Reseña: Malverde «II» (Furia Discos 2024)

Ep para las buenas gentes de Malverde bajo el lacónico nombre de “II”. La banda, recordemos, viene formada por Bronco en baterías, Tamo en la guitarra solista, Laria en la rítmica y en voces y Hermes al bajo. Los seis temas que componen el trabajo vinieron al mundo en los estudios OVNI de Bonielles, Llanera, con todo un Dani Sevillano a los controles. Adornado por el precioso arte de Godless Design y fabricado con su buen hacer habitual por Furia Discos, se encuentra ya en la calle.

Nosotros nos vinimos con nuestras respectivas copias para casa y os podemos asegurar que todo el diseño del digipack es digno de cualquier colección afín al rock and roll que se precie. Detalles que siempre suman, como el hecho de que estas canciones hayan sido plasmadas en formato directo. Se nota ya desde que echas a rodar la inicial “Golem” y su realmente totémico riff inicial. Uno, que siempre anda buscando rimas con bandas de la región, encuentra paralelismos aquí con los muy queridos Amon Ra. En particular cuando la producción filtra la voz de Laria. Me agrada ese solo alucinado que puebla el puente, así como esos Malverde más nerviosos del tramo final. Un buen arranque.

Engañan los primeros acordes de “Find My Way” con esa repentina falta de distorsión. Apenas un guiño inicial para introducir otro corte de rock arrastrado y deudor a un tiempo del doom rock y el mejor stoner. Tamo parece especialmente inspirado aquí. Tanto a la hora de incrustar solos entre estrofas como en apoyo de las líneas vocales del propio Laria. Precisamente en las estrofas más desnudas se deja sentir en mayor grado la presencia de Hermes en la mezcla. Aquella fugaz calma del prólogo regresa, o mejor dicho irrumpe, antes de dar pie al solo del tronco central. Los chicos desde luego saben como trazar buenas piezas de rock vibrante y aguerrido. Bronco está muy presente en este tramo final y por ahí todo termina cuadrando para construir una de mis favoritas de todo el Ep.

Santa Muerte” viene a destapar a los Malverde más intensos. Casi coléricos. Altas vibraciones y un riff de esos que entran a la primera para la oferta más descosida del tracklist. Cierto que el riff en que apoyan las estrofas puede pecar de una cierta simpleza. Por contra, qué bien está el mayor grosor que desprende y el modo en que acerca al cuarteto a las lindes del metal. Desde luego que se le puede achacar su brevedad, apenas dos minutos y medio, pero no la forma en que destapa la cara más intensa de los asturianos.

Más breve aún si cabe es una “Now I Know” que viene a reincidir en esa versión nervuda e intensa de la banda radicada en Oviedo. Tamo y Laria juegan de nuevo a encontrarse sobre el ritmo, directo y vivaracho, que marca Bronco tras los parches. Buenos coros en estribillos y desde luego una pieza agradable pero algo coja por lo escaso de su desarrollo.

Más ambiciosa, al menos sobre el papel, “Mexica” se sustenta sobre otro de mis riffs favoritos de este “II”. Y puede que por trazo, sea también la que más llame la atención. Aquí sale a relucir la buena producción que porta el disco, centelleando en cada cambio de ritmo, numerosos en esta penúltima entrega. Cómo combinan las distintas líneas de guitarra entre estrofas o ese tronco central más desnudo resultan desde luego atractivos. Pero si algo termina de decantar la balanza es ese largo epílogo y el poso más intenso que de él deriva. Estupenda.

Sisyphus”, por el fundador y rey de Éfira en la mitología griega, supone la irrupción de los Malverde más pesados primero, ese prólogo rocoso y arrastrado, en nada sutil contraste con los más vibrantes, que llegarán antes de las primeras estrofas. Es el corte más extenso de los seis y realmente parece que la banda ha echado el resto aquí, por tópico que pueda sonar. Tamo está especialmente acertado a la hora de adornar las distintas estrofas con solos lúcidos y vibrantes. También a la hora de doblarse con el propio Laria. Precisamente ahí es donde me agrada este cierre por cómo deja traslucir la propia naturaleza de la grabación. Sinceridad sobre precisión. Un gran cierre.

En un ecosistema donde las ventas en formato físico se han reducido hasta lo meramente testimonial, el Ep resulta el camino indicado para un montón de bandas de nuestro underground. Ejemplos a decenas. El último en llegarnos es este “II” donde el cuarteto ovetense Malverde viene a sumar una muesca más al cada vez más amplio panorama hard rockero astur. Precisamente ahí, entre el hard, el stoner y pequeñas pizcas de doom y metal se sitúan seis temas a su manera diversos y en gran medida atractivos. Suma además, pienso yo, el hecho de que lo hayan grabado en directo. El Ep no desmerece ni mucho menos a una encarnación en directo de la que disfrutamos (y dimos buena cuenta) hace escasas fechas, por lo que la decisión se me antoja todo un acierto. No les perdáis la pista.

Texto: David Naves

Reseña: Zarpa «999» (Demons Records 2023)

Si el metal es para quien lo trabaja, desde luego que a los clásicos valencianos Zarpa les corresponde una importante porción del pastel. Formados allá por finales de los setenta en Mislata, la suya ha sido una trayectoria algo a la sombra de los grandes nombres que surgirían en la siguiente década pero siempre fiel a las férreas convicciones del rock duro. Ya con el guitarra y voz Vicente Feijóo como único miembro superviviente de la formación original, completan el line up a día de escribirse estas líneas el bajista Vicente Romero, el batería Miquel Alejandro y el guitarra Marcos Sáez.

El álbum fue grabado a caballo entre los propios estudios de Feijóo y los Fireworks de Masanassa, en Valencia, con Fernado Asénsi y Quique Mompó como técnicos de sonido. Fernando Asénsi correría posteriormente con las obligadas tareas de mezcla y masterización de una decena de temas que han visto la luz, vía Demons Records, adornados por el arte de David Marqués. En la calle desde noviembre del pasado 2023.

Sea algo buscado o no, lo cierto es que “Dioses Del Metal” llama la atención con su sonido deliberadamente sucio y desgastado. Sobre él Zarpa dibujan un heavy metal de la vieja escuela que pronto toma posiciones en torno a una escritura firmemente anclada en una onda muy Judas Priest. El propio aspecto lírico de este primer corte arrambla con un espíritu orgullosamente estatal, que recuerda a lo más granado del rock duro español de los ochenta. Feijóo declama potente mientras plantea una serie de riffs que, ya digo, evidencian una fuerte querencia por la banda de Tipton y Downing. Quizá el solo de guitarra parta peras con el legado de la banda británica. Gustos individuales al margen, tiene mérito parir temas como este tras más de cuarenta años en la carretera. Por más que a ratos me chirríe la letra o se le vean las costuras en cuanto a escritura.

El tema título “999”, entrega curiosamente más rácana de las diez en lo que a duración se refiere, renueva el ideario a fuerza de entregar unas estrofas de marcado aire marcial. Incluso diría que Feijóo se encuentra mucho más cómodo sobre ellas, disponiendo aquí de su registro más rugoso y a la vez aquilatado. Sí, su escaso recorrido temporal redunda en una escritura un tanto predecible a ratos, coronada sin embargo por un solo de guitarra más que notable, protagonista final de este algo desigual segundo corte.

El Ogro” se eleva frente al par de entregas previas a base de inundarse de una atmósfera más recargada, donde cobra especial protagonismo un aspecto ornamental, nunca abusivo, que acompaña al estupendo riff que Feijóo y Sáez han dibujado para este tercer tema. Orgulloso de su raíz clásica, empastado con gusto entre las diferentes estrofas y engrandecido por la mayor presencia del bajo de Romero. Presencia, por cierto, que echo en falta en otros momentos del álbum. Por contra, y siento si soy pesado con esto, otro solo que bien merecía una porción mayor de espacio.

Ese que dibujan durante el prólogo de “A Un Millón De Años” puede ser fácilmente mi riff favorito de todo “999”. Tras él Zarpa dibujan un corte que, sin salirse de las férreas correas que sujetan al tracklist, ofrece una cara más oscura. En ella Feijóo, sesenta y cinco años le contemplan, vuelve a mostrarse ágil. Certero incluso. Sorprende además el estribillo por el que opta aquí. Resulta luminoso al punto de dar la impresión de ser el contrapunto de las diferentes estrofas, que no el acento de estas. Una dualidad sobre la que se construye un corte llamativo, eficaz, agradable.

No sería un disco de Zarpa sin algo como “El Heavy Es Mi Destino”. Corte de pura reafirmación rockera, tantas veces visto y oído dentro del género, pero que a la luz de los acontecimientos, tanto con esta banda como con otras, tanto tirón sigue teniendo dentro de la parroquia. En lo musical funciona mientras traza buenos cambios de ritmo, un nivel técnico más que apreciable, solo de guitarra a la cabeza, y esa sensación de que les dará buenos réditos sobre las tablas.

Pero, qué duda cabe, conecto en mayor medida con algo como “Reinos De Miseria”. En una onda esta vez más cercana al Dio más elegante, valga la redundancia, se aprecia aquí al Feijóo más diverso de todo “999”, elevándose desde esos tonos bajos del comienzo hasta los gorgoritos más altos con toneladas de actitud y también de clase. Medio tiempo de regusto clásico, adornado con gusto y donde se hace fuerte, más que nunca, la buena producción de la que disfruta el álbum, que gana en brillantez sin tampoco abandonar aquella mayor rugosidad que ofreciera “Dioses Del Metal”.

Y si “Reinos De Miseria” destilaba elegancia o “El Heavy Es Mi Destino” era puro heavy metal, “En Pie De Guerra” ofrece ahora a los Zarpa más gruesos y arrastrados. Su riff, por sencillo, tiene un gancho de mil demonios. Y mientras sus voces, que diría pertenecen al bajista Vicente Romero, pueden ser fácilmente las más graves de todo el álbum, no deja de sorprenderme ese solo de puro heavy metal que la banda dispone en su tercio final. Coros poderosos y otra de las entregas más reconocibles y distinguibles del tracklist.

Exterminador” retoma orgullosa el libro de estilo de Judas Priest en general y “Rapid Fire” en particular, lo combina con un estribillo chulesco y lo remata con un aspecto lírico que, diferencia idiomática al margen, sin problemas habría podido firmar el mismísimo Rob Halford. Disfrutona si logras deshacerte de sus más que obvias influencias. Puro heavy metal.

La producción de “999” se anotará otro tanto gracias a “Fieras En La Noche”. No es un corte que me enamore pero aprecio su sonido distinguido del resto de cortes, la forma más apaciguada en que Feijóo afronta según qué estrofas e incluso la cierta extrañeza que habrá de preceder al solo de guitarra. Su corto desarrollo, ni tres minutos y medio, no ayuda en absoluto y hay ideas aquí dentro que bien merecían algo más espacio y presencia.

Engaña la final “Fuego Solar” con el deje sci-fi que porta en su prólogo, pues termina por reconducir hacia un heavy metal sencillo y directo, apoyado sobre el firme doble bombo de Miquel Alejandro y confeccionado sin dar media puntada fuera de los límites del género. A ratos desangelada, su estribillo no resulta ni mucho menos el más lúcido de este tracklist. Un cierre con el que me cuesta horrores conectar.

No seré tan necio de decir que el álbum se desinfla en su tramo final, pero qué duda cabe que los temas que más captan mi atención dentro de “999” se sitúan en la que vendría a ser la cara A del hipotético vinilo. Zarpa, cuarenta y cinco años les contemplan, no están para experimentos. Y sin embargo ahí están el buen riff de “A Un Millón De Años” o la cuidada cadencia de “Reinos De Miseria”. “Exterminador” encandilará a sus fans de toda la vida y “En Pie De Guerra” dará argumentos a quienes piensen que esta banda aún tiene cosas por contar. Cuídate del zarpazo.

Texto: David Naves

Reseña: Aneuma «Venom» (Autoproducción 2024)

Mucho ha acontecido alrededor de los de Puerto de Vega desde la publicación de “Climax” allá por octubre de 2022. Vencedores en la W.O.A. Metal Battle Spain 2023, segundos en la final en tierras alemanas, premio al artista revelación en la última edición de los Premios Amas y a buen seguro que la lista seguirá en el futuro. Mientras llega, tenemos en nuestras manos y oídos un “Venom” con el que intentarán refrendar las buenas sensaciones que ya nos dejó el debut. Laura Alfonso (voces), Abel y Borja Suárez (guitarras), Jorge Rodríguez (baterías) y Pau (bajo) vuelven a entregar un álbum de ocho temas, grabado en los Breakdown Studios con el Escuela De Odio, Sound Of Silence o Blast Open Nefta Vázquez (Beast Inside, Brutalfly, Burnt To Death…) a los controles. Gin Barbería (Absalem) hace coros, de Noelia Amieva las fotos y el propio Abel se ha encargado del diseño.

Los más impacientes ya conocíamos esta “Yell To The Sky”, estrenada a finales del pasado año, y que viene a ejercer de obligado puente entre el debut y este nuevo trabajo. Vuelven a darse cita las buenas melodías de guitarra que ya se adueñaran de “Climax” bajo el registro roto, más iracundo que nunca, de una Laura a la que la experiencia adquirida parece haberle proporcionado nuevas cotas de fuerza y gravedad. El corte se eleva en el puente central, comandado por unos riffs tan sencillos como funcionales, a los que revisten ese buen tino melódico que comentaba. El mismo brillo que alimenta, sin ir más lejos, al mismo “Travellers To Nowhere” de Legacy Of Brutality.

La labor de Nefta no podría ser más correcta de tanto en cuanto extrae lo mejor del quinteto sin querer erigirse en protagonista. Algo que salta a la vista, o mejor dicho al oído, a través de esta “Never Again”, donde de nuevo el buen gusto melódico de Borja y Abel se hará patente. Hay un solo, o más bien una serie de solos, adornando todo el tronco central. También un buen trabajo en lo que a construcción de coros se refiere. Laura más acompañada que nunca aquí, si bien siento que la letra se me queda algo rácana y, por tanto, repetitiva. Sea como fuere por ahí aprecio igualmente buenos cambios de ritmo y a unos Pau y Jorge del todo compactos y precisos.

Pero qué duda cabe que es un tema como “Your Doom” el que verdaderamente da la medida de una banda como esta. Partiendo de su elegante intro y apostando por la vena más melódica de la banda, quiebra de manera brusca hacia un metal nervudo, a puro doble bombo, donde las voces se multiplican y adivino a escuchar los registros de Gin y Abel acompañando a Laura en tareas vocales. Algo que amplifica, y de qué forma, el alcance de este tercer corte. También la repentina pesadez que precede a la inevitable ración solista. Muy elegante esta, en cierta rima con aquél prólogo, y que dará pie a un epílogo con Aneuma en su encarnación más nervuda. De mis favoritas de este “Venom”.

Bastan unos pocos acordes dentro de “Guide Them To The Light” para reconocer a la banda que está detrás de esta cuarta entrega, y que me recuerda a muchos momentos de “Castaway Of Chance” o “Fall Apart” del debut. La banda avanza aquí a medio gas, con un groove más marcado y una construcción clásica, edificada sobre los habituales contrapuntos entre estrofas y estribillos. El corte no obstante dará un giro en su tronco central, para acoger la ensalada solista sobre un heavy metal de formas muy clásicas. Ni mucho menos me desagrada pero a ratos siento que merecía algo más de desarrollo.

Aneuma nunca habían sonado tan pesados ni tampoco tan atmosféricos como lo hacen en esta “Frozen”, otra de las composiciones capitales de este nuevo trabajo. Por lo diferente que resulta a todo cuanto hayan hecho antes, por ese poso más melancólico que a ratos la atraviesa y finalmente por ese bien trenzado crescendo que la recorre. Esos riffs más pesados dejan la sensación de que funcionarán como un reloj en directo, los solos puede que se encuentren entre los mejores que hayan grabado nunca y, si he de ponerle un pero, al epílogo se le podría haber añadido alguna pulsación más. Con eso y con todo otra de mis favoritas.

Chain Reaction” ofrece una versión más sencilla desde el plano gramático, que compensan con un estribillo repleto de gancho, de los que entran a la primera, y que lleva todas las de ganar de cara a un nuevo e hipotético videoclip. Es su fórmula de siempre, contraponer el agrio registro de Laura a las buenas melodías de Borja y Abel, y de ahí que la cosa funcione así de bien. Habrá quien eche en falta algo más de riesgo, sí, pero cabe recordar que el disco venía precisamente del corte más diferente de todo el tracklist.

Hablando de contrastes, los que salen a relucir a través de “Circles Of Fire”. Un corte a ratos pesado pero cuya estructura no podría estar más ligada al metal de los ochenta. Su riff es pegadizo como pocos dentro de “Venom”. Asimismo sus estrofas, más desnudas ahora, vienen no obstante acentuadas por el bajo de Pau. Siento que es un corte más llamativo en lo tonal que en lo gramático, pero aún así disfruto del ambiente más diferente en el que la banda se instala aquí. Junto con “Frozen” lo más diferente de este segundo álbum.

Cierran con el tema título “Venom”, una pieza de heavy metal clásico y voz rota donde aprecio un interesante juego entre canales y docenas de solos y melodías que deberían hacer las delicias de todo buen fan del género. Pero más allá de pequeños trucos de producción, la encuentro una composición compacta y diversa, con su habitual buen pulso melódico, la gravedad de registros y, en definitiva, todas las aristas que a día de hoy definen a una banda como esta.

Recuerdo que “Climax” me gustó en su día a pesar de que se me desinflaba conforme transcurría por lo que vendría a ser su cara B, que es algo que no sucede en este “Venom”. La banda parece ahora más seria y decidida, afianzando la propuesta inicial pero sin miedo a explorar nuevos territorios, pienso especialmente en “Frozen” pero también en “Circles Of Fire”, sin que estos alcancen a distraer del todo el foco. Porque cuando juegan a ser los Aneuma que ya conocíamos salen igualmente triunfadores, véase la riqueza de “Your Doom”, otro de los grandes aciertos de este nuevo trabajo. Puede que a “Never Again” le pese su condición de single, no obstante el resultado global viene a situarse, pienso yo, un par de escalones por encima del debut. Era lo que muchos les pedían y es lo que han hecho.
Texto: David Naves

Reseña: Cherokee «III» (Demons Records 2023)

Los hard heavies vigueses Cherokee tienen cita con el público astur el sábado nueve de marzo de 2024, por lo que echarle un vistazo a su más reciente obra “III” resultaba de lo más pertinente. Ellos son Fran Gómez y Gerardo Fernández en guitarras, Fran Vázquez a la voz, Carlos Delgado en baterías y Edu Mateos al bajo. Con José Pineda como productor, el trabajo ha sido grabado en los estudios Área 51 y ha contado con las colaboraciones de Hugo Bistolfi (Galilea, ex-Rata Blanca, ex-Alianza), Javi Oliva y Niko del Hierro (Saratoga). Con portada de F.J., “III” se encuentra en la calle vía Demons Records desde el pasado dieciséis de octubre.

Quimera” ejerció como carta de presentación de este “III”. Y un poco también como piedra de toque del mismo. Porque es un hard / heavy directo y sin ambages, con Fran Vázquez moviéndose en tonos altísimos, revelando un registro a medio camino entre Juan Gallardo (Ángeles del Infierno) y Adrián Barilari (Rata Blanca) con el que conecto solo a ratos. Para más inri, aquí las guitarras revelan un tono que no alcanza tampoco a conquistarme. Otra cosa es el uso que Gómez y Fernández hacen de ellas, que vendrá a revelarse tan clásico como eficaz durante el obligado despliegue solista del puente. Un arranque correcto.

Las Puertas Del Cielo” hace por atemperar el brío de su predecesora. Por retorcer la escritura incluso. Es más chulesca, más pretendidamente sensual. Como unos Whitesnake de finales de los ochenta puestos al día. Todo le sirve a Carlos Delgado para tramar una línea de batería llena de buenos detalles. Pero es Fran Vázquez al micro quien, a fuerza de sonar más natural y no tan excesivo, gana no pocos enteros con respecto a otros desempeños más exigentes dentro de “III”. El crescendo final, clásico hasta la médula, resulta bien resuelto. Adornado incluso. Insisto, no me conquista el tono de estas guitarras pero sí lo que los chicos están haciendo con ellas.

Siéntelo”, que cuenta con todo un Niko del Hierro al bajo, puede ser fácilmente el corte con el que más me cuesta conectar de todo el álbum. Ni con el aspecto lírico, recurrente y con cierta sensación de déjà vu, ni tampoco con los tonos más bajos y aguardentosos de Fran Vázquez en estrofas. Y es una pena porque en su tronco central habita un buen crescendo y pequeños destellos técnicos que hablan, y no precisamente mal, del nivel técnico que poseen Cherokee. Pero un poco por los detalles que comento y otro por la corta duración de la composición en sí, al final no puedo sino situarla en el vagón de cola dentro de las once que componen este “III”.

Trazada con gusto clásico, adornada con sumo cuidado y afrontada por el Fran Vázquez más neutro, centrado y sólido, “Nada Es Para Siempre” funciona a la hora de revelar el lado más elegante y ampuloso de los vigueses. Medio tiempo con la debida carga melancólica, gana enteros en producción, si bien el bajo de Mateos se sobrepone a ratos al resto de elementos. Pero culmina en un buen estribillo y cuenta con grandes detalles toda vez la composición encara su recta final y emerge la obligada sección solista. Lo dicho, clásica y nada original pero resuelta de manera impecable, no le puedo poner pegas más allá de su propia autoconsciencia.

Déjame” transige, y lo hace de manera más que orgullosa, hacia un AOR acomodado y grandilocuente. Valga la redundancia. Con Fran Vázquez más cómodo que nunca y la producción brillando en lo que a equilibrio se refiere, deriva en un estribillo sin sorpresas ni tampoco dobleces. Ni inventa la rueda ni lo pretende, pero funciona, que es lo importante, y entiendo los motivos por los que fue elegida como otro de los adelantos de este “III”. Parece casi el negativo de aquella “Quimera” y por ahí viene a colarse el amplio rango de influencias que manejan.

Quien echase de menos aquellos pulsos más heavies y musculosos, podrá darse un festín con esta “Sí o No”. Pero lejos del nervio de los temas más potentes, Vázquez arrastra un deje chulesco en sus líneas de voz que la convierten en una de las piezas más curiosas de todo “III”. Posee una idiosincrasia muy a la española, donde se traslucen varios de los grandes nombres patrios de los ochenta. Entre Bella Bestia, no obstante el propio Vázquez llegó a ocupar el cargo en la ya desaparecida banda madrileña, hasta los Obús más clásicos, todo funciona para confeccionar el que puede ser fácilmente mi corte favorito de los once. Lo que son las cosas.

No Mires Atrás” funciona mientras trae al frente un hard de finales de los ochenta al que adornan varios de los riffs más redondos y mejor definidos de todo el álbum. Con Vázquez trazando una contenida pero elegante línea de voz y una producción nítida pero potente, parece uno de esas entregas nacidas con el directo como principio y fin. Lo mejor es que ello no quita para que la banda opte por una sección solista primero llamativa y después clásica. Acomodada incluso. Quien sea habitual de mis reseñas sabrá de sobra que no acostumbro a conectar con letras tan descaradamente vitalistas como esta. Pero quién soy yo para negar el buen rendimiento que líricas de este perfil han dado a bandas de todo pelaje a lo largo de la historia de nuestro rock & roll.

Fuiste Mía”, traslación a nuestro idioma del “Angelia” de Richard Marx, continúa en los mismos tonos amables y distinguidos de la original, añadiendo claro guitarras más presentes y una línea de voz más cercana a espectros debidamente rockeros. Culminada con un notable solo de guitarra en su tronco central, conduce hasta otra versión, en este caso “El Guardián De Tu Piel”, de la ya desaparecida banda madrileña Beethoven R., donde Cherokee cuentan con Javi Oliva para el solo de guitarra. Una de esas versiones que lejos de reproducir palmo a palmo al original, sabe aportar su propio granito de arena en búsqueda (y hallazgo) de un tono que aporte la debida savia nueva sin faltar al espíritu de lo que uno está adaptando y reproduciendo.

Pero qué duda cabe que conecto en mayor medida con esta “No Hay Perdón” donde la banda cuenta con la colaboración del ex teclista de Rata Blanca Hugo Bistolfi. Y ciertamente parece un corte con hechuras de ocupar algún viejo disco de los argentinos, con esa distinción tan significativa que aporta el buen hacer del músico bonaerense. Tal vez no disponga del estribillo más lúcido de todo “III”, pero brilla sin aburrir en términos técnicos y funciona a la hora de aportar una mayor intensidad al conjunto durante su parte final.

Para el cierre queda una última versión, esta “Entender El Amor” original de la vocalista figuerense Mónica Naranjo. Difícil, no ya por los habituales tonos altos de la catalana, sino también por los muchos requiebros que tenía aquella línea de voz, amén de lo profano del propio empaque musical, sito a mil millas del conocido hard heavy de los gallegos. Cherokee realizan una aproximación que rezuma heavy metal por los cuatro costados, con el Vázquez más filtrado de todo el disco y un inteligente uso de las armonías. Quizá por el propio riesgo que conlleva la idea, no puedo decir que me desagrade. Al contrario.

En resumidas cuentas y tras las sucesivas escuchas de “III” lo más que acierto a entrever es que se trata, al menos a mis ojos, de un álbum un tanto desigual. Cortes que disfruto en gran medida (“Las Puertas Del Cielo”, “Sí o No”, “Déjame”) junto a ofertas, dicho sea con todo el cariño, que encuentro un tanto prescindibles (“Siéntelo”). Y como ya apunté por ahí atrás, puede que el tono de estas guitarras no alcance a conquistarme pero, insisto, el desempeño de la pareja Gerardo Fernández y Fran Gómez es ordenado las más de las veces, operando siempre en favor de las propias canciones y nunca en favor de sus propios egos como músicos. Luego está la figura de Fran Vázquez. El sevillano es uno de esos vocalistas excesivos, volcánicos incluso, al que disfruto en mayor medida durante sus tonos medios y no tanto cuando su voz registra tonos imposibles, si bien a lo largo y ancho del álbum se suceden varias excepciones a este hecho. En cualquier caso un álbum que debería de hacer las delicias de todo fan del buen hard / heavy estatal.

Texto: David Naves

Reseña: Fan Ray «Cuento Del Mar» (The Fish Factory 2023)

Se hacen llamar Fan Ray, vienen de Zaragoza y la suya es una andadura que se inició allá por el año 2013 aunque no sería hasta dos años más tarde que debutaran con un Ep homónimo. A aquél primer conjunto de temas le siguió su primer largo “Metalzetamol” en 2018 y finalmente este “Cuento Del Mar” que nos han hecho llegar desde The Fish Factory. Ellos son Andrés Fandos y Santi Suárez en guitarras, Álvaro Molinero en baterías, Jorge Apesteguía al bajo y Toño Monzón en voces. Producido, compuesto y grabado en Estudios Producciones Sin/Con Pasiones con Marc Pascual como técnico de sonido y Michel a cargo del diseño gráfico, el álbum vio la luz a finales de septiembre del pasado año.

Preludio En El Mar”, introducción del trabajo que, particularmente en sus primeros instantes y acordes me recuerda, y no poco, al tema principal de la saga “Piratas Del Caribe”, Dios te salve Klaus Badelt, sirve en definitiva de perfecto preludio para “Libérame”, fresca andanada entre el hard y el heavy que, hablando de recuerdos, siempre trae a mi mente a aquellos Mägo de Oz de buenos álbumes como “La Leyenda De La Mancha” o “Jesús De Chamberí”, si bien aquí no hay flautas ni violines que valgan. Solo rock orgánico y pegadizo. Un estribillo que acude pronto en la composición, esa ligera despreocupación en los riffs y una línea de voz que, ya digo, va bien cargada de gancho. Bien desarrollado el solo que sitúan como anticipo del epílogo. Rara avis en estos tiempos que corren. Una buena dupla para abrir este cuento si sabes perdonar sus más que evidentes influencias.

El riff que dibujan en “Área 333” bien podría pertenecer igualmente a unos Judas Priest de discos como “Point Of Entry” o “Killing Machine”. Sin embargo, si hay un nombre que acude a mi subconsciente con cada escucha es el de los vallecanos Obús. De nuevo a caballo entre el hard y el heavy, trufado ahora de unos dejes más chulescos, quizá me resulte algo mecánica en estrofas. Ahí viene al rescate, en todo caso, un estribillo de esos que siempre funcionan. El solo vuelve a disponer de espacio y, en su clasicismo, el corte termina por funcionar mientras abraza las costuras más ochenteras del género.

Almas libres” y por seguir con las influencias, suele evocarme a los ahora desaparecidos hard/heavies madrileños Beethoven R. mientras dibuja una de las ejecuciones más lúcidas por parte del frontman Toño Monzón. Me agradan, ahora sí, sus estrofas, si bien encuentro los riffs que las apoyan un tanto desangeladas. Por ahí se cuelan no obstante buenos detalles por parte de Apesteguía. Un pequeño solo inclusive. Fan Ray siguen sin salirse del libro de estilo pero al menos se permiten pequeños guiños aquí y allá a fin de que el corte adquiera un grado más de personalidad. De ahí que con el correr de las escuchas haya terminado por entrar en mi nómina de favoritas.

Lo mismo podría decir de la más tranquila “¿Dónde estás?”. Medio tiempo elegante, donde es cierto que llega a chirriarme el sonido de la caja durante las partes más desnudas. Entiendo la intención, llenar el hueco que dejan las guitarras en esas estrofas. Pero su sonido llega a parecerme feo incluso. Aún con eso, la forma en que Fan Ray han sabido jugar con las distintas capas, lo bien trazados (y ejecutados) que están sus distintos crescendos, la delicada labor de Monzón y el acelerón final a lo Maiden terminan por inclinar la balanza a su favor.

Allí Estaré”, que me conquista a base de recuperar el brío que mostraba el álbum en su arranque, sorprende con una letra capaz de poner en riesgo a más de un diabético. También con un tratamiento de la voz de Monzón que, particularmente en estrofas, me hace pensar en una banda tan a priori ajena a su manera de entender el hard rock como es Volbeat. Puedo no llegar a conectar con su aspecto lírico. Sí en cambio con sus diferentes ejecuciones. Siempre a favor del corte que las contiene y no de egos individuales. Bien medidas y equilibradas.

No diré que “I.A.” vira ahora hacia el groove, no es el caso, pero sí que el riff que la sostiene pasa por ser el más retorcido, también el más pesado, de todo este “Cuento Del Mar”. Sorprenden estos Fan Ray en una onda no tan lejana, por ejemplo, de aquellos Fight de Rob Halford, si bien sus estribillos resultan del todo solidarios al disco que los alberga. El solo, un tanto plano con respecto a otros dentro de este tracklist, no ayuda a mejorar la nota media. Al final un corte que luce más por cuan diferente resulta al resto que por lo certero de su planteamiento.

Buenos solos sin embargo los que alumbran el inicio de una “Todo Lo Bueno Termina” que vuelve a tesituras, creo, más convenientes para ellos. Aquél aire más hard que tan buenos resultados les dio a comienzos del álbum, mientras Monzón lidia sin mayores problemas con los tonos más altos de los estribillos. Y aunque en términos puramente gramáticos no resulte el corte más original del largo, bien está ese deje algo más melancólico que la atraviesa. A la cola del grupo de mis favoritas.

Cuento Del Mar”, donde cuentan con la colaboración de Mireia Bernal en coros, bien podría recordar a The Cult en su prólogo. Héroes Del Silencio incluso. Todo vira, no obstante hacia territorios más metálicos donde, tanto por riffs como por melodías, la sombra de Iron Maiden resulta más que alargada. Álvaro Molinero traza aquí una más interesante línea de batería. Y mientras que la banda parece más cómoda en esta encarnación más poderosa, si algo me agrada es la forma en que insertan, previo al solo, aquél deje más foráneo del prólogo. El hábil trazo del epílogo y el mayor nervio que posee terminan por darle la razón a quien fuera que tomara la decisión de convertirla en el tema título del álbum e incluso en videoclip:

Para el cierre queda el medio tiempo “Recuerdo Soy”, donde en los momentos más calmos siempre acude a mí el nombre de Guns N’ Roses. El corte no obstante se distancia de la banda angelina gracias a un casi torrencial Monzón y una enjundia, qué duda cabe, más cercana al metal. Agrada por trazo y también por ejecuciones, un cierre de buen gusto y clase.

No es un álbum que me enganche en su totalidad pero sí que hay ofertas aquí dentro capaces de alegrar el día más gris. Monzón ha trazado aquí y allá voces más que dignas. Poderosas incluso. Otro tanto podría decirse de la dupla guitarrera de Fandos y Suárez. Aprecia uno el riesgo de cortes como la noventera “I.A.”, si bien pienso que cuando juegan la carta del clasicismo más académico es cuando de verdad brillan los maños. Véase sin ir más lejos “Almas Libres”. Por contra y cuando la banda arriesga y busca nuevos horizontes, siento que la jugada termina por salir del todo redonda solo en la final “Recuerdo Soy”. Agradece uno la asunción de riesgos en todo caso. Intentarlo y fallar siempre me resultará mucho más respetable que conformarse. Bordeando el notable.
Texto: David Naves

Reseña: Mike Stamper «Emerge From Error» (Stampcore Records 2024)

Tercer episodio de la saga del error que el músico asturiano Mike Stamper iniciara allá por 2016 con “Ended By Error” y continuara al año siguiente con “Extended By Error”. El ovetense diserta sobre el error y sus consecuencias. También sobre autosuperación y cómo dejar tras de sí la nostalgia y el dolor. “Emerge From Error” fue producido, grabado y mezclado en los Stampcore Studios IV y contó más tarde con masterización de Dani Sevillano. Cuenta con las colaboraciones de Andrés García (Yuggoth), Nathan Cifuentes (Vendaval, Argion), Dmitry Stalingrado (Soldier, Sound Of Silence) y Cristian Iglesias (Eden, Lakkra, The Feat).

La intro “(E)merge” funde arreglos más propios de la electrónica más casual con guitarras graves para conducir, en hábil y lúcido crescendo, hacia una “Deliria” donde el carbayón cuenta con la colaboración de Cristian Iglesias. Es un corte de arranque sorprendentemente reposado, que parte peras con el tono más arrebatado de la introducción para conducirse después a terrenos más propios y asimilables al disco instrumental que tenemos entre manos. Me agradan esas guitarras y el modo en que se funden riffs y melodías. Solos nunca arbitrarios, en gran medida solidarios al tema que los alberga. Pequeños arreglos sinfónicos enriquecerán la mezcla como anticipo de un comedidos solo de guitarra. Hay ecos aquí que me recuerdan a los Cynic más recientes. La dupla inicial no pervierte ni mucho menos el canon habitual de este tipo de entregas, pero mantiene un equilibrio en forma y fondo realmente exquisito.

Hacker Of Nature”, especialmente durante el prólogo y también durante sus primeros riffs, por alguna razón que se me escapa, me recuerda a Unexpectance, la banda con la que Stamper editara el fenomenal “Vortex” allá por 2022. Este es un corte en cierto sentido más espacial. Algo a lo que ayuda esa mayor carga atmosférica que parecen otorgarle producción y mezcla. Algo más diversa en lo que a ritmos se refiere, le sirve al de la capital del Principado para sacar pecho en lo que a construcción de riffs se refiere, siendo estos algunos de mis favoritos de todo el redondo. El solo sí que ahora tiene algo más de nervio, vibrando en tendencias más puramente solistas, más desligado del tema que soporta si me paro a compararlo con el que ocupaba “Deliria”. En cualquier caso un corte que me agrada por su variedad rítmica y ese deje más espacial e incluso etéreo que emana de su producción.

Ovr Legacy Ov Deprecation”, con Dmitry Stalingrado a bordo, sorprende por los aires orientales que dibuja durante el prólogo. También por unos riffs que, aunque sea de manera leve, me llevan a pensar en bandas como TesseracT, Meshuggah o Vildhjarta sin que ello llegue a disociar a este corte del resto del álbum. Stalingrado deja un solo a ratos flamígero, acentuado por la mayor vibración que emerge de la base rítmica en su parte final. Llamativa la calma que surge después, el piano que la alimentará y el tono parcialmente más épico que porta la composición camino del epílogo. Distintos solos revisten este tramo final, que habrá de teñirse de una cierta melancolía en un último tramo que termina por conformar uno de los cortes más diversos, completos y atrevidos de todo el disco. Por ahí habrá unas ideas que me conquisten más que otras, la cabra tira al monte, pero ha terminado por convertirse en una de mis favoritas tras las sucesivas vueltas al álbum.

Ex Luminix (Dark Mode)” inprime desde un primer momento una mayor gravedad en lo que a riffs se refiere, con unas guitarras gordas como vena de cantaor. Muy presente la base rítmica en un corte que resulta puro retorcimiento, llevando a Stamper a lindar con tropos rayanos en el progresivo más casual y contemporáneo. Como si el álbum acogiera de pronto el ideario de unos Haken, unos Leprous, reinterpretándolo, haciéndolo suyo, confiriendo al tracklist una mayor riqueza en lo que a influencias se refiere, apoyándose en una variedad riffera que primero epata y después engancha. Bien es cierto que el solo, en comparación con otros que pueblan este “Emerge From Error”, no resulta tan llamativo ni redondo, si bien me agrada por cómo Stamper se atreve a situarlo sobre esa base rítmica a puro blast beat. Corte interesante aunque pienso que algo lastrado por esos cuatro minutos de reloj. Mal acostumbrado que está uno a temas cada vez más extensos, parece ser.

Sea como fuere el caso es que “Intercept & Handle” viene para representar la cara más árida por violenta del proyecto. El disco continúa por esa senda de baterías vibrantes del corte anterior, y la reviste de alguno de los riffs más dementes de todo el largo. Una composición de esas que pondrá a prueba la paciencia de los fans más clásicos, que me recuerda a ratos al Ihshan del fantástico “After” y que parece aferrarse a su propia demencia cara a construir uno de los cortes más atrevidos y disonantes de “Emerge From Error”. Intensidad y buen hacer en lo que a ejecución se refiere se dan la mano aquí, trasportándonos hasta rozar los páramos del metal extremo sin que ello signifique renunciar al buen gusto técnico, si bien hay alguna línea que otra demasiado predominante en la mezcla y el corte está por ahí cerca de descabalgar. No creo que sea el caso, pero sin ir más lejos siento que, por ejemplo, las melodías más ligeras del epílogo bien merecían algo más de presencia. Un corte que disfruto de todas formas.

Dominion Of Error”, primer corte que conocimos de este trabajo, ya me agradó entonces con esa reposada introducción y la forma en que Stamper la rompe con guitarras graves y pesadas. Vuelve a emanar aquí ese aire casi espectral, que enfrentado a esas afinaciones tan gordas y revestido por esos finos arreglos sinfónicos termina por dotar de una gran personalidad al que pienso es uno de los cortes emblema del álbum. Por equilibrio, por clase, por abrazar en su medida justa al metal contemporáneo sin renunciar al clasicismo que fluye en cada solo de guitarra. Cynic es de nuevo un nombre que acude a mi subconsciente, curiosamente en las partes más calmas, mientras que las más ennegrecidas y vibrantes el abanico se ampliará de forma casi dramática. He llegado a pensar en Persefone o In Mourning con las distintas escuchas. Tiene que ser buen síntoma.

Winterpark”, a la sazón corte más extenso de este tercer álbum, sorprende igualmente con un prólogo rociado de una cierta ternura, inédita a lo largo de todo “Emerge From Error”, que vira ahora hacia el territorio de la balada, clásica, sin olvidar no obstante que este es un orgulloso disco de metal instrumental. Pero es cierto que aquí Stamper y pese a los muy marcados cambios de ritmo, vibra en frecuencias más cercanas a los guitar hero de antaño. De ahí que me agrade por cómo equilibra ambas escuelas, profundizando en un uso de la técnica que nunca roza lo abusivo ni lo ególatra. Rozando a ratos el post-rock más al uso, We Lost The Sea o Explosions In The Sky son nombres en los que pienso con cada escucha, el corte va circundando las distintas escuelas al tiempo que un largo y bien calculado crescendo la lleva hasta su de nuevo reposado tronco central. De igual forma me agrada su parte final, ese largo epílogo donde vuelve a jugar con los distintos ritmos e influencias que han ido poblando la composición, poniendo sus habilidades en favor de la composición y no al revés, como si del negativo de Vinnie Vincent se tratase, y que el de Bridgeport me perdone por elegir su figura como diana siempre que pasa por mis manos el disco de un guitarrista. Estupenda.

Intro al margen, “Ninja Commit” pasa por ser la propuesta más rácana en cuanto a duración de este tercer corte. Una amalgama de aquellos riffs a la Meshuggah que ya entregase “Ovr Legacy Ov Deprecation” junto con fieras andanadas a puro blast beat que terminan por componer un corte algo desequilibrado. Con eso y con todo aprecio en ella buenos detalles. A saber: lo bien que Stamper ensambla los distintos ritmos, el porte a ratos atmosférico que entregan los arreglos y el acertado aunque tímido solo de guitarra. Con eso y con todo, fácilmente el corte con el que menos conecto tras las sucesivas escuchas del disco.

Song Of Empowerment”, otro de los cortes más estirados en lo cronológico de este “Emerge From Error”, reduce en principio la intensidad mientras transita por un metal instrumental en cierta rima con la anterior “Winterpark”. La melodía de este primer tercio, con mucho una de las más pegadizas de todas cuantas propone el asturiano, ha estado dando vueltas por mi cabeza durante días. Stamper ensambla con ella una serie de solos de lo más elegantes y equilibrados. También ágiles cambios de ritmo. Y si bien a estas alturas el disco puede acusar cierta reiteración de ideas, nada extraño dada la amplia duración del mismo (casi 63 minutos) lo cierto es que vuelve a dibujar la mejor cara de Mike como ejecutor. Estupendo el solo que habita en su tronco central y también la forma en que la composición transita hacia su parte final. Irrumpe ahí un metal del que emana un poderoso sabor clásico, que el bajista de Unexpectance hace saltar por los aires blast beat mediante. Por ponerle un pero, el engorroso fade out final, pero más allá de eso otro de los grandes triunfos de este tercer trabajo.

A Glitched Hero”, con colaboración del ex Vendaval y Argion Nathan Cifuentes, ciertamente vuelve a recordarme a la banda madre de Stamper. En particular al corte que abría “Vortex”, aquella “Guerra Interior” con la que sorprendieran a propios y extraños tres años atrás. El tiempo vuela y esta penúltima composición del álbum opera en gran parte dentro de los registros del metal contemporáneo, consolidándose como una oferta sólida pero a la que quizá le falte algo más de riesgo. Que lo tiene, en particular durante ese epílogo más nervioso y vibrante, pero en menor cantidad que otros cortes del tracklist.

Asynchronous Me”, en la que habrá de sumarse Andrés García, apuesta por la calma en un prólogo reposado y elegante, que Stamper quiebra, huelga decir de modo nada brusco, para introducirnos en el metal más groovie de todo el tracklist. Lejos de parir un corte facilón, el ovetense opta por cerrar su tercer obra introduciendo un trazo retorcido, atrevido incluso, pero dejando claro que pretenciosidad y ambición pueden parecerse pero no son la misma cosa. Aquí me agradará la forma en que se contraponen piano y guitarras. Las partes tranquilas y cómo operan para dotar a la composición de equilibrio. La forma en que estas rozan un rock atmosférico no muy lejos de unos Katatonia, Antimatter, Klone, y como ambos afluentes se funden en el arrebatado y sentido epílogo. Un gran cierre.

Mike Stamper no ha perdido el tiempo. O, viéndolo de otro modo, lo ha perdido para que nosotros podamos disfrutar de un gran disco de metal instrumental. Largo, más de una hora como ya comenté por ahí atrás, pero lo suficientemente diverso, fresco y ágil como para que su escucha, que requiere no obstante de un cierto grado de atención, jamás resulte tediosa ni farragosa. Que por supuesto no sería el primer trabajo de estas características al que le ocurre. “Emerge From Error” da la impresión de ser un trabajo tan largamente meditado como cuidadosamente ejecutado. El de Unexpectance se rodea además de buenos amigos, que dibujan buenos solos aquí y allá, teje dos o tres cortes a mi modo de ver extraordinarios, pienso especialmente en “Winterpark”, y solo pierde mi atención durante una “A Glitched Hero” con la que, ya digo, no termino de conectar. Dada la duración del álbum, perdonad que insista, me parece todo un triunfo.

Texto: David Naves

Reseña: Kinkis Gruñones «Gruñe o Muere» (Autoproducción 2023)

Es el segundo trabajo que nos ofrecen Kinkis Gruñones en lo que va de 2023 y es que pareciera que la banda está en su momento justo de cocción. El cuarteto, que recordemos forman Rodrigo Moy en baterías, Gus Suárez al bajo, Quilo Zapico en guitarras y Pablo Zapico en voces, debutó en el mundillo con un Ep del que ya diéramos buena cuenta en estas líneas allá por el pasado mes de octubre. Tal y como nos comentaban hace escasas fechas, toda la instrumentación de este “Gruñe o Muere” se grabó en riguroso directo en el ZL Estudio (Langreo) con Zeros Gutiérrez y Daniel Condado a los mandos y el propio Gutiérrez llevando a cabo las posteriores y obligadas tareas de mezcla y masterización. De igual forma, también quedan en casa los dibujos y el diseño del CD, obra del propio Quilo.

La pequeña “Intro” con la que arranca este nuevo trabajo no podría adherirse más al propio espíritu entre lo irreverente y lo socarrón que lo atraviesa. No podría, por tanto, resultar más sincero. Ni más eficaz. El caso es que conduce hacia una igualmente kinki “Solfeo”, donde si acaso se aprecia que la propuesta del cuarteto de la cuenca ha ganado en peso. También en grasa. Sin abandonar esa peculiar y particular mezcla entre punk, rock y metal, lo cierto es que Moy mediante, arrancan este “Gruñe o Muere” con todos los cilindros en funcionamiento.

Proletarios” saca a relucir a unos Kinkis si cabe más grasientos. Se aposentan los riffs de Quilo Zapico mientras la letra, al igual que todas las que componen el álbum obra de Gus Suárez, recapacita a su manera sobre la siempre esquiva y ardua tarea de la propia creación. “Nadie Regala Nada” exclama (o gruñe) Pablo tras el micro durante ese acelerón que anticipa el epílogo, bien rematado por Moy tras baterías. Y es que “si hay que caer, que sea siempre de pie”.

Intemperie” sorprende por cómo introduce un groove muy comienzos de los noventa en lo que luego no deja de ser una andanada que, por forma, recuerda en cierta manera a la anterior “Solfeo”. Esto es, los Kinkis gruñendo en su encarnación más vibrante. Me agradan los riffs de Quilo durante esas partes más pesadas, así como también la línea de bajo con las que Gus atraviesa todo el corte. Con mucho uno de los más llamativos en cuanto a construcción. Amalgama de ritmos e ideas, que lo mismo guiñan levemente al grunge más incipiente, esa línea de voz reverberante y huidiza, que a unos Poison Idea del “Pick Your King” durante las andanadas más nerviosas. Ni que decir tiene que una de mis favoritas del disco y de hecho la que más ha ido ganando con las escuchas.

Trinchera”, corte más extenso de este nuevo trabajo, despliega de inicio a los Kinkis Gruñones en su clave más árida y desgarrada. Su apartado lírico, en cierto modo su particular visión del pasado confinamiento y también un llamamiento a la libertad individual, es fácilmente mi favorita de este primer largo de los asturianos. Y mientras que el solo de Quilo pone de relieve una vez más la forma en que estas canciones vinieron al mundo, esto es, en crudo directo y sin trucos de salón, puede ser este otro de los cortes que más hacen por distanciarse del anterior Ep.

La breve “DJ. Nesfer” nos lleva de pronto a un dial poco menos que demente y desemboca en la igualmente agria “Guantazos”, que me atrae más por discurso que por composición, ese particular avance casi a tirones que tanto me recuerda a “Sacrificios” del anterior Ep. “Balas de corrupción que nunca abrieron fuego a los que cantan cara al sol”. Lo dicho, conecto más con lo que me cuenta que con la forma en que me lo cuenta.

La curiosa intro primero y la voz filtrada de Pablo después no dejan de conferirle un aire más personal y a la vez llamativo a “Máscaras”. Un corte que en lo lírico ofrecerá un discurso con poco lugar a la metáfora y cuyo espíritu siempre me recuerda a otro tema abiertamente desmitificador como es “Dogmatofobia” de Def Con Dos. Me gusta la labor de Moy aquí. La diversidad que porta su línea de batería, aunque siento a la banda algo menos espontánea que en cortes circundantes.

Félix”, rememora fugazmente a la célebre serie “El Hombre y La Tierra” del naturalista Félix Rodríguez de la Fuente mientras conduce hacia una “Lobos” donde aprecio de nuevo la curiosa línea de voz de Pablo pero con la que, en líneas generales, me cuesta horrores conectar.

Todo lo contrario puedo decir de la final “Bipolar”. Breve, apenas tres minutos, pero que desde el riff casi cercano al hardcore que ofrece hasta la llamativa letra que Gus plantea hasta los eficaces cambios de ritmo o incluso esos arranques alucinados y casi dementes de su línea vocal. Ni que decir tiene que otra de mis favoritas dentro de este primer largo de los asturianos.

En comandita con Varón y los Dandis, Damián Gutiérrez y Néstor Fernando Arias, Kinkis Gruñones amplían su particular oferta a través de once cortes de una idiosincrasia, de nuevo muy astur, que viene a continuar donde lo que dejase aquél primer Ep, al que refrenda manteniendo intacto el espíritu pero ampliando a la vez el foco para así atrapar un mayor rango de influencias. El disco, por tanto que existe en formato físico, hay quien sigue resistiendo a la tiranía del streaming, resulta así una creación más diversa y eficaz. Y aunque cortes como “Lobos” no me terminen de encajar, ahí están la final “Bipolar” o, en especial “Intemperie”, elevando la nota final. Gruñir o morir.

Texto: David Naves

Reseña: Purtenance «The Rot Within Us» (Xtreem Music 2023)

Es el quinto largo ya en la dilatada trayectoria de los death metaleros fineses Purtenance. La banda, que ya pasara por estos lares con su anterior “Buried Incarnation”, regresa ahora con un “The Rot Within Us” con Harri Salo en baterías, Tero Aalto y Juha Rannikko en guitarras y finalmente Aabeg Gatamn en bajo y voces. No nos ha llegado por parte del sello dónde y quién ha sido el encargado de grabar y mezclar estos nueve cortes. Sí sabemos que fue su técnico habitual, Jaakko Viitalähde (Aethyrick, Waste of Space Orchestra, Blind Guardian, Oranssi Pazuzu…) el encargado de masterizar las pistas resultantes en Virtalähde Mastering, mientras que otro colaborador tradicional del combo nórdico como Chris Moyen (Coffins, Teitanblood, Centinex, Incantation…) volvería a encargarse del artwork. A la venta desde mediados de julio vía Xtreem Music en formatos digital, CD vinilo de 12» e incluso casete.

Me ocurre con la inicial “Mournful Echoes” que, por algún motivo, mi mente relaciona este inicio oscuro y pesado con mis paisanos de Totengott. Hay algo en este avance apaciguado, que exacerba la cara más doom del cuarteto finés, que por ende asocio a la última etapa de Celtic Frost. A ello desde luego no contribuye el viraje hacia un death más convencional y asimilable de su descosido epílogo. Sea como fuere me agrada la labor que la dupla Rannikko & Aalto ha trazado aquí. No tanto la forma en que la voz opaca al resto de líneas, particularmente durante las partes más arrastradas. Con eso y con todo un inicio bien planteado y mejor resuelto.

Transitory Soul Of The Righteous”, que fuera carta de presentación del álbum, enlazará con el epílogo anterior, sumergiéndose así en una bruma que pronto dará paso a un pequeño acceso doom, muy clásico, para después virar hacia un death metal apostado en un riff un tanto extraño, casi nervioso. Menos tenso y más clásico en su tercio final, Purtenance entregan un corte desigual, por momentos caótico, sin una identidad definitiva, con el que conecto solo a ratos.

Unseen Sphere Of Realities” porta uno de los mejores arranques de este quinto largo. También uno de los mejores desarrollos. Gatamn es pura oscuridad y desgarro en otra línea de voz obligadamente abisal, pero es el doble asalto de Aalto y Rannikko quien se alza con el triunfo con una buena serie de riffs y tanto mejor de melodías. Las más durante unas estrofas en potente crescendo, bien subrayadas por el insistente doble bombo de Salo. Sin excesos ni florituras, diría que una de mis favoritas de este nuevo trabajo.

Toda vez supera un prólogo casi funerario, campanas inclusive, “Mystic Sacrifice” viene para traer la cara más descosida de Purtenance. Death descosido que la banda alterna con una serie de ritmos más apaciguados con Gatamn vociferando como alma que lleva el diablo. Diverso y sin embargo sólido, con Salo tramando una más que diversa y a la par potente labor tras los parches, bien merecía un desarrollo mayor.

Claro que para desarrollo escueto, el de una “Solemn Presence Of Death” que habrá de conformarse con ni tan siquiera tres minutos. Es un corte abruptamente bifocal. A medio gas en un primer tercio comandado por un riff infeccioso y pegadizo, que más tarde habrá de dar paso a los Purtenance más encendidos y vibrantes. Mal café en la más pura tradición del combo radicado en Nokia.

Juega al engaño “An Invisible Master” con la épica doom de su prólogo para después transigir hacia un death metal de pulso caso d-beat que en gran medida recuerda a los mejores Entombed, al tiempo que se disocia del comienzo del álbum. En gran parte el corte más exógeno de los ocho, con riffs quizá no del todo memorables pero que por momentos casi suena a bien merecido homenaje a la figura del tristemente desaparecido Lars-Göran Petrov.

Lejos de reconducir hacia su pesadez habitual, “Fate’s Fearful Gesture” afianza esas pulsiones más d-beat del corte anterior cara a producir, por pura colisión con los Purtenance más pesados, otro corte gozosamente bifocal, cuyos riffs de nuevo pueden no ser memorables y no obstante se las arregla para convertirse en una de las propuestas más seguras de este “The Rot Within Us”.

El disco se despide con “Nekromantik Spiritualism”. Composición más ambiciosa del mismo, al menos en lo que a duración se refiere, y donde la banda habrá de reconducir hacia su habitual death de fuertes pulsiones doom. Death poderoso, apoyado en una batería de Salo de avance por momentos casi marcial, con la cruda y nada amable producción del álbum amplificando el alcance de unas partes pesadas y oscuras que, a ratos, bien podrían recordar a Evoken, Disembowelment, Esoteric… Siete minutos largos para resumir y finiquitar el quinto de los fineses.

Puede no ser el gran disco de Purtenance que esperábamos pero sí que muestra a un Aabeg Gatamn más afianzado y seguro en las tareas vocales que en su anterior “Buried Incarnation”. Algo que, para mal, recalca una mezcla por momentos algo desigual. “The Rot Within Us” puede no disponer de los riffs más redondos que el género haya entregado durante este 2023. Diría que a ratos incluso tienen poco de memorables. Y sin embargo se las arreglan para configurar ofertas interesantes. “Unseen Sphere Of Realities”, “Fate’s Fearful Gesture” y “Nekromantik Spiritualism” a la cabeza. Purtenance pueden encontrarse lejos de sus mejores días, lo que no quita para que prosigan igual de intensos y crudos que de costumbre. Que sea por mucho tiempo.

Texto: David Naves

Reseña: Strikeback «World In Decay» (Autoproducción 2023)

Es el primer Ep en la carrera de unos Strikeback cuya singladura arrancó allá por 2014 con el largo “Share Your Hate”, al que seguiría “The Plague” cuatro años más tarde. Ahora, cumplidos once años de trayectoria, se formaron en 2012 en A Coruña, nos traen un “World In Decay” que presentaron hace pocas fechas en el gijonés Bola 8. Forman el quinteto gallego Rafael García y Víctor Tarela en guitarras, Alex Mella al bajo, Adrián Beltrán “Liber” en voces y Sebastián Musy en baterías.

Grabado a caballo entre Ultrasound y Redbox Studios, repite Pedro Mendes en tareas de producción y grabación, ocupándose esta vez también de mezcla y masterización. Con diseño de Humberto Martínez sobre una idea de la propia banda, el Ep se encuentra disponible desde el pasado mes de mayo.

La propia “World In Decay” resulta encargada de inaugurar las hostilidades. Y lo hace dejando ya de entrada atestiguadas dos claves: el buen nivel técnico que atesoran y el nervio con el que disponen éste sobre su bien conocido thrash metal de raíz orgánica. A ratos deudores de unos Angelus Apatrida, a otros más cercanos a una escuela estadounidense que bien podría integrar gente como Overkill, Annihilator o ya en menor medida Anthrax. Hay un estupendo solo de guitarra en su tronco central. Pesadez después y sonoridades algo ajenas y extrañas camino del epílogo. Un corte que si bien no descubre grandes cartas en cuanto a estructuras, dispone de las habilidades suficientes para emerger sobre la media. Que, visto lo visto en una escena como esta, no es poca cosa.

No podía ser de otra forma. La fugaz “Over Again” despliega a los Strikeback más directos y pasionales. Thrash encolerizado, con Liber en su encarnación más visceral, arrancando una más que interesante línea de voz a su garganta sobre unos riffs no tan lúcidos pero eficaces en cualquier caso. Breve, si pestañeas te la pierdes que diría aquél, pero sustentada por una atractiva base rítmica. Poderosa aunque sin llegar a lindar con la agresividad de unos Dark Angel, primeros Sodom, primeros Kreator… y un tanto constreñida por lo reducido de su desarrollo.

Por ahí viene a destacar una “Bound By Desire” que pronto parece recoger el guante del tema título y continuar donde lo dejara aquella. Dispone, particularmente en su tercio inicial, de los que fácilmente pueden ser mis riffs favoritos de todo el Ep. García y Tarela dibujan ágiles líneas de guitarra, que enganchan a la primera aún cuando no se acogen a un libro de estilo en absoluto clásico. Hay buenos cambios de ritmo, baterías firmes y el Liber más diverso de todo el tracklist. Estupendas esas guitarras dobladas que anticipan el breve solo de guitarra. La más redonda de las cinco junto con la final “Secrets And Lies”.

Draw The Line” alternará de forma hábil técnica y fuerza, derivando hacia un lado u otro con total naturalidad mientras Liber vuelve a desplegar otra llamativa e incluso ágil línea de voz. Y si bien no la encuentre tan redonda como otras dentro del Ep. O dicho de otro modo, no me engancha en la forma en que lo pueda hacer “Bound By Desire”, tampoco voy a despreciar los buenos detalles técnicos que los coruñeses despliegan aquí, ni ese estribillo un poco a la contra del resto.

Secrets And Lies” cierra “World In Decay” a fuerza de convertirse en el corte más distinto de los cinco. Inicialmente un medio tiempo de aire melancólico y apesadumbrado, comandado por un poderoso trabajo de la dupla Tarela & García, deriva en un thrash potente a la par que ágil, que habla y no precisamente para mal de su buen nivel como compositores. Ambiciosa, que no pretenciosa, y un punto de inflexión en sus directos como pudimos comprobar el pasado sábado dieciocho de noviembre. La rabia y la pesadez de su tronco central, solidaria al Liber más agudo, podría llevar a pensar en los Pantera más elegantes. Ahí destacará el remanso de paz de su tronco central primero y el cuidado crescendo camino del epílogo después. Estupendo cierre.

Y es que Strikeback parecen seguir en plena forma. Banda muy querida por estas tierras, como quedó demostrado hace escasas fechas, y que ha entregado un Ep muy de género en fondo pero sólido y orgulloso en líneas generales. Porque siguen trazando buenos temas. Y aunque haya cortes que no me conquisten del todo, bien por duración, bien por un asunto ya más personal, lo cierto es que cuando brillan, véanse el tema homónimo o la misma “Secrets and Lies”, parecen no tener techo. A continuar por esa línea.

Texto: David Naves