiera tres minutos y medio y, sin embargo, una de mis favoritas de todo el tracklist.

El tranquilo prólogo de “House Of Horrors” viene a romper con todo lo establecido hasta ahora dentro de “May Darkness Come”. Y de hecho sus primeras estrofas amagan con conducir a Mass Burial a sonidos más propios del metal gótico. Guiño que se difumina casi de inmediato con la banda transitando feroz hacia su habitual death metal sobrio y sin manierismos. Weaver prosigue con su registro oscuro, casi enfangado, mientras Azofra y Hernández firman una de las bases rítmicas más vivas de todo el largo. La composición conmuta estrofas nerviosas con otras que vuelven a rozar el d-beat y por ahí los de Burgos parecen dar su mejor versión. El reverberante solo final remata una de las entregas más infecciosas de este nuevo álbum. Ni que decir tiene que la que más ha calado en mi subconsciente hasta ahora.

Let The Dead Be Dead” da otro giro de timón para que la banda recupere su versión más galopante y descarnada. Weaver no varía un ápice su registro pero, por alguna razón, encuentro esta línea de voz algo por debajo de otras tantas del disco. Aún cuando alguno de los riffs en que se apoya van sobrados de gancho. La composición acomoda el solo en su tronco central y éste resulta tan vistoso como ágil. Algo descompensada pero igualmente disfrutona.

Otro corte de arranque reposado es este “Inquisition”. Y de hecho Mass Burial levantan el pie del acelerador aquí para que fluya una versión más melódica del cuarteto. Las primeras estrofas acogen una pesadez casi desconocida a lo largo del disco. Un grosor que irá virando, con toda naturalidad, hacia su habitual death de ritmos vivos y riffs nerviosos hasta llegar a los blast beats que anteceden al epilogo. Este se adorna de un apenas correcto solo de guitarra pero, en conjunto, siento que es otra del vagón de ganadoras.

Tras el sugerente título “Vengeance From The Grave” se esconde otro arranque de death metal taimado y rocoso. Apenas un pequeño inciso toda vez las estrofas acojan el trotar ya clásico del cuarteto. Azofra está más pasional que nunca aquí y la composición, aun cuando del todo clásica, arroja igualmente buenos detalles técnicos (esos breves pero furibundos solos de guitarra) y marcados descensos hacia una pesadez y una gravedad perfectamente integradas. Estupenda.

Siento que a la final “Bound To Obscurity” le pesa lo exiguo de su duración. Propone una serie de ideas (estupendo ese arranque lento) que su cierta falta de ambición lleva a no desarrollar del todo. Y es una pena porque le habrían otorgado otro signo diferente a este cierre. Un broche en el que Mass Burial vendrán a conducirse por alguna de las sendas que el disco ha transitado una y otra vez. Esa cierta repetición de patrones puede llevar a un cierto cansancio por reiteración. Ello no quita para que tanto el solo final como la base en que se apoya aguante la comparación con cualquiera del resto del trabajo sin mayor esfuerzo.

En cualquier caso un disco que, acogido a la cara más primigenia del género y dotándose de una cierta oscuridad, entrega once cortes donde encuentro más aciertos que errores. De hecho, me atrevería a decir que estos últimos obedecen más a manías de quien escribe que no a cualquier déficit que pudieran tener como banda. De ahí que a ratos eche en falta una mayor diversidad. No es menos cierto que entonces esto quizás dejaría de ser un disco de death metal propiamente dicho. En cualquier caso, “Vengeance From The Grave”, “The Slaughter” o “House Of Horrors” me parecen razones más que suficientes para detenerse en el nuevo trabajo de Mass Burial. Estáis tardando.

Texto: David Naves

Reseña: Dismal Crux «The Hope Of Things To Come» (Autoproducción 2023)

Dismal Crux es una one-man band comandada por el músico granadino Óscar R. P. y que hoy nos presenta un segundo largo de nombre “The Hope Of Things To Come”. El proyecto continúa así el paso dado con su debut de 2022 “Wraiths Of The Reaper”. El trabajo vio la luz de forma independiente en agosto del 2023.

Roza los dos minutos “As Above So Below”, páramo instrumental que hará las veces de introducción en este “The Hope Of Things To Come”. Oscura y orgánica, acomodada en ambientes que fácilmente podrían recordar a los Black Sabbath más primigenios, conduce en su elegante crescendo hasta una “Fall Of The Watchers” que no abandonará esa raíz proto-doom para dar forma a un primer corte igualmente oscuro y tenebroso. Óscar lo conduce sobre un clásico juego entre tonos y registros, donde en ocasiones la voz atropella al resto de elementos. Tampoco de forma catastrófica, cabe decir. Un buen solo apoya su tronco central, que vendrá a dar paso a la cara más descarnada de Dismal Crux, donde habrán de colarse paisajes cercanos a los seminales Celtic Frost. Todo configura un arranque interesante, desligado de las habituales cabalgadas tan frenéticas como facilonas.

Shadow Bringer” no se desliga de ese metal clásico pero rugoso. Al contrario, prosigue en recrear un doom un tanto arcaico, que muy a ratos parece descubrir la fascinación del granadino por bandas como Reverend Bizarre, Witchfinder General, Pentagram… Me gustan los riffs que Óscar plantea aquí. También la forma en que construye un corte no tan lineal como aparenta. El registro más cazallero de las estrofas le sienta como un guante a las distintas rugosidades de este corte, en definitiva, arrastrado y pedregoso. Y si bien pienso que el solo que adorna su tronco central bien merecía algo más de recorrido, bien está lo que bien acaba.

Revenant” alterna cierto aire a lo viejos Cathedral, la ahora desaparecida pero siempre confiable banda de Lee Dorrian, con un doom más tristón que por momentos parece entroncar con aquél que bandas como Anathema, Paradise Lost o My Dying Bride propugnaran a principios de los noventa. Es un corte breve, apenas tres minutos y medio, ágil a la hora de alternar sus distintas influencias y a la vez interesante en lo que a riffs y melodías se refiere. Estupenda además en su epílogo por la forma en que Óscar armoniza las distintas líneas de guitarra y voz:

Mucha presencia del bajo en una “Scion Of The Lords” que primero amenaza con desviar hacia un heavy metal más vibrante para después adoptar unas oscuridades que, por el registro de Óscar aquí, casi parecen guiñar al tristemente desaparecido Peter Steele. Aquél pulso más vivaracho que se intuía en el prólogo vendrá a manifestarse en un tronco central que el músico granadino remata con un hábil cambio de ritmo que bien podría recordar a unos Iron Maiden de comienzos de los ochenta. El epílogo nos devuelve a Dismal Crux en su encarnación más doom, configurando finalmente uno de los cortes más poliédricos del álbum. Pienso también que uno de los más redondos.

Bezoar Of Hate”, a la sazón entrega más extensa de este “The Hope Of Things To Come”, acompañada de las voces más agrias de Óscar, hibrida doom con heavy tradicional. Y lo hace con tiento, entregando una construcción ágil y una serie de riffs quizá no espectaculares pero que encajan al milímetro aquí. En particular a la hora de enlazar las distintas estrofas. Precediendo a su epílogo se sitúan una serie de solos que, esta vez sí, disponen del espacio necesario para ser algo más que meras anécdotas. En lo que a mí respecta otro de los cortes ganadores de este segundo trabajo.

Mark Of The Dark” resulta más sencilla. Podría decirse incluso que menos ambiciosa. Se construye sobre una serie de riffs que bien podrían recordar a Steve Harris y los suyos. Influencia que parece ponerse de manifiesto a través de los diversos cambios de ritmo que el de Granada ha implementado aquí. El mayor elemento disruptor será finalmente un registro vocal hosco y grave, que vendrá a aportar una mayor gravedad al que, por otro lado, no deja de ser un corte algo desangelado en comparación con otras entregas.

Netzagh” regresa a las pulsiones más doom de Dismal Crux. Pero lo hace apoyándose en un colchón de teclados apenas inédito dentro del álbum. Y es curioso porque Óscar enseña no obstante un registro que parece situarse en un punto indeterminado entre Nocturno Culto (Darkthrone) y Grutle Kjellson (Enslaved). Ha lugar a un cambio de ritmo ágil, diseñado a mayor gloria de un solo de guitarra escueto pero pintón. El trazo que va desde el cierre de este solo hasta el epílogo no podría estar mejor cuidado ni resultar más elegante.

El cierre es para una “Smitin’ th’ Wicked” que vendrá a apoyar sus ritmos más vivos en un riff simple pero con un gancho de mil demonios. El de Celtic Frost podría ser un nombre recurrente en este final ágil en su encrucijada rítmica y vistoso en lo que a solos y melodías se refiere. Un buen broche a este “The Hope Of Things To Come”.

Como decía aquél: si pestañeas te lo pierdes. Es obra de un solo músico y tampoco es plan de ponerse exigentes en lo que a duración se refiere. Es más, porta una producción nada desastrosa vistos los precedentes, amén de una serie de cortes ágiles e inteligentes. Llamativos por la amplia gama tonal que desarrollan y que en algunos casos alcanzan a brillar por encima del resto. Pienso especialmente en “Scion Of The Lords” o “Bezoar Of Hate”. También “Netzagh” y ese registro algo diferente de Óscar o “Smitin’ th’ Wicked” y su indisimulado aire a lo Celtic Frost. Un álbum en definitiva llamativo y que bien merecía nuestra atención.

Texto: David Naves