El cuarteto liderado por Pablo Amann, voz y guitarra del cuarteto, presentarán en Gijón su último álbum de estudio «When The Day Goes Slow» editado en marzo del pasado año y que les llevará en el 2025 dentro de la gira promocional «Shake It Like Hell Tour» a pisar escenarios tanto estatales como europeos con paradas confirmadas en el Reino Unido y Francia. Entrada anticipada 12€ + gastos a través del siguiente enlace: https://www.eventbrite.es/e/entradas-amann-the-wayward-sons-tizon-sound-gijon-1109079309069
El sábado 25 de enero formarán parte del 17º aniversario del nacimiento de la asociación Bocanegra. Una fiesta que contará además con la participación de Green Desert Water últimamente muy activos en vivo ante su regreso a Las Vegas (EE.UU.) como parte de la quinta edición del festival Planet Desert Rock Weekend donde compartirán escenario con bandas del calibre de Mos Generator y Sergeant Thunderhoof.
El combo industrial Killus regresa a la capital asturiana para presentar su último lanzamiento discográfico «XXV Years Feeding The Monster« editado en mayo del pasado 2024 vía Maldito Records para conmemorar su 25 años de trayectoria.
En esta ocasión compartirán tablas con los combativos Sanngre, que cuentan en sus filas con miembros de Ratzinger, Radikal Hardcore, Barbakore y RadioAktiva y la renovada formación local Mesenktet que presentarán sus nuevas composiciones.
“Secretos De Amor y Muerte” supone el cuarto trabajo para los folkies de Alcalá de Henares Celtian. La banda, que hubo de cancelar su último paso por tierras asturianas la misma mañana del show, ha entregado un álbum con Txus di Fellatio y Alberto Seara como productores, encargándose este último además de las obligadas tareas de grabación y mezcla. David Landeroin en baterías y Raúl Plaza al bajo forman la base rítmica de los madrileños, con Diego Palacio en flautas, Txus Borao al violín, Sergio Culebras en guitarras y Xana Lavey al micro. Colaboraciones de Jorge Salán, Rafa Blas, Rafael Carpena, F. Antonelli y Javier Díez, masterización de Dave Donnelly (Dokken, Debler Eternia, Mägo de Oz, Hammerfall…) y arte de Ela Benítez, el trabajo ha sido puesto en circulación por la gente de Maldito Records.
“La Lira Encantada” abre los cincuenta y dos minutos de esta nueva obra con un marcado gusto por la épica. Pero una épica tranquila, que a ratos me recuerda al mejor Howard Shore, y que conduce con elegancia hasta una “La Profecía” donde la banda desliza ya todo su arsenal. Una cuidada producción acompaña a las buenas melodías vocales de Lavey. Me agrada el tono en que se desarrollan las distintas líneas de guitarra. La mezcla, un prodigio de equilibrio, permite a la banda respirar en los momentos más amables y atacar en los más rotundos. Su redondo estribillo me parece uno de los muchos hallazgos de esta nueva obra. Un arranque que parece entregar a una banda en plenitud.
“Adalina” vendrá a entregar la cara más amable de la banda. Esa que permite a Lavey extraer sus registros más dulces, para desde ahí construir un corte rico en matices y cambios de ritmo, atravesado por otro estribillo pleno de gancho y finalmente abrazar alguno de los riffs más graves y rotundos que les recuerdo. Sin olvidar ni el piano que acompaña a la vocalista durante estrofas ni tampoco la extensa sección solista que irrumpe camino del epílogo, el corte resulta finalmente una de las composiciones más ágiles y atrevidas de este “Secretos De Amor y Muerte”.
Más directa, divertida incluso, “Serena” entrega a unos Celtian mucho más evidentes. Que no obstante ofrece un cuidadísimo trabajo en cuanto a arreglos, una estupenda línea de bajo por parte de Plaza y a la Lavey más heavy. Habrá quien eche en falta algo más de picante, en especial a lo largo de sus estrofas. Por contra, el estribillo resulta del todo ganador. Marca de la casa, rara vez fallan en esto los alcalaínos.
«Maleficio de sangre» sí agradará a quienes busquen algo más de mordiente. Partiendo del riff tan marcado y grave del prólogo, la banda entrega una composición que, a ratos, me recuerda a unos Mägo de Oz del “Finisterra”. Acompaña una Lavey pletórica, alcanzando los tonos altos del estribillo con total fiabilidad. Y aunque el peso de la parte puramente sinfónica es notable, me agrada la forma en que su cara más metálica predomina en la mezcla aquí. De manera evidente durante estrofas y pasando casi de puntillas durante los solos de guitarra, flauta y violín. El equilibrio casi perfecto.
“Hasta El Final” linda ahora con el power metal, firmemente apoyada en el doble bombo del DelalmaDavid Landeroin. Contrasta ese mayor brío con una línea de voz más cercana a las lindes del folk metal. Del contraste entre ambas influencias surge otro corte con gancho y bien construido donde, si acaso, echo en falta un aporte solista más ambicioso.
“Camino En La Tempestad” parte con todo lo oído hasta ahora dentro del álbum para mecerse por sonidos más cálidos, por los que se cuelan al mismo tiempo sonoridades medio orientales y un cierto parecido a aquella “Astaroth” de la banda de Txus di Fellatio. Sea como fuere, medio tiempo con empaque, que contrasta con el mayor brío de ese estribillo a puro doble bombo. Composición bifocal, de nuevo repleta de matices y también de contrastes, que viene finalmente a dar testimonio de su buen nivel como compositores. Rematada por la cuidada y equilibrada mezcla de Seara y con uno de los solos más redondos de todo el largo, ha terminado por convertirse en una de mis favoritas de entre las trece.
Más sencilla, también más juguetona, “No Vuelvas a Llorar” nos devuelve a los Celtian más festivos y amables. Brilla de nuevo Plaza al bajo mientras la producción opta por revestir a esta octava entrega de toques más contemporáneos, en contraste con el pulso más folk que comanda a buena parte de las composiciones. Finalmente la banda en su clave más vital y optimista.
“Caricia Mordaz” es otro de los grandes aciertos (y van) de este nuevo trabajo. Primero por la forma en que está construida. Mucho menos lineal de lo que aparenta. Después por una Xana Lavey que traza aquí una de las líneas de voz más exigentes que le recuerdo. También por una de las bases rítmicas más sólidas de todo el tracklist. Y finalmente por un aporte solista de lo más atractivo, ambicioso sin rozar lo masturbatorio. Francamente estupenda.
“Renacer”, con el bueno de Jorge Salán a bordo, sorprende por cómo plantea un heavy metal de sabor añejo y lo insufla de los habituales matices folk del sexteto. Con unas estrofas construidas con sumo cuidado, irrumpen luego unos estribillos no fallidos, pero a los que encuentro algo por debajo de la media del disco. Salán, por si alguien dudaba está fantástico en el solo.
Conecto en mayor medida con “Sueños de Cristal”. Y fíjate que tampoco es que se salga de los vértices sobre los que acostumbra a pivotar la propuesta de los madrileños. Pero entrega guitarras más rotundas y, en general, ofrece a unos Celtian más heavies. Ofrece además el solo con más feeling de todo el largo. Tanto en guitarra como en flauta, estupendos Culebras y Palacio aquí. Ha ido ganando con cada una de las escuchas y tiene pinta de que seguirá haciéndolo en el futuro.
“Oh, Catarina”, apenas un escorzo sinfónico con la voz de Lavey muy en primer plano, deja la pequeña nota de color antes de que “Tras El Letargo” recupere el nervio más power y ponga fin al disco. Con Rafa Blas ofreciendo ágil réplica a la vocalista granadina, la banda parce haber echado el resto aquí. Hay química entre ambas voces. También riffs que sacrifican un mayor brillo en pos de alimentar ese pulso más trotón. Sorprende sin embargo el derroche sinfónico del que echan mano en el puente. Contrapunto a ese mayor nervio y un detalle que, pienso, suma y redondea la composición. Gran cierre.
Celtian cada vez más Celtian. La influencia de Mägo de Oz sigue siendo muy palpable a lo largo del disco pero esta es una banda cada día más identificable. El álbum, doy fe, gana una barbaridad con cada escucha. Lo atraviesa una producción de lujo, estupenda labor de Alberto Seara, que lustra cada uno de los temas con precisión de orfebre. En ellos caben influencias de todo tipo. Desde andanadas puramente sinfónicas, flirteos con el power metal o incluso pequeños detalles de corte retrofuturista. Y por supuesto grandes melodías y mejores estribillos. Su pujante y creciente legión de fans tiene, desde luego, motivos más que de sobra para sonreír.
El guitarrista Scott Henderson, fundador de la banda de jazz fusión Tribal Tech, recalará en la gijonesa Sala Albéniz en el sábado 29 de marzo. Con una sólida carrera en solitario y el paso por la banda de Chick Corea y el trío de Jeff Berlin, es una de las figuras más importantes en la fusión del jazz y el blues rock.
Presentará su nuevo álbum «Karnevel!«, editado en febrero del pasado 2024 a través de su sello habitual Mango Prom Music y que contó con la participación Romain Labaye al bajo y Archibald Ligonnière a la batería. Cada concierto ofrece un repertorio fresco y sorprendente fruto de la improvisación, figura clave en sus presentaciones en vivo. Una oportunidad única de disfrutar de una de las figuras más influyentes de la guitarra moderna ya que no es figura habitual de nuestros escenarios.
La nueva gira de Saratoga, montada por el cuarteto en recuerdo de los álbumes “El Clan De La Lucha” (2004) y “Tierra De Lobos” (2005) parecía una excusa tan buena como cualquier otra para volver sobre dos álbumes clave en la trayectoria de los madrileños. La banda, disfrutando aún del aldabonazo que supuso arrancar el siglo con el tremendo “Agotarás”, echaría mano del productor Big Simon con visos a darle una vuelta de tuerca al sonido que el cuarteto venía desarrollando desde la entrada de Leo Jiménez al micro y Dani Pérez a las baterías.
El resultado de aquellas sesiones de grabación fue la edición vía Avispa de un álbum que, escuchado hoy, parecía querer servir de punto de inflexión para la banda. Partiendo de un artwork de Manuel Manrique, la sensación es la de estar ante una banda más oscura. Más sucia incluso. “San Telmo 1940” se atiene ahora a un sonido sin duda no tan diáfano. Este segundo tema del álbum portaba de hecho uno de los estribillos más llamativos y diferentes de toda su trayectoria hasta entonces.
Las guitarras de Jero ganaban en rotundidad en “Lejos Del Tiempo”, con esas inconfundibles voces dobladas de aquél Leo Jiménez al que dieron en llamar “La Bestia”. Una “bestia” que brillaba en “Maldito Corazón”, fácilmente una de mis composiciones favoritas de Jero Ramiro en toda su extensa trayectoria, que llevaba al cuarteto a lindar con las fronteras del power metal. Impecable Dani Pérez durante todo el álbum. Verdadero “núcleo irradiador” que diría el ahora caído en desgracia Íñigo Errejón.
Y mientras que “Decepción” siempre me recordó a otro de los proyectos de Jímenez, los (pienso) algo infravalorados Stravaganzza, con “Ángel De Barro” Niko del Hierro iba a parir otro de los clásicos imborrables de la banda. Las baterías de Pérez aquí pueden contarse dentro de las mejores que llegara a registrar al albur de la iguana. Pero es que las de “No” pueden ser las estrofas más cercanas al thrash de Exodus o Megadeth que hayan firmado nunca.
“Si Amaneciera”, obra de Jero Ramiro, es por pleno derecho la gran balada de la banda. Ninguna, que mi atribulada cabeza recuerde mientras escribo esto, ha alcanzado a medrar de la misma manera en el imaginario colectivo. Fuera incluso de los círculos afines al heavy metal, lo que explica que, aún hoy, pase por ser el tema con más reproducciones en Spotify.
Así las cosas, cierto es que escuchados hoy, cortes como el agrio “Quizá El Sol No Saldrá” (Niko) o la más clásica “Blanco y Marfil”, de Jero para su inseparable Stratocaster, palidezcan ante la pujanza de la primera mitad del álbum. Pero “Nuevo Mundo” tenía riffs interesantes y “Tu Nombre Mi Destino” proponía un interesante juego entre el tono luminoso de su prólogo y ese desarrollo más oscuro y pesado, rimando en lo lírico con aquella “San Telmo 1940” de comienzos del álbum. Un álbum que se cerraba con el power arrebatado de “Buscando El Perdón”. La pequeña colaboración del Mägo de OzMohamed es casi tan emblemática como esos pequeños guiños (pienso) del riff al “Detox” de Strapping Young Lad. Uno de los mejores cierres de su ya larga trayectoria.
Pero “Tierra De Lobos” era otra historia. La banda parecía querer recuperar un sonido más cercano al de “Vientos De Guerra” o “Agotarás”, lo que puede explicar que Niko regresase a la producción, con Big Simon relegado únicamente a tareas de mezcla y master.
En cualquier caso el disco se abre con “Barcos De Cristal”, ataque frontal de Leo Jiménez a los trolls de internet que, ya entonces, la tenían tomada con el madrileño. El sonido que despliega el álbum, desde luego, resulta un tanto más luminoso, lo que viene a contrastar con los tonos más rasgados que el vocalista de Fuenlabrada desarrolló en alguna de estas estrofas. “Necrophagus” ampliaba esa senda tan metálica, lindando con los momentos más thrash del disco anterior sobre una poderosa base rítmica de Niko y Dani.
“Contigo, Sin Ti” rimaba sin embargo con los Saratoga más clásicos, afianzada por esa producción más “limpia” que poseía el álbum. ¿Puede ser este uno de los estribillos más curiosos de su carrera?. ”Ave Fénix”, composición del propio Leo, reincidía en esos Saratoga más pesados y agrios, guiñando a Pantera incluso, desembocando finalmente en uno de los estribillos más memorables del tracklist, con Leo entregando tonos verdaderamente rasgados y Jero enfrascado en uno de los mejores solos del álbum.
Del propio Jero era una “Quinto Infierno” que, un poco al alimón con aquella “Blanco y Marfil” del disco anterior, sonaba a pura auto reivindicación. Una de tantas líricas sobre lo que supone la vida en la carretera para una banda como esta. “Fe”, firmada por Niko, suponía el primer momento de calma del álbum, situado hábilmente en el corazón mismo del mismo (y con la dichosa rima “camino, destino” a cuestas, sí). Leo primero y Jero después brillando aquí en sus respectivas facetas.
“Fuerza De Choque”, obra de Jero y que entroncaba a su vez con aquél espíritu de la anterior “Quinto Infierno”, suponía un heavy metal vibrante en la más pura tradición de la iguana. Igualmente trotona, “Prisión En Vida” nos introducía en la segunda mitad del álbum dejando en su prólogo unos llamativos detalles técnicos por parte de un siempre vibrante Dani Pérez a los parches, pieza fundamental e indisociable del sonido de Saratoga durante aquellos años.
“El Jardín De La Niebla”, que se apoyaba en un más que interesante riff de Jero, puede pasar por ser uno de los cortes más infravalorados de los dos álbumes. Aunque, por la propia construcción de alguna de sus estrofas, de difícil traslación al directo. “Siento Que No Estás” viene un poco a ser la “Si Amaneciera” de este álbum. Obra de Leo Jiménez, siempre he pensado que pasa por ser una de las mejores baladas que jamás salieran de su bolígrafo.
Firmada por Jero, “Tierra De Lobos” daba nombre al disco a fuerza de poner todos los cilindros en funcionamiento. Esa pesadez de las estrofas en directo contraste con el metal más desbocado que acompaña a los estribillos. Dani brillando con el doble bombo y, doy fe, uno de los grandes pepinazos en vivo durante aquellos tiempos ahora lejanos. Una efervescencia que quizá venga a jugar en contra de otra composición del guitarrista, esta “Pura Sangre” en una clave un tanto más clásica que cerraba el CD.
Es de perogrullo pero dos álbumes fundamentales en la trayectoria de los madrileños. En lo personal reconozco que, tras tanto tiempo transcurrido, he vuelto en mayor medida a “El Clan…” y no tanto a su continuación. El añorado productor Big Simon dejó una huella imborrable ya en el seno de Saratoga, acompañando al cuarteto en uno de sus momentos de mayor efervescencia creativa. “Tierra De Lobos”, que no obstante deja (en mi opinión) buenos momentos, sería la última creación de un line up que, gustos al margen, resulta imprescindible a la hora de conocer, explicar y entender el heavy metal de nuestro país. Si nada se tuerce, un buen puñado de estos temas que hoy revisitamos volverán a la vida este próximo sábado en la Sala Tribeca Live. No quepa duda de que allí estará Heavy Metal Brigade.
Velada en la que confluirán distintas maneras de entender el metal progresivo la que acontecerá el próximo sábado 11 de enero en la ovetense Lata de Zinc, con el combo catalán Santacreu y las bandas asturianas Humo y Honara como protagonistas.
Santacreu, trío nacido en Barcelona compuesto por Eugeni Pulido, Kandro Ruiz y Guillem Bosch desplegaran sus influencias folk, post y prog rock con el catalán como vehículo expresivo. Presentarán su primer álbum «Cançons D’Amor, Dol i Enyorança«, editado en enero del pasado año.
Humo retoman los escenarios para presentar las composiciones que formarán su segundo disco de estudio, que verá la luz muy pronto. Un álbum conceptual sobre la llegada de visitantes del planeta Ummo a nuestro país. Para abrir boca la banda ofrece para descargar su disco debut totalmente gratis a través de bandcamp.
Cierra el cartel la joven formación Honara en que será la segunda fecha promocional de su ópera prima “Resemblance” publicada el 7 de enero (crítica aquí) y que presentaban en la Sala Telva de Langreo el pasado fin de semana (crónicaaquí).
La jornada del pasado sábado 4 de enero tocaba redoblar esfuerzos en Heavy Metal Brigade. Vieja costumbre por estos lares que repetimos con gusto el primer fin de semana del nuevo año y es que el compañero David Naves se iba a Langreo para comprobar de primera mano la presentación en vivo del primer disco de los progresivos ovetenses Honara (crónica) y un servidor ponía rumbo a Gijón para nada menos que la celebración por todo lo alto del 20º aniversario de los eclécticos locales Mystereo.
Confieso que tenía una cuenta pendiente con Adrián Muñiz, Alejandro Camargo, Alejandro Fernández, Bruno Suárez y Sixto Santamaría. Nuestros caminos nos se habían vuelto a cruzar desde su participación allá por 2018 en el avilesino Terror Fest y eso que han sido varias las fechas promocionales cercanas de ese estupendo «Panic» editado a finales del 2022. Esta vez la agenda fue benevolente y pudimos disfrutar de un evento histórico para la banda. Ofrecieron todo lo apuntado en los días previos, es decir, un gran repaso por sus cuatro álbumes de estudio, varios invitados sorpresa y algunas versiones, en un viaje sonoro de 2 horas libres del corsé de los hasta ahora implacables horarios de la Sala Acapulco. Muchísimas gracias Pachi & Cia por desterrar aquel odioso toque de queda.
Tras una intro instrumental arrancaron su tiempo con «Helicopter Blues«, tema que abría su ópera prima «Above The Clouds«. El bajo de Sixto Santamaría taladra la atmósfera festiva de la sala mientras el micro de Adrián Muñiz sobrevuela su cabeza. Inevitable trasladar la imaginación a los malabares de nuestro querido Michael Arthur Long (Drunken Buddha). Un repoker de canciones que completaron «Happy Citizen» , «Your Head’s Not Upon Your Shoulders» y «Panic Attack» para ofrecer una buena pincelada de una discografía que lejos de corsés estilísticos siempre ha navegado por los distintos matices del rock.
Centrados en recordarnos ese primer larga duración a través de temas como la composición homónima, «U» y «Monday Call» llegaba la primera colaboración. Michel Ardura, voz y guitarra en los mierenses Black Beans, se une a la fiesta para interpretar «Rock N’ Roll» y la primera cover de la noche, una «Blue Suede Shoes» que inmortalizara Elvis Presley y que puso a bailar a gran parte de la audiencia congregada en la Acapulco.
Cambio de tercio para adentrarnos en el repaso a su segunda obra de estudio «Space Cake«, gestada en el verano del 2008 en el Estudio Acme de Miguel Herrero, fruto de su victoria en el concurso organizado por los «40 Principales Asturias«. Los temas elegidos para recordar esta obra serían «Step Beyond«, «Pure Energy» y la extensa «Polaris«, esta última en colaboración con Sara Muñiz al violín. La hermana de Adrián aportó un nuevo color a una composición de por si rica en matices. Cerraron esta etapa con la canción que más royalties ha dado a la formación, comentaría con sorna el guitarrista Bruno Suárez, la versión del himno motero «Born To Be Wild» de Steppenwolf.
La noche no podía ir por mejores derroteros, gran sonido, público entregado al buen hacer de la banda y sonrisas encima del escenario. Abajo varios peques disfrutaban absortos del show, detalle que este medio siempre celebra, deseando que la llama de la música germine en ellos, destinados a ser el necesario relevo generacional. La tercera etapa del aniversario seguía el inalterable orden cronológico con el repaso a su disco homónimo, quizás el menos convencional y más influenciado por la psicodelia británica de los años 60. La tripleta elegida para la ocasión serían «Uncertainty Principle«, «Suck You Dry» y «Play First» coronada como no con otra versión. En esta ocasión el clásico de Nancy Sinatra «The Boots Are Made For Walkin’» acompañados por la energía del difusor musical Silver, reconocido por su trabajo en la emisora Radio Kras.
La velada afrontaba su recta final con el apartado destinado a su última obra «Panic«. Un trabajo que trajo de vuelta a la banda tras 10 años de silencio discográfico y que nos ofrece la cara más cruda y orgánica del quinteto. «Fight In Vain«, «Puppeteers«, «Numbers» y «Digital Holocaust» serían las canciones que representarían esta última etapa del combo y aunque no contó con invitado ni colaboración si que pudimos distinguir a pie de escenario a Juan Bertrand, compañero de Adrián Muñiz en los alternativos Söax, disfrutando de lo lindo con el espectáculo. No era para menos.
Agradecimientos mediante repetían la fórmula inicial para poner boche de oro a un 20º aniversario que por la calidad demostrada sin duda merecía una mayor audiencia. Un tema de cada álbum, empezando por su himno «Yesterday Is Not Today«, el coqueteo con el pop rock de «It Was Only A Kiss«, «Times Are Changing» y «The Sentenced Is Death» conformaron los bises. Bajada de telón y sin prisas, que gran sensación al fin, llegaron las charlas cómplices con familiares, amigos y fans, recibir los merecidos halagos y más de una petición para seguir 20 años más en la brecha. Que así sea y tod@s estemos allí para disfrutarlo.
Otro sábado más en Heavy Metal Brigade en el que tocó redoblar esfuerzos. La historia que fue, los veinte años de Mystereo, más la que será, la presentación de “Resemblance”, debut de los post metaleros ovetenses Honara. La cita, con sede en la langreana Sala Telva, contaba además con unos viejos conocidos de esta casa como son los progresivos Narwhale. A apenas un par de paradas de tren y con la incertidumbre de cuánto público podría concitar un evento de estas características en unas fechas tan apuradas y fastidiosas como estas.
Pero hete aquí que, enlazando con aquél fugaz paso de Green Desert Water por Kuivi Almacenes (crónica), para nada es desdeñable la entrada que presenta la Telva cuando, a falta de quince para las nueve, Javi anuncia “Somos Narwhale, gracias a Honara por invitarnos y esperemos que os guste”, para después proceder una noche vez más con esa “Nebulosa Barnard 33” que abre “El Espacio Interior”, segundo álbum de los avilesinos. Y en honor a la verdad cabe decir que la banda pareció mostrarse tan precisa como siempre. Comenté en su día que Aitor Lucena parece haber caído de pie en el seno del cuarteto. Abajo del escenario Ales Sánchez (SoundCrush), a quien Lucena sucede en el puesto, no perdía ripio de las evoluciones de la banda.
Aportando igualmente en coros, Lucena y la formación al completo brilla en “Océanos De Tiempo”, con ese marcado contraste entre la atmósfera inicial y el mayor nervio del último tercio. Javi, con su (a este paso) célebre Rickenbacker de cinco cuerdas, comanda a los remozados Narwhale con una pizca más de mala leche en la voz que en citas anteriores. Algo que salta al oído en una “Los Anillos de Saturno” más desgarrada que nunca. Atrás, Víctor Puente apuntalaba desde el doble bombo una de las partes más vibrantes del set. Aquí cupo una sorpresa, que no fue otra que la traslación al español de “Heart Of The Corpse-Whale”, (en contraste con la más habitual “Glaucus” que nos han dejado otras veces) que se transforma ahora en “El Corazón De La Ballena Cadáver” y deja alguno de mis riffs favoritos de todo el set, amén de una más que interesante y llamativa línea de batería.
El sonido fue bueno en líneas generales, más allá de que, desde mi posición, en un par de ocasiones costase escuchar los solos de Diego Aparicio. “Vamos a tocar “Pantanos de Neptuno”, un tema instrumental, así descansáis un poco de mis barrabasadas” proclamaba irónico JaviFernández. Y puede sonar a perogrullada pero tanto Lucena como Aparicio dieron la impresión de disfrutar de lo lindo aquí. Una noche más, para el final quedó una “Los Rojos Vientos de Marte” que Javi quiso dedicar a todos quienes nos habíamos desplazado para verles. Piel de gallina siempre que tiene uno la suerte de escuchar ese corte en directo. Esperando ya por la siguiente.
El primer problema para Honara iba a ser el de acomodar tan nutrida formación a un escenario de las dimensiones justas. Adelanto mediante (enlace), Honara parecen venir a llenar un hueco en la escena asturiana con su fusión de post metal, progresivo y rock atmosférico. Su debut, por si alguien lo dudaba, se vino para casa, por lo que pronto tendréis cumplida reseña del mismo en estas páginas.
La banda, teclado, dos guitarras, bajo, voz y batería se acomodó como pudo al escenario de la sala y procedió a presentarnos “Resemblance”, si el setlist no me engaña, en idéntico orden al del CD. Así pues, cuando pasan nueve de las diez “Threshold” hace los honores desde una intro de Antonio Alcaide al bajo que no pudo recordarme más a Tool. El propio Alcaide dio la réplica en la voz grave a la más melódica de Carmen García, mostrando ahí un buen equilibrio entre ambos registros. Puede que el sonido no fuera tan nítido como el que habían mostrado Narwhale. Los nervios, a buen seguro y con una sala tan llena, hicieron de las suyas.
Pero la banda se mostró firme y supo sobreponerse a pequeños inconvenientes. De hecho el bombo de la batería de Guillermo Villán, extrañamente inquieto, incordió y de qué manera durante la descarga. Pero nada amilanó a los chicos. “Sonar”, que en su traslación al vivo extrae un mayor nervio de la banda, me recordó a ratos a los Cult Of Luna más enfebrecidos. Una fiebre siempre en contraste con la esforzada voz de Carmen García. Algo que me agradó fue cuan orgánicos estaban sonando. Cosa rara en estos tiempos y llevando el tipo de propuesta que llevan. De igual forma me agradó que la buena gente de Narwhale se quedase a verles y disfrutase de sus evoluciones sobre las tablas en primera fila.
En el debe que, tratándose de una presentación, no habría estado mal que la banda introdujese alguno de los temas. Sea como fuere, por ahí quedó algún pequeño solo de teclado que, oh herejía, a ratos me recordó al legendario Ray Manzarek (The Doors). Y es que al final esta parece una banda que bebe de un amplio abanico de influencias y sabe hacerlas suyas, sonando siempre coherentes y nunca artificiales. Alcaide aprovechó para los obligados agradecimientos. El bajo de Honara había intercambiado su posición con la vocalista en un intento de procurar que el bombo no acabase de paseo por La Pomar. “Coil” mediante, regresaron aquellos aires Tool del comienzo, mientras que “Vipassana” ofreció a continuación la cara más atmosférica del sexteto. Y más agradecimientos. En este caso a sus compañeros de cartel y al técnico de sonido, quien imagino tuvo no poca tarea en la tarde del sábado.
Así las cosas, con un set que iba tocando ya al final, “Wanderer” dejó un prólogo que me recordó a los Porcupine Tree de discos como “Deadwing” o “In Absentia”. La banda sonando más elegante que nunca. Algo que vendría a contrastar con el mayor nervio que desplegaron en una “Covenant” que, tuve la impresión, ganó varios enteros con respecto a su encarnación de estudio. Una buena primera toma de contacto con ellos, una sala con una fantástica entrada y una banda que, ahora mismo, pinta más que interesante.
No me gusta personalizar en las crónicas pero sí quisiera pedir disculpas por lo pronto de mi huida. El último tren del día esperaba. En cualquier caso una buena manera de empezar la turné anual de conciertos descubriendo a unos más que interesantes Honara. Agradecer a ambas bandas el trato dispensado y las facilidades, mandar un abrazo a los habituales de siempre y ya saben: nos vemos en el siguiente.